Grandes represas hidroeléctricas

05/04/11 Por WRM

http://www.ecoportal.net/content/view/full/98410

La lógica del discurso de los defensores de ciertas energías “limpias” parte del principio de que las necesitamos para poder mantener el presente modelo de producción, comercialización y consumo. Es evidente que este modelo es social y ambientalmente injusto, o sea, es un modelo fallido. Al apostar a este tipo de energía, erróneamente llamada ‘limpia’, sin cuestionar el actual modelo, nuestros gobiernos siguen trabajando para el enriquecimiento de las empresas y provocando el sufrimiento de millones de personas de ésta y de próximas generaciones, dado que los impactos ambientales son profundos.

En el mes del Día Internacional de Acción contra las Represas y por los Ríos, el Agua y la Vida, y del Día Mundial del Agua, el tema de las mega represas pasa a primer plano. La creciente necesidad de energía para industrias cada vez más grandes, causa estragos en la salud de la Tierra y en la vida presente y futura de miles de pueblos.

La generación de energía hidroeléctrica mediante la construcción de grandes represas tiene un alto costo: ríos llenos de vida quedan convertidos en lagos artificiales; grandes extensiones de tierra que son el hogar y el sustento de numerosos pueblos quedan sepultadas bajo agua; se destruyen y fragmentan valiosos ecosistemas.

La energía así generada no beneficia a la inmensa mayoría de la gente; sirve para alimentar un modelo de producción y comercio basado en el uso intensivo de energía, que sustenta el alto consumo de sectores minoritarios en el mundo.

Este boletín es un esfuerzo colectivo para denunciar y poner de relieve los efectos destructivos de las mega represas, con la esperanza de contribuir con ello a la creación de un nuevo rumbo en la producción y el consumo de energía.

Ríos presos: la energía insustentable.

El efecto devastador de tsunamis, grandes hidroeléctricas y otras energías “limpias”

Durante la última década, en tiempos de cambios climáticos cada vez más visibles, las grandes empresas, los bancos y gobiernos hablan mucho sobre promover proyectos de energía “limpia”. Se trata de las formas de generación de energía que no se basan en combustibles fósiles.

Así, en varios países se están retomando y ampliando, por ejemplo, los proyectos de generación de energía nuclear.

Inevitablemente, eso nos hace recordar la tragedia que sufre el pueblo japonés, con cuyo dolor nos solidarizamos. Los recientes terremoto y tsunami, que desencadenaron la situación de emergencia nuclear en Japón, muestran la enorme distancia entre la realidad enfrentada por el pueblo japonés en cuanto a la central nuclear de Fukushima y lo que realmente sería una energía limpia.

Paralelamente, las inversiones en otra energía considerada “limpia” también se intensificaron en los últimos 10 años. Se trata de la energía generada por el represamiento de agua mediante las llamadas hidroeléctricas.

El presente boletín se dedica a este tema, ya que el 14 de marzo es el Día Internacional de la lucha contra las represas, por el Agua, por los Ríos y por la Vida. A continuación, el 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua. Mostramos en varios de los artículos de esta edición que la nueva onda de la supuesta energía hidroeléctrica “limpia” no es nada más que un discurso. En la práctica, la situación muestra que los impactos negativos continúan presentes en los emprendimientos planificados y en aquellos en ejecución.

Algunos puntos claves llaman la atención. En primer lugar, continúa el énfasis en hidroeléctricas de gran escala que obviamente provocan grandes impactos. Un ejemplo es la destrucción de significativas áreas de bosque nativo. De esta forma, las grandes represas siguen siendo una de las causas directas de deforestación.

En segundo lugar, las represas siguen destruyendo la vida de las familias ribereñas y generando energía que no beneficia a estas personas, sino a núcleos urbanos distantes y, sobre todo, a industrias con alto consumo de energía. Por ejemplo, en el delta del Mekong en el Sudeste Asiático, la construcción de grandes represas amenaza la seguridad alimentaria de la población, que hoy está asegurada con la pesca que obtienen del río. Como si eso no fuera suficiente, las comunidades ribereñas se ven muchas veces forzadas a migrar hacia la ciudad, rumbo a un futuro incierto. En la visión de los gobiernos lo que hacen es sacar a las personas de una situación de ‘pobreza’, rumbo a una situación de ‘progreso’. Sin embargo, los hechos muestran algo bien diferente: las represas generan más pobreza e impactan negativamente sobre la población, en especial las mujeres, y sobre la naturaleza.

En tercer lugar, la energía hidroeléctrica no es nada limpia si consideramos el problema del cambio climático. Hay diferentes fuentes de emisión de gases de efecto invernadero: los árboles, tanto los que se deterioran al aire libre como los que mueren cuando la zona de la represa es inundada, liberan dióxido de carbono (CO2). Además, la vegetación sumergida también produce metano (CH4), que en su mayor parte se libera por los vertederos y turbinas de las represas. Según estudios, el CH4 puede tener de 25 a 34 veces más impacto para el clima que el CO2. Cabe destacar que este impacto generalmente no es considerado en las Evaluaciones de Impacto Ambiental (EIA) de las represas, incluso en la EIA de la represa Belo Monte en Brasil (1). Por lo tanto, es un sinsentido total que en el ámbito del Protocolo de Kioto se permitan proyectos de venta de créditos de carbono a partir de centrales hidroeléctricas a través del Mecanismo de “Desarrollo Limpio” (MDL).

Y como si eso no fuera suficiente, hay otros estudios, por ejemplo en China, que comprueban que las grandes represas pueden causar inclusive el denominado estrés sísmico, aumentando el riesgo de terremotos y tsunamis.

Otra categoría muy citada como energía ‘limpia’ es la energía generada a partir de los llamados agrocombustibles, cuya producción involucra, en la mayoría de los casos, a diferentes monocultivos en gran escala como la soja, la palma africana y la caña de azúcar, con muchos impactos sociales, económicos y ambientales negativos, ampliamente estudiados.

