Filosofía de la luz

Beligerancia de las imágenes… a flor de piel

Fernando Buen Abad Domínguez

Nadie se baña dos veces en la misma luz.

Existe un diálogo vibrante (y ondulante) entre la luz y los cuerpos capaz de liberar al pensamiento de cierta oscuridad que enceguece a la humanidad con trampas alienantes. Es un diálogo incesante y concreto en celebración de arco iris que se moja en la intemperie vertiginosa del movimiento universal. Es un diálogo histórico que vivimos a flor de piel.

Entre la luz y el cuerpo humano existen, incluso, debates y conflictos. Uno no pude caer en el pecado del simplismo ni debe, por supuesto, ser poco serio con las pasiones luminosas… a luz de la razón. Esos diálogos entre la luz y los cuerpos esculpen parte de lo que uno es, el ser mismo, en la dialéctica de la materia hecha carne y hueso. Nada más y nada menos, esos diálogos esculpen parte de los cuerpos todos y los lanzan al pensamiento para que completemos, a fuerza de luchas y tensiones, la construcción dialéctica del sentido. A todas luces.

Esos diálogos entre el cuerpo humano y la luz suscitan tensiones y revelaciones mediadoras de lo que se ve y lo que se piensa traducidas en mapas epidérmicos que son siempre territorios movedizos tatuados con luz en movimiento. Arrugas, pliegues, cicatrices… son visibles porque toman la luz, porque la reflejan y la poseen, cada cual a su modo histórico, de afuera a adentro de adentro a afuera. Se hace visible también todo por los quiebres y reflejos de la luz… por esa cierta fotosíntesis de la vida que da cuentas claras sobre algo que uno interpreta siempre en la ruleta de mil factores. Los cuerpos tramitan con la luz una cartografía particular para revelar, develar, quitar oscuridades y esculpir con luz las sustancias del significado. No hay sentido sin materia.

Las cartografías que se aferran a las pieles tienen bases concretas. Hay reflejos luminiscentes que cosquillean la historia humana, envuelta en la historia de la materia, para hacer visible una totalidad que no cesa de moverse ni en la piel ni en el universo. Y la luz juega un papel preponderante que es seductor y es hipnótico, que es inconmensurable y que es magnético. Es irreducible, patrimonio humano no negociable. Luz y cuerpos sostienen diálogos amorosos, inéditos siempre, sobre el mapa cartográfico de la vida.

El diálogo entre la luz y los cuerpos humanos tiene bases físicas que evocan la dialéctica del universo reproducida entre reflejos que hacen visible la vida misma como explosión luminosa tatuada en la epidermis. La luz y el cuerpo se regalan códices impresos sobre veladuras de piel que son como mapas con raíces de símbolos personales, culturales, históricos y sociales cuyas fronteras únicas son los límites de la razón y los límites de los sueños. Mapas abecedarios de un lenguaje luminoso plagado de tentaciones táctiles.

La piel ofrece sus mapas azarosos a una lectura embriagante de biografías escritas con luz jeroglífica de sol a sol. Es que hay en ese diálogo, entre la luz y los cuerpos, drama y espíritu, conciencia y corazón en consonancias de acción y expansión porque poseen una semántica de emociones y formas cuya dramaturgia simbólica arroja claves para la filosofía, la ciencia…la conciencia material y concreta que pega saltos cualitativos, ayudada también por la luz cartógrafa. Algo vuelve a nacer en cada lectura nueva que logramos descifrar sobre las pieles que ofrecen su mundo de apariciones y conclusiones que no consisten en saber de qué está hecha el alma sino la lucha humana.

La luz esculpe en el cuerpo humano el estado de sus luchas por que es su símbolo mayor, su arcano favorito. Predomina el relato de todas las luchas de la materia, la carne, el cuerpo, las ideas, las clases sociales en la piel… signa gráficamente el propio movimiento de la humanidad en su ascenso para pertenecerse a sí misma.

Hágase la luz

Hacer la luz es, también, apresurar la tensión y la distinción de objetos distintos y contradictorios en el pensamiento. Más aun, hacer la luz, bajo los caprichos formales que seamos capaces de pergeñar, es radicalizar una lucha para ponerle voz, guías, mapas… a todo lenguaje, a toda necesidad por nombrar al imaginario que lucha por expresarse por sí o por otros —signo— en el cuerpo, en la carne, en las almas colectivas. Es poner al alcance de la vista la piel histórica que ostenta marcas de un trajinar humano cuya naturaleza nos enseña otra cara del cuerpo donde la caligrafía del tiempo sobre la piel es augural y conlleva en sus textos la crónica de la lucha humana, desigual y combinada.

Como la mayor parte de la luz no depende de los seres humanos, como la materia lumínica omnipresente y duradera baña todo con su lluvia, aprendimos a imitarla con balbuceos de soles enanos al asedio de oscuridades que son parte de nuestros límites actuales. Sabemos que un día la luz ayudará a sublevar la historia porque sus clarividencias no parecen tener descanso. La luz nos arrastrará con sus caudales al océano de las rebeldías mejores que desembocan en el ascenso humano. Ya vimos lo que promete el nacimiento de la fotografía y el cine.

Es que la luz y los cuerpos encuentran sus ritmos en cualquier coartada. La luz le da a los cuerpos un punto de visión que se ofrece a los seres humanos como movimiento que insufla sus maravillas al relato del mundo sedimentado en las imágenes. Para particularizar su luz los cuerpos se las ingenian con alianzas formales cuya visibilidad adquiere diversidades extraordinarias, de afuera o de adentro, porque hay siempre una lucha de la luz que se hace lenguaje en nuestras manos. Lucha a veces cruenta.

La luz acelera las intemperies del cuerpo, individual social, bajo los abanicos de los pliegues epidérmicos. Hay luz que se comporta como vegetal sobre la constelación de los poros. Luz cantante de silabas lluviosas que chocan sobre los cuerpos para romper su oleaje de claroscuros contra la mar epidérmica. Cierta parte de la luz pesa como lápida náufraga sobre los ojos traductores de formas. De ella se sabe que emana influjos que han hipnotizado muchos cuerpos. Lo saben las estrellas.

Y es que la luz con su movimiento erótico se pasea sobre el tiempo. Es la misma luz cósmica y epitelial que lleva en el corazón también planetas difuntos, sentidos propios, eternidad de movimiento. Es la luz cóncava y convexa que en manos de la humanidad trata de romper todas las cadenas sintácticas para relatar anecdotarios de piel bajo esa neblina analfabeta que se arrincona en ciertos párpados.

La luz no se resigna, una y otra vez se adueña de los cuerpos y los re-escribe bajo sus leyes. Rebela y rompe en movimiento nuevo la unidad más simple e indivisible del conjunto de los cuerpos donde reposa en activo. La luz es capaz de refractar las unidades significativas más ajenas a sí aunque no siempre de manera rigurosa y unívoca, con todos sus átomos, al servicio, incluso, de los idiomas más primitivos. Como el del tacto, el oído, el gusto…

La luz al posarse sobre éste o aquél cuerpo, tocarlo y hacerlo visible, es una totalidad de unidades compactas e inseparables, constituye dirección y ritmo. Su baño sobre las cosas confiere una especie de vida peculiar al mundo objetivo, también animado con luz, por la luz del universo, en flujo y reflujo, unión y separación descargadas sobre un conjunto de seres vivos movidos por fuerzas semejantes a la luz que baña astros y planetas. Una danza febril que electriza todo. Entonces la luz nos ofrece una degustación universal de colores y matices en lucha convulsa contra el vacío o la nada. La luz nos hace rebeldes y su poder se manifiesta en el magnetismo de nuestras fuerzas creadoras en multiplicidad de actos vitales. La luz es por eso uno de nuestros más queridos símbolos de lucha y revolución.

El lenguaje de la luz sobre la piel el es un himno de vida que preña de significados niveles emocionales muy variados. Sea luz natural o luz humana. La unión entre luz y cuerpo comprende la manifestación de una realidad ruidosa como el lenguaje, condicionada por el carácter histórico de su existencia, lleva consigo una revolución del cuerpo, tensión del espíritu, la razón de lo indecible.

La luz transformada en el cuerpo es, ante nuestros ojos históricos, lenguaje con cambios sintácticos de tensión y naturaleza a manera de una geografía encarnada. La luz inseparable de la realidad se hace, en nuestras manos, también, escritura dialéctica de sombras. He aquí la humanidad haciendo de las suyas. Estira el mundo y lo vuelve todo piel entre sobresaltos milenarios.

No hay luz que nos alcance para saciar nuestra sed de colores y formas, el hambre de contornos y texturas, el apetito de honduras y cumbres. La voz del mundo es una voz luminosa y exultante ideada por nosotros para contarnos una leyenda plena de luchas que nos ha dejado avivada la voluntad de seguir explorando formas y ritmos para nuestra liberación definitiva. Lo tenemos anotado, bien clarito, en la demografía de seis mil millones de papiros vivos que se envuelven con el frenesí luminoso de sus cuerpos prismáticos respectivos.

Humor vítreo.

Ese diálogo entre la luz y los cuerpos tiene su chiste. La luz y el ojo humano tienen cierto sentido del humor habitado por una tensión de vértigos y claridad. Los ojos no se dan baños de pureza en las fuentes de la perplejidad. La luz tiene un acento casi imperceptiblemente y augural especie de murmullo del tiempo en los relojes de arena. ¿Hay alguien que no lo haya escuchado?

La luz a veces tiene diálogos iracundos contra los cuerpos, se llena de tempestades que representan vínculos viejos con el corazón. Es un diálogo costoso y produce en los cuerpos una transfiguración de farol extenuado con ansias de muerte que la luz creía surgida de las formas y que, a la larga, adquiere tono heroico en los juegos de reflejos que pueden sentirse como vértigos a punto de sublevarse contra la razón. En un abrir y cerrar de ojos.

Hay una claridad histórica objetiva que nos refleja y abisma bajo ese fuego solar que baña a los cuerpos sin clemencia. La luz parida por el sol también calcina la materia lentamente con sus lenguas incendiarias mientras la humanidad interroga al universo, perpleja y atónita. No queda otra alternativa. La visión no metafísica del cosmos despierta fuerzas que la humanidad cultiva, por medio marcas sobre la piel, con mapas a intervalos iguales revelados en tiempo real entre golpes de suerte y lucha por el ascenso de los pueblos.

La luz y el ojo gozan el incendio, material y concreto, del vacío que el sol pirómano inunda impulsado por el movimiento que lo hace visible, irremediablemente, gracias su luz y la nuestra. La medida no es tiempo sino la luz que nos transporta para presentarnos vestidos de temporalidad superior a nosotros. Y tratamos de imitar semejante portento no sin errores ridículos y no sin aciertos. La luz y el ojo toman del universo los bocadillos de tiempo inmersos en todo porque son esa parte que nos espeja. La luz y el ojo realizan operaciones de un modo paradójico. En la luz anida un ir hacia fuera de nosotros, en el ojo hay un ir hacia adentro. Cuando la luz se desnuda ante nuestros ojos y desnuda al universo lo que pasa en el ojo es nuestra vida propia. Eso es extraordinario. Llevamos las pruebas tatuadas en la piel.

Es un humor que es imposible disociar de ciertas fuerzas de visión del mundo. Las formas en todas las expresiones adeudan a la luz un sentido e imagen de lo universal cuya temporalidad concreta, hecha de contornos específicos, contiene a la vida rodeada de signos donde se aferra la representación toda. Ese es el chiste.

Ese diálogo entre la luz y todos los cuerpos encontró sus propias fuentes de doble sentido herméticos para la poesía al alba de las sombras cuyas claves se hayan escrito en la carne de la humanidad y esa es su claridad. Una y mil veces.

La carne tatúa sobre sí la claridad de la vida. Es una voluntad de luz para alumbrar tinieblas que suben de tono cada tanto. Tales tinieblas están presentes en la geografía experimentada de los cuerpos embrujados por un río de luz telaraña que corre deslindado por la historia y por el universo. Ese es su chiste. Ese diálogo entre la luz y los cuerpos esclarece mitos amortajados bajo la piel con una claridad nueva incoercible porque es insurrecta necesariamente, en los pliegues de la conciencia, del cuerpo, de las luchas humanas empapadas de luz en todos sus sentidos. Es que la luz, llegada de la historia, está soldada a la naturaleza por las exigencias materiales de la conciencia que ha sabido incluso de lágrimas y miserias.

Al morir, morirnos cada cual, la luz nos ocupará la ausencia como una laguna. Será siempre lluvia fresca. Un mazo de luz culminará los dibujos del inconsistente colectivo sobre todos los rincones del tiempo adherido a la piel. Y moriremos del todo y de seguro con los cuerpos en la parte más húmeda de los ojos -el útero- del sentido. Las formas ascenderán de su estado jeroglífico para volverse claves en los pliegues del espíritu. Nuestros cuerpos, tarde o temprano, como poemas rituales de ciertos símbolos ambulantes prescindirán como homúnculos astrales de la vida real y concreta… y de la luz. Y eso se notará a leguas. Pero es a través de ese diálogo, nada sombrío, sostenido en todos los tiempos que la vida cuelga su farol de tiempo presente y se subleva contra la mediocridad. Ese diálogo de los cuerpos con la luz, a través de los días y las noches, da sentido a la muerte que transpira luz en la historia donde se alimenta nuestra vida. Como Tezcatlipoca.

El diálogo tiene su gracia porque se desarrolla entre idiomas de letras tan leves que fortalecen los espejos inconclusos del pasado, del presente y del futuro. Chiste idóneo para el vientre de la córnea.

No sólo es la luz quien muestra su humor, también los cuerpos saben hacer lo propio. Las miradas hinchan un perfume de figuras sobre corazón del mundo físico. Lo cual quiere decir que los ojos contribuyen a explicar esa corriente anímica interna anidada en la inervación magnética de la luz que es idéntica a la del corazón. La luz ha estado ahí siempre en movimiento. En un parpadeo lo sabremos.

Dialéctica de la materia lumínica

Esto no se queda así. La luz no es una “idea” ajena a la piel, la luz es una condición vital que sopla sus efluvios en las cosas concretas que anclan la realidad misma en nuestra experiencia. Por eso hacemos nuestra toda luz, le inyectamos significados históricos y nos la ponemos sobre la piel tatuada con todas las conquistas históricas que relatan lo que hemos sido, lo que somos y lo que seremos. Por su parte los cuerpos hablan con la semántica de la historia que efectúa en el cerebro sus acrobacias más logradas ayudadas por las máquinas más insólitas y maravillosas, de la ciencia y la conciencia. Mientras tanto hay miles de figuras cartografiadas sobre la piel como reflejos derramados en el fragor general del universo.

Hoy contamos con desarrollo filosófico-científico, sistemático y provisional donde la luz refleja con toda plenitud su importancia y fuerza. La humanidad empuñó la luz para quebrar el poderío de la penumbra y estableció formas luminosas, en el sentido propio de la expresión, para que echáramos raíces cada vez más profundas sobre el conocimiento paulatino del universo. Conocer la luz es una revolución humana que recoge con pasión y carácter la fuerza de planetas y satélites, estrellas, especies vegetales y animales… todos son tributarios de la luz. Conciencia flamante sobre la vida.

La luz que recorre el universo nos recorre la piel y atraviesa la historia. Deja sus marcas cartógrafas en las vías lácteas de los cuerpos que dialogan con voz de termómetro y palabras de rayo sobre las alas de las mariposas. Trasplante de sol en los ascensos de la conciencia que hemos alcanzado para extirpar las tinieblas impacientes en la olla de la alienación. Sintaxis del ascenso humano que plaga el cerebro con imágenes de floración iridiscente. La poesía misma.

Luz pulmón a sotavento contra las tinieblas que arrastramos en las encrucijadas del pensamiento. No descansa ni de noche, su misterio tiene ruido de carruajes de ese sol que escuchamos en las ruecas de la existencia. Es evidente. Esa luz dialoga con los cuerpos como una telaraña inmensa sobre el insomnio de las pieles. Esa luz se revuelca impunemente en su lecho de pieles vagabundas. Lame las planicies de los cuerpos con su lengua de presagios y siembra sus flores augurio bueno sobre el tiempo presente a cielo abierto. Esta luz humana y cartógrafa dialoga con aliento de barcas y peces mientras pasea por la orilla del sol. Luz oleaje de caminos que ensanchan al mundo irradiando color de pájaros y frutos al desnudo del alba centelleo de tierra. Luz espejo que prueba la dialéctica de la realidad con tensión revolucionaria para la agitación corporal y colectiva… que pone en claro el sentido y contenido de su bullicio de imágenes e imaginarios prendidos a la subversión de todo lo imaginable concreto. Lo lúdico, lo erótico, lo onírico… he ahí la luz en vivo y a todo color. Hay pruebas de todo tipo al calor del sueño revolucionario y de la liberación del inconsciente y la rebeldía fascinación vertiginosa.

Era de esperarse que la luz abriera paso, a toda costa, nuestra conciencia para salir bien librados y fortalecidos de ese trance complicado y extenuante a que ha sido nuestra prehistoria. Y era de esperarse que la luz incubara en las esperanzas humanas su maduración y sus potencialidades para pegar saltos cualitativos excepcionales. Pero falta mucho.

La luz, por eso, es también una especie de canto a todo lo que la libertad humana simboliza. La luz ha servido como vela mayor de una pulsión emblemática y rica en repeticiones, reiteraciones y recombinaciones para un mismo juego dialéctico entre la materia y la conciencia. La luz ilumina un repertorio simbólico resuelto formalmente con la convicción de que la revolución social y la lucha humana habitan el núcleo de un deseo en constante desarrollo cuyos electrones definen su fortaleza no con ilusiones sino con órbitas amplias de acción directa transformadora.

La luz tiene una buena disposición al azar. Su diálogo con los cuerpos, todos los cuerpos, propone a su modo el problema de la identidad y la vida no como eso penosamente difícil sino como eco universal, a caso glorioso, lleno música espléndida de sobre el universo. Beso de la materia como mensaje del Sol que escucharemos en las luchas entre los polos de clase irreconciliables. La luz dará fuerza de visión materialista, clara y útil, de día o de noche, contra lo insondable, lo inexplicable y lo alienante que con mayor frecuencia, cada día, hacen hasta lo imposible para reducir la voluntad más epidérmica y revolucionaria de los seres humanos embrujados con la influencia de la luz purificante.

A la luz de los hechos actuales la dialéctica de la luz significada recorre el mundo expresándose, entre otras mil formas, con demostraciones de rebeldía nítida al final del túnel capitalista. Hay destellos, chispazos, estrellas que guían y salvan de la desesperación y muchas son producto de una lucha madurada, enriquecida y alumbrada con la experiencia de luchas añejas. Se nota en la piel bien claro. Hoy vivimos los pálpitos de un corazón iluminado de maneras inéditas con una dirección de implicaciones profundas donde la humanidad no será lo mismo porque será mejor y libre. Está a la vista.

Beligerancias de la Imagen

Producir imágenes es un episodio continuo y maravilloso que permite capturar, alojar y cargar sensorialmente el universo, un universo entero, la materia en la cabeza. Es transportar y expresar el universo interior y el universo exterior a través de algún artificio, producto y productor del conocimiento, la comunicación y la creatividad humana. He ahí una beligerancia luminosa de la humanidad que con su habilidad para producir imágenes carga de luz, interrogaciones, intuiciones, nebulosas y hallazgos, la conciencia toda realizada entre determinaciones objetivas de la materia en movimiento y la realidad social.

Luz e imagen constituyen, aliadas en la producción de la conciencia, una lucha transformadora que, en casi todas sus definiciones, produce intercambio de imágenes como arma emancipadora de la humanidad. Diálogo con los sentidos y la luz que contribuye a multiplicar imágenes dialécticamente. Así, producimos imágenes de las fuerzas más profundas y libres del espíritu, del deseo… de los contactos concretos con el mundo en síntesis dialéctica que funda el conocimiento todo, la comunicación y la creación… la poesía misma.

Es de importancia suprema hacer visible esta lucha humana armada con imágenes, esta epopeya que pone el cuerpo para producir e intercambiar imágenes cargadas con síntesis y con pasiones. Hacer visibles los objetos del pensamiento, con la más completa claridad y la suma de percepciones con representaciones que serán imagen de las cosas y su comprobación como la verdad en la práctica. Hacer visible esta beligerancia de la imagen hecha realidad y fantasía, secreción valiosísima impregnada de conciencia e inconsciencia, razón e instinto, enigma y praxis, conocimiento y trabajo. Poner a la vista esta producción material humana concreta, objetiva y subjetiva, falible, maleable y no pocas veces inefable. Memoria, sueños, juegos, proyectos… unidad material del universo con su diversidad formal. Magnificencia, poderío y misterio.

He ahí la imagen, materia dinámica, necesidad y proceso en la poesía de la expresión y la fuerza de la vida del estómago y del espíritu. Detonador incesante de coartadas en la corteza cerebral y espiritual con sus bacterias representacionales ordenadoras de la conciencia, en vigilia o en sueños, que concatena y estratifica un plano racional con otro emocional, uno puramente evocativo con otro onírico… pulmón descomunal de invención cuya tarea consiste en procesar orgánicamente el repertorio de experiencias que produce el trabajo humano, su hacer todo que se colecciona permanentemente en la cultura.

Gracias a la influencia de muchas imágenes la vida es también un placer de luz tatuado en la conciencia. Una tensión descomunal entre nuestros enigmas y la historia, una estrategia del deseo para imprimir sobre el cuerpo marcas luminosas que también se vuelven imágenes. Toda imagen intercede en la tensión entre ciertas batallas emocionales de tipo salvaje que pertenecen a esa categoría de la actividad mental que desborda los marcos culturales con persistencia y consistencia únicas. Esas imágenes reordenan y rearman escenarios con andanadas de conmociones que mezclan colores, aromas, texturas, sonidos… para reconstruirse como en un baile de nichos lúdicos cuya lógica arquitectónica escasamente es legible por esquemas convencionales.

Las imágenes hacen suyo lo profundo, lo lejano y lo extenso para acercarlo a lo inmediato, a lo cercano y a lo específico. Red de planos y dimensiones obediente al arbitrio de las necesidades humanas. Red de luz transparente y expansiva. Retícula sobre la totalidad de las experiencias; síntesis y proyecto inmensurable. Violencia creadora de espacios y tiempos fiel a lo accidental, lo histórico y lo social. Individual, colectiva y viceversa. Tiene por garantía el vacío. Se expande sobre él cardinalmente para alimentar diálogos y debates con el caos. No es deidad, no es curiosidad, no es fatalidad.

Las imágenes bañan todos los planos afectivos como coleccionistas de intensidades capaces de estremecer la vida misma para siempre. Generan envolventes magnéticos creando colonias de imágenes que se turnan primeros planos con planos profundos, en lo individual como en lo colectivo, bajo la dinámica de la semiosis donde se preñan, con cierta dosis de fusión, las herramientas para el trabajo, el intercambio de la experiencia, la procuración de alimentos y todo desplante lúdico aparentemente propio de la inutilidad.

Así es la magnificencia de tal beligerancia, la realidad la habita a su manera y se transforma hasta en esos territorios donde la claridad mental es más profunda, irreductible y problematizante. Las imágenes beben luz para formar interrogantes y respuestas regidas también por una economía lúdica. Por eso contienen potencias para enfrentar a ciertos poderes hegemónicos que aprendieron a imponer modos de pensamiento, modos de sentimiento y modos de comunicación, convenientes al modo general de producción económica, entendieron la importancia de fijar mercantilmente, imágenes signos que se hacen pasar por colectivas. Usan de la Imagen ingredientes descontextuados que consolidan instituciones culturales para rendir culto a la explotación de algo o alguien. Fragmentan las imágenes y los imaginarios al servicio de la dominación ideológica, herramienta expansiva y letal que acentuó las calamidades de todos los tiempos.

No es una beligerancia cualquiera, es una beligerancia luminosa metida en el pensamiento que es un hervidero de imágenes que dan individualidad a cualquier cuerpo real. Conciencia ligada a la luz que nos circunda entre sensaciones visuales, auditivas, olfativas, etc. que ocurren en el cerebro por efecto de los objetos existentes realmente, de los colores, los olores, los sonidos y otras propiedades que les son inherentes. Beligerancia humana con ideas, conceptos y otras formas del pensamiento que son reflejos más o menos exactos de los objetos, fenómenos y relaciones sociales realmente existentes. Fuera de ellos las imágenes no pueden surgir en la conciencia humana. Por lo tanto es particularidad de la conciencia, como propiedad del cerebro, producir imágenes del mundo material que incluye a la fantasía. No al revés.

Tal beligerancia contiene una relación estrecha entre el origen de la producción de imágenes, el uso de las herramientas y el trabajo humano. Hay que hacer visible la producción de imágenes como tarea esencial de la existencia, como momento crucial donde las representaciones o imágenes escenifican algo de la inteligencia que nos permite girar la realidad, imaginarla, aun incipientemente, bajo nuestro dominio y sin amos, incluso la naturaleza. Beligerancia contra la oscuridad impuesta que es un hito fenomenal. Transición superadora que perfecciona dialécticamente herramientas, habilidades imaginativas y significativas al mismo tiempo. “No voy a ocultar que, para mi1, la imagen más fuerte es aquella que contiene el más alto grado de arbitrariedad, aquella que más tiempo tardamos en traducir a lenguaje práctico, sea debido a lleva en sí una enorme dosis de contradicción, sea a causa de que uno de sus términos esté curiosamente oculto, sea porque tras haber presentado la apariencia de ser sensacional se desarrolla, después, débilmente (que la imagen cierre bruscamente el ángulo de su compás), sea porque de ella se derive una justificación formal irrisoria, sea porque pertenezca a la clase de imágenes alucinantes, sea porque preste de un modo muy natural la máscara de lo abstracto a lo que es concreto, sea por todo lo contrario, sea porque implique la negación de alguna propiedad física elemental, sea porque de risa…” André Breton

Es preciso arrojar luz para hacer visible la magnificencia de esta beligerancia humana contra la ceguera ayudándonos con imágenes que son encuentro de luz y realidades distintas en unidad dialéctica de contrarios. Salto de lo cuantitativo a lo cualitativo donde los términos adquieren contradicciones nuevas. Probablemente sea este uno de los motores más poderosos de la libertad en todas sus escalas. He aquí que imaginar no es un permiso que se otorga a la sociedad, no es un permiso a los humanos en lo individual, se trata de una necesidad fundamental y un derecho colectivo. Es uno de los trances más profundos resultado necesario del deseo, originado por el encuentro dialéctico de realidades que en su hallazgo fundan dinámicamente el conocimiento todo.

El espíritu se las arregla para escudriñar sus límites al encuentro de realidades contradictorias en trabajo constante. El espíritu se las arregla incluso azarosamente para luchar en la aproximación de dos o más términos de la realidad, en alianza con la luz, para producir otra luz especial, la luz de la imagen, ante la que nos somos infinitamente sensibles. Cada imagen vale por la fuerza que produce en el lugar y momento en que se produce. Vale por la carga eléctrica que porta en el momento del encuentro de dos o más realidades que derivan en una chispa, en consecuencia, el valor de la imagen está también determinado por la diferencia de potencia entre los dos elementos conductores. “El espíritu adquiere plena conciencia de las ilimitadas extensiones en que se manifiestan sus deseos, y en las que el pro y el contra se armonizan sin cesar, y en las que su ceguera deja de ser peligrosa. El espíritu avanza, atraído por estas imágenes que le arrebatan, que apenas le dejan tiempo preciso para soplarse el fuego que arde en sus dedos. Vive en la más bella de todas las noches, en la noche cruzada por la luz del relampagueo, la noche de los relámpagos. Tras esta noche, el día es la noche” André Breton

Es imperativo hacer ver la importancia de las imágenes que también radica esta síntesis entre lo profundo interno y la realidad objetiva donde la conciencia da sus saltos cualitativos para cruzarse con la revolución social y política. Con la producción de imágenes es posible, también, hacer frente a los aspectos más embrutecedores y alienantes de la etapa actual del mundo capitalista. Es probable que las imágenes sean decisivas en el salto cualitativo más importante de la humanidad contra todas las formas sociales que le son adversas.

La fuerza de las imágenes todavía nos exalta y es necesario reconocer que cuanto mayor sea su poderío mejor servirá para evidenciar las más profundas relaciones entre la libertad y la vida. La producción de imágenes bien podría ser un instrumento de liberación definitiva, una insubordinación del espíritu, una negativa a doblegarse, una forma superior de beligerancia para la búsqueda de lo maravilloso concreto. Beligerancia bajo el impacto de la lucha de clases con exactitud de poema y como investigación del espíritu sobre los temas más diversos, la esperanza, el amor, la vida, etc. Investigación que consiste en escapar al control alienante por encima de todo y siempre, investigación para probar de un solo golpe la necesidad de superar el foso en que una parte inmensa de la humanidad ha sido hundida.

Esta beligerancia de las imágenes es escritura del espíritu sobre los cuerpos, corregida a partir de observaciones y discusiones que incluso comienzan analizando la amenaza del capitalismo contra la civilización humana en su conjunto. Escritura del espíritu sobre las pieles como actividad creadora que no puede nacer en un contexto de estrangulamiento. Beligerancia como texto filosófico, sociológico, científico o artístico sobre la epidermis de la historia y la epidermis de los que luchan. Beligerancia de las imágenes que tiende a ampliar la transformación del mundo. Beligerancia contra la oscuridad y los oscurantismos.

Hacer visibles las imágenes tatuadas con beligerancia de luz sobre la historia humana es utilizar todos los instrumentos de una partitura de espíritus rebeldes, es ejercer una dirección sobre la creación para desarrollar sus fuerzas productivas materiales y asegurar la emancipación de la riqueza expresiva de la humanidad; es incluso, con la poesía base de todas las necesidades creativas, consagrarse a investigar una belleza convulsiva y punzante en irrupción permanente.

Beligerancia adoptada como solución rigurosa para a sanear de toda maledicencia mercantil los mitos, la razón, el contacto con lo inmediato, las finalidades internas de la libertad permanente… donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo encuentran, de una vez por todas, su lugar preponderante, des-alienado, en el mundo, encuentran su más sorprendente resolución como fuerza de pensamiento revolucionario, del amor y de la imaginación transformadora. La vida misma. Eso es tarea urgente. Se ve claro.

“La imagen es una creación pura del espíritu…” Paul Reverdy

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Chile y el Invunche: Sobre un mito mapuche. Ideología, memoria e identidad

“En cada ejercicio del poder hay detrás un sutil, muchas veces un casi imperceptible componente de menosprecio, con respecto a aquéllos a quiénes se gobierna.” Sándor MÁRAI

Víctor Bueno Roman (Para Kaos en la Red)

“En cada ejercicio del poder hay detrás un sutil, muchas veces un casi imperceptible componente de menosprecio, con respecto a aquéllos a quiénes se gobierna.”
Sándor MÁRAI [1]
(„A la luz de los candelabros“)
En Diciembre del 2007, publicó el sociólogo chileno Felipe PORTALES en “Rebelión” (20.12.2007) el artículo intitulado „Verdad, justicia y memoria histórica en Chile”. La lectura de ese texto, así como los últimos acontecimientos sobre lo que viene ocurriendo en el país surandino- concretamente, con el maltrato, persecución y asesinato de algunos Mapuches que protestaban por el reconocimiento legítimo de sus derechos y por el respeto a su cultura y a su tradición- me lleva meditar sobre el tema [2]. La represión policial y el asesinato de Mapuches, en el marco de un gobierno que se dice ser socialista, me han impactado y provocan en mí un rechazo, una protesta. Esos acontecimientos, por demás antipopulares y antihumanos, traen a mi memoria escenas y recuerdos trágicos. Yo me he preguntado, hasta qué punto se puede hablar de “régimen democrático” respecto al gobierno de Michelle BACHELET JERIA. Que esto ocurra bajo el gobierno de una gobernante que afirma ser socialista, me sorprende y desconcierta. Bachellet Jeria ha olvidado lo que es persecución y represión, violación de derechos humanos y restricción de libertades democráticas: Su padre, un miembro de las Fuerzas Armadas chilenas, fue apresado, torturado y asesinado. [3]
La tolerancia, tal vez inoperancia e impotencia, de Bachelet, confunde, apena y decepciona, pues hace pensar que ella está con las manos maniatadas: Impotente ante el capital nacional e internacional y limitada por las Fuerzas Armadas de su país. Ella, como socialista e hija de un crítico del régimen militar, tuvo que huir de la dictadura de Pinochet, después de haber padecido juntamente con su madre tortura y encarcelamiento. Ella encontró asilo político, como muchas chilenas y chilenos hace más de treinta años, en la ex-República Democrática Alemana (RDA). En este país, continuó ella sus estudios de medicina y su departamento en la ciudad de Potsdam (Estado Federado de Brandenburgo) fue un punto de encuentro para la discusión política, para el trabajo de contrainformación y, last but not least, para tocar la guitarra y cantar canciones de protesta del folklore chileno y latinoamericano, a fin de mantener viva, y tal vez con el vino tinto, el lomito y la empanada o salteña, la llama del recuerdo y no cejar con la esperanza que tiempos mejores vendrán a Chile. Todo esto me viene a la memoria, debido a los últimos acontecimientos en el país hermano y surandino. Reflexionando sobre el tema, y deseoso de encontrar una explicación al problema, pienso concretamente en dos cosas: a) En el golpe militar del General Pinochet, sus crímenes cometidos y la posterior impunidad y; b) El mito mapuche del Invunche y las actividades del Grupo Literario “TALA” en Berlín.
Sobre a): Toda dictadura habla de “defensa de la Patria” e institucionaliza a la represión. El clima político es de violencia y de tensión, de inseguridad y de angustia. La represión abarca a lo físico y a lo psicológico, a lo cultural y a lo ideológico, a lo social y a lo popular. Dictaduras, gobiernos despóticos o autocráticos, tarde o temprano, influyen o imponen dictados en las así llamadas “democracia tutelada“, “democracia dirigida” o “democracia disciplinada” [4]. Los objetivos políticos son neutralizar, obstaculizar y/o destruir a la oposición, a las organizaciones sindicales y a los movimientos populares y reivindicacionistas. Y cualquier intento por la desalienación y por la concientización, por la crítica y por la denuncia, es perseguido, despolitizado o liquidado. Lo que resulta de todo ello es, de un lado, el conformismo, el desinterés, la resignación o la apatía; de otro lado, la protesta y la movilización con su secuela de apresamiento y desaparición física, de exilio interno o externo.
Sobre b): El mito del Invunche, una historia de los mapuches, relata y describe, de un lado, los delitos de secuestro, robo y manipulación; de otro lado, una relación de dominante a dominado, de Señor a siervo. El transfondo económico-social del mito refleja a un estadio de desarrollo de la sociedad y cultura chilenas; esto es, al modo de producción semifeudal, traído por los invasores españoles, en el que existen solamente Señor y siervo. En este tipo de relaciones sociales no hay burguesía ni clase media. La tenencia de la tierra y el criterio de estar en posesión no sólo del trabajo sino también de la propia vida del siervo, caracteriza a este estadio de desarrollo de la sociedad. Todo se mueve en torno a la propiedad feudal y a la servidumbre. El Grupo Literario “TALA” retoma a este mito para analizar la situación actual de Chile. “TALA” es la reunión de chilenas y de chilenos en el exilio, con vocación artística y literaria, con un pasado político de izquierda, con una imbatible e invariable actitud para que Chile se mire al espejo y refresque su memoria. “TALA” aboga desde sus páginas, y a su modo, para que se haga verdadera justicia. “TALA” mantiene viva la memoria individual y colectiva chilena en Berlín. Sus actividades son una respuesta contra el olvido y contra la conciliación, contra la despolitización, contra el conformismo y la apatía.
I.- El eco y la memoria. Acerca de su fundamento literario-clásico:
El eco es la repetición del sonido por reflexión de las ondas sonoras. Para mí, es el eco una
suerte de memoria, pero una memoria fugaz. El eco repite y recuerda, aunque sea por un brevísimo momento, lo que como onda sonora circulara en el espacio y en el éter. Ese fenómeno acústico es plausible de ser analizado y medido tanto en su intensidad cuanto en su duración.
La memoria abarca a varios procesos, en forma lógica y sucesiva: a) La percepción de un hecho o fenómeno (lo nuevo); b) El reconocimiento o recuerdo (lo ya existente y registrado) y; c) La reproducción (el recurso a la aplicación). La memoria, concretamente la llamada memoria histórica, está íntimamente ligada con el proceso de formación de la personalidad. Aquélla nos permite una protección contra el extrañamiento y/o alienación.
En la mitología griega existía una figura, una Ninfa, que simbolizaba al eco (ήχω). La diosa Hera (Juno entre los viejos romanos del Latium) convirtió a esa Ninfa en eco, porque ésta platicaba demasiado con los Dioses y cometía indiscreciones. Esta conducta influyó en los planes de Hera, de la esposa burlada y engañada, que no pudo sorprender in fraganti a su pareja en el ejercicio frecuente del adulterio. Hera la castigó a ser un remedo, a repetir lo que otras u otros dijeran. Por haber sido “chismosa y de lengua suelta”, perdió la Ninfa su propia identidad y su autonomía. (véase : Ovidio: “Metamorfosis”: III, 356-401). Desde entonces, no posee el eco vida propia, no tiene existencia autónoma: El eco es una simple resonancia, repetición o reflejo mecánico. El eco deviene historia breve, oralidad que se lleva la dinámica aeólica (de Aeolos: Dios griego de los vientos) y que carece, por tanto, del anclaje necesario que ofrece la escritura.
Otra figura importante en la mitología griega, que como el eco existe en tanto lexema en la lengua castellana, es Mnemósine (Nemosina o Memoria), que en convivencia con el Dios-Padre Zeus, diera nacimiento a las nueve Musas [5]. Ella era hija de Uranos y de Gaia (o Gea) y tenía la virtud de acumular datos, nombres y hechos. Mnemósine era una suerte de archivo, una memoria y biblioteca de la sociedad, de la cultura y de la civilización helénicas. Mnemósine no sólo era la fuente necesaria e imprescindible para el recuerdo, sino era, también, la que vigilaba, advertía y exhortaba. Su saber y su experiencia merecían ser consultados, como lo fuera ello con el Oráculo de Delphos y con Casandra. Y mientras que se movía Mnemósine en el pasado y lo administraba, se proyectaban hacia el futuro el Oráculo de Delphos y Casandra [6]
La lectora y el lector se preguntarán hasta aquí: ¿Qué tiene que ver el pasado griego y su mitología con la historia y con la actualidad chilenas, con la Presidenta Michelle BACHELLET JERIA y, concretamente, con la situación de los Mapuches?. La pregunta es del todo lógica y legítima. Que yo haya mencionado de entrada a unos personajes de la Literatura Clásica, se explica porque esos nombres, esos mitos están presentes no sólo en los lexemas de la lengua coloquial del castellano (p.ej. ecografía, ecocardiografía, nemotecnia y nemotécnico) , sino que a ellas se recurre también cuando se habla de historia y de memoria, de eco y resonancia politico-social. En el ejercicio de la política gubernamental y en las Comisiones de Verdad está la memoria, muchas veces, maniatada o manipulada (dígase ideologizada). Aquí no se trataría de una memoria o conciencia histórica (testimonial, consecuente y objetiva), sino de una memoria parcializada y selectiva debido a los intereses y a los objetivos políticos particulares (partidarios) o del momento [7]
La memoria es historia, es recuerdo. Ella es retorno a los orígenes o principios y, en ese sentido, es también arqueología. La memoria es base, amalgama y fundamento. Ella es también escuela y pedagogía, pues ella instruye sobre la base del saber y de la experiencia ya existentes. La memoria es una Paideia, en el sentido helénico antiguo; esto es, un compendio de información para el comportamiento humano, tanto en lo civil (vita civitae) cuanto en lo emocional y vital (vita animae).
Dentro de una sociedad sirve la memoria colectiva, entre otras cosas, para evitar errores, enmendar rumbos y reparar daños. A este respecto, y sobre la importancia del recuerdo, cito unos fragmentos del “Discurso sobre la Paz” (1952) de Bertolt BRECHT:
“La memoria de la Humanidad para los sufrimientos soportados es curiosamente corta. Su capacidad para preveer a los sufrimientos venideros, es aún más reducida. Las descripciones, que el newyorkino recibiera sobre las crueldades y las funestas consecuencias de la bomba atómica, parecen no estremecerlo en lo más mínimo. Al alemán de Hamburgo rodean por doquier el desastre y las ruinas de los bombardeos y, sin embargo, duda éste para levantar su mano en oposición a una nueva guerra. Las consecuencias de los años cuarenta parecen haber sido olvidados. La lluvia de ayer no nos moja más, dicen otros. Precisamente, ahí radica nuestra tarea; es decir, en combatir a esa insensibilidad, a esa resignación, cuyo clímax es la muerte (…) Dejadnos y permitidnos que repitamos lo dicho ya mil veces, de modo que todo ello no aparezca, ni siquiera una sola vez, como ya dicho y conocido . Dejadnos y permitidnos advertir una vez más, aún cuando la advertencia devenga ceniza en nuestros labios”.
Y de su parte, escribió el escritor cubano Guillermo CABRERA INFANTE (1929-2005): “…el recuerdo es un triunfo sobre la muerte. Recoger los recuerdos, recobrar el pasado es vencer al trágico destino humano” [8]
II .- El “Invunche”. Conciencia, memoria e identidad:
El conocido psicólogo ruso Sergej Leonidowitsch RUBINSTEIN (1889-1960) aplicó el método de los materialismos histórico y dialéctico para el estudio de la memoria [9]. En su libro intitulado “Fundamentos de Psicología General” (1946), dedica Rubinstein unos capítulos a la memoria y escribe lo siguiente:
“ Sin la memoria seríamos seres de un instante. Nuestro pasado estaría muerto para el futuro. El presente, tal como él transcurre, se perdería irreparablemente e irremediablemente en el pasado. No habría nada que tuviera su apoyo sobre el pasado, no habría punto o lugar de referencia, lo cual significaría no disponer ni de conocimientos ni de habilidades. No habría ninguna vida psíquica que estuviera enmarcada, concatenada y englobada en la unidad vital y personal. No habría un continuado aprendizaje, el cual, extendiéndose a través de la vida, nos enriquece y hace de nosotros, lo que nosotros somos” [10]
Rubinstein subraya que la memoria histórica es decisiva para la formación del carácter y de la personalidad. El afirma que es en la memoria histórica, donde se da la unidad de nuestra conciencia personal [11]. En el caso del pueblo Mapuche, se reconoce esa conciencia histórica en sus demandas y en la defensa de su autonomía ancestral como nación y como etnia. El pueblo Mapuche defiende a sus intereses: A sus propiedades ancestrales, a su cultura y a su etnia. Sobre esa conciencia acerca de la propia existencia, de la legitimidad y justeza de sus reclamos, dice Waikilaf Cadin Calfunao, preso político mapuche:
“soy mapuche, miembro de un pueblo milenario anterior a la formación del Estado Chileno, que invadió y ocupó por la fuerza de sus armas el territorio mapuche en ese proceso fueron masacrados centenares de miles de nuestros hermanos; acto seguido se prosiguió a arrebatar su territorio para ser repartido entre los vencedores, declararon la tierra propiedad del fisco y parte de ellas fueron entregadas a gente no mapuche, nuestros hermanos sobrevivientes fueron confinados en pequeñas reducciones de tierra…desde entonces el Estado Chileno ha continuado con el genocidio a nuestro pueblo esta vez arrebatando sus medios de subsistencia, y a través de la pobreza hambre y miseria refuerza su dominación…Tenemos razones de sobra para seguir luchando incansablemente por la libertad y autodeterminación de nuestro pueblo; nuestra resistencia proviene desde el alma de nuestro pueblo jamás lograrán vencer nuestra ideología mapuche…” [12]
Sobre esa necesidad de confrontarse con el recuerdo y de reflexionar sobre lo acontecido, me viene a la memoria el Grupo Literario “TALA” y su revista “Invunche”. Al 08 de Septiembre del 2002 se reunieron sus componentes en la Galería de un restaurant latinoamericano en Berlín para presentar al primer número de su revista y para ofrecer una performance histórica y literaria.
Al Grupo “TALA” pertenecen chilenas y chilenos radicados en Berlín que emigraron de su país, a fin de poner a salvaguarda sus vidas. El nombre del grupo fue tomado de una obra de la poetisa chilena y Premio Nóbel de Literatura Gabriela MISTRAL (“Tala”, Buenos Aires 1938). Lo que a continuación relato, fue lo que viví durante algo más de dos horas de performance.
Las y los asistentes estaban sentados en círculo. En el centro había nueve personas vestidas de negro y con vendas blancas en torno a los ojos. Estas personas estaban dentro de una jaula redonda, estrecha y formada con tiras y cordones blancos verticales que desde el piso se elevaban hasta el techo. Había silencio en la sala y se sentía algo de tensión y pesadumbre. En las paredes se podía leer una serie de sentencias y frases vinculadas a Chile y a la situación de exiliadas y exiliados, por ejemplo: “El dolor y el sufrimiento están aún presentes y están repartidos por doquier”. “¿Qué puedo, pues, hacer? Sí ¿qué puedo hacer, ya que a mi recuerdo se cuestiona renovadamente?”. “En Agosto maúllan los gatos a causa de los poetas, tristes y olvidados, que en este mes nos dejan para siempre, sin haber sido lo debidamente reconocidos y elogiados”. Ante la imagen de las presas y presos, de la jaula y de los dichos, me vino a la memoria el 11 de Septiembre de 1973 y la figura siniestra y diabólica de Augusto PINOCHET UGARTE (1915-2006) [13]
Las chilenas y los chilenos encerrados y amordazados simbolizaban al Invunche de la mitología mapuche. Como todo mito, este pasaje de la historia chilena brindaba información de carácter social, cultural y étnico. El mito, como la religión y el arte, tiene su propia lógica y es, muchas veces, refractario a una tentativa racionalizadora. El mito garantiza y respalda a algo. Los mitos abordan diversos temas, como por ejemplo: a) Los orígenes (mundo, naturaleza, Ser Humano, animales y plantas); b) Relatos sobre la sociedad (clan y tótem) y las relaciones de parentesco; c) Sobre la caza, pesca y agricultura; d) Sobre el fuego y el culto a las divinidades y a los muertos y ; e) Sobre ritos de iniciación y sobre la medicina natural. El etnólogo y antropólogo peruano Stefano VARESE [14] retoma un concepto del italiano Raffaele PETTAZZONI [15] y escribe al respecto:
“El mito es historia verdadera porque es historia sagrada: no sólo por su contenido, sino también por las concretas fuerzas sagradas que moviliza (…) Los mitos no pueden ser historia falsa. Su verdad no es de orden lógico; ni de orden histórico: es, sobre todo, de orden religioso (…) Es historia verdadera por su contenido, relato de hechos realmente acontecidos, comenzando por los grandiosos orígenes…” [16]

Siguiendo al etnólogo y antropólogo social de origen polaco Bronislaw Kasper MALINOWSKI (1884-1942) , subraya Varese que todo mito tiene un carácter normativo y regulador. El mito ofrece un conocimiento “de las cosas para poder actuar de acuerdo a su naturaleza y evitar así la ruptura de las normas tradicionales que están respaldadas por las acciones arquetípicas de las divinidades. Actuar bien significa imitar los modelos ejemplares de los eventos míticos” [17]. Con Malinowski afirma Varese que el mito “expresa, exalta y codifica las creencias; custodia y legitima la moralidad; garantiza la eficiencia del ritual y contiene reglas prácticas para aleccionar al hombre” [18]. De todo esto, se deduce que, el no aceptar y respetar a un mito, equivale a transgredir un tabú. La desviación o ruptura, entonces , acarrea sanciones. Como se verá más adelante, mantener lo relatado y simbolizado por el mito del Invunche, significa proseguir con la reproducción de la negatividad.
Y ya que el mito cuenta algo, ya que da cuenta de una creación, ya que se refiere a menudo a los orígenes, tiene el mito que ver con lo que en Filosofía se conoce como ontología. Si se sigue al mito y se actúa bien; si se imita a los modelos ejemplares, se perpetúa y se garantiza la existencia. El mito ofrece conocimiento; es más, lo amplía y consolida. En el caso del Invunche, como la lectora o el lector verá más adelante, poner fin a esa historia será un acto necesario, urgente y heroico para una nueva toma de conciencia, para la definitiva liberación y ansiada autodeterminación. La crítica a ese mito con valor absolutista y su reemplazo por la historia real y por la acción transformadora, constituirá un salto cualitativo para el Invunche: En lo humano y en lo social. Lo contrario, aceptar la historia y hacer del mito una verdad eterna, sería aceptar su existencia de sometido que beneficia a otro y perpetúa un status quo que es herencia del colonialismo.
Según el filólogo y lexicógrafo español Martín ALONSO [19], es el Invunche un brujo. Para los indígenas araucanos es el “Ivumche” un personaje que secuestra a bebés seismesinos y los oculta en una cueva y los mantiene alejados del mundo exterior, de sus padres y de sus familiares. El “Ivumche” tortura y deforma físicamente a sus prisioneros, de tal manera que del bebé en cautiverio resulta un monstruo. Según Alonso, se deriva “Imbunche” del verbo “imbunchar” que significa “embrujar, engañar, secuestrar y robar” [20].
Otra interpretación, más cercana a la historia y a la realidad chilenas, es la definición del Lingüista y Lexicógrafo chileno Manuel Antonio ROMAN [21]. Según él, se origina el nombre en la composición de las palabras mapuches “ivum” (animal, monstruo) y de “che” (persona). Siempre según el chileno Román, es el “Imbunche” un bebé o niño que fuera secuestrado y enclaustrado por el brujo (Machi) en una cueva (Renu). A ese prisionero, a esa víctima del secuestro, se taponean todos los orificios del cuerpo (orejas, ojos, boca, nariz, sexo y ano). A él se clausuran o cierran todas las salidas al exterior. El “Imbunche” no tiene escapatoria y está condenado a vivir en una cueva y sometido a los caprichos, a las ocurrencias y a las torturas del brujo. El “Imbunche” es un esclavo y menospreciado [22], en mi opinión, es el Calibán de William SHAKESPEARE (1564-1616) en su obra “La Tempestad” (“The Tempest”. 1610-1611 ), pero afincado en Chile. El Invunche chileno padece y sufre como Calibán, como el esclavo del brujo Próspero: Cuerpo y alma están horriblemente deformados; y los movimientos, controlados y limitados.
El “Imbunche” tiene, para mí, una triple simbología: a) Desde el punto de vista histórico y etnológico, es el Invunche un indígena Mapuche reprimido; b) Desde el punto de vista etimológico y literario, es el Invunche, de un lado, un monstruo y engendro diabólico- el Frankenstein de la novelista inglesa Mary Wollstonecraft SHELLEY (1797-1851)- ; de otro lado, un esperpento tomado de la galería del terror y del espanto del español Ramón María del VALLE-INCLAN (1866-1936).
El encarcelamiento, las privaciones y la violencia tanto física (tortura) cuanto psíquico-verbal (aislamiento y sevicia) han hecho del bebé secuestrado un monstruo, un Frankenstein, un esperpento. Su desarrollo normal como Ser Humano ha sido interrumpido y manipulado. Su sociabilidad ha sido impedida y/o anulada. El “Imbunche” ha perdido toda noción de tiempo y de espacio. La cueva no es su locus amenus, sino un infierno. Su memoria está afectada. Y si es que él tiene algún asomo de identidad, está ella determinada por el tipo de relación social con el Machi. La identidad del Invunche es la de un esclavo, subordinado y dependiente. El Invunche es, volviendo a lo étnico, un indígena Mapuche; el brujo Machi, un blanco o „Winka“ y, por extensión, un gamonal o terrateniente, un opresor en posesión de conocimientos, de dinero y de poder. En ese mundo bipolar y esquemático, no existen tonos intermedios, no existen otros “actuantes” (sujetos coadyuvantes y/o sujetos oponentes en el ejercicio de un rol específico para el desarrollo y culminación de una acción), para decirlo con la terminología de la semántica estructural del lingüista y semiólogo francés Algirdas Julien GREIMAS (1917-1992) [23]. El “Imbunche” está solo y así sufre su destino: Para él no hay solidaridad, no comparte sus males con otros, no recibe apoyo de nadie ni puede protestar. Y esa falta de interacción social, hace que el Invunche carezca de identidad. El vive únicamente el presente, él no tiene memoria pues los tres elementos para su toma de conciencia (la realidad, la percepción y el recuerdo) están atrofiados, cuando no, desarticulados. Las relaciones y la funcionalidad en esta tríada es importante y decisiva para la formación y para la consolidación del carácter, de la personalidad y de la autoconciencia. Toda percepción de la realidad posee en cada Ser Humano un carácter histórico y está estrechamente vinculada a su itinerario vital y personal; es más, es la percepción el vaso comunicante entre todas sus experiencias.
El Grupo “TALA” pone de manifiesto su actitud ante la realidad e historia de su país. El editorial de su revista es tanto una evaluación cuanto un programa de acción. Se lee en el editorial:
“Es el Invunche un engendro de los brujos chilotes, un terrorífico esclavo. Lo han moldeado desde su tierna infancia para ser un esperpento: una pierna bien cosida a la espalda mientras la otra camina en dirección contraria al resto del cuerpo. Los orificios que lo comunican al exterior (boca, oídos, ojos, nariz, ano y sexo) son firmemente hilvanados con la poderosa aguja ancestral del miedo, de manera que el niño crezca en el completo aislamiento, sin posibilidad de realizar algún intercambio con el mundo, condenado a desgarradores gritos guturales que son su único sistema para llamar la atención. El Invunche nada siente ni nada posee, es un YO incapaz de recibir de otro el reconocimiento de ser un YO. No establece contacto, está borrada su memoria, carece de identidad propia pues los brujos le han bloqueado las puertas de salida y entrada. Mas el poder del Invunche radica justamente en el dolor acumulado en su interior. Nos causa horror la bomba del tiempo. El autómata de los brujos nos produce vergüenza. El grito no articulado nos paraliza”.
“Chile es un Invunche. La memoria de Latinoamérica es un Invunche. Nuestra historia es un Invunche aguardando la liberación de las amarras, (…) La liberación del Invunche sucederá cuando éste logre comunicarse; reconocer su YO de hoy, reflexionar sobre el otro que fue en el pasado, lograr nombrar los martirios, las felonías, las identidades arrebatadas por los brujos. La recuperación de la memoria es la construcción de una identidad para el futuro”.
La tarea del Invunche es recuperar su memoria y mantenerla viva, de modo que reconozca y diferencie a los sujetos coadyuvantes (los revolucionarios) u oponentes (los reaccionarios) en su itinerario vital y en su interacción social. El Invunche debe recuperar y agudizar su riqueza perceptiva para hallar y sancionar a su secuestrador, celador y victimario. El Invunche tiene que reestablecer las conexiones necesarias en su aletargada memoria (funcionalizar y optimar a las Synapsis). El debe reencontrar la armonía con su medio ambiente y reintegrarse en el devenir social, de modo que así acabe él con la parálisis perceptiva y con la amnesia propia y colectiva, pues de lo contrario se alienará de su propia historia y le vendrán una crisis y una pérdida de identidad. Sobre el tema, dijo el ya fallecido Presidente Federal Johannes RAU (1931-2006) en su alocución durante la apertura del 44to. “Congreso de Historiadores” en la ciudad de Halle (Estado Federado de Sachsen-Anhalt), llevada a cabo al 10 de Septiembre del 2002: “La pérdida de la propia historia significa entrar en una crisis de identidad que culmina con su inevitable disolución.”
III .- “Después que hayan hablado los dominantes, hablarán los dominados” [24]. Historia y Sociedad, Arte y Literatura:
La performance de “TALA” se basó, a mi modo de ver, sobre tres elementos: a) Sobre un mito griego; b) Sobre un pasaje bíblico retomado en un poema del español Gustavo Adolfo BECQUER [25] y; c) Sobre un capítulo trágico y doloroso de la historia contemporánea de Chile [26]
Sobre a): Los cordones y las tiras blancas recuerdan a las Parcas o Moiras Cloto, Láquesis y Atropos, sobre las cuales relata el poeta épico griego Hesíodo en su obra “Teogonía” (versos 901-906). Las Parcas tenían en sus manos al destino de mujeres y hombres: Cloto hilaba (el nacimiento: inicio de un proceso), Láquesis lo sostenía y hacía circular (el crecimiento: el proceso en su devenir) y Atropos los cortaba (la muerte: final del proceso). Pero las poetisas y los poetas de “TALA” no son ni mensajeros del Hades griego ni jinetes del bíblico “Apocalipsis”. Ellas y ellos luchan y claman por la vida; es más, están más movidos por el Dios Eros (por el instinto de vida según Sigmund FREUD) y menos por el Dios Tanatos (el instinto de destrucción y muerte, siempre según Sigmund FREUD) [27]. El canto de “TALA” es un canto y un “gracias a la vida”, tal como lo decía la canta-autora chilena Violeta PARRA (1917-1967). Y hablando y cantando (lo que el Coro hacía en la tragedia griega), tomaron las “presas” y los “presos” su ansiada liberación con sus propias manos: En un determinado momento, todas y todos se ayudaron a deshacerse de las vendas y amarras, cada una y cada uno empezó a cortar a los cordones blancos (el símbolo de las rejas de reclusión, de la mordaza y del silencio). Y una vez liberados, tomaron todas y todos contacto directo con el público asistente.
Sobre b): A una esquina del auditorio, se veía una guitarra de palo en la semi-obscuridad. La guitarra estaba cubierta de vendas y reclinada sobre el espaldar de una silla. Esta imagen me recordó al arpa, de la cual el poeta español Gustavo Adolfo BECQUER (1836-1870) habla en su libro intitulado “Rimas” (1868 . Aquí: Rima VII): “Del salón en el ángulo oscuro, / de su dueño tal vez olvidada, / silenciosa y cubierta de polvo / veíase al arpa. (…) ¡Ay! Pensé; cuántas veces el genio / así duerme en el fondo del alma / y una voz, como Lázaro, espera / que le diga: “¡Levántate y anda!”. Con esta rima, alude el poeta español, posiblemente, al talento bloqueado, a la inspiración frustrada, a la creatividad maniatada, al alma dormida. No se olvide que el mismo Bécquer estuvo en prisión y de esa experiencia quedaron sus “Cartas desde mi celda” (1864).
Sobre c) : La historia y la imagen reproducidas por Bécquer en su Rima VII, entroncan con el destino trágico del poeta, canta-autor y dramaturgo Víctor JARA (1932-1973) que, después de haber sido detenido y torturado en el estadio de Chile, fuera asesinado y su cadáver arrojado a la calle. Se sabe, por informes y testimonios, que Víctor JARA usó su guitarra para cantar en alta voz canciones populares y de combate. Esto le costó la vida, después que su guitarra fuera destruida y, algunos de sus dedos, mutilados con golpes de culata.
La guitarra envuelta en vendas transmitía la imagen del silencio y de la mordaza. Esa guitarra, como otrora el arpa de Bécquer, está íntimamente ligada a la melodía, al canto, al vate o al intérprete, como lo fuera la Lira para el poeta o recitador en la antigua Grecia. La historia y las emociones se hacen presentes y audibles a través de la voz del trovador y de los acordes musicales. Mas, la situación de esta guitarra concreta era de olvido, de descuido y de paciente espera. Estas imágenes me llevaron a recordar al poeta y canta-autor argentino Horacio GUARANY (*1925) que, en su disco de larga duración intitulado “Recital a la Vida” (1975), subraya esa simbiosis que existe entre guitarra y cantor, instrumento y trovador. Escribe Guarany: “Si se calla el cantor / calla la vida, / porque la vida misma / es todo un canto (…) Si se calla el cantor, / muere la rosa. / Y qué hace la rosa sin el canto.”
Al final de la performance, se acercó uno de los chilenos vestido de negro, con pasos pausados pero firmes, hacia la guitarra vendada de la esquina. El la liberó de sus amarras y, después de frotarla con las manos, a fin de calentarla, dio algunos acordes para mí muy conocidos. Luego se escuchó en el ambiente canciones de Violeta PARRA. El público se puso de pie, en señal de solidaridad, e inició un aplauso intenso y permanente [2]. Y en eso me vino a la memoria el dicho latino: „Dum spiro, spero” (cast. “Mientras que yo respire, no me abandonará la esperanza”.) [29]

