Una avanzó de la Tranca a Plaza Crystal
Cortaron ruta en ambos carriles
Movieron personal de Telmex y Megacable
También CFE, protección civil, policía, ambulancia
Como romería, vecinos tomaron fotos y video
Javier Hernández Alpízar, Jalapa, Ver.– Como Hernán Cortés, y como Juan Camilo Mouriño, las virolas vienen de España, y han hecho, por lo menos en parte, la ruta de Cortés cuando fue a conquistar a la gran Tenochtitlán.
Al menos en su paso por Jalapa, aunque las estructuras para Cemex van a conquistar Tepeaca, Puebla, donde la población es de la etnia mixteca, en una de las zonas más pobres del país, y ahí todo lo que rodea a Cemex es materia prima para comprar barata y venderla muy cara como material de construcción. Y miren que el comentario lo hizo un funcionario municipal, por la mañana, antes de la primera travesía con la mayor de las tres virolas que, teóricamente, intentarían pasar por la calle Chedraui Caram hasta Lázaro Cárdenas.
Las virolas, cuya principal característica es el “exceso en dimensiones”, como reconoce un letrero de advertencia que portan las cargas y también un vehículo que va “de vanguardia”, así dirían los militares, llegaron de España al puerto de Veracruz en número de 9. De ellas, 3 han llegado con muchas dificultades, por tierra, hasta la entrada a Jalapa. Estaban detenidas en un terreno rentado –el arrendatario, contento, ofrecía más terreno para rentar, por si querían poner otras virolas, deben pagar mejor que un pupilo de la universidad, sin duda– en La Tranca.
A partir de su llagada a Veracruz, aproximadamente el 17 de febrero, en el impreciso recuerdo de uno de los empleados, proyectaban llagar a Tepeaca –a pagar sus costos y dejar ganancias– en una semana, que se ha vuelto más de un mes. Hoy, seis están en La Antigua, dos en La Tranca y una junto a Plaza Crystal, al menos que la desesperación los animara a reincidir en el intento de paso nocturno, más audaz fue Cortés.
Pararon ahí, quedaron atrancadas en dicho terreno rentado, porque una de ellas cayó, una curva más adelante, hace una semana, cuando ya habían cortado cables de luz y avisado a los vecinos que pasarían, y pensaban cruzar la ciudad a media noche. Algún curioso acusa del percance al gobierno por no tener anchos caminos, nadie piensa en le responsabilidad de la empresa, por comprar mastodontes sin saber por dónde los va a trasladar.
Ayer habían hecho un plan minucioso, “revisando pernos, mangueras, pistones”, presumía en la mañana, antes del inicio de travesía, el dicharachero director de tránsito municipal Edmundo Martínez Zaleta, en conversación franca y jocosa con algunos reporteros.
Una por una, en teoría, llegarían a Plaza Crystal aproximadamente a las 12:00 horas, y a eso de las 14:00 horas partirían las tres juntas por Lázaro Cárdenas con rumbo a Banderilla –todo ese tiempo estarían cerrados a la circulación, primero el acceso a Jalapa desde Actopan y luego la carretera a Puebla, el resto de Lázaro Cárdenas circularía en contrasentido. Lo cierto es que la primera virola tardó en llagar a Plaza Crystal lo que tenían planeado para las tres, es decir, apenas llegó antes de las 12:00 horas, y a la hora del refrigerio –derrama económica, consumo de un refresco y un coctel, multiplicado por cinco comensales, anoten economistas– ya había escepticismo de que fuera movida la segunda.
Los modernos porteadores, de la empresa Transportes Muciño, con oficina en Laredo, Tamaulipas, pero la mayor parte de su equipo y personal en Hidalgo, ya quieren pasar y entregar la mercancía. Entre los reporteros y fotógrafos circula la leyenda urbana de que la empresa va a salir sin ganancias y ya se conforma con no perder, por lo tortuosa y lenta de la entrega. Yo no creo eso, me parece que en estos casos encontrarán la forma de externalizar pérdidas. Los funcionarios también deben estar hartos, y deben querer que ya se vayan, que pasen a ser problema de Banderilla y lo que sigue hasta Tepeaca.
La salida estaba planeada a las 9 de la mañana, pero fue casi a las 10, con el colchón de una hora que se habían dado, y que se tomaron. Para poder dejar pasar a las pantagruélicas criaturas se movilizaron cientos de trabajadores de empresas privadas como Teléfonos de México –Telmex–, cortando servicios de telefonía y teóricamente de internet, y Megacable; e instituciones públicas como la Comisión Federal de Electricidad –CFE–, la policía del estado –Secretaría de Seguridad Pública, SSP– y la Policía Intermunicipal Xalapa- Banderilla- Tlalnelhuayocan –PIXBT–, personal de tránsito municipal de Jalapa, y de tránsito del estado, que cortó la circulación del acceso de Actopan a Jalapa, la entrada a Plaza Crystal –aunque no de las calles en colonias aledañas, lo que ocasionó algunas discusiones con conductores, cuando los regresaban justo antes del paso del megaobjeto–, una ambulancia, personal de bomberos y desde luego Protección Civil tanto municipal como estatal, quien aparentemente coordinaba el operativo de radiocomunicaciones, más personal del ayuntamiento de Jalapa, aproximadamente 160 personas de los patronatos ciudadanos –antes participación ciudadana–, tres delegaciones y obras públicas. Éstos, solamente del ayuntamiento, así sumando hasta completar los cientos de personas que enviaron las otras empresas e instituciones, sin contar a las decenas de reporteros, fotógrafos y camarógrafos de televisión, en el tramo más corto, lento, caluroso, pesado y excedido de un gran bibelot que se recuerde en la ruta de La Tranca a Las Higueras, Casablanca, la farmacia Plus –donde un bache y un cable que habían olvidado cortar, más la reventadura de un cincho o tirante que hubo de ser reparado y reforzado, detuvieron largo rato al jurásico armatoste– antes de llegar a la colonia El Peñasco, altura a la cual ya se empezaban a congregar masas de curiosos, mujeres, niños, jóvenes, viejecitas, muchos tomando fotos con el celular, cámaras digitales, video y en plena romería, sin aparente disgusto por no tener luz, teléfono o megacable por un buen rato.