Finalmente, la tragedia de Japón tendrá aún mayores impactos en el mundo si las inversiones en energía nuclear se transfieren a inversiones en otras energías consideradas más ‘limpias’, como los monocultivos en gran escala para producir agrocombustibles y la construcción de más represas hidroeléctricas.

En conclusión, las energías llamadas “limpias” no son limpias cuando se producen en gran escala y terminan teniendo efectos devastadores de diversa índole, asemejándose a los terremotos y tsunamis en su destrucción de las vidas de las personas. Mientras tanto, incrementan las ganancias de las empresas. Cabe destacar que las grandes represas, como también la producción de agrocombustibles en gran escala y la energía nuclear, siguen siendo grandes fuentes de ganancias para las empresas involucradas.

La lógica del discurso de los defensores de estas energías “limpias” parte del principio de que las necesitamos para poder mantener el presente modelo de producción, comercialización y consumo. Es evidente que este modelo es social y ambientalmente injusto, o sea, es un modelo fallido. Al apostar a este tipo de energía, erróneamente llamada ‘limpia’, sin cuestionar el actual modelo, nuestros gobiernos siguen trabajando para el enriquecimiento de las empresas y provocando el sufrimiento de millones de personas de ésta y de próximas generaciones, dado que los impactos ambientales son profundos.

En dirección contraria a los defensores de este modelo energético, diferentes iniciativas de pequeña escala a nivel local y regional para generar energía tienden a tener más futuro. Se incluyen iniciativas controladas por las organizaciones y los movimientos sociales que atienden a sus necesidades básicas sin causar daños que comprometan el futuro de esas poblaciones y de la naturaleza. Sin embargo, esas iniciativas cuentan con escaso o ningún apoyo financiero si lo comparamos con las enormes sumas de dinero que las empresas y los gobiernos reciben y gastan en energías verdaderamente “sucias”.

Es necesario cambiar estructuralmente nuestra matriz energética hacia un proyecto energético popular en el que la energía y el agua sean considerados derechos fundamentales. Como dice el Movimiento de los Afectados por las Represas (MAB) en Brasil: ¡Agua y Energía no son mercaderías!

El maquillaje verde de las represas hidroeléctricas (2)

En un cálido día de mayo, un campesino de Laos, llamado Bounsouk, contempla la gran extensión de agua que tiene ante él, el lago de 450 kilómetros cuadrados formado por la nueva represa de Nam Theun 2. En el fondo de ese lago está la tierra donde él vivía, plantaba arroz, criaba búfalos y recogía frutos, bayas, plantas medicinales y especias del bosque. Ahora, sólo hay agua, agua por todas partes.

“Antes de la inundación yo podía plantar suficiente arroz para mi familia, y tenía diez búfalos”, dice. “Me gustan las nuevas casas, y me gusta tener electricidad en el nuevo pueblo, pero no tenemos tierra suficiente y la calidad del suelo es muy mala. El arroz que puedo plantar no alcanza para mi familia, y tres de mis búfalos murieron porque lo que tenían para comer no alcanzaba”.

Bounsouk es uno de los 6.200 indígenas de Laos cuyas tierras fueron inundadas por la represa hidroeléctrica de Nam Theun 2, en este pequeño país del sudeste asiático. La misma historia se repite en la zona en la que fueron reubicados. Si bien algunos están contentos de tener una casa nueva y electricidad, y de estar cerca de la carretera, les preocupa no saber cómo van a alimentar a sus familias a largo plazo. La mala calidad de la tierra y la falta de otras fuentes de ingresos en esa región remota hacen que el panorama sea bastante sombrío.

Las grandes represas suelen tener un costo elevado para la sociedad y el medio ambiente, y consecuencias económicas a largo plazo debido a la desaparición de la pesca y del potencial turístico y a la inundación de tierras agrícolas y bosques. Según la Comisión Mundial de Represas, un organismo independiente, la mayoría de los proyectos no compensaron las pérdidas de las personas afectadas ni mitigaron el impacto ambiental. Raras veces los habitantes han podido opinar sobre la realización de una represa o han recibido una porción justa de los beneficios.

La inundación permanente de bosques, de humedales y de la fauna y la flora es quizás el efecto ecológico más evidente de las represas. Sus lagos han inundado enormes extensiones y han hecho desaparecer más de 400.000 kilómetros cuadrados de tierras. Sin embargo, no sólo cuenta la extensión de esa tierra sino también su calidad: las cuencas de los ríos y las zonas inundables figuran entre los ecosistemas más ricos en biodiversidad del mundo. Las plantas y los animales que se han adaptado al hábitat del fondo de un valle suelen no poder sobrevivir a orillas de un lago de represa. Además, las represas generalmente se construyen en regiones alejadas que son el último refugio de especies desplazadas de otras zonas por las actividades industriales y de urbanización. Nadie sabe cuántas especies vegetales y animales han desaparecido porque su último hábitat fue inundado por una represa, pero es probable que su número no sea nada despreciable. Además de destruir el hábitat, un embalse también puede interrumpir las rutas migratorias a través del valle y a lo largo del río. Al aislar a las poblaciones, esta fragmentación del ecosistema provoca una peligrosa reducción del patrimonio genético.

El auge de la hidroelectricidad

La industria de la construcción de represas intenta dar a la hidroelectricidad una apariencia ecológica por medio de una ofensiva de relaciones públicas destinada a convencer al mundo de que la próxima generación de represas aportará nuevas fuentes de energía limpia y contribuirá a mitigar los impactos del cambio climático. En las cuencas de los grandes ríos que aún fluyen libremente, como el Amazonas, el Mekong, el Congo y los ríos de la Patagonia, los gobiernos y la industria imponen sus proyectos de enormes represas, con el pretexto de producir energía limpia.

