Atenco: ¿Un cambio en la correlación de fuerzas?

Javier Hernández Alpízar

El poder no entendido como un objeto físico: la silla presidencial, el palacio de gobierno, ni como una entidad invisible que porta un individuo o un grupo: el poder entendido como un campo de fuerzas. Tal vez esté campo de fuerzas está cambiando…

Para imponer el proyecto conservador que actualmente destruye al país, a su economía, a su medio ambiente, a su población, a los derechos civiles y políticos, en aras de una mayor subordinación a, y un mayor intervencionismo de, los Estados Unidos, el gobierno de México, la clase política, los partidos en el poder (todos, pero especialmente los tres que tienen más gobiernos: PAN, PRI y PRD), y sobre todo la fuerza pública: el ejército, la policía, han tenido que dejar de lado las sutilezas y atropellar directamente, físicamente a ciudadanos, comunidades, organizaciones, pueblos.

Esta situación rebasó el ámbito local. Han llegado a tribunales internacionales (la Comisión Interamericana de Derechos Humanos) las denuncias por las desapariciones forzadas durante la guerra sucia de los años 70; por la impunidad de los feminicidios en Ciudad Juárez y por las violaciones de mujeres indígenas en Guerrero, y la justicia mexicana llegó a una especie de impasse que la exhibió como defensora de los peores e instrumento de la criminalización y del castigo a los movimientos sociales.

Protectores de la impunidad de gobiernos violadores de derechos humanos, liberadores de paramilitares que asesinaron en Acteal, los magistrados que dieron la espalda a víctimas de la represión, la pederastia, la negligencia criminal, necesitaban cambiar un poco su imagen.

Pero sobre todo, se vino dando una creciente movilización, no articulada del todo, pero cuya fuerza es cada vez menos desdeñable.

Parecía una noticia a contracorriente la liberación de los dos ex presos políticos Jacobo Silva Nogales y Gloria Arenas Agis, y luego salieron libres otros presos de conciencia, los tres de Candelaria, Campeche: Sara López González, Joaquín Aguilar y Guadalupe Borja; Emmanuel Hernández Hernández, y los dos pescadores cucapás:  Emilio Hurtado Valenzuela y Juan Antonio Guerra Hurtado.

En este momento, como dice en Centro de Medios Libres DF, “tras cuatro años y un mes de movilización popular”, la Suprema Corte se vio obligada ante los ojos de buena parte del país (a pesar del mundial de futbol y unas campañas electorales de bajísima estofa) a ordenar la libertad de los doce presos de Atenco: 

Ignacio del Valle Medina, Héctor Galindo Gochicoa, Felipe Álvarez Hernández. Y los presos de Molino de las Flores: Narciso Arellano Hernández, Oscar Hernández Pacheco, Edgar Eduardo Morales, Inés Rodolfo Cuéllar Rivera, Julio César Espinosa Ramos, Juan Carlos Estrada Cruces, Alejandro Pilón Zacate, Jorge Alberto y Román Adán Ordóñez Romero. 

Las movilizaciones fueron muchas: desde los iniciales cierres de escuelas y de calles promovidos por la Otra Campaña en 2006, algunos de ellos reprimidos por el gobierno del DF; la marcha en la que la Otra Campaña llegó hasta Atenco; la existencia de un plantón que duró años en el penal de Santiaguito y luego en Molino de las Flores; la formación por el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) del Comité Libertad y Justicia para Atenco y la gira de Atenco por trece estados de la república, comenzando por Chiapas, “corazón de la resistencia”, como dijo Doña Trini; y la presión que siguió hasta la jornada internacional de este 29 de junio.

La SCJN ha ordenado que sean liberados los 12 presos de conciencia.

El momento puede ser muestra de que se comienza a formar un contrapoder: el del movimiento social.

A pesar de que hay duros reveses, como el cerco paramilitar priista al municipio autónomo de San Juan Copala, Oaxaca, y la contrainsurgencia en pleno en Chiapas: las agresiones de paramilitares a los municipios autónomos y a sus aliados, situación que tiene hasta ahora en silencio al EZLN.

Pero quienes ven a México y a Chiapas más allá de las coyunturas electorales, como diría John Berger, siguen apoyando al EZLN, como han venido manifestando sus compañeros de ruta en la Otra Campaña, en México y en el plano internacional.

Destaca el pronunciamiento del Foro Social en Estados Unidos, promovido por el Movimiento por Justicia del Barrio, de Nueva York, integrado por migrantes, participante de la Otra Campaña y uno de los grupos que siempre han apoyado a Atenco y al EZLN.

Denunciaron el incremento de las agresiones contra los zapatistas; responsabilizaron a los tres niveles de gobierno: municipal, estatal y federal de esta violencia; y exigieron el respeto a la autonomía de los pueblos zapatistas y el fin de las agresiones.

Para el gobierno es un precio muy alto el que pagaría atacando militarmente a los zapatistas, y esto podría ser mayor, entre el desmoronamiento de las políticas de la elite y el crecimiento de la capacidad de los movimientos sociales para tomar la iniciativa. Puede ser…

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