Haití, la guerra silenciosa

José Francisco Gallardo Rodríguez

generalgallardo@yahoo.com.mx

Si no hay guerra, tenemos que inventarla para hacer negocios, es la máxima histórica de Rothschild, líder del sionismo financiero internacional. En este escenario ¿puede sorprender la posibilidad de que el terremoto de Haití haya salido de los laboratorios militares del Pentágono?

    Veamos, tras la independencia de Estados Unidos (EU) en 1776, la nación comenzó un camino de expansión territorial y comercial que no se ha detenido. A lo largo del siglo XIX y a medida que crecía en riqueza y poderío, se fue desprendiendo de la influencia europea para convertirse en una nación rival de los principales centros de desarrollo. En América, esa posición le permitió transformarse en el eje rector de la política y de la economía en el resto de las repúblicas que integran el continente.

    El sustento ideológico que justificara tal expansión ya estaba latente desde principios de siglo: la doctrina Monroe de 1823 que después es complementada con el “Destino Manifiesto: el cumplimiento es extendernos por todo el continente que nos ha asignado la Providencia para el desarrollo del gran experimento de libertad”.

    Así se anexó de México: Texas, California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah, Wyoming y parte de Colorado; el siglo XIX fue tiempo de intervenciones militares en América Latina por parte de EU: Puerto Rico, México, Nicaragua, República Dominicana, Panamá y Haití. Desde Washington, ya en el siglo XX, se proclama el derecho de intervenir en América Latina y se extiende hasta la fecha. Detrás de todo ello existe un voraz apetito por la apropiación de puntos geopolíticamente valiosos.

    Entrado el siglo XXI, el imperio del Potomac sigue interviniendo pero ahora en todo el mundo, a través de la técnica de “guerras silenciosas”.

Así las cosas, Haití, el país más pobre del continente, con un gobierno corrupto y una población considerada paria, pudo haber sido seleccionado como parte de un experimento de los planes estratégicos del Pentágono para preservar la seguridad de EU: todo lo que se destruye hay que “reconstruir”, y todo lo que enferma hay que “curar”, es la máxima que sigue el sistema capitalista para arrancar rentabilidad tanto de las crisis económicas, como de las catástrofes, las epidemias y las guerras.

    El terremoto en Haití, próxima base militar de EU frente a Cuba, habría sido manipulado científicamente por un programa desarrollado por el Pentágono.

    A simple vista suena como una “teoría conspirativa”, pero atendiendo a las investigaciones verificadas que existen sobre experimentos militares (sobre todo de EU y de potencias centrales) con armas, químicas y biológicas, orientadas al exterminio masivo de seres humanos, la versión no parece tan descabellada.

    La tecnología, que está siendo perfeccionada bajo el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (HAARP por sus siglas en inglés), apunta a lo impensable: la manipulación encubierta de modelos climáticos, comunicaciones y sistemas de energía eléctrica como un arma de la guerra global, capacitando a EU para desestabilizar y dominar regiones enteras.

    El proyecto HAARP es una investigación financiada por la Fuerza Aérea, la Marina de EU y la Universidad de Alaska para “entender, simular y controlar los procesos ionosféricos que podrían cambiar el funcionamiento de las comunicaciones y sistemas de vigilancia”.

    El proyecto, considerado, entre otras funciones, como una “máquina de crear terremotos”, es un calentador de la ionósfera –atmósfera ionizada– que actúa sobre ella como la antena más poderosa que jamás haya existido.

    A pocas horas de la catástrofe, la agencia EFE divulgó un informe elaborado por la Flota Rusa del Norte señalando que “el sismo que ha devastado a Haití fue el claro resultado de una prueba de la Marina de EU por medio de una de sus armas de terremotos”. Desde los años 70, EU ha avanzado el estado de sus armas de terremotos. Actúa con el recientemente descubierto electro chorro, el cual se forma en los polos norte y sur del planeta, y se aprecia su efecto atmosférico con el fenómeno conocido como aurora boreal.

El HAARP podría modificar el clima del planeta, desviar las corrientes de chorro de la alta atmósfera hacia donde se tenga interés, trabaja con ondas de alta y baja frecuencia, y es considerado por algunos expertos como un peligro para la existencia de la humanidad, debido al uso potencial como arma de “guerra climatológica”.

    Se trata de un nuevo tipo de arma, capaz de intensificar tormentas, prolongar sequías, incluso crear terremotos sobre territorio de un supuesto enemigo, sin que nadie advierta el peligro. Además, potencialmente tendría también la capacidad de desintegrar objetos, generar combustiones espontáneas e inducidas, e incluso cambiar patrones cerebrales, inducir conductas y producir enfermedades biológicas.

    Esta catástrofe quizá inducida, lleva a la integración latinoamericana, única forma de contrarrestar a un poder omnímodo criminal, irrespetuoso de la vida y de la naturaleza.

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