Luego de una década de pausa, la construcción de represas se reinicia ahora, en el mundo entero, gracias a la inyección de nuevos capitales chinos, brasileños, tailandeses, indios y de otros países de ingresos medios. Las instituciones financieras chinas han reemplazado al Banco Mundial como principal financiador de proyectos de represas. Los bancos y las compañías de China participan en la construcción de 216 grandes represas (“grandes” significa que tienen al menos 15 metros de altura, o entre 5 y 15 metros, y un embalse de por lo menos 3 millones de metros cúbicos de capacidad) en 49 países, principalmente en África y en el Sudeste asiático. Muchos de ellos tienen malas referencias en cuanto a derechos humanos. Bastará dar un vistazo a lo que sucede en China, en la cuenca amazónica y en África para ilustrar los riesgos que esto implica.

China. La mitad de las grandes represas del mundo se encuentran en este país, que las ha pagado muy caro. Se estima que desplazaron a unos 23 millones de personas y que las rupturas de represas han matado a cerca de 300.000. Además, las represas han sido catastróficas para la diversidad biológica del país, diezmando rápidamente las poblaciones de peces, amenazando al esturión gigante chino que está en peligro de extinción, y provocando la extinción de especies como el baiji o Delfín del Yangtsé.

Para alcanzar el objetivo del nuevo Plan Quinquenal habría que construir numerosas represas en varios ríos del suroeste de China y de la meseta tibetana, regiones de frágil ecología, de gran diversidad biológica, con actividad sísmica, y habitadas por minorías étnicas. De continuar adelante con el nuevo plan, los grandes ríos chinos y algunos hotspots de biodiversidad de importancia mundial quedarán destruidos de manera irreversible.

Para aplicar el plan, el gobierno chino propone construir nuevas centrales hidroeléctricas que producirán entre 130 y 140 gigavatios. Esto equivale a construir más de una Represa de las Tres Gargantas por año, durante cinco años, es decir más de lo que cualquier otro país construyó en toda su historia.

Como anticipo de la nueva tendencia, el gobierno chino anunció, en febrero de 2011, que iba a autorizar la construcción de una serie de represas sobre el río Nu (o Salween), un río intacto ubicado en el corazón de un Sitio de Patrimonio Mundial. El gobierno también decidió reducir la reserva de pesca más importante del río Yangtsé para que pueda ser ejecutado un nuevo proyecto hidroeléctrico, la represa de Xiaonanhai. Este proyecto será probablemente el fin del esturión gigante de China.

Aproximadamente el 30% de los ríos de China están fuertemente contaminados por aguas servidas, desechos agrícolas y mineros y productos químicos industriales; el caudal de algunos de ellos (como el río Amarillo) ha sido tan gravemente alterado que ya no llegan al mar. Los ríos que corren libremente, en los que el oxígeno y los nutrientes naturales están en equilibrio, pueden eliminar o disminuir la toxicidad de los contaminantes; en cambio, las represas agravan los problemas de la contaminación porque disminuyen la capacidad de los ríos de eliminar dichos productos; los embalses los acumulan y sumergen la vegetación, que luego se pudre. De este modo, el agua que sale de ellos puede ser muy tóxica y tener graves efectos río abajo, sobre la ecología y sobre la salud humana.

La Represa de las Tres Gargantas, quizás la más famosa del mundo, produce tanta electricidad como unas 25 centrales eléctricas a carbón. Sin embargo, se ha visto acompañada de enormes problemas: corrupción, gran aumento de los costos, desastres ambientales, violaciones de los derechos humanos, dificultades para la reubicación de los habitantes. Hasta hoy, más de 1.300.000 personas han sido desplazadas para abrir paso a la represa. Cientos de miles de ellas han recibido parcelas minúsculas y áridas, o han sido enviadas a los barrios pobres de las ciudades, con una compensación monetaria limitada y pocas posibilidades de alojamiento. Quienes fueron instalados en pueblos ubicados a orillas del embalse sufrieron desmoronamientos de tierras en 91 lugares. Decenas de personas murieron y hubo que desplazar pueblos enteros. Los que protestaron fueron reprimidos, golpeados y encarcelados.

Lamentablemente, la Represa de las Tres Gargantas es sólo la punta visible del iceberg. En el Sudeste de China se ha propuesto la construcción o ya están siendo instaladas al menos 114 represas en ocho ríos importantes de la región, como el Lancang (Alto Mekong), el Nu (Alto Salween) y el Jinsha (Alto Yangtsé). Muchas de ellas están entre las más grandes del mundo y conllevan por lo tanto graves impactos sobre la ecología del río, el desplazamiento de cientos de miles de miembros de las minorías étnicas, y peligros para la seguridad de los pueblos situados río abajo. Varias están previstas dentro o cerca del Sitio de Patrimonio Mundial de los Tres Ríos Paralelos, amenazando la integridad ecológica de una de las zonas más espectaculares y ricas en diversidad biológica del mundo.

La posibilidad de que las represas del Sudeste de China provoquen terremotos es cada vez más preocupante. Recientemente, se han encontrado indicios de que el sismo devastador de magnitud 7,9 que tuvo lugar en Sichuan en mayo de 2008 y que dejó un saldo de unos 90.000 muertos podría haber sido causado por la represa de Zipingpu. Se sabe que las grandes represas pueden provocar sismos debido al fenómeno llamado “sismicidad inducida por embalse”. Los científicos estiman que en el mundo hay más de un centenar de casos de sismos causados por los lagos de represas. Según el experto en riesgos geofísicos de la Universidad de Columbia, Christian Klose, “los varios centenares de millones de toneladas de agua acumulados detrás de la represa de Zipingpu ejercieron una presión excesiva sobre la vecina falla de Beichuan”.