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Victor BUENO ROMAN (Lima, 1949) es poeta, ensayista y traductor peruano con obra publicada residente en Berlín. El cursó estudios doctorales de Latinoamericanística, Etnología y Sociología en la capital alemana. Víctor BUENO ROMAN escribe sobre temas culturales y político-sociales referidos a América Latina y al Cercano Oriente. Quienes tengan interés en contactar con el Grupo “TALA”, se anota aquí la dirección de correo electrónico: invunche@terra.com .
Notas:
1) Sándor Márai (1900-1989) fue un escritor húngaro, cuya novela intitulada en alemán „Die Glut“ (orig. húngaro de 1942), contribuyó a su renombre internacional. La traducción del alemán al castellano es de mi autoría. El fragmento en alemán reza: “In jeder Machtausübung gibt es einen feinen, kaum spürbaren Anteil an Verachtung: für die, über die man herrscht“ (Piper Verlag, München 1999, pág. 62).
2) Ultimamente se ha leído en las páginas de „Rebelión“, cómo la policía chilena viene actuando, con cierta anuencia del gobierno de Michelle Bachelet Jeria, frente a la protesta legítima de Mapuches. El gobierno está procediendo a criminalizar a las demandas y a los reclamos mapuches; peor aún, se está militarizando a su territorio. En Santiago y fuera de la capital fueron asesinados, hasta el día de hoy, Zenón Díaz Necul, Alex Lemun, Matías Catrileo, y en prisión se encuentran muchas y muchos mapuches, por ejemplo Patricia Troncoso Robles, a quien se ha condenado a diez años de prisión según lo estipulado por la Ley Antiterrorista. El testimonio directo (seis minutos) y más reciente de Troncoso Robles se puede ver y escuchar bajo la dirección http://www.youtube.com/watch?v=Fy6_ZQgC2AY . Para mayor información sobre la represión policial contra el pueblo mapuche, consúltese en “Rebelión”: “Michelle Bachelet. Habrá calles en tu honor luego de tu muerte” (08.01.2008) de Victoria Aldunate Morales; “Cuando la muerte tiene la palabra” (11.01.2008) de Claudia Corol. El primer artículo es muy emocional; el segundo, más objetivo y analítico.
3) El periodista Francisco Marín, de la revista „Proceso“ (México), escribió sobre Michelle Bachelet un artículo intitulado “Una de las víctimas de la dictadura militar de Augusto Pinochet rumbo al Palacio de La Moneda. Bachelet: Vuelco de la historia”. El artículo fue reproducido por el diario “La República” del Uruguay en su edición online del 04 de Enero del 2006. Marín relata que Alberto Bachelet, padre de Michelle, había recibido la oferta de asilo político ofrecida por el General peruano y Jefe del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas Juan Velasco Alvarado (1910-1977). El General chileno estaba a punto de dirigirse al Perú, pero al consultar a su hija de si ella venía con él o no, optó aquél por quedarse en Chile, pues Michelle le dijo que no lo acompañaría. Lo que ocurrió con su padre es para Michelle Bachelet un cargo de conciencia, un complejo de culpa. Esto menciona, asimismo, el periodista Marín. (véase: http://www.larepublica.com.uy/mundo/199010-bachelet-vuelco-de-la-historia ).
4) Para lo de “democracia tutelada”, véase: “Chile: Una democracia tutelada” de Felipe Portales. Editorial Sudamericana, Santiago 2000; y para el caso mexicano: “Democracia tutelada versus democracia autonomista [1] de Gilberto López Rivas, en:”Rebelión”. Opinión (28.03.2006). Sobre “democracia disciplinada”, véase: “Myanmar se dispone a promover la ‘democracia disciplinada’ “, en: “Novosti”. Russian News & Information Agency. Español (http://sp.rian.ru/onlinenews/20071002/81914171-print.html ). El caso de “democracia dirigida” es aplicado por ex-sovietólogos, hoy rusólogos, y antiputinistas a la Rusia del Presidente- del ex-Coronel y ex-Agente del Servicio Secreto (KGB)- Vladimir Putin.
5) Zeus y Mnemósine dieron origen a las nueve Musas que estuvieron vinculadas a la Poesía y al Arte, a la Danza y a la Ciencia. Ellas son, según Hesíodo: Clío, la que ofrecía gloria (Musa de la Historia y de la Canción Heroica), Calíope, la de bella voz (Musa de la Poesía Épica), Melpómene, la melodiosa (Musa de la Tragedia), Talia, la festiva (Musa de la Comedia y de la Lírica Pastoral), Urania, la celestial (Musa de la Poesía Didáctica, de la Astronomía y de su significado poético y mitológico), Terpsicore, la que deleita bailando (Musa de la Lírica Coral y de la Danza), Érato, la amable (Musa de la Poesía Lírico-Amatoria), Euterpe, la muy placentera (Musa de la Lírica) y Polimnia, la de los muchos himnos (Musa de la música, del Canto y de la Pantomima). Véase: Hesíodo: “Teogonía”. (Versos 75-83).
6) Casandra fue una princesa troyana e hija de Príamo, Rey de Troya y de su esposa Hécuba. El Dios Apolo, enamorado de ella y deseoso de seducirla, quiso impresionarla otorgándole el don de la clarividencia y de la predicción. Mas, como ella no se dejó impresionar, desistió Apolo en sus pretensiones, pero el regalo ya no podía ser recobrado. A Apolo quedó, únicamente, la venganza: El castiga a Casandra a no ser creída, a ser desoída en sus predicciones. Homero cuenta sobre ese don en la “Ilíada” y en la “Odisea” (sobre el rol de Paris y el sobre el ardid y astucia de Ulises / Odiseo con el famoso Caballo de Troya). Otro autor griego, Esquilo, da también noticia sobre Casandra y sus dotes de profeta y clarividente en su tragedia intitulada “Agamenón” (véase: 7ma. Escena).
7) La ideología es, según Karl Marx y Friedrich Engels, una forma de falsa conciencia (alemán: “flashes Bewußtsein”), porque ella no corresponde a la realidad económica. La falsa conciencia impide un conocimiento real y objetivo de las bases y de la dinámica en las relaciones sociales y de producción. La falsa conciencia obstaculiza, de ese modo, una reflexión sobre y una crítica de la vida material. En ese sentido, perpetúa la falsa conciencia o ideología al status quo. Véase el volumen “La ideología alemana” (alemán: “Die deutsche Ideologie” 1846. Marx-Engels-Werke, MEW, Band 3, Berlín, 1981 / Obras completas de Marx y Engels. Tomo 3. Aquí: B. “La base real y verdadera de la ideología”). Y Jorge Basadre Ghromann (1903-1980), reconocido historiador peruano, dice sobre la ideología: ”Toda ideología es una perspectiva parcial con pretensiones de totalidad”. (ver: “Perú. Problema y posibilidad”. Librería Francesa Científica y Casa Editorial E. Rosay, Lima, 1931. Aquí: 1978, IX: 14. 2da. Edición por el Banco Continental del Perú).
8) Guillermo Cabrera Infante escribió narración y ejerció el periodismo. El fue uno de los organizadores y promotores de la cinemateca cubana en La Habana. Bajo el seudónimo de Caín (Cabrera Infante) publicó una serie de artículos sobre cine recopilados en el volumen “Un oficio del siglo XX” (Seix Barral, Barcelona, 1973). La cita ha sido tomada del artículo: “En busca del amor perdido. Sobre la película ‘Vértigo’ de Alfred Hitchkock”. (Aquí: pág. 366).
9) El psicólogo ruso S.L. Rubinstein aplicó los materialismos histórico y dialéctico para el estudio de la memoria y del aprendizaje, de la conciencia y del pensamiento. Otra obra suya importante es “Ser y Conciencia” de 1957 (alemán: “Sein und Bewußtsein”). Las citas corresponden a la edición alemana de 1984 (Volk und Wissen. Volkseigene Verlag, Berlín, 10ma. Edición.). Aquí: Achtes Kapitel / Capítulo VIII. Gedächtnis und Wahrnemhung / Memoria y Percepción .
10) Rubinstein, S.L. op.cit. Capítulo VIII: Memoria y Percepción, pág.361.
11) Véase: Rubinstein, S.L. op.cit. Capítulo VIII: Memoria y Percepción, pág. 388.
12) Citado por Humaña, Michael: “Nación Mapuche: Apuntes Históricos de Resistencia”. En: www.mir-chile.cl Página Web del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR..
13) El General Pinochet impuso durante su gobierno una política de hierro: Control y criminalización de toda protesta social y/o sindical, militarización de la sociedad, terror y represión. Su método le permitió hacer despegar a la economía chilena, cuyos frutos se notan hasta hoy. En cierto sentido, han administrado los distintos Jefes de Gobierno de Chile la herencia de Pinochet. Este ha dado la pauta a seguir y su constitución garantiza la continuidad. El progreso y la estabilidad económica del país surandino, que hoy exporta capitales y está presente con inversiones y participación directriz en la industria y en el comercio de varios países de América Latina, se ha logrado a sangre y a fuego. Sobre estos métodos, cabe aquí recordar unas palabras del Profeta Habakuk que dijera: “¡Ay de aquél que hace riqueza o la aumenta con la riqueza o con los bienes de otros (…) ¡Ahí clama, gime y pregunta la piedra en el muro y la viga en el maderamen da la respuesta! ¡Ay de aquél que construye una ciudad con sangre y erige un burgo o fortaleza sobre la base de la injusticia!” . Donde se lee bienes, reemplace la lectora o el lector esa palabra por “vida”; donde se lee ciudad, dígase “sociedad”; donde se lee burgo o fortaleza, “Estado o Nación”. (Véase: “La Biblia”. Versión de Martin Luther. Aquí: Antiguo Testamento: El Libro del Profeta Habakuk” 2: 6; 2: 12. Traducción del alemán al castellano VBR).
14) Stefano Varese es un conocido etnólogo y antropólogo peruano de origen italiano especialista en temas de la Amazonía. Uno de sus libros muy conocido es: “La sal de los cerros”. Notas etnográficas e históricas sobre los Campa de la Selva del Perú. Universidad Peruana de Ciencias y Tecnología, Departamento de Publicaciones, Lima 1968.
15) Raffaele Pettazzoni (1883-1959) fue italiano e Historiador de la Religión que provenía de la Arqueología. Véase: Pettazzoni, Raffaele: “Miti e Legende”. 1948-1959, 4 Volumi (Aquí: Torino, U.T.E.T. , 1963).
16) Pettazzoni: 1963, págs. X-XI (citado por Varese op.cit. IV: págs. 125-126).
17) Varese, Stefano: op.cit. IV, pág. 131.
18) Varese, Stefano: ebenda
19) Véase: „Enciclopedia de la lengua española”. 3 tomos (Madrid, 1982. Aquí: Tomo II, pág. 2346).
20) Alonso, Martin: ebenda.
21) Véase:“Diccionario de chilenismos“ 5 tomos (Santiago de Chile, 1913. Aquí: Tomo III, págs. 178-180).
22) Sobre el menosprecio y sobre la visión esperpéntico-caricaturesca del movimiento popular y de los reclamos reivindicacionistas de etnias indígenas, véase: ”Raza, botas y nacionalismo” del escritor peruano con pasaporte español Mario Vargas llosa, en: ”El País” (15 de Enero del 2006). Un análisis de sus argumentos puede consultarse en mi ensayo: “¿Fábula o historia? Sobre un caso de condensación sémica y sus riesgos de pretensión histórica”, en: “Tonos Digital”. Revista Electrónica de Estudios Filológicos. Universidad de Murcia, España, Julio del 2006. http://www.um.es/tonosdigital/znum11/subs/peri/peri.htm .
23) Tanto en la antropología estructural, cuanto en la Literatura, se utiliza esta terminología greimaseana para el análisis de relatos y de mitos. Véase: “La Semántica structurale: recherche et méthode”. Larousse, Paris, 1966. (cast. “La semántica estructural: Investigación metodológica”. Gredos, Madrid, 1971). Consúltese, también: “Análisis estructural del relato” (1970) y “La Semiología” (1972) del francés Roland Barthes (1915-1980). Ambos libros fueron publicados por la editorial Tiempo Contemporáneo de Buenos Aires.
24) B. Brecht escribió en su poema “Lob der Dialektik” (“Elogio de la Dialéctica”): “La injusticia circula por ahí con paso seguro. / Los represores se alistan para una vida de diez mil años. / El poder afirma: Lo que es, así será y así quedará (…) No, lo que es no se perpetuará. / Después que hayan hablado los dominantes / hablarán los dominados”. (La traducción es mía. VBR).
25) Véase: El Evangelio según San Juan”. En: “La Biblia”. El Nuevo Testamento (Capítulo: “La resurrección de Lázaro”. 11: 1-45).

26) La canadiense Naomi KLEIN ha escrito un libro sobre la teoría del shock en economía y política. La doctrina del choque  (“The Shock Doctrine”) fue aplicada por el economista liberal Milton Friedman (1912-2006) que fuera asesor de los ex-Presidentes de los EE.UU Richard Nixon, Gerald Ford y Ronald Reagan. Su campo de experimentación fue el Chile de Pinochet. ¿En qué consiste esa doctrina?. El imprevisto desastre, el golpe militar, el atentado terrorista, la crisis del mercado, la guerra o los fenómenos naturales son hechos que asientan un golpe a la población y le causan un trauma. La reacción es un shock que confunde, angustia y paraliza. Friedman propuso utilizar a las condiciones que crea ese desastre o catástrofe (“The Disaster  Capitalism”) para implementar reformas radicales en lo social y en lo económico, a lo que anteriores gobiernos  no se atrevieron, debido a la falta de las circunstancias y de las condiciones “idóneas”. Para el caso de Chile, recomendaron Friedman y sus llamados “Chicago Boys” reformas radicales para ser implementadas en tiempo rasante: Reducción de impuestos, liberación del comercio, privatizaciones, recortes de programas de ayuda social y desregularización (menos influencia del Estado). Pinochet optimó y aceleró a esas medidas con su propia terapia de choque que se manifestó en la represión, apresamiento y asesinato sistemático de todo crítico u oponente a sus planes de reestructuración capitalista. (véase: “KLEIN, Naomi: “The Shock Doctrine. The Rise of Disaster Capitalism”. New York & Toronto 2007. Aquí: Introducción: “Blank is Beatiful / Lo blanco es bonito). Sobre el tema economía y terror, ha escrito, también, la francesa Viviane FORRESTER  (véase: “L’ horreur économique”. Paris, 1996 / cast. “El horror de la economía”).
27) Eros es el Dios de la vida, del amor y de la progenie. Tanatos es el Dios de la muerte y de la destrucción. Y su hermano es el Dios Hypnos (la divinidad griega de la Hipnosis). Eros y Tanatos son principios opuestos y constituyen los soportes de la visión del Mundo de los antiguos Helenos. La relación entre estos dos principios es dialéctica. Eros y Tanatos se mueven al interior de todo Ser viviente. Por Eros hemos nacido y hacia Thanatos nos encaminamos. De ahí que Sigmund Freud los haya retomado para explicar los conflictos de la existencia y de la psyque humana: Afirmación por la vida (instinto creativo) y resistencia a la muerte (instinto destructivo).
28) En Enero de este año, emitió el Cuerpo Académico de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso un comunicado sobre este hecho que ensangra a Chile y empaña a la imagen de la socialista Michelle Bachelet y pone en duda a sus promesas de buen gobierno, justicia y equidad. Yo retomo un fragmento citado por Michael Humaña del MIR: “Cuando los medios y los periodistas emplean la expresión ‘Conflicto Mapuche’, ocultan a los demás involucrados en esta histórica situación: los chilenos, el Estado, los empresarios, las transnacionales, etc. Los mapuche no son los únicos actores del problema, la tensión, los enfrentamientos no es entre ellos, sino, fundamentalmente,  entre ellos y el Estado chileno y las empresas transnacionales”. Véase: Humaña, Michael: “Nación mapuche. Apuntes históricos de resistencia”. En: www.mir-chile.cl (página web del Movimiento de Izquierda Revolucionaria).Y desde hace poco, concretamente desde el 18 de este mes, está en circulación la carta abierta que el Confederación de Nacionalidades Amazónicas del Perú (CONAP) dirigiera a la Presidenta Bachelet, cuya copia alcanzara al Colegio de Antropólogos de Chile A.G. . A continuación, cito yo fragmentos del pronunciamiento: “Los indígenas latinoamericanos entre ellos los mapuches, hemos venido haciendo esfuerzos para contribuir a la justicia y al ejercicio de la política con democracia en nuestros países de la región (…) No obstante estamos, con profunda preocupación y observamos que su gobierno no está haciendo respetar el principio fundamental a la defensa de la vida de sus pobladores, entre ellos la del pueblo mapuche (…) Con gran preocupación e indignación hemos sido impactadas por la reciente muerte del joven Mapuche Matías Catrileo Quezada de apenas 22 años, en el marco de reiteradas violaciones a los derechos del pueblo mapuche (…) Por todo ello, señora Presidenta, pedimos su atención y su decisión como Presidenta del pueblo chileno, en el que está también el pueblo Mapuche, para que se respeten plenamente sus derechos y todos podamos seguir creyendo en el ejercicio del poder con democracia para todas las sociedades que la componen.” Firma el pronunciamiento Oseas Barbarán, Presidente del CONAP. Pronunciamientos o protestas similares, pueden ser enviadas al Colegio de Antropólogos de Chile. Su dirección de correo electrónico es: colegioantropologoschile@gmail.com .
29) Lo último que se pierde, lo último que muere es la esperanza. Este el mensaje del mito de la Caja de Pandora que es contado por el griego Hesíodo. La Esperanza formaba parte de las plagas que en señal de castigo, enviara el Dios-Padre Zeus contra la Humanidad. Pandora se apiadó de aquélla y cerró la caja, en la que, como lo último, quedaba la Esperanza. (véase: “Los trabajos y los días”, versos 56-105).
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=50548

La memoria de la cultura y los desafíos de la rebeldía (*)

http://www.ugr. es/~mcaceres/ Entretextos/ entre6/pineda. htm

Justicia sin verdugo.
La memoria de la cultura y los desafíos de la rebeldía
(*)

Francisco Pineda

El problema que quisiera discutir en este trabajo es el desafío cultural que enfrentan los procesos de resistencia y rebeldía.

Si consideramos las rebeliones populares como irrupciones semióticas, procesos generadores de sentido y de nueva información; si además tenemos en cuenta la memoria de la cultura, el mecanismo de selección y actualización constante de diversos textos, en este caso textos de dominación; podría expresarse el desafío cultural de la rebeldía en términos de una contradicción: la necesidad de romper el orden injusto y tener que hacerlo a partir de los recursos y condiciones que existen en un momento dado, es decir, dentro de un sistema dominante y semióticamente dinámico.

Los dominados afrontan la necesidad de generar nuevos códigos de justicia, pero se encuentran aún dentro de los límites culturales que los constituyen y sujetan. Si bien, en las rebeliones, hacen valer su voluntad frente a los opresores, la plena realización de su justicia sólo es posible más allá de los límites del orden existente. Las prácticas rebeldes se mueven, así, en el filo de la navaja o en frontera; a la vez, como lucha cotidiana y como transformació n a largo plazo (Luxemburgo, 1978).

Planteado en términos de Iuri Lotman, el asunto principal a tratar se refiere a los mecanismos que le permiten a un sistema semiótico que, aunque cambie el contexto social, conserve su homeoestaticidad, es decir, siga siendo él mismo. Sin afrontar esa capacidad cultural del sistema dominante, las aspiraciones de una sociedad liberada pueden quedar en el terreno de los buenos deseos (Lotman, 1998).

Para examinar este problema, me apoyaré en las aportaciones de Lotman acerca del funcionamiento del sistema semiótico y haré referencia a la Revolución del Sur que jefaturó Emiliano Zapata. Esa experiencia histórica muestra que el reto cultural es más complejo que solamente resignificar o cambiar los usos de los códigos existentes. Ahí comienza la subversión cultural, pero se profundiza cuando rompe el ‘orden natural’ o ‘civilizado’ de las cosas, cuando la gente cuestiona la existencia misma del verdugo y no sólo sus actos excesivamente crueles.

Dominación

Iuri Lotman dio una pista que trataremos de seguir en esta aproximación al problema planteado. Escribió: “La ‘cultura propia’ es considerada como la única. A ella se opone la ‘no cultura’ de las otras colectividades. De esa índole será la relación del griego con el bárbaro” (Lotman, 1998:93).

ZapatistasEn efecto, de esa índole fue la relación que estableció el sistema dominante con el zapatismo durante la Revolución Mexicana. El movimiento rebelde encabezado por Zapata fue considerado como bárbaro, salvaje, carente de orden y como enemigo de ‘la civilización’; como demonio, cáncer y gangrena, ‘carne putrefacta’ que era preciso ‘extirpar sin piedad’. Esa fue la premisa racista y contrainsurgente para hacer una guerra de exterminio tanto al Ejército Libertador del Sur como a la población mayoritariamente indígena que fue su base social y su razón de ser. A consecuencia de esa estrategia, en el estado de Morelos, la pérdida humana total excedió el 60 por ciento para varones y mujeres nacidos antes de 1910 (McCaa, 2001). El propio Zapata fue designado como ‘Atila’ y será aniquilado. “Allí están los Zapata que quisieran, en una orgía monstruosa, beber a borbotones la sangre de la Patria y llenar sus arterias con detritus y fango”, sentenció el diario del régimen maderista (demócrata) (1). Durante el genocidio, los rebeldes del sur llevaron los estigmas del mal total y fueron objeto de exterminio. El pasado —1400 años de la leyenda de Atila y cuatro siglos de colonialidad del poder— no había pasado a la inexistencia sino que estaba presente, actualizado en el conflicto; ahí en la cultura como en la guerra y en el régimen agrario de las haciendas.

Los textos del sistema de dominación establecieron una frontera ante la colectividad rebelde del zapatismo. Esta última fue descrita como ‘no cultura’, como un espacio biológico ‘no humano’ de lo extrasistémico. Desde el punto de vista semiótico, esa frontera funcionará como límite duro para separar lo propio y lo ajeno al sistema. En este sentido, los discursos de la dominación fueron autodescripciones y autoorganizadores. Lo exterior era la imagen invertida del mismo sistema: la ‘anarquía’ frente al ‘orden’, por ejemplo, o ‘Atila’ (flagellum Dei) frente al ‘apóstol de la democracia’ (Madero).

León Poliakov, uno de los estudiosos del racismo desde el punto de vista de la contrahistoria, hizo un aporte sustancial a ese respecto: propuso analizar el racismo como mito fundador. Más que examinar cómo la cultura occidental dominante ve o inventa a los otros, lo que habría que estudiar es cómo se ve y se inventa constantemente a sí misma, a través de sus mitos fundadores (Poliakov, 1986).

La autodescripció n de tal o cual sistema semiótico, la creación de una gramática de sí mismo, es un poderoso medio de autoorganizació n del sistema. Pero no sólo opera como mecanismo de colocación, pues, además, establece múltiples vínculos entre las diversas posiciones. En cada sistema cultural, la correlación núcleo—periferia recibe una caracterizació n axiológica adicional como correlación arriba—abajo, valioso—carente de valor, existente—inexistent e, lo descriptible y lo que no ha de ser descrito (Lotman, 1998) (2).

La complejidad resultante de esa capacidad para unificar significaciones diversas confiere al sistema de dominación una potencialidad hegemónica. Cada interpelación es así como una nota de armónica que hace oír los ecos de las otras notas (Ipola, 1987).

Además, por medio de exclusiones y límites, la autodescripció n del sistema dominante adquiere un alto grado de redundancia, intensificando sus posibilidades de autoorganizació n. El sistema se vuelve más comprensible para sí mismo. Como límite, el poder establece la forma general de su aceptabilidad (Foucault, 1998).

Emiliano Zapata (1914)Más aún, este mecanismo también recorta lo que debe ser olvidado en la dimensión diacrónica; crea la historia del sistema dominante desde el punto de vista de sí mismo. Después de la Revolución Mexicana, simbólicamente, Zapata fue separado de su cuerpo social por medio de una operación individualizante y, con una transposición, el poder convirtió al ‘Atila del Sur’ en ‘Caudillo del Sur’. El Ejército Libertador pasó a la dimensión de ‘lo inexistente’. En esa versión dominante de la historia, el zapatismo fue despojado de su código polívoco multidimensional, aquella multitud insurrecta que fue el corazón de su fuerza rebelde, antisistémica.

Cada cultura y cada época define un paradigma de qué se debe recordar y qué se ha de olvidar. Cambia el tiempo, el sistema de códigos culturales, las relaciones de fuerzas, y cambia el paradigma de memoria—olvido. “Lo que se declaraba verdaderamente existente puede resultar como si ‘inexistente’ y que ha de ser olvidado, y lo que no existió puede volverse existente y significativo” (Lotman, 1996:160).

Para el sistema de dominación éste es un recurso extraordinario pues, en primer término, con la operación individualizante se refrendó semióticamente lo que se hizo en la guerra: exterminar a la colectividad rebelde, los pueblos y el Ejército Libertador. Pero, adicionalmente, esa ambivalencia —Zapata sin los zapatistas— le permitió al sistema deshacer los peligros extrasistémicos por otros medios: cooptar y neutralizar. En este contexto, aparecieron metalenguajes ‘neutrales’ que presentaron como homogéneos los dos sistemas opuestos, el dominante y el rebelde, sistémico y antisistémico, Madero y Zapata. En el nuevo régimen, se hablará entonces de la revolución institucionalizada y su partido, el PRI, será uno de los operadores principales de la dominación.

En ese procedimiento, se puede observar un exterminio de las significaciones rebeldes, a fin de incorporar algunos elementos recreados al ámbito de lo sistémico, en su periferia. Así, en el nuevo contexto posrevolucionario, el sistema dominante incrementó su valor informacional y, por tanto, aumentó el repertorio de sus posibilidades.

Al operar en las dimensiones sincrónica y diacrónica —también, bajo los principios de la polaridad y la ambivalencia de la guerra y la paz— fue posible que, al cambiar el contexto social, el sistema dominante conservara su homeoestaticidad, es decir, siguiera siendo él mismo y además se dinamizara. Sin afrontar esa capacidad del sistema, en efecto, las aspiraciones de una sociedad liberada podrían quedar a futuro en el terreno de los buenos deseos. Las capacidades de dominación son mayores que sus autodescripciones.

Rebelión

Puesto que los elementos que el sistema declara como ‘incorrectos’ o ‘inexistentes’ también tienen sus relaciones entre sí, se podría hablar de un ‘sistema de lo extrasemiótico’ . Esta otra aportación de Iuri Lotman será la base para continuar nuestra aproximación al problema.

El zapatismo surgió, en marzo de 1911, como un levantamiento armado en el sur de México, inscrito en el movimiento antidictatorial que encabezó Madero. Con relación a este último, en esa época el zapatismo formaba parte de la periferia. Sin embargo, desde su origen, los rebeldes del sur empezaron el proceso de su autonomía. A las dos semanas de la insurrección, se autoorganizaron como Ejército Libertador del Sur y designaron a Emiliano Zapata como general en jefe.

Cuando Madero llegó a la presidencia de la república, en noviembre de 1911, se negó a cumplir la demanda de los revolucionarios del campo y las fuerzas armadas del gobierno intentaron asesinar a Zapata. Se produjo entonces la gran bifurcación de la Revolución Mexicana. Los zapatistas rompieron con el sistema y declararon la guerra al gobierno de Madero, proclamaron el Plan de Ayala y lo pusieron en marcha de inmediato.

“Declaramos al susodicho Francisco I. Madero, inepto para realizar las promesas de la Revolución de que fue autor, por haber traicionado los principios con los cuales burló la voluntad del pueblo y pudo escalar el poder; incapaz para gobernar por no tener ningún respeto a la ley y a la justicia de los pueblos, y traidor a la patria por estar a sangre y fuego humillando a los mexicanos que desean libertades, a fin de complacer a los científicos [tecnocracia positivista] , hacendados y caciques que nos esclavizan y desde hoy comenzamos a continuar la revolución principiada por él, hasta conseguir el derrocamiento de los poderes dictatoriales que existen.” (Plan de Ayala, 1911) (3)

Soldado zapatistaCon esta proclama histórica, ‘la justicia de los pueblos’ tuvo un significado decisivo para la autoorganizació n de la revolución del sur, fue su bandera. El Plan de Ayala dispuso que los pueblos tomaran posesión de las tierras, montes y aguas usurpadas, “manteniendo a todo trance con las armas en la mano la mencionada posesión”. La ruptura significó el ingreso al espacio de lo extrasistémico y desencadenó también un enorme proceso antisistémico. En ese contexto, desapareció el régimen agrario de las haciendas, el que implantara Hernán Cortés en Morelos, al inicio de la era colonial. Los zapatistas también proclamaron la supresión del monopolio de las armas: “La fuerza, como el derecho, reside esencialmente en la colectividad social, en consecuencia, el pueblo armado sustituye al ejército permanente” (4).

La justicia y el derecho de los pueblos, no del Estado. Esa fue la clave de la autoorganizació n extrasistémica del zapatismo y se puede examinar a detalle, en las prácticas que generó la revolución del sur.

Al interior de ese proceso, hubo una relación de reciprocidad, pues los pueblos apoyaron al Ejército Libertador y, a su vez, reclamaron la intervención de éste para resolver las propias necesidades. En 1912, una señora de Mexicapa demandaba solucionar un diferendo de tierras con un vecino, interpelando así al jefe de la zona rebelde: “Al señor general de las fuerzas defensoras de la patria y protectoras de justicia”. La práctica de justicia fue una obligación perentoria para los rebeldes y no sólo un ideal. Se impuso como acción transformadora, sin que mediara el control del Estado.

En esa experiencia, la justicia fue simultáneamente un derecho de la comunidad civil y un deber de los rebeldes armados, que actuaron como árbitros en los conflictos internos de las poblaciones. Por ello, también, se trata de una práctica distinta a la que lleva a cabo el Estado. En este último caso, la justicia se entiende y se practica exactamente al revés: como un derecho lucrativo del poder y como una obligación costosa para los subordinados (Foucault, 1991).

Es otro sistema, autoorganizado desde abajo y desde afuera del sistema dominante. Cuando el Ejército Libertador se aprestó a atacar la capital de la república en 1914, se anunció como ‘la revolución de fuera’. Sí, territorialmente, provenía de afuera de la capital, pero también, políticamente, de fuera del sistema.

“La revolución debe proclamar altamente que sus propósitos son en favor, no de un pequeño grupo de políticos ansiosos de poder, sino en beneficio de la gran masa de los oprimidos, y que por lo tanto, se opone y se opondrá siempre a la infame pretensión de reducirlo todo a un simple cambio en el personal de los gobernantes, del que ninguna ventaja sólida, ninguna mejoría positiva, ningún aumento de bienestar ha resultado ni resultará nunca a la inmensa multitud de los que sufren.” (Acta de Ratificación del Plan de Ayala, 1914) (5)

Podemos asumir que, con la ruptura, los procesos rebeldes desencadenan la generación de otra semiótica. Estos periodos pueden ser considerados en términos de una explosión cultural, es decir, como discontinuidad enérgica y elevación brusca de la informatividad, en que las regularidades se desarticulan y la predicibilidad disminuye.

Por lo mismo, no se trata de un proceso lineal, encaminado hacia un futuro fijo. Más bien, es semejante a un torbellino; la figura empleada por Edgar Morin para explicar que son las contradicciones del ambiente en su conjunto las que orientan el curso de los acontecimientos, en situaciones muy alejadas del equilibrio (Morin, 1996).

Rosa BobadillaPero, a diferencia del sistema dominante, el proceso rebelde tiene una gran dificultad: sus capacidades reales son menores que sus autodescripciones. La rebelión interactúa en un entorno desfavorable y lleva a cabo las transformaciones a contrapelo de la historia. La realización plena de su justicia está más allá del presente de opresión y de lucha contra la opresión.

Para la dinámica del sistema semiótico rebelde, la inclusión de elementos del otro sistema, el dominante, no acelera el proceso sino que lo echa para atrás. No incrementa su valor informacional sino que lo disminuye, reduce la diferencia entre la construcción de la sociedad liberada y la sociedad dominante.

El traslado del lenguaje elaborado para la dominación determinará inevitablemente que el campo visual de la rebeldía reproduzca las exclusiones del sistema de opresión. En otra carta enviada al Ejército Libertador, se expresó esta despedida: “Es cuanto le dice su inútil servidor. Libertad y Justicia”, lugar y fecha, rúbrica. El general zapatista Jesús Morales blandía la espada de San Miguel Arcángel, el ‘patrono’ de Tehuitzingo. Los ejemplos, que serían innumerables, manifiestan que tal ambivalencia de sentido opera en contra del proceso rebelde, no a favor, y hasta pueden producir fascinación.

Es cierto que los códigos tienen usos distintos, que durante la contienda se autonomizan de su origen y que, en eso, funcionan como armas, haciendo posible la operación de voltearlos en contra de los opresores. En esa conversión, el instrumento con el cual se lucha pragmáticamente parece no tener relevancia y, con frecuencia, lo que importa es sólo su efectividad inmediata. Pero, el desafío cultural de las revoluciones no es ‘resignificar’ circunstancialmente los códigos del poder, reformar o reformular, ya que esto no es más que prolongar su propia vigencia. Por más eficaces que parezcan, son códigos dominantes y al compartirlos con el poder realizan su función de dominación. Así sucede también cuando emergen metalenguajes ‘neutrales’ al interior de la rebeldía; construyen una franja de homogeneidad con el sistema dominante (6).

Esto representa una fuerte tensión en el periodo de ruptura antisistémica. Sucede que esa ruptura, para ser tal, reclama la exclusión de ambivalencias dominantes y el aumento de la univocidad interna del proceso rebelde. A la vez, el aumento de la univocidad interna intensifica las tendencias estáticas de la semiosis. Igual ocurre con las autodescripciones de la rebeldía, incrementan las tendencias estáticas. Lotman advirtió también que el proceso mismo de la descripción convierte inevitablemente lo extrasistémico en un hecho del sistema.

Desfile de zapatistas en el Zócalo (México, 6.12.1914) En el momento en que la rebelión necesita ser más creativa, en que su dinamismo ha de ser propulsado en el mayor grado posible para generar la nueva sociedad, encontramos que —en las condiciones existentes— los mecanismos dinámicos de la cultura pueden operar a favor de la homeoestaticidad de la dominación y en contra de la liberación. Al menos, reducen considerablemente el repertorio de sus posibilidades. Las revoluciones sociales del siglo XX muestran la magnitud de este problema. Por ello, analizar sus procesos culturales se ha vuelto un asunto crucial para la liberación.

Diríase entonces que estamos creyendo posible lo imposible. Pero, al llegar a este punto, los desarrollos teóricos de Lotman manifiestan más su potencial para encarar el reto y generar opciones.

Desafío

La univocidad—ambivalen cia se distribuye en el sistema de manera dispersa. La ambivalencia es mayor en la periferia que en el núcleo. Si consideramos esta cualidad, el diálogo intenso al interior del sistema semiótico de la rebeldía sería un factor dinámico vigoroso, siempre y cuando se resuelva la tensión que esto mismo produce.

A su vez, el traslado de funciones del núcleo a la periferia y de la periferia hacia el núcleo, intensifica el dinamismo rebelde. Desarticula el monopolio del poder hacer y la caracterizació n axiológica dominante de la correlación núcleo—periferia como correlación arriba—abajo. El Cuartel General del Sur trasladaba la aplicación de la justicia a los pueblos; tanto en lo referente a la toma de tierras, como en caso de abuso cometido por los integrantes del Ejército Libertador, por ejemplo.

El espacio para las ambivalencias, necesario para dinamizar un proceso cultural, también se incrementa por el diálogo a nivel nacional y mundial entre sistemas semióticos rebeldes. El mismo efecto dinamizador de sentidos producirá el diálogo con otros elementos que el sistema dominante ha declarado como ‘incorrectos’ o ‘inexistentes’ .

Esa reserva dinámica se multiplica, también, fuera del marco semiótico propio de los insurrectos, por el diálogo con otras esferas, como el arte. El lenguaje del arte, apuntó Lotman, es una realización extrema de la tendencia a la percepción estereoscópica:

“Cuanto más intensamente está orientado un lenguaje al mensaje sobre otro y otros hablantes y a la transformació n específica por ellos de los mensajes que hay en ‘mí’ (es decir, la percepción estereoscópica del mundo) tanto más rápidamente debe transcurrir su renovación estructural” (Lotman, 1998:80).

El desarrollo cultural extrasistémico también enfrenta la necesidad de recuperar las historias ‘olvidadas’ de la rebeldía, a fin de reconstruir su propia memoria y darle profundidad a su acción transformadora. La mirada hacia el pasado, sin embargo, ha de cuidarse de no establecer la imagen de un tránsito desde un ‘estado amorfo’ a la estructuralidad. Tal cosa significa desterrar las luchas pasadas al mundo de ‘lo incorrecto’, tal como hace el sistema dominante. Eso produce además la ilusión de novedad, con pérdida en el grosor de la memoria de la cultura.

Subcomandante Insurgente MarcosEn la actualidad, tal desafío ha sido expuesto por los zapatistas de hoy: “apostando a transformar el futuro, la resistencia apuesta a cambiar el pasado. La resistencia es así el doble vaivén de la mirada, el que niega y el que afirma. El que niega el fin de la historia, y el que afirma la posibilidad de rehacerla” (7).

El estado de ambivalencia, señala Lotman, es posible como una relación del texto con un sistema que en el presente no está vigente, pero que se conserva en la memoria de la cultura. Cuando el sistema semiótico de la liberación es simple, débil o reducido, la recuperación de la historia ‘olvidada’ amplifica las significaciones de la lucha. Por eso, no se trata de producir una historia de bronce, dogmática, que se dice para creer en ella; sino una historia que incremente el valor informacional de la rebeldía y que recupere las luchas pasadas como algo que es propio y al mismo tiempo no lo es, porque pertenece a otro contexto. La presencia de la historia es una condición necesaria para el funcionamiento de un sistema semiótico complejo.

En la fuerte tensión que existe entre esos polos ideales del modelo analítico, dirá Lotman, se desarrolla un único y complejo todo semiótico: la cultura.

 

Notas

1. «Patriotismo literario y patriotismo de verdad», editorial, Nueva Era, 5 de febrero de 1912.

2. El discurso del poder que habla de ‘indio’ refiere a discapacitados, no mexicanos, incivilizados, infieles; pueblos sin territorio, sociedades preestatales, ágrafasentre más formas de representar e instituir relaciones de poder y despojo. El exterminio, en este sentido, será el despojo radical de todo, es decir, la muerte de la otra colectividad. Véase Pineda, 2003.

3. Ejército Libertador del Sur, “Plan de Ayala”, 25 de noviembre de 1911, (Espejel, 1988).

4. Ejército Libertador del Sur, “Ley sobre supresión del ejército permanente”, 3 de noviembre de 1915, (Espejel, 1988).

5. Ejército Libertador del Sur, “Acta de Ratificación del Plan de Ayala”, 19 de julio de 1914, (Espejel, 1988).

6. Con frecuencia se dice que la oposición entre reforma y revolución representa un falso dilema. Sin embargo, no es difícil observar que, en la reforma, el trayecto va de la periferia hacia el centro del sistema dominante; mientras que en la revolución el trayecto va de la periferia de ese sistema al exterior, para generar un sistema distinto.

7. Subcomandante Insurgente Marcos, Ejército Zapatista de Liberación Nacional, “El bolsillo roto”, montañas del sureste mexicano, noviembre de 2004.

 

Referencias bibliográficas

Espejel, Laura et. al. (1988). Emiliano Zapata, Antología. México, INEHRM.

Foucault, Michel (1991). «Sobre la justicia popular; debate con los maos». Microfísica del poder, Madrid, Ediciones La Piqueta.

Foucault, Michel (1998). Historia de la sexualidad, I, México, Siglo XXI Editores.

Ipola, Emilio de (1987). Ideología y discurso populista, México, Plaza y Janés.

Lotman, Iuri M. (1996). La Semiosfera I. Semiótica de la cultura y del texto (Selección y traducción del ruso de Desiderio Navarro). Madrid: Cátedra (Colección Frónesis).

Lotman, Iuri M. (1998). La Semiosfera II. Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio (Selección y traducción del ruso de Desiderio Navarro). Madrid: Cátedra (Colección Frónesis).

Luxemburgo, Rosa (1978). «Problemas de organización de la socialdemocracia rusa». Escritos políticos I, México, Ediciones Era.

McCaa, Robert (2001). Missing millions: the human cost of the Mexican Revolution, University of Minnesota Population Center.

Morin, Edgar (1996). Introducción al pensamiento complejo, Barcelona, Gedisa.

Pineda, Francisco (2003). «La representació n de ‘indígena’. Formaciones imaginarias del racismo en la prensa», en Alicia Castellanos (Coord.), Imágenes del racismo en México, México, Plaza y Valdés-Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa.

Poliakov, León (1986). La causalidad diabólica. Ensayo sobre el origen de las persecuciones, Barcelona, Muchnik Editores.

Principio del documento

* Una versión de este texto se presentó en el I Encontro Internacional para o estudo da Semiosfera. Interferências das diversidades nos sistemas culturais, celebrado en São Paulo (Brasil), 22-26 de agosto de 2005. Se publica por primera vez en Entretextos.

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La Comunalidad Oaxaqueña: Impunidad de Estado Vs. Autonomía Indígena

Carlos Manzo
Concejo Ciudadano Unihidalguense/CNI/ La Otra Campaña
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=57997

A Raúl y Bertha, exiliados del Movimiento Indígena Oaxaqueño.

A las compañeros presos políticos de Atenco y Oaxaca.

A las compañeros de  La Otra  Campaña  Nacional e Internacional

A las compañeros del Encuentro Continental de los Pueblos Indígenas de América

Al Congreso Nacional Indígena (CNI)

“Bienvenido el arcoiris, bienvenido el puente, bienvenido el paso que lo va y lo viene, bienvenida siempre la palabra que camina, la de ustedes, la nuestra, la de los todos que somos nosotros.” [1]

1. El contexto y los antecedentes

En nuestro país, estamos viviendo la represión como modelo de ‘gobernabilidad’ institucional de la derecha en el poder. La locura de quienes actualmente ‘gobiernan’ se mide por la creciente impunidad de Estado, que, aunque suene contradictorio, es solapada por componendas político partidistas, en donde las principales cartas de negociación de legisladores y partidos, son precisamente las impunidades que arrastran.

Más allá de las decenas de asesinados y de presos políticos en el sur del país, el Estado ensaya la instauración de un régimen especial de control policiaco-militar sobre la población; en Oaxaca, por ejemplo, hoy es casi imposible la realización de un nuevo Congreso o Asamblea General de la APPO. Los retenes militares en todas las carreteras se suman a la multiplicación y hostigamiento policiaco en la capital oaxaqueña y en las principales ciudades en plena coyuntura electoral. En el margen de impunidad negociada por el tirano Ulises Ruiz, caben aún, y espero equivocarme, asesinatos, prisioneros políticos y violaciones a los más elementales Derechos Humanos.

En la estrategia represiva del régimen, además de los casos especiales de Atenco y Oaxaca, uno de sus principales objetivos es precisamente desarticular a ‘La Otra Campaña’, convocada e impulsada por el EZLN y cientos de organizaciones, colectivos y personas de todas las entidades del país. Ellos, desde el CISEN por ejemplo, saben que el potencial organizativo de La Otra Campaña, con un tiempo y objetivos distintos a los de la política partidista electoral, puede efectivamente representar un obstáculo serio a su pretensión neoliberal de privatización de tierras, recursos naturales y fuentes de energía, fundamentalmente petroquímica y electricidad. Los fuertes intereses económicos de las empresas transnacionales y gobiernos, constituyen el telón de fondo de toda esta coyuntura represiva.

A la creciente impunidad por los casos de ‘criminalización’ y asesinato de luchadores sociales en Oaxaca, se suman los sonados casos de confirmada pederastia de empresarios y gobernantes en Puebla que, siendo ‘ignorados’ por los medios masivos electrónicos (Radio y TV), no hay justicia que se les imponga en tanto criminales de Estado.

En este contexto, las acciones de ‘sabotaje a los bienes de la nación’ reivindicadas por el EPR, mas que favorecer la propia satisfacción de sus demandas, a saber, la presentación de dos desaparecidos políticos documentados por organismos de DH, al ‘justificar’ la sobremilitarización, obstaculiza el avance de la organización de cualquier expresión crítica e independiente del movimiento indígena y social en general. Estas acciones dejan a muchas organizaciones sociales independientes, al Movimiento Indígena y a La Otra Campaña ante un virtual estado de sitio.

2. El Movimiento Indígena Nacional

Al plantear en general la existencia de un Movimiento Indígena Nacional (MIN), me refiero a todos los pueblos, comunidades, organizaciones, colectivos, asambleas y otros espacios que expresan, por diversos medios, una lucha, por lo menos ideológica, en la defensa y reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas. Así, percibimos al interior del MIN, por un lado, un importante conjunto de organizaciones que ha optado por una reforma de Estado y cuenta incluso con el reconocimiento por el IFE con carácter de APN, nos referimos a la ANIPA. Por otro lado, podemos ver la permanencia del Congreso Nacional Indígena (CNI), desde octubre del ’95 a la fecha, espacio de discusión, diálogo, participación y organización, con significativa participación de los zapatistas en distintos momentos. Por ejemplo: en la conformación del Foro Nacional Indígena en enero de 1996, previo a la firma de los Acuerdos de San Andrés, la Marcha del color de la tierra, en 2001, en gran parte de los recorridos de La Otra Campaña, en 2006, y ahora en la convocatoria para el  Encuentro Continental de Pueblos Indígenas de América, realizado en la comunidad Yaqui de Vícam en días pasados.

Existen otras expresiones regionales del Movimiento indígena nacional que rara vez participan en los espacios nacionales ya mencionados; tales serían los casos en Guerrero del Consejo de Ejidos y Comunidades en Oposición a la presa la Parota, que ha tejido a lo largo de varios años toda una red de organismos no gubernamentales y organizaciones en apoyo a su principal demanda, esto le ha valido la suspensión temporal del proyecto, dictada por un juez federal, a raíz de la interposición de un amparo de los ejidatarios; la construcción de la presa pretende desalojar y despojar de su tierra a miles de indígenas y campesinos en esa región… Casos como éste, no se encuentran exentos de enfrentar los métodos represivos del Estado.

Una característica importante que marca la bifurcación de objetivos e intereses al interior del MIN será la aparición de la VI Declaración de la Selva Lacandona en 2005, y el inicio de ‘La Otra Campaña’, a partir de enero de 2006 y hasta ahora vigente; la mencionada bifurcación se hace patente, sobre todo, con la realización de la IV sesión del Congreso Nacional Indígena, en mayo de 2006, en San Pedro Atlapulco, donde en el marco de la sangrienta represión en San Salvador Atenco y San Blas Atempa, esta última en el Istmo de Tehuantepec, la plenaria del CNI concluye y consensa en asamblea firmar la VI Declaración de la Selva Lacandona y, con ello, considerarse adherente a ‘La Otra Campaña’.

Después de recorrer el país durante más de un año, La Otra Campaña, particularmente la denominada ‘Comisión Sexta’, ha valorado la importancia de articular la resistencia indígena en oposición directa a los proyectos neoliberales del actual régimen. Así, el carácter anticapitalista de La Otra Campaña, expresada en la VI Declaración y consensuada en una consulta nacional a los adherentes, encuentra una importante fuente de alternativas al capitalismo y experiencias de lucha en las formas autonómicas que se mantienen vivas en buena parte de las regiones indígenas de México.

Se ha interpretado erróneamente por parte de muchas organizaciones indígenas y no indígenas de La Otra Campaña que la interlocución con instituciones del Estado, rompe con su principio antisistémico; sin embargo, la defensa de la tierra y los recursos naturales, así como la liberación de presos políticos han implicado necesariamente dicha interlocución en sus luchas, la mayoría de las veces aisladas, a fin de garantizar los derechos de los pueblos y de las comunidades.

3. La Comunalidad Oaxaqueña

En Oaxaca, en los últimos ocho años, los gobiernos de José Murat y URO han ensayado una escalada represiva, cuyo principal antecedente sería su propia experiencia –‘escuela’– en la Guerra Sucia de la década de los setentas, con Echeverría a la cabeza.

La desaparición de Víctor Pineda Henestrosa (Víctor Yodo) en 1978, en aquel entonces asesor del último CBC de Juchitán, precedida de una fuerte represión militarizada al movimiento campesino e indígena en casi todo el país, marca el inicio del caos del sistema político oaxaqueño, fundado en cacicazgos regionales priístas. Como era de esperarse, como ya es costumbre, la pasada coyuntura electoral en esta entidad, dejo saldo rojo y represión en aquellos municipios donde fue previamente detectada cierta posibilidad de triunfo de los partidos opositores al PRI. Que, en algunos casos fueron víctimas del fraude y las imposiciones; a diferencia de la elección de diputados locales, en las elecciones municipales el abstencionismo fue menor.

Después de la dura ola represiva sufrida por la COCEI en la primera mitad de los 80’s, será con Diódoro Carrasco cuando el Estado recurra nuevamente a la represión y criminalización de los movimientos sociales, como norma ineludible para mantener la ‘gobernabilidad’ en las regiones. El caso más conocido, que hasta ahora mantiene a todo un cabildo indígena en prisión, por cargos federales, es el de los Loxichas; de acuerdo con esta experiencia, hace trece años los presos políticos indígenas de los Loxichas integraban en su mayoría el cabildo de San Miguel y San Agustín, electos en asambleas comunitarias por el régimen de usos y costumbres.

Esta experiencia autonómica se oponía directamente a los intereses privatizadores del cacicazgo priísta encabezado por Diódoro, en el ’95; se hablaba ya de intereses mineros en la zona, a los que ahora se suman los de bioprospección y forestales que figuran en el PPP. Los presos políticos de los Loxichas fueron acusados de pertenecer al EPR, éste último se ha deslindado públicamente de cualquier vínculo con ellos; sin embargo, el gobierno federal mantiene los cargos federales por motín y rebelión, los abogados defensores de la LIMEDDH, han demandado permanentemente la promulgación de una Ley de Amnistía, lo que en nuestros  tiempos parece imposible.

