Javier Hernández Alpízar
Al mencionarle a un lector mi intención de hacer un comentario al libro “AMLO, La construcción de un liderazgo fascinante” de Luis González de Alba, editado por Cal y Arena, 2007, me contestó que González de Alba “está muy desprestigiado”.
Me parece un síntoma. Y eso hace aún más necesario abrir el tema a la discusión. Porque el recurso de descartar autores por “desprestigio” evidencia mucho del modo de proceder con el que se construyó el “liderazgo fascinante” de López Obrador.
Siempre que se lanza una crítica (y las hay excelentes, demoledoras, rigurosas, implacables) a AMLO, sus defensores cometen falacia por evasión del punto,
o en palabras más simples: cambian la conversación. Por ejemplo, invitan al crítico a no dividir y a fomentar la “unidad de la izquierda”, lo cual significa subordinar la izquierda al líder único. Además, comenten falacia de argumentación circular, o de petición de principio, porque al hablar de la “unidad de la izquierda”, dan por supuesto que AMLO y sus seguidores son “la” izquierda, lo cual es muy dudoso, y sus críticos precisamente es lo que niegan y, por eso, discuten.
No es ninguna exageración calificar a AMLO y al PRD como de derecha. Pero como se ha erigido en un dogma que son “la” izquierda, no se discute el punto.
Otras veces, contestan las críticas acusando de hacer cosas iguales o peores al PRI y el PAN: ¿Acaso la derecha no es corrupta, represora, con sus paramilitares y porros? Sí, pero lo que los críticos de AMLO- PRD discutimos no es que la derecha no sea corrupta y represiva. Lo que cuestionamos es: Si ante ello la opción que nos ofrecen es votar por AMLO y el PRD y les mostramos con hechos que también son corruptos y represivos, ¿dónde está la opción alternativa y “de izquierda”?
Otras veces hacen una distinción entre AMLO y el PRD. De hecho, es un síntoma que sus promotores del voto y la movilización frecuentemente se presentan a título de “ciudadanos” y aclaren no ser de ningún partido. Porque los partidos PRD, PT y Convergencia están muy desprestigiados, como corruptos, fraudulentos, represivos. No obstante, una vez que ponen a AMLO en una burbuja de pureza intocable, invitan a subordinarse a AMLO y los líderes y candidatos de esos mismos partidos a los que sus promotores “no pertenecen”.
Los más sofisticados, conceden que, en efecto, AMLO es un hombre que se rodea de gente impresentable: ex priistas, como AMLO mismo, y ex salinistas, ex zedillistas, ex foxistas, ex panistas, pero hay que “hacer un lado” la ética, tragar gordo, y apoyarlo “contra” la ultraderecha. Ajá, entonces para oponerse al PRI y al PAN hay que llevar al poder a algo de lo peor que han desechado esos partidos de la ultraderecha, pero repintado de amarillo.
Además de las críticas hechas desde abajo y a la izquierda, desde donde AMLO y sus candidatos se ven como de arriba y a la derecha (¿quién es el “ingenuo que pueda considerar “de izquierda” a Marcelo Ebrard, Juan Sabines o Dante Delgado?) hay excelentes críticas hechas desde posiciones críticas del PRD y círculos cercanos, como las de Marco Rascón, Adolfo Gilly y, cada vez más escasas, las de Luis Hernández Navarro, pero esas críticas a veces se quedan cortas, porque temen, quizá, quedar aislados, “autoexcluidos” de las masas fascinadas por AMLO.
Definamos “fascinar”, porque Luis González de Alba es, además de columnista político y de divulgación de la ciencia, psicólogo, estudioso de Serge Moscovici, el psicólogo social rumano, autor de “La era de las multitudes, Un tratado histórico de psicología de las masas”, publicado por el Fondo de Cultura Económica. De manera que cuando González de Alba califica de “fascinante” el liderazgo de AMLO, lo que quiere decir es que tiene al público embobado. Leer el resto de esta entrada »