Amazonía. Con el pretexto de estimular la producción de energía limpia y barata, los constructores brasileños prevén construir un centenar de represas en la Amazonía. Ya hay dos en construcción sobre el principal afluente del Amazonas, el Madeira, y otras más están en proceso de autorización. Los burócratas del sector energético de Brasil dicen que serán represas más “amigables”, con embalses más pequeños y diseñadas para minimizar el impacto ambiental y social. Han sido aprobadas leyes para acelerar la aprobación de nuevas represas en la Amazonía y para evitar la severa legislación ambiental brasileña, con el argumento de que dichas obras son de “importancia estratégica” para el futuro del país.

Al inundar grandes extensiones de selva húmeda, al abrir nuevas áreas a la tala y al modificar el caudal de los ríos, las decenas de represas previstas perturbarán probablemente el frágil equilibrio hídrico de la Amazonía y acelerarán la muerte de la selva, un proceso que ya ha comenzado debido al cambio climático y a la gran deforestación. Las últimas investigaciones confirman la función crítica que tiene la Amazonía en la regulación del clima, no sólo en Sudamérica sino también en algunos lugares de Norteamérica. La transformación de grandes extensiones de la Amazonía en sabanas más secas sería desastrosa para las tendencias climáticas de la región. A su vez, la disminución de las precipitaciones volvería obsoletas muchas represas.

Mientras tanto, las emisiones de gases de efecto invernadero podrían ser enormes, volviendo ridícula una de las justificaciones de las represas. Las represas amazónicas figuran entre las más contaminantes del planeta; por sí sola, la de Balbina emite diez veces más gases de efecto invernadero (provenientes de la vegetación que se pudre en el lago) que una central a carbón de igual capacidad. A esto se agrega que las construcciones previstas expulsarían de sus tierras a más de 100.000 ribereños y degradarían considerablemente grandes territorios indígenas y áreas protegidas.

Las represas de San Antonio y Jirau, sobre el río Madeira, actualmente en construcción, han hecho pensar en la posibilidad de que algunas represas tengan impactos sobre buena parte de la cuenca amazónica. Los científicos señalan que varias especies de peces migratorios de gran valor podrían desaparecer, lo cual haría disminuir en mucho la pesca y la fauna a miles de kilómetros río arriba y río abajo. La fertilidad de la llanura inundable del Amazonas, tan importante para la agricultura y la reproducción de los peces, se vería también afectada, porque una parte importante de los sedimentos y nutrientes que transporta el Madeira quedaría acumulada en los embalses.

Otro afluente del Amazonas que está en peligro es el río Xingú, donde existe el proyecto de construir una enorme represa, la de Belo Monte. Ésta sería la tercera gran represa hidroeléctrica del mundo e implicaría el desvío de casi toda el agua del Xingú hacia la central, a través de dos canales artificiales, lo cual dejaría sin agua ni medios de transporte fluvial a las poblaciones indígenas de una zona de 100 km de largo. La represa tendría graves consecuencias en regiones de extremada importancia para la conservación de la biodiversidad, y efectos irreversibles sobre las reservas de peces del Xingú.

Sin duda alguna, es importante satisfacer las necesidades de energía futuras del pueblo brasileño, pero existen otras alternativas. Varios estudios, desde los del WWF – Fondo Mundial para la Naturaleza hasta los del MAB (Movimiento de afectadas por represas) de Brasil, muestran que los países podrían satisfacer la mayor parte de sus necesidades de energía futuras con menor costo social, ambiental y económico, si invirtieran en la eficiencia energética y en la energía renovable.

África. También en África, la construcción de represas está en auge. África es el lugar menos electrificado del mundo; sólo una mínima parte de sus habitantes tiene acceso a la electricidad. La solución de este gran problema se vuelve aún más difícil debido a la pobreza generalizada, a la mala administración y al hecho de que la mayoría de las personas viven lejos del tendido eléctrico, lo cual aumenta el costo de hacerles llegar la electricidad.

El Banco Mundial y muchos planificadores de la electrificación de África cifran todas sus esperanzas en algo tan efímero como la lluvia, y presionan para que se construya una gran cantidad de represas en todo el continente. El especialista en energía del Banco Mundial, Reynold Duncan, dijo en una conferencia sobre energía a principios de este año que África debe acrecentar en mucho sus inversiones en hidroelectricidad. “En Zambia, tenemos un potencial de unos 6.000 megavatios, en Angola tenemos 6.000 megavatios, y casi 12.000 en Mozambique”, dijo. “Tenemos una cantidad de megavatios aquí mismo, aun antes de tener que llegar hasta el Congo.”

Duncan dijo que los gobiernos y los inversores no deberían vacilar en volcarse hacia activos más arriesgados, como la hidroelectricidad, y agregó que sólo estaba explotado el 5% del potencial hídrico del continente. El término “arriesgados” es correcto: las nuevas represas africanas se construyen sin analizar cómo se verán afectadas por el cambio climático, a pesar de que muchas de las existentes ya no logran producir la electricidad necesaria debido a las sequías.

Está previsto que el cambio climático modificará radicalmente la dinámica de muchos ríos africanos, agravando tanto las sequías como las inundaciones. Siendo así, el frenesí de construcción de represas podría ser literalmente desastroso. Inundaciones sin precedentes harán desmoronarse más represas y acelerarán la acumulación de sedimentos en los embalses. Al mismo tiempo, la agravación de las sequías impedirá que las represas alcancen sus objetivos de producción de electricidad.

Las represas no representan inversiones baratas: la ejecución de la de Mphanda Nkuwa en Mozambique costará al menos dos mil millones de dólares (sin contar las líneas de transmisión). Sin embargo, esas enormes construcciones no hacen casi nada para reducir la brecha eléctrica en África. Como la mayoría de la población del continente vive lejos de las redes de suministro existentes, lo que se necesita es un gran sistema descentralizado de pequeñas centrales y de energías renovables, para construir las economías locales de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo. Pero no es ahí donde está el dinero en el momento actual.

