Límites de los medios privados de comunicación

Además del derecho, dentro de una economía de mercado, de comprar su noticiero favorito, y de apoyar a su comunicador favorito, los usuarios de los medios privados tienen otra opción: Crear sus propios medios, y si es posible, buscar que no respondan a la lógica de la ganancia económica y política de los medios privados y partidarios.
El derecho a comunicar da poder a la gente, por eso siempre el poder estatal y privado tienen la tentación de violar ese derecho. Lo mismo impidiendo que haya medios que funcionen “sin permiso”  que recurriendo a medidas extremas como el asesinato, la desaparición forzada, o las amenazas de muerte, como la que ha denunciado Anabel Hernández.
De todas maneras y aunque al poder no le guste, el derecho a comunicar nos asiste. Y quienes lo comprenden con mayor claridad hacen “Comunicación contra el poder” (estatal y privado).

Babel
Límites de los medios privados de comunicación
Javier Hernández Alpízar
Hace apenas unos meses, acaso semanas, en una entrevista que diera Elfego Riveros a Zapateando, publicada en El Zenzontle y en el blog zapateando.wordpress.com, el periodista y comunicador de XEYT, Radio Teocelo, dijo algunos conceptos que nos pueden servir de punto de partida:
El primero que deseo retomar es que “el derecho a comunicar nos asiste”, y que las radios comunitarias, tengan o no permiso gubernamental (Radio Teocelo lo tiene, Radio Ñomndaa deliberadamente no lo quiere), son necesarias para comunicarnos entre nosotros lo que hacemos, pensamos y sentimos, lo que queremos, y lo más importante es el permiso y legitimación por la comunidad. Esta premisa es fundamental: “El derecho a comunicar nos asiste”, como titularon Zapateando y El Zenzontle la entrevista.
Otra afirmación que me parece fundamental es que así como los medios públicos (que en la práctica funcionan como gubernamentales) dan poder al gobierno, y los medios privados a las empresas privadas, así los medios comunitarios dan poder a la gente, a la comunidad, al pueblo.
Son dos ideas que se complementan y enriquecen: Comunicar es nuestro derecho, y cuando ejercemos ese derecho, como lo hacen por ejemplo esas dos radios comunitarias, ese ejercicio del derecho a comunicar nos da poder a los colectivos, organizaciones, comunidades, pueblos, indios, mujeres, etcétera.
Ese poder es lo que el Estado, el gobierno (todo gobierno) y las grandes empresas quieren evitar. De ese hecho deriva el permanente acoso contra las radios comunitarias y todo medio libre o autónomo, de ahí el acoso con tarifas comerciales, impuestos injustos y medidas autoritarias (como los espots del IFE forzados) contra Radio Teocelo; de ahí la persecución penal, con delitos fabricados, como los ha denunciado el Centro de Derechos Humanos de la Montaña de Guerrero Tlachinollan, contra David Valtierra, Silverio Matías y Genaro Cruz, de Radio Ñomndaa; de ahí el desmantelamiento de radios libres y comunitarias como Radio Proletaria en Tuxtla Gutiérrez y Radio Diversidad en Paso del Macho.
Pero también eso es lo que motiva la constante creación e impulso de radios libres, autónomas, comunitarias, temáticas, sean en FM, sean en espacios escolares como la Ke Huelga y Regeneración Radio, sean por Internet. Por ejemplo, está en fase de pruebas una radio por Internet con perspectiva de género en Xalapa: Circe Radio.
En este contexto, y con esas premisas qué papel juegan los medios privados y ¿qué papel pueden jugar los periodistas que se han destacado ante un gran auditorio por tener una perspectiva distinta a la más estereotipada de la derecha recalcitrante (Televisa, TV Azteca, Imagen informativa, por ejemplo)? El caso reciente del despido en MVS de Carmen Aristegui forma parte de una cadena de despidos y censuras anteriores a ella misma, a Javier Solórzano, a Gutiérrez Vivó, a Ricardo Rocha, y otros que seguramente se nos escapan.
En estos casos se muestran los límites, estrechos, bien definidos e inexorables, de la libertad de expresión (muy pequeña y tendiente a disminuir) en los medios privados de comunicación.
Los medios privados, televisoras, radios, agencias, impresos, existen para servir a los intereses de las grandes empresas y empresarios: Slim, Televisa, TV Azteca, Reforma, Milenio, e incluso, con una perspectiva quizá mas “liberal”, pero no menos determinada por intereses de empresa La Jornada, Proceso.
Para los medios privados, la información, las noticias, la opinión y el entretenimiento son mercancías. Como toda mercancía que se respete, deben dejar ganancias, dividendos, y como dijimos en las citadas premisas: Darle poder a las empresas.
Las ganancias son de dos tipos: Dinero, sobre todo por la publicidad que les permite a las empresas patrocinadoras vender sus mercancías y obtener ganancias, y poder político, tratando de inducir consensos y lograr una hegemonía de opinión y simpatías políticas, partidarias y de candidaturas.
No se nos escapa que la política, y sobre todo la electoral, también puede y debe ser analizada en términos de mercado, de inversión y ganancias o pérdidas contables en dinero.
También el posicionamiento de candidatos es analizable como una mercancía que se publicita y que, si es comprada (pagada en votos y en poder), les dará más poder y ganancias.
Hasta ahora la izquierda electoral solamente ha visto la paja en el ojo derecho. Ha señalado la construcción mercadotécnica de las candidaturas de derecha, como la de Fox y la de Peña Nieto, que son ejemplos claros y obvios; pero ha omitido que en el mismo sentido se han construido sus candidaturas, por ejemplo las de López Obrador y Marcelo Ebrard, y las campañas de imagen de sus respectivos gobiernos, o para poner otro ejemplo patético: la autopromoción como “respetuoso de los derechos humanos” del gobierno contrainsurgente y violador de esos derechos del PRD en Chiapas, con Juan Sabines Guerrero.
De este modo, no solamente los medios privados están para darle poder a las empresas, sino para construir las imágenes, carreras políticas y candidaturas de sus representantes en el poder político.
Esta naturaleza comercial, mercantil, por no decir mercenaria, y partidaria y electorera, es la que establece los límites de expresión de los periodistas, de derechas e izquierdas, que compiten por el rating, la publicidad y las ganancias, dinerarias y políticas (que son también dinerarias al fin) en el espectro hertziano y las señales de TV.
En este sentido, el público tiene el derecho a tener sus preferencias y aversiones, sus afinidades y repulsas respecto a esos comunicadores en los medios privados, pero los límites no serán desbordados. Los comunicadores son rehenes, con todo y glamour y prestigio ante sus escuchas, de los intereses de las empresas y los partidos (que en realidad funcionan como empresas, donde el dinero que se invierte es público, pero la ganancia es de un grupo político).
Además del derecho, dentro de una economía de mercado, de comprar su noticiero favorito, y de apoyar a su comunicador favorito, los usuarios de los medios privados tienen otra opción: Crear sus propios medios, y si es posible, buscar que no respondan a la lógica de la ganancia económica y política de los medios privados y partidarios.
El derecho a comunicar da poder a la gente, por eso siempre el poder estatal y privado tienen la tentación de violar ese derecho. Lo mismo impidiendo que haya medios que funcionen “sin permiso”  que recurriendo a medidas extremas como el asesinato, la desaparición forzada, o las amenazas de muerte, como la que ha denunciado Anabel Hernández.
De todas maneras y aunque al poder no le guste, el derecho a comunicar nos asiste. Y quienes lo comprenden con mayor claridad hacen “Comunicación contra el poder” (estatal y privado).

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