En América Latina, el modelo económico neoliberal, en su caótica última fase como sistema histórico capitalista, se caracteriza por la imposición de empresas globales, transnacionales, en el marco de megaproyectos como el Plan Puebla Panamá. Estas empresas transnacionales, como es el caso de las españolas Gamesa, Preneal, Iberdrola, Endesa, entre otras, en el denominado Corredor Eólico del Istmo, constituyen la punta de lanza del neocolonialismo que pretende agotar en menos de 50 años los recursos naturales de las regiones indígenas de América Latina. En casi todas estas regiones, que ahora se ven amenazadas y afectadas por eoloeléctricas e hidroeléctricas, petroquímica, supercarreteras, minería, hoteles, entre otras, la principal consecuencia es el despojo de tierras, territorio y recursos naturales, propiciando una mayor pauperización de las comunidades y, por ende, la expulsión de población que, para los casos de México y Centroamérica, emigra a los Estados Unidos. Un buen número de estos casos pueden apreciarse en reiteradas reuniones y asambleas de organizaciones indígenas, como lo ha hecho constar el Congreso Nacional Indígena (CNI) en los siguientes términos:

“… no resulta casual que en los últimos años, meses y semanas se haya incrementado la agresión del gobierno y las grandes corporaciones empresariales hacia nuestros pueblos, tal como ocurre con la comunidad wixárika de Bancos de San Hipólito, Durango, a la cual se le niega el reconocimiento de sus tierras y su misma existencia como comunidad, en tanto que otras personas reciben autorizaciones para aprovechar sus ricos bosques de ocote y encino, (…) con el municipio autónomo de Suljaa’, Guerrero, y su radio comunitaria, que son perseguidos y reprimidos desde el gobierno; de igual manera pasa en Zirahuén, Michoacán, con su Lago Azul y sus tierras que son codiciados por empresas extranjeras; en la Misión de Chichimecas, Guanajuato, donde caciques de la región amparados en ilegales resoluciones judiciales pretenden apropiarse de sus tierras comunales; o en Tepoztlán, Morelos, en cuyas tierras poderosos grupos económicos insisten en la construcción de un club de golf y actualmente la comunidad lleva su defensa ante los Tribunales Agrarios a pesar de las amenazas para despojarlos; o es el caso del ejido nahua de Ayotitlán, Jalisco, donde la Minera Peña Colorada del grupo Hylsamex, la más grande América Latina, día con día roba y destruye las tierras, montes y aguas del ejido con la complicidad del gobierno; lo mismo pasa en las comunidades zapotecas del Istmo de Tehuantepec ante la codicia de las compañías españolas como Gamesa, Endesa, Preneal e Iberdrola que están robando sus tierras con la intención de construir plantas eoloeléctricas; o es lo que ocurre en las comunidades nahua de Cuzalapa y wixárika de Haimatsíe, ambas del estado de Jalisco, que pretenden ser desmembradas por la aplicación del Programa de Certificación en Comunidades”. [2]

Podríamos sumar aún los casos de la presa La Parota , las hidroeléctricas en Jalapa del marqués Oaxaca o en el Usumacinta en Chiapas.

En los últimos quince años se ha manifestado una importante resistencia indígena y civil organizada en contra de estos proyectos, [3]  de manera aislada en cada región o país.

En algunos casos la movilización y los mecanismos jurídicos han permitido la defensa de los derechos de los pueblos indígenas; sin embargo, también ha sido muy evidente la estrategia represiva, el asesinato, el encarcelamiento y demás violaciones a derechos humanos por parte del Estado, en un gran número de ellos.

Independientemente del manejo mediático que se hace del caso de Oaxaca, la APPO y el EPR, que buenos dividendos de impunidad le han allegado a los regímenes represivos de URO y Calderón, es evidente que nos encontramos ante la instrumentación de una estrategia represiva y de control policiaco militar, que garantice la imposición del PPP en diversas regiones de Oaxaca, lo mismo que en el sur y sureste del país.

En estos tiempos de aguda represión y, por ende, de proliferación de impunidades de Estado, resulta apremiante para las comunidades y organizaciones afinar estrategias comunicativas y de acción solidaria, que permitan, más allá de la formulación de demandas al Estado, la puesta en práctica de alternativas históricas, el ejercicio o reconstitución de la autonomía indígena es una de ellas.

Un mes antes de la feroz represión del 25 de noviembre de 2006, instrumentada “fundamentalmente por la PFP en Oaxaca, David Venegas –Alebrije—junto con representantes de colectivos y pequeñas organizaciones de la APPO y de La Otra Campaña, generaron un espacio crítico, de participación alternativa, ‘anarquista’ dirían algunos, conocido como Voces Oaxaqueñas Construyendo Autonomía y Libertad (VOCAL); dicho espacio ha sido considerado erróneamente por algunos como una escisión de la misma APPO. En el mes de abril del presente año, David Venegas fue detenido por policías ministeriales de Ulises Ruiz y continúa hasta hoy preso por cargos prefabricados. La clara visión política antipartidista y antisistémica de la mayoría de los colectivos de VOCAL, se encuentra fielmente representada en el Alebrije; esta apreciación se percibe cuando expresa, a propósito de la actual situación de la APPO, pasadas las elecciones locales:
”Oaxaca ha cambiado y nada volverá a ser igual. Mientras la clase política de todos los partidos políticos se empeñan en seguir en su inercia hacia el vacío y la destrucción, los hombres y las mujeres de Oaxaca que luchan y resisten han decidido apartarse de ese camino, el electoral, plagado de trampas y frustraciones, para ejercer en su lugar, su derecho a la construcción activa, autónoma y libertadora de su futuro.”

Desde la cárcel de Ixcotel, David continúa realizando un diagnóstico muy preciso de la situación de la APPO al señalar:

“Esta inercia de la clase política también está representada en los órganos de toma de decisiones del movimiento social, la dirigencia de la Sección 22 y el Concejo Estatal de la APPO, los cuales reciben hoy una lección contundente que ojalá sea aprendida. Los pueblos de Oaxaca que caminan en esta lucha les han demostrado que no son masas, las cuales puedan moldear a sus gustos e intereses. En este movimiento participan miles de hombres y mujeres sencillos, de buen corazón, pero ningunos ingenuos que acepten sin chistar, y sobre todo sin participar en las “orientaciones” de algunos líderes que se empeñan en ponerse a la cabeza de este movimiento sólo para lograr sus propias ambiciones personales o de grupo”. [4]

Si se analiza a fondo esta caracterización que David hace de la APPO, la misma alcanza a incomodar a los cacicazgos del PRI e incluso a dirigentes de la APPO que en las pasadas elecciones vieron frustradas sus ‘legitimas’ aspiraciones.

Más allá de las diversas tendencias y diferencias de objetivos políticos al interior de la APPO y de esta con el movimiento magisterial de la Sección XXII de la CNTE, lo que se ha dado en conocer como Movimiento Social Oaxaqueño, mantiene latente un conflicto cuyo desenlace parece navegar en la impunidad como mejor estilo de gobierno.

URO, el tirano, también conocido como el ‘mapache mayor’, ha intentado nuevamente el ‘carro completo’ en las elecciones municipales; los distritos del Istmo, que concentran a una mayor parte de municipios que se rigen por el sistema de partidos, son vitales para continuar, sin disturbios de ninguna índole, el megaproyecto del Corredor Eólico del Istmo, cuyo Consejo de Planeación preside el propio URO. Aún el hecho de que algunos municipios como Juchitán, Tehuantepec y Unión Hidalgo hayan sido ganados por la oposición al PRI, esto no representa una verdadera oposición al megaproyecto, ya que dichos gobiernos municipales se han mostrado en una actitud servil con las empresas transnacionales. Así lo demuestra el que el edil perredista de Juchitán, en años recientes haya firmado autorizaciones y permisos de ‘cambio de uso del suelo’ para facilitar la instalación de los aerogeneradores en su territorio.

En la gran mayoría de pueblos y comunidades de Oaxaca, se reconoce por parte de los intelectuales indígenas y un buen número de organizaciones, la existencia de la comunalidad como el modo de vida de los pueblos indios [5]  ; desde la primera caracterización de Floriberto Díaz, [6]  planteaba que se constituye de 4 elementos fundamentales que son: el territorio, la fiesta, el trabajo y el poder; siendo estos dos últimos representados, en el caso del trabajo comunal por el tequio, la gozona, la mano vuelta, y en el caso del poder comunal por las asambleas. En una ilustración gráfica de estos elementos en una flor comunal, Rendón colocó a la milpa en el centro de los mismos, dándole una significativa importancia al maíz.

En un contexto caracterizado por la permanente lucha de nuestros pueblos contra los cacicazgos políticos y económicos, así como por las desastrosas consecuencias de las políticas institucionales modernizantes, la comunalidad se presenta como orientadora de la resistencia indígena en distintos ámbitos del ejercicio de nuestro derecho a la autonomía; de aquí el que algunas instituciones y académicos hasta la fecha reprueben, la utilización del término comunalidad como un concepto o piedra de análisis de la realidad de nuestros pueblos, argumentando cierta ausencia de ‘rigor conceptual’ así como la nula imparcialidad y neutralidad ‘política’ del investigador y/o promotor con el ‘objeto de estudio’ o ‘sujeto social’ en cuestión. Juan José y otros comunalistas han sido víctimas de esta absurda visión institucionalista y academicista que desafortunadamente impera hasta la fecha en estos medios en aras de una supuesta ‘objetividad’ del conocimiento. Por el contrario, muchos pueblos y comunidades reconocen como objetivo primordial la reconstitución integral de sus culturas con base en el fortalecimiento y desarrollo de la comunalidad; así se ha manifestado también en algunos espacios como el Congreso Nacional Indígena.

Con relación a la comunalidad, quisiéramos dejar apuntado en principio que se trata de un concepto con sentido histórico y antropológico, desde la propia visión indígena, con una alta connotación relativa al análisis cultural del modo de vida de los pueblos indios; de hecho de acuerdo con Rendón es al ‘sistema cultural al que llamamos comunal’ ; aunque también considera que no se trata de una entidad acabada e inmutable sino que es algo en permanente movimiento y cambio; probablemente a este carácter dialéctico del concepto se deba el que algunos antropólogos consideren la ausencia de ‘rigor conceptual’.

El concepto nos permite sobre todo el análisis comparativo en tanto que en su existencia histórica, “la semejanza fundamental de los pueblos indios heredada de su antigua cultura – aún con sus cambios y diferencias- que enlaza e iguala a los pueblos indios es la vida comunal , o comunalidad, la cual puede entenderse como la igualdad de derechos y obligaciones de todos los miembros de una comunidad para participar en la decisión del destino de ésta, así como para disfrutar de sus bienes y productos.

[1]  Palabras del Subcomandante Insurgente Marcos, en la plenaria final del Foro Nacional Indígena, el 7 de enero de 1996. Tomada de Ce- Acatl, Revista de la Cultura del Anáhuac, No. Doble especial, 76-77, enero de 1996, p.85.

[2]  Declaración de Tuapurie, del Congreso nacional Indígena, región Centro-Pacífico; dada en in+akwaixit+a, Nueva Colonia, comunidad indígena de Tuapurie, Santa Catarina Cuexcomatitlán, territorio Wixárika, el 27 de noviembre de 2005 .

[3]  Como serían los casos de: el Movimiento Zapatista expresado en La Otra Campaña, en México y a nivel internacional; el Movimiento de los Sin Tierra, en Brasil, entre otros.

[4]  David Venegas, Carta desde la prisión de Ixcotel, Oaxaca; Caminos diferentes, 5 de agosto de 2007.

[5]  Definición general del concepto de comunalidad, utilizada por el Maestro Juan José Rendón Monzón. (q.e.p.d.)

[6]  Floriberto Díaz, indígena Mixe, fundador de la organización Servicios del Pueblo Mixe; antes de su muerte acaecida en 1995 promovió importantes reuniones nacionales que prefiguraron el perfil del Movimiento Indígena Nacional en México.

Once ideas sobre el socialismo y el autogobierno del pueblo

Escrito por Marta Harnecker   
miércoles, 08 de agosto de 2007

Ponencia presentada en el foro: “La construcción del estado socialista desde la base del poder popular” organizado por la Dirección General de Investigación y Desarrollo Legislativo de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, el 25 de junio 2007.

1) El punto de partida: el hombre como ser social
1. La concepción socialista de la sociedad no parte, como lo hace el capitalismo del hombre como ser individual, del hombre aislado, separado de los demás, sino del hombre como ser social, del hombre que no puede desarrollarse a sí mismo si no se desarrolla con otros.
2. No existe el ciudadano abstracto, como dice el filósofo francés, Henry Lefebvre: alguien que está por encima de todo, que no es ni rico ni pobre, ni viejo ni joven, ni macho ni hembra o lo es todo a la vez. Y como es “absolutamente libre, obedece sólo a normas morales de hermandad, igualdad y democracia.”
3. Lo que existe son personas concretas que viven y dependen de otras personas, que se asocian y organizan de diferentes maneras con otras personas en comunidades y organizaciones en las cuales y por medio de las cuales realiza sus intereses, sus derechos y sus deberes.
2) El punto de llegada: el pleno desarrollo humano
4. La sociedad que queremos construir tiene como meta el pleno desarrollo humano.
5. Este pleno desarrollo humano no se decreta desde arriba, no cae del cielo, sólo se logra cuando al transformar las circunstancias las personas se transforma así misma.
6. Es la participación, el protagonismo en todos los espacios lo que permite al hombre, crecer, ganar en autoconfianza, es decir, desarrollarse humanamente.
7. La Constitución bolivariana insiste en esta idea en varios artículos.
3) No dar contenido social a la democracia, sino transformar la forma de la democracia misma
8. Por eso, no se trata sólo de otorgar un contenido social a la democracia, de resolver problemas sociales del pueblo: alimentación, salud, educación, etcétera, sino —como decía Alfredo Maneiro— de transformar la forma misma de la democracia creando espacios que permitan que las personas, al luchar por el cambio de las circunstancias, se vayan transformando a sí mismas.
9. No es lo mismo, decía el dirigente político venezolano que una comunidad conquiste una pasarela por lo cual se ha organizado y ha luchado, a que reciba la pasarela como un regalo del estado paternalista.
10. El paternalismo de estado es incompatible con el protagonismo popular. Conduce a transformar a la gente en mendigo.
11. Hay que pasar de la cultura del ciudadano/a que mendiga a la cultura del ciudadano/a que conquista, que toma decisiones; que ejecuta y controla; que autogestiona, que autogobierna. Hay que pasar —como dice Aristóbulo Istúriz— del gobierno para el pueblo al auto gobierno del pueblo, a que el pueblo asuma el poder.
4) Gobernar con la gente para que la gente llegue a gobernarse a sí misma
12. Pero para lograr ese autogobierno del pueblo es necesaria una etapa de transición en que en que los alcaldes, los equipos de participación de las alcaldías, los facilitadores, gobiernen con la gente, para que tanto la gente como ellos aprendan a gobernar.
13. Creo que uno de los errores de la Ley de los consejos comunales fue haber eliminado los equipos promotores externos.
14. La participación no se decreta desde arriba, ni nace de un día para otro. Se requiere de un largo proceso Y ese proceso podrá ser más breve si la gente recibe un apoyo externo.
15. Apoyo que no suplanta, sino facilita, que descubre las potencialidades de la gente y las encamina, ahorrando el proceso de aprendizaje por ensayo y error.
5) Buscar los espacios adecuados para la participación
16. Pero no basta con valorar positivamente la participación en abstracto, no basta con estar dispuestos a gobernar con el pueblo, a que el pueblo asuma el poder. Esto puede quedarse en meras palabras si no se crean los espacios adecuados para que puedan darse lo más plenamente posible los procesos participativos, tanto en los lugares donde las personas habitan como en los lugares donde las personas trabajan o estudian.
17. Sólo si se crea un sistema social basado en la autogestión de los trabajadores en sus centros de trabajo y en las comunidades donde habitan, el estado dejará de ser un instrumento por encima del pueblo al servicio de unas elites, para transformarse en un estado conformado por las mejores mujeres y hombres del pueblo trabajador.
18. Por eso es tan importante la iniciativa del gobierno bolivariano de crear los consejos comunales. Y urge avanzar en la creación de espacios de participación en los centros de trabajo, teniendo claro que la plena participación de los trabajadores sólo se logrará allí donde exista la propiedad social .La idea de crear consejos de trabajadores y consejos estudiantiles va en este sentido.
6) Un largo proceso de transformación cultural es necesario
19. No es fácil luchar contra la cultura heredada egoísta, del sálvense quien pueda.
20. Contra la cultura paternalista que nos hace esperar del estado las soluciones en lugar de organizarnos para conseguir la solución de nuestros problemas.
21. Luchar contra el consumismo que nos lleva a pensar en que si tenemos más somos mejores, en lugar de sentirnos mal por tener cosas superfluas mientras hay quienes muy cerca de nosotros no tienen lo mínimo para vivir dignamente.
22. Y lo más grave es que el afán de consumo lleva a muchos a buscar los trabajos mejor remunerados aunque en ellos no pueda realizarse como ser humano, o a trabajar 16 horas para poder tener más dinero para comprar, con lo que queda poco o nada de tiempo para participar
23. Es necesario reemplazar la ética del tener por la ética del ser.
7) Desarrollar una cultura del trabajo productivo
24. Por otra parte, en sociedades como las nuestras, en que el neoliberalismo arrasó con el incipiente desarrollo industrial y transformó a la mitad de la población en edad de trabajar en trabajador informal, dedicado fundamentalmente a actividades comerciales, en que se trata de convencer a la gente de que con los juegos de azar podrá conseguir el dinero que necesita; debemos luchar por crear un cultura del trabajo productivo, estimulando iniciativas productivas autogestionarias en nuestras comunidades y municipios. Relacionando el trabajo productivo con el pleno desarrollo humano y con la soberanía de Venezuela.
8) Necesidad de apertrecharnos de conocimientos para la guerra ideológica
25. Pero ese cambio cultural sólo se logrará si además de la voluntad de emprenderlo nos apertrecharnos de conocimientos para poder lograr tener un distanciamiento crítico de los mensajes que a diario nos trasmiten los medios de comunicación, para poder construir una visión del mundo a partir de nuestras raíces y no de los valores que difunde la globalización cultural actual.
26. Es cierto que estamos en la época de la imagen y no de la imprenta, pero tenemos que ser capaces de combinar la lectura con la imagen. Hacernos un tiempo a la semana para leer, para estudiar.
27. Por eso es tan importante que participemos activamente en el motor Moral y Luces.
9) Los límites de la participación directa: Un sistema diferente de representación política
28. Pero no basta con que se ejerza la participación directa en las comunidades, en lugares de trabajo o de estudio.
29. Estos espacios si bien son ideales para que las personas se sientan dispuestas a participar, para que nada las inhiba, son sólo eslabones de una trama que debe ir desde lo pequeño hasta la nación entera.
30. Hay problemas, soluciones y iniciativas que son competencia del consejo comunal, pero hay otras que trasciende ese espacio hacia el barrio o urbanización, la parroquia, el municipio, el estado y el país como un todo.
31. En esos espacios mayores es imposible la democracia directa, es necesario establecer algún tipo de representación o delegación.
32. Como sabemos la democracia directa surgió en Atenas, una ciudad que entonces tenía alrededor de 300 mil habitantes donde sólo una décima parte eran considerados ciudadanos, es decir, unas 30 mil personas. Las mujeres y los esclavos eran excluidos de la participación democrática.
33. En ese contexto era posible realizar asambleas en las que todos los asistentes podían participar discutiendo y aprobando diferentes asuntos de la ciudad.
34. La democracia directa es viable a nivel local, en comunidades pequeñas, pero no lo es a nivel nacional, o en las grandes ciudades, salvo en casos muy excepcionales (plebiscito, referendo).
35. Hay que complementar la participación directa o democracia directa con un sistema político basado en el principio de la delegación. Nos parece que es en esto en lo que está pensando el Presidente cuando habla de federaciones y confederaciones de consejo comunales.
10) Los consejos comunales no deben sólo resolver problemas materiales
36. No se trata sólo resolver problemas materiales sino también de realizar nuestros sueños. Es importante que nos preguntemos cómo nos gustaría que fuera nuestra comunidad y, si así lo hacemos, surgirán muchas ideas que nos ayudarán a ser más felices. Podrá surgir, por ejemplo, una sugerencia de cómo embellecer nuestras calles; de cómo crear una guardia nocturna de vecinos que tengan carro para llevar a los enfermos al hospital o policlínico en caso de emergencia y tantas otras ideas.
37. Y no sólo debe limitarse a de resolver nuestros problemas y plasmar nuestros sueños, sino también debe ir desde el consejos más allá del consejo, participando a través de sus voceros en la discusión y definición de políticas correspondientes a niveles superiores.
38. Nuestros consejos comunales deberían, por ejemplo, estar discutiendo sobre los cinco motores.
11) Solidaridad con los más desvalidos y con otras comunidades
39. Por último, nuestros consejos comunales deberían estar preocupados y ocupados de contribuir a la resolución de los problemas de la pobreza en su territorio y a buscar formas de solidarizarse con otras comunidades más abandonadas si ese fuera el caso.
40. Estas son algunas ideas que quizá puedan ayudar a ir avanzando hacia la sociedad socialista que queremos construir, hacia ese autogobierno del pueblo.
http://www.diacriticapress.com/

¡ EL FPDT VIVE, LA LUCHA SIGUE ! apuntes, al vuelo, de una experiencia de lucha

por Cayo Vicente, con Amor para quien escuche solidari@ este texto, y bien se sabe por qué…
http://www.apiavirtual.com/2007/09/11/¡-el-fpdt-vive-la-lucha-sigue/

I.- ORIGEN Y RAZON.
El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) surgió como Organización político-social de autodefensa campesina en respuesta al infame decreto foxista del 22 de octubre del 2001, que justificaba el despojo abierto y brutal de 5391 hectáreas de tierra, sobre las cuales habría de fincarse el mas ambicioso proyecto sexenal, consistente en el establecimiento de un exclusivo complejo comercial-hotelero y la construcción del nuevo aeropuerto internacional que captaría el 70% de las exportaciones. Lo que derivaría en la obtención de inconmensurables ganancias para la oligarquía transnacional y criolla que aportaría una inversión inicial de 2863 millones de dólares.
La consumación de este megaproyecto representaba un avance fundamental en la instrumentación del Plan Puebla Panamá, parte complementaria del Acuerdo para el establecimiento de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), diseñados con el objetivo de garantizar la profundización del dominio económico, político, cultural, y militar del imperialismo norteamericano en Latinoamérica mediante el saqueo de sus recursos naturales -fundamentalmente agua, energéticos y biodiversidad-, la sobreexplotación de los trabajadores y el control monopólico de los mercados.
Desde su origen el Decreto en cuestión fue violentamente ilegal e ilegítimo, por que se emitió en flagrante violación a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (Artículos 27 y 115) y del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (Artículos 4 y 6) que tratan del derecho de los pueblos originarios a conservar sus tierras, cultura y tradiciones; por que no justificaba la utilidad pública, toda vez que sólo el 3% de la población nacional tendría acceso a los servicios que pretendía establecer; por que jamás se consultó a los pobladores de las comunidades afectadas, a quienes se les pagaría un precio impuesto de siete miserables pesos por metro cuadrado de terreno; por que la sola construcción del aeropuerto afectaría una vasta extensión de territorio en cuyo seno se encuentran invaluables vestigios arqueológicos y paleontológicos que dan cuenta del surgimiento y antecedentes de nuestra propia identidad nacional; además profundizaría el desequilibrio ecológico de la zona, al destruir los espejos de agua y con ello la infinidad de especies que los habitan; reduciría las zonas de recarga de los mantos acuíferos, agudizando la escasez del vital líquido, la salinización de la tierra y las inundaciones al oriente y sur del Distrito Federal.
Los pobladores de estas latitudes habían sido condenados a la miseria en el destierro, por lo que al decidir defenderse no sólo luchaban por su patrimonio, identidad, tradiciones, pasado histórico, presente y futuro, sino también, literalmente, por su vida.
Frente al desconcierto, incertidumbre y pesar iniciales que trajo la cruda noticia de la expropiación, la Dignidad del pueblo mexicano aquí representado se abrió paso y decidió andar otra vez, recién comenzando el nuevo siglo.
II.- PARA VIVIR APRENDIMOS A LUCHAR.
PARA VIVIR TENIAMOS QUE VENCER.
Tres eran los municipios afectados por la expropiación: Chimalhuacán, Texcoco y Atenco. Este último resultaba implicado con mas del 80 % de su extensión, por lo que la oposición organizada en él cobraba particular importancia para la resistencia, cuya dirección inicial pronto dejó de estar en manos de los tibios y calculadores dirigentes locales del PRD, quienes fueron desplazados por activistas de larga trayectoria en la lucha independiente, de reconocida honestidad y congruencia, identificados en el núcleo denominado Habitantes Unidos de San Salvador Atenco (HAUSSA). Grupo disciplinado que atesoraba años de experiencia en la lucha social iniciada con el impulso y participación del Frente Popular Regional de Texcoco, que mas tarde, en su modesta expansión, cambiaría de nombre a Frente Popular del Valle de México, ambos extintos años antes del parto necesario del FPDT.
Estos compañeros centraron su activismo autogestionario promoviendo iniciativas y acciones de beneficio colectivo, tales como la ampliación de la red de drenaje, instalación de alumbrado público, construcción de puentes, reubicación del panteón, pavimentación de calles, reducción del impuesto predial, construcción del auditorio municipal, hasta la solidaridad mas personalizada y cálida con cuantos se lo solicitaban, colaborando con ellos en las labores del cultivo y cosecha de la tierra, la construcción de sus casitas, el auxilio en la enfermedad u hospitalización, en apremios económicos, en el peligro de ser despojados de su modesta propiedad, en la intermediación de las disputas intrafamiliares, etc. Además de desarrollar una política de apoyo efectivo y concreto con las luchas magisteriales, barriales, estudiantiles, o de acopio y traslado de víveres, ropa, medicinas y alimentos a comunidades de base zapatistas víctimas de la feroz represión de Estado desatada con motivo de la irrupción indígena del EZLN en enero de 1994.
Lo que siguió después del anuncio oficial del decreto criminal y apátrida no fue sino un camino amoroso de fusión, de reconocimiento, de arduo, lento, prolongado y difícil aprendizaje colectivo para la resistencia.
Un pueblo cimbrado hasta lo mas hondo de su ser Hombre-Mujer obligado a reaccionar y una dirigencia confiable que se había ganado su lugar a pulso con hechos tangibles y que no se asumió jamás como tal, comenzaron a ser uno solo y dejaron de ser cada cual para convertirse en todos. Y nos dimos cuenta que siendo diferentes en el grado de estudios, en el nivel de compromiso, en las formas de participación, en las habilidades para uno u otro trabajo práctico, en el modo de ver las cosas y relacionarnos con los demás, en la experiencia de lucha de cada uno y en la manera en que íbamos asimilando ésta, en el carácter, en el temperamento, en la personalidad, en la edad, en el sexo, en las ideas políticas o religiosas, etc., teníamos un objetivo común e irrenunciable: la defensa del elemental derecho a la vida que incluía la de nuestra madre tierra, amenazada junto con nosotros de muerte.
Para echar abajo el decreto expropiatorio enfilamos nuestra resistencia por dos vías complementarias: la jurídica y la política. Pero para nosotros era claro que la segunda condicionaría a la primera. Así que la organización y la movilización fueron prioridad constante, sin que descuidáramos el aspecto legal. Lo cual nos permitió desnudar la falsedad del apego a la ley que enarboló siempre el gobierno para justificar sus agresiones y ambiciones. En este terreno también los vencimos. Era preciso hacerlo para cerrar toda posibilidad a la bestia de rapiña.
Poco a poco fuimos identificando la importancia insustituible de la Asamblea General como el lugar común para intercambiar opiniones, proponer tareas, establecer acuerdos y definir planes de acción. Así fuimos aprendiendo a reconocernos en los otros diferentes que éramos nosotros mismos. Eran reuniones amplias, abiertas a todo el que quisiera luchar incluso viniendo de fuera de nuestras comunidades, escuchábamos con interés y asombro a todos los que querían compartirnos sus experiencias y regalarnos la herramienta de su avanzada lucidez ideológica y teórica, tomábamos lo que considerábamos útil a la causa y acordábamos qué hacer como FPDT, sin intromisión de otras organizaciones.
Nuestros pasos iniciales fueron adquiriendo seguridad al vernos acompañados de la más hermosa y desinteresada solidaridad de individuos y colectivos, tanto de México como de diferentes partes del mundo. Todas las tendencias de la izquierda se dieron cita en Atenco y a todas las respetamos y correspondimos sin prejuicios, simplemente por haberlas conocido en la práctica, jugándose la vida a nuestro lado. Nos dimos cuenta que había diferencias doctrinarias entre algunas de ellas y nunca nos entrometimos en esa problemática, tampoco admitimos que las zanjaran ante nosotros, inmersos como estábamos en otras situaciones mas apremiantes. Aprendimos que la mejor palabra es la acción y supimos distinguir que algunos doctores de la lucidez hablada no se comprometían en la actividad concreta. También ocurrió que varios compañeros del FPDT tenían simpatías por algún partido político, mas no se agredió ni expulsó a nadie por ello, como Organización siempre mantuvimos una posición independiente y nunca confiamos en alguna organización de carácter electoral, ya sabíamos de su corrupción, de su papel mediatizador, de su capacidad para montarse en los movimientos y traficar con ellos al mejor postor: esas huellas dejaron a su paso siempre.
En el proceso de nuestra defensa tuvimos muchos tropiezos y momentos sumamente críticos, pero en medio de esas circunstancias supimos buscar entre todos una salida, no siempre la ideal sino la menos peor. Nos atrevimos a ser audaces, intrépidos, a veces temerarios, y utilizamos formas no convencionales para evidenciar la forma de conducirse del mal gobierno. Así, confiscamos sus vehículos cuando se internaban subrepticiamente en nuestros terrenos para hacer exploraciones técnicas al margen de la ley, mientras estábamos amparados y en espera de resoluciones judiciales sobre la autorización de las obras, y los utilizamos para los recorridos que hicimos a lo largo y ancho del país en la difusión de la problemática que enfrentábamos y para la vigilancia de nuestras tierras; detectábamos y vigilábamos a los infiltrados que permanentemente se relevaban en su miserable cometido y les dábamos tareas arriesgadas que deberían cumplir so pena de evidenciarse como lo que eran; recogíamos sus radios, celulares, cámaras fotográficas o de video, y los usamos para establecer nuestra modesta red de comunicaciones y para registrar la memoria del Movimiento; nos movilizábamos llevando nuestras herramientas de trabajo, entre las cuales llegaron a destacarse el paliacate y el machete, hasta convertirse en símbolo de nuestra lucha.
Poco a poco y debido a la urgente necesidad de comunicarnos, fuimos poniendo en práctica todas las formas de difusión y propaganda posibles. Recuperando la experiencia de otros movimientos aprendimos a hacer periódicos murales semanales; montamos exposiciones fotográficas; realizamos pegas, pintas y murales sobre bardas y piedras; nos animamos a hacer volantes, pegatines, periodiquitos, carteles, llegamos incluso a poner camisetas con leyendas combativas a nuestros perros y a pintarle consignas a nuestros burros o caballos; pusimos bocinas en autos y salimos a difundir la lucha mediante perifoneos en las comunidades o nos íbamos a otros estados para alentar otras luchas populares; inventamos consignas chuscas y serias pero siempre significativas; organizamos parodias en tiempos coyunturales de elecciones donde el candidato de unidad era el burro Chon, el único al cual siempre consideramos que tenía todas las cualidades para rebuznar en serio; también fuimos armando nuestros videos y canciones, y avanzamos hasta lograr organizar mesas redondas, foros, debates, conferencias , conferencias de prensa, asambleas informativas y mítines, los que incluso hicimos en el interior de la propia iglesia de la comunidad a mitad de la misa. Aparecíamos en cuanto acto oficial de importancia se pudiera, para boicotearlo. Incorporamos a toda movilización una bandera nacional, una zalea de coyote y un estandarte con la imagen del divino Salvador. En fin todo lo que nos sirviera para difundir, denunciar, propagandizar, agitar, educar, organizar y retroalimentar. La conciencia se nos fue creciendo de a poquito y ya no volvimos a ser los mismos jamás. Nuestras compañeras se elevaron ejemplarmente y su participación fue determinante en el proceso de esta lucha. Sin ellas la resistencia habría sido imposible.
El entusiasmo de los jóvenes más avanzados de nuestra Organización dio vida a la creación de la casa de la cultura, establecida cuando decidieron tomar la biblioteca municipal y darle uso verdadero, por medio de la cual se organizaron, en coordinación con diversas organizaciones hermanas, talleres de dibujo, pintura, danza, teatro, proyecciones de video, cursos de regularización académica y un sinfín mas de iniciativas encaminadas a elevar nuestra concepción del mundo y de la vida, nuestra conciencia, moral, y sensibilidad.
Nada fue fácil, pues además de nuestra inexperiencia ante un desafío como el que enfrentábamos, tuvimos que sortear muchas formas que intentaban los gobiernos federal, estatal y municipal para detener o aniquilar nuestro Movimiento, tales como infiltración de agentes externos, traición por cooptación de compañeros que participaban desde dentro en su labor de vigilancia, provocaciones, atentados, chantajes, amenazas, mentiras, calumnias, ofrecimiento de prebendas, difusión de rumores y chismes para dividirnos y enfrentarnos entre nosotros mismos, hostigamientos, presiones, además de campañas intensas de desinformación y aislamiento en los medios de comunicación escritos y electrónicos.
El cúmulo de tareas necesarias que reclamaba cada momento concreto superaba en mucho nuestras posibilidades económicas, por lo que recurriendo a la experiencia de otros movimientos, a la inventiva creadora de nuestros compañeros y a la solidaridad, supimos salir adelante a veces literalmente desde la bancarrota y la única explicación es que el pueblo es una fuente inagotable de abnegación, de entrega, de entusiasmo, de iniciativa, de hermandad. Se imprimieron en serigrafía paliacates y playeras, se organizaron rifas, boteos, colectas, quermeses, bailes, etc. y se trató lo mas posible en dar un manejo claro a los recursos financieros. Jamás aceptamos una donación a cambio de supeditarnos ideológicamente, o de cualquier otra forma.
Así fuimos creciendo colectivamente, cometimos variados y muchos errores pero siempre estuvimos dispuestos a corregirlos, o al menos a no reincidir, aunque todavía arrastramos varios como el caudillismo involuntario, la casi total ausencia de eventos de formación ideológica y la poca sistematización de nuestra experiencia de lucha. Nunca fuimos perfectos ni tuvimos todo planeado: “afilamos un machete, ponemos cara de encabronados, nos agarramos a madrazos, y vencemos”. No, no fue así, mas bien luchamos como pudimos, a nuestro modo y condiciones, y reconocemos que tenemos mucho que aprender todavía, no nos sentimos superiores a nadie, ni pensamos tener la autoridad moral como para andar dando lecciones de cómo, cuándo, dónde y con quién hacer las cosas. Como conglomerado en combate nos fuimos forjando en el camino, sorprendidos de lo que éramos capaces de hacer con nuestros conocimientos ideológicos y teóricos limitados, escasos, rudimentarios; con nuestras exiguas propias fuerzas y recursos; con nuestra obsesiva decisión de vivir y nuestra irrenunciable necesidad de vencer lidiando al mismo tiempo con una incertidumbre que quema y abruma. Y es que no había de otra: o luchábamos con la posibilidad real de morir, por que nunca subestimamos el poder económico, político y militar del gobierno, o estábamos muertos ya de la muerte mas sórdida, fría y negra: la muerte en vida. La victoria, aunque acariciada y soñada, era objetivamente, prácticamente, la posibilidad más remota.
III.- Y LA POBREZA SIGUE AQUÍ…
El 11 de julio del 2002 el gobierno montó una provocación, diseñada hasta sus últimos detalles con la intención de asestar un golpe decisivo al FPDT, acción en la que cientos de policías agredieron a los cerca de 30 compañeros que acudieron en Comisión a protestar ante el gobernador. Como resultado tuvimos varios heridos y 19 detenidos, entre ellos a dos compañeros de los mas resueltos, visibles y representativos del Movimiento, ante lo que la respuesta del pueblo fue unánime e incontenible. Había que rescatar a todos, pero el penal a donde se los llevaron estaba fuertemente custodiado, incluso por francotiradores, además del despliegue de fuerzas represivas en las carreteras de acceso. La iniciativa colectiva derivó en la invasión inesperada de las oficinas centrales de la Procuraduría de Justicia en Texcoco, donde estaban diversos funcionarios que fueron conminados a seguir la misma suerte de las comunidades, por lo que se fueron con la muchedumbre al Auditorio de San Salvador Atenco. Los medios de comunicación electrónica y escrita, particularmente los primeros, se convirtieron en canal de comunicación entre el FPDT y el gobierno, el cual además emplazó, en su tradicional doble lenguaje, efectivos de todas las corporaciones policiacas y militares en torno nuestro. Era la hora de los hornos de la que habló José Martí , y no tenía qué verse sino la luz. La crisis desnudó al Sistema en las palabras de un funcionario que respondió ante la petición de canje de nuestros compañeros: “a los que tienen háganles lo que quieran, no nos importan para nada absolutamente, pero eso sí: vamos a entrar por ustedes y los vamos a acabar…”. Mas adelante y como resultado del amplio apoyo, estimulado aun más, que se generó en torno nuestro dada la enorme y no prevista repercusión nacional y mundial, además de las profundas contradicciones entre las que se debatía el gobierno en su nivel federal y estatal en relación al modo de resolver el embrollo que generó su sórdida estupidez, sin descontar la determinación de la Asamblea General de no ceder y estar dispuesta al combate desigual sin rendición, es que salimos airosos de este trance. A nuestros Hermanos los tuvimos de regreso para seguir luchando a nuestro lado, y así nos amalgamamos definitivamente para siempre en la lucha, en el riesgo, en el dolor, en el sacrificio, en la esperanza, en la dignidad, en la victoria, en la alegría… ¡En la Vida!
El 25 de julio del 2002 sembramos a nuestro hermano José Enrique Espinoza Juárez, fallecido el día anterior, víctima de la cobarde golpiza que le propinó la policía el 11 de julio. Ese día también desterramos de nuestro ser colectivo cualquier residuo de miedo, angustia o duda. Ese día preñamos a la muerte, que dejó de ser tal para nosotros. Ese día enterramos para siempre el decreto maldito y nauseabundo, cuyo certificado se tardaron en expedir hasta el 01 de agosto del mismo año. Las hienas escondieron su garra en espera de tiempos más propicios. Nosotros fundimos paliacate y machete donde se pueden volver a tomar: en el cerebro, en el corazón y en los órganos que afiebrados irradian más vida siempre.
Como era de esperarse el júbilo de vencer al gobierno fue mayúsculo. Algunos de nuestros compañeros decidieron que era suficiente caminar, otros no. Intuíamos que las victorias o las derrotas son pasajeras, que lo permanente era la lucha, y descubrimos además que estábamos en las mismas condiciones de pobreza y opresión que las que existían antes de que Fox decretara la ley de su avaricia y la de los suyos. Nos percatamos de tener una victoria que a final de cuentas nos había dejado como estábamos antes de tener que defendernos. La “fama” no nos servía para vivir. Había, por tanto, que continuar, había que ir ahora por la Patria toda, recuperarla, hacerla nuestra, quitársela de las manos a quienes la postran y saquean, a quienes no la aman sino que la prostituyen en su beneficio. Tenía que ser ya, teníamos que comenzar o continuar según se vea, ahora que habíamos confirmado que no fue imprudente soñar en derribar aviones piratas con machetes guerreros, ahora que descubrimos la fuerza vital y transformadora que se acurruca en la entraña del pueblo cuando se despierta de un largo letargo, ahora que la luz acariciaba para siempre el alma. Así que no permanecimos plácidamente a contemplarnos en el espejo para celebrar la victoria y vivir ornamentando laureles hasta el ridículo. No. Decidimos continuar y acompañar a todos los que en otras latitudes se defendían de cualquier injusticia. Salimos al encuentro de los que nos tendieron su mano cuando los necesitamos, les fuimos a agradecer y a decir aquí estamos, aquí seguimos, pueden contar con nosotros siempre, no se rindan, adelante, merecemos mucho más que esta podredumbre de Sistema. Así nos honramos en marchar con obreros, estudiantes, colonos, campesinos, vendedores ambulantes, intelectuales y artistas, profesores, bases de apoyo del EZLN; en fin, con todo tipo de trabajadores, incluso llegamos a Centroamérica y Europa, siempre llevando nuestra modesta solidaridad concreta, efectiva, oportuna, alegre, desinteresada.
Y comenzó un nuevo tiempo en la vida de nuestro FDPT. Comenzaron a acercarse campesinos de distintos lugares y se fueron incorporando en los hechos, paulatinamente fuimos creciendo, ora defendiendo el monte, ora el transporte autónomo, ora impidiendo el establecimiento de unidades habitacionales en tierras ejidales casi despojadas, poco a poco nos volvimos aglutinador expansivo. Nuestra tierra se convirtió, además, en pólvora de Dignidad.
Siguió la incesante batalla por el mejoramiento de nuestras condiciones de vida. Se instaló una mesa de diálogo ante el gobierno, donde persistentemente demandamos la creación de centros educativos con cobertura para todos los que lo requirieran, sin exclusión; exigimos el establecimiento de programas de desarrollo productivo regional; arrancamos un fideicomiso de 800,000 pesos para la familia de nuestro compañero asesinado, así como la garantía de la educación de sus hijos hasta los estudios universitarios y un trabajo digno, con categoría de base definitiva, para su esposa y compañera; obtuvimos la libertad de compañeros reciente e injustamente presos. Recuperamos incluso el dinero que no sabemos quien depositó como fianza por cada uno de nuestros presos el 11 de julio, para que salieran de inmediato en medio de la crisis, mismo que destinamos para cubrir los honorarios de nuestros abogados. Además ganamos con esfuerzo dedicado la representación formal del Comisariado Ejidal, para asegurarnos de la inviolabilidad de nuestro territorio. Asimismo intentamos articular el movimiento femenino local con miras a una mayor participación y crecimiento cualitativo.
Esto sin dejar de hacer lo que habíamos aprendido en el proceso. Nuestra solidaridad abrió los brazos a todo intento organizativo que se generó entre los distintos sectores de la población nacional en lucha. Forjamos naturalmente un vínculo indisoluble con nuestros hermanos zapatistas y nos adherimos al esfuerzo de construcción de “La Otra Campaña” como proyecto serio de convergencia para la transformación social urgente y necesaria. No debíamos caminar solos, teníamos que buscar a los iguales en todos los sitios donde intuíamos que podrían estar, navegar juntos y encontrar la definición de su ser verdadero por la práctica más que por el discurso, por la fecundidad más que por la apariencia.
Y en eso llegó el terrorismo de Estado. Quedando claras la falsedad del avance democrático de las instituciones, la modernidad del estado de derecho y la inviolable potestad del ejercicio de los derechos humanos y las libertades políticas. Supimos que el dominio y odio de clase de los explotadores está más vivo que nunca y que no desaparecerá por su propia voluntad. No hubo jamás un fin de la Historia. Nunca lo creímos. Ahora lo reconfirmamos.
El deshonor más deshumanizado se consagró para México, en el nuevo milenio, los días 3 y 4 de mayo del año 2006. Cuando la mediocridad, cobardía y abyección de los tres niveles de gobierno, el federal panista, el estatal priísta y el municipal perredista, administrados respectivamente por Vicente Fox Quezada, Enrique Peña Nieto , Nazario Gutiérrez Martínez (Texcoco) y Pascual Pineda Sánchez (Atenco) , lanzaron cuatro mil orangutanes ejemplarmente amaestrados para aniquilar al FPDT. El cielo se descuajó y los tenebrosos arquitectos de la noche hicieron su primer festín de sangre, lodo y mierda. La bestia fascista comenzó a enseñar sus asquerosas y descomunales garras.
IV.- EL TAMAÑO DE SU MIEDO AL PUEBLO.
Javier Cortés Santiago (16 años) y Alexis Benhumea Hernández (20 años) cayeron asesinados y sumaron sus nombres a la lista de guardianes guerreros de la luz, cazadores de las sombras, que custodian la Primavera que inexorablemente vendrá un nuevo día. Veintinueve hermanos fueron secuestrados en la cárcel de Santiaguito, tres en el penal de máximo exterminio conocido como Del Altiplano, antes La Palma, y cuatro menores en el Consejo Tutelar de Texcoco. Cinco fueron deportados sumariamente. Ciento cuarenta y cuatro adultos y cinco menores fueron detenidos y excarcelados con libertad condicionada a la sentencia del proceso judicial vigente, después de pagar la tarifa que la ley, esa vieja puta, les exigió. Un número indeterminado de órdenes de aprehensión penden aún sobre varios hermanos y a lo lejos se escuchan carcajadas macabras de los poderosos.
Terrorismo de Estado puro vivimos esas gélidas, negras y fétidas horas transcurridas como siglos. Pero jamás nuestros semejantes nos dejaron solos ante esta pesadilla. Por todo el mundo se escuchó la voz sublime de la solidaridad. La Comisión Sexta del EZLN y La Otra Campaña fueron los primeros en ese gesto por siempre inolvidable. Luego vinieron otros, a quienes igual guardamos un lugar en el corazón.
Ante un enemigo infinitamente superior resistimos de mil formas simultáneas: huyendo; refugiándonos; sanando las heridas para volver a la trinchera; negándonos a las fauces de las mazmorras, aún dentro de ellas; arengando al alma en las casas que infortunadamente visitó el horror; recontactándonos; reorganizándonos; marchando en mitin público y privado; movilizándonos venciendo el veneno del miedo que quisieron inocularnos; diciéndonos con el silencio y a distancia que jamás nos soltaremos de las manos; buscando indignados la manera de impedir que desconocidos y advenedizos “militantes” del FPDT hurten y usufructúen en su personal beneficio el dinero que llegaba generoso en apoyo para nuestra Organización, hasta antes de los sucesos de Oaxaca, donde la APPO fue parida por la Aurora ; soportando la vigilancia permanente de los malditos; sorteando las emboscadas para desaparecernos o agredirnos; enfrentando la calumnia que intenta sembrar discordia y desconfianza entre los nuestros; soportando el dolor que da la incomprensión de quienes hacen por nosotros sin nosotros, quienes regatean su apoyo por que dicen que sólo debemos aceptar su solidaridad en monopolio exclusivo y excluyente; bebiéndonos la arrogancia de los puros de oratoria que nos ningunean ahora por que nos descubren frágiles en teoría sistematizada; detectando a los agentes del estado infiltrados, que se ponen camisetas de La Otra Campaña (les gustan esas particularmente, y pese a ello no la demeritan ante nosotros) en tanto que hurgan y rehurgan para obtener pistas sobre el paradero de los compañeros resguardados, simbolizados en nuestra América hermosa y digna; protegiendo en nuestro pecho la concentrada luz que irradia la Esperanza en un tiempo mejor.
Es breve nuestra existencia como FPDT comparado con el devenir de los siglos, y por el momento encontramos tres etapas diferenciadas a partir de su cualidad: la primera, que va desde el surgimiento hasta la victoria contra el aeropuerto; la segunda, que comprende el crecimiento propio con la adhesión de mas comunidades, el establecimiento de mesas de interlocución con el gobierno estatal para exigir solución a demandas concretas, la solidaridad de vuelta a las organizaciones e individuos de nuestra extensa geografía nacional, la vinculación con ese esfuerzo fundamental de construcción que es la Otra Campaña y hasta la represión funesta de mayo del 2006; la tercera que abarca desde nuestra rearticulación y sobrevivencia, la adecuación de nuestra política de alianzas a las condiciones que enfrentamos, hasta la obtención de la libertad de nuestros hermanos presos. Libertad que no dudamos llegará.
Vaya que nuestros enemigos tienen razones para odiarnos por amar. Su odio avanza a la velocidad de sesenta y siete años por milésima de segundo, como la sentencia que deliran que podrán ver cumplida en nuestros hermanos. Por que nosotros ya somos dueños, desde antes, de la victoria moral e histórica y muy pronto lo seremos también de la política.
Por que la adversidad nos ha templado para los desafíos que nos proponga nuestro tiempo. Por que tras la intención de aniquilarnos estamos vivos y en pie de lucha, como descendientes de Nezahualcóyotl que somos. Por que no estamos solos. Por que aquí vamos y pese a todo todavía cantamos. Por que somos Amor a filo de machete en vuelo…

¡ LIBERTAD A LOS PRESOS POLITICOS DE MEXICO Y EL MUNDO!
¡ ZAPATA VIVE, LA LUCHA SIGUE !
¡ VIVA LA LUCHA DE LOS PUEBLOS POR SU LIBERACION! San Salvador Atenco, estado de México, República Mexicana, septiembre del 2007.

Los elementos antisistémicos

Por Gustavo Castro Soto *
http://www.ecoportal.net/content/view/full/71696

Muchas expresiones se revelan frente al Sistema Capitalista que hoy nos domina y en contra sus consecuencias destructivas. Pero también otros mundos en diversas partes de nuestro planeta se han logrado mantener por décadas o siglos, resistiendo, a veces silenciosos, a veces moribundos, a veces sobreviviendo, a veces resucitando. Necesitamos rescatar estos otros mundos que dan esperanzas de que se pueda vivir sin el capitalismo.

La situación de pobreza, miseria, hambre, migración, feminicidios, guerras, cambio climático y destrucción medioambiental, entre otros indicadores graves que se van agudizando y que vivimos en nuestro planeta, fruto del sistema que actualmente impera, nos hace pensar que otros mundos son posibles. Que deben existir otras alternativas donde todos los mundos quepan, donde la humanidad pueda vivir en plenitud, dignidad y felicidad.

Muchas expresiones se revelan frente al Sistema Capitalista que hoy nos domina y en contra sus consecuencias destructivas. Pero también otros mundos en diversas partes de nuestro planeta se han logrado mantener por décadas o siglos, resistiendo, a veces silenciosos, a veces moribundos, a veces sobreviviendo, a veces resucitando. Necesitamos rescatar estos otros mundos que dan esperanzas de que se pueda vivir sin el capitalismo. Pero también necesitamos rescatar las diversas expresiones que se revelan contra este sistema y que quieren asomar otros mundos posibles y alternativos.

Pero, ¿qué significa que algo o alguien sea anti sistémico? Para ello debemos descubrir y ser conscientes de lo que es el Sistema Capitalista. Y luego sabremos quién es anti sistémico, qué es anti sistémico, quién genera una experiencia anti sistémica.

¿Qué es el Capitalismo? Es un sistema político, social, militar y económico donde predomina la propiedad privada y el capital como elemento de producción y generador de riqueza. Entre sus elementos teóricos está el interés propio y la libertad de las empresas (a buscar la mayor acumulación del capital), del trabajador (a buscar el mayor salario) y del consumidor (a buscar el mejor precio). La competencia se da entre las ofertas, las demandas y entre ambos que en el mercado regula los precios de los bienes y servicios. El capitalismo tiene contradicciones inherentes que provocan crisis cíclicas. Durante la historia ha tenido diversos modelos o formas de estar previos a procesos de transición modélica. Su lógica intrínseca de acumulación del capital lo lleva a su propia destrucción. Lejos de agotar el tema, podemos hacer un breve recuento de los modos o modelos que ha tenido este sistema.

Modelo Liberal (1840-1945) Resaltó la libertad individual, de empresa, de comercio, de decidir qué y cómo producir, de competencia y el derecho la propiedad privada garantizada por el Estado. El capitalismo industrial se impulsó con el invento de la máquina y su incorporación a la producción. El liberalismo rechazó el mercantilismo (el Estado controlador del quehacer económico de una nación) y que el Estado no impusiera límites a la forma y cantidad de obtener ganancias sino que generara condiciones (infraestructura) que permitan a los empresarios privados obtener mayores ganancias. La economía estaría regida por una ‘mano invisible’ donde la libre competencia y el movimiento de la oferta y la demanda regularían la economía. El liberalismo significó mayor explotación para los trabajadores. Su antítesis: el marxismo. Este modelo entra en crisis con la I y II Guerra Mundial (1914-1945).

Modelo Estado de Bienestar (1945-1970) Se justifica luego de la II Guerra Mundial. El Estado tendría que salvar la economía y generar bienestar en la población. Su agenda y sustento ideológico: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Cada país debía sustituir las importaciones ante la debacle de la economía mundial. Bajo las premisas de Keynes (1883-1946) surge en Bretton Woods el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) para fortalecer el papel del estado en las economías nacionales. EE.UU. institucionaliza su hegemonía económica, política, militar y comercial. La Deuda Externa de los países pobres creció hasta que su crisis generó otra transición en la década de los 70.

Modelo Neoliberal (1970-2000) Una vez construido el aparato del Estado, sus economías e infraestructura, y bajo la presión de la deuda externa generada por las Instituciones Financieras internacionales (IFI’s) hacia los países pobres y en vías de desarrollo, el gran capital transnacional se lanza por el control de la economía. El Estado debe reducirse y abrirse nuevamente al liberalismo económico que fortalece la acumulación endógena del capitalismo con pobres cada vez más pobres y pocos ricos cada vez más ricos. El Estado interviene para incrementar la inversión y la demanda evitando las crisis cíclicas. Sólo se encargaría del ordenamiento jurídico que garantice ciertas libertades civiles, el control de la seguridad interna por medio de las fuerzas armadas en conjunto con la policía, la implantación de políticas indispensables para el funcionamiento de los mercados y el respeto de la propiedad privada. En la década de los ’90 entra en crisis para dar pie al siguiente modelo.

Modelo Corporación-Nación (2000-?) La mercantilización de todo cuanto existe en el planeta bajo la propiedad privada por parte de las grandes Corporaciones Trasnacionales se empieza a cohesionar a partir del Siglo XXI. Entre las características están: monopolización; adquisición y fusión entre sectores; cuentan con sus propias políticas laborales, salariales y de salud por encima de los gobiernos nacionales; mantienen relaciones diplomáticas con gobiernos; tienen a sus directivos en las estructuras del estado que velan por sus intereses; desarrollan sus propios valores, identidad, cultura, clubes, asociaciones familiares, símbolos e himnos que transmiten sus formas de pensar y vivir. Mueven sus capitales, insumos, técnicos y especialistas sin obstáculos en las fronteras. Cuentan con su propia seguridad, policía privada, infraestructura, plantas de energía eléctrica y territorio controlado. Elaboran las reglas comerciales en los TLC y conforman sus propios tribunales internacionales para defender sus intereses por encima de los intereses de los países. Cuentan con más presupuesto que naciones del planeta y garantizan un seguro a sus inversiones. Han plagiado el lenguaje de los derechos humanos para incorporarlos en la defensa de sus intereses. Al control de sus mercancías por otros gobiernos le llaman discriminación y al bloqueo de las del sur “protección de sus intereses”; a los subsidios a otros le llaman “competencia desleal” mientras a ellas se les aumentan; al impedimento de inversiones ecológicamente dañinas le llaman violación a la “libertad de inversión”. Se están adueñando de los recursos estratégicos de otros países como el petróleo y otros recursos mineros, el agua, el gas, la madera, biodiversidad y el material genético, el oxígeno, el mar, el espacio aéreo y la tierra. Para ellas el papel de los gobiernos es velar por sus intereses.

