HERMANOS Y HERMANAS:
De corazón les hablo, porque no hay nadie mejor que el corazón para hablar cuando de amistad se trata y hoy, para mi, este es un dialogo de amistades. Entonces, con este mismo corazón que lucha, con este que pese al dolor, la tortura y el exilo no ha perdido la ternura, quiero darles las gracias a nombre del Consejo Indígena Popular de Oaxaca “Ricardo Flores Magón” CIPO-RFM, y de la comuna del CIPOVAN, a este reconocimiento tan simbólico por lo que fue, es y representa David Stuart.
Siempre he considerado que un premio, aunque lo reciba una persona, es colectivo, por ello les hablo con la voz de mis hermanos y hermanas que hicieron posible llegar hasta aquí, por eso quiero contarles este ROMPECABEZAS, que habla la historia de los verdaderos merecedores de la medalla David Stuart, quienes sin duda sabrán honrar el premio.
Dicen que cuando nací, mi padre condenó mi vida a vagar por el mundo sin olvidar mi tierra. Un medio día enterró mi ombligo como la tradición Ñuu Savi manda, en el lugar que más le gustara al padre para entregarme a la tierra. Por motivos inexplicables, después lo desenterró y llevó a la montaña, donde luego de andar largó tramo, buscó el pino más alto y se trepó hasta donde le fue posible. Con todo cuidado llegó hasta una de las ramas más llena de Itandecas moradas y blancas (flores conocidas también como orquídeas), junto a ellas amarró mi ombligo.
Apenas bajó del árbol y se quedó mirando, para despedirse de mi ombligo entregado ahora al aire, llegó una parvada de pájaros, de todos los tipos, quienes comenzaron a darle vuelta a mi ombligo, luego uno, o una, no sé, acercó sus garras cerca de mi ombligo y comenzó a picotearlo. Logró desatarlo de algún modo y se lo llevó entre el pico por lo aires.
Cuando mi padre llegó a casa con mi madre y le contó la historia, ella contestó en forma de condena: —Este niño ya dejó de ser nuestro: no es de un solo lugar, será del mundo, aunque nunca olvide su tierra.
—Jesús, María y José —balbuceó mi padre y se santiguó delante de todos los santos, mientras oía el final de la sentencia de mi madre que le quitó un poco del dolor —Tendrá muchos amigos y hará el bien en todas partes.
Muchos años después, cuando agonizaba, mi madre me contó esta historia. También me dijo que quien se llevó mi ombligo era una de esas aves que se almuerzan a los pájaros que se roban a los pollos, era pues, un ave defensora.
Quizás por eso sé que siempre me voy quedando en todas partes. Que en cada lugar voy siendo mucho de todos y poco de mí, y sobre todo, siempre vuelvo por donde voy pasando. Es decir, de alguna manera vivo con el corazón cuarteado. Pedazos de mí quedan en muchos rincones de la tierra, que eso sí, algún día, de cualquier modo se juntarán y me harán de nueva cuenta.
Antes pensé que tal vez en algún tiempo, de mi corazón hecho pedacitos, se haría un juego para niños, uno que sirviera para saber que quise, que ame, que me dolió, en que serví o a que le tuve miedo. Pero ahora, con este primer premio que recibo por servir a los demás, y que reconoce lo que los gobiernos en mi tierra, Oaxaca, México castigan: luchar por la justicia social, estoy convencido que muchos mas tienen piezas del rompecabezas.
Después de este premio, ya no soy el mismo. Estoy sanando las cuarteadoras. Me brilla una sonrisa en la mañana, una voz en la noche de frío, un corazón hablando vamos contigo, una palmada de aliento para seguir el camino de la defensa de los derechos como pueblos, como indígenas, desposeídos, marginados, olvidados, exterminables. No sé cuanto me llevo de ustedes, pero puedo considerarlo como bastante. Me quedo con ustedes más ancho y menos ajeno.
