Abya Yala: La conquista de América

Alberto Morlachetti (Prensa indígena)

Recibido de Juan Benzo, 10 de octubre. (APE).- Aquella primera y lejana  mirada con la que Europa descubrió a América, la que creyó encontrar  deformidades de lo humano y lo natural en todo lo que no se le  asemejara ni le resultara asimilable. A partir de esa visión comienza  la negación del otro, quien ya no será asumido como tal sino como un  estado inferior e imperfecto de nosotros mismos.

La conquista de América, desgraciadamente, conlleva el estigma de esta  negación. Para España fue 1492 el año de la expulsión y el  descubrimiento. Expulsados los judíos y derrotados los moros, eliminada  la heterogeneidad interna, un hombre sin patria, Colón, “descubrió” un  continente sin más contenido, para él y sus compañeros, que los  animales, las plantas, la riqueza y el paisaje.

La heterogeneidad fue interpretada en función de los valores de los  recién llegados, por lo tanto, quienes hablaban en una lengua distinta  ni siquiera hablaban, quienes adoraban a otros dioses no los tenían y  quienes amaban de diferente manera no eran capaces de amar.

Colón, apenas llegado a estas tierras, y con la exaltación que otorga  la codicia, no tardará en calcular que esclavizando y vendiendo a todos  los habitantes de La Española y explotando el palo brasil de la isla,  “conseguiría unos 40 millones de maravedíes”.

Gonzalo Fernández de Oviedo un aventurero devenido en cronista de las  primeras épocas de la conquista escribía sobre las consecuencias de  guerras y encomiendas, para manifestar -con cierta naturalidad- que  había en la Isla La Española en 1492 (hoy Haití y Republica Dominicana)  ”un millón de indios e indias de todas las edades (…) no se cree que  haya al presente, en este año 1548, quinientas personas (…) que sean  naturales”.

Las nuevas tierras, como proclamó un soldado de la conquista, les  ofrecía que ”en lugar de azadones, manejarían tetas, en vez de  trabajos, cansancio y vigilias, placeres y abundancia y reposo”. En su  increíble carrera para justificar la matanza colectiva, los animales y  el territorio de América fueron, también, objetos del menoscabo.

Voltaire diría que en la selva amazónica existen cerdos con el ombligo  en la espalda y leones calvos y cobardes. Así Buffon, Kant y Hegel  “concibieron a América como el territorio de la inmadurez, de la  fatalidad geográfica y la pura marginalidad irredimible. Territorio en  el que hasta los pájaros cantan mal, porque no lo hacen como la  alondra”. También Montesquieu, Bacon, De Maistre y Hume se negaron a  reconocer como semejantes a los hombres degradados del Nuevo Mundo.

Sustentados, además, en ciertas afirmaciones teológicas de que los  indios eran amentes, como los calificara el Papa Pablo III en 1537,  “faltos de razón como para considerarlos integralmente humanos -según  Alcira Argumedo- el patrón señorial reproducirá a lo largo de los  siglos una contundente distancia con las capas sociales oprimidas. En  este marco, la deshumanización y el exterminio no podían considerarse  como una afrenta a Dios.

Por el contrario, muchas veces se hacían necesarios para honrar su  nombre y otras para alcanzar la civilización”. Para Ginés de Sepúlveda  (1547), los “bárbaros del Nuevo Mundo” estaban más cerca del mono que  del hombre, y eran por lo tanto “siervos por naturaleza”. Someterlos  para civilizarlos era hacerles un bien, pero la mayor justificación de  la esclavitud se cifraba en la necesidad de enseñarles el Evangelio  -obligación que pesaba sobre el encomendero- y que venía a justificar  el despojo y la explotación despiadada.

Otro atributo cultural de los nativos era la ausencia de propiedad  privada como ocurría en “occidente”, que los españoles -y luego los  ingleses- consideraban natural a la civilización. En la mayoría de las  sociedades indígenas la comunidad concedía derechos sobre tierras  arables en proporción con los requerimientos de cada familia en las  diversas etapas de su ciclo vital.