El Circuito. El Sistema Capitalista implementa el circuito que acelera la acumulación del capital en grandes monopolios privados. Tiene 7 Elementos: 1) Sujeto Principal (Corporaciones Trasnacionales y el gran Capital Financiero) quien se beneficia y a quien va dirigida la acumulación de la riqueza. 2) Aliados principales que son los gobiernos más poderosos (G-7) quienes a su vez utilizan un 3) Instrumento fundamental (IFI’s) para generar un 4) Mecanismo de control y dependencia (Deuda Externa) que obligue a los países pobres a implementar 5) Políticas (Políticas de Ajuste Estructural PAE) que garanticen tal acumulación. Este proceso se da en torno a diversos 6) Escenarios de imposición que legalizan dicha explotación bajo una 7) Correlación de Fuerzas favorable (OMC, Foro Económico de Davos, TLC’s, ALCA, APEC, PPP, IIRSA, etc.). Este proyecto económico va acompañado de una estructura militar que lo garantice ante la evidente falta de consenso mundial.

La crisis del capitalismo.

La crisis mundial del capitalismo se agudiza al iniciar el Siglo XXI y se prepara el mundo a transitar hacia otro sistema mundial. Los indicadores de esta crisis son económicos, políticos, sociales y medioambientales: crisis de las supuestas democracias al servicio del gran capital trasnacional; estancamiento económico y estanflación; agudización y ampliación de la pobreza, el hambre y las muertes; acumulación de la riqueza en pocas manos; aumento de las movilizaciones de protestas mundiales y represión; impacto medioambiental con este sistema que hace insustentable la vida planetaria.

El Sistema Capitalista tuvo un principio y tendrá un fin. El principio del ‘movimiento’ invade no sólo la vida biológica sino política y social lo que impide que nada se mantenga estático sino que la vida fluya. Esto significa que no hemos llegado al fin de la historia ni que un sistema o modelo del sistema definitivo y perenne.

Entre los elementos claves inherentes, intrínsecos y sin los cuales el sistema capitalista no podría funcionar, encontramos:

1) Competencia. Cultura, discurso y práctica que alimenta el encono y la frustración; el ganador y el perdedor. Esta “selección natural capitalista” provoca que unos cuantos ganadores sean los premiados por los beneficios del sistema.

2) Acumulación de capital. El sistema capitalista genera sus propios patrones de acumulación así como una estructura que garantice este proceso. Bancos, leyes, intereses, apropiación de excedentes, etc., propician esta acumulación.

3) Homogenización. Para el capitalismo es necesario que los patrones de acumulación estén cimentados en reglas, normas y estandarización política, económica y cultural que favorezca y facilite la acumulación.

4) Relación patrón-obrero. Un solo dueño y trabajadores que no son dueños de los medios para producir sino sólo de su mano de obra.

5) Patriarcal. El capitalismo no puede subsistir sin la relación de dominio de género, del hombre sobre la mujer explotada por medio de la feminización del capital que garantice la acumulación.

6) Especulación. La acumulación del capital se finca en la especulación más que en producir lo que la vida digna necesita para ser feliz.

7) Antidemocracia. El capitalismo responde a la lucha de intereses de unos cuantos que se van imponiendo sobre los intereses de las mayorías.

8) Endeuda. Como principio básico de la acumulación y la dependencia, el capitalismo es intrínsecamente endeudante.

9) Empobrecimiento. La competencia genera perdedores que no tienen acceso al capital y cuya tendencia es al incremento de la acumulación en pocas manos y la generación de grandes masas de perdedores.

10) Racismo. El capitalismo es intrínsecamente racista que busca el poder de los privilegios de unos sobre otros.

11) Ecocidio. El capitalismo conlleva a la destrucción del medio ambiente por el consumismo desmedido de materia prima hacia la apropiación y acumulación de la riqueza.

12) Monopolio. Consecuencia ingobernable de la competencia salvaje y de la eliminación del adversario económico.

13) Explotación. No hay acumulación del capital sin la explotación sin distribución de los beneficios del supuesto desarrollo entre ricos y pobres; norte y sur; norte global y sur global.

14) Consumismo. Predomina el consumo por el consumo en una carrera sin fin y sin medir las necesidades reales. El consumo desmedido de lo que se produce independientemente de su necesidad genera la acumulación de la riqueza.

15) Privado. La apropiación del capital financiero, humano, social, político y medioambiental, se cimienta sobre la propiedad privada frente a los público y social.

16) Dependencia. La acumulación del capital se finca sobre la dependencia de unos sobre otros en términos políticos, sociales, culturales, económicos y medioambientales. Estos dos polos que no pueden vivir uno sin el otro, su tendencia es a ir aumentando la distancia entre ellos.

17) Guerra. La imposición bélica del sistema es una modalidad inherente ya que siempre se encontrará con expresiones de inconformidad y falta de consenso durante el proceso de acumulación.

Elementos anti sistémicos de otros mundos.

Cuando hablamos de una experiencia anti sistémica nos referimos al discurso y práctica unidos en un individuo o colectivo social con características distintas o diametralmente opuestas a las que alimenta al sistema capitalista.

Las expresiones y experiencias anti sistémicas siempre han existido. Unas con mayor o menor impacto, con mayor o menor presencia social, con mayor tiempo o menor de duración histórica. Sin embargo, ellas no lograron conformar un sistema hegemónico que globalice las reglas de vida de toda la humanidad, como lo ha hecho el sistema capitalista porque no son su esencia sino la diversidad. Curiosamente otros mundos subsistentes no capitalistas se encuentran entre diversas culturas indígenas del mundo, y las alternativas antisistémicas emergentes se dan por lo general en las zonas rurales o entre la población excluida de los supuestos beneficios del sistema dominante actual. Los que reciben algún beneficio cuidan que ese interés se mantenga, se perpetúe y mejore, por lo que es difícil encontrar expresiones anti sistémicas entre este sector de la población, sino más bien expresiones reformistas o de argumentos de “humanización” del capitalismo, de capital humano, etc.

Otros mundos no capitalistas subsistentes y las alternativas anti sistémicas emergentes tendrán que experimentar varias de estas características. Mientras más características experimenten más antisistémica será y por tanto más dibuja una alternativa al capitalismo:

1) Participación. Contraria a la competencia capitalista la población participa de manera activa y creativa para construir su mundo sin el detrimento de que otros queden rezagados en el camino.

2) Distribución. Contraria a la acumulación. Este mundo reparte lo que sobra, los excedentes. Nadie acumula y el valor de compartir sobresale y se contrapone al valor del acumular. El rico no tiene cabida en este sistema-mundo. Los bienes alcanzan para todos: agua, tierra, alimentos, etc.

3) Diversidad. Contrario a la homogeneización la diversidad complementa y enriquece; la diversidad biológica y cultural alimenta los mundos; la diversidad une y no separa.

4) Colectividad. Contrario a la relación dueño y desposeído, el proyecto mundo es de la colectividad. No hay patrón. Hay iguales.

5) Perspectiva de género. Contrario al sistema patriarcal, es una visión científica, analítica y política sobre las mujeres y los hombres. Elimina las causas de la opresión de género (desigualdad, la injusticia y la jerarquización de las personas basada en el género). Promueve la igualdad entre los géneros a través de la equidad, el adelanto y el bienestar de las mujeres; contribuye a construir una sociedad en donde las mujeres y los hombres tengan el mismo valor, la igualdad de derechos y oportunidades para acceder a los recursos económicos y a la representación política y social en los ámbitos de toma de decisiones.

6) Necesidades. A diferencia de la especulación, las necesidades reales marcan la producción y reproducción de la vida.

7) Democracia. Sin totalitarismos, imposiciones o decretos para imponer voluntades de pocos, la participación informada y activa construye futuro y dignidad.

8) Solidaridad. No hay deudas que pagar, hay solidaridad que expresar.

9) Para todos todo. A diferencia del empobrecimiento de la mayoría y enriquecimiento de muchos, la riqueza material, cultural y de cualquier tipo alcanza para todos y todas; es de todos y todas.

10) Igualdad. A diferencia del racismo y los privilegios que genera, se expresa y se vive las relaciones de igualdad en derechos pero también en obligaciones colectivas.

11) Ecológico. Contrario al ecocidio, respeta la naturaleza y vive en armonía con ella.
Hace uso razonable y sustentable.

12) Soberanía. Contrario al control monopólico sobre los bienes, la capacidad de definir por sí mismo el rumbo y el camino que se quiere tomar para vivir en plenitud.

13) Equidad. A diferencia de la explotación, las relaciones ni el bienestar de unos es a costa del sufrimiento, el hambre y la pobreza de otros.

14) Justeza. Sin necesidad de generar necesidades artificiales que consuman desproporcionadamente el sistema, se usa lo que se necesita con justeza.

15) Público. No convierte todo lo que ve y encuentra en propiedad privada, sino que garantiza el beneficio de todos y todas.

16) Autonomía. Sin dependencia parasitaria sino unidad en la diversidad de visiones y modos propios de autogestión y en libertad.

17) Paz. Contraria a la guerra que alimenta la vida y la economía, es la diversidad, la autonomía, la soberanía como sinónimos de paz, que no se entiende como la mera ausencia de balas o conflictos armados o la mera pacificación mientras sigue existiendo el hambre y la violencia institucionalizada, sino la paz con justicia, equidad y felicidad para todos y todas.

18) Nuevo lenguaje. Una nueva forma de llamarle a las cosas en el nuevo sistemamundo que no repita o solo reformule la conceptualización capitalista.

19) Visión política. Clara conciencia de querer vivir y expresar otros mundos diferentes al capitalismo.

20) Derechos Humanos. Donde toda persona humana, su felicidad y su plenitud, sea el objetivo central del proyecto político. No como una dádiva o regalo, sino como los elementos esenciales para poder vivir esa plenitud. No como un mero derecho, sino también como una obligación que liga con la sociedad.

La falta de total coherencia en la aplicación de estas características no invalida la experiencia anti sistémica. Estamos en el entendido de que es un proceso la construcción de alternativas para que otros mundos sean posibles. Por ello no se puede vivir una mutación genética sociopolítica de manera inmediata, espontánea y radicalmente distinta al sistema hegemónico capitalista, sino como parte de un desprendimiento de la vieja piel para cubrirse de otra alternativa. Esta transición implica por tanto incoherencias, contradicciones, pero con una direccionalidad por medio del desprendimiento para dar origen y parir otros mundos. www.ecoportal.net

Otros Mundos, A.C./Chiapas, México
www.otrosmundoschiapas.org
www.otherworldsarepossible.org
15 de Julio de 2007

La sexta declaración y la otra campaña: Un programa y un proyecto para la continuidad del capitalismo

Índice.

I.- La Otra Campaña: Un proyecto zapatista.
1.1 Rumbo a la refundación del FZLN.
1.2 La Otra Campaña y su programa zapatista.

II.- La sexta declaración zapatista: Manual para defender al Estado capitalista.
2.1 Marcos y la teoría burguesa del Estado
2.2 La Otra Campaña: hacia la continuidad del capitalismo.

III.- Conclusiones.

I.- La Otra Campaña: Un proyecto zapatista.

Mucho se ha dicho sobre la Sexta declaración de la selva lacandona y su puesta en práctica a través de la llamada “Otra Campaña”. Este último llamado zapatista, vino acompañado por una alerta roja, por una despedida de la dirigencia zapatista y por toda una serie de hechos que despertaron, rápidamente, la curiosidad de propios y extraños. Todos se mantenían al tanto esperando información del EZLN. Entonces se dio a conocer “la sexta”. El EZLN declaraba que había hecho sus cálculos y que sabía que este “nuevo paso” le haría perder simpatizantes (todo el espectro de la intelectualidad de izquierda, todo el perredismo, etc., es decir, se estaba jugado el apoyo recibido por gran parte de la pequeño burguesía nacional y extranjera). Y vino la bomba, por primera vez, desde 1994, el EZLN se declaraba públicamente “anticapitalista” (aunque muy astutamente y buscando que no todos sus simpatizantes del ala de la pequeño burguesía se le escaparan, nunca se declararon socialistas; y no solo eso, sino que Marcos se cansó de decir que la “sexta” y la otra campaña, eran algo nuevo, algo nunca antes visto, algo que no copiaba cosas del pasado sino que generaba algo nuevo, “otra cosa”).

La sexta básicamente llamaba a la unión de las organizaciones e individuos de “izquierda y anticapitalistas”. Marcos, dos meses después de publicada “la sexta“, durante las asambleas “preparatorias” inició una campaña que buscaba dejar en claro que ésta no sería sólo una campaña zapatista, sino que, según él, sería de todos los que se adhirieran a la sexta. A dos años de haber salido a la luz “la sexta” ¿Cuáles son las bases de esta unión? ¿Es la otra campaña una campaña de todos o una campaña zapatista más? La respuesta a la primera pregunta nos da, casi automáticamente, la respuesta a la segunda. Es una realidad, es una verdad irrefutable, que la unión en la otra campaña, es la unión tras una figura; en otras palabras, lo único que une a quienes participan en la otra campaña, es su admiración por el mítico guerrillero, aspirante a sucesor del “Che” Guevara, el subcomandante Marcos. La otra campaña dista mucho de ser la unión de los “anticapitalistas”, es más bien, la unión de los admiradores de la estrella favorita del altermundismo pequeño-burgués. Quien nos lee, puede decir que nos encontramos exagerando. Nada de eso, y prueba de lo que decimos son las horas que el personaje encapuchado destinaba a la firma de autógrafos y a la foto del recuerdo, cargando al niño, con “la gente de abajo” y también, cómo no, con algunas artistas de “izquierda”, seguramente, bastante “anticapitalistas“. Sin embargo queremos aclarar, eso sí, que hablamos de la generalidad de quienes participan en la otra campaña. Existen, pues, pequeñísimas excepciones, que confirman la regla.

Otro ejemplo de esto fueron (y son) las asambleas locales, quienes destinaban horas y horas para organizar el recibimiento de tan distinguido personaje; por días, semanas y meses, las asambleas locales de la otra campaña, se dedicaron exclusivamente a organizar quién daría de comer a Marcos, quién lo hospedaría, quién lo cuidaría, quién lo atendería si se enfermaba, etc.

Resulta evidente que siendo el seguidismo a Marcos el punto nodal de la unión en la otra campaña, ésta no puede ser más que una campaña zapatista. Todo gira alrededor de Marcos y del EZLN, y todos los demás, se dedican a ajustarse a los tiempos, a la agenda y a la forma de trabajo impuesta por Marcos y el EZLN. Esto, en realidad, estaba claro desde un principio, el proyecto de la otra campaña, fue presentado como un proyecto a largo plazo, que contaba con las primeras tres etapas, perfectamente bien definidas. La primera etapa consistía en la gira de Marcos por todo México; la segunda etapa consistía en el establecimiento de comisiones de la dirigencia zapatista por zonas a lo largo y ancho del país; y la tercer etapa consiste en la profundización de la presencia de los cuadros zapatistas en México, ahora no por regiones, sino en cada uno de los estados y por tiempo indefinido. Por supuesto, estas etapas nunca estuvieron a discusión. ¿Qué es esto si no una campaña zapatista?

Otro ejemplo de esto, y que pudiera resultar mas clarificador aún, es cómo el subcomandante Marcos suspendió su gira, (propuesta por él, en los tiempos y bajo las condiciones del EZLN) sin consultar absolutamente a nadie, dejando así vestidos y alborotados (hasta nuevo aviso) a los estados del norte.

Hay muchos ejemplos más, como las revisiones que hacía Marcos de las actividades que programaban las coordinadoras locales, que podían ser modificadas a capricho del “distinguido visitante” o cuestiones como la entonación del “himno zapatista” en casi todas las actividades publicas de la OC.

No nos vamos a extender más en demostrar que la otra campaña es dirigida en su totalidad por el EZLN y que la agenda de la misma es establecida por éste; quienes participan en la otra campaña, saben perfectamente que esto es cierto y no amerita mayor comprobación.

Rumbo a la refundación del FZLN.

Durante la reunión con organizaciones políticas, Marcos realizaba un énfasis en que no buscaba robarse a las bases sociales de esas organizaciones, que el EZLN no quería quitarles la dirección de sus movimientos, sino que solo buscaban unir las luchas. Así lo explicaba el dirigente zapatista:

“El EZLN no tiene trabajo obrero, ni estudiantil, sino fundamentalmente su trabajo es indígena; no vamos a disputarle a ustedes la tendencia moral y la legitimidad que se ha ganado el movimiento obrero campesino popular o como le quieran llamarle, ni vamos a disputar con ustedes la dirección de esos movimientos, la Sexta es muy clara, queremos unir nuestras luchas con las luchas de obreros y campesinos, no queremos dirigir la lucha de obreros y campesinos.”
SC. Marcos; reunión preparatoria, 6 de Agosto de 2005.

¿Acaso el fracaso del FZLN [1] había llevado al EZLN a dejar de lado el esfuerzo por generar su propio brazo político y a limitarse a la unión con organizaciones políticas y populares de la ciudad y el campo? La disolución del FZLN pudiera hacernos pensar esto, pero basta con revisar el comunicado del CCRI-CG del EZLN sobre la disolución del FZLN para darnos cuenta de que aquél no sólo no ha renunciado a la formación de su propio brazo político, sino que trabaja a marchas forzadas para la refundación del mismo después del fracaso del FZLN. El párrafo siguiente de dicho comunicado así lo explica:

“A finales del pasado mes de octubre de este año de 2005, una delegación CCRI-CG del EZLN se reunió con algunos miembros del Frente Zapatista de Liberación Nacional y les pidió que consultaran a todos los compañeros y compañeras frentistas la posibilidad de disolver la estructura orgánica del FZLN y devolver al EZLN el nombre de esa organización política civil zapatista, convocada en su origen y fines por el EZLN
Esto con el objetivo de dejar en libertad al EZLN para refundar una organización zapatista, civil y pacífica, que, ratificando los principios enunciados en la IV Declaración, incorporara los avanzados en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona (anticapitalista y de izquierda), con los méritos logrados por el FZLN en 10 años de vida, tratando de evitar los errores y vicios que se estuvieron presentando en su trabajo, y, ahora sí, con la participación directa de zapatistas del EZLN”
Comunicado del CCRI-CG del EZLN; México, Noviembre de 2005.

Resulta evidente, pues, que el EZLN sigue apostando por la construcción de su brazo político a nivel nacional o en sus propias palabras “una organización política zapatista civil y pacifica”. Todo indica, entonces, que el recorrido de la dirigencia zapatista, por el país entero, no tiene sólo la intención de “escuchar a la gente de abajo” sino que además aprovechan el viaje para refundar su brazo político. El propio Marcos sostenía:

“queremos dejar claro que el EZLN mantiene su línea, va a seguir promoviendo la aparición de nuevos sujetos sociales, la aparición de nuevas organizaciones, de nuevas formas de organización y de nuevos mundos.”
SC. Marcos; reunión preparatoria, 6 de Agosto de 2005.

El EZLN mantiene pues su línea, la misma que desde enero de 1996, hizo pública en su cuarta declaración: la de la construcción de su brazo político, la sexta es otro intento mas por lograrlo, como diría el mismo EZ en su comunicado sobre la disolución del FZLN: “una nueva etapa del zapatismo civil inicia”.

La Otra Campaña y su programa zapatista.

Pero el EZLN no sólo mantiene su línea en cuestiones organizativas; también lo hace en cuestiones programáticas. Y han advertido:

“Les aviso: la Sexta Declaración la vamos a cumplir aunque sea solos y si nadie pues quiere trabajar con nosotros, vamos a poner un letrero que diga: “se cortan cordones de hamaca, se despluman gallos”
SC. Marcos; ibíd.

Este aviso no es otra cosa que una afirmación: No se puede ser de la Otra Campaña, sin aceptar el programa zapatista expresado en la sexta declaración. La sexta marca una pauta, una serie de principios irreductibles que deben ser aceptados por todos sus adherentes. Se puede argumentar aquí, que la consulta de los famosos seis puntos era una forma en que “todos” hacían la sexta. Nada más alejado de la realidad: la sexta declaración de la selva lacandona es un documento de una organización político-militar, documento que cuenta con un principio, un desarrollo y un fin. Si verdaderamente se quería un documento de “todos” los “de izquierda y anticapitalistas ” se debió convocar a la creación de comités de debate locales en todo México que definieran una propuesta, cosa que no sucedió así, sino que al contrario se llamaba a firmar el documento, a adherirse a él.

La cuestión de los seis puntos se encuentra tan lejos de la realidad, que nunca pudieron llevarse a cabo. La Otra Campaña se encontraba en una primera etapa (¿votada cuándo?) y no encontraba (ni le interesaba encontrar) el momento para el supuesto debate de los seis puntos.

Los seis puntos que, supuestamente, se encontraban a debate fueron puestos por el EZLN. El mismo EZ se arrogó la función de autoridad y colocó los plazos para responderlos, creó los medios para recibir las respuestas a los seis puntos (una página en internet y una dirección física, solo en el DF). Se propuso como mediador para que “todos fueran escuchados”; se propuso para llevar el control de los resultados. Propuso un formato de respuesta, que en su primer pregunta (la de los principios básicos, es decir, la del programa) sólo aceptaba como respuesta un simple “si” o un “no”. Si elegías el no, ¿Qué hacías ahí?. El mensaje fue claro, el programa es ese y se le acepta en su conjunto o no se le acepta. Todas las demás preguntas eran sobre la forma organizativa de la otra campaña. ¿Y los resultados? Después de un primer informe que apenas y contenía al 10% de los que formaban la otra campaña, nunca más se supo de estos. ¿Y los seis puntos? ¡Olvidados!.

Queda claro que la otra campaña tiene una sola agenda: La del EZLN y tiene un solo programa: el del EZLN. El programa zapatista expresado en la sexta declaración es el pilar de la otra campaña. Ahí se marca el camino a seguir y se está de acuerdo o no se está, pero no se puede modificar en lo mas mínimo.

El despliegue de los cuadros zapatistas por todo México no es en vano y tiene un objetivo específico muy bien definido:

“Mi trabajo de esta delegación, el propio nombre del encomendado lo dice, somos la comisión sexta de la selva Lacandona y de la otra campaña; ese es mi trabajo. Una cosa, la comisión sexta es el espíritu para la otra campaña porque si la otra campaña va en un camino y dejamos a un lado la sexta declaración compañeros, vamos a acabar como arenas que lo lleva el viento y cada quien a su lado y así no vamos a poder, porque dentro de la sexta de la selva Lacandona hay ciertas recomendaciones: como debemos de ser dentro de la otra campaña y qué pensamos hacer para la otra campaña (…)”
Comandante Zebedeo; Monterrey, México. 5 de mayo 2007.

Zebedeo fue muy claro: el objetivo de la comisión sexta es guiar a la otra campaña por dentro de los márgenes del programa zapatista expuesto en la sexta declaración. Si a esto sumamos el “aviso” de Marcos de que la sexta la van a cumplir aunque sea solos, tenemos como resultado que todo intento de modificar la sexta será rechazado por el EZLN. Es por esto que no se puede participar en la otra campaña sin aceptar el programa zapatista, es decir, sin comprometer o incluso claudicar al programa propio.

II.- La sexta declaración zapatista: Manual para defender al Estado capitalista.

Algunas de las personas que se reclaman de la izquierda revolucionaria, llegan a asimilar el contenido de la sexta declaración como la ruptura del zapatismo con su pasado abiertamente reformista, que no es otra cosa que un conjunto de exigencias de derechos democráticos en el marco del Estado nacional burgués mexicano.

Bien es cierto que en una primera lectura de “la sexta”, el EZ parece desmarcarse de aquellas estrechas apelaciones a la legalidad burguesa, pues ésta declaración incluye un elemento que no contenían las cinco anteriores: La lucha contra el capitalismo.

Sin embargo, un análisis detallado de “la sexta” demuestra que dicho programa y el proyecto político que propone (la Otra Campaña) no son más que el mismo intento zapatista de siempre, el de defender, rescatar y refortalecer el Estado capitalista mexicano.

Por tanto, la sexta declaración, si bien incorpora un ligero cambio en el discurso zapatista, representa los mismos objetivos reformistas de siempre, y por lo tanto consideramos que aquellas organizaciones e individuos que colaboran en la Otra Campaña, aún haciéndolo desde una posición crítica [2] no hacen sino ayudar a cumplir los sueños de Marcos y el EZLN, los de volver a poner en pie al Estado nacionalista de los años 30’s, 40’s y 50’s.

Pese al discurso “anticapitalista” de la sexta declaración, las verdaderas intenciones del zapatismo siguen siendo las mismas desde su aparición pública: combatir solo al neoliberalismo, más no al capitalismo en toda su esencia. Y la lucha antineoliberal del EZ, al estar basada en el patrioterismo estatista, se convierte, en los hechos, en una defensa del capital nacional.

A lo largo de toda “la sexta” no hay más que una equiparación errónea entre el capitalismo y el neoliberalismo, es decir, cuando nos hablan de luchar contra el capitalismo, a lo único a lo que se refieren es a combatir al “modelo” económico que se viene imponiendo durante al menos dos décadas y media a lo largo del mundo, pero parece ser que “olvidan” que el “Estado de bienestar” que reinó en el mundo a partir de los años treintas también era una variante de capitalismo, que también estaba basado en la dominación y la explotación de una clase sobre otra, donde existían millonarios opulentos y masas populares miserables.

El que existe una equivocada equiparación de conceptos, y que esa equiparación convierte a la sexta en una defensa del capital nacional, se demuestra fácilmente cuando por ejemplo nos dicen:

“Entonces, la globalización neoliberal, o sea la capitalista, destruye lo que hay en esos países, destruye su cultura, su idioma, su sistema económico, su sistema político, y también destruye los modos en que se relacionan los que viven en ese país.”

¿Quiere esto decir que antes de la “conquista neoliberal” el sistema económico de aquellos países “conquistados” por la globalización, no era el capitalismo? ¿Antes de la globalización aquellos países ahora “conquistados”, vivían fuera, al margen del sistema capitalista? Y si según los zapatistas y sus seguidores, en esos países (como por ejemplo México) no había capitalismo ¿Quiere decir que eran países exentos de “robo, desprecio y despojo”, y que son un ejemplo de aquello por lo que debemos de luchar? Y si por el contrario, se admite que sus economías eran formas de capitalismo en las que estaban presentes todas las contradicciones capitalistas ¿Por qué razón se defiende en la sexta declaración una y otra vez aquél pasado?

Creemos que ésta última pregunta nos da la clave para su respuesta; el zapatismo añora al Estado paternalista y de “bienestar” preneoliberal y lucha por volver a ponerlo en pie. Una siguiente cita deja clara la añoranza del EZLN por el nacionalismo proteccionista que bajo el capitalismo no tiene otra intención que proteger el capital nacional, es decir, a la burguesía, a los explotadores nacionales, que se sienten amenazados por la competencia del capital extranjero:

“(…) algunas de las bases económicas de nuestro México, que eran el campo y la industria y el comercio nacionales, están bien destruidas y apenas quedan unos pocos escombros que seguro también van a vender”

También, añorando el proteccionismo burgués, dice “la sexta”:

“Y donde antes había créditos y precios de protección, ahora solo hay limosnas, ..y a veces ni eso”

Estas no son más que cantaletas nacionalistas burguesas que podrían quedar perfectas en los discursos de AMLO en el zócalo y durante su recorrido nacional. Esas “bases económicas de nuestro México” de las que habla Marcos, son las bases sobre las que se levantó el antiguo régimen priísta hasta tiempos de López Portillo, último defensor del “modelo” del “nacionalismo revolucionario”.

Y si bien es imposible negar la horrible devastación del neoliberalismo, y por tanto es imposible también negar que bajo aquel régimen proteccionista el nivel de vida de las masas populares era mucho mejor comparado con el nivel de hoy en día, es completamente inaceptable que ese régimen burgués sea presentado como “anticapitalismo” por la sexta declaración. La nostalgia por aquel “modelo” donde “había créditos y precios de protección” no tiene absolutamente nada que ver con el anticapitalismo, y sí tiene, por el contrario, muchas semejanzas con la indignación de la pequeño y mediana burguesía mexicana que fue la que más se vio afectada con la entrada en vigor del TLC.

El mismo nombre del EZLN expresa que su programa está contrapuesto a los intereses históricos del proletariado, y que el EZ no puede ser más que un exponente radical de la defensa del capital nacional, pues como su nombre lo dice, su proyecto es la “liberación nacional”, la liberación del Estado-Nación mexicano, o sea de todas las clases que habitan dentro de sus márgenes, incluida, claro está, la burguesía mexicana.

El proyecto de “liberación nacional” está en contradicción con el de la liberación del proletariado, del pueblo explotado. La “reconciliación” (nefasta para los explotados) de ambos proyectos fue obra del estalinismo y del maoísmo durante los 60’s y 70’s, que llevaron a los explotados a unirse a sus explotadores nacionales, bajo discursos patrióticos, para “combatir al imperialismo”. No es raro que el EZ defienda esa supuesta concepción “anticapitalista”, tomando en cuenta que las orientaciones políticas mencionadas influenciaron el nacimiento de las FLN, predecesoras del EZLN. Ese falso “anticapitalismo” patriótico es el que expresa el vocero del EZ, de manera repetitiva en la sexta declaración. Como ejemplo, el subcomandante marcos nos dice lo siguiente:

“En su lado del trabajador de la ciudad pues las fábricas cierran y se quedan sin trabajo, o se abren las que se llaman maquiladoras, que son del extranjero y que pagan una miseria por muchas horas de trabajo”

La “sexta” hace énfasis en el carácter extranjero de las maquiladoras, como si de la procedencia del capital y del patrón dependiera la explotación o no explotación del trabajador. La relación de producción capitalista mantiene en condición de explotados a los trabajadores asalariados, que con su trabajo enriquecen a sus patrones, los cuales da lo mismo que se llamen “Hans” o se llamen “Pedro”, que se apelliden “Harwood” o “Martínez”.

Pero si algún lector considera que somos demasiado injustos, y que calumniamos al EZ por considerarlos defensores del capital mexicano y por señalar que la “Otra campaña” es el plan para llevar adelante esa defensa, los dejamos con la siguiente cita, la que ayudará a clarificar un poco más nuestra posición:

“Y también dijeron que hay que abrir las fronteras para que entre todo el capital extranjero, que así se van a apurar los empresarios mexicanos y a hacer mejor las cosas. Pero ahora vemos que ya ni hay empresas nacionales, todo se lo comieron los extranjeros, y lo que venden está peor que lo que se hacía en México.”

El EZ se lamenta precisamente de lo que señalábamos apenas unos párrafos atrás, de que los explotadores ya no sean mexicanos, que ahora tengan apellidos y costumbres propias de lugares lejanos. Con su nacionalismo (ideología que impide que el proletariado se reconozca y se afirme como clase mundial) lo único que consigue el EZ es abogar por el “derecho de exclusividad” de los patrones mexicanos para explotar a sus “compatriotas”.

Toda la sexta declaración está impregnada de este discurso proteccionista burgués, a lo largo de todo el documento no hay más que evocaciones del viejo “nacionalismo revolucionario” y lo que aquel régimen representaba. De hecho el elemento central, la piedra angular de la sexta declaración es una prueba del verdadero programa burgués del EZ, que no representa en ningún momento una ruptura revolucionaria real. Ese elemento central al que nos referimos es el de la lucha por una nueva constitución, o lo que es lo mismo, nuevas leyes sobre las que se base el Estado mexicano.

Aquí hay un par de puntos para el análisis; el primero es que el zapatismo pretende, de manera utópica, que la lucha contra el capitalismo consiste en elaborar nuevas leyes. Su fórmula es hacer una “revolución política”, echar a los políticos neoliberales y poner al frente del Estado a individuos que elaboren leyes “justas” para los desposeídos. Se deja de lado que el elemento central y decisivo de la lucha anticapitalista es el de que los trabajadores destruyan las bases económicas de la sociedad capitalista, es decir, que hagan desaparecer la propiedad privada y que colectivicen (no hay que confundir con estatizar o nacionalizar) los medios de producción, distribución y de vida. La sexta declaración no habla en ningún momento de la apropiación de los medios de producción a manos del los trabajadores, todo lo reducen, siempre fieles al campo reformista, a hacer nuevas leyes para los pobres.

El segundo aspecto a estudiar es que la iniciativa de elaborar una nueva constitución. Una vez más demuestra (para quienes a estas alturas del documento aún no se han convencido) que “la sexta” y la Otra campaña son un instrumento para construir un Estado fuerte como el surgido de la revolución política burguesa de 1910. Así es que la Otra campaña busca luchar por una nueva constitución porque, según nos dice la sexta:

“(…) y es que la Constitución ya está toda manoseada y cambiada. Ya no es la que tenía los derechos y las libertades del pueblo trabajador, sino que ahora están los derechos y las libertades de los neoliberalistas para tener sus grandes ganancias”

Más claro imposible. El EZLN no tiene una contradicción de clase con la actual constitución mexicana. El problema que ellos perciben es que “ya está toda manoseada y cambiada”. Esto significa que para ellos la constitución, antes de las reformas neoliberales, era una fiel representante de los derechos del pueblo, así es que si esa constitución no hubiese sido “manoseada”, no sólo no habría que combatirla, sino que sería el deber de todo proletario defenderla, ¡como todo buen guerrero de la patria, como todo un buen mexicano!

Lo que nosotros afirmamos, a diferencia del reformismo de “la sexta”, es que la Constitución de 1917, con o sin reformas, es una constitución capitalista, pues es una constitución que defiende y legitima la esencia del capitalismo: La propiedad privada. De hecho la redacción de la actual “carta magna” fue el resultado de la victoria del la burguesa que salió triunfante durante la “revolución”; la constitución representa los intereses de ese sector burgués.

Además de todo esto, la propuesta de redactar una nueva constitución deja claro que “la sexta” no cuestiona verdaderamente a la sociedad de clases actual, al capitalismo, pues nos dicen que quieren una constitución “que reconozca los derechos y libertades del pueblo, y defienda al débil frente al poderoso”. Esto no puede entenderse de otra manera que no sea que la Otra Campaña ni siquiera pretende acabar con la división social entre explotados-explotadores, gobernantes-gobernados, sino solo crear nuevas leyes que hagan mas “armoniosa” la convivencia entre quienes detentan el poder político y económico y quienes no poseen ni el uno ni el otro. De otro modo no entendemos que se hable de “poderoso” y “débil” en una supuesta constitución no capitalista, pues quién más puede representar al “poderoso” si no es el capitalista o el hombre de Estado, y quien al “débil” si no un trabajador explotado del campo o la ciudad.

Marcos y la teoría burguesa del Estado.

Durante el recorrido por el país, como parte de la primera etapa de la otra campaña, Marcos dejó ver que el objetivo de ese proyecto es fundamentalmente reformar las instituciones del Estado mexicano. Al parecer el vocero zapatista comparte la definición burguesa del Estado, que dicho sea de paso, no es más que una reverenda farsa para justificar la existencia del mismo ante las masas populares, evitando de esta manera que los explotados lo identifiquen como el guardián de la propiedad burguesa y luchen por destruirlo.

Según los liberales clásicos, todo individuo es libre desde su nacimiento, la esencia misma de toda persona humana es su libertad individual, y el Estado, para ellos, es un “contrato social” establecido por individuos autónomos completamente libres, que sacrifican una porción de su libertad para establecer dicho contrato en aras del “bien común”, por tanto el Estado, (según la tesis idealista, y por tanto falsa, de los liberales) es el representante de los intereses de la sociedad en su conjunto.

En sus declaraciones y discursos a lo largo del país, Marcos justifica esta teoría, presentando al Estado-nación como el mayor exponente del bien público. Este entendimiento falso de la naturaleza del Estado lo lleva a justificar la existencia de dicha institución que realmente sólo tiene como función social la de legitimar y mantener el orden explotador. El Estado moderno es el producto del ascenso de la burguesía como clase dominante, lo que hizo que ésta clase adaptara a su medida esta institución, para poder concertar los intereses de las distintas fracciones burguesas y darle una legitimidad jurídica a sus privilegios. Sus demás componentes, como el ejército y la policía, tienen por función mantener éste orden explotador a base de la violencia.

Pero Marcos, generando confianzas en el Estado, y muy acorde con las teorías burguesas, declara en mayo del 2006 en CNN que “el Estado mexicano ha abandonado su deber”. Para Marcos el Estado no es el poder organizado de los explotadores contra los trabajadores, sino el responsable de velar por el “bien común”, tarea que según Marcos está dejando de llevar a cabo gracias a los “neoliberales”. Al contrario de Marcos, nosotros creemos que el Estado sigue cumpliendo cabalmente con su deber, que es el de mantener la sociedad de clases, cada represión; cada violencia ejercida contra las masas, lo demuestra.

En cuanto al brazo armado del Estado mexicano, como lo es el ejército, Marcos declaraba ante adherentes de la otra campaña en Irapuato:

“El pacto de Chapultepec significa convertir al Estado mexicano en un Estado policiaco, donde incluso el ejército, el ejército federal mexicano va a asumir las condiciones de una policía interna, se acabó la soberanía nacional si ganan ellos, los ejércitos ya no van a servir para defender al país en caso de una invasión externa, van a servir para defender a los ricos de la gente pobre”

Aquí Marcos lo único que hace es repetir el discurso burgués de que el ejército y demás cuerpos armados sirven para proteger a la comunidad y preservar la “soberanía nacional”. Cuando dice que los ejércitos ya no van a servir para defender al país, nuevamente muestra que de manera implícita él considera que antes del neoliberalismo los cuerpos armados sí cumplían una labor favorable para las masas populares, pues estos no eran mas que la expresión armada de un “Estado nacional soberano”. Esto también demuestra la tesis de este análisis, de que el zapatismo y la Otra Campaña no pueden ir más lejos de defender al Estado en su expresión “intervencionista” en las cuestiones económicas, por tanto no pueden luchar efectivamente contra el capitalismo, sino solo contra sus expresiones ultra liberales.

La otra campaña: Hacia la continuidad del capitalismo.

Otro punto a señalar es que el vocero zapatista en muy aisladas ocasiones ha hablado de la expropiación de los medios de producción. Que recordemos lo hizo durante el primer encuentro obrero de la otra campaña y recientemente en una (valga señalarlo) muy buena crítica [3] que hizo a quienes creen absurdamente que combatir al capitalismo es no consumir coca-cola o demás productos transnacionales.

¿Pero hay una contradicción entre el discurso nacionalista en defensa del capital nacional y las declaraciones sobre expropiar los medios de producción? Nosotros creemos que no. No se trata de una contradicción sino del falso anticapitalismo que defiende el EZLN, “la sexta” y la Otra Campaña. Cuando uno lee o escucha las declaraciones de simpatía de Marcos sobre Estados como el cubano o el venezolano, se da cuenta que hay una gran semejanza entre el discurso nostálgico del Estado intervencionista mexicano de antaño y el “anticapitalismo” de Cuba y Venezuela, por tanto uno no puede más que concluir que hacia allá se dirige el proyecto de la otra campaña.

Con anterioridad señalábamos las raíces del EZLN, las FLN, que al contrario del EZ si hablaban abiertamente del “socialismo”. Desde siempre ha sido muy común para esa izquierda guerrillera latinoamericana que se identifica con el estalinismo, el maoísmo, o el guevarismo identificar al “socialismo” con la conquista del poder político y la estatización de todos los medios de producción. Siempre han considerado que “aboliendo” la propiedad privada empresarial y sustituyéndola por la propiedad estatal (propiedad que sigue estando “privada” del proletariado) se abolían las relaciones capitalistas de producción. Sin embargo lo único que ocurre es que las burocracias estatales sustituyen a la burguesía como clase dominante, creando una nueva clase que concentra y monopoliza el poder económico y político en su propia beneficio y no en el de las masas. Esta falsa concepción sobre el “socialismo” proviene de la URSS, donde se vendió la misma idea de la “construcción del socialismo” cuando realmente lo que imperaba era una forma degradante de explotación capitalista, capitalista de Estado.

Esto es realmente lo que existe en el Estado cubano y hacia donde supuestamente pretende dirigirse el Estado venezolano y he ahí hacia donde se dirige el EZLN y la Otra Campaña, que venden la idea reaccionaria de que el Estado es un perfecto y genuino representante del pueblo cubano, que no hay contradicción alguna entre el “arriba” y el “abajo” en Cuba. Hace unos días, en su ponencia titulada “De redentores e irredentos” en un foro que llevó por nombre “América Latina vista desde la Otra Campaña”, Marcos decía:

“(…) una parte de esta historia singular es la del imperdonable pueblo cubano, el último en independizarse y el primero en ser libre en nuestro continente”

¡Bonito concepto de libertad que tiene Marcos! Probablemente considera que son muy libres los proletarios cubanos que tienen que andar mendigando algo de comida entre los turistas para poder alimentar a sus hijos, o quizá sean muy “libres” las prostitutas cubanas que tienen que vender sus cuerpos, o probablemente ve demasiada libertad en el hecho de que los cubanos no puedan transitar por las zonas restringidas, exclusivas para turistas, o en que los trabajadores no puedan organizarse de manera autónoma de los sindicatos del Estado.

Pero es sólo una opción que la Otra Campaña pretenda ser dirigida totalmente hacia el capitalismo de estado al estilo cubano, pues la sexta declaración hace una defensa implícita de los capitalistas mexicanos, por lo que seguramente, de triunfar, el proyecto de la Otra Campaña oscilaría entre una república burguesa tradicional, con un Estado intervencionista y el capitalismo completamente estatizado, aunque como decimos anteriormente, esto no es en sí una contradicción, sino una simple variación sin demasiada importancia en el tipo de sociedad capitalista.

III.- Conclusiones.

1. La Otra Campaña es, simplemente, otra campaña zapatista mas, como lo fueron la CND y el FZLN, en busca de un movimiento político zapatista nacional.

1. Por lo tanto la Otra Campaña mantiene la agenda, los tiempos, formas y modos del EZLN, así como su programa expresado en la Sexta declaración de la selva lacandona. Resultando imposible que la Otra Campaña se guíe por otra perspectiva que no sea esta.
2. Siendo una campaña y un programa zapatistas, la participación en ésta es la claudicación del programa propio ante el programa zapatista.
3. Las bases del programa zapatista, bajo el cual se guía la otra campaña y que se encuentran esbozadas en la sexta declaración de la selva lacandona son las siguientes:
4. a) Antineoliberal: se realiza una errónea equiparación entre antineoliberalismo y anticapitalismo, considerando como anticapitalista la oposición al neoliberalismo y no al capitalismo en sí mismo.
b) Nacionalista: se lleva adelante un discurso patriotero, que conduce, junto con la errónea equiparación del antineoliberalismo como anticapitalismo, a la conclusión de que la lucha debe ser por la “soberanía nacional” y no por la emancipación de la clase trabajadora. Conclusión que lleva al programa zapatista a la defensa de la burguesía nacional, añorando el viejo “nacionalismo revolucionario” de los años 30´s 40´s y 50´s.
c) Estatista: se realiza una defensa a ultranza del Estado-Nación, defensa inherente a la “liberación nacional” y que es, nuevamente, contrapuesta a la emancipación de los explotados y oprimidos. Se mantiene la teoría burguesa del Estado, como la “cosa pública” encargada de mirar por el bienestar del pueblo (entendiendo, claro está, al pueblo como al conjunto de los ciudadanos bajo protección del Estado, es decir, sin diferenciación de clases)
1. Por lo tanto la sexta declaración, no representa un paso adelante en el programa zapatista pues pese a que ahora incluyen en su discurso la palabra “anticapitalista”, no hacen mas que definirlo como antineoliberalismo, como hicieran todos los movimientos de “liberación nacional” en el mundo al equiparar antiimperialismo como anticapitalismo.
2. A pesar del cambio de discurso, el programa zapatista de la sexta declaración no representa una ruptura revolucionaria con el sistema; por el contrario se mantiene, a lo sumo, dentro de su muy vieja (y no “muy otra”) tradición del marxismo-estalinismo-guevarismo, de las FLN (organización madre del EZLN) y del EZLN mismo hasta antes de su aparición pública, si no es que dentro del margen democrático-liberal (posición que defendería desde su aparición pública, ante un desprestigiado marxismo que acababa de caer junto con el muro de Berlín)
3. En cualquiera de los dos casos, ni el viejo marxismo estatista ni el Estado de bienestar o “nacionalismo revolucionario” representan la emancipación de los trabajadores sobre el Capital.
4. Reconocemos la valentía y sinceridad de todas las personas que componen las comunidades zapatistas. No dudamos ni un instante de que los mueve el único interés de luchar contra la terrible opresión a la que han sido sometidos por el Estado-capital, interés sincero que ha llevado a muchos de ellos incluso a perder la vida. Es por esto precisamente por lo que hoy criticamos la vía que siguen actualmente, como en su momento cientos de organizaciones criticaron en el pasado su errónea alianza con el PRD y Cuauhtémoc Cárdenas. Hoy, cuando la mayoría de los que se proclaman “anticapitalistas” se alinean al canto de sirena del viejo “nacionalismo revolucionario” o del caduco marxismo-leninismo, nosotros, los Anarquistas Revolucionarios del Grupo Socialista Libertario, criticamos abierta y radicalmente el falso camino por el que la dirigencia zapatista los encamina.
5. Por esto último es que el Grupo Socialista Libertario exige:
6. ¡Libertad de todos los presos políticos zapatistas!
¡Alto al hostigamiento de las comunidades zapatistas!
¡Libertad de todos los presos políticos de la Otra Campaña!
¡Alto al hostigamiento de los miembros de la Otra Campaña!

Grupo Socialista Libertario
México, Agosto 2007.

____________________________
Notas.

1. El Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN), es el brazo político del EZLN, que nace con la cuarta declaración de la selva lacandona (enero 1996). El EZLN en ese entonces llamaba a formar una “organización civil y pacifica (…) invitamos para que participen en él (en el Frente) a los obreros de la República, a los trabajadores del campo y la ciudad, a los indígenas, a los colonos, a los maestros y estudiantes, a las mujeres mexicanas, a todos los ciudadanos mexicanos que queremos no el poder sino la democracia, la libertad y la justicia para nosotros y nuestros hijos.” Es decir, el FZLN era un esfuerzo del EZLN por generar un movimiento, ya no solo con indígenas, sino con obreros, trabajadores en general, estudiantes, etc. Esfuerzo que según el propio EZLN fracaso pues afirmó no tener trabajo obrero ni estudiantil. Y efectivamente, no lo tenía

2. Como es el caso de la Alianza de los Comunistas Libertarios, que aún posicionándose de manera crítica frente a ciertos puntos en la sexta declaración, y buscando levantar su “bloque anticonstitucionalista” con otras agrupaciones adherentes, siguen sosteniendo de manera lamentable que dentro de la otra campaña puede surgir un movimiento proletario anticapitalista, (ver su articulo “Construyendo la Otra Campaña”) con lo que liquidan por completo su programa y trabajan en pos de un proyecto completamente nacional-estatista y burgués.

3. Marcos hizo bien en señalar que el problema del capitalismo no se encuentra en el consumo, sino en la producción. Sin embargo, a pesar de su crítica, vuelve inmediatamente después a su “anticapitalismo” vago, cuando dice que el no consumir productos transnacionales es solo “una” de las formas de “combatir” al capitalismo.
Esa “forma” no tiene nada de anticapitalista, más bien es una desorientación total que genera confusión entre los explotados sobre lo que es el capitalismo, y que los empuja a defender a los capitalistas nacionales en contra de las “multinacionales extranjeras”. Parte de la responsabilidad de esta confusión la tiene el mismo EZLN, como hemos podido ver ya en la sexta declaración.

Análisis de la situación actual en México y en Chiapas (I)

 Viernes, 13 de julio de 2007
08.06.07 -  MÉXICO

CIEPAC *

Adital -

http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=27952
Una de las tareas principales del equipo de CIEPAC es analizar permanentemente la situación que se vive en México, con especial atención a Chiapas. Este boletín es el resultado de una reflexión conjunta del Equipo CIEPAC A.C. realizada el 7 de febrero de 2007, en torno a la siguiente incógnita: ¿Cuáles son, a grandes rasgos, las tendencias que vemos en los distintos ámbitos de la vida en México desde la pasada elección presidencial de julio de 2006?

Política económica vs. soberanía nacional

Pese al cambio de gobierno, con la llegada de Felipe Calderón el pasado 1º de diciembre de 2006 continúa la misma política económica y social de Vicente Fox. Arropado por el PRI y PAN, dos partidos casi gemelos, Calderón tiene la tarea de dar continuidad a las estrategias económicas heredadas del anterior gobierno, basadas en el reajuste económico, el recorte presupuestal a la educación, las privatizaciones de los sectores energético, del agua y de la salud, y el incremento del gasto militar y policiaco, siguiendo al pie de la letra las directrices de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el gobierno de los Estados Unidos, en beneficio de las grandes empresas transnacionales.

Felipe Calderón, claro exponente de la derecha -tanto o más que Fox-, mandó un claro mensaje al presentar un gabinete social y económico de tintes ultraderechistas y radicalmente neoliberales, integrando representantes del FMI y responsables de graves abusos, como Francisco Ramírez Acuña, quien ordenó las torturas a altermundistas en 2004 siendo gobernador de Jalisco, y Eduardo Medina Mora, jefe de la PFP en la toma de Atenco y Oaxaca, cuyos atentados contra los Derechos Humanos fueron detallados y denunciados por la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos (CCIODH).

Entretanto, se acentúan los efectos del modelo económico, como el encarecimiento de los productos de primera necesidad (la canasta básica), la caída del poder adquisitivo de los trabajadores asalariados (aumentó 1.89 pesos el salario mínimo), y la política de limosnas para la población más pobre (Procampo, Oportunidades, CODECOA, Nuevo Amanecer, CODEM, Chiapas Solidario, etc.) como estrategia de entretenimiento para prevenir un movimiento social que pudiera poner en jaque al sistema. Ante esta situación, el deterioro de las condiciones de vida de la gente es implacable. El modelo económico agudiza irremediablemente la pobreza, que se expande a la par que aumenta la población. Se puede simplificar diciendo que cada vez hay menos ricos, y que estos son cada vez más descaradamente ricos. El buque insignia de la desigualdad desvergonzada es el empresario Carlos Slim, quien ha amasado la tercera mayor fortuna del mundo durante los últimos años de neoliberalismo en México (La Jornada 09/03/2007).

En este contexto, las ya de por sí altas tarifas eléctricas continúan subiendo, a la vez que se abre la puerta a empresas extranjeras, como Iberdrola, Unión FENOSA o Endesa, para que se adueñen de los planes de generación de energía eólica, ante la supuesta incapacidad financiera del estado mexicano. Calderón, por otra parte, se propone acabar de construir la infraestructura de comunicación y conexión eléctrica contemplada en el Plan Puebla Panamá, ajustando aún más la política económica al beneficio de las empresas transnacionales.

El cóctel de la pobreza. Los costos del Tratado de Libre Comercio

Uno de los efectos más graves del modelo económico neoliberal en México y en la región Centroamericana es el éxodo de la población hacia los Estados Unidos. Ante esto, el gobierno norteamericano está levantando el muro fronterizo, que aunque probablemente disminuirá la migración, no conseguirá detenerla. A corto plazo, cruzar la frontera será un privilegio aún más caro, pues previsiblemente se encarecerán tanto los costos que cobran los traficantes, como la propia corrupción de los agentes del Servicio de Inmigración y Naturalización de los Estados Unidos. Pero sobre todo, se incrementarán los peligros que enfrentan los migrantes al intentar cruzar la frontera. Es posible que, en parte, la migración se dirija hacia otros países, pero el cierre de la válvula de escape que, para la presión socioeconómica en México y Centroamérica, supone esta migración agudizaría la problemática del país, la tensión, los choques y el deterioro social.

No es casual que, mientras la migración continúe estando “ilegalizada”, Estados Unidos seguirá recibiendo mano de obra barata, básica para su economía. Pero no sólo de la migración se beneficia el principal impulsor del TLC. La crisis económica en México -fuente de los flujos migratorios- abre las puertas a las transnacionales (mayoritariamente estadounidenses) para hacerse con los sectores productivos e implantar salarios de hambre, perpetuando así la miseria. El pez se muerde la cola. Las causas inmediatas de la pobreza extrema, o sea, el alza de los precios de los productos de primera necesidad, la disminución de los precios de los productos agrícolas (en otras palabras, lo que reciben los y las campesinas) y la falta de subsidios para su producción, así como la falta de mercados y de apoyo tecnológico, se retroalimentan con la invasión de productos de importación en México y Centroamérica. La falta de empleo, el despido masivo de trabajadores y trabajadoras de las maquilas, la carestía de la vida y la alta marginación conducen, en definitiva, al mayor éxodo de la historia hacia el norte del continente.

Regresando a los altos precios, nos preguntamos ¿qué está pasando? ¿Por qué están al alza? En el caso del maíz, tendríamos que analizar este proceso desde 1987, cuando México recibió un préstamo de 300 mil millones de dólares por parte del Banco Mundial con la condición de eliminar los apoyos al campo, que protegían a los productores y consumidores. En el proceso de liberalización del precio de la tortilla han desaparecido progresivamente los apoyos a su producción. Sin embargo, el proceso de comercialización e industrialización que manejan las empresas sí cuenta con el apoyo gubernamental, por lo que las grandes corporaciones salen fortalecidas, como Minsa, Grupo Maseca, Cargill, Monsanto y Bayer, entre otras. En este aspecto vale la pena destacar que mientras aumenta el precio de la tortilla para el consumidor, disminuye el precio que recibe los y las campesinas por el maíz que cultiva, debido a la invasión de maíz transgénico importado de los Estados Unidos.

En nivel internacional el precio del maíz está también al alza, fruto de una caída de la producción combinada con una gran demanda. China e India ya no son países autosuficientes, por lo que demandan alimentos, lo cual provoca cambios a nivel mundial. Nuestro país también está perdiendo su soberanía alimentaria desde la firma de los Tratados de Libre Comercio. Importa un 20% del maíz, un 30% del trigo y un 90% de la leche y soya, siendo altamente susceptible a cualquier cambio estructural. Este contexto favorece que las grandes empresas productoras, como Monsanto, ejerzan el control en la compraventa de alimentos, con la consecuente concentración de riqueza en pocas manos. Cada vez es más evidente, pues, la contradicción del modelo neoliberal: mientras unas pocas empresas obtienen beneficios multimillonarios, las y los campesinos se quedan en la ruina y a menudo abandonan sus tierras.

México aceptó de manera sumisa realizar ajustes estructurales, como los recortes presupuestales que ha ido aplicando paulatinamente. En consecuencia, desaparecieron los bancos Bancrisa, Inmecafé y las instituciones que servían para apoyar la producción campesina. Frente a esto, no se ofrecen alternativas que puedan paliar los evidentes perjuicios de estas políticas sobre la mayoría de la población, solamente programas que no resuelven los problemas estructurales del campesino. En definitiva, el país se encuentra profundamente a la deriva y está pagando el precio de seguir las políticas de libre mercado dictadas por la OMC.

Complicidad mediática y control militar como solución a la falta de legitimidad

En un contexto de grave crisis política, en donde los partidos ya no pueden disimular ni su desinterés por las necesidades más sentidas de los ciudadanos ni su adhesión descarada al modelo neoliberal, se ha generado entre la mayoría de la población una profunda desconfianza hacia estos partidos, incluyendo el PRD.