Con el homenaje adquiero el compromiso de participar en un rompecabezas más grande. Ese que lucha por un mundo otro y que llegará si nos atrevernos a construirlo aquí y ahora con lo que tenemos, tal como lo hacen los hermanos de Horizontes de Amistad, el Task Force, los jóvenes de la COMUNA del CIPO en Vancouver, CIPOVAN, que son parte de la esperanza que el rompecabezas ande por el mundo, que gire por la vida, que lleven su entusiasmo organizativo a otros lados.
Pero este estímulo no me pertenece, pertenece realmente a quienes han sostenido horizontes de amistad por tantos años. A los que para hacer posible nuestra lucha: manejaron el carro, prestaron su casa, les echamos de sus camas para tener un sueño tranquilo. Los que hicieron la comida, los que cortaron los tomates, trajeron el pan, pusieron la sal y sirvieron el vino. A ellos y ellas que nos ofrecieron el fresco aire de su jardín y su plática, que incluso sin hablar nuestra lengua se comunicaron con el corazón para nosotros y nos dieron, aparte de alojamiento paciencia,
Este premio, es pues, de todos, con o sin medalla, aquí en Canadá o en las comunidades indígenas del CIPO-RFM, que con su actuación levantan el ánimo cuando sufrimos algún tropiezo, a todos los que pegan pósters, hacen trabajo voluntario, reparten el volante, sirven la sopa, acercan el consejo que nos orientan para encontrar la calle y el futuro, y también nos muelen con sus criticas y opiniones.
Por eso recibo este galardón en nombre de los que en distintos momentos de nuestra actividad compraron la artesanía o pusieron sus dinero en el bote solidario, a estos que de tan comunes muchas veces olvidamos pero que barren los locales, consiguieron los permisos, prestaron el internet o el teléfono, sacaron la nota, arreglaron la silla y prendieron la plática para hacernos entender que en un rompecabezas nunca se esta solo, ni sobramos, ni somos el relleno, sino que somos todos pieza importantes
Este reconocimiento es para todos los que no se ven pero nos dan su corazón como aplauso, y responden siempre que, pese a los rigores de esta jodida vida, no se pude perder ni la sonrisa, ni el optimismo, ni la esperanza, ni la ternura, tal como nos lo enseña la digna lucha del EZLN, el CIPO, las mujeres violadas en Atenco, los presos y perseguidos políticos de la Otra Campaña en México. En una sola palabra, este premio no puede ser de nadie mas que de todos y todas las y los que dignamente luchan, pues a mi no me pertenece.
He dicho todo esto porque sueño que se vean todas las piezas de rompecabezas y no sólo al final cuando está armado y se aprecia el rostro o la risa del príncipe o del monstruo de alma buena en el dibujo. Por eso, el mérito es de todas las piezas, porque no tengo otra forma de decir que para construir un mosaico como mundo nos necesitamos todos, del mismo modo que nos necesitamos para frenar el mensaje de muerte, criminalización, odio, olvido, exilio, que ha decretado el desconocido gobernador del PRI, ULISES RUIZ contra los profesores de Oaxaca, a quienes, en lugar de darles mejores condiciones salariales, les dio helicópteros y asesinos con uniforme que matan mujeres y niños, con la mirada complaciente del administrador de la coca cola que tenemos en México de presidente, el panista Vicente Fox.
Por ello, ahora, a diferencia del pasado en que mi ombligo viajaba en el pico de los pájaros, quiero vivir en su corazón para ser aunque sea parte pequeña del mundo por armar, donde todos somos parte y rompecabezas juntos.
Muchas gracias.
Cobourgh, Toronto, Canadá, 20 de junio de 2006.
* Palabras que Raúl Gatica expreso en la ceremonia oficial al recibir el premio David Stuart, que la fundación Horizotes de Amistad y el Parlamento canadiense le otorgaron en reconocimiento a su lucha por la justicia social y los derechos humanos.