Este sistema de gestión agraria era considerado por los europeos una  anomalía, propia de esclavos, una convocatoria para que los extranjeros  fueran a transformarla. El mismo Charles Darwin en 1833 expresó  respecto de nuestros Yámanas que eran los hombres más desgraciados del  mundo a causa de la perfecta igualdad que reina entre los individuos.

Le parecía imposible que mejore el estado político de Tierra del Fuego  mientras los pueblos que la habitaban no adquieran la idea de  propiedad, que permite la superioridad de unos sobre otros. No como  hasta ahora que “nadie puede ser más rico que el vecino”.

La cultura y el arte, se consumieron en esta hoguera del  “descubrimiento”. Millones de indígenas murieron asesinados por los  Europeos y muchos cayeron víctimas de la viruela, el sarampión, la  gripe y otras enfermedades desconocidas, (en muchos casos los  conquistadores favorecieron el contagio para acelerar el exterminio)  que hicieron fácil presa en cuerpos desnutridos por la mala  alimentación, producto del abandono forzado de sus cultivos  tradicionales y el trabajo esclavo a que fueron sometidos los pueblos  originarios de estas tierras.

“La viruela era el capitán de los soldados de la muerte (en la guerra  biológica del Nuevo Mundo), la fiebre tifoidea era el primer  lugarteniente, y el sarampión el segundo lugarteniente (…) Eran los  antecesores de la civilización, los compañeros del cristianismo, los  amigos del invasor”.

El movimiento de resistencia del Jefe Pontiac en 1763, fue desmantelado  cuando el general Sir Jeffery Amherst, comandante del ejército inglés  en América del Norte, ordenó que se enviaran mantas contaminadas de  viruela a los americanos nativos para acelerar su extinción.

En la colonia portuguesa de Brasil, durante los meses de 1562-1563 en  que 30 mil americanos nativos morían de viruela en las misiones y  campamentos de esclavos de las capitanías otorgadas a propietarios  portugueses en la costa, los portugueses permanecieron ilesos, testigos  de lo que N. D. Cook llamó “el juicio secreto de Dios”.

Lo mismo entre los comentaristas católicos franceses: “En cuanto a  estos salvajes, hay una cosa que no puedo dejar de comentar, y es que  parece manifiesto que Dios desea que cedan su lugar a nuevos pueblos”.  Así escribió un observador de los otrora poderosos matchez, cuyo número  se había reducido en un tercio en las décadas de 1530 y 1540.

»»La imagen indígena del otro.- Esos ojos que habían almacenado  centenares de años y miradas. Seguramente grande hubo de ser el asombro  cuando se encontraron con esos hombres desconocidos, venidos de más  allá de las aguas inmensas. El “jueves santo” de 1519, Hernán Cortés,  ponía pie en tierra firme, al norte de la hoy llamada ciudad de  Veracruz. Proyectando primero sus viejos mitos, creyeron los mexicas  que Quetzacóatl y los otros teteo (dioses) habían regresado.

Pero, al irlos conociendo más de cerca, al ver su reacción ante los  objetos de oro que envió Motecuhzoma, al tener noticias sobre la  matanza de Cholula efectuada por los españoles el 14 de octubre de 1519  y al contemplarlos por fin frente a frente en Tenochtitlan, una de las  ciudades más bellas del mundo, que los conquistadores intentaban tomar  con el estruendo de las armas, los mexicas ya no creían en el porvenir  de sus cosechas y que Quetzacóatl y los dioses hubieran regresado, por  el contrario a los españoles se les llamaba popolocas (bárbaros) .

Los cronistas indígenas conciben una imagen notable acerca de la  codicia de los europeos. Esas imágenes están precisamente en los textos  que acerca de la Conquista escribieron los vencidos.

En Los escritos de los informantes indígenas de Sahagún, preservado en  el Códice Florentino, narran que cuando Motecuhzoma envió objetos de  oro para satisfacer a los europeos: “Les dieron a los españoles  banderas de oro, banderas de pluma de quetzal, y collares de oro. Y  cuando les hubieran dado esto, se les puso risueña la cara, se  alegraron mucho (los españoles), estaban deleitándose.

Como si fueran monos levantaban el oro, como que se sentaban en ademán  de gusto, como que se les renovaba y se les iluminaba el corazón. Como  que cierto es que eso anhelan con gran sed. Se les ensancha el cuerpo,  tienen hambre furiosa de eso. Como unos puercos hambrientos ansían el  oro”.