La corrupción

Los ejemplos referentes a tres zonas con intensa actividad de construcción de represas dejan entrever el panorama de los graves problemas que ellas traen aparejados. Las grandes represas prometen siempre progreso y desarrollo, pero la realidad muestra en cambio a refugiados desplazados y empobrecidos, ríos deteriorados y ecológicamente fragmentados, y a víctimas de zonas de pesca destruidas y sedimentos acumulados. Las grandes represas amplían también el hábitat de los vectores de enfermedades de origen hídrico, como la malaria, el dengue, la esquistosomiasis y la duela hepática. Es frecuente que las represas no aporten los beneficios calculados y, a menudo, su costo es superior al previsto. Además, si bien la hidroelectricidad se presenta como una solución para el cambio climático, de hecho muchas represas emiten enormes volúmenes de gases de efecto invernadero. Según la escritora y activista india Arundhati Roy, “las grandes represas son para el desarrollo de una nación lo que las bombas atómicas son para su arsenal militar; en los dos casos, son armas de destrucción masiva”.

Ahora bien, si las represas causan estragos en la vida de la gente y en los ecosistemas, y son cada vez más peligrosas en un mundo que se está recalentando, ¿por qué se sigue construyéndolas y defendiéndolas? ¿Y por qué se les saluda ahora como fuente ecológica y renovable de energía?

Una de las principales razones reside en los intereses creados: la industria hidroenergética, su red de consultores y las burocracias de los países interesados pueden conseguir grandes beneficios gracias a la planificación, la construcción y el funcionamiento de grandes represas. Estos atractivos suelen enmascarar las consecuencias que tienen para las personas y los ecosistemas, y la necesidad de desarrollar economías sostenibles ahora que el agua y la alimentación están cada vez más en crisis.

Los consultores y las empresas de ingeniería que realizan estudios de factibilidad y evaluaciones de impacto ambiental saben que deben dar a los proyectos una imagen favorable si quieren conseguir otros contratos en el futuro. Caso tras caso, y sin haber analizado todas las alternativas, afirman invariablemente que los impactos pueden ser mitigados y que el proyecto es la mejor opción para satisfacer las necesidades del país.

Las evaluaciones de impacto ambiental (EIA), que deberían anticipar los problemas, han servido en cambio para hacer aprobar proyectos sin discusión, en lugar de funcionar como herramientas de planificación. Jiang Gaoming, de la Academia de Ciencias china, señala que en el Sudoeste de China se están ejecutando numerosos proyectos que violan disposiciones fundamentales de la legislación del país. Muchos de ellos no tienen EIA ni han sido aprobados por el gobierno. Según Jiang, no se han realizado siquiera las verificaciones elementales de seguridad, y los organismos de control gubernamental no tienen participación. “Las EIA se han convertido en un elemento marginal y decorativo, se las percibe como un aspecto del costo del negocio”, dice Jiang. “Los constructores y el gobierno local saben que, hasta ahora, ninguna EIA ha logrado detener un proyecto de represa.”

De más está decir que la corrupción tiene un papel clave. Una represa requiere una enorme inversión inicial, y los funcionarios gubernamentales y los políticos pueden fácilmente apropiarse una parte. Uno de los casos más notorios es el de la represa de Yacyretá sobre el río Paraná, situado entre Argentina y Paraguay. En los años 1980, el costo de ese “monumento a la corrupción”, que había sido inicialmente estimado en 1.600 millones de dólares, se infló hasta llegar a 8.000 millones. En 2002 y 2003, varias grandes empresas de construcción de represas fueron encontradas culpables de haber sobornado al ex director de la Dirección de Desarrollo de las Montañas de Lesotho para obtener contratos en la represa de Katse. Masupha Sole aceptó cerca de dos millones de dólares en sobornos de algunos grandes constructores, como Acres International de Canadá y Lahmeyer International de Alemania. En China, funcionarios corruptos robaron millones de dólares que estaban destinados a los pobladores desplazados por la Represa de las Tres Gargantas. Al menos 349 personas fueron halladas culpables de haber desfalcado un total de casi el 12% del presupuesto del proyecto para gastos de reubicación.

El camino a seguir

Es evidente que esos problemas no son fáciles de resolver. Hasta hoy, el intento más ambicioso y sistemático fue el de la Comisión Mundial de Represas (CMR), un organismo independiente establecido en 1998 por el Banco Mundial y la Unión Internacional para la Conservación. Luego de examinar a fondo la eficacia de las grandes represas, la Comisión publicó en el año 2000 su informe final, Represas y desarrollo: un nuevo marco para la toma de decisiones.

Resumiendo, la CMR recomienda definir las necesidades reales de agua y energía de manera abierta y participativa, para luego evaluar cuidadosamente todas las opciones susceptibles de satisfacer dichas necesidades, dando a los aspectos sociales y ambientales la misma importancia que a los aspectos técnicos, económicos y financieros. Si se decide que es realmente necesaria una nueva represa, habrá que resolver los problemas sociales y ambientales que plantean las represas existentes y maximizar sus beneficios. Debe demostrarse que todas las decisiones fundamentales obtuvieron la aceptación pública, y las decisiones referentes a los pueblos indígenas deben basarse en el consentimiento previo, libre e informado de dichos pueblos. Para asegurar la aplicación de medidas de atenuación, de reinstalación y de desarrollo, hay que negociar con las personas interesadas acuerdos legalmente vin culantes. Las evaluaciones de impacto deben aplicar los criterios de la Unión Europea y otros criterios internacionales. Por definición, una verdadera EIA “identifica y evalúa las consecuencias ambientales de los proyectos antes del otorgamiento de la autorización correspondiente”, pero eso no sucede casi nunca en el mundo de hoy. Las represas a construir sobre ríos internacionales deben evaluar también los eventuales impactos más allá de fronteras o los impactos acumulados de los proyectos multi-represas en las cuencas de la región.

