Cinco de cada diez mujeres indígenas tienen el VPH
Cada 24 horas 22 de ellas mueren de cáncer cérvicouterino
Padece anemia el 40%
Triplican muertes en embarazo, parto y puerperio
Ritos funerarios de seris, paipai y tarahumaras: López Cardeña
Javier Hernández Alpízar, Jalapa, Ver.– Datos duros, en los dos sentidos de la palabra “duro”, acerca de la desnutrición, la vulnerabilidad a enfermedades infectocontagiosas (cólera, tuberculosis, paludismo, dengue, lepra, neumonía) y la muerte, entre los indígenas mexicanos, especialmente entre las mujeres, quienes triplican la incidencia de muertes en embarazo, parto y puerperio, son presa del cáncer cérvicouterino y en un futuro lo van a ser del VIH-sida, “importados” por la emigración a Estados Unidos.
Además, los ritos funerarios y fiestas a los muertos entre tres pueblos indígenas de Aridoamérica, los konka’ak (que conocemos como “seris”), los jaspuy paium (“paipai”) y los rarámuris y ralámulis (“tarahumaras”).
Ambos temas fueron las dos partes de la conferencia “Hasta que la muerte nos separe” del antropólogo David López Cardeña, el 31 de octubre en el Café Teatro Tierra Luna, segundo “Encuentro cercano con la ciencia” de la serie “La ciencia en el bar”, organizado por los “Camaradas de la ciencia”.
Enfermedades y muerte entre los indígenas mexicanos de hoy
La población indígena en México es, en valores absolutos, la población indígena más grande de América. Son aproximadamente 12 millones 403 mil indígenas, según cifras oficiales. Cifras que disminuyen el número real porque el criterio del INEGI para considerar indígena a un mexicano sólo toma en cuenta a los hablantes de lenguas indígenas de más de 5 años, con lo cual quedan fuera todos los menores de 5 años y quienes no hablan o no reconocen hablar una lengua indígena.
Las lenguas indígenas “se están muriendo”, es decir, se están extinguiendo porque se extingue el grupo humano que las habla o los que sobreviven dejan de hablarlas.
Oficialmente se reconoce la existencia de 62 lenguas o idiomas indígenas en México, aunque muchas veces no se les reconoce el estatus de lenguas o idiomas por aquello de que “los indígenas no hablan lenguas, sino dialectos; no hacen arte, sino artesanía; no se curan, son supersticiosos”, como suele considerar la cultura colonizada.
Otro lugar común y falso es aquel que dice que la población indígena en México vive del centro del país al sur sureste, es decir Mesoamérica. No se toma generalmente en cuenta a los pueblos indígenas que nos son mesoamericanos, que no usan las flores de cempasúchil ni los tamales, que no ponen frutas en la ofrenda de muertos.
Entre las 62 lenguas registradas por la Comisión Nacional de Pueblos Indígenas de México, del gobierno federal, hay algunas que poco se conocen, incluso sus nombres como: aguacateco, kiliwa, ixil, cochimi, kikapu, kwmiai, cucapá, papago, mazateco, chinanteco, tlapaneco, mayo, chatino, amuzgo, mam, huave, tapehua, kunjobal, cuicateco y guarijío, por mencionar sólo algunas.
El conferenciante se ocupó de algunos pueblos de Aridoamérica, la que queda del centro de México hacia arriba, hacia el norte. Específicamente de los seris, que viven en Sonora, de los paipai de Baja California Norte y de los tarahumara o rarámuri de Chihuahua.
En términos de salud, hay marcadas diferencias con respecto a la salud de la población no indígena en México, asimismo, en mortalidad en general.
Citó a los investigadores Ian Frazer y Jian Zhau, quienes se han dedicado a la búsqueda de una vacuna para el cáncer cérvicouterino. Especialmente ese padecimiento, tomó el conferencista, porque ese cáncer se eleva tres veces más en los indígenas que en el resto de la población del país. Y el costo de la vacuna en el mercado es de aproximadamente 6 mil pesos. Así se preguntó: ¿cómo podrían obtenerla los indígenas?
Se refirió al tema de la “patología de la pobreza” o “enfermedades de la pobreza” en México. Y lo relacionó también con la posición de la mujer en el medio indígena y la del Estado mexicano al darles (o no darles) atención en salud. Se tiene el problema de médicos hombres para hacer el papanicolau a mujeres indígenas, un problema complejo.
Es más frecuente la muerte de mujeres indígenas durante el embarazo, el parto y el puerperio que de mexicanas no indígenas. La mujer indígena frecuentemente tiene anemia, y tiene en promedio de 6 a 8 partos, es decir, de manera muy continua. Además, comienza a tener hijos muy joven.