»»El Genocidio.- La intención manifiesta de dejar atrás los viejos  dolores de la historia -que han sido sepultados con el propósito de no  dejar ni siquiera vestigios- sabiendo que sólo el olvido “rubrica la  muerte”, sólo fue eso: un intento. La memoria nos da alcance. Neruda  siglos después interrogaba desde la poesía: señaladme la piedra en que  caísteis y la madera en que os crucificaron.

En las mismas argumentaciones con que los europeos en general  consideraban a los habitantes del Nuevo Mundo como homúnculos,  criaturas que sólo tenían vestigios de humanidad, se encuentra la razón  contraria.

Es imposible no oír el dolor de las víctimas, en tantos lugares y en  distintos tiempos de horror de este “planeta de infortunios”. El  recuerdo como eco de las penalidades a que ha sobrevivido la condición  humana nos demuestra una y otra vez que el mal, como dice Semprún, “es  uno de los proyectos posibles de la libertad constitutiva del hombre”.

Partimos del supuesto que ningún genocidio ha de ser justificado y las  razones que se invocan para excusar a los victimarios, como los  contextos históricos y culturales, no pueden actuar ni siquiera como  atenuantes. Ya contemporáneos de la conquista como Fray Antonio de  Montesinos provocó el escándalo de los señores de Santo Domingo cuando  pronunció delante de ellos, encabezados por el necio Diego Colón, su  célebre sermón de 1511:

”Decid: ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y  horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho  tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras,  mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas con muertes y estragos  nunca oídos, habéis consumido?

¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados sin darles de comer, ni  curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les  dáis incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis para sacar  y adquirir oro cada día?”.

En 1542 el misionero franciscano Toribio de Benavente, Motolinia,  advertía sobre los españoles: “…se hacen servir y temer como si  fuesen señores absolutos y naturales, y nunca están contentos; a  doquiera que están todo lo enconan y corrompen, hediondos como carne  dañada y no se aplican a hacer nada sino mandar; son zánganos que comen  miel que labran las pobres abejas, que son los indios”.

En los primeros 50 años de la Conquista la población indígena de las  zonas dominadas quedó reducida a un 25%. La Escuela Berkeley sostiene  que los 25.200.000 que había en México Central en 1519 se redujeron a  1.075.000 en 1605, lo que representaba apenas el 4,25% del total  inicial. Según Rowe, los 6 millones de habitantes que tenía Perú en  1532 descendieron a 1.090.000 en 1628.

Otro cálculo indica que los aztecas, mayas e incas sumaban en conjunto  entre 70 y 90 millones al producirse la Conquista, de los que en un  siglo y medio después quedaban sólo 3.500.000, o sea apenas el 5% de la  cifra más baja. Hernán Cortés y Francisco Pizarro son los nombres  mayores del exterminio. Verdaderos cruzados contra la condición humana.  Semejante genocidio causó la completa desaparición de cientos de grupos  étnicos, y también de un incalculable caudal de conocimientos.

En esta cruzada contra los indígenas fueron utilizadas todas las armas  de destrucción, de desarraigo, de degradación. Las guerras de  exterminio más crueles y los actos de genocidio más espantosos que  registra la historia humana. Posteriormente la esclavitud consumió  millones de indígenas en las minas, en las plantaciones. La  erradicación de sus líderes eruditos, de los artistas y de los técnicos  que dan voz y figura a la civilización, los dejó en estado de orfandad  cultural durante largos períodos.

Sin embargo el anciano Cortés, retirado en su casa de Madrid, era  centro de “una academia que proponía diálogos sobre cuestiones  humanísticas y religiosas”. El hombre era muy admirado por los  franciscanos que “en sus historias de la Conquista” escribieron de él  “como el hombre escogido por Dios para allanar el camino de la  evangelización de la humanidad”.

Celebrar el 12 de octubre no deja de ser una perversión. Germán  Arciniegas en 1937 ya había escrito que los españoles no descubrieron  América, porque no es posible considerar como descubridores a quienes  obligaron a callar el misterio a velar el encanto del hombre de  América. En realidad dice Arciniegas, aquel fue el tiempo de los  conquistadores, de los asesinos, de los antidescubridores, que ya en su  misma tierra se afanaban en suprimir los escandalosos restos de la  cultura árabe, quemando bibliotecas enteras.