La industria de las represas rechazó las directivas de la CMR y, en 2007, inició un proceso con la esperanza de redactar un protocolo que reemplazara el de la CMR como referencia legítima para los proyectos de represas. Sin embargo, es evidente que su enfoque apunta a saltear las exigencias más estrictas de la CMR, y que el interés manifestado por las cuestiones ecológicas es puramente formal.

En realidad, el intento de la industria de presentar la hidroelectricidad como una tecnología ecológica y sustentable no sólo es engañoso sino que los hechos lo contradicen, y existen otras opciones que suelen ser preferibles. En general, la solución más barata, limpia y rápida es invertir en la eficiencia energética. En Estados Unidos, por ejemplo, se podría economizar tres cuartas partes de la electricidad consumida aplicando medidas de eficiencia que costarían menos que la propia electricidad. Países del Sur como China, India y Brasil, que tienen grandes proyectos de expansión industrial orientada hacia la exportación, representan el 80% del aumento de la demanda de energía mundial de aquí a 2020. Según el Instituto Global McKinsey, dichos países podrían disminuir ese aumento en más de la mitad aplicando las técnicas de eficiencia energética existentes. Los programas de “transferencia de tecnología” pueden ser una buena forma de evitar que los países más pobres tengan que reinventar la rueda; por ejemplo, el extraordinario programa de eficiencia energética de California ha estado intercambiando conocimientos con agencias energéticas y funcionarios de China para implantar allí fuertes programas de ese tipo.

Sin embargo, aun invirtiendo en eficiencia será necesario buscar nuevas fuentes de energía. En varios países del Sur, las energías eólica, solar, geotermal y de la biomasa están ganando terreno. Esas tecnologías podrían ser mucho más adecuadas para satisfacer las necesidades de los pobladores rurales pobres si se las aplica donde se requiere energía y sin necesidad de instalar líneas de transmisión. Entre los ejemplos figura la instalación, fomentada por estímulos del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, de cientos de miles de sistemas solares en hogares de Bangladesh, China, Sri Lanka y Uganda.

Las energías realmente renovables pueden también ser una solución atractiva y asequible para muchos países con problemas energéticos. El costo de la energía eólica en un lugar adecuado es hoy comparable o inferior al de la energía de fuentes convencionales. El precio de la energía solar, fotovoltaica o por concentración, está bajando rápidamente. En 2008, un informe de un panel de la Academia Nacional de Ingeniería de EE.UU. preveía que, cinco años más tarde, el precio de la energía solar sería competitivo con el de la energía convencional.

En cuanto a la corrupción generalizada, debe ser atacada de frente por los gobiernos, los organismos financieros y los promotores de proyectos de represas. Hay que redactar reglamentaciones para identificar, definir y eliminar la corrupción en todos los niveles del proceso de planificación. Dichas reglamentaciones deben ser apoyadas y aplicadas por el Banco Mundial, por la industria de las represas, por las empresas hidroeléctricas internacionales y nacionales, y por los gobiernos que apoyan la construcción de represas que suelen implicar inversiones multimillonarias. Y la propia industria, con sus principales aliados gubernamentales como China, Brasil e India, debe emprender una reforma interna. Para empezar, sería bueno que adoptara las directivas de la CMR e instituyera prácticas tales como pactos de integridad, leyes anticorrupción y contratos de desempeño que obliguen a los promotor es a respetar sus compromisos.

Los ríos saludables, como todo ecosistema intacto, no tienen precio. Los países del Sur deberían hacer todo lo posible por proteger esos ecosistemas irremplazables. Sería importante que no copiaran el modelo energético atiborrado de problemas que los países industrializados adoptaron hace algunas décadas. Los países del Sur disponen de otras opciones rentables, que les permitirían saltar a un régimen energético digno del siglo veintiuno, un régimen más sustentable, eficaz, socialmente justo y capaz de fortalecer las economías locales y regionales. Si no, la alternativa es simplemente dejar como herencia la destrucción ambiental y humana.

Brasil: la represa de Belo Monte podría convertir el río Xingú en un “río de sangre”

Un complejo de dos embalses y la desviación del río Xingú en el tramo que recorre el Estado de Pará; un costo de más de 16.000 millones de dólares; 516 km2 de bosques amazónicos inundados; 1.522 km2 de tierras boscosas afectadas; entre 100 y 140 km2 secados; cambio en la ecología fluvial, introducción de especies foráneas de peces y extinción de especies; pérdida de biodiversidad, que es fuente de alimentos e ingresos de millones de personas en la Amazonía; 30 tierras indígenas habitadas por más de 13.000 personas de 24 pueblos indígenas que son directa o indirectamente afectados; entre 20.000 y 40.000 personas desplazadas; 80 mil personas desempleadas; otras posibles represas en la misma cuenca, río arriba. Éste es el contexto de la represa Belo Monte sobre el río Xingú, una obra proyectada en los años 1970, en los tiempos de la dictadura militar.

La construcción del complejo hidroeléctrico estaría a cargo del Consorcio Norte Energía, del cual su principal accionista es la sociedad anónima de economía mixta y concesionaria de servicio público de energía eléctrica Eletronorte.

El 25% de la electricidad de Brasil es consumida por nueve empresas mineras y energéticas –Alcoa, ArcelorMittal, Camargo Corrêa Energiam CSN, Gerdau, Samarco, Vale do Rio Doce y Votorantim– y son algunas de esas empresas a las que les interesa la construcción de la represa de Belo Monte –que sería la tercera represa más grande del mundo- para expandir sus operaciones extractivas.