Los movimientos de género han reclamado equidad, reconoció el antropólogo, para las mujeres y los niños. Aun así, 3 mujeres por mes en las regiones indígenas y al menos 5 de cada 10 están contagiadas del virus de papiloma humano (VPH) y por ello, cada 24 horas mueren 22 mujeres en México por cáncer cérvicouterino.
La migración de la mano de obra indígena a los Estados Unidos ha traído como consecuencia la migración del virus, al regresar de los Estados Unidos el trabajador migrante lo trae a su casa. Son las mujeres indígenas de los estados de Chiapas, Chihuahua, Durango, Guerrero, Jalisco, Nayarit, Oaxaca, Puebla y Veracruz, en quienes se concentra el mayor número de afectadas por cáncer cérvicouterino, originado por el virus de papiloma humano.
Datos como esos explican que el número de muertes indígenas durante el embarazo el parto y el puerperio tripliquen el de las mujeres mexicanas no indígenas. Y así también los demás indicadores de pobreza. Por ejemplo, el total de viviendas es de 2 millones 51 mil 444. Pero el promedio de viviendas indígenas con agua entubada es de 64% contra el nacional de 84%, es decir 20% por debajo.
Y la falta de servicios como el de agua está ligada a las enfermedades (y las muertes) de la pobreza. La ausencia de o la baja calidad del agua es causa de enfermedades infectocontagiosas, de enfermedades respiratorias y gastrointestinales, las cuales son las principales causas de muerte entre las y los indígenas, sobre todo en los niños.
Las tres causas principales de muertes en la población indígena mexicana son las infecciones intestinales, la influenza (una gripe) y las neumonías, enfermedades cuyos condicionantes básicos son el saneamiento y la calidad de la vivienda y de las condiciones macroambientales.
Según un estudio del Instituto Nacional Indigenista (desaparecido) las diez causas más frecuentes de demanda de atención médica entre los indígenas son: 1. Mal de ojo. 2. Empacho. 3. Susto- espanto. 4 Caída de la mollera. 5. Disentería. 6. Aires. 7 Diarrea. 8 Torceduras (músculo esquelética) 9. Daño (brujería) y 10. Anginas. La mayoría de las cuales son enfermedades infectocontagiosas gastrointestinales y respiratorias.
En los próximos cinco años, adelantó el antropólogo, el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) – Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (sida) afectará en mayor proporción a las mujeres y a niños y niñas en México, en comparación con otros países de América Latina. Esto sumado a que los niños menores de 5 años padecen desnutrición crónica y que los niños desnutridos pierden entre un 12 y un 15% de su potencial intelectual. Además corren entre 8 y 12 veces más riesgo de contraer enfermedades infecciosas y son más propensos a los padecimientos crónico degenerativos.
El 40% de las mujeres indígenas tiene anemia, lo cual aumenta la probabilidad de complicaciones en el embarazo y el parto.
El conferencista dio un ejemplo, un fenómeno observable, dijo, en el sur de Veracruz, en Los Mangos, cerca de Catemaco. Es costumbre ceder a las niñas desde pequeñas para que se casen. Lo cual las madres veían con tristeza, porque se llevaban a las niñas desde los 12 años. Ahora pueden observarse camionetas de gente que va de Coatzacoalcos, de Veracruz o desde México, y las niñas se van de sirvientas, “destinadas”, y prefieren eso a casarlas con un hombre mayor.
Además, explicó el antropólogo, las familias indígenas privilegian la alimentación de los varones adultos por encima de la de las mujeres y los niños. Eso contribuye a la anemia y la desnutrición de las mujeres indígenas.
La cirrosis ocupa un lugar muy importante entre las causas de muerte, por la ingesta de alcohol. Por ejemplo, ser mayordomo o principal en una fiesta implica un año bebiendo fuertemente. Incluso el antropólogo señaló que preparan una mezcla de tabaco y cal que les ayuda a recuperarse del alcohol para poder seguir.
Cólera, tuberculosis, paludismo, dengue, lepra, neumonía son enfermedades que padecen y que matan a los indígenas en México.
Fiestas de muertos indígenas en el norte
La segunda parte de la conferencia fue sobre la diversidad cultural en el país y el culto a los muertos.
Al igual que la primera parte, que había iniciado con un poema de Netzahualcóyotl, esta inició con un poema nahua que dice “amo nicnequi nimiquis”, que significa: “no quiero morir”.
Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos son patrimonio inmaterial de la humanidad desde 2003, reconocidas por la UNESCO (Naciones Unidas para la Educación y la Cultura) señaló el ponente.
Y también opinó que si esta fiesta muere no será por el Halloween, sino por la comercialización de las fiestas, por ejemplo en Janitzio, Michoacán, hay más turistas disparando sus cámaras fotográficas que purépechas en los rituales.