Arciniegas decía que descubrir y conquistar son dos posiciones  opuestas. Descubrir es una función sutil, desinteresada, espiritual.  Conquistar es una función grosera, material.

No podemos -entonces- celebrar lo que conlleva algunas exigencias, un  certificado de olvidos, una firme garantía de amnesia, una cara de no  habernos dado cuenta, de que nunca habíamos estado aquí, tal como si el  mundo, las calles y nosotros hubiéramos sido creados esta mañana por un  Dios algo distraído que nos dejó residuos de una memoria que no nos  pertenece.

Alberto Morlachetti. Agencia de Noticias Pelota de Trapo –  http://www.pelotadetrapo.org.ar

»»Fuentes consultadas:
1) Colombres, Adolfo; A los 500 años del choque de dos mundos;  Ediciones del Sol – CEHASS, Buenos Aires, 1989.
2) Watts, Sheldon; Epidemias y poder; Ediciones Andrés Bello,  Barcelona, 1997.
3) Elliott, J. H.; Spain and its World 1500-1700: Selected Essays, Yale  University Press, Londres, 1989.
4) Casalla, Mario; América en el pensamiento de Hegel. Admiración y  rechazo; Catálogos Editora, Buenos Aires, 1992.
5) Herren, Ricardo; La conquista erótica de las Indias, Editorial  Planeta, Madrid, 1991.
6) León-Portilla, Miguel; Visión de los vencidos, UNAM, México, 1978•

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13 comentarios

  1. Maite Sherica Ascarrunz said,

    11 abril, 2007 a 16:45 pm

    esto es un asco no me sirve para hacer mi tarea mejoreno.

  2. Maite Sherica Ascarrunz said,

    11 abril, 2007 a 16:47 pm

    esto es lo mejor
    del mundo

  3. Pancho said,

    15 abril, 2007 a 17:42 pm

    ta very good esta materia

  4. Yaotl said,

    19 octubre, 2007 a 13:20 pm

    los europeos son unas bestias

  5. bruno said,

    3 noviembre, 2007 a 13:26 pm

    esto es una !””·”·$”·$”·%$ no me sirve de nada cmo conquistaron america del norte? ptm!

  6. KARLA SAMIRA said,

    18 noviembre, 2007 a 18:12 pm

    QUE SON LO MAXIMO Y QUIESIERA QUE RESIBIERAN MI MSN PARA QUE SE CONECTEN CONMIGO

  7. Hortensia Nuñez said,

    6 julio, 2008 a 22:40 pm

    Quiero felicitarle, por el excelente trabajo de investigación que realizó, para que todos los latinoamericanos, conozcamos, la barbarie que protagonizaron, los europeos, con nuestros ancestros, se habla de Hitler, pero, esto que acabo de leer, me ha dejado “estupefacta”, y es increíble, como los gobiernos, se atreven a celebrar la barbarie que nos dejo el descubrimiento, es un material, digno de divulgar, y es lo que haré, para que la nuevas generaciones, conozcan la realidad, de algo que hasta el momento, muchas personas como yo, no conocíamos a profundidad, y no lo digo con odio, sino para que se creé conciencia sobre el tema, atentamente.

  8. Anónimo said,

    23 agosto, 2008 a 15:50 pm

    hola ps la verdad yo pienso que deberian de espesificar mas

  9. Josue Pacheco said,

    4 noviembre, 2010 a 21:57 pm

    Esto ta Ben!

  10. cataleya quino condori said,

    27 marzo, 2016 a 7:44 am

    A pos a mi tambien no m agrad
    seria q lo analizen bien
    No s para estudiants
    Ubiiiíîqens nooo
    N q mundo🐷staaamos
    😈🙅👇👆

  11. brendakkd said,

    7 junio, 2016 a 11:13 am

    si es muy interesante pero no es lo q busco asi q es un asco wacala

  12. Anónimo said,

    23 agosto, 2016 a 6:31 am

    Esto es una wacala no me sirve de nada.


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