Con la hidroeléctrica, entre el 20% y 30% de los 100.000 habitantes de Altamira serán desplazados definitivamente, según la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA).

Desde que se anunció el proyecto, la resistencia de los movimientos sociales y de los líderes indígenas de la región ha ido creciendo. Un mojón en la lucha fue la reunión celebrada en Altamira en febrero de 1989: el 1er Encuentro de los Pueblos Indígenas del Xingú, que se pronunció contra las decisiones tomadas en la Amazonía sin la participación de los indígenas, y contra la construcción del Complejo Hidroeléctrico del Xingú. El encuentro contó con la presencia de unas 3.000 personas, entre ellas 650 indígenas de diversas partes del país y del exterior, representantes de movimientos ambientalistas y sociales y medios de prensa nacional y extranjera.

Desde entonces y a lo largo de los años se sucedieron remodelaciones del proyecto, nuevos estudios de viabilidad, más EIAs, consultorías, audiencias públicas nada transparentes.

La resistencia respondió: se presentaron acciones civiles públicas para suspender las EIA, se elaboraron documentos, se organizaron debates, se enviaron cartas a la presidencia pidiendo la suspensión de las obras.

Pero en los últimos años, el Gobierno del ex Presidente Lula incluyó la obra de Belo Monte en su Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), como una de las prioridades. Eso motivó el Encuentro Xingu Vivo para Siempre, en 2008, que reunió a representantes de poblaciones indígenas y ribereñas, movimientos sociales, organizaciones de la sociedad civil, investigadores y especialistas. En 2009, el caso de Belo Monte se presentó en audiencia pública de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, en Washington, Estados Unidos.

En diciembre de 2009, diversos representantes de pueblos indígenas (Arara, Guarani, Juruna, Kaiapó, Xavante, Xipaia, Xicrin y Yanomami) lanzaron un manifiesto denunciando la indiferencia del gobierno federal. El texto hablaba de la lucha de 20 años de los pueblos indígenas contra el proyecto de Belo Monte, y concluía con el mensaje de que el río Xingú podría convertirse en un “río de sangre”.

En febrero de 2010, el Ministerio de Medio Ambiente a través del órgano IBAMA (Instituto Brasileño de Medio Ambiente) concedió la licencia ambiental previa para la construcción de la planta, con 40 condicionantes, a partir de lo cual se intensifica el debate. El Movimiento Xingú Vivo -que reúne a más de 100 organizaciones en recia oposición a las hidroeléctricas en la cuenca de este río- y otras 40 organizaciones sociales elevaron un pedido de medida cautelar ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Las ONGs afirmaron en el documento que la licencia parcial de Belo Monte no tiene base legal y que fue otorgada sin cumplir con los requisitos establecidos por el IBAMA.

Un año después, en Febrero de 2011, IBAMA concede una licencia parcial para la construcción de las obras, la deforestación de 238,1 hectáreas de bosque y la apertura de claros y picadas en los ríos Bacajá y Xingú.

Cabe resaltar que la figura de ‘licencia parcial de instalación’ no existe en la legislación ambiental brasileña, como señala un panel de especialistas que acompaña la discusión del proyecto. Y según comenta el procurador de la república Felicio Pontes Junior en el extracto de su artículo que figura a continuación, ésta es una más de las múltiples irregularidades e ilegalidades que acompañan la trayectoria de este mega-proyecto.

El 8 de febrero de 2011, más de medio millón de firmas contra el proyecto fueron entregadas al representante de la actual presidenta de la república. Contradictoriamente, el representante expresó su voluntad de querer “dialogar” con los representantes indígenas y otras dirigencias de la resistencia en la región, pero al mismo tiempo ejecutar la obra.

A continuación agregamos el extracto de un artículo del procurador de la república Felicio Pontes Júnior, publicado en su blog http://belomontedeviolencias.blogspot.com/, en el que comenta la licencia previa de 2010 y la reciente licencia de instalación parcial:

La Licencia Previa (LP) de Belo Monte fue concedida en febrero de 2010 por el IBAMA con 40 condicionantes ambientales y 26 condicionantes indígenas. La LP no permite el inicio de la obra. Se trata de tan sólo una licencia preliminar de planificación. A través de ella, el organismo que otorga la licencia dice que están aprobadas la localización y la concepción del emprendimiento. Para que la obra en sí pueda iniciarse es necesaria la obtención de otra licencia – la Licencia de Instalación (LI).

Para que el consorcio Norte Energía, formado a toda prisa en la víspera de la licitación de la central, pueda iniciar las obras es necesario que cumpla las condicionantes. Muchas de esas condicionantes son, en realidad, disputas no resueltas en la LP. La presión del gobierno para que se concediera la LP fue tan grande que los conflictos se transforman en condicionantes. Y ahora ya no hay cómo patearlas para adelante.

Entre las 40 condicionantes ambientales se cita, a modo de ejemplo, la nº 09, que determina: (i) inicio de la construcción y reforma de equipamientos de educación/ salud en Altamira y Vitória do Xingu; (ii) inicio de las obras de saneamiento básico en esas localidades e; (iii) implantación de saneamiento básico en Belo Monte antes de la construcción de los alojamientos. El Ministerio Público Federal (MPF) tuvo acceso a documentos de esas intendencias que muestran que no se hizo nada hasta 2010.

Otra condicionante, esta vez la nº 5 relacionada con los indígenas, exige, entre otras medidas: (i) la demarcación física de las Tierras Indígenas Arara de Volta Grande y (ii) Cachoeira Seca; (iii) el relevamiento agrario y el comienzo del fin de la intrusión (retiro de no-indígenas) de la TI Apyterewa. Nada de eso se hace de la noche a la mañana. El propio MPF lo ha intentado desde hace décadas. Y todo es extremadamente necesario.