La absoluta falta de credibilidad de la clase política cierra cualquier camino hacia la participación democrática real dentro de los cauces legales. Ante esta situación, el papel que puede jugar la sociedad civil como contrapeso de las instituciones y del poder económico que las controla es la principal fuerza con que cuenta la sociedad mexicana para recuperar el rumbo perdido.

Las disputas internas dentro del partido gobernante, el PAN, reflejadas en las declaraciones de Felipe Calderón durante su gira europea y las del presidente de su propio partido, Manuel Espino -totalmente opuestas-, hacen prever un ajuste de cuentas interno. Por otro lado, a esta crisis de unidad hay que sumarle la profunda falta de legitimidad con la que Calderón llegó a la Presidencia, luego de un evidente fraude electoral. Falto de apoyos, las fuerzas a las que se aferra para legitimarse y reforzarse en el cargo son los principales medios de comunicación, el Ejército y la ultraderecha, haciendo continuos guiños al Yunque y a la Iglesia jerárquica con mensajes moralistas. La PGR y la PFP también juegan un papel primordial en el control y la represión social. El renovado interés en la lucha contra el narcotráfico no es más que un intento por demostrar que tanto el Ejército como los cuerpos policíacos no están inmersos en él.

Además del lavado de imagen tras el fraude electoral, todavía en marcha, Calderón arrastra los favores que Fox dejó a deber a los medios de comunicación, quienes taparon y tergiversaron la grave represión del gobierno ante los movimientos que lo han cuestionado, como en Atenco, los mineros de Pasta de Conchos y Lázaro Cárdenas, la resistencia contra la represa La Parota, en Guerrero, y la mayor de todas, en Oaxaca, cuyas consecuencias y su conflicto aún no han terminado. Esta cortina de humo mediático se paga con el apoyo a la Ley Televisa, los sistemas de radios de comunicación y su privatización, mostrándose así el arraigamiento de las grandes corporaciones mediáticas en el mismo seno de la clase política.

Son de tener en cuenta, también, los vínculos que la clase empresarial vinculada al PAN mantiene con la jerarquía eclesiástica a través de las corrientes más intransigentes, como los Católicos Carismáticos y los Legionarios de Cristo. Estos vínculos, además, están salpicados por la desvergüenza más ruin mediante redes de prostitución y pornografía infantil. La punta del iceberg reluce con los casos de Mario Marín, gobernador de Puebla, Socorro Romero Sánchez, empresaria avícola de Tehuacán -Puebla- que mantiene excelente relación con Norberto Rivera Carrera, Ulises Ruiz Ortiz de Oaxaca (quizá sea esta una de las razones de la terquedad de mantenerlo como gobernador), Jean Succar Kuri, Kamel Nacif y Onésimo Zepeda, entre muchos otros. Estos vínculos, de otro lado, perpetuarán el desprestigio de la Iglesia mientras esta no abandone su complicidad con los sectores corruptos y mafiosos de la clase empresarial y opte por excomulgarlos.

Volviendo a los intentos de legitimar a Calderón, cabe insistir en que han sido constantes y descarados. De un lado, Vicente Fox, siendo todavía presidente de México, llevó a cabo toda una campaña electoral en su favor durante sus continuas visitas a los Estados Unidos, repartiendo incluso tarjetas telefónicas entre los agremiados sindicales mexicanos de la mayor central de aquel país, AFL-CIO, para que exhortasen telefónicamente a sus familiares a votar por el PAN. Paralelamente, a lo largo de toda la República se iniciaba una ofensiva político-militar con tal de legitimar a Calderón ante las diferentes facciones empresariales y de su propio partido. Lejos de lograr este objetivo, solo se ha conseguido dejar en evidencia la cara más represora del nuevo presidente, echando lastre sobre cualquier credibilidad a la hora de mediar o negociar en los conflictos sociales.

Esta fuerte represión ha asestado un golpe muy duro a los movimientos populares, en especial tras los graves acontecimientos de Oaxaca, en noviembre-diciembre del año pasado (donde se dio una auténtica cacería por las calles de la ciudad y las comunidades de montaña, dignas de las no tan lejanas dictaduras militares). Las secuelas de la salvaje actuación del gobierno federal todavía no se han superado, dejando un claro mensaje: se han “subido los costos” de la disidencia, en todos los sentidos, físico, psicológico e incluso monetario -con el ejemplo del traslado de los presos a Nayarit, y el consecuente gasto para las familias, además de las fianzas desmesuradas-.

Uno de los elementos más terribles, y trágicamente característicos, de los mayores operativos policiales del último año (Atenco y Oaxaca) es el uso de la violación a mujeres -y también hombres- a manos de las fuerzas de seguridad, como herramienta de guerra real y de guerra psicológica. El terror que el gobierno ha logrado infundir en la población no ha dejado prácticamente costos a nivel internacional, dejando en evidencia la farsa que representan las cláusulas democráticas que, supuestamente, condicionan los tratados comerciales al respeto a los Derechos Humanos por parte del gobierno mexicano. De la misma manera, esta despiadada estrategia para el control social tampoco ha provocado la reacción que se merece por parte de la sociedad mexicana, hecho que consideramos especialmente preocupante.

En definitiva, ¿qué situación queda tras esta embestida de violencia? En un principio, se ha perdido la amplísima base social que dotó de tanta fuerza, creatividad e impulso al movimiento social oaxaqueño visibilizado en la APPO. Costará de recuperar lo que fue, para tantos observadores, “casi una insurrección popular”, donde por primera vez en muchos años los abuelos, los niños, las amas de casa, los vecinos no politizados fueron el alma de una lucha que llenó de barricadas las calles para poner en jaque durante meses a todo un aparato de represión. La Historia hablará de Oaxaca y su lucha popular, pero para que esta historia no acabe aquí se deberán pensar otras estrategias por parte de los movimientos sociales de cara a poder enfrentar las embestidas mortíferas que los acechan.

Disputas internas y aislamiento internacional

Mientras que el PRI basó su larga hegemonía en los monopolios de poder, la liberalización iniciada por Salinas de Gortari y consumada por Vicente Fox, con la consecuente entrada de capital extranjero, ha puesto definitivamente en jaque el monopolio nacional. Hoy prácticamente solo el Ejército pertenece al estado mexicano, aunque actúa según las directrices del gobierno de los Estados Unidos, especialmente en cuestión migratoria. Estas batallas entre las élites económicas también se dan en las cúpulas de los grandes partidos, PRI, PAN y PRD, descomponiéndose así la centralización del poder.

En estas disputas de poder encontramos a López Obrador, ex candidato presidencial por el PRD (junto a Convergencia y PT) y víctima de un descarado fraude electoral. Obrador trata ahora de pescar en río revuelto y canalizar el descontento social. Para ello está recorriendo 2 mil 500 ciudades de todo el país y tratando de fortalecer la Convención Nacional Democrática (CND). A pesar del impulso de los primeros meses ha ido perdiendo fuerza y credibilidad. Ha querido respetar la estructura oficial e institucional -al servicio de la clase empresarial que controla las “reglas del juego democrático” gracias al famoso Pacto de Chapultepec- lo cual le ha impedido dar un nuevo paso con el movimiento social, que le exigía pasar del descontento a la ofensiva. De esta manera, Obrador se va tendiendo como un muro de contención frente al movimiento social, al cual trata de capitalizar en vistas a su carrera presidencial de 2012.

Por otra parte, el aislamiento de Felipe Calderón en América Latina es cada vez más evidente. En sus recientes giras, la mayoría de los mandatarios le dieron la espalda, e incluso fue reprochado por parte de Lula. A pesar del escaso interés que México ha prestado a América Latina en los últimos años, esta situación preocupa a Calderón. No en vano, el gobierno de los Estados Unidos, en sus intentos por relanzar el ALCA, ha otorgado a México y Colombia el papel de paladines de su política. Y mientras tanto, desde el Río Bravo a la Patagonia se dan fuertes manifestaciones de rechazo total a esta iniciativa.

Finalmente, en su alineamiento extremo con las doctrinas de la Casa Blanca, tan preocupada por mantener su hegemonía a nivel mundial, México corre el peligro de descolgarse del todo a nivel internacional al no estar firmando acuerdos con las potencias económicas emergentes, como La India y especialmente China. Una vez más, las políticas nacionales se encaminan a ser el patio trasero de los Estados Unidos.

* Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria

Análisis de la situación actual en México y en Chiapas (II)

Viernes, 13 de julio de 2007
12.07.07 – MÉXICO

CIEPAC *

Adital -
Una coyuntura favorable… un arma de doble filo

A pesar de la represión generalizada, los movimientos sociales en América Latina juegan un papel importante tanto en la resistencia ante el sistema como en la construcción de propuestas que signifiquen cambios estructurales. Este papel lo conocen a la perfección los gobernantes de la izquierda institucional, como Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Néstor Kirchner en Argentina y Lula da Silva en Brasil, entre otros, quienes no ignoran que sin el apoyo de estos movimientos no hubieran llegado al poder. De ahí sus políticas de no confrontación, especialmente los dos primeros.

Sin embargo, hoy por hoy, estos movimientos se están limitando a instalar una persona en el poder, a menudo sin cuestionarla (aunque el Movimiento de los Trabajadores Rurales, de los Sin Tierra en Brasil, rompieron con Lula, y Evo ya ha soportado diversas huelgas). El definitivo siguiente paso a menudo se queda en camino: construir una estructura desde abajo, desde la propia organización, para participar, demandar, exigir y ejercer el gobierno desde la base y hasta llegar al nivel más alto, federal o central.

Conociendo este potencial de los movimientos, los gobiernos de izquierda se afierran a los procesos de movilización popular, por un interés de supervivencia en su lucha de cúpulas y, por supuesto, para tratar de neutralizar las protestas contra ellos mismos. Esta situación nos plantea un interrogante sobre la supuesta ideología y práctica de izquierda de estos gobiernos, quienes a menudo no trabajan con y desde la base social que los llevó al poder, sino que gobiernan únicamente desde las estructuras estatales, lo cual supone un venenoso riesgo para los movimientos sociales.

La posibilidad de un verdadero cambio pasaría inevitablemente por la construcción de la autonomía, desde la misma sociedad, aprovechando la nueva coyuntura favorable desde el gobierno, pero incidiendo principalmente en el trabajo de las bases y en la construcción desde ellas. Se presentan, pues, muchos retos para estos movimientos. Elaborar por sí mismos sus proyectos de nación, construir estructuras que puedan controlar efectivamente al gobierno, además de diseñar, impulsar y vigilar todo el proceso. En definitiva, corregir cuando haya que corregir y autorizar y legalizar cuando sea necesario.

El tiempo de establecer nuevas alianzas

Una de las principales debilidades de estos movimientos, a la que se afierran desde siempre las estructuras de dominación para persistir incluso después de un eventual levantamiento, es la inmediatez de sus demandas y sus esfuerzos, perdiendo la visión de un proyecto de nación a largo plazo. En nuestro país conviven estos movimientos inmediatistas (protestas contra el alza de precios, luchas por el poder, etc.), con la iniciativa zapatista de La Otra Campaña, que promueve la construcción de un nuevo México y la elaboración de una nueva Constitución que realmente recoja la voz de los ciudadanos.

Para que un eventual cambio fuese profundo y duradero, por otra parte, sería necesario que los numerosos y potentes movimientos latinoamericanos, como los de Centroamérica, Ecuador, Bolivia, Argentina, Chile, Brasil… se unieran en sus propuestas y proyectos alternativos, creando -por así decirlo- una confederación de pueblos que fuese capaz de construir y de organizar un nuevo modelo (social, político, económico…) de manera conjunta entre sí e independiente de los gobiernos. De esta manera, si realmente fuera factible, se podría gobernar a la manera zapatista: mandar obedeciendo.

En un contexto de profunda degradación de los poderes locales es necesario ir más allá de las fronteras para construir alternativas concretas. El llamado de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona (de la cual CIEPAC es adherente) es claro en este aspecto, y desde La Otra Campaña se están lanzando llamados internacionales de unión de luchas y fuerzas para fortalecer las resistencias y encontrar apoyo mutuo en la construcción de alternativas.

Es un llamado tan sencillo y evidente como difícil y necesario, en un país como México en que los movimientos sociales han tomado fuerza en los últimos años y han producido verdaderos puntos rojos a lo largo de todo el territorio nacional, pero que a la vez han sido incapaces de tejer con eficiencia una red de coordinación y solidaridad entre ellos. El reto, pues, está en cómo coordinarse, cómo multiplicar fuerzas para convertirse en un escudo que resguarde las alternativas que se puedan ir construyendo. No es aventurado afirmar que Oaxaca, de haber recibido un apoyo más amplio y coordinado de los movimientos sociales, podría haber significado el primer paso para un cambio de raíz. Las lecciones que nos dejó este histórico levantamiento, más allá de los relatos épicos o legendarios, no deben caer en suelo muerto.

Precisamente, este esfuerzo por establecer redes de contacto y de solidaridad es la principal línea estratégica que está siguiendo La Otra Campaña, con mayor o menor acierto, con la participación lenta, silenciosa y persistente de los comandantes y comandantas del EZLN por todo el territorio nacional. El objetivo final es la coordinación y convivencia de las diversas formas y expresiones de lucha para, sin hacerse sombra, construir un nuevo modelo, una nueva Nación lo suficientemente cohesionada para resistir los embates de los poderes locales y transnacionales que nunca se hacen esperar.

Pero, ¿qué pasa con La Otra Campaña?

La Otra Campaña (LOC) no está teniendo la fuerza y la respuesta que necesita para ser realmente lo que pretende ser, una herramienta que recoja los descontentos y propuestas de los y las ciudadanas para, con la participación activa de estos, construir otro México, un México donde, más allá de símbolos y banderas, se honre a los mexicanos y las mexicanas. Hoy está lejos de encaminarse hacia este objetivo, está polarizada, no ha llegado a establecer de una manera amplia, profunda y estable, lazos con los demás movimientos.

La Otra Campaña, quizás demasiado a menudo, va a remolque del EZLN, y deberá fortalecer su proceso organizativo si quiere cumplir con sus nobles objetivos fundacionales. El abanico social que comparte las ideas y fundamentos de LOC es mucho mayor del que se ha logrado coordinar hasta el momento, pero quien mejor conoce el verdadero potencial de esta iniciativa es el propio aparato de estado, que ha puesto en marcha un operativo represivo y de intimidación constante en contra de quienes la integran. De esta manera, pese al débil comienzo, nos llega el optimismo en voz de Cervantes y su Quijote: “los perros ladran, luego, avanzamos”.

El primer obstáculo que se puede observar en el camino de La Otra Campaña proviene de sus mismos participantes, quizás habituados a acompañar los procesos del EZLN, pero sin participar en la construcción de los mismos -más allá del proceso interno de cada organización o grupo-. El mensaje de los zapatistas ha sido claro y reiterado al respecto, desde hace años y especialmente en su VI Declaración. En cada estado, en cada región, desde cada organización, hay que tomar las riendas para movilizarse, para generar alianzas y alternativas, sin esperar que sean los zapatistas quienes lleven siempre la iniciativa. México es rico en experiencias aisladas exitosas de los movimientos sociales. Aprender de las diferencias y alcanzar la madurez social y política debería ser el reto si se quiere construir conjuntamente “esa otra cosa”.

Los esfuerzos de LOC hoy se centran en la defensa del territorio, principal inquietud para las luchas indígenas, pero se están dejando prácticamente de lado otras muchas luchas y otros sectores que se están viendo afectados, principalmente con la reforma de ley del ISSSTE, pero también en otros frentes. La primera etapa de La Otra Campaña quedó ciertamente inconclusa, ¿donde queda el esfuerzo vertebrador de las diferentes formas de lucha? Posiblemente el EZLN se está reposicionando respondiendo al contexto de amenaza militar inminente que supuso la llegada de Calderón a la Presidencia, y no es su papel iniciar una batalla política que afecte a otras luchas. El espíritu de la VI Declaración de la Selva Lacandona supone que sean las mismas organizaciones las que lancen los llamados a la solidaridad, a la movilización, independientemente de lo que haga el EZLN, que por otra parte, respondería al llamado como siempre se ha caracterizado.

Con el recorrido del Delegado Zero se visibilizaron otras muchas luchas que se estaban dando, lo cual significó un avance importante, que fue la toma de contacto entre ellas, pero no hay síntomas de que se esté avanzando en su coordinación. LOC no es todavía un referente lo suficientemente fuerte para aglutinar fuerzas y dar respuesta a todas las ofensivas políticas y represivas que se están dando. En la misma línea, deben trabajarse más las posibles alianzas con otras fuerzas y otros movimientos que están fuertes.

De todos modos, cabe aclarar que las alianzas que busca La Otra Campaña, y que nosotros creemos que son las que necesita México, no pasan por las urnas. No se busca una respuesta en los legisladores, sino en la gente de abajo, que es quien está siendo golpeada paramilitarmente y con las políticas de gobierno. La posición hacia las fuerzas electorales, más allá de las fricciones con unos u otros partidos, es de ninguneo, de deslegitimar, de andar otro camino.

Momento propicio a pesar de la militarización

A pesar de los malos presagios, del lento avance de La Otra Campaña, de la militarización cada vez más sistemática del país, el momento es propicio para hacer frente a las amenazas. Los focos rojos no han sido del todo apagados a pesar de la represión. Incluso en Oaxaca, paralizada y fuertemente dividida desde la atroz represión de hace unos meses, que todavía hoy continúa, de una manera más disimulada, mediante órdenes de aprehensión y preparando un incremento de la PFP y la AFI, dos de los cuerpos policiales con peor reputación entre activistas y defensores de los derechos humanos.

Durante el año pasado se dio un fuerte movimiento de apoyo a López Obrador tras las evidencias de fraude electoral, movimiento legítimo y al que apoyamos por la impunidad que significa para el actual presidente y sus sucesores el saber que las urnas no pasarán factura a sus previsibles excesos. Mas las propuestas de López Obrador son contrarias a La Otra Campaña y a las tesis que hemos tratado de defender a lo largo de este boletín. Reformas constitucionales y ofertas populistas, siempre desde la estructura y participación del PRD, es lo que propone Obrador, aunque ha tratado de disfrazarse bajo siglas históricas y de profundo significado, como la Convención Nacional Democrática, iniciativa que nos atreveríamos a decir que deshonra las anteriores iniciativas que llevaron ese nombre. No hay que olvidar, por lo demás, la recomposición que los arraigados poderes priístas llevan a cabo tanto en el PRD como en el PAN (véase Muñoz Ledo, Manuel Camacho Solís, Jesús Orantes, Roberto Albores y Jorge Constantino Kanter y otros en Chiapas, como el propio Juan Sabines).

Pero no fueron las movilizaciones contra el fraude las únicas destacadas durante el 2006. Atenco, Oaxaca, Pasta de Conchos, SICARTSA en Michoacán, los maestros de la CNTE, además de la aparición de nuevas guerrillas que hicieron públicas sus alianzas, encendieron focos rojos de mayor o menor importancia. Sin embargo, en Chiapas, los movimientos sociales no tuvieron posicionamientos fuertes ni una presencia clara, lo cual nos obliga a una reflexión, que abordaremos en el próximo boletín.

No debemos olvidar que existe una coordinación entre 9 grupos armados (Coordinadora Nacional Guerrillera, dada a conocer por ellos mismos), que trata de capitalizar el descontento social. Sin embargo, la sociedad civil que no se moviliza, sí lo hace cuando se trata de condenar la guerra. Esta sociedad civil, que no está de acuerdo con Calderón, con Obrador ni con la lucha armada es la que tiene la llave para transformar el país, y es a quien trata de llegar La Otra Campaña.

En este contexto, la APPO puede estar resurgiendo poco a poco de sus cenizas, pese a los enfrentamientos entre algunas facciones, y es que no hay que olvidar que el movimiento social oaxaqueño que atrajo la atención internacional, no sólo por la represión que sufrió, sino especialmente por su autenticidad, iba mucho más allá de las organizaciones que la integraban. Se ha retomado Radio Universidad y habrá que ver hacia donde se encamina el movimiento una vez pase el ruido ambiente electoral.

La violencia como única respuesta del Estado

Las luchas internas entre diferentes grupos de narcotráfico incrementan de manera espectacular la violencia que sufre la sociedad, dando la excusa perfecta al gobierno para militarizar el país y criminalizar a los movimientos sociales.

Se ha sistematizado la criminalización de los movimientos sociales. Escandalosos juicios acompañan los más atroces operativos policiales, se golpea a la gente de manera descarada. Parece que este sexenio estará decididamente marcado por la represión, con el visto bueno de Calderón, cuyo primer mensaje no pudo ser más claro al mandar encarcelar a aquellos representantes de la APPO a quienes la propia Secretaría de Gobernación había convocado para dialogar. Entre estos representantes se hallaba Flavio Sosa, hoy recluido en el penal de alta seguridad de La Palma por el delito de ser una de las caras más visibles de la APPO.

En Guerrero el mensaje ha sido muy claro, cualquier oposición a la represa La Parota será castigada, mediante “el peso de la ley” o al margen de ella, con detenciones ilegales como la de Rodolfo Chávez Galindo, asesor jurídico del Consejo de Comunidades y Ejidos Opositores a la Parota.

San Luis Potosí también fue escenario de la violencia oficial cuando el pasado mes de mayo fueron detenidos 6 jóvenes que participaban en una marcha de oposición a la Minera San Xavier, mientras que 8 resultaron desaparecidos.*

La respuesta de la CNDH en estas situaciones es cuestionable, por lo que está perdiendo credibilidad. Algunos casos, como el más conocido de doña Ernestina en Veracruz, rayan en niveles de descaro insultante. Por tanto, ante esta impunidad generalizada nos vemos obligados a preguntarnos: ¿hasta cuando las cárceles se seguirán llenando de luchadores sociales? ¿Qué sentido y credibilidad tiene encerrar líderes sociales en cárceles de máxima seguridad?

Estado policiaco. Militarización y paramilitarización

Hay un mensaje muy claro de parte de Calderón: los proyectos seguirán adelante sea cual sea la oposición popular que reciba. Esta estrategia ciega está polarizando el país hasta niveles insospechados, lo cual podría revertirse en cualquier momento y llegar a provocar la caída del Presidente.

Conocedor de su debilidad y falta de legitimidad, el estado ha reactivado durante el último año los grupos paramilitares, con la recurrente intención de generar un clima propenso a una intervención militar. Lejos de innovar estrategias, los pretextos para esta esperada y temida injerencia bélica pueden ser cualquier pleito intercomunitario, el control migratorio, disputas entre grupos de narcotraficantes, etc.

Se está regresando al estilo de los años 90, marcados por una durísima represión paramilitar. Fox cambió el garrote por el caballo de Troya, provocando fuertes divisiones a través de sus programas de gobierno. Calderón ha heredado estos programas, recuperando a su vez el garrote, con lo que ha logrado golpear duro a los movimientos populares. La consolidación de esta doble estrategia pasa por el ataque frontal a las comunidades, ataque advertido por la Comandancia General del EZLN, que ha iniciado el reposicionamiento que antes mencionábamos.

Mientras tanto, el gobierno ha gastado 13 millones de pesos en 3 meses en “gastos para la seguridad pública y nacional” en operativos antinarco. Lo cual, evidentemente, se traduce en la creciente militarización del país, que ya ha despertado las críticas de la comunidad internacional.

El incremento del presupuesto para seguridad pública, el traspaso de 7 mil efectivos de la Marina hacia un nuevo cuerpo policial, el incremento de la militarizada PFP en 11 mil efectivos y los cambios en las dirigencias de los cuerpos policíacos, como comentábamos en la primera parte de este análisis, no hacen sino oscurecer los peores augurios. El objetivo de disminuir la influencia de los movimientos sociales se disfraza de lucha contra el crimen organizado, mientras cada poco se destapan escándalos por sus vínculos con las estructuras de poder.

Legalizar la confrontación

El peligro de militarización del país no es una simple hipótesis alarmista de los movimientos sociales. Actualmente se está discutiendo en la Cámara de Diputados la necesidad de modificar la Ley de neutralidad bélica, que impide a México aceptar bases militares de los Estados Unidos, participar en guerras y ceder su espacio aéreo con ese fin. Su reforma abriría el camino definitivamente a la militarización del país.

Por otra parte, las reformas a la Constitución política han suprimido el concepto “represión”, con la clara intención de ampliar el manto de impunidad para cualquier operativo policial y militar. En el mismo sentido se encamina la recién aprobada Ley antiterrorismo. Siguiendo los pasos de los Estados Unidos, el difuso y generalizable pretexto de “seguridad nacional” empieza a justificar cualquier abuso y recorte de libertades y derechos fundamentales.

El relanzamiento del Plan Puebla-Panamá como única propuesta de alianzas

Vicente Fox no supo vender el PPP a los mexicanos, por lo que tuvo que esconderlo, borrar de su diccionario esas siglas… que no esas intenciones. Pero pese a desaparecer de la agenda política, los procesos privatizadores continuaron. Hubo un segundo intento por relanzar el plan, pero volvió a ser rechazado gracias al trabajo de seguimiento de muchas organizaciones y a la reciente memoria colectiva. Pese a esto, Calderón fue preparando el terreno desde mucho antes de acceder a la Presidencia, manteniendo reuniones con otros gobiernos y corporaciones con la intención de implantar por la fuerza y de una vez por todas el PPP, fuese cual fuese el costo a pagar.

En este mismo sentido, y con el repetitivo pretexto de la lucha contra el narcotráfico, se está planeando la mejor manera de lograr (y legitimar) una intervención militar de los EEUU en territorio mexicano -de ahí también el interés en reformar la Ley bélica-.

Más allá de los intereses comunes en el PPP, tras la llegada al poder de algunos gobiernos de derecha en la región mesoamericana se está generando una alianza que tratará de hacer frente a la alianza de los gobiernos de izquierda institucional en Latinoamérica. Mientras estos países están cancelando sus deudas con el Banco Mundial y el FMI, impulsando a su vez el Banco del Sur (propuesto por Venezuela) que, lejos de ser una panacea, trata de romper con la subyugación hacia los Estados Unidos y las principales potencias internacionales, el gobierno mexicano aplica ferozmente los reajustes estructurales que le ordenan. Mientras países como Venezuela y Bolivia nacionalizan el petróleo pese a la resistencia voraz de las empresas transnacionales, y tejen nuevas alianzas internacionales, Calderón estrecha los grilletes que lo encadenan al amo estadounidense.

Es una batalla entre lo legal y lo legítimo: Ruptura con el Estado (Por qué se legaliza lo ilegal)

En definitiva, el actual sexenio puede enfrentar de una manera definitiva dos maneras opuestas de entender el poder. Unos ambicionan tenerlo, otros lo ejercen sin tomarlo. Frente al modelo que representa el estado, carente de legitimidad y sostenido únicamente por sus fuerzas de seguridad y por las leyes que él mismo viola, las Juntas de Buen Gobierno zapatistas comparten su experiencia a través de La Otra Campaña, para mostrar que hay otras maneras de hacer política. El principal reto actual es la construcción de instituciones legítimas.

La Iglesia, por su parte, se posiciona claramente del lado del estado, desapareciendo “la opción por los hombres”. Está llevando a cabo una inadmisible injerencia, como en la Ley del aborto, tratando de mantener su hegemonía y sus intereses económicos y por controlar a los feligreses. Cabe señalar, a su vez, el valioso y arriesgado trabajo que importantes sectores de las bases de la Iglesia (catequistas, sacerdotes, monjas) llevan a cabo por el respeto a los Derechos Humanos y por la justicia social.

Para finalizar, y sólo como pequeña muestra del descaro extremo al que llega la desigualdad y la hipocresía institucional en México, queremos recordar la cantidad de impuestos que empresas y bancos evadieron el año pasado, cuyas cifras han sido hechas públicas por la propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público, sin que ningún juez o funcionario público haya tomado medidas al respecto.

(Agradecemos profundamente el apoyo editorial de Roger Rovira)

* Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria

Los dilemas de las izquierdas latinoamericanas en la lucha contra el neoliberalismo

David Ángel Bonilla
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=53090

Introducción

Desde un enfoque analítico marxista, podemos afirmar que, hoy día, América Latina experimenta transformaciones tanto en el nivel estructural como en el correspondiente a la superestructura, lo cual nos hace pensar que entramos a un momento histórico de enorme envergadura. A partir de los planteamientos metodológicos de la obra de Marx sabemos que las relaciones fundamentales de la sociedad y, de las sociedades, en particular, se explican por las continuidades y los cambios en el sistema económico-social; este planteamiento implica que la historia es un continuum de carácter dialéctico en el que para entender un momento determinado se debe entender el proceso anterior que en su desenvolvimiento caracteriza al presente.

Es en este sentido que debemos analizar cuáles son los cambios que se presentan en la región latinoamericana y cuáles son las posibilidades de que éstos cristalicen en la creación de sociedades más equitativas y más justas para los pueblos y los oprimidos de Nuestra América. Para ello, las acciones que lleven a cabo tanto los movimientos sociales como los partidos políticos de izquierda deben ser tomadas en cuenta, partiendo de la consideración de que el orden neoliberal instituido desde hace décadas en América Latina actualmente enfrenta una crisis frente a la cual se encuentra, por una parte, el auge de movimientos sociales como el de los piqueteros en Argentina, los Sin Tierra de Brasil o el zapatismo mexicano, y por otro, el arribo al poder de partidos y/o coaliciones de centro-izquierda, reflejando en uno y otro caso el hastío de la gente frente a políticas económicas que dieron al traste con el nivel de vida de la población en los países latinoamericanos.

Sin embargo, existe una cuestión imposible de soslayar: el hecho de que ambos –movimientos sociales y partidos políticos de izquierda- se opongan a un mismo enemigo en común –el neoliberalismo- no se traduce en que éstos construyan plataformas conjuntas de resistencia y superación frente al Estado neoliberal; por diversas cuestiones, movimientos sociales y partidos políticos de izquierda han diferido en sus propuestas de construcción de alternativas y dado lugar a una diversificación en el seno de la izquierda: así, por un lado tenemos las acciones realizadas por los movimientos de la llamada izquierda social, radical o movimientista que reniegan de la toma del poder estatal y, por otro, las de aquellos actores insertos en la denominada izquierda institucional o partidaria, es decir, los partidos políticos de esta filiación.

Es por ello que en el presente análisis buscamos problematizar acerca del contrapunteo que se da entre estas izquierdas que, podría pensarse, ya que se encuentran en lucha contra un enemigo en común –el neoliberalismo-, deberían enfrentarse a éste en comunidad de esfuerzos; sin embargo, la realidad supera los ideales de una izquierda unitaria que haga frente común al neoliberalismo que padecemos: en vez de ello, existen hoy por hoy en el espectro sociopolítico latinoamericano una diversidad de izquierdas que no acometen dicha lucha de manera conjunta, lo cual habremos de analizar a continuación a través de tres casos paradigmáticos en este sentido: los casos de Brasil, Argentina y México, por ser en estos tres países donde la tensión entre una izquierda y otra se hace más patente.

Las izquierdas latinoamericanas: tensión entre movimientos sociales y gobiernos “progresistas”

En la década de los ochenta comenzó la implantación del modelo económico neoliberal en los países de la región latinoamericana, a la par que se instituían “regímenes democráticos” que supuestamente llevarían a la región hacia el progreso, la modernidad y el desarrollo; hoy día, a sólo unas décadas de que esto sucediera, el proyecto neoliberal hace agua y se hacen patentes sus carencias para paliar la terrible desigualdad social y la pobreza que aquejan a nuestra región, además de que la democracia formal muestra sus limitaciones y vicios. Asistimos, pues, a la constatación de que la “receta” que nos impusieron no sólo no cumplió con los objetivos que se suponían eran su razón de ser, sino que además desató una severa crisis económica provocada por la implementación de políticas económicas erróneas para nuestros países. Todo ello provocó un agudo malestar social que se expresa en los movimientos de emancipación que acontecen en toda América Latina y que cuestionan la estrechez que asume la política en el marco de los regímenes neoliberales; de ahí que, para Atilio Borón, la crisis económica producida por el neoliberalismo en la región latinoamericana:

“a) generó nuevos actores sociales como, por ejemplo, los piqueteros en la Argentina; los pequeños agricultores endeudados de México, nucleados en “El campo no aguanta más”; los jóvenes y una variedad de movimientos de inspiración identitaria (de género, opción sexual, etnia, lengua, etc.) hastiados por la mercantilización de lo social y las políticas de supresión de las diferencias promovidas por el neoliberalismo; y los movimientos “alterglobalización”, (…), que modificaron el paisaje sociopolítico de sus países;

b) potenció la gravitación de otras fuerzas sociales y políticas ya existentes pero que, hasta ese momento, carecían de una proyección nacional al no estar suficientemente movilizadas y organizadas. En una enumeración que no pretende ser exhaustiva señalaríamos a los campesinos en Brasil y México, o los indígenas en Ecuador, Bolivia y partes de México y Mesoamérica;”[1]

Estos movimientos cuestionan lo limitado de la política partidaria, además de que responden al desgaste de las prácticas de la izquierda que se desarrolló durante la mayor parte del siglo XX, la cual se proponía como objetivo la toma del poder estatal para desde ahí transformar las relaciones de poder en la sociedad. Su existencia responde a los cambios en la organización de la sociedad donde, hoy día, la clase obrera industrial parece ceder el papel predominante que se le asignó en las tareas emancipadoras de la misma. Como menciona Atilio Borón en el texto antes citado:

“Pocas dudas caben de que la nueva morfología de la protesta social en nuestra región es un síntoma de la decadencia de los grandes partidos populistas y de izquierda, y de los modelos tradicionales de organización sindical. Decadencia que, sin duda, se explica por las transformaciones ocurridas en la “base social” típica de esos formatos organizativos debido a (…) la aparición de un voluminoso “subproletariado” –denominado “pobretariado” por Frei Betto– que incluye a un vasto conjunto de desocupados permanentes, trabajadores ocasionales, precarizados e informales, cuentapropistas de subsistencia (los futuros “empresarios schumpeterianos”, en la delirante visión de Hernando de Soto) y toda una vasta masa marginal a la que el capitalismo ha declarado como “redundante” e “inexplotable” y que por lo tanto, en una sociedad basada en la relación salarial, no tiene derecho a vivir.[2]

De ahí que en los últimos años se desarrollen en las calles latinoamericanas toda una serie de protestas encabezadas por los movimientos mencionados, con lo que se busca regresar a la política su sentido comunitario y de base. Dichos movimientos de izquierda se pueden englobar en lo que Aguirre Rojas llama la nueva izquierda surgida en 1968:

“La revolución mundial de 1968 trajo […] la irrupción de toda una vasta y compleja familia de nuevos y muy diversos movimientos sociales antisistémicos, cuyo abanico cubre desde el entonces emergente movimiento estudiantil, hasta los nuevos y ahora muy visibles movimientos feministas, y pasando por movimientos urbano-populares, pacifistas, ecologistas, campesinos, indígenas, antirracistas, étnicos, territoriales o de grupos como los de los prisioneros, los jubilados, los homosexuales, los desocupados, los sin techo, o los sin tierra, entre toda una amplia gama de los nuevos frentes y de las nuevas formas de la protesta social.”[3]

Dado este carácter antistémico de los movimientos de la izquierda latinoamericana sus posiciones se enfrentan con quienes buscan paliar los efectos de las políticas neoliberales en los marcos institucionales, así, naturalmente reniegan de las formas de representación dentro de las instituciones liberales. La relación que pueda existir de parte de los movimientos de izquierda con el poder es siempre problemática ya que como indicábamos mucha de su razón de ser responde a la crisis de las viejas formas de hacer política de la izquierda tradicional desde los espacios de poder, donde, en la mayoría de los casos los resultados no fueron los esperados; para ilustrar dicha situación analicemos la posición del movimiento de los Sin Tierra en Brasil con respecto al arribo al poder de parte de Luis Ignacio “Lula” Da Silva.

En el caso del Brasil la posición del Movimiento de los Sin Tierra ha sido siempre de un contenido bastante crítico hacia el poder estatal, debido al predominio que sobre éste han tenido los grandes latifundistas, con lo que han impuesto su visión de la economía brasileña y la consecuencia inmediata de ello, la falta de una profunda reforma agraria que garantice un acceso equitativo a la tierra.

Asimismo, han tenido un severo enfrentamiento con los cuerpos represivos promovidos por los latifundistas, por tanto, no es de extrañar que al conocerse los datos de los luchadores sociales muertos a manos de los paramilitares durante el gobierno de Lula[4] la posición del movimiento haya sido de crítica y deslinde del gobierno, así como ante la política macroeconómica seguida por el ministro de economía del gobierno de Lula. Por ende, numerosas críticas se han vertido sobre el accionar del gobierno petista de Lula, quien alguna vez, cuando hubo llegado a la presidencia de Brasil generó toda una serie de expectativas que lo llevaron, incluso, a ser aplaudido en el Tercer Foro Social Mundial de Porto Alegre[5] y que al cabo de algunos años en ella puede ser visto como el ejemplo de los yerros cometidos con la institucionalización; a este respecto, Aguirre Rojas señala que:

“[…] se ha repetido el hecho de que los líderes o dirigentes políticos llevados al poder o al gobierno o a la cúspide de esos vastos movimientos populares de contestación y de protesta social, no han estado siempre a la altura de las exigencias y de la fuerza y energía de dichos movimientos populares, haciendo que esos líderes, situados ante determinadas elecciones o encrucijadas fundamentales, hayan abandonado, o contenido, o en algún caso incluso traicionado, o también decepcionado en distintas medidas, a esas mismas masas populares que los apoyaron y que les permitieron llegar, ya sea al gobierno, o bien a esas encrucijadas políticas decisivas para los propios destinos generales de sus respectivas naciones.”[6]

Como hemos visto, la crisis de las viejas formas de representación ha propiciado el surgimiento de movimientos potencialmente transformadores que mantienen una actitud crítica con el poder estatal; asimismo, ante la crisis de los sistemas tradicionales de partidos políticos en América Latina se abrieron grietas entre las que surgieron nuevos actores políticos que en mayor o menor medida buscan limitar los estragos de las políticas neoliberales. Analicemos otra experiencia en este sentido, esto es, la pérdida de legitimidad de la política provocada por la crisis económica en Argentina y la consiguiente elección de Nestor Kirchner.

Después de la terrible noche que significó para los argentinos la política neoliberal encabezada por Carlos Menem y las posteriores decepciones representadas por Fernando De la Rúa y Eduardo Duhalde y como respuesta a la inmovilidad de la clase política argentina después de la conocida crisis económica del 2001, en las elecciones presidenciales realizadas dos años después resulta electo Nestor Kirchner, ante la amenaza de que Menem resultara reelecto.

No obstante que Kirchner representa el ala centro izquierdista del peronismo sus posiciones no han resultado del todo claras, ya que si de una parte ha realizado algunos avances con respecto a los crímenes del pasado cometidos durante la dictadura militar, así como ha tenido una política internacional más autónoma con respecto a los Estados Unidos; por otra parte, se muestra reacio a las movilizaciones realizadas por organizaciones piqueteras no alineadas a su política, lo que lo muestra renuente a atender las demandas sociales de los argentinos. Sobre el primer punto, Daniel Kersffeld señala:

“Importantes medidas como la necesaria remoción de la cúpula militar y de la Suprema Corte adicta al menemismo, junto con el impulso de la derogación de las leyes de amnistía a los responsables de crímenes cometidos durante el último gobierno militar, contribuyeron a fortalecer la imagen de un “Kirchner zurdo” […] hubo un claro interés por modificar la política de relaciones “carnales” con Estados Unidos para llevarla a un plano más regional, aunque, en el seno del Mercosur, una fuerte rivalidad llevó al gobierno argentino a más de un corto circuito con su par brasileño […]”[7]

Sin embargo, a pesar de que el gobierno de Kirchner se quiera diferenciar de los anteriores gobernantes neoliberales su posición frente al movimiento piquetero ha sido en la mayoría de los casos selectiva sino es que abiertamente desmovilizadora; ello porque ha tratado de manera diferenciada al movimiento según para él se trate de “piqueteros buenos” o “piqueteros malos”.[8] Dada esta relación conflictiva con el gobierno de Kirchner, el movimiento piquetero asume posiciones encontradas, dividiéndose entre quienes son adeptos al gobierno, quienes le son adversos y los que asumen una posición intermedia.[9]

No obstante que el gobierno de Kirchner representa una posición tendiente al centro y que no busca cambios sustantivos dentro del sistema capitalista; al movimiento piquetero no le conviene realizar una estrategia que lo aísle del grueso de los argentinos mediante una confrontación sectaria; al respecto, la Anred señala:

“Sin duda, el actual es otro Gobierno que se diferencia bastante del de Duhalde, pero que en esencia defiende intereses similares. Además de su dependencia de las estructuras del duhaldismo, presenta como principal limitación que las expectativas que despierta en términos políticos difícilmente puedan ser satisfechas en el terreno económico: la desesperante realidad material del pueblo trabajador no variará demasiado por un largo período, siendo éste es su talón de Aquiles. […] Ante este panorama, las organizaciones en lucha deberán – en primer lugar – evitar la trampa desmovilizadora y fragmentadora que tendió el Gobierno. Esto exige encontrar el equilibrio entre la necesidad de mantener importantes niveles de movilización, porque las demandas de los sectores populares no esperan, sin que esto conduzca a una situación involuntaria de aislamiento político y social.”[10]

El caso de México

Para el caso de México se presenta una situación particular: 1988 y 1994 significan dos años paradigmáticos para las izquierdas de nuestro país. Del primero nace el llamado Partido de la Revolución Democrática, cuyas filas se conformaron por el ala disidente del otrora partido político hegemónico, el Partido Revolucionario Institucional, y una base del movimiento social mexicano formada por líderes de la izquierda radical de aquel entonces –entre otros-; del segundo año, 1994, nace el movimiento social más importante para el país en la última década, el zapatismo.

Si bien hubo algunos años en que ambos caminaron por el mismo rumbo, éstos llegaron a un estado de confrontación resultado de los errores cometidos por el PRD en su proceso de institucionalización y participación de fondo en la política partidaria, y a decir del EZLN, por errores imperdonables tales como el voto a favor de la contrarreforma indígena -lo cual es bien cierto- y por la cercanía de su actual candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador con personajes salidos de las filas del salinismo. De esto se deriva que en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, en la cual el EZLN se define claramente como anticapitalista y de izquierda, se haya dado pie a la ruptura total y a la confrontación con quienes forman parte del perredismo. En este sentido, Concheiro Bórquez menciona que:

“No han sido pocas las expresiones de preocupación por la división que significa la posición del EZLN y quienes han expresado su protesta, declaran su convicción de votar por AMLO y seguir apoyando la lucha zapatista. Con esa posición, llaman en los hechos a la unidad de dos fuerzas que, siendo distintas, debieran confluir ante un momento político tan significativo para el país.”[11]

Ahora bien, el ideal de una izquierda unida se enfrenta en los hechos con cuestiones como la transformación de fondo del sistema capitalista, objetivo de la izquierda social, y la participación en las instituciones emanadas de éste, práctica de la izquierda partidaria o institucional, que lo lleva a cabo en búsqueda de reformas que palien la desigualdad social y la pobreza, pero sin objetivos de fondo que busquen eliminar las causas estructurales que las generan. En este sentido, Gutiérrez Aguilar afirma que:

“Por el lado de lo que podemos llamar “izquierda partidaria”, ni en México ni en Brasil, donde tenemos expresiones nítidas de esta tendencia, en un gobierno local y en el gobierno federal, respectivamente, los partidos en cuestión presentan proyectos donde se propongan caminos de superación del neoliberalismo, entendido en sus múltiples significados de ofensiva global del capital. Tanto el PRD mexicano como el PT en Brasil, van ajustándose a lo que consideran “posible”, intentando negociar límites y ambicionando quizá lo que se podría entender como un “capitalismo regulado”.[12]

De esto se deriva que aunque para algunos idealmente ambas izquierdas debieran confluir en aras de superar al Estado neoliberal y construir alternativas a éste, en la práctica se presentan un sinnúmero de contradicciones que hacen imposible su convergencia. Más aún, los militantes del zapatismo y la Otra Campaña en México nunca verían con buenos ojos ningún tipo de alianza con el otrora partido político de la izquierda mexicana; como nos recuerda el mismo Subcomandante Marcos en sus comunicados, el movimiento social que él representa y aquel otro que se arremolina alrededor de la figura de López Obrador, de filiación partidista, se encuentran en las antípodas de la búsqueda de soluciones al neoliberalismo que a todos aqueja. De esto se desprende que aquellos que creían en los principios y valores del zapatismo desde hace años, y que en los momentos más álgidos del proceso de desafuero en contra de López Obrador expresaron su apoyo también a éste, en un momento dado se vieron obligados a la disyuntiva entre el EZLN y la opción que pueda representar la candidatura presidencial de López Obrador, cuando el primero lanzó feroces críticas en contra del último y de su partido. A ello se aúnan, además, las acciones erróneas llevadas a cabo por parte de algunos gobiernos de filiación perredista –caso Sicartsa en Lázaro Cárdenas, Michoacán, y más recientemente el caso de San Salvador Atenco y Texcoco en el Estado de México- que han dado al traste con la tensa relación entre el movimiento zapatista y el PRD. Así, quienes piensan que ambas opciones de lucha pueden converger para combatir juntos al enemigo neoliberal, se encuentran en los hechos con una tensión enorme y muy difícil de superar, aún sea con anhelos genuinos de lucha conjunta y de construcción de alternativas frente al Estado neoliberal.

Conclusiones

En el curso de este ensayo se analizaron diversos casos de América Latina en los que se muestra la tensión existente entre la izquierda social y la izquierda partidaria, concluyendo de todo ello que, no obstante las posiciones que buscan desvanecer las contradicciones entre ambas para que coincidan en un movimiento más o menos homogéneo, vemos que en un sinnúmero de ocasiones esto no es posible. En los casos analizados las aspiraciones de una izquierda antisistémica chocan con los programas que presentan las izquierdas institucionales; pensamos que la imposibilidad de dicha coincidencia se da sobre todo por una razón, la cual nos lleva a un debate mucho más profundo: que dada la coyuntura provocada por el neoliberalismo se estableció que pertenecían al espectro de la izquierda, por una parte, los movimientos que aspiran a una profunda transformación de las estructuras económicas en nuestras sociedades, y por otra, algunos movimientos de corte nacionalista y “progresista” (un sector zurdo del peronismo argentino, por ejemplo), los cuales defienden un capitalismo regulado pero no atacan lo que los movimientos sociales consideran la principal causa del malestar en nuestras sociedades: la explotación de unos seres humanos sobre otros. Por otra parte nos encontramos con el caso de Brasil, que es bastante sui géneris, ya que ahí no llega al poder un partido con una ideología progresista que se limite a algunas reformas como puede ser el peronismo de izquierda, sino un partido con un origen marxista que aspiraba a la transformación del sistema capitalista, por lo cual su actuación gubernamental es aún más decepcionante. En el caso de México, éste se encuentra en un momento fundamental con miras a las elecciones de julio de 2006 y las opciones del zapatismo y el perredismo-lopezobradorismo contienen cada una por su lado proyectos que difieren de fondo, por cuanto, el primero tiene un perfil netamente anticapitalista y el segundo busca paliar la pobreza sin combatir la explotación, es decir, en el marco de las instituciones del sistema capitalista. Por último, somos conscientes de que no hay que olvidar experiencias y procesos como los vividos actualmente en Bolivia y Venezuela, mismos que, por su especificidad, ameritan otro espacio de análisis, pero que podrían ser la excepción a esta ostensible tensión entre las izquierdas latinoamericanas.

Fuentes de consulta

1. Agencia de Noticias Red Acción (ANRed), Argentina: La respuesta de las organizaciones piqueteras ante la estrategia desmovilizadora de Kirchner, en Rebelión: http://www.rebelion.org/argentina/031110anred.htm, 10 de noviembre del 2003.

2. Aguirre Rojas, Carlos Antonio. América Latina en la encrucijada. Los movimientos sociales y la muerte de la política moderna. Contrahistorias. La otra mirada de Clío, México, 2005.

3. Borón, Atilio. Neoliberalismo vs. movimientos sociales en América Latina, en Indymedia: pr.indymedia.org/news/2004/08/4536.php}

4. Concheiro Bórquez, Elvira. “Viraje a la izquierda”, en Memoria, Número 200, octubre de 2005: http://memoria.com.mx/?q=node/665

5. Díaz Polanco, Héctor. “La izquierda: desafíos y perspectivas”, en Memoria, Número 166, diciembre de 2002.

6. Gutiérrez Aguilar, Raquel. “América Latina: notas para entender qué significa, hoy, “izquierda”, en: Las izquierdas en México y América Latina, desafíos, peligros y posibilidades. Fundación Heberto Castillo, A.C., México, 2004.

7. Kersffeld, Daniel. “Néstor Kirchner y los límites de la centroizquierda”, en Memoria, Número 202, diciembre de 2005.

8. Modonesi, Massimo. “¿Dónde quedó la política?”, en Memoria, Número 169 marzo de 2003: http://memoria.com.mx/?q=node/100&PHPSESSID=8bdb57a80140ca0053f2946d8421fab9

9. Ortaloni Saavedra Luis. “Crisis y reorganización de los movimientos piqueteros argentinos”, en Revista de los pueblos: http://www.revistapueblos.org/article.php3?id_article=327 30 de diciembre de 2005.

10. Petras, James, Los derechos humanos en Brasil bajo el régimen de Lula, en Rebelión: http://www.rebelion.org/petras/031113petras.htm, 13 de noviembre del 2003.

[1] Borón, Atilio. Neoliberalismo vs. movimientos sociales en América Latina, en Indymedia: pr.indymedia.org/news/2004/08/4536.php

[2] Ídem.

[3] Aguirre Rojas, Carlos Antonio. América Latina en la encrucijada. Los movimientos sociales y la muerte de la política moderna. Contrahistorias. La otra mirada de Clío, México, 2005, p. 68.

[4] Cfr. Petras, James, Los derechos humanos en Brasil bajo el régimen de Lula, en: Rebelión, http://www.rebelion.org/petras/031113petras.htm, 13 de noviembre del 2003.

[5] Cfr. Aguirre Rojas, Carlos Antonio. Op. cit., p.52.

[6] Ibídem, p. 60.

[7] Kersffeld, Daniel. “Néstor Kirchner y los límites de la centroizquierda”, en Memoria, Número 202, diciembre de 2005.

[8] Ortaloni Saavedra Luis. Crisis y reorganización de los movimientos piqueteros argentinos, en: Revista de los Pueblos, http://www.revistapueblos.org/article.php3?id_article=327

30 de diciembre de 2005.

[9] Ídem.

[10]Agencia de Noticias Red Acción (ANRed), Argentina: La respuesta de las organizaciones piqueteras ante la estrategia desmovilizadora de Kirchner, en: Rebelión, http://www.rebelion.org/argentina/031110anred.htm, 10 de noviembre del 2003.

[11] Concheiro Bórquez, Elvira. “Viraje a la izquierda”, Memoria, Número 200, octubre de 2005, en: http://memoria.com.mx/?q=node/665. -Las cursivas son nuestras-.

[12] Gutiérrez Aguilar, Raquel. “América Latina: notas para entender qué significa, hoy, “izquierda”, en: Las izquierdas en México y América Latina, desafíos, peligros y posibilidades. Fundación Heberto Castillo, A.C., México, 2004, p. 220.

Rojo y negro: notas sobre el anarquismo

Manfariel Adalí

Antes que el proletariado se organizara en el resto del mundo, las ideas comunistas, o mejor, ciertas formas de comunismo libertario, ya tenían arraigo en algunas zonas andaluzas; poco antes de 1860 descubrieron una sociedad comunista en la región y de ella fusilaron a dieciséis personas.

En 1868 los trabajadores invadieron unas propiedades rústicas por considerar a “la propiedad privada como un abuso de la historia y un agravio de los capitalistas” (Mijaíl Bakunin).

A fines de aquel año llegó a la Península el diputado napolitano Giuseppe Fanelli (garibaldino), como portavoz y propagandista de la Alianza Democrática fundada por Bakunin. En La Révolte, de París (4 de mayo de 1893), se lee que “tomó uno a uno a los hombres más dispuestos que hallaba a su paso para persuadirlos, convencerlos y llevarlos al anarquismo”, agrupando así a toda una generación que hizo del movimiento anarquista en España uno de los más compactos y capaces para las luchas sociales en el mundo.

En 1872 se celebró en Córdoba el primer congreso anarquista de España (el mapa del anarquismo en 1931 ya abarcaba Andalucía, Cataluña, Valencia y parte de Aragón).

La primera República Española se proclamó en 1873; hubo numerosos motines e insurrecciones desligados unos de otros la mayoría de las veces. Algunas revueltas en Andalucía, como la de Montilla, tenían carácter marcadamente anarquista; los campesinos destruyeron el registro de la propiedad, modificaron los lindes de algunos cortijos, saquearon otros y dieron muerte a dos propietarios y a un guardia rural: ni la Internacional, ni la Alianza de la Democracia Socialista tuvieron parte alguna en los hechos.

La Asociación Internacional de Trabajadores (ait) logró un fuerte arraigo en Andalucía y Cataluña; el gobierno provisional de 1874 la disolvió inmediatamente, pero gracias a la unión de los campesinos no impidió la difusión de ideas ni la movilización de los militantes. El credo anarco-colectivista queda bien expresado en unas líneas de su reglamento: “La tierra existe para el bienestar común de los hombres y todos tienen el mismo derecho a poseerla.” (Bakunin).

En el verano de 1883 se produjo la primera de las innumerables huelgas que habrían de estallar en Andalucía. Los segadores de Jerez se negaron a trabajar a destajo, como lo imponía el despotismo de los amos; en 1892 el anarquismo volvió a manifestarse en Jerez, Cádiz y Sevilla.

A comienzos de siglo xx fue fraguando la transformación del movimiento anarquista en el anarco-sindicalismo. En octubre de 1910, un congreso de federaciones y grupos libertarios creó en Sevilla la Confederación Nacional del Trabajo (cnt), y en 1927 la Federación Anarquista Ibérica (fai).

Las cualidades del andaluz, como las de cualquier ciudadano del mundo, son una compleja amalgama que no permite establecer determinismos sino con dificultad. El andaluz no se adapta “gloriosamente” a su miseria. Nadie se adapta a la miseria en cuanto puede huir de ella. Los hechos mismos niegan rotundamente lo afirmado por José Ortega y Gasset en su Teoría de Andalucía.

¿Y aquí, en México? Con todos sus defectos y debilidades, son los pobres quienes actúan como verdaderos héroes contemporáneos, porque están pagando el desarrollo industrial y el de la modernización del país: “En verdad, la estabilidad política de México es un triste testimonio de la gran capacidad para soportar la miseria y el sufrimiento que tiene el ciudadano común, pero que tiene sus límites, a menos que se encuentre una distribución más equitativa de la cada vez mayor riqueza nacional; debemos esperar que tarde o temprano ocurrirán trastornos nacionales.” (Ricardo Flores Magón).

En España, los principios de la cnt fueron claramente expresados: “El sindicalismo no debía ser considerado como un fin sino como un medio de lucha contra la burguesía” (Piotr Kropotkin, El apoyo mutuo). En México, la lucha y las ideas de los hermanos Flores Magón se inspiraron en los mismos principios. Y en ambos países se emplearon los mismos sistemas de lucha, como la huelga general y la acción directa. Recuérdese la relación de Antonio Díaz Soto y Gama con Emiliano Zapata, quien adoptó el grito de “Tierra y libertad”. Y su esperanza del advenimiento de una revolución milenaria que nacerá del reparto de la tierra: “La tierra para el que la trabaja.”