En teoría, evacuarían casas, con ayuda de personal del municipio, con chalecos naranja de las grandes ocasiones, y en la práctica, apenas algunos medio hacían caso y se retiraban un poco, otros salían a pasear con sombrillas, se asomaban a la ventana o a la azotea, a mirar las ya muy famosas virolas.
El último tramo para llegar a Plaza Crystal y al medio día, el personal, tanto de la empresa privada Muciño como de las instituciones gubernamentales, ya venía estresado, tratando de que los fotógrafos nos alejáramos, “por nuestra seguridad”, y el enorme remolcador con mucha dificultad daba la vuelta en una estrecha curva, sin ayuda de algún compasivo viene-viene, nada más con la pericia del conductor y la buena estrella que a ratos acompaña a su carga excedida en dimensiones.
La llegada a Plaza Crystal fue el momento fotogénico que compensó lo anticlimático del recorrido –disculpen, pero a veces uno se aburre–, la casi decepción de fotógrafos y camarógrafos, porque no hubo nada grave, aunque algunos se aferraban al “algo va a pasar, vas a ver”. Llegada con un ascenso lento, y por estrecha entrada, la Chedraui Caram, mientras apresurados obreros de la CFE cortaban los cables que quedaban, trepados en la típica escalera que va encima de pesado camión, cables que se sumarían a los muchos arrollados y pendientes de postes en el breve pero sinuoso camino.
En la mañana, entre la danza de cifras que los funcionarios dejaron para la nota de los reporteros, había una numeralia como sigue: 700 mil pesos de pago a Telmex, 150 mil de pago a CFE, 450 mil de pago al ayuntamiento de Jalapa, 15 millones depositados como seguro, por si algún daño hubiera que compensarse. Aparentemente, a Banderilla ya no tendrían que pagarle permiso, porque ahí ya es autopista.
Lo antieconómico es el corte de ruta en ambos sentidos en el acceso Actopan a Jalapa, y si sumamos, como especulaba un funcionario, el salario de los cientos de movilizados, desde personal de las empresas y gobiernos hasta curiosos que dejaron de atender su trabajo –por falta de luz o exceso de ganas de ver pasar la enorme cosa–, ah, pero no olvidemos la “derrama económica”, el refresco comprado a la tiendita, claro.
Como experiencia personal, aparte de la camaradería con el par de compañeros reporteros, me sentí como en una crónica de Kapucinsky en el África de su libro Ébano. Un camión se descompone en un polvoso y caluroso camino, pueden pasar horas, días o semanas antes de que pueda ser reparado, pero ese camión anima la vida del camino, se acerca gente, platican con los que reparan el vehículo, comentan entre sí, llegan vendedores de agua o alimentos, comerciantes callejeros. Aquí se notaba la ausencia del ingenio popular que vendiera pequeñas virolas en miniatura para souvenir.
Así, platicando en el momento del coctel –derrama económica, no olvidemos– con jóvenes que vienen en la caravana “de Fitzcarraldo” desde el Puerto, oigo la anécdota de cuando una virola se cayó y hubo que usar una grúa para volver a subirla, que al escucharla me recordó el momento en que le contaba a un fotógrafo del sistema hidráulico que nos presumieron, por el cual la estabilidad del remolque es independiente de la virola y no se voltearía el carro, aun si la carga se volteara… Un personaje autoritario me dice: “no puede voltearse”. Claro, pienso, como el Titánic.
Afuera la virola pionera descansa, protegida por un listón de plástico rojo que advierte “peligro”, y en el changarro del refrigerio bromeamos: “No se la vayan a robar”. Paso a lavarme las manos, y no tienen luz.
Imagino una historia como el cuento El Guardagujas del jalisciense Juan José Arreola, una caravana con las nueve virolas atravesando el largo camino del puerto jarocho a Tepeaca, la mixteca poblana. La semana original se vuelven meses, los altos se prolongan, y si Arreola lo hubiera escrito, los de la caravana ligarían parejas, y fundarían pueblos. Sería menos antieconómico que el turismo del Gran Bibelot, una experiencia para recordar unas semanas, en un cierto Jalapa, donde le cerraron la circulación a muchos conductores, aunque alguno, irritado, decía “pero si aquí vivo”, para recibir una salomónica respuesta del agente de tránsito: “Ahorita no, nada más que pase esto y se abren los caminos”.
Nuestro Veracruz, nuestra Jalapa, no necesitan un Kapucinsky para narrarlos, haría falta un Jorge Ibargüengoitia. Y un obrero que lea la internet y se pregunte, qué tan poderoso es Cemex, que moviliza a los gobiernos de Veracruz y Puebla, y la gente no parece tan irritada, porque si fuera un paro de CFE o una marcha de cañeros que cerrara, no medio día, sino media hora, una calle, tendrían abucheo del respetable y muy mala prensa.
La diferencia es que las virolas de Cemex, “compañía global de soluciones para la industria de la construcción” dice su sitio web, vienen de España…