La ira de Tepito    

Por: Andrés Pascoe Rippey
     
Nacimos enojados y crecimos encabronados, sin revelaciones, sueños ni señales”, escribe Alfonso Hernández, cronista del barrio de Tepito. Así describe al barrio bravo, como un lugar lleno de rabia pero también lleno de historia, lleno de cultura y lleno de arte.
Pocos barrios como Tepito han producido tantos movimientos artísticos culturales y sociales. Pocos barrios tienen una historia tan compleja como éste, que en los cuarentas era pobre, en los cincuentas estuvo en auge, en los setentas fue revolucionario, en los ochentas se volvió centro de contrabando y en los noventas se hundió en el olvido. Conocí bien Tepito en mi infancia. Lo recorrí, junto con mi entonces padrastro —Adolfo Patiño— en decenas de ocasiones, comiendo mangos lavados con agua puerca y mucho chile piquín. Conocí también a los grupos culturales y los conciertos callejeros.
Ahora veo, sin sorpresa, pero con decepción, como la prensa y los editorialistas avalan y aplauden al gobierno del Distrito Federal ante su decisión de expropiar una serie de vecindades sin tomarse la más mínima molestia por entender qué significa eso para el barrio de Tepito. Tan confundida está la prensa que insiste en llamar “La Fortaleza” apodo delincuencial, como en “fortaleza del crimen” — a un predio que NO tiene ese sobrenombre: Tenochtitlán 40. He hablado con residentes de Tenochtitlán 40. Me han dicho que no soportan el trato que reciben de los medios, que los tildan a todos de delincuentes. Mauricio Flores, de Milenio, no tiene el menor empacho en calificarlos como “habitantes malhoras de Tepito”. Reforma tilda el lugar de “narcovecindad”, sin pudor alguno. Esa es la visión, elitista e ignorante.
Tepito sí es un barrio peligroso. Es el lugar en donde se distribuye el 70 por ciento del contrabando del país. Está lleno de centros de narcomenudeo. Es un barrio controlado por “padrinos” y por “líderes de comerciantes”. Esos líderes, que durante décadas han estado al servicio del poder —antes con el PRI, ahora con el PRD— para movilizar a sus huestes corporativizadas y apoyar elecciones internas o constitucionales, hoy están protestando. Pero son protestas de juguete: sus prebendas están aseguradas.
Quienes han criticado la decisión del hoy perredista Marcelo Ebrard no lo han hecho porque les importe el destino de las familias que viven ahí, sino porque no soportan la idea de que exista la expropiación. Es sólo eso: el pánico a que se violente la “propiedad privada”. El rechazo a la noción del “bien común”.
Las expropiaciones, si están bien hechas y justificadas, son indispensables en todo gobierno. Si no, ¿cómo construir calles, aeropuertos, hospitales y carreteras? La demencia en este asunto es que el GDF ha concretado el concepto panista —”de derecha”, por tanto— de que expropiando a los pobres de Tepito se combate la delincuencia. El barrio bravo es lo que es gracias a la complicidad y corrupción gubernamental, y los más interesados en que sea un lugar sin delincuencia son precisamente sus habitantes. Son “los verdaderos vecinos” (Ebrard dixit), los que han sido desalojados con lujo de violencia de sus hogares y que recibirán una ridícula compensación, quienes han pagado el precio del show mediático del GDF. Ellos y ellas recibieron 72 horas para largarse de sus viviendas de toda la vida y, días después, sus pertenencias fueron arrojadas a la calle por la policía. Mientras tanto, la izquierda complaciente, se calla la boca.
Aquellos que despotricaron contra Fox por querer expropiar Atenco hoy se hacen de la vista gorda, demostrándonos que en este país lo importante no es qué se hace, sino quién lo hace.
El gobierno sabe donde están las bodegas de contrabando y los picaderos de droga. Sabe como funcionan las redes, sabe quienes son los “padrinos” y quienes son los líderes. Sabe que la delincuencia se combate con prevención, vigilancia, presencia policíaca, inteligencia y educación. Se combate abatiendo la corrupción y la complicidad. No se combate con expropiaciones; no se combate sacando a los habitantes honestos de las zonas difíciles. No se combate poniendo a familias enteras en la calle y usando a los medios para calificarlas de lumpenproletarios.
Y eso es justo lo que están haciendo. Habitantes de Tepito me dicen que existen centros deportivos, culturales, sociales y educativos en el barrio, pero que el GDF no les ha metido un peso en años. En lugar de invertir en ellos, se elige hacer esto porque hace ruido y porque el “círculo rojo”, a la postre clasista, lo ve bien.
Desde hace mucho que tengo claro que no pueden existir, en una ciudad moderna, zonas liberadas, fuera de la ley. No puede aceptarse que haya lugares donde no hay justicia. La forma de impedirlo es rompiendo la cadena de complicidades político-electorales y económicas que existen.
Después, usando el peso de la ley contra los delincuentes, no contra los ciudadanos.
Tepito merece florecer porque es un barrio con arraigo y tradición, con cultura y alma. Es un barrio que necesita que se abata la delincuencia y que el gobierno demuestre que trabaja para sus gobernados, no para sus clientelas o para los medios. Sólo así se calmará la ira de los tepiteños dándoles el derecho a tener sueños y señales.

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1 comentario

  1. yolanda soria alvarado said,

    12 mayo, 2008 a 17:07 pm

    primeramente me permito felicitarlo por su articulo, y segundo quisiera saber si me podria proporcionar alguna direccion electronica en donde encuentre articulos que hablen sobre tepito al rededor de 1910,y si fuera tan amable en darme la direccion en donde pueda conseguir fotos de la epoca antes mencionada pues en ese entonces mi abuelo llego a vivir al barrio, yo tambien naci ahi. gracias por su atencion


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