A propósito de feminicidios, juvenicidios y exterminios

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Babel
A propósito de feminicidios, juvenicidios y exterminios
Javier Hernández Alpízar
Al comentar el informe “La infancia cuenta en México 2009: las niñas”, coordinado por la Red por los Derechos de la Infancia, la investigadora del CIESAS Golfo Patricia Ponce dijo que “formamos parte de una sociedad en donde los niños, y especialmente las niñas, no son importantes y por ende, en ese mismo momento esta sociedad ha perdido su derecho al futuro.”
Siempre que se cuenta la historia de un naufragio se dice que el orden de prioridad para subir a los botes salvavidas es “las mujeres y los niños primero”. Se supone que ante la catástrofe y la posibilidad trágica de que muera masivamente la población, la prioridad de la especie es que se salven los menores, porque representan el futuro, y las mujeres porque son capaces de procrear en sus cuerpos nuevas vidas.
Hipotéticamente, pensemos que un pueblo desea exterminar a otro, trata de desaparecerlo, lo que técnicamente se llama genocidio. Si aplica el principio arriba dicho, destruir a los niños y niñas, los menores, las y los jóvenes, las mujeres, será una prioridad: Porque estará disminuyendo la posibilidad de su futura recuperación poblacional.
Recientemente, un comunicado del subcomandante Marcos, una carta abierta al filósofo Luis Villoro, con una reflexión sobre la guerra de arriba en México, es decir la guerra de Calderón, dice que un móvil claro de esa guerra es el negocio. La revelación del operativo Rápido y furioso, por el cual se introdujeron armas de los Estados Unidos en México, mientras se hacían de la vista gorda allá con la coartada de atrapar a un pez gordo (jamás pescado por cierto) acá, reveló que el flujo de armas es de Estados Unidos a México, y el dinero llega a manos de los fabricantes de armas allá: Investigar cuáles son las empresas que ganan dinero sería una buena forma de saber quiénes patrocinan la muerte en México.
Entre los 30 y los 34 mil muertos, oscilan las estimaciones de la gente que ha sido asesinada con armas norteamericanas por mexicanos que juegan en el teatro de guerra (video juego de guerra, dicen) de Calderón. Pero hay un exterminio sistemático que se puede apreciar en medio de esa carnicería: Los feminicidios, primero de mujeres pobres, mestizas o de rasgos indígenas, migrantes del sur en la Ciudad Juárez, luego de las defensoras de derechos humanos que se atrevieron a cuestionar la militarización y a poner como demanda central “Ni una mujer menos, ni una muerta más.”
Además de los feminicidios, están los juvenicidios, que han provocado ya una reacción de organización y de rechazo a la masacre por parte de universitarios y jóvenes, mujeres y hombres. Y muchos de los muertos son niñas y niños.
Si Patricia Ponce tiene razón y, como indican los fríos números, los indicadores, “una sociedad en donde los niños, y especialmente las niñas, no son importantes, por ende, en ese mismo momento esta sociedad ha perdido su derecho al futuro”, entonces, ¿una sociedad que permite que en su nombre se asesine en sus calles, ciudades, campos a niñas, niños, jóvenes y mujeres, qué derecho al futuro puede reclamar?
Lo que agrava la situación, que no necesitaría nada más para agravarla, una masacre es ya de por sí muy grave, es que si bien el dinero, las armas, el entrenamiento y la dirección intelectual están al norte de la frontera, los operadores de esa masacre (tanto por el lado de las fuerzas del Estado como las fuerzas del crimen organizado) son connacionales: ¿una voluntad de autoexterminio?
Toda intención nacionalista se diluye ante el poder del dinero. El dinero se alimenta de la muerte en una economía de guerra, contar muertos y contar dinero se homologan: Y los negocios no conocen fronteras, pues todo lo vital les es ajeno, todo lo vital les es extranjero. Por eso muchos hombres pueden volverse como mercenarios contra sus propias hijas, hijos, hermanas, hermanos.
Cada vez es más claro que la violencia en México –que tanta sangre ya nos debe– es un proceso inducido. Cada vez es más claro que unos pocos, los más ricos del mundo, cuyos nombres y apellidos destacan en listas de revistas especializadas, son los beneficiarios del negocio de la muerte.
Si la sociedad mexicana, las comunidades y los pueblos de México no podemos parar este proceso de nuestra destrucción, estaremos cancelando toda esperanza de futuro: Es el mismo exterminio de lo vital por todo proceso de acumulación capitalista, solamente que más rápido, el capitalismo va tan de prisa que, como en el bolero, no goza nuestra agonía. No espera.
El texto de Marcos sobre la guerra puede leerse completo en http://chacatorex.blogspot.com/2011/03/carta-primera-completa-del-sci-marcos.html

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