Huecos de realidad en los medios

Caricatura de Hernández

Babel
Huecos de realidad en los medios
Javier Hernández Alpízar
Sabemos de una tragedia, y al menos en mi caso, la imagen de Japón me evoca una película de ese título, rarísima y que no me gustó.  De una cultura a otra hay abismos, y lo difícil –pero esa es la tarea– es reconocer lo humano en esos tan diferentes. Un recuerdo que Simone de Beauvoir tenía de su compañera de la escuela y tocaya Simone Weil es haberla visto llorar al enterarse de que se había hundido una embarcación china y habían muerto la numerosa tripulación y los viajeros.
La reacción que generan los medios suele ser bastante anestésica, la ansiedad, el miedo se pueden enmascarar. En las películas de terror, de falso suspenso, en la nota roja, tenemos una vivencia pseudoconcreta de la muerte. Más quizá con los videojuegos, en los que el jugador acumula “vidas” y cuando el juego termina porque “lo matan”, puede reiniciar el juego.
Lo cierto es que la conciencia difícilmente encuentra su mejor empalme con la realidad, la de las tragedias que recién nos entregan las noticias, como el Japón de hoy, que quizá nos recuerda las pesadillas en los Sueños de Kurosawa, especialmente el terror de que se desate una catástrofe nuclear por daños en los reactores donde la radiactividad tiene “un uso pacífico”, y con las realidades más cercanas: En efecto, como dijera un corresponsal de Facebook: en México hay más muertos que los que produjo el terremoto en Japón y no es cosa de un solo día.
Entonces, lo grave no es solamente que la información que nos dan los medios sea cierta, ni solamente que está muy, pero muy, editada, por ejemplo, como comentamos en otra ocasión: solamente reportan las insurrecciones en países árabe-africanos, y no las grandes y en gran medida insurreccionales movilizaciones en países europeos presuntamente democráticos. Y en México, donde el mapa que se dibujaría si la cartografía se tomara de los medios masivos tiene un hueco en Chiapas, donde no parece pasar nada. Ni existir, según informativos de derechas e izquierdas.
Lo grave es que el tamaño de las tragedias, los horrores, no alcanza a movernos en la proporción que sería necesario para evitar la multiplicación del horror. En México hay iniciativas para rechazar la violencia y la masacre como la campaña No más sangre. Hay otras que intentan organizar una protesta de más largo aliento –me parece– y la van planteando mejor: como un rechazo a la militarización, como la Coordinadora Metropolitana contra la Militarización (Comecom).
Es de esperarse que estas movilizaciones- organizaciones crezcan, a pesar del acoso que el sistema político mexicano está desatando contra todo el que alza la voz, y la campaña que sigue segando vidas, desapareciendo y acosando a los defensores de los derechos humanos.
En Chiapas, ese estado que no existe en los noticieros nacionales –bueno, en el de Aristegui apareció, como el lugar desde donde Espino declaró sobre Calderón y Ebrard, pero no más, hace mucho que Aristegui escotomiza esa realidad–, continúa el acoso judicial contra el Centro de Derechos Humanos Digna Ochoa, pues los abogados presos de conciencia detenidos y luego liberados, lo fueron “bajo reserva”. Es decir, el poder caciquil los tiene en vilo.
Por otro lado el represor Juan Sabines dice que la Otra Campaña es intransigente y no se sienta a dialogar.
Esa es otra realidad frente a la cual, muchos que tienen un sentir que se reclama de izquierda en México no acaban de reaccionar debidamente: ¿Cómo entender que quienes se proclaman apóstoles de un cambio para México, una “regeneración”, sean cómplices de gobernantes como Juan Sabines? ¿Cómo entender la coincidencia en ese punto con quien dicen que es su máximo rival, Calderón?
No obstante, la realidad está ahí, y por eso quizá comunicadores como Aristegui no pueden tematizarla: Los actores que en la elección se confrontan, compiten, se calumnian e insultan mutuamente, son compañeros de ruta en la represión al México que construye una alternativa desde abajo. Por eso, quizá, el silencio tan significativo de ese sector.
Por otra parte, como puede observarse en las movilizaciones internacionales por la liberación de los presos de conciencia en Chiapas, quedan aún voces capaces de escuchar lo que dicen sus propias conciencias. Gracias a ellas el mundo no se vuelve del todo un simple ruido en los medios que acalla a todo lo demás.

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