El magonismo, como fuerza detonante de la Revolución mexicana, tuvo como aspiración abolir el poder, no ejercerlo. Una de sus metas era el autogobierno de las masas populares. Los zapatistas, hermanos de los anhelos y la rebeldía del magonismo, lucharon como buenos libertarios por un mundo nuevo en el que las fábricas, la tierra y la libertad fueran para todos.

Los anarquistas, insatisfechos con los moderados intentos de reforma agraria, crearon graves problemas a la segunda República Española, especialmente en Andalucía. El famoso alzamiento de Casas Viejas, capitaneado por Seisdedos, fue quizá uno de los signos más expresivos de las dificultades de la izquierda liberal republicana para entender el grave trasfondo del problema agrario andaluz. Al clamor promovido por Seisdedos respondieron campesinos y trabajadores, convencidos con fe inquebrantable de que establecerían el comunismo libertario. Como se sabe, la guardia civil y las tropas acabaron por prender fuego a las casas en que se habían refugiado los campesinos.

Al estallar la Guerra civil española, las clases trabajadoras andaluzas y las del resto de España se pusieron del lado de la República. Ya en las elecciones de febrero del ’36, Andalucía había optado por el Frente Popular. La historia reciente prueba que los más hondos problemas andaluces –especialmente la cuestión agraria– están muy lejos de haberse resuelto.

Como ejemplo de las inconsecuencias en ese período, por decir lo menos, se puede señalar un estudio documental cinematográfico de Luis Buñuel en Andalucía, Las Hurdes, tierra sin pan (1932), donde se hace una denuncia:

Un bolsón de miseria [es un eufemismo] en las montañas a unos kilómetros de Burgos. La vida extinguiéndose en piedras agrietadas: un hombre temblando de fiebre; el bocio antiguo de una mujer de 32; un niño abandonado por tres días en la calle para morir ahí; el lindero de los cultivos a unos dos o tres metros del río, que lo barrerá con las primeras lluvias; los hombres marchando penosamente hacia Castilla, para trabajar y regresar sin eso; muñecas huesudas y pechos hundidos, andrajos increíbles; enanos imbéciles farfullando a la cámara, girando sus bobas caras de nabo por encima de las rocas; la vista de una madre cuya bebé acaba de morir, sacudida por sentimientos humanos que usted podría tomar por felicidad después de todas esas caras en blanco; el pequeño cuerpo llevado por senderos pedregosos de los que hemos visto caer cabras incluso [en realidad, fue el producto trucado de un disparo de fusil del equipo de producción], empujado en su plataforma a través de un río –como un pequeño ferry sobre un innoble Leteo hasta que llega a su único cementerio a kilómetros de distancia–, unos pocos palos clavados en las altas hierbas y la cizaña; por la noche, entre las celdas de piedra, una calle como un parche en terreno agrietado, una mujer vieja batiendo una campana muerta. Una película honesta y escandalosa, que se encuentra libre de propaganda excepto por una toma al interior de una iglesia –un par de estatuas baratas y un grabado corriente– con una verbosa oración [en off] sobre la riqueza clerical…¡Riqueza! Uno sonríe con la palabra a la vista del interior de dos centavos y se pregunta si los cinco años de políticas republicanas han hecho algo por esa gente; que uno sólo podría permitirse acabar con este hoyo al que deben trepar para hallar limpieza y confort.

Es un mundo grotesco: los imbéciles tocándose unos a otros entre las rocas con significados privados incomunicables. La niña muerta mostrando su garganta al camarógrafo (”Nosotros no pudimos hacer nada por ellos. Unos días después supimos que ella había muerto”, dice la voz en off).

Graham Greene on Film, Collected Criticism, 1935-1939
(Traducción de Rubén Moheno)

Es que las revoluciones de tipo social no son hechas por los “partidos”, los grupos o los cuadros. Ellas resultan de fuerzas históricas, y de contradicciones que movilizan a vastos sectores de la población, y son consecuencia de la tensión entre lo actual y lo posible; lo que es y lo que podía ser.

El rasgo más sorprendente de las pasadas revoluciones es que se iniciaron espontáneamente; que la revolución triunfe o no depende de si el Estado puede emplear su fuerza armada con eficacia; es decir, si las tropas –compuestas por el pueblo– pueden ser lanzadas contra el pueblo.

El “glorioso partido”, allí donde existe, va invariablemente atrás de los acontecimientos. El partido se estructura de acuerdo a líneas jerárquicas que reflejan a la misma sociedad que pretende confrontar. Pese a sus pretensiones teóricas, es un organismo burgués; un aparato cuya función es aspirar a la toma del poder, no a disolverlo. Sus miembros están entrenados en la obediencia; son educados para reverenciar el liderismo, que es una función dirigente del partido, que, a su vez, finca sus bases en costumbres nacidas del viejo mundo injusto; es, en fin, una burocracia con intereses creados. Así, los líderes se convierten en personajes, pierden contacto con la situación viva en las filas bajas, y el resultado es una eficiencia muy disminuida desde el punto de vista revolucionario.

El partido es muy eficiente sólo en un sentido: en moldear a la sociedad de acuerdo con su propia imagen jerárquica. Si la revolución tiene éxito crea la burocracia, la centralización y el Estado controlado por el “glorioso partido”. Es decir, preserva las condiciones necesarias para su propia existencia.

Por otra parte, ese tipo de partido, fuera del poder, es extremadamente vulnerable en períodos de represión; con los líderes en prisión u ocultos, queda paralizado; los obedientes no tienen a quién obedecer y tienden a dispersarse: y la “revolución” se anula.

Los partidos socialdemócratas, comunistas y trotskistas degeneraron porque estaban estructurados según los modelos burgueses. La superioridad ideológica del anarquismo radica en que no aspira al poder sino a su liquidación.

El sindicalismo revolucionario no pide a los demás que abdiquen de su poder, sino que contemplen la posibilidad de una reestructuración social de base, comunitaria, al margen del poder tradicional, porque el socialismo de dirigentes y dirigidos no es socialismo sino autoritarismo. Éste empieza por la discriminación política y termina con el nacimiento de nuevas clases privilegiadas.

El anarquismo ofrece a todos un quehacer comunitario en la base misma de la sociedad. Hay que insistir: los partidos políticos no hacen revoluciones de tipo social, éstas han sido levantadas siempre por amplios sectores de la población; las más decisivas pueden ocurrir siempre que se den las condiciones necesarias. La espontaneidad del movimiento y de las masas que en ellas intervienen es un hecho probado por la historia.

La huelga general, o la huelga de masas, es el más decisivo hecho del proceso. Se fundamenta en los sindicatos que intervienen en ellas porque cuentan con la facultad de paralizar la vida económica, y también para ponerla en marcha de nuevo e iniciar la reestructuración social. Esta vieja táctica del sindicalismo revolucionario, la huelga general, fue criticada siempre desde todos los ángulos por el marxismo.

En España, donde el anarco-sindicalismo era fuerte, los sindicatos de la zona republicana socializaron la industria en el ’36, crearon más de 2 mil colectividades campesinas, y en Aragón lanzaron el primer autogobierno en la historia del mundo.

Fueron los pueblos y los sindicatos los que crearon organismos necesarios para una situación en verdad apremiante. En el curso de una larga y compleja guerra fratricida muy sangrienta. La maquinaria enemiga era pletórica en armas proporcionadas por los fascistas alemanes e italianos, y los otros sólo con los instrumentos de trabajo convertidos en armas, y las muy pocas que vinieron del exterior –como las que llegaron de México–, compitieron en condiciones que la palabra desventaja no refleja sino muy pálidamente. Todo ello debilitó en gran parte los primitivos logros revolucionarios, pero sin llegar a extinguirlos por completo nunca.

Es que gobierno y revolución son incompatibles, como lo prueba el estalinismo. En el caso cubano, no podemos olvidar por un solo instante la muy real amenaza de muerte que pende sobre él desde su nacimiento hasta hoy. En ese sentido es una excepción.

Si en algo cuenta, diremos que los trabajadores, de todos los tiempos, cuando se vieron obligados a defender sus intereses, empezaron siempre por crear una sociedad de resistencia, y luego sindicatos, pero jamás un partido político; los que surgieron después tomaron de la ideología contraria para usurpar la fuerza obrera.

. . .

Cuando se inició la Guerra de españa yo tenía unos meses de edad. No conocí a mi padre, herrero afiliado a la fai, y que huyó de Córdoba. Él fue a Valencia para alistarse en la Columna de Hierro anarquista. Combatió en Teruel a las tropas fascistas, batalla donde cayó.

Andando el tiempo, en mi primera juventud (catorce o quince años de edad) me afilié a un grupo clandestino que actuaba contra el régimen franquista, los Jóvenes Libertarios. Y después de algunos años de correrías por varios puertos en labores de grumete llegué a México.Hace algunos meses asistí a una reunión junto con algunos compañeros mexicanos y otros españoles, donde conocí a un grupo de indígenas de comunidades chiapanecas, bakuninistas casi todos, conocedores de Kropotkin, Flores Magón, y el propio Bakunin.

“No hay que ponerle veladoras a Bakunin ni a los Flores Magón”, me dijeron. Quedé con la boca abierta y en total acuerdo con esos compañeros.

En otra ocasión vi a un joven punk (vestidura de piel negra con remaches y estoperoles en la mochila y en las botas, además de un tocado muy especial), me acerqué a él y le dije: “Compañero, ¿sabes cómo puedo ir a la parada del metro más próxima?” Me indicó el camino y luego se despidió de mí con un: “Suerte y salud, compañero.” Nos estrechamos las manos cada quien con una sonrisa.

http://www.jornada.unam.mx/2007/06/17/sem-adali.html

Oaxaca un año después: El espejo de México

Claudio Albertani
Rebelión

La guerra es la paz
la libertad es la esclavitud,
la ignorancia es la fuerza
George Orwell

 

Oaxaca está en paz y refleja
un clima de tranquilidad
Ulises Ruiz, 10 de mayo de 2007

A un año del estallido del conflicto magisterial, Oaxaca es el espejo de México. El proceso de derechización avanza a pasos agigantados, pero también avanza la rebeldía que busca y, en ocasiones, encuentra nuevos caminos. La pobreza en la que vive aproximadamente el 67% de los oaxaqueños (2 millones 349 mil 570 personas de un total de 3 millones 506 mil 821, según cifras oficiales) y la desigualdad “son una característica que les impiden formar parte activa en la sociedad”, según el Banco Mundial. [1]
Crisol de culturas indígenas y mestizas, en los últimos años la capital del estado se ha transformado en un inmenso aparador para turistas que aporta mucho dinero a inversionistas locales, nacionales y extranjeros, pero muy poco a los ciudadanos de a pie. Con la llegada de Ulises Ruiz Ortiz (URO) a gobernador a finales de 2004, esta situación se vio exacerbada por un renovado ciclo autoritario, caracterizado por el uso discrecional de recursos públicos, el incremento del narcotráfico, la destrucción del patrimonio histórico y natural, el hostigamiento a medios de comunicación independientes, y todo tipo de represión. Hombre torpe y despiadado, Ruiz Ortiz no triunfó en las urnas, sino, como Felipe Calderón, por la vía del fraude.

Las guerras de URO
Lejos de ser un rezago del pasado, el despotismo que impera en Oaxaca sintetiza y ejemplifica las agudas contradicciones del México actual. Algunos hablan, al respecto, de un larvado proceso de fascistización. [2] Sin adentrarnos en el debate, el hecho es que la derecha arcaica y oligárquica en el poder impulsa una modernización agresiva y excluyente mientras que, a la par, emerge una insurgencia social amplia, inédita y amenazadora. Esta derecha va por todo; no busca legitimidad ni acuerdos sino, únicamente, enriquecerse y perpetuarse a sí misma. En Oaxaca y en otras partes, su programa es el mismo: desmantelar los últimos vestigios del Estado social, someter al país a las necesidades del capital transnacional y acabar con cuanto huele a izquierda. Los matices políticos y las guerras intestinas –que sí las hay– importan poco pues, más allá de las disputas cuando es necesario esta derecha aglutina no solamente al PAN, sino a buena parte del PRI e, incluso, de la llamada izquierda institucional.
La perpetuación en el cargo de URO y el sustento que ha recibido por parte de dos ejecutivos federales consecutivos (el de Vicente Fox y el de Felipe Calderón) no desentonan con el panorama nacional: los primeros meses de la nueva administración panista se caracterizan por la militarización de las principales regiones indígenas del país, numerosos asesinatos perpetrados por el ejército y la solicitud a Estados Unidos de implementar en México un “Plan Colombia” con la excusa de la lucha contra el narcotráfico. [3]
En el caso del gobernante oaxaqueño, su carácter arbitrario se percibió desde su campaña electoral. El 27 de julio del 2004, en un acto proselitista llevado a cabo en Huautla de Jiménez, sus secuaces mataron a palos al profesor Serafín García por el único delito de oponerse a su candidatura. Como muchos otros, el crimen quedó impune. [4]
El 1 de agosto, día de los comicios, el sistema de conteo de votos se cayó tres veces, de manera que el “triunfo” de URO –apodado el mapache mayor [5] – fue impugnado por la coalición “Todos Somos Oaxaca” abanderada por Gabino Cué. No sirvió de nada: las cartas ya estaban echadas pues, al parecer, la gubernatura fue un pago por la guerra sucia que, años antes, URO había coordinado en Tabasco contra Andrés Manuel López Obrador, archienemigo del precandidato presidencial del PRI, Roberto Madrazo.
Como sea, el primer acto del flamante gobernador fue desencadenar otra guerra, ahora contra un periódico local independiente, Noticias de Oaxaca, juzgado reo del crimen de disidencia. El 17 de junio de 2005, porros dirigidos por el diputado priista y “líder sindical”, David Aguilar, irrumpieron en los locales del diario. Ante la negativa de la redacción para sumarse a una “huelga”, los asaltantes retuvieron a los 31 periodistas presentes durante más de un mes. [6]
Sin embargo, Noticias siguió saliendo pues los secuestrados encontraron la manera de sacar la información por medio de internet y el periódico se empezó a imprimir en Tuxtepec, a más de 200 kilómetros de Oaxaca. Cuando la policía de Ruiz Ortiz dispuso interceptar las camionetas que lo transportaban, su dueño, Ericel Gómez, alquiló una avioneta para que los voceadores lo recogieran directamente en el aeropuerto, con la ayuda del sindicato de los maestros. La disputa siguió, el tiraje bajó considerablemente, pero al final, Noticias logró sobrevivir al acoso oficial. Radicalizó, eso sí, su línea editorial volviéndose el periódico más vendido de la entidad. URO cosechaba así su primera derrota.
Otro suceso característico es la agresión contra Santiago Xanica, una comunidad indígena zapoteca enclavada en la Sierra Sur que desde hacía años luchaba por el respeto de sus derechos colectivos. En diciembre de 2004, a los pocos días de la toma de posesión de URO, el ejército empezó a patrullar la localidad y el 15 de enero de 2005, la policía preventiva estatal abrió un fuego cruzado contra unos 80 indígenas que se hallaban haciendo un tequio cerca del panteón municipal. En la acción fue herido de gravedad Abraham Ramírez Vázquez, dirigente del Comité por la Defensa de los Derechos Indígenas (CODEDI). Puesto que en el tiempo de los asesinos las víctimas son siempre culpables, el luchador social fue detenido sin cargos y hasta la fecha se encuentra preso en el penal de Pochutla. [7]
Poco después, URO se embarcó en una costosa y ecológicamente nociva reestructuración del zócalo de Oaxaca que le ganó la antipatía de la clase media local, pero le permitió distribuir enormes cantidades de dinero entre sus allegados.
Hacia finales de mayo de 2006, ya había en Oaxaca unos setenta prisioneros políticos. No satisfecho, el gobernador abrió el fuego contra la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación que cuenta con unos 70,000 afiliados y una larga tradición de luchas independientes.
Desde hacía años, en proximidad del día del maestro (15 de mayo), los profesores instalaban un plantón en el centro de la ciudad para plantear sus reivindicaciones. La ciudadanía se quejaba, gruñía, pero raramente les regateaba su simpatía. Catalizadores de la conciencia social, entregados a su trabajo y conocedores profundos de la realidad local, los maestros son muy respetados en la entidad.
En esa ocasión, pedían la homologación de su magro salario a los estándares nacionales, una demanda que involucraba también a las autoridades federales. En la primavera de 2006, sin embargo, se cerraron todas las puertas de la negociación. URO lanzó amenazas intentando manipular a una de las fracciones del movimiento en contra de otra mientras que el gobierno federal panista se desentendió del asunto pensando de asestar así un golpe certero al PRI.
El plantón arrancó el 22 de mayo, sin encontrar mayor eco en la población. Envalentonado, el 14 de junio, URO ordenó su desalojo confiando en el efecto sorpresa. Hacia las 4:50 de la madrugada, agentes de varias corporaciones respaldados por helicópteros que arrojaban granadas tóxicas agredieron a los profesores disparando con armas de fuego. Además de causar pánico entre la población, los policías destruyeron todo lo que pudieron, incluyendo las instalaciones de la emisora magisterial, “Radio Plantón”. El saldo fue de unos 200 heridos, además de un número indeterminado de desaparecidos.
URO mostraba así su talante para hacer frente a la inconformidad social, tal y como lo había hecho semanas antes en Atenco el gobernador –también priista– del Estado de México, Enrique Peña Nieto, con la colaboración entusiasta del ejecutivo federal panista. [8] En vísperas de las elecciones presidenciales, el gobernador de Oaxaca enviaba, además, el mensaje de su jefe, Roberto Madrazo: el PRI es el partido del orden. Por entonces, las elecciones ya estaban ensangrentadas.

El incendio
Lo que sucedió después evidencia, una vez más, que cuando los poderosos se muestran demasiado ávidos acaban perjudicando sus propios intereses. [9] La población que hasta ese momento se había mantenido pasiva –si no es que abiertamente hostil– cambió de actitud volcándose a las calles en solidaridad con los profesores.
Éstos se reagruparon enfrentando a los uniformados con piedras y palos, ahora auxiliados por universitarios, organizaciones sociales y ciudadanos de a pie. En cuestión de horas, la multitud enardecida retomó el zócalo reinstalando el plantón a despecho de URO. Acto seguido, los profesores desconocieron al gobernador, exigiendo, desde ese momento, su renuncia como condición previa e ineludible para solucionar el conflicto laboral.
El día 16, una megamarcha de unas 300 mil personas mostró el arrastre del magisterio. La ciudadanía –estudiantes, padres de familia, trabajadores, burócratas e, incluso, comerciantes– los recibía con aplausos y cuando alguien sacó una pancarta que decía “fuera Ulises” todo el mundo aplaudió.
Mientras tanto, la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo (UCIZONI) protestaba en Matías Romero bloqueando durante varias horas la carretera transístmica. Ambos acontecimientos eran una anticipación de lo que vendría pronto: las megamarchas en la capital y la ramificación del movimiento en el resto del estado.
El movimiento dio un giro cuando, el 18 de junio, se anunció la constitución de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO) en la que, además de los maestros, convergieron unas 350 organizaciones de carácter muy variado: sindicatos, colectivos libertarios, viejas agrupaciones de la izquierda marxista– leninista, organizaciones ciudadanas, indígenas, trabajadores, artistas, estudiantes e individuos sin partido.
La APPO surgió así por iniciativa de los maestros como una forma de canalizar el apoyo social hacia su movimiento reivindicativo, pero los rebasó pronto. El día 20, sus integrantes acordaron crear una dirección colectiva provisional conformada por treinta personas planteando integrar un frente común “para iniciar una lucha prolongada, hasta lograr la desaparición de poderes, la destitución de Ulises Ruiz Ortiz y el arribo del poder popular”. [10]
Aun cuando el término “poder popular” puede molestar por las experiencias históricas que evoca, expresaba la idea de transformar las condiciones de vida sentando las bases de una nueva relación sociedad–gobierno.
Pronto nacieron comisiones internas, como las de prensa, barricadas y propaganda. “Comenzamos a conformar una red de organizaciones, y cualquier acción que quisiéramos realizar debía pasar por una consulta de las bases, tanto de los maestros como de la propia APPO”. [11]
Como sea, las demandas laborales ya habían pasado en segundo plano ante la exigencia de la salida de Ruiz que, a su vez, planteaba una demanda de democratización.
Según Gustavo Esteva, dentro de la APPO confluyeron tres luchas democráticas distintas. [12] La primera pugna por la democracia formal: cómo mejorar las condiciones de representación; cómo acabar con las trampas y fraudes del sistema electoral, acotar la manipulación de los medios y asegurar el correcto funcionamiento de las instituciones del Estado de derecho. Estas demandas son muy vigorosas en Oaxaca y muy visibles dentro de la APPO. Una segunda corriente plantea la democracia participativa, es decir el fortalecimiento de la iniciativa popular, la institución de las figuras jurídicas del referéndum y del plebiscito, la posibilidad de revocar los mandatos y la opción de lo que se denomina presupuesto participativo, o sea que los servicios públicos se realicen con la participación de los ciudadanos y no de manera arbitraria. La tercera, que se podría nombrar democracia radical dice: no necesitamos allá arriba ningún poder político; podemos necesitar formas de coordinación administrativas, pero nada más. Esta corriente lucha por una sociedad en la que el origen de la ley reside en la autonomía individual y colectiva de todos los seres humanos. Es una corriente transversal que en México se inspira en la experiencia de los pueblos indígenas, pero también en las luchas urbanas y en el anarquismo.
En palabras de David Venegas, “el Alebrije” consejero de la APPO, preso desde el 13 de abril de 2007 en el penal de Ixcotel, “es posible vivir y convivir en un orden social propio, emanado de la voluntad colectiva y no de la imposición de un gobierno que es extraño a los intereses y necesidades de los pueblos, un orden social en donde los valores que imperan […] son la fraternidad, la solidaridad, la cooperación y la defensa comunitaria y no más un orden social basado en el miedo al castigo, a la autoridad, al escarnio público o a la cárcel. [13]
Lo que expresa David tiene que ver con la demanda de autoorganización y autogobierno de las masas que se incorporaron al movimiento y con la aspiración a crear un mundo nuevo desde las entrañas del antiguo. Además de explicar el desbordamiento de los sindicatos y las organizaciones marxistas–leninistas, esas aspiraciones siguen siendo las mejor garantía de que el peligro de fascistización se topa con una barrera infranqueable.
Lejos de ser extremista, la “democracia radical” tiene una posición realista, es decir no alejada de los hechos. No es ideológica, ya que no se identifica con ninguna organización en particular. Asimismo, está consciente de que no es dominante en el conjunto del país. En México, existe una caricatura de democracia formal, un poco de democracia participativa, mientras que la democracia radical tiene expresiones en las comunidades indígenas, entre los zapatistas y, como aspiración, en algunas luchas urbanas. “Entonces –concluye Esteva– nosotros coexistimos con las primeras dos corrientes, porque vivimos en México. No pretendemos separarnos de México. Seguimos aquí y vamos a aceptar algunas cosas de la democracia formal, pero vamos a intentar hacer las cosas a nuestra manera”.

La fiesta
En aquel final de junio de 2006, convergieron en la APPO una multiplicidad no sólo de organizaciones, sino de enfoques, individuos y sensibilidades que de alguna manera también remiten a la vieja tradición libertaria del magonismo que sigue viva en la entidad.
Conforme crecía la indignación, el movimiento iba agarrando fuerza, creatividad y riqueza. En las elecciones presidenciales del 2 de julio, la APPO planteó un voto de castigo a Ulises Ruiz. Aun cuando muchos de sus integrantes defendían una clara posición abstencionista –y a pesar de las acostumbradas manipulaciones y triquiñuelas–, el resultado fue contundente: ganó López Obrador por un margen muy amplio y el PRI quedó en tercera posición, algo nunca visto en la entidad.
Lo que siguió es una historia muy compleja y todavía por narrarse de la que aquí sólo nos interesa retomar algunos hitos. Desde un principio, la APPO se inspiró en las prácticas democráticas de los zapotecos, mixtecos, mixes, amuzgos y demás pueblos originarios. Por esto, pronto cambió su nombre –un tanto anacrónico– de “Asamblea Popular del Pueblo” (al singular) por “Asamblea Popular de los Pueblos” (al plural), lo cual envuelve varios propósitos. Si la idea de “asamblea” aludía a las formas autogestivas que siguen vigentes en el 80 por ciento de los 570 municipios de Oaxaca, entonces era necesario tomar nota de que esas asambleas tienen expresiones múltiples y diversas.
La propia capital del estado es, entre otras cosas, una metrópoli indígena pues varias de sus colonias están integradas básicamente por migrantes que van y vienen de sus pueblos de origen. Muchos de ellos se unieron a las protestas; algunos eran maestros, los más artesanos y vendedores ambulantes. [14] Al enterarse de los hechos, las comunidades se sumaron también aportando su enorme experiencia y su inagotable memorial de agravios: miseria, opresión, marginación, cacicazgo, despojo, olvido…
A la par, llegaron jóvenes urbanos cuya identidad colectiva se construye en el barrio, la música, el vestir y el arte. “Grupos marginados y discriminados, no sólo por el gobierno, como prostitut@s, homosexuales, lesbianas y otros amores, se hicieron presentes, aunque de manera discreta” logrando que “los agravios que ell@s sufren formaran parte del grito colectivo de justicia y libertad por tod@s”. [15]
De junio a octubre de 2006, cientos de miles de personas se volcaron a las calles en una docena de megamarchas de proporciones nunca antes vistas. Juntos fraguaron una lucha plural en donde varios segmentos de sociedad aprendieron a convivir, sin renunciar a sus diferencias y peculiaridades. Juntos recluyeron a Ulises Ruiz en la clandestinidad eclipsando en los hechos a todos los poderes oficiales. Juntos tomaron las oficinas públicas, crearon órganos de autogobierno y administraron la justicia por medio del “Honorable Cuerpo de Topiles”, milicia popular que se inspira en la tradición indígena. [16]
No fue un movimiento clasista en sentido tradicional, pues la clase obrera es casi inexistente en Oaxaca. [17] Fue, si acaso, un movimiento de movimientos. Había gente con la hoz y el martillo a un lado de los estandartes de la virgen de Guadalupe y la A de la anarquía, aunque los más se identificaban por su pertenencia territorial: barrio, colonia o comunidad.
Tampoco fue únicamente un movimiento local: “la experiencia que nosotros tenemos hoy es también gracias a lo que se ha hecho en Ecuador, Brasil y Argentina. Hemos estado pendiente de todos los procesos que ha habido en Latinoamérica, y también en los Estados Unidos con nuestros compañeros migrantes”. [18]
A pesar de que los medios encontraron inmediatamente personas como Flavio Sosa a quien colgarle la etiqueta, la APPO no fue tampoco un movimiento de líderes. En una entrevista que le hice pocos días antes de su detención, el mismo Flavio desmintió esa función: “cuando empezó a correr esta frase alguien hizo un cartel que decía: «este movimiento no es de líderes, es de bases», y lo terminaba firmando como grupo. Al rato, unos muchachos inteligentes le agregaron debajo con pluma: «no es de líderes; ni tampoco de grupos».” [19]
Mucho menos fue un movimiento que buscaba hacerse del poder, a pesar de los delirios estalinistas de algunos de sus integrantes. Esto quedó consignado, por ejemplo, en un graffiti que se podía leer hacia finales de octubre de 2006 en las inmediaciones de la calle Tinoco y Palacios del centro histórico de Oaxaca: “nos quieren obligar a gobernar, no vamos a caer en esa provocación”. ¿Qué significa? Responde Gustavo Esteva: “que no estamos interesados en tomar este gobierno; que este gobierno es una estructura de dominación para controlar a la gente y que no queremos ocupar esa función”. [20]
Ante las barbaridades de URO, la gente empezó un novedoso proceso de auto–organización y durante muchos meses, la ciudad capital pasó por la singular experiencia de una vida sin gobierno y sin burocracia, pero abierta al diálogo y a la innovación. La sabiduría colectiva se impuso de manera pacífica sobre las caravanas de la muerte, las desapariciones forzadas y los atropellos ampliamente documentados por organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales.
Como en una auténtica revolución social, muchas personas descubrieron en la acción sus capacidades recónditas. La participación de las mujeres fue intensa. Algunas de las participantes habían incluso votado por el PRI, pero el movimiento las despertó a una nueva conciencia. Una señora, ya grande, completamente sola y sin más armas que su dignidad rebelde, secuestró un autobús, para ponerlo al servicio de la causa. Y fue un colectivo de mujeres que operó la televisión durante 20 días probando en los hechos la comunicación alternativa sí existe.
Hay que estudiar el papel de los medios recuperados pues fueron la punta de lanza de la movilización. La toma de las 12 radiodifusoras comerciales y del Canal 9 de la televisión local empezaron como medidas defensivas ante la destrucción de Radio Plantón y los daños infligidos a Radio Universidad, las únicas voces independientes de la ciudad. Es claro que el movimiento no se hubiera desarrollado tan rápidamente sin la radio, lo cual no deja de ser una lección importante dentro y fuera de Oaxaca.
La locutora estrella del movimiento fue una médica de 58 años de edad –la ahora mundialmente conocida doctora Berta– que transmitía desde radio universidad día y noche tomando café y fumando cigarros Delicados. Cuando salía era para atender a las víctimas de la represión: yo mismo la vi distribuyendo agua a los manifestantes desde un coche de la Cruz Roja.
Todos aprendimos a reconocer su voz algo ronca que con calma y serenidad transmitía las necesidades de los manifestantes mientras llovían las balas y los gases. El 3 de noviembre, día sucesivo a la batalla de CU que vio la derrota ignominiosa de la PFP, me dijo: “en Radio Universidad, como antes en La Ley, Radio Plantón, Canal 9, la comunicación es como debe ser: de ida y vuelta, con teléfono abierto y conexiones vía internet para el extranjero. Si ahorita llega un señor y dice: quiero pasar un mensaje, pues señor pase y dé su mensaje. La gente viene y habla con sus palabras, con su pensamiento, pero además la gente es muy objetiva. A lo mejor no habla muy bien el español, pero sabe lo que quiere. Esto ya nadie la para”. [21]
Mucho se ha hablado de las barricadas y se ha visto ahí una prueba de la “violencia” ejercida por la APPO. La realidad es que las barricadas surgieron como medidas defensivas para contener los asesinatos de las caravanas de la muerte de URO. Hubo por lo menos 1500 de ellas, aunque nadie las contó todas y nunca sabremos su número a ciencia cierta. Claro que sus integrantes –en gran parte colonos–, experimentaron durante largas noches nuevas formas de sociabilidad y una verdadera fiesta colectiva.
El aspecto festivo sugiere, me parece, la única comparación pertinente con la Comuna de París, que, a su vez, fue definida la más grande fiesta del siglo XIX. Habría que añadir que la Comuna de Oaxaca quedó aislada igual que su ilustre predecesora: no hubo en México –ni tampoco fuera– grandes movilizaciones a favor de la APPO.
Habría que añadir que la gente de Oaxaca no habla de “comuna”, sino de “comunalidad”, término que remite a las experiencias indígenas locales. Como sea, es claro que los muchachos de las barricadas, los que sostuvieron los combates callejeros, no eran “profesionales” ni militantes en sentido tradicional. Eran puro pueblo –incluso niños de la calle como el que se observa en un video del colectivo Mal de ojo [22] –, gente que no sabía nada de guerrilla urbana y se capacitó al calor de los hechos.

¿Y ahora?
El gran movimiento social que sacudió a la sociedad oaxaqueña es uno de los acontecimientos más importantes de la historia reciente de México, algo que se puede comparar únicamente con la insurrección zapatista de 1994. La respuesta popular a los abusos de URO fue tan inesperada como masiva, creativa y esperanzadora. A la ecología del miedo los oaxaqueños respondieron con la ecología de la fiesta que es muy arraigada en la tradición local. Contra los delirios del poder, reafirmaron su derecho al tiranicidio no violento que se expresa en el lema: “ya cayó, Ulises ya cayó”.
La APPO es el resultado de un largo proceso de acumulación de experiencias históricas –de errores y de aciertos– que convergen en el objetivo común de democratizar las estructuras del poder. Aun cuando se vio que el contenido de esa democratización está en disputa, lo cierto es que fue el eje que aglutinó a un movimiento multiforme que no se puede entender a partir de los análisis tradicionales marxistas ni de corte sociológico.
“Lo que se esboza en Oaxaca se sitúa en la línea de continuidad de la Comuna de París y de las colectividades andaluzas, catalanas y aragonesas creadas durante la revolución española de 1936–1938, en las que la experiencia autogestiva sentó las bases de una nueva sociedad”, escribió Raoul Vaneigem en un llamado a la solidaridad internacional publicado en México por el diario La Jornada. [23]
Vaneigem tiene razón en el sentido de lo sucedido en Oaxaca en 2006 es esperanzador para todos los que buscamos alternativas a la barbarie imperante dentro y fuera de México. Sin embargo, también es verdad que la represión aniquiló aquellas mismas esperanzas. No evocaré aquí el calvario que vivió el pueblo de Oaxaca a partir del 27 de octubre de 2006, día en que fueron asesinados el periodista Brad Will en Santa Lucía del Camino y un número indeterminado de personas en Santa María Coyotepec.
La mejor fuente al respecto sigue siendo el citado informe de la CCIODH cuyas conclusiones rezan así: “la Comisión considera que los hechos ocurridos en Oaxaca son un eslabón de una estrategia jurídica, policíaca y militar, con componentes psicosociales y comunitarios cuyo objetivo último es lograr el control y amedrentamiento de la población civil en zonas donde se desarrollan procesos de organización ciudadana o movimientos de carácter social no partidista”. [24]
Participé en la experiencia y soy testigo de que esta conclusión no sólo es moderada, sino que, incluso, se queda corta ante la realidad. Si bien pudimos comprobar que hubo por lo menos 23 víctimas hasta la segunda quincena del mes de enero de 2007 (todas del lado del movimiento), no pudimos documentar el gran número de desaparecidos que hay desde el inicio del conflicto. ¿Por qué? Porque el terror es tal que la gente no se atrevió a denunciar la desaparición de sus allegados, ni siquiera ante una instancia tan confiable como la CCIODH.
Los desmanes de la fuerza pública no fueron “excesos”, ni “errores”, sino un frío experimento de ingeniería social en donde los poderes federales actuaron en coordinación con los locales. ¿Qué querían? Posiblemente medir cuánta represión aguanta un pueblo, sin que la situación se les escape. Bien lo expresa Armando Bartra: “prepararse para enfrentar masas enardecidas es suponer que van a aparecer”. [25]
En Oaxaca las masas aparecieron y, como en Centroamérica en los años 80, el propósito fue “quitarle el agua al pez” (según rezan los manuales de contrainsurgencia), sembrar el terror y mostrar al ciudadano común qué le puede pasar si se pasa de la raya. La inaudita pena de 67 años recientemente infligida a los dirigentes de Atenco, reos como sus hermanos oaxaqueños, del horrendo crimen de disidencia, arrojan una luz siniestra sobre el México calderonista.
¿Cuál es el balance de siete meses de contrainsurgencia? El estado de terror sigue, a pesar de las declaraciones oficiales en sentido contrario. Ante la paulatina retirada de las masas, callan las voces participativas de la pluralidad y los grupos de la vieja izquierda ganan espacios que antes no tenían. O, mejor dicho, los tenían algunos de sus dirigentes en cuanto participantes legítimos del movimiento, no en cuanto integrantes de tal o cual grupo.
Algunos de ellos trabajan día y noche para transformar la APPO en una organización política vertical de corte estalinista. Esto se vio, por ejemplo, en el Congreso Constitutivo de la APPO (10–12 de noviembre de 2006) o en la “Asamblea Popular de los Pueblos de México” –intento en gran parte fallido de “exportar” el modelo APPO– cuando un conocido exponente del “Frente Popular Revolucionario” (FPR) afirmó sin cortapisas que “el movimiento de Oaxaca es un movimiento de dirigentes”. [26]
A las pugnas tradicionales entre las viejas organizaciones que llevan a cuesta 30 años de derrotas, se sumó a partir de febrero de 2007 la división en torno al asunto electoral: participar o no en las elecciones locales que se celebrarían a finales de junio. Se formó, dentro la APPO, un bloque electoral (FPR, FALP, NIOax, etc.) que emprendió una batalla a muerte contra el bloque abstencionista (VOCAL, CODEP, CIPO, POS, etc.). A su vez, el bloque electoral se fracturó por los conflictos internos: quién iba a quedarse con qué candidatura y con qué partido.
A la postre nadie cosechó mucho pues, con su acostumbrada generosidad, el PRD les otorgó una sola candidatura. Los daños, en cambio, fueron incalculables. Uno es, muy probablemente, la detención de David Venegas –consejero de la APPO, elegido por el sector barricadas– integrante de VOCAL, libertario y abstencionista. El 13 de abril, David fue detenido mientras se dirigía a una reunión de la APPO, bajo el cargo fantasioso de poseer 30 gramos de cocaína y dos bolsas con heroína.
Semanas después, lanzó desde las cárcel graves acusaciones contra algunos conocidos dirigentes del bloque electoral a quienes adjudicó la responsabilidad de su captura. Sin entrar en el mérito de la cuestión, el hecho es que David fue detenido bajo la misma imputación que éstos habían circulado contra él, antes de su detención. [27] Hay más: en el mes de marzo, como parte de su contraofensiva, la policía había sembrado explosivos en las inmediaciones de lo que había sido la barricada de Brenamiel, acusación inmediatamente desmentida por el propio David en conferencia de prensa. [28]
Así las cosas, sería un ejercicio vano buscar las organizaciones puras, separar las “buenas” de las “malas” o las “revolucionarias” de las “reformistas”. Las líneas de división no pasan por las organizaciones, sino que las atraviesan. Incluso entre los estalinistas del FPR se encuentran compañer@ valios@s. Revitalizar el movimiento no es, tampoco, un asunto étnico. El aporte de los indígenas es fundamental, no cabe la menor duda, pero tampoco ellos son inmunes a la corrupción ni a la funesta seducción de la política profesional, como varios me lo han expresado personalmente.
David sugiere que “si el cauce que ofrece la APPO […] es estrecho y limitado, este pueblo heroico sabrá buscar y encontrar los caminos para su liberación.” [29] El diagnóstico es severo, mas no parece muy alejado de la realidad. Aun así, no todo está perdido. En Oaxaca, circula una pregunta: ¿cómo recrear el momento mágico que se vivió el año pasado? Sólo las mujeres y los hombres que participaron en el movimiento pueden encontrar la respuesta.

México, D.F., 10 de junio de 2007

[1] Citado en: Luís Arellano Mora, “Oaxaca: la pobreza en cifras”,
http://www.transicionoaxaca.com.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=42&Itemid=75
[2] Carlos Fazio, “¿Hacia un estado de excepción?” La Jornada, 4 de diciembre de 2006.
[3] La Jornada, 9 de junio de 2007. Véase los casos paradigmáticos de violación y asesinato de la anciana Ernestina Ascensión en la Sierra de Zongolica, Veracruz (La Jornada 27 de febrero) y la masacre de una familia de 5 personas en Sinaloa. culpable de “no haberse detenido en un retén” (La Jornada, 3 de junio).
[4] Véase: Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos (CCIODH), Informe sobre los hechos de Oaxaca, http://cciodh.pangea.org/quinta/informe_oaxaca_cas.shtml
[5] En México se llaman “mapaches’ no solamente los osos lavadores, sino también los operadores de los fraudes electorales que mediante la manipulación de los votos depositados en las urnas convierten una derrota en victoria, o anulan el triunfo de un partido, generalmente de la oposición.
[6] Entrevista con Ismael Sanmartín Hernández, director editorial de Noticias de Oaxaca, 29 de diciembre de 2006,
[7] Véase: mexico.indymedia.org/tiki–download_file.php?fileId=62
[8] Comisión Civil Internacional de Observación por los Derechos Humanos, Informe preliminar sobre los hechos de Atenco, 2006, http://cciodh.pangea.org/cuarta/informe_preliminar.htm
[9] Para esta rápida reconstrucción me basé en mis propias entrevistas, en el Informe sobre Oaxaca, op. cit. y en la narración de Gustavo Esteva en ocasión de la “Reunión de análisis sobre el movimiento social en Oaxaca. Diálogo entre miembros de organismos civiles e instituciones académicas de Oaxaca y la Ciudad de México”, Universidad de la Tierra, Oaxaca, 18 de marzo de 2007.
[10] La Jornada, 19 de junio de 2006.
[11] Entrevista a Miguel Linares Rivera, realizada por Hernán Ouviña, Ciudad de México, 29 de octubre de 2006, http://www.espacioalternativo.org/node/1731
[12] Entrevista con Gustavo Esteva, Universidad de la Tierra, Oaxaca, 3 de noviembre de 2006
[13] David Venegas Reyes, “Alebrije”, carta desde Ixcotel, 23 de abril de 2007, http://chiapas.indymedia.org/display.php3?article_id=144954
[14] Entrevista con Nicéforo Urbieta, 3 de mayo de 2007.
[15] David Venegas, carta citada.
[16] En las comunidades indígenas, los “topiles” son elegidos en asamblea y ejercen gratuitamente la justicia por medio del bastón de mando y sin necesidad de portar armas.
[17] Esto motivó las airadas críticas de un grupo anarquista que vio en la APPO un movimiento de la pequeña burguesía (¡!). Véase: “Oaxaca: APPO y el reformismo de siempre”, http://argentina.indymedia.org/news/2006/11/463625.php
[18] Miguel Linares Rivera, entrevista citada.
[19] Entrevista con Flavio Sosa, 4 de noviembre de 2006.
[20] G. Esteva, entrevista citada.
[21] Entrevista con la doctora Berta Muñoz, Oaxaca, Ciudad Universitaria, 3 de noviembre de 2006.
[22] Este colectivo ha realizado una magnifica labor de recopilación de los sucesos de Oaxaca. Véase: http://video.indymedia.org/en/2006/11/555.shtml
[23] Raoul Vaneigem, “Llamado de un partisano de la autonomía individual y colectiva”, La Jornada, 11 de noviembre de 2006.
[24] CCIODH, “Conclusiones y recomendaciones preliminares” http://cciodh.pangea.org/quinta/070120_inf_conclusiones_recomendaciones_cas.shtml.
[25] Armando Bartra, “El tamaño de los retos”, La Guillotina No. 56, primavera de 2007.
[26] 11–12 de noviembre de 2006, local del SITUAM, México, DF.
[27] David Venegas, carta del 15 de mayo de 2007,
http://www.vocal.lunasexta.org/davidvenegas/carta–de–david–15–de–mayo.html
[28] La Jornada, 14 de abril de 2007.
[29] David Venegas, 23 de abril, carta citada.

La estructura fundamental de la explotación

Xavier Gracia
Rebelión

“La producción capitalista sólo desarrolla, por tanto, la técnica y la combinación del proceso social de producción al tiempo que socava las fuentes originarias de toda riqueza: la tierra y el trabajador”
Marx

En el plano de la teoría las primeras incursiones siempre tienen un carácter provisional. En su calidad de breve introducción a la teoría del valor trabajo, necesariamente tendremos que hacer abstracción de numerosos fenómenos y niveles de análisis que modifican y alteran las múltiples formas en las que se manifiesta la ley del valor. Además, no podemos sino manifestar que la realidad, en sus determinaciones concretas, siempre se revela más rica y compleja que cualquier cuerpo de conocimiento.
Al analizar el ingreso y el consumo de las clases dominantes en las formaciones sociales precapitalistas, como en las sociedades esclavistas o feudales, uno no tiene que recurrir a la especulación ni hace falta ser una gran lumbrera. La explotación del trabajo es transparente y las formas que adquieren los mecanismos de apropiación del producto del trabajo no requieren grandes construcciones teóricas. No existe la necesidad de sustentar el conocimiento en una ciencia como la economía política para desenmarañar el conjunto de mecanismos que permiten a las clases dominantes la apropiación de una parte nada despreciable de los frutos del trabajo.
Sin embargo, bajo el capitalismo, entender las relaciones que los hombres establecen en la producción e intercambio de sus bienes y los mecanismos distributivos que determinan su participación en el fondo social de consumo es una tarea ardua y compleja. No se puede resolver directamente a través de la experimentación. Se necesita un conjunto de leyes y generalizaciones que permitan abrirnos paso a través de la enorme colección de fenómenos y manifestaciones aparentemente contradictorias que se nos presentan bajo las relaciones capitalistas de producción e intercambio.
La pregunta que tenemos que resolver es cómo se intercambian los frutos del trabajo en una sociedad en la que la producción está conformada por la acción independiente de millones de unidades privadas que producen sin ningún tipo de coordinación ni regulación. Cómo, bajo las leyes del intercambio mercantil, es posible que una parte de la población que posee la propiedad privada de los medios necesarios para llevar a cabo cualquier proceso de producción pueda apropiarse sin esfuerzo productivo alguno de la parte del león en el fondo social de consumo. Para ello deberemos entender los mecanismos que operan a las espaldas de las unidades productivas independientes que regulan la distribución del trabajo social entre las diferentes ramas y sectores de la producción y que tienen que ser extremadamente sensibles a las formas y evolución de la productividad del trabajo.

Centralidad del trabajo.

Dentro del esquema de la teoría del valor trabajo la actividad productiva del hombre ocupa un lugar central. El trabajo, entendido en sentido amplio, es la actividad consciente y a su vez social que surge de la capacidad de comunicación e interacción entre los miembros del género humano. Constituye, además, la forma mediante la cual el hombre actúa sobre su medio natural y social con el objetivo de dotarse de forma permanente de los bienes y servicios necesarios para la vida en sociedad. Por lo tanto, el trabajo se conforma como condición de existencia del ser humano en su metabolismo con la naturaleza y con los miembros de su misma especie.
A pesar de la enorme evolución de los órganos especializados del hombre, como la mano de pulgar libre y el sistema nervioso desarrollado, el ser humano no es capaz de procurarse directamente con sus manos el alimento y los bienes que necesita para su propia subsistencia. Sin embargo si que puede proyectar, producir y utilizar instrumentos de trabajo y, gracias al desarrollo del lenguaje, bosquejar una organización social que asegura la supervivencia del género humano como un organismo social. El trabajo, la organización social, el lenguaje y la conciencia son las características propias del hombre y es importante resaltar la capacidad de autoproducción del ser humano a través del trabajo y la vida en sociedad. El hombre tiene que cubrir sus necesidades básicas por medio del trabajo. Sin embargo, estas necesidades son satisfechas socialmente, es decir, no por una actividad puramente fisiológica e individual del hombre en “lucha” contra las fuerzas de la naturaleza, sino por una actividad que resulta de las relaciones mutuas establecidas entre los miembros de un grupo humano.
Históricamente, con el desarrollo de nuevos inventos, y gracias al saber acumulado por la experiencia y el conocimiento científico ha sido posible incrementar la producción de los alimentos y bienes necesarios, reduciendo al mismo tiempo, el esfuerzo físico que tenían que realizar los productores. Son las primeras manifestaciones del incremento de la productividad del trabajo. De este modo, al lado del producto necesario para la supervivencia de la comunidad se va constituyendo un excedente constante, una primera forma de sobreproducto social. La capacidad para producir este excedente es la base objetiva que hace posible el desarrollo de las primeras formas complejas en la división social del trabajo, la separación del artesanado de la agricultura, de la ciudad y el campo, pero es también el fundamento para la división de la sociedad en clases. “En una época en que dos manos no pueden producir más de lo que consume una boca no existen las bases económicas para la división en clases de la sociedad”. Mientras la sociedad es demasiado pobre y la productividad del trabajo no permite la constitución de un excedente constante, la desigualdad social apenas puede desarrollarse. Únicamente cuando la productividad del trabajo alcanza un determinado nivel se hace posible la constitución de un amplio sobreproducto permanente. De este modo, se crean las bases económicas y sociales que posibilitan que una parte de la sociedad pueda desligarse del proceso directo de producción.
Dada la complejidad de las necesidades devenidas y las características materiales del proceso productivo el hombre no puede producir directamente con sus manos y tiene que dotarse de herramientas. Es por ello que en todo proceso de producción se establecen un determinado tipo de relaciones entre los agentes y los medios necesarios para poder llevar a cabo el proceso productivo. Relaciones que, determinadas históricamente, están ligadas a las características socio-técnicas del proceso de trabajo: división técnica del trabajo, tipo de cooperación, características técnicas del medio de trabajo y moldeadas a su vez por las diversas formas que adquieren las relaciones antagonistas de clase.
En una primera aproximación es preciso entender el proceso de trabajo como la unión conflictiva entre dos tipos de relaciones. En primer lugar, las relaciones técnicas de producción son las formas de control o dominio que los miembros que intervienen en el acto productivo ejercen sobre los medios de trabajo en particular y que devienen de las características sociohistóricas del proceso técnico de la producción. Estas relaciones están determinadas por el nivel tecnológico, la profundidad de la división social del trabajo, las características científico-técnicas del proceso productivo, el conflicto entre el capital y el trabajo, etc. Es necesario huir de las concepciones que tratan de ver el desarrollo histórico de la producción como un desarrollo tecnológico lineal que puede ser refrenado o incentivado por factores sociales externos. Para nosotros, el desarrollo tecnológico es también un proceso socio-técnico que está constituido socialmente sobre la base del antagonismo entre el capital y el trabajo. Por lo tanto, la superación del capitalismo es, a su vez, la superación histórica del proceso de trabajo y de las formas de organización del mismo que han sido moldeadas por el capital.
En segundo lugar, y asumiendo que los medios de producción son las condiciones materiales de toda producción y que sin estos medios no se puede llevar a cabo proceso productivo alguno, podemos entender que aquella parte de la sociedad que logra su control o propiedad puede obligar a quienes no los poseen a someterse a las condiciones de trabajo que ellos fijen. Por lo tanto, las relaciones históricamente condicionadas que los hombres establecen en la producción en torno a la propiedad (o no) de los medios de producción constituyen el conjunto de relaciones sociales de producción.
Así, mientras el eje de las relaciones técnicas de producción va del hombre hacia las cosas, hacia su relación con los productos de la naturaleza y de las formas de organización del trabajo. Las relaciones sociales de producción tienen su centro de gravedad en las relaciones de producción y distribución que los hombres establecen entre ellos a través de la propiedad de las condiciones de trabajo.
En resumen, las relaciones de producción están constituidas por las relaciones técnicas de producción o “relaciones del hombre con la naturaleza” y las relaciones sociales de producción o “relaciones de los hombres entre sí a través de los medios de producción”. Por lo tanto es importante entender que todo proceso de producción no sólo reproduce las condiciones materiales o técnicas para su continuidad, sino que también produce y reproduce sus condiciones sociales de producción.
Siguiendo a Harnecker podemos diferenciar dos tipos fundamentales de relaciones de producción: la relación explotador/explotado y las relaciones de colaboración recíproca. En todo modo de producción en que existen relaciones de explotación por las que una parte de la sociedad se apropia de los frutos del trabajo ajeno se presentan dos grupos sociales antagónicos: los explotadores y los explotados: esclavos y amos, siervos y señores feudales, asalariados y capitalistas. Por ello, las sociedades basadas en relaciones de explotación son sociedades divididas en clases sociales. ¿Qué entendemos por clases sociales? Pues bien, para empezar, podemos aprovechar la definición que Lenin escribió en 1919 y que sostiene:

“Las clases son grandes grupos de personas que se diferencian unas de otras por el lugar que ocupan en un sistema de producción social e históricamente determinado, por su relación (en la mayoría de los casos fijada y formulada en la ley) con los medios de producción, por su papel en la organización social del trabajo y, en consecuencia, por la magnitud de la parte de riqueza social de que disponen y el modo en que la obtienen. Las clases son grupos de personas, unos de los cuales puede apropiarse el trabajo de otro en virtud de los diferentes lugares que ocupan en un sistema de economía social determinado”.

Por lo tanto, y desde nuestra perspectiva, el objeto de análisis de la economía política, aún sin olvidar el vínculo irrompible que surge entre las relaciones de producción y el proceso técnico-material, es la formación social específica que es el capitalismo, entendida como la totalidad de las relaciones de producción y distribución que constituyen su estructura económico-social.

El capital

Es norma en la economía ortodoxa definir el capital como el conjunto de los medios de producción necesarios para llevar a cabo el acto de producción haciendo abstracción de cualquier consideración social. Se identifican con el capital aquellos medios de trabajo que son imprescindibles en cualquier acto productivo, independientemente de su corteza social, con el objeto de dotar lo que es una relación social de producción, históricamente devenida, con las propiedades mismas de los requisitos de la producción. Se identifican directamente y sin distinción las relaciones técnicas y las relaciones sociales cómo si fueran inevitablemente una sola relación. Como si el proceso de producción material únicamente se pudiera llevar a cabo bajo las relaciones de producción capitalista porque se han identificado las condiciones objetivas del proceso de producción con su envoltura social.
Marx se encargó, en numerosas ocasiones, de señalar: “que el capital no es ninguna cosa, es una determinada relación social de producción, perteneciente a una determinada formación social histórica que se representa en una cosa y le presta un carácter social específico”. Por lo tanto, no es posible reducir el capital a una suma de medios de producción producidos. Falta un elemento fundamental para que las fábricas, la maquinaria y las materias primas puedan funcionar como capital. Se trata de la apropiación monopólica y coactiva e históricamente devenida que una parte de la sociedad ejerce sobre los medios de trabajo necesarios para la producción bajo el rubro de la propiedad.
La propiedad privada, y más exactamente la propiedad privada de los medios de producción, es la convención social, mutuamente aceptada por la asimilación ideológica o coactivamente impuesta por la violencia de la fuerza y la necesidad que, históricamente devenida, permite la apropiación privada del excedente social producido por la clase asalariada bajo relaciones capitalistas de producción La propiedad privada es el primer gran monopolio del que los (neo)liberales nunca hablan.
Para que los medios de producción, producidos por los obreros no lo olvidemos, puedan aparecer bajo la rúbrica de la propiedad es necesario que los productos del propio trabajo se escindan de la fuerza de trabajo y se opongan al trabajador como una fuerza hostil: “los productos de los obreros, convertidos en poderes autónomos, los productos como dominadores y compradores de sus productores”. Precisamente, esta concepción del capital como una relación social, históricamente determinada, señala una diferencia fundamental con la concepción ortodoxa sobre cuál es el objeto y los fines de la ciencia económica.

