Las oaxaqueñas no tenemos miedo, tenemos coraje

Lourdes González (Prensa Indígena)

CIMAC. Recibido de Melina Alfaro, corresponsal de Prensa Indígena, 16 de octubre.- No, esto no es una muestra de gastronomía oaxaqueña, ni la Semana de Oaxaca en el Distrito Federal, aquí se respira un ambiente de lucha y compromiso con una causa. Carpas, pequeñas casas de campaña o una sencilla cubierta de plástico dan cobijo a los cientos de mujeres, niños y hombres oaxaqueños que se encuentran apostados en el corazón del Distrito Federal esperando un “milagro”.

“Las mujeres oaxaqueñas creemos que es posible que ocurra un milagro, porque yo que soy católica confío en los milagros y aquí, las mujeres rezamos todas las noches para que, como dijo el señor (Carlos) Abascal, no nos repriman”, dice la maestra Rosalía Bolaños, quien participa aquí en el movimiento de resistencia que encabeza la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO).

Esto es una verbena popular, una romería, cadenas humanas bajan de una pequeña camioneta de redilas cientos de víveres, leche en polvo, arroz, agua, frijol, pan, café y demás abastecimientos recolectados entre los simpatizantes de la causa. Codo a codo, mujeres, niños, ancianos y hombres por igual, vacían el vehículo con la alegría clásica de un día de fiesta, decenas de mujeres clasifican una a una las provisiones para sobrevivir a una lucha que no tiene aún fecha de despedida.

Aunque apenas empieza a caer la noche, trabajadores de Luz y Fuerza se aprestan a colocar varios reflectores para dar un poco de luz a este movimiento. La tarde-noche es tibia, caminar por las calles circundantes de la plaza Tolsá, asemeja un pequeño paseo por algún municipio, cualquiera, del sur o del norte de Oaxaca.

Pero pernoctar aquí, a los pies de la estatua de Carlos IV, no es un sacrificio para las mujeres de Oaxaca, sino un orgullo, se vanaglorian de ser ellas las elegidas para marchar desde la tierra de Juárez en repudio de un gobierno que, aseguran, es una ofensa en la tierra de Juárez

“Esto no puede pasar en la tierra de Juárez -dice con voz entrecortada la maestra Bolaños–, no se vale que el pueblo de Oaxaca tenga un gobierno de esta naturaleza. Las mujeres no tenemos miedo, tenemos coraje, rabia, no nos importa pasar hambre, no nos importa tener que dejar quien sabe cuántos días a la familia sola, pero todo es para no tener que padecer un gobierno como este”.

Desde la llegada del actual gobierno estatal, las mujeres padecemos en nuestra economía, en salud, en educación, porque, por ejemplo, tenemos que pagar cuotas en las escuelas porque el IEEPO (Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca) no está cubriendo nada de materiales porque el gobierno no entrega los recursos y como madres de familia tenemos que ver como solventamos los gastos”.

En cuestiones de salud, en todas las comunidades existen centros de atención, pero sin medicamentos, sin médicos, de vez en cuando nos engañan con algunas vacunas, con despensas, pero todos los programas o despensas son condicionados “yo te los doy pero apoyas a x o z candidato”, cuenta la maestra.

Al centro de esta gran caravana, desde un altavoz, María Cruz Bravo, maestra de la Sección 22 del SNTE, recuerda que al inicio del movimiento no participaba mucho, pero a raíz del desalojo de la plaza principal a manos de la policía estatal, “sentí tanto coraje y un deseo infinito de decir fuera Ulises”.

“No es posible que tengamos un gobernador inepto, corrupto y asesino, que no le importó golpear niños y mujeres durante el desalojo. Ese gobierno lesionó nuestros derechos y nuestra dignidad como mujeres”, y es que en este, como en muchos movimientos populares, las mujeres son una parte fundamental y sostén de la lucha.

La maestra Cruz Bravo nos cuenta orgullosa que “en nuestro estado la participación de la mujer siempre ha sido decidida y a un 100 por ciento, nos hemos dado cuenta que la mujer es tan capaz o más que los hombres”. “Las mujeres no sólo somos cocineras o comparsa de este movimiento, aquí la mujer viene tanto de cocinera como participando activamente en paralelo con
el varón”.

Comienza apenas a caer la noche y en cada pequeña casa o carpa el olor a tamales, obviamente oaxaqueños, invade la plaza. Y como en fiesta, todos los presentes somos convidados a degustar el típico platillo sureño. Entre cucharada de tamal y sorbo de café, la maestra Cruz Bravo recuerda que, antes el lugar de la mujer estaba sólo en la cocina y con los hijos, sin embargo, cada vez hay mayor conciencia y participación política.

Así, firmes en su posición, las mujeres de Oaxaca esperan que este conflicto se resuelva pacíficamente “ya hubo muchas víctimas y eso no lo queremos más.

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