Javier Hernández Alpízar
El Partido del Trabajo, de Alberto Anaya Gutiérrez (en México se puede decir de quién es cada partido, así es la propiedad, como de un changarro), es hoy una de las ruedas del negocio electoral de López Obrador. El PT, cuyo emblema político es doña Rosario Ibarra de Piedra (quizá por la nostalgia del PRT, nomás le falta una letra…), es el partido del cual Cuauhtémoc Cárdenas afirmó que se trataba de una creación del Raúl Salinas para restarle votos al neocardenismo y al PRD, el anterior al cisma AMLO / Chucho, por el pleito del excandidato contra su excoordinador de campaña en el DF.
Mientras hace agua el PRD, el PT y Convergencia son piezas en el ajedrez de AMLO, René Bejarano y socios. Un espot del PT da la batalla contra un abstencionismo de papel y lo convence de que no votar es “hacerle el juego a la derecha”. Al igual que el PRI y el PAN amenazan con la oligarquía y el autoritarismo, como si las elecciones y los candidatos de todos los partidos no hubieran llevado al poder precisamente a representantes de la oligarquía, conduciendo al autoritarismo, y a entronizar a figuras de la peor de las derechas: la contrainsurgencia.
El 19 de junio de este año anunció el PT la candidatura de Adolfo Orive, de quien Marco Rascón, disidente del PRD, comenta que es “agente y contrainsurgente puro del salinismo, introducido clandestinamente en la lista plurinominal. Mientras todos ven para Iztapalapa, López Obrador lo planta en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y lo purifica”. (La Jornada, 23 de junio)
En una carta al Correo Ilustrado, Gaspar Morquecho comentó algunos antecedentes políticos del candidato del PT y AMLO, Adolfo Orive:
“No olvidamos ese febrero de 1974 en Monterrey cuando la policía asesinó a dos colonos de Granja Sanitaria y a cuatro posesionarios de Tierra y Libertad. No olvidamos que fue en esa coyuntura cuando Adolfo Orive echó a andar su “revolución cultural” y la “lucha ideológica” contra los dirigentes de la socialdemocracia de Política Popular que encabezaba Alberto Anaya, confrontación que derivó en un enfrentamiento entre colonos de Granja Sanitaria, resultando muerto don Sebastián, inválido el profesor Guadalajara y en la cárcel Pascual Arcibar.”
Es decir, que Orive y Anaya fueron enemigos acérrimos, en luchas intestinas con muertos de por medio, pero ahora Adolfo Orive es candidato del partido de Alberto Anaya, y con la bendición de AMLO.
Además, Orive fue asesor en gobernación de Pancho Labastida, quien llegó después de la masacre de Acteal a ese lugar para continuar con la lucha contrainsurgente antizapatista en Chiapas. No es la primera vez que AMLO y sus partidos-piezas-de-ajedrez reciclan a personajes de la contrainsurgencia, pues Dante Delgado Rannauro no hizo otra cosa cuando fue coordinador de la “Comisión para el Bienestar Social y Desarrollo Económico Sustentable para el Estado de Chiapas en 1995″. Y lo mismo (contrainsurgencia) hizo AMLO al apoyar a Juan Sabines Guerrero, actual gobernado de Chiapas (bajo las siglas PRD- PT -Convergencia) y cabeza de la contrainsurgencia que agrede al EZLN, la Otra Campaña en Chiapas y a todo movimiento opositor, especialmente a los indígenas, como se puede comprobar en el ejido San Sebastián Bachajón y en las agresiones a organizaciones como el MOCRI (Movimiento Campesino Regional Independiente) y también a las que pertenecen al FNLS (Frente Nacional de Lucha por el Socialismo).
El 6 de junio de 2006 escribió Hermann Bellinghausen sobre el municipio rebelde autónomo zapatista San Juan de la Libertad: “El 10 de junio de 1998, el Ejército federal y la policía atacaron el municipio. En Unión Progreso fueron ejecutados cinco zapatistas y la comunidad casi destruida. Otros tres indígenas murieron en Chavajeval. Las estructuras autónomas de El Bosque fueron “desmanteladas”. En aquel, a la postre fallido, desmantelamiento, destacó el papel de Adolfo Orive, a la sazón asesor de la Secretaría de Gobernación, muchos años después de haber sido asesor de los indígenas de El Bosque y haber estado cerca de la fundación de Unión Progreso.”
Ese ex asesor de Labastida y Salinas es ahora candidato, por vía plurinominal, a la ALDF, Adolfo Orive, correctamente descrito, por la nota citada, como “profeta del maoísmo-salinismo”, y hoy del petismo- lópezobradorismo.
Otro profeta del lópezobradorismo de hoy escribió el 19 de febrero de 2000 sobre los negros antecedentes de Orive, el Tonto del Pueblo, Jaime Avilés: “El 10 de junio de 1998, con Labastida en Gobernación y con Adolfo Orive a sus espaldas, la fuerza pública entró a saco en dos comunidades del municipio autónomo de San Juan de la Libertad (también llamado El Bosque), desatando un tiroteo contra las bases de apoyo del EZLN, al término del cual ocho campesinos fueron llevados presos y asesinados en el camino a Tuxtla Gutiérrez.”
La responsabilidad específica de Orive la explicó así: “¿Cómo participó Orive en esta operación sangrienta? Quienes lo trataron de cerca en sus épocas de “revolucionario”, afirman que él, y sólo él, sabía de la importancia estratégica de El Bosque: un nudo de caminos de herradura, fundamental para las comunicaciones del EZLN en los Altos de Chiapas. No en vano, desde la matanza del 10 de junio, este punto se encuentra bajo control de las fuerzas de “seguridad” del Estado.” (La Jornada, 19 de febrero de 2000)
El 23 de junio Luis Hernández Navarro recordó en su artículo semanal cómo el PRD y quienes se dicen la izquierda –por la cual hay que votar para “no hacerle juego a la derecha”– han aprobado reformas que le hacen el juego a la derecha como la ley indígena que traicionó los acuerdos de San Andrés y abrió camino a más contrainsurgencia. (Además de la Ley Monsanto que abrió camino a la legalización de los transgénicos en México y la reforma al artículo tercero que avanza en el desmantelamiento de la educación pública en México).
Pero no solamente han participado en las contrarreformas legislativas, también han hecho sus candidatos a algo de lo peor de la herencia salinista y se han convertido en Chiapas en el partido de la contrainsurgencia. Y con personajes como Adolfo Orive pretende AMLO que le pondrá un freno a la “derecha”. Vaya cinismo.