Otro lugar común que desmintió el antropólogo es que exista un altar prototípico de cada lugar. Eso no existe, cada uno es diferente. Y en cada uno se ve el sincretismo entre el catolicismo español y lo indígena, que en tiempos prehispánicos, asustó un poco al público el conferencista, incluyó el sacrificio de doncellas para hacer pozole. Y a algún tlatoani azteca le gustaba el pozole con muslos de doncellas sacrificadas, redondeó.
El altar y las fiestas de muertos sincretiza, recalcó, tradiciones prehispánicas, hispánicas y moriscas (de origen árabe, vía España). Y hay diferencias, una gran diversidad, incluso entre una etnia, entre los mayas por ejemplo. Cada uno pone su propia creatividad en obras plásticas, en objetos de papel picado, en flores, arcos, en imágenes, en la calavera, el pan; diversidad que ilustró con fotos en diapositivas.
Luego habló de las costumbre funerarias de los seris, es decir los konka’ak (comca’ac) quienes ponen en la ofrenda caracoles, pulpo, moluscos, carne de tortuga, pelícano.
Los seris (que significa “hombres de la arena”) se llaman a sí mismos konka’ak, y rinden especial culto a las mujeres, a la matrona, para quien es el duelo y el culto más importante. Viven en Sonora, en Desemboque, municipio de Pitiquito y Punta Chueca, municipio de Hermosillo.
Al enterrar a la mujer le ponen ofrendas, alimentos, y la tumba la tapan muy bien con caparazón de tortuga y con zarzas, para que no regrese. Le ponen de comida pulpo, moluscos. No la vuelven a nombrar.
Los konka’ak son pescadores artesanos, cazadores y recolectores de frutos del desierto. Recolectan conchas, caracoles, flores, semillas. Los seris y los paipai están en peligro de extinción. La población de seris es de unos 300 individuos. Y el Estado mexicano quiere quitarles la Isla Tiburón para hacer un complejo turístico.
Los paipai son una población de unos 450 individuos, se desprenden de los apaches de los Estados Unidos. Los paipai viven en zonas desérticas y se llaman a sí mismos jaspuy paium.
Cuando un paipai muere, la mujer más grande se para donde está su cabeza, del muerto tendido en el suelo, y empieza a llorar, también hay plañideras. Las mujeres del pueblo se rocían de ceniza y excremento, en señal de duelo. La mujer más grande les corta el cabello y lo sepulta, para decirle al muerto que ya se puede ir.
Viven en Santa Catarina, en la Sierra de Juárez, en Baja California Norte. Entre sus ofrendas funerarias ponen miel, leña, agave, cosas propias de zonas áridas.
La fiesta principal es para ellos el 4 de octubre, el día de San Francisco, entonces rinden culto a sus muertos, con una fiesta pública, danza, bebida y diversión.
Por último, el antropólogo contó sobre los tarahumaras que son dos grupos los rarámuris (como se llaman a sí mismos) de la montaña y los ralamulis de la tarahumara baja, en Chihuahua. “Rarámuris” significa “de los pies ligeros”. Son de la zona norte de Chihuahua, sus montañas y valles.
Temporalmente son nómadas y viven en granjas dispersas, se alejan de los no indígenas, de los mestizos, que llaman “chabuchis”.
El narcotráfico se ha vuelto dominante en esas sierras, a veces el maestro de la escuela les hace las cuentas a los indígenas sobre lo que produce el narco, explicó el conferencista. El dinero para sacrificios de las fiestas es ya dinero del narco.
Los hombres practican el juego de pelota y las mujeres el juego de la arigueta. Alguna vez al conferencista le tocó dar la primera patada a una bola de madera, con el pie descalzo.
Al morir uno de los rarámuris queman su casa, sellan su tumba con piedras y tampoco lo nombran para que no regrese. Al igual que los otros grupos indígenas del norte, no ponen un “altar mesoamericano”.
Usan una collera, un lienzo en la cabeza, tanto hombre como mujeres, que distingue según hacia donde está la punta, derecha, a hombres e izquierda a mujeres. Al morir, la collera se va con el difunto.
Las fiestas de muertos son comunales, no personales. Y el culto a los muertos dura 3 días para los hombres y 4 para las mujeres. El número 3 para los tarahumaras es sagrado. Son el único pueblo indígena con una tienda artesanal en internet, comentó el antropólogo.
Además de la conferencia del antropólogo David López Cardeña, investigador de la Universidad Veracruzana, Mirna Valdés y la niña Nady leyeron poemas de Netzahualcóyotl, de Coyoxquihui de Jaime Sabines y de Natalio Hernández.
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