La mercancía

Bajo el capitalismo toda la riqueza social se nos presenta bajo la forma de mercancías sin embargo esto no siempre ha sido así. Hemos visto que toda sociedad tiene necesariamente que producir bienes útiles que le permitan satisfacer sus necesidades. Aunque siempre se han producido bienes útiles no siempre se han producido mercancías. Sólo aquellas economías con una fuerte división del trabajo, basadas en unidades privadas e independientes de producción e intercambio, desarrollan en profundidad los rasgos propios de la sociedad mercantil en los que las formas de regulación y distribución del trabajo se efectúa a través de los mecanismos del mercado.
Por ello es necesario distinguir un producto del trabajo de una mercancía. Un producto es el resultado del trabajo para la satisfacción propia o ajena sin la obtención de un equivalente por medio del intercambio en el mercado. Las lechugas que produzca una familia campesina para su propio consumo no tendría la consideración de mercancía en la medida en que no se han producido para el mercado y el objetivo de su producción no es el intercambio sino la satisfacción directa de las necesidades de los productores. La mercancía tiene una relación directa con la fragmentación de la propiedad privada de las unidades de producción y es en su salto de una unidad a otra donde el producto del trabajo se trasmuta en mercancía. Así, aquellos frutos del trabajo que se relacionan dentro de una misma unidad productiva no se convierten todavía en mercancías. Pensemos por un momento en las piezas que van pasando de un taller a otro en el interior de una misma fábrica. Dentro del mismo centro productivo las diferentes actividades no se intercambian como mercancías. Su conversión aparece entre los intersticios de la propiedad privada y por ello entendemos la mercancía como la forma social que adopta el producto del trabajo al intercambiarse entre unidades privadas de producción o consumo.
Esto quiere decir que la producción de bienes necesarios o productos bajo la forma social de la mercancía tiene un origen histórico que surge del desarrollo de las fuerzas productivas[1] y de la posterior aparición de la propiedad privada de los medios de producción. Precisamente, una de las características fundamentales del modo de producción capitalistas es que, además de que los bienes de subsistencia del trabajador mismo y de la sociedad en general aparecen como mercancías, también la capacidad de trabajo del hombre se constituye como tal. Lamentablemente, no podemos desarrollar aquí las enormes implicaciones que tienen sobre la subjetividad del individuo la mercantilización de su capacidad de trabajo y el hecho de que cada vez más aspectos de lo humano caigan en la esfera de la acumulación del capital por la vía de su mercantilización.
Así, la mercancía es la forma social que adquiere el producto del trabajo y la capacidad del trabajador bajo el capitalismo en un sistema de producción marcado por una profunda división y especialización del trabajo y por la propiedad privada y atomizada de los medios de producción. Con la aparición de la propiedad privada de los medios de producción, la distribución del trabajo entre las diferentes actividades, así como el reparto del producto del trabajo dejan de ser el resultado de una acción directa y consciente de los miembros de la sociedad. Cada acto de producción es el resultado de una decisión individual y privada al margen de las acciones y decisiones de las otras unidades sociales de producción.
Por lo tanto, la célula funcional del sistema capitalista es la mercancía que en su intercambio relaciona el trabajo individual de los distintos productores privados a través del mecanismo social del mercado. La división social del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción exigen que el trabajo de las empresas, que no es directamente social, sea validado en el mercado. Eso quiere decir, que la utilidad social del trabajo cristalizado en la mercancía es reconocida sólo de manera indirecta a través de la venta de los productos en el mercado. En consecuencia, el trabajo se convierte en social sólo porque es igualado a algún otro trabajo, y esta igualación del trabajo se efectúa mediante los mecanismos de intercambio.
La mercancía es, en conclusión, todo bien susceptible de ser reproducido en gran cantidad y producido para ser vendido en un mercado. De lo anterior podemos deducir que todo producto no es necesariamente una mercancía, así los objetos artísticos, o aquellos objetos únicos que no son reproducibles como tales no tienen la consideración de mercancías. El Guernica de Picasso, en cuanto tal, es un producto y más concretamente un producto artístico. Sin embargo, las reproducciones del cuadro son mercancías porque son reproducibles mediante el trabajo. Ahora bien, como las lechugas de nuestra familia campesina, los productos que se pueden reproducir pero que no pueden o no se venden en un mercado tampoco son mercancías. Precisamente por ello, la mercancía la consideramos en su desdoblamiento como valor de uso, fruto de un trabajo concreto con el propósito de cubrir un fin específico pero también como valor, esto es como cristalización de una fracción del trabajo social total inserto en los circuitos mercantiles de producción y distribución.

Valor de uso, valor y valor de cambio.

Veamos qué queremos decir. Cuando afirmamos que una mercancía es o posee un valor de uso estamos diciendo que por sus cualidades es capaz de satisfacer una necesidad cualquiera. Esta necesidad puede ser biológica, cultural, social o inducida. Así, el valor de uso de una prenda que sería la de protegernos de las inclemencias atmosféricas, tiene además un componente social y en este caso también podemos decir que el consumo de determinadas prendas están inducidas por la industria de la moda a través de la publicidad, el cine o la televisión. En consecuencia las necesidades evolucionan con la evolución misma de la sociedad y son constituidas socialmente. Lo que debe quedar claro es que toda mercancía debe ser capaz de satisfacer alguna necesidad, tiene que tener alguna utilidad para la persona que la quiere comprar. Obviamente no establecemos aquí ninguna consideración o juicio de valor sobre la utilidad de la mercancía. La utilidad de la mercancía puede ir desde los efectos beneficiosos de la vacuna contra la poliomielitis hasta la capacidad destructiva de una mina antipersonal para desgarrar los tejidos orgánicos y producir el máximo número de lesiones. El valor de uso de las mercancías constituye el soporte material de la riqueza. Así que, en un primer momento, la riqueza vendría definida por un acerbo de bienes y servicios útiles.
Es preciso entender que la teoría del valor-trabajo excluye tajantemente al valor de uso de cualquier determinación directa del valor y del valor de cambio. Lo que constatamos en una economía mercantil es el hecho de que productos con valores de uso diferentes se intercambian en proporciones determinadas. Como los diferentes valores de uso de las diferentes mercancías son inconmensurables (no hay relación entre las cualidades de una cuchilla de afeitar y una bombilla) habría que saber qué es lo que tienen en común las distintas mercancías que permite que éstas se intercambien entre si guardando unas determinadas relaciones de intercambiabilidad.
De esta manera lo que constatamos es que mercancías cualitativamente diferentes desde la perspectiva de sus valores de uso o utilidades, deben ser cuantitativamente iguales, es decir, deben tener una sustancia común que permita que su equivalencia cuantitativa haga posible su intercambiabilidad en unas determinadas proporciones.
¿Y cuál es esta sustancia común? El trabajo que ha cristalizado en las mercancías y que representa un quantum de todo el trabajo social que la sociedad dedica necesariamente para producir e intercambiar los productos del trabajo y que son la base de la riqueza en la sociedad burguesa. El elemento común que aparece en las mercancías y que determina su relación de intercambio con el resto de las mercancías es su valor y la sustancia del valor es el trabajo. Un trabajo despojado de sus cualidades concretas e igualado socialmente por el intercambio. Es lo que Marx llamó trabajo social abstracto que es el trabajo que determina que las mercancías tengan valor, mientras que el trabajo concreto es el trabajo que determina que las mercancías posean un valor de uso. Por lo tanto, es de vital importancia entender que la sustancia del valor es puramente social y que en ella no entra ni un solo átomo de sustancia natural. El valor es la forma social e históricamente determinada del producto del trabajo en la sociedad mercantil. Por lo tanto, la ley del valor es la expresión del hecho de que en una sociedad basada en la propiedad privada e independiente de las unidades de producción el trabajo de estas unidades no puede reconocerse directamente como trabajo social si no es a través del intercambio de sus productos y de la validación por el mercado del trabajo contenido en las mercancías.
Entonces ¿cómo se mide el valor de las mercancías? Pues por la cantidad de trabajo socialmente necesario que se ha requerido para su producción teniendo presente el grado alcanzado por la productividad del trabajo. Así que por trabajo socialmente necesario entendemos el tiempo de trabajo presente y pasado (encarnado en los medios necesarios para la producción) que es requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones medias de producción y con el grado social medio de destreza e intensidad del trabajo. Por lo tanto, este tiempo de trabajo socialmente necesario es el tiempo de trabajo abstracto creador de valor. Hace un momento insistíamos en la importancia de entender el valor como una sustancia puramente social ahora es preciso subrayar que su magnitud también es una magnitud social que resulta del grado de productividad medio alcanzado por el trabajo.
El valor se expresará en el valor de cambio de las diferentes mercancías. Por lo tanto, entendemos por valor de cambio como la relación en la que una mercancía es puesta en equivalencia con otras mercancías en el intercambio. Si suponemos que el trabajo socialmente necesario para producir un pantalón (10 horas de tsn.) es el doble del trabajo socialmente necesario para producir una camisa (5 horas de tsn.). La relación entre los tiempos de trabajo socialmente necesario o valor y que se deriva necesariamente de sus condiciones medias de producción es de 1 pantalón = 2 camisas. Así que los valores de cambio de las mercancías son sus precios relativos entendiendo su precio como la expresión de su valor de cambio en unidades monetarias. Por lo tanto, si nuestros pantalones tienen un precio de 100 euros y la camiseta, que ha costado la mitad del trabajo social necesario, es de 50 euros tenemos la misma relación 1 pantalón = 2 camisas.
En este punto es importante subrayar que bajo la producción mercantil los productos del trabajo son mercancías que se intercambian en proporción a sus valores, esto es, en proporción a la cantidad de trabajo socialmente necesario para su producción
Por lo tanto, el valor de cambio de las mercancías no es más que la forma en que se manifiesta el valor entendido este como una fracción del trabajo social distribuido entre las diversas actividades por medio de los mecanismos del mercado. Y esto ¿por qué? Porque la cantidad de trabajo social de que dispone la sociedad y que es limitado debe repartirse entre las diferentes actividades de tal manera que cada unidad de producción emplee sólo la fracción de trabajo social necesaria para responder a las necesidades de la producción y el intercambio. Como esta distribución no es un acto consciente de los diferentes agentes que participan del acto productivo debido a la atomización que se deriva de la propiedad privada e independiente de los medios de producción, la ley del valor opera como el regulador social que actúa a espaldas de los productores y que ejerce su presión a través de los valores y de los precios de las mercancías. Así, la ley del valor es la expresión de la distribución del trabajo social en las diferentes actividades productivas a través de los movimientos de los precios y de los mecanismos del mercado en la sociedad mercantil.
Resumiendo lo anterior, lo que debería quedar claro es que una mercancía posee un valor de uso que no es más que la capacidad de satisfacer una necesidad cualquiera. Posee valor en cuanto que en ella cristaliza una fracción del trabajo social total de la sociedad. Y por último, que el valor de cambio es la proporción en la que se intercambian las mercancías, que son el resultado de actos de producción por unidades independientes y viene determinado por la cantidad de trabajo social que es necesaria para su producción.

M Ð D Ð M o la circulación simple de mercancías

Entonces, visto lo anterior ¿qué sucede cuando se intercambian mercancías?
La fórmula que expresa el intercambio entre las mercancías se puede esquematizar de la siguiente manera: M Ð D Ð M. Mercancía-dinero- mercancía. Vendo mi pantalón y a cambio puedo comprar las dos camisas que necesito. O sea, transformación de mercancía en dinero y reconversión del dinero en mercancía, en definitiva vender para comprar. Así que por el contenido material de sus dos polos, el movimiento M Ð M no es más que intercambio de mercancías por mercancías en las que el dinero simplemente actúa como medio para facilitar la circulación (Un pantalón Ð 100 euros Ð 2 camisas). En este sentido, un poseedor de mercancías sólo puede presentarse ante otro como poseedor de dinero porque su propia mercancía ha mudado ya de piel desprendiéndose de su forma anterior como valor de uso. ¿Habéis pensado ya qué mercancía vendéis vosotros para comprar las mercancías que son necesarias para vuestra existencia social?
M Ð D Ð M Esta es la ley del mercado que canta la siguiente letanía: “Quien no entrega mercancía a cambio no obtiene mercancía alguna. Esta es mi justicia”. Y en efecto es su justicia porque no se cambian dos mercancías sino es sobre la base del intercambio de equivalentes en el plano de valor. Esto es, que se intercambian mercancías en proporción a los tiempos de trabajo socialmente necesarios para su producción[2]. He aquí el secreto de la igualdad y la justicia burguesa.

D Ð M Ð D o la circulación del capital

Entonces, si las mercancías se intercambian por equivalentes ¿Cómo es posible que surja una ganancia cuando con una cantidad de dinero se compran los factores necesarios para producir mercancías? ¿Cómo es posible que, en una economía mercantil, surja un excedente sobre la base del intercambio de equivalentes?
Un rasgo de vital importancia que debemos retener de cualquier sociedad mercantil es que las relaciones entre las personas se vehiculizan a través de las cosas que poseen. Así, la identificación del capital con un acervo de cosas (medios de producción) es atribuirle a las cosas las propiedades de las relaciones sociales que se establecen entre las personas. Por eso hemos insistido en definir el capital como una relación social entre los hombres que aparece como una relación entre las cosas o entre los hombres y las cosas. El capital es la relación entre el capitalista, que tiene el poder sobre el producto del trabajo a través de la propiedad y el trabajador que no dispone de ningún medio de subsistencia y que únicamente tiene una mercancía que vender: su capacidad o fuerza de trabajo.
La circulación del dinero bajo la función de capital, se expresa por la siguiente fórmula: D Ð M Ð D. Dinero-mercancía-dinero. Ahora bien, este rodeo sería absurdo y carecería de todo sentido si el proceso tuviera como resultado el intercambio polar de valores iguales pues hubiera sido más sencillo y seguro atesorar ese dinero sin someterlo al peligro de la circulación. Así que el contenido del proceso D Ð M Ð D no se debe a ninguna diferencia cualitativa (pantalón Ð camisas) de sus polos, pues ambos son dinero, sino únicamente a su diferencia cuantitativa (D Ð DÕ). Es decir, se sustrae de la circulación más dinero del que se lanzó en un principio. En este sentido la finalidad de la operación es el incremento del valor, por tanto la forma completa de este proceso es D Ð M Ð D«, donde D« = D + ÆD, es decir, igual a la suma de dinero originariamente desembolsado más un incremento. Este excedente sobre el valor inicial se llama plusvalía, en consecuencia, el valor originario no sólo se conserva sino que se modifica en su magnitud, se incrementa con una plusvalía, en definitiva, se valoriza.
Ahora bien, la transformación del dinero en capital debe analizarse sobre la base de las leyes inmanentes del intercambio de mercancías, es decir, desde el intercambio de equivalentes. Así que el capitalista compra mercancías por su valor, las vende por su valor y, sin embargo debe obtener al final del proceso más valor del que invirtió inicialmente. ¿Cómo es esto posible?
La clave tiene que estar en una mercancía que posea un valor de uso particular, la de ser fuente de valor. Un valor de uso cuyo consumo productivo genere valor, que objetive el trabajo. Esta mercancía específica no puede surgir de la cualidad innata de un objeto pues la sustancia del valor, como ya vimos, es el trabajo social necesario bajo la rúbrica del trabajo abstracto. El valor es una sustancia social y no una propiedad física de las cosas. Es por eso que la mercancía cuyo valor de uso es el incremento del valor no puede ser otra que la fuerza (o capacidad) de trabajo[3]. Como nuevo valor, la plusvalía sólo puede tener su origen en el trabajo vivo. Pero solamente es posible producir este excedente si la fuerza de trabajo vivo crea en la producción un valor superior al suyo propio. Esto implica un determinado grado de desarrollo de las fuerzas productivas, es decir, de la combinación de los medios de producción y de la potencialidad desarrollada de la fuerza de trabajo en su devenir histórico.[4]
El capitalista transforma su dinero, mediante el intercambio, en medios de producción y materias primas por un lado y en fuerza de trabajo por el otro. El valor de la fuerza de trabajo, como cualquier otra mercancía que encontremos en el mercado, se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción y reproducción. En este sentido, el valor de la fuerza de trabajo está determinado por el valor de los medios de vida necesarios para la conservación del trabajador y su familia, es decir, por sus costos de producción, o lo que es lo mismo por la cantidad de trabajo encarnada en ellos. Por su parte, y en contraste con otras mercancías, en la determinación del valor de la fuerza de trabajo entra un elemento histórico y moral que depende en gran medida del nivel civilizatorio y del mayor o menor desarrollo de determinadas necesidades sociales. Es por eso que el valor de la fuerza de trabajo se debe entender como un promedio que cubra los medios de subsistencia socialmente necesario e históricamente condicionados. Pero además, la suma de bienes de subsistencia debe permitir la crianza y formación de los hijos de los trabajadores que mañana ocuparán su puesto en el proceso productivo permitiendo así, la perpetuación de la clase trabajadora. Pues no olvidemos que el proceso de valorización del capital es a su vez el proceso de sedimentación de las relaciones sociales que posibilitan que la lógica inmanente del capital se perpetúe en el tiempo[5]. El valor de la fuerza de trabajo variará con el valor de estos medios de vida, es decir, con la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. El límite inferior del valor de la fuerza de trabajo está constituido por el valor de una masa de mercancías fisiológicamente indispensable para su soporte vital. Si el precio de la fuerza de trabajo desciende por debajo de este umbral, situándose por debajo de su valor, la fuerza de trabajo o su segmento más desfavorecido sólo puede desarrollarse de forma raquítica.
En el proceso de trabajo, entendido como actividad que tiene como objetivo la producción de valores de uso, en el que se combinan los elementos de la naturaleza con la capacidad devenida del hombre para manipularlos, el consumo de la fuerza de trabajo por el capitalista presenta dos características básicas. En primer lugar, el obrero trabaja bajo el control del capitalista aceptando su dictadura en el centro de trabajo y en la dirección del proceso productivo. Y en segundo lugar el producto del trabajo del obrero no le pertenece a él, ni a título individual ni como clase. Le pertenece al capitalista. El valor que ha producido la capacidad de trabajo del obrero y que al capitalista únicamente le ha costado el valor de la fuerza de trabajo de un día, por ejemplo, queda en sus manos como propiedad suya encarnada en las mercancías producidas durante esa jornada laboral. Así, el resultado del proceso productivo, propiedad del capitalista, se encarna en una cantidad de valores de uso determinada. Sin embargo el valor de uso no es el fin último de la producción capitalista. El capitalista produce valores de uso, por ejemplo zapatos, porque son el sustrato material necesario del valor de cambio; y es en su calidad de productos destinados a la venta que adquieren su rango de mercancías. Ahora bien, el carácter específico de la circulación general del capital D Ð M Ð D« es la producción de una masa de mercancías cuyo valor sea superior a la suma de valores de las mercancías invertidas en su producción (medios de producción + fuerza de trabajo). En este sentido, el fin de la producción es la obtención de un plustrabajo que se objetiva en una masa acrecentada de mercancías que resultan del acto productivo y que constituye el plusproducto que permite la obtención, a través del intercambio de equivalentes, del plusvalor. El capitalista produce un valor de uso porque necesita una mercancía que posea no sólo valor, sino que además esté preñada de plusvalía.
Para comprender el proceso de valorización del capital es necesario entender que el valor que los medios de producción pierden en el consumo productivo de su valor de uso es transmitido al nuevo producto. Estos no trasmiten al producto más valor del que ellos mismos pierden por su consumo. Es por eso que cualquier medio de producción sólo cuenta en el proceso de valorización como materia que absorbe determinada cantidad de trabajo vivo. Por lo tanto, si bien es cierto que los medios de producción y la fuerza de trabajo, en la medida que constituyen los elementos necesarios del proceso productivo, contribuyen a la formación del valor de las nuevas mercancías. Los medios de producción únicamente transmiten su valor pasado generado en un proceso productivo anterior y la fuerza de trabajo creando nuevo valor.
Como los medios de producción son el resultado de una actividad laboral efectuada con anterioridad, el término trabajo debe ser entendido en el sentido de trabajo presente o trabajo vivo combinado con el trabajo pasado o trabajo muerto incorporado o materializado en los medios necesarios para producir cualquier bien o servicio. Cualquier sociedad no sólo reparte entre las diferentes actividades productivas el trabajo que es capaz de movilizar, sino también el trabajo pasado materializado en los diferentes bienes de producción. Por ello los productos del trabajo son los productos del trabajo presente combinados con los frutos del trabajo pasado.
En este sentido el capital adelantado se divide en dos fracciones. La primera fracción que corresponde al valor de los medios de producción (Mp) y que no sufre ninguna transformación cuantitativa en el plano del valor se designa como la fracción constante del capital. La segunda fracción que sirve para la compra de fuerza de trabajo (Ft) y que es la responsable del incremento del valor es la fracción variable del capital. Es decir, que el capital adelantado es igual a la suma de capital constante más el capital variable: K = C + V que es lo mismo que K = Mp + Ft. De momento, estamos en la primera parte del recorrido del capital D Ð M {Mp, Ft} y ahora nos falta por ver qué sucede en el proceso de producción: … (P)… M«- D« y poder cerrar así el circuito.
Como hemos visto más arriba, la mercancía fuerza de trabajo que compra el capitalista posee un valor de uso muy especial. Es capaz, gracias al desarrollo histórico de la productividad del trabajo, de producir (P) más valor del que ella misma consume, y por lo tanto está en condiciones de producir un excedente. En el circuito del capital, este excedente que se expresa en una masa de mercancías producidas, adopta la forma de la plusvalía, o sea, la diferencia entre D y D«. Por lo tanto, el valor final, fijado en una masa determinada de valores de uso, no es ya c + v sino que es c + v + pv. Es por eso que la relación entre la plusvalía pv y el capital variable v (Ft) define la tasa de plusvalía: tasa de pv« = pv / v.
Sin embargo, debajo de la aparente sencillez de esta fórmula encontramos el núcleo central de la estructura económica del capitalismo. Su razón de ser y por consiguiente su razón de no-ser, su pulsión vital y su estertor mortal. Pues la tasa de plusvalía refleja la relación entre los dos componentes del nuevo valor creado por la fuerza de trabajo: el primero, materializado en una cantidad de valores de uso por el cual en el intercambio de equivalente en el plano del valor se repondrá el valor de la fuerza de trabajo; y el segundo, materializado en una cantidad de valores de uso (plusproducto) por el cual en el intercambio de equivalentes se obtendrá un plusvalor que el capitalista se apropiará sin contrapartida alguna. Es decir, que la tasa de plusvalía expresa la relación entre trabajo pagado y trabajo no pagado. Esto es, la relación entre el trabajo necesario que reproduce el valor de la fuerza de trabajo y el resto de la jornada o plustrabajo en que el trabajo se objetiva en los valores de uso como plusvalía. En este sentido la tasa de plusvalía es la expresión exacta de la tasa de explotación. Así queda demostrada, desde la premisa inicial del estricto intercambio de equivalentes y en su forma pura, como es posible la explotación del trabajo. Pues a pesar de que el capitalista paga el valor de la fuerza de trabajo por su valor no le revierte todo lo que ella, en virtud de su productividad, es capaz de producir. Por lo tanto, el modo de producción capitalista se basa, al igual que sus antecesores, el sistema feudal o el esclavista, en la producción y apropiación de plustrabajo. Tras el intercambio equitativo de las mercancías se esconde la desigualdad más absoluta de la explotación de una clase por otra. En la sociedad mercantil capitalista, el plustrabajo, objetivado en una masa de plusproducto adopta la forma social específica que es la plusvalía y ésta se manifiesta en la superficie como ganancia cuando se la relaciona con el total del capital invertido.
Al analizar la jornada laboral presuponemos, como hemos venido haciendo hasta ahora, que la fuerza de trabajo se vende por su valor y que su valor se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. En este caso, si por ejemplo la producción de los bienes de subsistencia diarios entendidos en su promedio requiere el equivalente de 4 horas de trabajo, el obrero deberá trabajar cada día 4 horas para reproducir el valor de su fuerza de trabajo. Estas cuatro horas se reflejarán en una masa determinada de valores de uso que en la venta por su valor reembolsarán el valor de la fuerza de trabajo.[6] Sin embargo, la parte de la jornada en la que el trabajador repone el valor de la fuerza de trabajo, este trabajo necesario, no define ni determina la magnitud total de la jornada laboral. En este sentido, la jornada de trabajo no es ninguna magnitud constante, sino variable. Sí que es cierto que el tiempo de trabajo necesario está determinado por la reposición del valor de la fuerza de trabajo, pero la parte del trabajo excedente, en la que se produce un plusproducto en el que se objetiva la plusvalía tiene límites fluidos. Es por eso que bajo el modo de producción capitalista el trabajo necesario no puede constituir siempre más que una parte de la jornada de trabajo. Ahora bien, la jornada laboral sí tiene un límite máximo, que está determinado doblemente por el límite físico, pues el trabajador no puede desempeñar 24 horas de trabajo diarias, pero también por el límite moral pues el trabajador necesita tiempo para poder cubrir sus necesidades en tanto que ser humano, individuo y ser social. Este elemento o nivel de sensibilidad moral, está determinado por el grado de desarrollo histórico, social y cultural, de la sociedad en la que se desenvuelve el trabajador sin olvidarnos de la importancia del grado de organización y conciencia que hayan alcanzado en tanto que clase.
En torno a la magnitud de la jornada laboral aparecen dos fuerzas antagónicas. Por un lado el trabajador, que en la medida en que adquiere conciencia, lucha por limitar su duración y por el otro el capitalista que, en tanto que personificación del capital, aspira a ampliarla al máximo. En la lucha entre el obrero y el capitalista subyace la lucha entre el trabajo necesario y el trabajo excedente. Es la expresión de la necesidad del capital de valorizarse, de absorber con su parte constante, con su trabajo muerto, la mayor cantidad posible de plustrabajo.[7] De exprimir la mayor cantidad del valor de uso de la mercancía fuerza de trabajo que era la de producir trabajo y plustrabajo, valor y plusvalor.
En este sentido la plusvalía absoluta surge por la prolongación de la jornada laboral más allá del tiempo de trabajo necesario o pagado de la fuerza de trabajo. Es por eso que la prolongación misma del tiempo de trabajo excedente o impagado es fuente de una plusvalía incrementada. Incluso manteniendo constante la tasa de plusvalía se puede incrementar la masa de ésta.[8] La extensión de la jornada laboral o su intensificación conducen a los mismos resultados pues mediante una mayor tensión, y una mayor condensación del trabajo, al eliminar cualquier tiempo muerto e incrementar el ritmo de producción, se consigue un incremento de la plusvalía en menos tiempo de trabajo. Se trata de la transformación de la magnitud de extensión en magnitud de intensidad.
Sin embargo, todavía queda otro recurso para incrementar la plusvalía incluso sin aumentar la jornada laboral. I representa una jornada laboral de 8 horas con una tasa de plusvalía del 100% (es decir 4 horas de trabajo pagado y otras 4 horas de trabajo impagado). Si disminuye el valor de la fuerza de trabajo, porque aumenta la productividad del trabajo en aquellas ramas que producen bienes que entran en el fondo de consumo de la clase trabajadora, y ahora se necesita menos cantidad de trabajo para su reproducción nos encontraríamos en el II supuesto. Aquí, con una jornada ac de 8 horas tenemos un incremento de la plusvalía b«c. Gracias al incremento de la productividad ya sólo son necesarias 3 horas para reproducir el valor de la fuerza de trabajo ab«, pasando el trabajo excedente de 4 a 5 horas.

Así, llamamos plusvalía absoluta a la plusvalía producida por la simple prolongación de la duración del trabajo y plusvalía relativa a la plusvalía que resulta de la reducción de la fracción del trabajo necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo y de la consiguiente modificación relativa de las dos partes que componen la jornada laboral. Este mecanismo de ampliación del plusvalor marca su impronta al modo de producción capitalista y determina su impulso inmanente a revolucionar constantemente las condiciones técnicas y sociales del proceso de trabajo. Su objetivo es incrementar la fuerza productiva del trabajo abatiendo el valor de la fuerza de trabajo reduciendo así la fracción necesaria y aumentando su fracción excedente. De esta manera, las fuerzas sociales productivas quedan al servicio del capital en su lucha contra el trabajo. Sin lucha no enriquecen al obrero sino al capitalista que tiene su monopolio. Es por eso que todos los adelantos y todas las mejoras del proceso productivo no redundan en la reducción de la jornada de trabajo sino que obran en el sentido de aumentar los dominios del plustrabajo relativo. Incrementando el poder objetivo del capital la productividad se enfrenta al trabajador como algo ajeno y hostil. Al modificar los medios de trabajo y por tanto su relación con el trabajador aparece como una fuerza externa que objetiva el desarrollo científico y tecnológico y lo enfrenta al trabajo vivo.[9]
La productividad del trabajo significa la capacidad de producir el máximo número de productos con el mínimo tiempo de trabajo, que se expresará en mercancías más baratas. Bajo el modo de producción capitalista el incremento de la productividad del trabajo, bajo la coacción de la competencia, se convierte en ley independientemente de la voluntad del capitalista. Así, la lucha por el mercado es la lucha por la reducción del coste unitario de la mercancía y consiguiendo, sin embargo, que ésta contenga la mayor cantidad de trabajo impagado posible. Si un capitalista produce en una escala muy reducida (lo que implicará un retraso tecnológico) incorporará a sus productos, una cantidad de trabajo que excederá de la media social. En la competencia por el mercado, el capitalista individual se esforzará por rebajar el valor de cada mercancía por debajo del valor determinado socialmente introduciendo mejores técnicas e incrementando su escala de producción. Si lo consigue estará en condiciones de apropiarse de una “superganancia” que resultará de la diferencia entre el valor individual de sus mercancías y su valor social medio que determina el valor de mercado. Este proceso implica la necesidad de una expansión constante del mercado, pues el menor valor relativo de cada mercancía, es decir, su menor costo unitario, tendrá como contrapartida el mayor valor absoluto de toda la producción.
En este sentido también será necesaria la extensión cuantitativa del consumo ampliándolo a un círculo más dilatado, produciendo nuevas necesidades y creando así nuevos valores de uso portadores de plusvalía. En consecuencia, una revelación fundamental de la teoría del valor trabajo es que el efecto principal del progreso técnico es la disminución del valor de las mercancías en proporción a la disminución del trabajo social requerido para su producción. Por ello es necesario comprender que existe una diferencia entre la productividad del trabajo expresado en valores de uso y la cantidad de valor que produce el trabajo, pues una hora de trabajo abstracto siempre produce la misma cantidad de valor.[10] Precisamente por eso el progreso técnico no puede aumentar la cantidad de valor que produce una hora de trabajo social porque lo que varía con la productividad del trabajo es la cantidad y calidad de los valores de uso que se producen en un intervalo de tiempo determinado.
En una sociedad mercantil basada en la propiedad privada de los medios de producción la distribución del trabajo social no se hace de forma directa, democrática, consciente o planificada. Esta ocurre de espaldas a los productores, post festum, de forma indirecta y mediatizada por el movimiento de los precios de las mercancías que valida o no el trabajo que la sociedad ha destinado en su producción. Por eso, el trabajo contenido en las mercancías es un trabajo indirectamente social, solamente cuando las mercancías logran venderse el trabajo en ellas contenidas es sancionado como necesario por la sociedad. Las diferentes unidades económicas producen sin coordinación y con un conocimiento aproximado de qué es lo que se demanda y en qué cantidad. De esta manera, si la sociedad destina una cantidad de trabajo en producir mercancías que resultan no ser necesarias (no tiene valor de uso) o que su cantidad excede de las necesidades solventes del mercado, el trabajo en ellas contenido no será validado por el mercado. Por lo tanto no adquirirá su rango de trabajo socialmente necesario y en consecuencia carecerán de valor. Al carecer de valor no podrán intercambiarse por otras mercancías y todo el trabajo gastado se habrá esfumado.

Bibliografía Básica:

- Marx, Karl. 1976. “El capital” Akal editor. Madrid.
- Marx, Karl. 1978. “Líneas fundamentales de la crítica de la economía política (Grundrisse)” Ed. Crítica. Barcelona, 1978.
- Gill, Louis. 2002. “Fundamentos y límites del capitalismo”. Editorial Trotta. Madrid.
- Harnecker, Marta. 2003 “Los conceptos fundamentales del materialismo histórico” Ed. Siglo XXI. Buenos Aires.
- Mandel, Ernest. 1985 “El capital, cien años de controversias en torno a la obra de Karl Marx” Siglo XXI. México.
- Mandel, Ernest. 1962. “Tratado de economía marxista”. Ediciones Era. México.
- Rubin, Isaak. 1974. “Ensayos sobre la teoría marxista del valor”. Cuadernos pasado y presente. Buenos Aires.

[1] Las Fuerzas productivas son la capacidad que resulta de la combinación de los elementos del proceso de trabajo bajo las relaciones de producción específicas y que se manifiesta en una determinada productividad del trabajo. El desarrollo de las fuerzas productivas se mide por el grado de productividad del trabajo. Así, las fuerzas productivas potenciales son los elementos del proceso de trabajo cuando son considerados desde el punto de vista de su máxima capacidad técnica posible sin atender a su correspondencia con las relaciones sociales de producción.
[2] Por supesto que esto no niega que en el rico juego de la realidad concreta se puedan producir transferencias de valor por la modificación de los precios e intercambios desiguales en el plano del valor.
[3] Marx entiende por fuerza o capacidad de trabajo “el compendio de aptitudes físicas e intelectuales que se dan en la corporeidad, en la personalidad viva de un ser humano, y que éste pone en movimiento al producir valores de uso de cualquier clase”.
[4] En las cuestiones teóricas, y sobre todo en sus fundamentos, es terriblemente difícil otorgar a las consideraciones más obvias la importancia que realmente tienen. En este sentido Marx recordaba en el primer libro de El capital que: “Si el obrero necesita todo su tiempo para producir los medios de subsistencia necesarios para su mantenimiento y el de su raza, no le quedará ningún tiempo libre para trabajar gratuitamente para terceras personas. Sin cierto grado de productividad del trabajo no habrá ningún tiempo disponible para el obrero, y sin ese tiempo sobrante no habrá ninguna plusvalía, y por tanto, ningunos capitalistas, ni tampoco ningunos esclavistas, ningunos señores feudales, en una palabra, ninguna clase de grandes propietarios”.
[5] El salario repone el valor de todo el trabajo de reproducción encarnado en el trabajador o trabajadora asalariado. Aquí es preciso añadir la actividad doméstica que es trabajo porque es un acto orientado hacia las actividades productivas y reproductivas generales de la unidad familiar trabajadora. El trabajo asalariado masculino, que implica la percepción individual de la expresión monetaria del valor de la fuerza de trabajo de la unidad doméstica ha sido y es el instrumento que ha permitido sostener una de las relaciones de fuerza y dominación fundamentales del patriarcado entre la clase asalariada. Se trata, más específicamente, del monopolio de las formas y mecanismos monetarios y de intercambio que necesitan todos los miembros de la unidad doméstica para la obtención de los bienes y servicios que son requeridos para su existencia social porque éstos aparecen bajo la forma social de mercancías. Uno de los velos que oculta esta relación son los diferentes planos de abstracción que son necesarios para abordar la actividad laboral en sentido amplio y que es tan real y concreta como cualquier otra. El fetichismo de la mercancía y la cosificación dificultan, asimismo, la percepción de las diferentes relaciones sociales que están más allá de la circulación mercantil.
[6] Si el obrero sólo produjera en las 8 horas que dura su jornada laboral únicamente el equivalente en el plano de valor de su fuerza de trabajo, de su costo social, no habría ningún excedente que se pudiera realizar como plusvalía ni posteriormente como ganancia.
[7] Marx escribió con su cáustica habitual: “El capital es trabajo muerto que sólo revive, como los vampiros, chupando trabajo vivo, y vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupe”.
[8] Si, por ejemplo, el obrero que trabajaba 8 horas al día, 4 de ellas como trabajo pagado y otras 4 como trabajo impagado (tasa de plusvalía: 100%) pasa ahora a trabajar 10 horas, 5 como trabajo pagado y 5 como trabajo impagado, se mantiene constante la tasa de plusvalía o explotación. Sin embargo ahora la masa de plusvalor que suministra cada día no son ya 4 sino 5 horas.
[9] Es importante resaltar que, con el aumento de la productividad del trabajo, es posible que el salario real o el nivel de vida del trabajador se eleven al mismo tiempo que se reduce el valor de la fuerza de trabajo. Esto dependerá de cómo se distribuye el incremento de la productividad entre el trabajo y el capital.
[10] Prescindimos aquí de las modificaciones que surgen de su expresión monetaria que surgen del cambio de valor del dinero.

Radiografía de la dominación en México I/III. La disputa de arriba

Enrique Pineda
Rebelión

Los movimientos antisistémicos necesitamos de una clara comprensión de la disputa que vivimos en México. Un paso en falso en esta coyuntura puede determinar lo que sucederá más adelante. Este ensayo es un intento de generar esa comprensión de manera integral. Sostendremos en esta primera parte del ensayo tres hipótesis: a) que vivimos una fase de desintegración y disputa de las clases dominantes en México, que no permite contar con la hegemonía de ninguna facción; b) que los nuevos grupos políticos en disputa fueron incorporados como mecanismo para sostener al sistema político en su conjunto y c) que la crisis general abre un intervalo de debilidad sistémica que podría permitir una bifurcación que bien pueda generar una reforma y reordenamiento de las clases dominantes o bien, la desintegración total del sistema.

I. Adiós a la vieja hegemonía

La crisis política actual es producto de la desestructuración del régimen posrevolucionario que vivimos poco más de 70 años. El régimen priísta, era una red de poder múltiple, jerarquizada y legitimada que comenzó a erosionarse en las últimas cuatro décadas. La forma de relación política del sistema se establecía en la subordinación de la sociedad civil al régimen, que se explicaba por los beneficios que otorgaba el Estado a cambio de la lealtad y docilidad política de la población. Esta relación casi simbiótica mantenía la hegemonía del grupo en el poder, que no sólo gobernaba sino que mantenía el consenso de la mayor parte de los gobernados.[2]

A diferencia de otros regímenes que en diversas partes del mundo colapsaron en un periodo muy breve, el régimen mexicano se erosionó lentamente a causa de fuerzas centrífugas que desgastaron su poder al máximo y lo obligaron a reformarse hasta perder su capacidad de dominio y estabilidad.

El primer factor determinante fue el agotamiento del modelo de reproducción económica de sustitución de importaciones. Frente a los signos de dicho agotamiento a finales de la década de los 60, dos corrientes al interior del régimen comenzaron a tener diferencias sobre la conducción del modelo económico. Estas diferencias fueron irreconciliables por la influencia global y creciente del neoliberalismo y también por la contingencia de las crisis económicas sexenales. El grupo de tecnócratas al final obtuvo la conducción por esas dos causas y por primera vez en la historia del régimen, una disputa terminaría con el poder total de una de las corrientes. Ello implicaría, a la postre, el debilitamiento del grupo en el poder, que por primera vez no tenía consenso interno sobre la conducción de la reproducción económica dominante. Era pues, una división interna. Sin embargo, las reformas neoliberales, como todos sabemos, avanzaron, y en el largo plazo, el neoliberalismo significaría una poderosa fuerza centrífuga, desarticuladora del poder de la vieja hegemonía.

Las políticas de contracción del Estado en sus funciones sociales atacaron directamente al sistema circulatorio del régimen que permitía mantener a raya cualquier disidencia. Al ir perdiendo paulatinamente su capacidad de intervención social, el Estado se mostraba sólo como un esqueleto represor y de control político. Su capacidad para mantener la estabilidad y el consenso fue decreciendo. Podemos, en resumen, considerar que la llegada de los tecnócratas neoliberales al régimen abrió una bifurcación en la forma en que éste se había reproducido durante décadas, debilitando la cohesión de la elite dominante y provocando una disputa interna por la dirección de la conducción hegemónica.

Una segunda fuerza centrífuga, son los movimientos democratizadores y antisistémicos, que durante tres décadas y media enfrentaron al régimen. Desde el movimiento de 1968 hasta el alzamiento zapatista, pasando por la insurgencia obrera en los 70, las guerrillas y el movimiento cardenista en 1988.

Estos movimientos, sólo después de 1968, tuvieron la oportunidad de enfrentar al régimen y obligarlo a dar un paso atrás. Expliquémonos. Antes de 68 también existieron movimientos disidentes, pero que chocaron frente al muro de consenso, represión y estabilidad que formaban al sistema. En ese muro, sin embargo se abrió una grieta con el movimiento estudiantil del 68 y se seguiría ensanchando con cada golpe de los movimientos que atacaron su autoritarismo. La elite dominante entendió en cada batalla con esos movimientos que su legitimidad y reproducción estaban cuestionadas, por lo que de vez en vez -además de la represión- impulsó reformas que como válvulas de escape permitieran que la estabilidad del régimen perdurara. Todas las reformas electorales fueron producto del temor de las elites políticas mexicanas en momentos de incertidumbre sistémica que amenazaba al régimen.[3] Estas decisiones lograron sortear cada crisis coyuntural, pero lentamente minaron la capacidad de las elites de mantener las disputas de dirección DENTRO de un solo partido.

La forma social de reproducción corporativa, esa red capilar de control, estabilidad, subordinación y concesiones que se calificaba como la dictadura perfecta se fue desarticulando, haciendo perder la hegemonía al grupo en el poder.

El neoliberalismo abrió una disputa interna entre la elite, debilitó los mecanismos corporativos que sostenían al régimen y aceleró las condiciones sociales que son caldo de cultivo de movimientos democráticos y antisistémicos.

Estos movimientos, disidencias, resistencias y luchas tuvieron entonces la oportunidad de crecer e ir ganando terreno. La hegemonía y el poder del régimen empezaron a tener fisuras por doquier. No sólo en las universidades, sino también, lentamente, en sendas capas obreras, campesinas y populares: los pilares organizativos del poder clientelar.

Este proceso de erosión provocado por las fuerzas que describimos fue REORDENANDO los campos de las elites dominantes. La forma de reproducción política, pero también la forma de relación gobierno-sociedad ha desaparecido paulatinamente por la fuerza insurgente y organizada de decenas de movimientos y por las contradicciones al interior de la clase dominante. El grupo en el poder perdió la cohesión que permitía la estabilidad. La forma del estado posrevolucionario permitía la unidad de la clase dominante. Al romperse esta unidad, la disputa por cada parcela de poder es enorme. Como si el poder posrevolucionario hubiera sido una piñata, al romperse, la clase política se abalanza sobre cada pedazo y su contenido. La descomposición de la clase política toda, se debe entre otros factores a esta ruptura de las reglas por la disputa del poder. El espectáculo de corrupción, ridiculez y pragmatismo de la clase política que hemos visto estos seis años es producto de la ruptura del viejo sistema y sus reglas.

Así, los campos de las elites se reordenan porque estamos en un proceso de formación de un nuevo grupo dominante, de un nuevo régimen. No estamos transitando a democracia alguna. Estamos en el tránsito de reordenamiento de las elites dominantes. Lo que vivimos es la disputa entre la(s) clase(s) dominante(s) por conformar una nueva hegemonía y la última fase de desintegración y descomposición del viejo régimen.

II. Los nuevos poderes políticos en disputa.

La estabilidad de la vieja hegemonía dependía de su unidad interna y de su poder de consenso y legitimidad que corría a través de la red de corporativismo por todo el país. Pero dependía también del arte de utilizar la cooptación y la represión en las dosis necesarias para mantener ese consenso y por tanto, la hegemonía.

El viejo régimen alargó su vida y su estabilidad gracias a que una y otra vez utilizó una doble maniobra cuasi perfecta de los recursos de los que goza el Estado para mantener la gobernabilidad. El viejo grupo hegemónico era un experto en gobernabilidad.

Frente al movimiento del 68 y su posterior radicalización en una pléyade de movimientos populares, sindicales y armados utilizó terribles dosis de represión que todos conocemos, pero también optó por dosis controladas de cooptación que como válvulas de escape permitieran respirar al sistema en su conjunto, y con ello mantener la estabilidad….y el poder.

En los años 70 acudieron a una estrategia de cooptación de cuadros de la izquierda que trataron de transformar al sistema “desde adentro” y que fue acompañada por una reforma que legalizó al partido comunista.

Esta estrategia muchas veces utilizada neutralizó –aunque sea momentáneamente- el descontento. Mientras unos recibían puestos y becas, otros enfrentaban la tortura y la desaparición. Pero hay dos momentos claves para entender a las nuevas fuerzas en disputa por la hegemonía en México.

En 1988 el cardenismo se alió a la pequeña izquierda partidaria y se generó un fenómeno de movilización del descontento y la disidencia nunca visto desde 1968. A pesar de que el movimiento representaba un nacionalismo progresista moderado, para el régimen representaba una afrenta porque surgía de una disidencia interna (la corriente democrática), porque llegaba en un momento de inestabilidad económica (después del crack de la bolsa en 1987), porque se aliaba al movimiento estudiantil que había puesto en evidencia al régimen (el movimiento universitario 1986-1987); porque encausaba el descontento popular en la Ciudad de México por la incapacidad gubernamental frente al sismo de 1985 (a través del movimiento urbano popular); y porque encausaba el descontento campesino, afectado ya por las reformas del modelo económico. Pero sobre todo, cuestionaba la legalidad y legitimidad del régimen como consecuencia del fraude electoral. Todos esos elementos hacían que el grupo en el poder tuviera que reaccionar y enfrentar el peligro de inestabilidad sistémica.

Y lo hicieron. Una vez más con una estrategia de cooptación y represión. La represión fue feroz durante seis años con la naciente izquierda institucional. Más de 600 asesinatos, múltiples fraudes electorales en elecciones estatales y municipales y el aislamiento en los medios de comunicación surtieron efecto. El joven Partido de la Revolución Democrática en las elecciones intermedias de 1991 llegaba con un escaso 11% de la votación cuando el movimiento cardenista con el Frente Democrático Nacional en 88 tenía poco más del 35% de los votos reconocidos oficialmente. Mientras unos recibían asesinatos, fraude y aislamiento, otros recibían las mieles del Estado. El Partido Acción Nacional, hoy en el poder, recibió el reconocimiento oficial de la victoria en algunas gubernaturas. Con ello, se reconocía el acceso al Estado de la vieja disidencia de derecha representada en ese partido. Desde entonces y hasta ahora, en numerosas ocasiones el PAN fue el mejor aliado del priísmo con abiertas y escandalosas alianzas en las distintas cámaras. Esta historia es conocida. La intervención estatal del régimen, la incorporación real del PAN al Estado, la necesidad obligada de compartir el poder y otorgar concesiones en favor de la estabilidad y gobernabilidad general le abrieron el sendero del poder a la derecha, hasta entonces arrinconada como una disidencia marginal. El panismo venía creciendo conforme el poder del régimen se erosionaba lentamente. Pero el acceso al Estado y al poder real le dieron el impulso que consolidaría su crecimiento. El régimen en ese momento requería de una oposición a modo con la cual fortalecer la gobernabilidad y su legitimidad. Una oposición a modo que además apuntalara sus nuevas reformas económicas. Un aliado que le permitiera además aislar a la disidencia. El régimen le había abierto la puerta del poder a un nuevo grupo que más tarde ganaría la elección presidencial.

Pero si bien esta historia es conocida, lo que nos interesa es resaltar el patrón del viejo régimen para conservar su hegemonía: represión, cooptación y de vez, en vez reformas al sistema. Nos interesa resaltar que el segundo nuevo grupo de poder en disputa surgió también por medio de una de las concesiones del viejo régimen.

En 1994 y 1996 se realizaron nuevas y mucho más importantes reformas electorales que permitieron que los partidos políticos tuvieran esencialmente dos cosas primordiales: verdaderos recursos económicos y verdadero acceso a los medios de comunicación. Pero además, se entregaba el control del proceso electoral a un órgano autónomo. ¿porqué el régimen permitía reformas que a la larga facilitarían que perdieran el poder? ¿porqué permitían reformas que le daban aliento, recursos y poder a sus oponentes? ¿porqué si el PRD había sido neutralizado y prácticamente eliminado de la contienda, ahora se reformaba al sistema en su conjunto permitiendo que esa oposición creciera?. ¿porqué si el PAN era una oposición cómoda y manejable se le daba más aliento con las reformas?

El régimen en el periodo de 1994-1996 estuvo de nueva cuenta obligado a otorgar concesiones en favor de la estabilidad y la gobernabilidad que aseguraran la cohesión del sistema político en su conjunto y por tanto la hegemonía del todavía grupo en el poder. El régimen estuvo obligado de nueva cuenta por una convergencia de coyunturas desfavorables que, reunidas, significaban la debilidad momentánea del Estado. La primera de ellas fue la disputa interna por la sucesión presidencial que terminó con dos magnicidios al interior del otrora partido oficial. La segunda coyuntura desfavorable fue la enorme crisis económica de 94-95 que desestabilizó al país, al sistema político y sus alianzas con la cúpula económica. La tercera y definitiva coyuntura que determinaría además la estrategia del régimen frente a la izquierda, fue sin lugar a dudas el alzamiento indígena del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

El régimen, que con mucho esfuerzo había sorteado el peligro cardenista, tenía ahora enfrente un alzamiento armado en medio de condiciones político-económicas que acrecentaban su peligrosidad. La coyuntura obligó a que el régimen optara nuevamente, por una estrategia de cooptación y represión. Contener, aislar, neutralizar y si era posible exterminar al movimiento rebelde era una prioridad del régimen. Pero esto no era posible en medio de la contienda electoral, de la disputa interna del príismo y los signos ya evidentes de debilidad económica. La estrategia de exterminio y desarticulación del movimiento zapatista se puso en juego a partir del 9 de febrero de 1995 y el avance militar. Desde entonces y hasta poco antes de la elección del año 2000 está claro que la decisión del régimen fue la destrucción del movimiento rebelde. Esta estrategia fracasó parcialmente. El objetivo de desarticular y exterminar al movimiento no fue posible debido a la enorme y masiva capacidad organizativa y de resistencia zapatista, a su intensa capacidad mediática, y al apoyo internacional y nacional que se había creado alrededor del zapatismo. Pero la estrategia funcionó en un aspecto: aislar y marginar su influencia sobre el sistema consolidando lo que podríamos llamar un pacto de las fuerzas moderadas de la clase política.

Esto se logró con una estrategia de incorporación de la izquierda aceptable para el sistema político. Apenas unos años antes el régimen combatió con toda su fuerza a la izquierda institucional. En 1996 sin embargo, los llamaba al diálogo y la negociación. Mientras en San Andrés el régimen simulaba el diálogo con los rebeldes para una reforma radical y estructural del Estado, en las calles de Bucareli, se negociaba el pacto para que las fuerzas políticas tuvieran las condiciones para acceder al Estado. Un año después de esas negociaciones y de una nueva reforma electoral, el Partido de la Revolución Democrática, por primera vez con recursos suficientes para enfrentar al partido oficial y por primera vez con acceso a medios electrónicos y masivos de comunicación, ganaba la elección a la jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Era un momento de euforia para la izquierda aglutinada en ese partido. Muchos de ellos y ellas habían enfrentado al régimen y luchado por el poder por 5, 10, 20 o hasta 30 años. Mientras en la Ciudad de México había abrazos y festejos, repartición de puestos y designaciones de asesores, en Chiapas, muy lejos de ahí, se preparaba la masacre de Acteal y el terror de la muerte y el exterminio con la guerra de baja intensidad.

Una vez más, el régimen –pero por última vez- lograba sortear la crisis temporalmente con una estrategia de represión y cooptación. Para unos, acceso al Estado, al Congreso, a recursos económicos. Para los otros, una estrategia de exterminio que dejó un caudal de muertos y perseguidos.

Sin embargo, la del régimen era una victoria temporal. Había creado las condiciones que aseguraban la estabilidad del sistema político en su conjunto, pero también había permitido que dos grupos, que dos facciones que habían estado fuera de la estructura del poder entraran al Estado. Lograba sin embargo, atraer a la izquierda a las reglas del sistema democrático liberal con todos sus beneficios, pero también con todas sus limitantes. La victoria real del régimen fue integrar al PRD al sistema institucional y que paulatinamente se fuera alejando de las clases y movimientos verdaderamente peligrosos, obligándolos a someterse al marco institucional liberal-democrático y con ello alargando la vida del sistema político y permitiendo su estabilidad así como un reordenamiento de las elites DENTRO de un marco cupular, alejando las posibilidades de una fractura sistémica que permitiera que otras fuerzas más peligrosas para ellos actuaran. La dirigencia del PRD en su conjunto acudió gustosa a esa inclusión y junta con ella una oleada de dirigentes de organizaciones y movimientos sociales que corrieron a insertarse en el recién abierto Estado abandonando a su suerte a las lucha de abajo y aislando a TODO lo que quedara fuera del pacto de los moderados de los tres partidos que integran al sistema. El PRD convencido de una transición pactada, acudió al acuerdo sistémico de incorporación al Estado y con ello selló la última etapa del viejo régimen que había optado por incorporar a la derecha y a la izquierda institucionales. Estos dos nuevos grupos no tardarían en volverse poderosas elites políticas que buscarían a toda costa volverse hegemónicos. Se lograba con ello consolidar que la disputa política se diera entre las cúpulas partidarias y no entre los movimientos antisistémicos y la elite. Se formaba, por así decirlo una relación central al interior de las elites y marginalizaba al resto de los movimientos, condenándolos a una relación que podríamos llamar periférica. Digámoslo en pocas palabras: se pusieron de acuerdo ellos traicionando y dejando afuera a todos los demás. A eso le llamaron transición a la democracia.

Las otras cúpulas políticas recién incorporadas al Estado, no sólo se convirtieron rápidamente en poderosas elites burocráticas sino en jugosas redes de acceso al poder económico estatal. Partidos y gobiernos de derecha e izquierda son fuentes de control piramidal de una gigantesca red jerárquica burocrática pero también una red transversal para que el poder económico se reproduzca. Si antes el régimen era una red piramidal y jerárquica, ordenada, que aseguraba la estabilidad integrando y ordenando a las elites económicas y políticas en disputa, hoy el sistema político es una multiplicidad de redes –igual de jerárquicas, y piramidales- en competencia.

La batalla no sólo es entre facciones en disputa sino también al interior de ellas. La nueva derecha y la nueva izquierda institucionales, así como el partido del régimen en retirada tienen profundas divisiones internas. Creer que estas son disputas doctrinarias o ideológicas es lo menos de decir, estúpido. Son batallas de poder, por articularse al grupo que pueda consolidar una nueva hegemonía.

El candidato “ de la izquierda” utilizó al máximo esta batalla de corrientes y facciones entre la elite política y uno de los factores que influyó en el caudal de votos en la elección de julio a favor de López Obrador es haber tejido minuciosamente una red de desprendimientos del viejo régimen, haber utilizado la división entre salinistas y zedillistas, (Camacho, Monreal, De la Fuente) haberse aliado con sectores descontentos del príismo en búsqueda de poder (Zeferino Torreblanca, Jaime Sabines, Vega Galina, Guadarrama) y sectores minoritarios de poder que deseaban crecer (convergencia por la democracia). Al parecer, la estrategia fue exitosa pero no suficiente para consolidar un grupo que ganara las elecciones. Esa integración, sin embargo, era una coalición de interés por el poder. Sin el elemento aglutinador –la presidencia- muy pronto todos sus “aliados” han comenzado a desarticularse y acomodarse en la nueva conducción calderonista. La batalla de arriba deja más débil de lo que se piensa a la izquierda institucional, deja cuestionada a la derecha gobernante y a la defensiva al partido del viejo régimen. Divididos, cuestionados entre sí y en batalla permanente por lograr la hegemonía y más espacios de poder estatal. Esa es la disputa de arriba al interior de la clase política.

III. el poder económico dominante en disputa

El último elemento que mantenía la cohesión de la vieja hegemonía era su capacidad estratégica para complacer a la burguesía nacional a la vez que esta se mantenía aliada de la elite burocrática que dirigía al país. Esto era posible por el momento mundial que se vivió a lo largo de 50 años hacia el desarrollo endógeno, la guerra fría, y los estados de bienestar. Era posible además porque el poder económico “nativo” mexicano era lo suficientemente grande para obligar a la burocracia gobernante a darle concesiones, pero lo suficientemente débil para no insubordinarse ante la elite burocrática representada en el viejo partido-Estado. Por lo demás, durante varias décadas el poder económico no tuvo objeciones graves a la conducción que le aseguraba su crecimiento. La estabilidad se lograba por las concesiones populares a las masas controlada por el Estado pero también por la alianza de la elite burocrática con el desarrollo capitalista mexicano que nunca se detuvo. Con una mano se daban concesiones masivas y con la otra se aseguraba la reproducción y la acumulación capitalista.

Pero estas condiciones se desestructuraron, desarticularon y erosionaron a partir de la década de los 70, confluyendo con el crecimiento de los movimientos democratizadores y antisistémicos en México y con la llegada del neoliberalismo.

Primero, las condiciones de acumulación capitalista cambiaron globalmente. Después el régimen dio señales confusas sobre su relación hasta ese momento armónicas con los poderes económicos locales (la nacionalización de la banca, las crisis económicas consecutivas). Pero quizá lo más importante es que las empresas dominantes habían comenzado un acelerado proceso de crecimiento que durante los 80 y 90 se consolidaría gracias a las reformas estructurales neoliberales. La elite económica se transnacionalizó y construyó imperios oligopólicos que le dieron un poder sin precedentes. [4]

Si antes la elite guardaba silencio y era precavida en su actuación política, el poder que hoy tienen los hiperpoderes económicos dominantes les permiten ser un actor que no quiere ni tiene porqué subordinarse al poder político. Más bien hoy tienen el tamaño para subordinar al poder político a sus intereses. Los grupos económicos dominantes empezaron a jugar desde hace tiempo políticamente, pero al contrario de lo que asegura la propaganda de la izquierda institucional el poder económico en México no es un bloque homogéneo. Con la erosión del viejo régimen y con el creciente poder de la elite empresarial, existen al menos tres contradicciones al interior de la burguesía “nacional”.

La primera de ellas es la posición en la pirámide de la acumulación que juega cada grupo económico. El neoliberalismo enriquece enloquecidamente a una elite, pero los damnificados no son sólo las clases populares sino también los medianos empresarios, muchos de ellos arrasados por la apertura comercial y otros disminuidos en su capacidad y poder. Estas franjas descontentas por supuesto quieren escalar en la pirámide de la acumulación y juegan local, regional y nacionalmente frente a las facciones políticas en disputa por una nueva hegemonía. Y no juegan de sólo un lado de la “geometría política” de la clase política sino con todas las facciones en disputa incluyendo a la llamada izquierda institucional porque esta ya es parte del Estado y gobierna un enorme segmento del país. Hay entonces una división entre el empresariado dominante y aquel que anhela serlo, este último, ávido de ser beneficiado por las estructuras partidarias de todos los colores y por los gobiernos locales y estatales de todos los partidos en todas sus necesidades publicitarias, de infraestructura, de abastecimiento. Así, este empresariado en ascenso busca a las clases políticas todas y es probable que para muchos de ellos su campo de acción sea el mercado “interno”, porque todavía no tienen el tamaño global de la elite económica en México. El caso Ahumada representa esta vinculación “íntima” entre el empresariado en crecimiento y la clase política, que en este caso fue la izquierda. Ahumada[5] es la regla y no la excepción en toda la clase política incluyendo a la izquierda partidaria.

La segunda disputa es la disputa capitalista tradicional. Es decir, una disputa por los mercados o por acaparar monopólicamente un servicio, un sector o un producto. Es decir, la competencia, muchas veces, regulada por el Estado. La disputa que hemos visto en México en los medios de comunicación en contra de los monopolios, no es una cruzada por el libre mercado, ni contra los privilegios de la elite económica. Es una disputa comercial que es llevada al ámbito político. Los grupos que desean abrir un mercado atacan al grupo económico dominante tratando de modificar la estructura legal que le permite su crecimiento y su acumulación sin freno. Los grupos dominantes se resisten a perder su poder y también juegan políticamente. Esta es una disputa no por ser favorecidos por las clases política sino por controlar a las facciones políticas para cambiar, mantener o acelerar las reglas estatales que favorecen la acumulación de unos y no de otros. A esto debemos sumarle la disputa de burguesías “no mexicanas” y la presión de sus gobiernos por modificar las reglas estatales. La guerra verbal entre el titular del Banco de México y el magnate Carlos Slim representa esta disputa de mercados y reglas institucionales para la acumulación. [6]

Pero en la guerra por lo mercados han aparecido lo que yo denominaría empresarios radicales en ascenso. Este segmento de nuevos empresarios “radicales” en ascenso disputan sus diferencias con armas. Son la ultra del empresariado. Es el narcotráfico. Más que buscar concesiones de los gobiernos o controlar las reglas institucionales que controlan los mercados, estos empresarios radicales necesitan comprar la protección que asegure la reproducción y acumulación de sus empresas. Es decir, tienen una estrategia una tanto distinta al de empresarios en ascenso y al de los poderes económicos dominantes. Este segmento necesita comprar la protección de mandos medios y bajos de TODAS las policías donde sus empresas se desarrollan. Así que requieren jugar políticamente con las facciones políticas en disputa de forma local, porque unas u otras son más fáciles de controlar en una zona, en un municipio, en un estado y otras en otros lugares. Así, el narcotráfico trata de controlar e infiltrarse en capas bajas, locales y regionales de la clase política toda. Y hasta ahora lo ha logrado con gran éxito. Sin embargo como cualquier capitalista los narcotraficantes buscan controlar cada vez más mercados y esto lo hacen a balazos. En México esta disputa ha dejado más de 2000 muertos durante 2006 mientras municipios, regiones y estados gobernados por todas los partidos se cruzan de brazos porque sus mandos policiacos ya han sido comprados para que las empresas que comercian estupefacientes logren impunidad total. La narcopolítica es una necesidad del mercado.

Por último, la tercera división es el tipo de relación ideológica del empresariado dominante con las facciones políticas en disputa. Hay dos tendencias entre el empresariado. Algunos de ellos son fieles a sus alianzas con algún partido o grupo político particular. (por ejemplo el grupo MASECA con su larga lealtad al PRI y su ambigua relación con los Salinas, o el grupo Industrial Alfa, ligado a los legionarios de Cristo y al Partido Acción Nacional). Pero hay una segunda tendencia entre el empresariado, más flexible, que trata de estar por encima de las facciones políticas, incidiendo en cada una de ellas y permitiendo que gobierne uno u otro porque saben que tiene el poder suficiente para arrodillar a cualquier gobernante. Por eso es que Lorenzo Zambrano, el segundo empresario más poderoso en México[7] se pudo dar el lujo de declarar durante el proceso electoral que “López Obrador será un reto si se convierte en presidente…pero no una tragedia”. Por eso Carlos Slim apoyó la campaña del candidato de la izquierda con una aportación de 94 mil dólares, pero entregó una cantidad similar al resto de los candidatos. Por ello Emilio Azcárraga declaró que “la democracia vende bien y hay que apostar por ella, (porque) la democracia…es un gran cliente para la televisión.

El “candidato de los pobres” sabiendo que no se puede gobernar sin estos ricos, impulsó toda una estrategia para utilizar estas divisiones y asegurar si no el apoyo, al menos la anuencia del poder económico en México. Para construir una nueva hegemonía no basta el voto de sectores populares y clases medias, se requiere necesariamente de un segmento del poder económico dominante. Andrés Manuel López Obrador sabía desde hace mucho esto y trató de aprovechar todas las divisiones al interior de las facciones políticas en disputa y los grupos económicos en guerra por mercados, reglas estatales y favores gubernamentales impulsando toda una estrategia de acercamiento al poder económico. Les envío más de 400 cartas personales a la elite económica asegurándoles que mantendría la estabilidad macroeconómica y que no afectaría sus intereses. Impulsó varias reuniones a puerta cerrada con muchos de ellos. En una veintena de ocasiones durante su campaña aseguró que “no estaba contra los empresarios honestos”. Y hasta en su programa alternativo de nación hizo afirmaciones enteramente dirigidas al poder económico: “no sería sensato alterar el orden macroeconómico: debe haber disciplina en el manejo de la inflación, el déficit público y las deudas interna y externa, así como mantener estabilidad en otras variables…(ya que) la nueva estrategia económica debiera considerar, antes que cualquier otra cosa, el manejo técnico, no ideológico, de la política económica”.[8] Incluso para aquellos que buscan abrir al mercado energético, en su programa, les envió un guiño: “pero tampoco deberíamos descartar que inversionistas nacionales, mediante mecanismos transparentes de asociación entre el sector público y el privado participen en la expansión y modernización del sector energético”. [9] Desde el gobierno del Distrito Federal trató de aliarse con la industria de la construcción, con el sector turismo y otros sectores medios y altos del poder económico. Todo su gobierno fue una gran campaña electoral. Todas sus acciones de gobierno estuvieron encaminadas a lograr el beneplácito del poder económico. Inclusive las populares tarjetas electrónicas destinadas a ancianos y madres solteras terminan beneficiando a las empresas de autoservicio, que son parte de la cúpula del poder económico en México.

Esta agresiva estrategia, tuvo éxito. Un par de meses antes de la elección los empresarios ya comenzaban los acercamientos con el próximo presidente “de izquierda” y muchos se resignaban sabiendo que podían sortear esta conducción política bien porque tienen el suficiente poder para imponerse o bien porque el propio candidato y su programa NO SIGNIFICAN ningún peligro para su reproducción económica. Sin embargo, el candidato conservador, Felipe Calderón, articuló a los segmentos duros (que tienen lealtad política) e impulsó una agresiva campaña que argumentaba lo contrario. Ensoberbecido por el inminente triunfo, López Obrador no aceleró sus alianzas con sectores empresariales dudosos. Su larga estrategia de alianza con los poderes dominantes se debilitó y fue insuficiente. Calderón supo aprovechar esa debilidad. Una vez que Calderón es presidente “oficial”, los sectores que siempre guardaron lealtad a la derecha brindan por su triunfo y los sectores flexibles que no veían con malos ojos a López Obrador e incluso algunos que le dieron su apoyo corren a acomodarse con el nuevo grupo en el poder, incluyendo a todos los gobernadores del PRD. El poder económico se acomoda con todos los gobernantes, de cualquier ideología siempre y cuando no sean un obstáculo para la acumulación. Creer que las disputas entre los empresarios pueden ser una alianza para la izquierda es una posición pragmática pero también ineficaz. No hay empresarios progresistas. Creer en el acuerdo y la alianza con ellos desde la izquierda es, lo menos de decir, ingenuo y también, estúpido. EL PRD y el candidato de los pobres centraron su estrategia de crecimiento en organizar un electorado de centro basado en las disputas entre las facciones políticas y los grupos económicos. Al perder la cohesión de la posibilidad del poder presidencial, ese electorado de centro, sumamente moderado, le da la espalda a López Obrador y se acomoda con calderonistas, príistas y perredistas que ya gobiernan.

IV. La disputa en el núcleo del sistema.

Tenemos entonces que numerosos grupos de poder han entrado en una batalla a muerte por la reproducción, conducción y hegemonización del sistema político y económico en México. Esta batalla, una vez desarticuladas y erosionadas las reglas del viejo régimen posrevolucionario, se somete a unas débiles reglas institucionales de la democracia liberal. Esta disputa por una nueva hegemonía mantiene inestable al sistema en su conjunto. Esta disputa tiene efectos y tiene dos posibles salidas.

El efecto primordial de la batalla es que esta es una disputa que está destruyendo lo que queda de Estado y de Nación. Es una batalla depredadora por mercados y fracciones del poder estatal. Esa guerra, por poder y por dinero, como cualquier guerra, destruye todo a su paso, excepto el poder de la elite. Porque esta batalla puede reordenar a las facciones en disputa pero NO AFECTA la reproducción general sistémica, es decir al sistema de depredación capitalista. Mientras la batalla de arriba se realiza, el modelo de explotación, represión, desprecio y despojo continúa. Esta batalla entre unos y otros puede resultar de una manera u otra, pero el sistema de dominación continúa sin freno destruyendo pueblos, comunidades, ecosistemas y culturas. Esta guerra se desarrolla al interior del núcleo del sistema y en la cúspide de las clases políticas y económicas. Es, diciéndolo ortodoxamente una lucha intra-burguesa. Poco importa si una o varias cuentan con apoyo popular. No sería la primera vez en la historia de México que masivamente se apoyara a elites que no necesariamente representan a los de abajo, con tan malas experiencias y resultados históricos. Creer que esa batalla es la nuestra, es un sinsentido. Todos los que lo creen, sólo orbitan alrededor del núcleo del sistema, a la cola de una disputa a la que no están invitados.

Esta disputa irracional, destructiva, es la prioridad de los de arriba. Para ellos dominar y controlar y ganar en la batalla de arriba es su máxima prioridad. La de todas las facciones y grupos. Consolidar una nueva hegemonía, una nueva dominación y por tanto nuevas reglas de reproducción política y económica es su necesidad más urgente. Le temen a las luchas que desde la periferia del sistema y desde abajo se vuelven cada vez más peligrosas. Pero en su balance estos son peligros secundarios, al menos por ahora. Por eso, el desprecio y la soberbia con que desde arriba se mira a las luchas de abajo. Por eso, al menos por ahora, la batalla no es frente a frente entre los de abajo y las elites. Esta guerra de arriba, sin freno alguno, deslegitima, erosiona y golpea las propias reglas que según ellos son la forma de dirimir sus conflictos. Es decir, las reglas del liberalismo político al que todas las facciones políticas dicen supeditarse y al que todos los grupos económicos dicen subordinarse. Erosionan por tanto la legitimidad y la legalidad de lo que queda del Estado. Y si a eso sumamos que las reglas formales del viejo régimen no se han ido del todo en el aparato estatal, ello provoca la peor crisis política en México desde hace 100 años. A esta batalla los de arriba y sus voceros le llaman democracia. Nosotros le llamamos crisis de la hegemonía dominante.

Esa crisis tiene dos salidas: la primera de ellas, quizá la más factible, es que las elites logren ordenar un nuevo grupo dominante, con pequeñas reformas que estabilicen al sistema en su conjunto. Reformas lo suficientemente grandes para cohesionar y consolidar a las elites a través de reglas liberales democráticas (los intelectuales dirían democracias consolidadas), pero lo suficientemente pequeñas para no poner en riesgo la reproducción del sistema político y económico.

Por eso, los locutores, los intelectuales, los medios de comunicación, los partidos políticos, los empresarios, todos, hablan de reformas electorales y de otras modificaciones que permitan sobrevivir al sistema político dominante. Todos gritan y vociferan por volver a la estabilidad porque saben del peligro que significa que el sistema se debilite aún más. Por eso esa fuerza centrípeta es enorme y atrae ya, a casi todo el aparato de la izquierda partidaria. Toda ideología de la obediencia a ese sistema político y económico dominado por las elites sólo ayuda a fortalecerlo. (y de ello hablaremos en la siguiente parte de este texto). Toda acción que busque reformas a ese sistema (el de ellos) puede, en efecto, lograr ciertas mejoras generales, a riesgo siempre, de perpetuar, alargar y legitimar al sistema dominante, cuyos dueños están en disputa, divididos, sin consenso y sin hegemonía.

Pero hay una segunda posibilidad. Mucho más lejana, difícil y riesgosa. A pesar de que como nunca en la historia las elites tienen más poder y dinero, quizá nunca como antes estuvieron tan divididas entre ellas – que es lo que hemos explicado en este texto- . La división hace que su propia ideología dominante se debilite. Y he aquí que en los últimos 15 años los movimientos antisistémicos y democratizadores han venido creciendo, madurando. Muchas veces silenciosamente. Muchas veces a contracorriente. La coyuntura –temporalmente- ofrece una oportunidad, un breve intervalo de unos años en el que las elites se encuentran más divididas que nunca.

Construir la(s) fuerza(s) que desde la periferia del sistema y desde abajo puedan desarticular la batalla de arriba y sus reglas, desarticulando su poder de dominación es una segunda posible salida a la crisis. Por eso es la hora de las definiciones y las estrategias se bifurcan de forma irreconciliable. Concentrar nuestra energía, nuestra fuerza, nuestra acción en una salida desde arriba que estabilice al sistema, y a la dominación o intentar construir desde abajo y a la izquierda y desde la periferia del sistema.

Hay que desarticular al poder dominante tanto político como económico, no pactar con él. No desde una visión ideológica o una estrategia antisistémica preestablecida. Estoy seguro que la única salida para la sobrevivencia de los pueblos, del mundo y de la naturaleza es arrasar con el poder dominante, a pesar de que hoy todo nos indique que eso no es posible. Desestructurar la dominación y no hacerla más vivible –para las clases medias- son las opciones que hay para elegir. Todo análisis de lo posible y de lo inmediato es en realidad una ideología de la estabilidad y de la conservación. Hacer todo lo que sea posible para acercarnos a ese objetivo, por más lejano que parezca es una decisión que muchos hemos tomado a pesar que corremos el riesgo de fracasar y postergar por mucho tiempo cualquier posibilidad de emancipación.

Para muchos, el camino está claro. Es abajo y a la izquierda. El camino es desmontar la explotación, el desprecio, el despojo y la represión pero también al sistema político que lo hace posible. Desarticular al poder dominante pero también la ideología que permite su poder y su cohesión. La alternativa es abajo y a la izquierda.

Diciembre 2006.

[1] Enrique Pineda es egresado de la carrera de sociología, integrante de jóvenes en resistencia alternativa. Organización adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona e integrante de la Otra Campaña iniciativa del EZLN.
[2] Hablamos aquí de hegemonía en la vertiente de Antonio Gramsci, no sólo como la capacidad de dominación sino también por la capacidad de convencer, de establecer consensos y de generalizar la propia concepción del mundo.
[3] Véase el trabajo de Guillermo Trejo, investigador del CIDE, Las Calles, las montañas, las urnas: notas sobre la participación social y la transición a la Democracia.
[4] Los 10 grupos económicos dominantes en México son esencialmente empresarios “mexicanos” que han impulsado una agresiva estrategia de trasnacionalización y de monopolización en cada sector que actúan.
[5] Carlos Ahumada recibió obras del Gobierno del Distrito Federal, y entregó miles de dólares en la mano a varios colaboradores cercanos a López Obrador, que fueron grabados por él mismo y luego entregados a los medios masivos de comunicación en lo que se conoce como videoescándalos durante 2004.
[6] La reciente disputa entre el Director del Banco de México, el empresario Carlos Slim y hasta el saliente secretario de hacienda Gil Díaz, apareció en todos los medios de comunicación en México.
[7] Accionista mayoritario de CEMEX, una empresa cementera que primero se adueño de una buena parte de las productoras mexicanas, para luego saltar a una expansión dominante en Latinoamérica, Europa y Estados Unidos con una acelerada renovación tecnológica.
[8] López Obrador Andrés Manuel. Un proyecto alternativo de nación. Pag. 30.
[9] Ibídem (pag. 42)

Radiografía de la dominación en México II/III. La ideología de en medio

Enrique Pineda
Rebelión
En la primera parte de este texto, hemos postulado que en México vivimos la desintegración y disputa de las clases dominantes, que tratan de construir una nueva hegemonía, con múltiples posiciones e intereses contradictorios al interior tanto de las facciones políticas como económicas. Sin embargo, a pesar del desorden en la batalla de arriba, el sistema político no ha colapsado, como en muchas experiencias de otros Estados-Nación. Es el momento de mayor división entre los de arriba, pero eso no ocasiona el derrumbe del sistema político mexicano. El viejo régimen incorporó a nuevas facciones al Estado como mecanismo de estabilidad sistémica en un acuerdo cupular, permitiendo el reordenamiento de las elites dentro de un marco de reglas que aseguran la conducción dominante a pesar de sus diferencias. La reforma política permitió al sistema no derrumbarse, pero esto no es suficiente para mantener las estructuras de dominación en medio del reordenamiento de elite. Se evitó el desastre, a riesgo de incorporar nuevos elementos de inestabilidad para el sistema en su conjunto.

Toda dominación requiere de la imposición de una visión del mundo, y, en especial, de una ideología que mantenga el orden. En esta segunda parte del texto, sostendremos las siguientes hipótesis a) la dominación en México tiene uno de sus sostenes en la hegemonía de la democracia liberal que se ha convertido en una ideología dogmática -que incluso algunos llaman fundamentalismo liberal- b) que este marco ideológico es aceptado y reproducido tendencialmente por las clases medias mexicanas, instrumentalizadas por las clases dominantes por múltiples vías, entre ellas a través de la acción de un Estado que aún podemos considerar “fuerte” y que significan un enorme soporte a las relaciones de dominio; c) que el marco político de las clases dominantes – la democracia representativa- está empezando a agotarse como discurso e instrumento de subordinación. Como antes hicimos nos apoyaremos en un análisis del viraje y las mutaciones del viejo régimen a este nuevo periodo para contrastar los cambios y las nuevas relaciones de dominación en México. I. La nueva ideología dominante.

El viejo régimen mexicano del siglo XX se sostenía en un fuerte discurso nacional popular que privilegiaba a los sectores populares como el centro de la atención estatal y creó un nacionalismo ligado a la imagen del régimen emanado de la revolución. El discurso dominante comenzó a mutar del nacionalismo revolucionario al discurso democrático-ciudadano.

Como hemos dicho, el reclamo de democratización del sistema venía de los movimientos antisistémicos, la izquierda política y de disidencias democratizadoras que durante más de tres décadas se enfrentaron a la hegemonía del partido-estado. El reclamo social generalizado de democratización fue instrumentalizado por las nuevas elites (la izquierda y la derecha institucionales), para obligar al grupo hegemónico a incluirlos dentro del sistema. Se mediatizaron el impulso popular por reformas democráticas, la crítica académica e intelectual al autoritarismo del régimen y la presión internacional por la liberalización del sistema político mexicano. Esta enorme presión fue capitalizada para, en medio de un contexto de crisis e inestabilidad creciente, forzar al acuerdo al viejo régimen. Esta conducción de la “democratización” por arriba dio como resultado una “transición de terciopelo”, o en otras palabras, un pacto de elites que reordenó los parámetros de reproducción política entre las facciones dominantes.

Prácticamente todas las elites asimilaron un discurso liberal democratizante frente a la desestructuración y erosión del viejo régimen. El nuevo consenso de todas las elites y facciones políticas es sin lugar a dudas el Estado democrático liberal y una institucionalidad acorde a dicho consenso. El pacto cupular es un consenso entre los grupos que representaban al viejo régimen y las nuevas elites incorporadas al Estado para abrir un acceso limitado al poder político a niveles que no amenacen el proceso de acumulación capitalista, ni al sistema político-estatal que lo sostiene. El pacto de las elites requiere de un correlato (la transición a la democracia) que le otorgue legitimidad y congruencia a la mutación del régimen y a la disputa abierta entre las facciones dominantes. El llamado consenso de Washington tiene así a su hermano gemelo en un consenso liberal sobre la llamada democracia representativa, ya que “la política liberal no le disputa ningún espacio a la economía liberal, solamente redistribuye el poder político entre diferentes facciones (…)que estarían de acuerdo en lo fundamental, que es el consenso sobre la pertinencia del capitalismo como sistema histórico y universal”.

La generalización del concepto de la democracia DENTRO de los parámetros del liberalismo vino acompañada de ciertas prenociones que se pretenden universalizables en todo el pensamiento político en México. El consenso liberal que viene de arriba hacia abajo como una imposición alienante está caracterizado por un gradualismo profundamente conservador, cuyo discurso habla de cambios pequeños pero paulatinos que nunca llegan a concretarse. El pensamiento dominante – el de las elites – adolece también de un fuerte evolucionismo, legitimador del sistema dominante, ya que argumenta que lo que tenemos hoy es siempre mejor de lo que teníamos ayer y por tanto, el mañana trascenderá lo que tenemos ahora; está basada en el viejo concepto de progreso, entendido como una mejoría acumulativa, prácticamente inevitable; se basa en un reformismo racional anclado dentro de los márgenes de una institucionalidad que permite la dominación de la elite, con constantes concesiones, aperturas y pequeñas transformaciones del sistema que orbitan alrededor de la acumulación capitalista y la dominación política de las elites sin llegar a tocarlas. De alguna forma se ha vuelto un pensamiento dogmático que discursivamente defiende que el tiempo y las pequeñas reformas graduales traerán invariablemente mayor bienestar a pesar de la contundente evidencia cotidiana que apunta en sentido contrario. Este marco liberal, trata de replicar como modelo a las “democracias consolidadas”, es decir a las democracias occidentales y a las procedimientos de occidente que de manera prácticamente unánime son consideradas los referentes por alcanzar como íconos universales de la democracia. El correlato del gradualismo es también inmensamente tranquilizador, ya que a diferencia del pensamiento autoritario y dictatorial reconoce las deficiencias del sistema pero ofrece mecanismos institucionales que teóricamente lograrán el mejoramiento del sistema en su conjunto. Se asume el discurso de la participación ciudadana, como una concesión que permite encausar el descontento, incluyéndolo en los márgenes del sistema político, legitimando la distribución del poder establecido. El discurso liberal reconoce las imperfecciones del sistema pero habla de lograr los cambios para atenuar, disminuir e incluso – en un horizonte lejano- acabar con la injusticia, siempre, por supuesto dentro del sistema social, que debe ser preservado a toda costa para lograr esos bondadosos fines. Este discurso y su relato tranquilizador buscan entonces condenar, aislar, y en su caso, eliminar y prevenir cualquier sobresalto en el sistema. Es por tanto una ideología de la estabilidad, la institucionalidad y el reformismo para el cambio social, que inhibe y rechaza cualquier actitud que genere contradicción con el poder establecido y promueve y ordena la dominación a través de un pacto social que se basa en contener las conductas antisistémicas. Esto se logra en un estado de sumisión colectiva alrededor de la obediencia a la dominación porque se argumenta existen los canales para la transformación de ella. Se logra además a través de la disciplina dentro del orden de la dominación, en beneficio de la estabilidad del Estado, supuesta garantía de los caminos institucionales para la transformación del sistema. Por ello, se acude a un discurso que hace percibir como un peligro mortal todo ataque al orden establecido y quienes deciden criticar y oponerse a este orden liberal “democrático” son aislados, rechazados e incluso reprimidos por la fuerza. Marginar, aislar y volver periférico cualquier pensamiento y acción alternos al pensamiento y sistema dominantes es una constante en esta ideología que promueve el miedo al caos y la inseguridad para conservar el orden establecido. El triunfo del discurso ideológico de la dominación consiste en el vaciamiento total de la democracia, trastocada en ritual electoral de elites, en competencia por administrar eficazmente el Estado. La democracia termina como una técnica procedimental que otorga legitimidad a la dominación de las elites y sus facciones en disputa “racional”. La atención de lo político se centra en un proceso para lograr acuerdos que garanticen la gobernabilidad del Estado. Las relaciones sociales de explotación, exclusión y dominio del capitalismo son temas menores, intranscendentes y hasta inexistentes para que la atención se enfoque en los conceptos del liberalismo político y la democracia representativa. Las relaciones de poder, hegemonía, control y represión de las elites políticas son un tema irrelevante en el inmenso teatro democrático cuya estelaridad la lleva hablar de mayorías, minorías, alternancias, estabilidad, elecciones, técnicas electorales, votos nulos, proporcionalidad, abstención, reformas, transparencia, instituciones democráticas. Volver central las técnicas procedimentales de la democracia liberal y presentarlas como el discurso UNICO sobre lo político y marginar y volver periférica la relación capital-trabajo y otras relaciones de dominación es el arte de concentrar toda la atención en el discurso mediático, gubernamental, academicista, “intelectual”, empresarial y hasta de la “sociedad civil” haciendo parecer a esta esfera como la definición de lo político, lo importante y lo relevante; en suma, centrando la atención de forma alienante en el discurso, la actividad y la ideología dominante, invisibilizando, despreciando, marginando todo el pensamiento, discurso y práctica que esté por fuera u oponiéndose a la esfera de la dominación.

El mayor éxito del poder y las relaciones de dominio es asegurar la obediencia a la dominación no por la vía de la fuerza, sino a través del consenso. El liberalismo político basado en la “democracia representativa” es el vehículo para acudir voluntariamente a la dominación dentro de una especie de corralito que encierra la acción legitima para el cambio social, aislando y condenando todo lo que quede fuera de éste. Pero aún más importante que aceptar la dominación es hacer creer que no existe alternativa alguna y que debemos orbitar dentro de los márgenes permisibles del liberalismo, la institucionalidad “democrática” y el Estado. Es decir, orbitar dentro de los márgenes de actuación acordados y permitidos por las clases dominantes. Por eso en el discurso, inclusive en el de la izquierda institucional, la democracia liberal se presenta como el fruto ineludible de la modernización y el progreso, como el mayor avance político en México, pero lo que es más importante: el UNICO posible. A cada falla evidente del sistema se grita de inmediato por una reforma, por nuevas reglas que desactiven, mediaticen y oculten lo más rápidamente los conflictos. Es importante volver a decir que la democracia liberal en México es un pacto de elites que abre y reordena el poder de manera limitada, lo suficiente como para legitimar al sistema, pero no tanto como para poner en peligro al poder político y económico dominante. Esto es un consenso entre toda la clase política mexicana, incluyendo a la izquierda partidaria. Sin embargo, la división de la elite puede observarse en la diferencia que tienen sobre el rango de plusvalor que puede dársele como concesión a las clases populares. La izquierda partidaria postula que otorgar más concesiones a los de abajo – a través del Estado-, manteniendo de alguna forma la estructura dominante es más conveniente para todos (por el bien de todos, primero los pobres, lema del candidato Andrés Manuel López Obrador durante su campaña), tal y como lo demostraron las concesiones del viejo régimen que mantuvieron la estabilidad durante tanto tiempo. López Obrador, proveniente del viejo régimen priísta, sabe de las artes de la gobernabilidad, la estabilidad y las concesiones a los de abajo. El otro sector de elite- más radicalizado- sostiene dejar en el abandono total a las clases populares, con pequeños programas focalizados contra la pobreza, más acordes al neoliberalismo ortodoxo. En uno u otro caso, las estructuras de dominación se mantienen intactas y sólo un matiz sobre el papel regulador del Estado en su conducción de la dominación es la diferencia entre esas elites. El proceso electoral se basa entonces en elegir entre lo malo y lo menos malo, entre dominadores radicales y moderados, no entre dominación y liberación.

El discurso de la democracia liberal requiere ser difundido a través de la ideología y la propaganda poniéndolos en circulación a través de todos los medios para generalizar su aceptación. La mutación del discurso de las elites encontró sendas capas dispuestas a atender a la ideología dominante y que son un pilar para mantener las relaciones de dominio en México.

II. La estabilidad de en medio. El viejo régimen autoritario generó la estabilidad con las concesiones que otorgaba a las clases populares, incluyéndolas y a la vez subordinándolas. La estabilidad se construía también a través de la alianza con el poder económico “nativo” que creció sin parangón durante la larga hegemonía del régimen. Sin embargo, el crecimiento exitoso permitió que las capas medias de la sociedad también crecieran lentamente y lo que en un primer momento fueron concesiones sociales desde el Estado para asegurar la estabilidad, fueron luego vistas como derechos por respetar, en especial por las clases medias ascendentes que accedieron a la movilidad social, fundamentalmente a través de la educación.

La ola neoliberal ha desordenado la vieja estabilidad porque ha atacado las estructuras estatales y los mecanismos que permitían la movilidad social de las clases medias. Las enormes redes educativas, de servicios de salud, burocráticas, y de ciertas ramas estatales de producción que habían logrado certeza en sus derechos laborales respondieron frente al acoso, privatización y contracción del Estado y sus recursos. Otras capas de las clases medias veían con recelo la centralización del poder y el límite que imponía la hegemonía del viejo régimen que significaba la exclusión de estos sectores. Por último, las consecutivas crisis económicas de las décadas de los 70 y los 80 terminaron por minar algo de la certeza económica con que vivían las clases medias. Lentamente, estos factores fueron erosionando la legitimidad del régimen frente a los ojos clasemedieros y con ello, las nuevas elites en ascenso (la izquierda y derechas institucionales) fueron ganando simpatías.

Por ello, el discurso liberal tuvo enorme aceptación en el vasto y heterogéneo conglomerado social que son las clases medias mexicanas. La libertad de pensamiento, de expresión y la libertad política fueron exigencias de la elite de izquierda en ascenso. Estas demandas eran compartidas por la derecha, sumando a ellas la libertad de mercado, de competencia y del pequeño empresario. El malestar social por la conducción autoritaria del viejo régimen y sus errores económicos fueron capitalizados por estas facciones en ascenso. Así, poco a poco, lo viejo era representado por el régimen burocrático que gobernó 70 años a la nación, y lo nuevo, era el discurso democratizador de las nuevas facciones mucho más ligado a las clases medias, generalmente “ilustradas” sobre sus derechos. Tendencialmente, las clases medias se sintieron identificadas con los dos nuevos grupos de elite que representan, de alguna forma, la modernización y aceptaron las coordenadas del discurso liberal por la posición en la pirámide de la dominación que les otorga cierto nivel de vida relativamente “privilegiado”. Los sectores medios, que son los cuadros con algún tipo de capacitación, especialización y educación en el trabajo, reciben concesiones que los articulan alrededor del modelo de dominación esencialmente a través de cuatro elementos: el acceso al consumo suntuario (aunque sea a pequeña escala); el acceso a la información, la educación, el entretenimiento y el esparcimiento; el acceso a la pequeña propiedad –incluyendo la microempresa – y en su caso, el acceso al crédito. Estos elementos les permiten a las clases medias emular a las elites dominantes y su estilo de vida, con ciertas conductas imitativas que intentan replicar la condición de los grupos que están más arriba en la escala social.

A pesar de que enormes segmentos mayoritarios de las clases medias oscilan entre la indiferencia, la despolitización, el consumismo, la indolencia y hasta el esoterismo y la autoayuda, ciertamente las clases medias significan una opinión pública poderosa por su acceso a la información y por su capacidad de incidir en numerosas redes sociales. Es por ello que tienen un poco más de poder que los de abajo, subordinados por completo en las esferas de poder y de reproducción económica y peor aún, excluidos de ellas por completo, arrojados a una situación de indefensión y precariedad insoportable.

Sin embargo, el modelo económico y las fuertes políticas de ajuste afectaron de manera heterogénea a las clases medias. Para unas, significaron mayores oportunidades de éxito económico, y culturalmente, representaron el acceso a los símbolos del status globalizado. Las clases medias ascendentes beneficiadas por el modelo quieren seguir escalando y cualquier amenaza de zozobra para su calidad de vida implica un enemigo a enfrentar, con todas sus capacidades de movilidad social. Esto las hace profundamente conservadoras. Por otro lado, las clases medias pauperizadas o al menos afectadas por el modelo, perciben a las políticas de contracción estatal como una intrusión en su nivel de vida alcanzado. Estas capas desean mantener y preservar los derechos consagrados y cualquier gobierno que afecte aún más lo que han logrado, implica un enemigo a enfrentar con todas sus capacidades de movilidad social. Esto las hace profundamente reactivas.

Las primeras, han sido instrumentalizadas en el reciente proceso electoral a través del discurso de la derecha y su esfuerzo por demonizar a la izquierda institucional acusándola de poder destruir, afectar o al menos amenazar su status y sus logros. Las segundas, fueron movilizadas por el discurso –en ocasiones nostálgico- de la izquierda partidaria que ofreció proteger los erosionados derechos y aún más, reestablecerlos, ofreciendo discursivamente el regreso del Estado de bienestar con las implicaciones simbólicas que este significó para los cuadros medios del sistema: estabilidad, ascenso, movilidad y un horizonte de éxito.

Su carácter tendencialmente conservador o reactivo hace que los parámetros de la democracia liberal sean percibidos como el campo ideal para la defensa de los intereses de estas capas sociales: primero para los que no desean mayores cambios, defendiendo su posición a través del apoyo al status quo y al sistema en general; para los otros, que perciben como necesarias transformaciones suficientemente grandes para lograr mejores condiciones de justicia, pero suficientemente pequeñas para no poner aún más en riesgo su posición social. Ciertamente existe, por otro lado, una franja minoritaria de clases medias radicalizadas hacia la izquierda, organizadas en una pléyade de organismos civiles, no gubernamentales y colectivos, pero su enorme fragmentación ha impedido que sean un actor político permanente y de ellas hablaremos más tarde.

Las consecutivas reformas en la esfera política y administrativa del Estado son concesiones permisibles para la dominación y son percibidas como un avance hacia la “consolidación democrática”, como ese lento e hipotético avance hacia una sociedad justa. Estas reformas son suficientes para las clases medias que perciben como EL problema a lo concerniente a la esfera del poder político y por su condición en la pirámide social, omiten, relegan, excluyen, olvidan o consideran secundarias las relaciones económicas estructurales de dominio o incluso las justifican y las racionalizan como el único campo de lo posible. Las reformas políticas para las clases medias son suficientes y por eso el liberalismo político aparece como una ideología ad hoc y la democracia liberal como el vehículo perfectible para el cambio, porque para muchos de estas capas sociales el sistema sólo necesita un ajuste, a veces más hondo, a veces sólo de la orientación de políticas públicas, permitiendo la participación –aunque sea marginal- en el poder estatal y sus decisiones. Las clases medias son las más afectadas por la individualización en los esquemas de reproducción del trabajo y de la apropiación del territorio en la modernidad globalizada. Los desarrollos urbanos clasemedieros tienden a segmentar e individualizar las identidades, desgarrando cualquier posibilidad colectivista, comunitaria o incluso barrial. Por el otro lado, el nivel de remuneración les permite a las clases medias sobrevivir “por si mismas” sin necesidad de las redes de cooperación, defensa y sobrevivencia que utilizan los de abajo. Estas condiciones estructurales permiten la fácil fragmentación de las clases medias y que el discurso liberal proyectado hacia el individuo como unidad política preferente tenga eco exitoso en estas capas sociales, con una enorme seducción del individualismo y el consumismo.

Por otro lado, a pesar de la contracción del Estado en la mayoría de sus funciones sociales y reguladoras, así como de la ola privatizadora de la década de los 80 y 90, podemos afirmar que la red estatal de gobierno, burocracia y servicios estatales en México, sigue siendo inmensa. De ella dependen sendas capas de las clases medias que aún ven en el Estado su forma de subsistencia. Es, a pesar de la debacle estatal, un Estado relativamente “fuerte” de cuyos recursos dependen enormes capas poblacionales tanto de las clases medias como de clases bajas.

Las clases medias, generalmente ilustradas y con acceso a numerosos bienes informativos tienen una influencia determinante proveniente de los medios de comunicación y la academia. Esta mediatización generalizada, se logra esencialmente a través de los medios de comunicación masivos: locutores, conductores, analistas, columnistas, articulistas, intelectuales y académicos replican, reproducen y difunden la ideología liberal y sus parámetros como límites sociales de lo legítimo y de lo correcto. La gobernabilidad ordenada como imaginario ideal de la paz social se difunde y se replica. El estado de derecho y las instituciones como marco para resolver la conflictividad social se vuelve el único imaginable. La representación política a través de los partidos y los márgenes de participación permisibles por ellos se vuelve el único campo legítimo, la única definición política, es más, la única existente. Se va formando así un consenso sobre la ideología del orden establecido. Se condena cualquier radicalidad y cualquier pensamiento fuera de los límites impuestos por la ideología dominante. Se condena cualquier “exceso” que rompa con la “normalidad democrática”, considerándolas formas de oposición ilegítimas, irresponsables e incluso inmorales. Las clases medias conservadoras sienten repulsión e incomprensión con las resistencias que desde abajo gritan, se mueven y piensan por fuera de esta aparente normalidad institucional. Las clases medias reactivas, coincidentes con la izquierda, pueden simpatizar con los de abajo, pero condenan las luchas, las estrategias y las tácticas llevadas al límite porque sienten que existen otros caminos para la solución de los conflictos. Se constituye entonces una energía enorme por conservar a las luchas y los conflictos en el centro de la estabilidad sistémica, ahí donde pueden expresarse y decir lo que quieran, siempre y cuando actúen sistémicamente, orbitando alrededor de la dominación. Es la ideología del centro liberal que como nueva ideología “única” se convierte en el pensamiento dominante.

Las clases medias son vitales para alcanzar el consenso mayoritario sobre los márgenes de lo legítimo del sistema ya que “el énfasis se desplaza hacia la construcción de un nuevo consenso, no un consenso que cubrirá a todos, sino un consenso entre la mayoría moral responsable. La competencia política se centra cada vez más en la pretensión de hablar en nombre de esa mayoría” . Así, la batalla por la opinión pública se vuelve centralísima, porque las reglas de la democracia representativa le otorgan una preferencia a este tipo de mayorías: a una democracia teóricamente armoniosa donde no existe antagonismo sino pluralidad, y donde los cambios se logran no a través de la lucha, sino mediante el rechazo de ella, a través de el acuerdo en donde todos los problemas se resuelven por medio de la buena comunicación.

Los medios de comunicación por ello y especialmente en el más reciente proceso electoral, se volvieron la verdadera arena de la disputa. Se gobierna y se logra el consenso mayoritario liberal con, por y a través de los medios masivos. La izquierda institucional reconoce estos parámetros y sabe que es en ellos y dentro de ellos donde está la disputa de la elite y a ella se ha sumado, fortaleciendo el coro liberal por mayorías gradualistas, responsables e institucionales. Por eso, mientras por un lado la izquierda partidaria se autoflagela como el mártir crucificado por los medios y por la derecha, por otra parte sabe que hoy lo político se decide desde los medios y por eso fue que destinó millonarios recursos en los medios masivos de comunicación (por encima de la derecha panista) en el pasado proceso electoral (383 millones de pesos) . Conscientes de ganar a las mayorías de centro, el candidato de la izquierda partidaria gobernó la Ciudad de México desde los medios y su conferencia de prensa matutina diaria, que le permitió saltar hacia esa dichosa opinión pública durante más de 5 años de presencia mediática. López Obrador organizó un electorado mayoritario de centro (responsable, moderado, gradualista) que vio con muy malos ojos su posterior radicalización verbal y en especial, su acción movilizadora en las calles. El discurso del jefe de gobierno y después candidato se sumó a las voces dentro de los márgenes del discurso dominante donde el presidente habla de gobernabilidad, el Congreso de diálogo y construcción de acuerdos, el Instituto Federal Electoral de democracia e institucionalidad; los jueces y jefes policiacos de estado de derecho; los partidos de competencia electoral; los gobernadores de progreso; los medios de comunicación de aplicación de la ley; los intelectuales de reformas y las organizaciones no gubernamentales de participación ciudadana e incidencia. El consenso por donde se mueve lo político es claro: la autorreferencialidad del poder y SU democracia consolidada, esa democracia de pocos, con pocos y para pocos cuyo discurso potencialmente elimina al mundo de los de abajo. No los vean, nos los oigan, no existen, parece decir el discurso de la elite y cuando los de abajo logran destruir la ficción de la esfera única de los de arriba, colándose con su lucha y su radicalidad en el mundo y medios de arriba, enseguida, toda la energía del sistema dominante se centra en aislarlos, marginarlos, regresarlos al mundo de la invisibilidad mediática y fuera de los ojos de las mayorías responsables y gradualistas.

La adhesión activa o pasiva de la mayoría de las clases medias al consenso sistémico es uno de los soportes de las estructuras de dominación en México, a ese sistema de pensamiento, a esa relación de poder que combina coerción y consenso, una relación que tanto los gobernantes como la mayoría de los gobernados aceptan como legítima a través del derecho, los medios, la academia y la inercia de un Estado relativamente estable durante todo el siglo XX.

III. el lento ocaso de la democracia liberal.

Sin embargo, la ficción de la democracia liberal se desmorona, aunque sea lentamente, del imaginario colectivo. Las contradicciones entre discurso y realidad se vuelven evidentes. La democracia liberal ha quedado atrapada entre dos fuerzas contradictorias que la comprimen. La primera de ellas es el pacto de elites para la transición democrática. Este pacto- del cual hemos hablado- permitió la reforma y redistribución del poder entre las elites pero no significó una reforma estructural del Estado, insuficiente incluso dentro de los parámetros del liberalismo político. Así, muchas de las estructuras del Estado –a pesar de las reformas neoliberales– no han sufrido modificaciones sustantivas. Los sistemas de justicia, de seguridad, policiales, de participación política, son en buena medida las estructuras del viejo régimen. La vieja institucionalidad persiste además en la consecutiva exclusión de las demandas sociales y de vehículos para ser adaptadas al sistema. El pacto de elite reordenó el poder y la disputa arriba, pero dejó prácticamente intactas las estructuras de funcionamiento del sistema. Esto es sumamente disfuncional. La percepción generalizada – como en muchas otros “advenimientos” de la democracia” – es que poco o nada ha cambiado, por lo que esta democracia se considera un tanto inútil. El consenso de los límites del centro liberal ha hecho que todos los partidos políticos sean percibidos como idénticos, o como pequeños matices de una matriz insuficiente y deficiente para el cambio social sólo diferenciadas mediáticamente como mercancías y productos electorales en el mercado de las ofertas partidarias. Todos los mecanismos institucionales han fracasado para canalizar las necesidades sociales. Los diálogos de los Gobiernos Federales con los tres movimientos-rebeliones sociales más importantes en la última década fueron traicionados. Los diálogos de San Andrés, y el diálogo en el Congreso del EZLN, los diálogos de la rectoría en el movimiento universitario 99-2000 y el diálogo entre la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y la Secretaría de Gobernación fracasaron estrepitosamente. Incluso el efímero movimiento campesino “El Campo no aguanta más”, que logró un acuerdo con el gobierno foxista, fue sorteado por el régimen. En cada uno de ellos la fuerza de la rebelión-movimiento obligó al poder a la negociación, pero en cada uno, el diálogo fue roto, sorteado, o los acuerdos incumplidos para luego iniciar la solución represiva. Debido a ello, sendas capas de los movimientos de abajo ven con recelo y desconfianza cualquier pacto arriba. Hay aquí una primera grieta en el pensamiento dominante.

Es también el caso en el poder Judicial. La corte permitió la extradición a todas luces ilegal de los vascos presos en México; fueron los tribunales quienes avalaron las enormes inconsistencias del proceso electoral reciente; fue la corte quien desechó las controversias constitucionales contra la reforma indígena espuria que fue rechazada por los pueblos indios y el EZLN; fue la corte quien concedió la razón a favor de la propiedad privada y en contra de la propiedad social en el caso de la Cooperativa de refrescos Pascual Boing. Han sido los sistemas judiciales los que permiten que centenares de presos políticos continúen en la cárcel (como en Atenco o Oaxaca), claramente amafiados con el poder político y sus intereses. Han sido los tribunales los que permiten la impunidad de gobernadores aliados a la pederastía, al narcotráfico y a la represión con enormes violaciones a los derechos humanos. Son las cortes quienes han decidido poner todos los obstáculos para el castigo para los llamados “crímenes del pasado”, es decir, la tortura, las desapariciones y los asesinatos cometidos en el viejo régimen. El sistema jurídico en México – ineficaz, corrupto, decadente- se está cerrando como vía de defensa y por tanto los canales para orientar la ira, el descontento y la injusticia empiezan a desbordarse, encontrando cerradas las vías legales del derecho. La “democracia” mexicana y la “pluralidad” del Congreso permitieron en los últimos seis años la aprobación de la Ley de Biodiversidad que permite la invasión transgénica en nuestro país; la llamada Ley Monsanto incluyó la votación aprobatoria de la izquierda partidaria. El Congreso en su conjunto aprobó una simulación de ley de derechos y cultura indígenas, -básicamente una escenografía- que no reconoce de forma verdadera a lo plasmado en los Acuerdos de San Andrés, echando por la borda las demandas del movimiento indígena y los acuerdos con el EZLN (de igual forma, la izquierda partidaria votó a favor de esa ley espuria). Se aprobó también la llamada Ley Televisa que favorece la monopolización de los medios de comunicación, y castiga y restringe a radios comunitarias, y frecuencias alternativas. Una vez más la izquierda partidaria votó a favor de dicha ley en la cámara baja para luego pedir disculpas públicas y votar en contra en la cámara alta. La ley fue aprobada de todas formas. Se aprobaron además las reformas al sistema de pensiones con las modificaciones al Seguro Social, sumándose a la línea neoliberal sobre el tema de jubilaciones y pensiones de un sector importante de trabajadores; se aprobó la Ley de Seguridad Nacional, funcional a los intereses estadounidenses en su control territorial de América del Norte. Las principales batallas legislativas se han perdido y mientras ong´s, partidos e intelectuales hablan de cabildeo e incidencia en las reformas a través de la participación ciudadana, a la Cámara de representantes llegan los cabilderos de las empresas para asegurar la reproducción económica del sistema, generando algunos escándalos por los sobornos contra las leyes impositivas al tabaco y al alcohol. Esto no ha pasado desapercibido por una parte de los movimientos y aunque en menor medida, por una parte de la opinión pública que desaprueba la forma de desempeño de esta representación. El congreso tiene las más bajas calificaciones en la opinión pública. Una a una, se han perdido la mayoría de las batallas legislativas. La clase política está asfixiando sus propios vehículos para la canalización de las demandas sociales. Los gobiernos estatales, involucrados en escándalos de corrupción, narcotráfico, desvío de recursos y corrupción siguen funcionando en la descomposición de las estructuras de gobierno, en un proceso de corrupción de arriba hacia abajo. La descomposición y crisis al interior de todos los partidos políticos y sus facciones en disputa es clara, pública y muy profunda. La disputa de arriba, contradice el discurso dominante hasta el ridículo.

Pero la otra fuerza indiscutible que comprime a esta democracia es la realidad cotidiana devastadora: la migración, el narcotráfico, la delincuencia y la inseguridad sí han hecho mella en la percepción sobre el sistema político en vastos sectores sociales, especialmente por el papel de los medios de comunicación. La sensación de desamparo, descontrol y desbordamiento es creciente. Por otro lado, la precariedad, el desempleo, la superexplotación y la devastación ambiental que es sufrida por ciertas capas sociales hacer ver como una caricatura a la democracia liberal. El reciente resultado del proceso electoral puso en cuestión –al menos en una franja social- a las instituciones de la democracia representativa y electoral, últimas instancias que recibían la confianza de la población en general.

El desencantamiento y desilusión por la democracia mexicana es progresiva, aunque los lazos de la dominación sean aún fuertes y no hayan colapsado.

Postulamos que la disputa de arriba se ha intensificado, conviviendo distintas matrices de dominación en batalla por una nueva hegemonía que no permitirá grandes reformas al sistema político –incluso dentro de los parámetros permisibles de la democracia liberal- además de que el pacto de elites que había permitido recibir oxígeno al sistema en los últimos 10 años, se ha erosionado y empieza a debilitarse. Las facciones en disputa sobrepasarán y rebasarán sus propias reglas cada vez más en la búsqueda de consolidarse en el poder. Cabe preguntarse si esta disputa habrá de pulverizar a las clases políticas dominantes en innumerables islotes o seguirá la articulación polarizada en polos que hasta ahora hemos visto. En cualquier caso, la democracia liberal y sus márgenes son el campo esencial de batalla de los de arriba y ésta es sumamente funcional al modelo económico. No habrá consolidación ni reformas sustantivas de la democracia mientras las facciones en disputa no entren en acuerdo. De ser esto así, los frágiles límites de la democracia existente serán desbordados o tendrán que ser controlados por la vía de la fuerza. Estas “imperfecciones” del sistema suelen ser explicadas por los defensores de la democracia liberal como fallas originadas por la juventud de la democracia mexicana. Suele explicarse también como una transición democrática inacabada. Incluso, una cierta explicación racista sale a flote con el argumento de que es la cultura mexicana, el pasado prehispánico o la inercia del viejo régimen lo que nos impide “consolidar “nuestra naciente democracia.

El discurso dominante pide la calma, para lograr en ese lento proceso gradual, la consolidación democrática con nuevas reformas al poder político. Se buscan las explicaciones de los desajustes en la democracia en una mala o desviada aplicación de la modernización democrática. El discurso e ideología liberal sigue hablando de los modelos de democracia basada en la representación como el UNICO camino a seguir. Y la izquierda partidaria y sus seguidores hablan de los enormes avances políticos en México y de buscar nuevas pasos en esa construcción hipotética del perfeccionamiento democrático. No se sabe a qué democracia se refieren ni a qué modelo persiguen. ¿a la democracia argentina? Aquella que permitió el saqueo menemista, el colapso de la economía, el fraude descomunal o el asesinato de dos piqueteros en plena calle en la periferia de Buenos Aires. ¿a la democracia chilena? Aquella que mantiene por fuera de la representación en el congreso al partido comunista chileno con las viejas reglas de la dictadura o persigue como terroristas al digno pueblo indígena mapuche con centenares de presos políticos, o aprueba el ALCA, eso si, desde una presidencia de “izquierda”. ¿la colombiana? Aquella que permite el terrorismo de estado, la paramilitarización como política de gobierno y la represión como forma de vida cotidiana, así como miles de muertos de los movimientos sociales asociados a la izquierda. ¿la brasileña? Aquella que permite que se gobierne desde la izquierda para contener la reforma agraria a pesar del enorme movimiento que la exige y se mantienen las políticas del FMI y del Banco Mundial, eso sí, desde una presidencia de “izquierda”. ¿la ecuatoriana? Aquella democracia que puede ser traicionada a pesar de las rebeliones y del enorme movimiento indígena como cuando Lucio Gutiérrez viró al neoliberalismo traicionando a quien había jurado representar?. ¿las democracias centroamericanas? Aquellas que han permitido el incumplimiento de los acuerdos de paz y el mantenimiento de la violencia cotidiana. ¿de qué democracias nos habla el discurso dominante en México? Por supuesto la respuesta para todo ello de columnistas, articulistas, académicos e intelectuales o miembros destacados de “la sociedad civil” mexicanos es la supuesta matriz cultural populista en el continente, que no permite avanzar hacia las racionales, moderadas, graduales y consolidadas democracias occidentales. O la corrupción “inherente” a la cultura latinoamericana o el autoritarismo, fruto de una “cultura vertical latina”.

Pero el discurso e ideología dominantes ocultan lo necesario sobre aquellas democracias avanzadas. Oculta el terrorismo de estado y las violaciones a los derechos humanos en el conflicto vasco de la “democracia española”. Olvida la muerte de un joven de 20 años llamado Carlo Giulianni en mitad de las calles de Génova en Italia; olvida que en 1994 se procesó a dos tercios del parlamento italiano por corrupción pero la institución siguió incólume ; oculta los violentos desalojos de los centros sociales, la fuerte represión policiaca y las aprensiones a anarquistas; relega las mentiras para acudir a la guerra, todo ello permitido por la democracia “a la italiana”. No importan los dos jóvenes franceses muertos al huir de las policías en la periferia parisina, las declaraciones clasistas y racistas del gobierno francés que provocaron la ira y la revuelta de miles de jóvenes y el torcimiento de la ley para imponer la represión, la mano dura y el mensaje de orden a toda costa contra esa rebelión que ellos mismos desataron; la democracia francesa avanzada que permite propuestas como la ley de primer empleo, una vuelta a las condiciones de trabajo del siglo XIX para los jóvenes trabajadores. El correlato sobre las democracias consolidadas invis