De hecho, incluso el Estudio de Impacto Ambiental hecho por Eletrobras y contratistas prevé que la migración de trabajadores en busca de empleo en la obra será de 100 mil. Considerando que la población actual de Altamira es de 94 mil, y que, como máximo, la obra generará aproximadamente 19 mil empleos -y recién en el tercer año, porque en los otros años ese número es menor- es fácil concluir que, además de la explosión demográfica, Altamira tendrá, como mínimo, 80 mil personas desempleadas.

Norte Energía intentó una maniobra para eludir el cumplimiento de las condicionantes. Pidió una licencia de instalación parcial para el cantero de obra. Eso no existe en la legislación brasilera. El cantero ya es la obra. ¿O alguien piensa que sólo con el cantero no habrá migración?

En octubre de 2010, el equipo técnico del IBAMA dijo que no a esa maniobra, justamente por el incumplimiento de las condicionantes.

Y no se puede alegar que habrá compensación para las localidades afectadas con la liberación de más recursos públicos. ¿Esos recursos serían suficientes para la construcción y el mantenimiento de hospitales, escuelas y organismos del sistema de justicia y seguridad en una región que duplicará su población en el período de un año? ¿Esos recursos también duplican el presupuesto anual de Altamira? Está claro que no.

Lo que está ocurriendo no es diferente a un dejà vu. Nos quedamos con el caos social y los daños ambientales. Las multinacionales se quedan con la energía.

Las represas del Mekong caldean los ánimos en la región (3)

Los problemas asociados a las grandes represas hidroeléctricas no son nada nuevo en la cuenca del Mekong. Este río nace en los Himalayas tibetanos, se desliza por la provincia de Yunnan en el sur de China, pasa por una pequeña parte de Birmania, después por Laos, donde por varios kilómetros marca la frontera entre ese país y el noreste de Tailandia, y corre luego hacia el sur, atravesando Camboya hasta su delta, en Vietnam. Durante la última década, muchos lugares de esta región rica en ríos fueron gravemente impactados por las grandes represas hidroeléctricas. Las actuales propuestas de construir cientos de represas en los principales afluentes del Mekong, incluyendo doce en el curso principal de este río, provocan más que nunca una gran preocupación, así como tensiones y conflictos, en los países de la región.

Al comienzo de la redacción de este artículo, unas 2.000 personas, miembros de las comunidades locales y del Movimiento Popular por una Sociedad Justa (PMove) – Asamblea de los Pobres, volvían a sus hogares luego de un encuentro de 25 días bajo el sol ardiente de Bangkok. Se habían reunido allí para influir en las decisiones del Gabinete tailandés sobre casos de injusticia, como los proyectos de grandes dimensiones que privan a la gente de sus recursos naturales y de sus medios de vida. El PMove es el resultado de numerosos problemas crónicos, como una reforma agraria inadecuada, proyectos mineros no deseados, y la aparición de proyectos de centrales eléctricas en algunas comunidades rurales. El caso de la represa de Pak Mun es uno de ellos.

Durante las dos últimas décadas, las personas afectadas por la represa de Pak Mun, provincia de Ubon Rachathani, en el nordeste de Tailandia, se convirtieron en la vanguardia de la Asamblea de los Pobres, el movimiento popular más fuerte que ha existido en el país. En 1991, con el apoyo directo del Banco Mundial, el gobierno designado por los militares decidió construir una represa de 135 megavatios sobre el río Mun, principal afluente del Mekong. Ubicada a sólo un kilómetro del punto de confluencia del Mun y el Mekong, esta represa ha afectado a ambos ríos al cortar casi completamente la vía de migración natural de los peces. De ese modo, perjudicó directamente a más de 6.000 familias de los pueblos de pescadores ubicados a lo largo de un río que antes era fértil, y a muchas otras del nordeste del país. Desde su puesta en marcha, la represa nunca logró generar la electricidad prevista. En los últimos tiempos se ha sabido que esta primera represa sólo producía algo más de 20 megavatios. Incluso funcionando a toda marcha apenas su llegaría a colmar las necesidades de electricidad del mayor centro comercial de Tailandia, situado en Bangkok, y el resto de su producción no cubriría siquiera la mitad del consumo del segundo centro comercial.

A pesar del escaso rendimiento y de los impactos permanentes de esa represa, el Gabinete tailandés continúa negándose a seguir las recomendaciones del comité nombrado por el gobierno para estudiarlo, las cuales dicen que todas las esclusas del Pak Mun deberían permanecer constantemente abiertas. La explicación que dieron al público el gobierno y el Servicio de Generación Eléctrica de Tailandia (EGAT) es que, si se abrieran las compuertas, el caudal del Mun disminuiría rápidamente debido a la fuerte sequía que afecta al Mekong, haciendo desaparecer los beneficios de la represa.

Esta afirmación entra en conflicto con otra teoría que cuenta con la aprobación general: la verdadera razón de no dejar la represa abierta en forma permanente no es la necesidad de producir 20 megavatios de electricidad ni la preocupación por el consumo de agua, sino que eso equivaldría a reconocer que la represa es un completo fracaso. Esto sería ventajoso para quienes se oponen a las represas, pero pondría en desventaja a las autoridades que defendieron su construcción, en Tailandia y el resto de la región.

El gobierno tailandés y los de los demás países de la región no informan nunca a la sociedad sobre los cambios hidrológicos que han provocado las cuatro represas construidas río arriba, en China. El caso de la represa de Pak Mun demuestra que los gobiernos se aferran a las represas existentes y a sus planes de construir otras en los afluentes e incluso en el curso inferior del Mekong.

La serie de grandes represas en el tramo superior del Mekong, en China, comenzó con la construcción de la represa de Manwan, terminada en 1992, sin haber consultado apropiadamente a los países implicados río abajo, ni a las personas que dependen directamente del río para su subsistencia cotidiana. El porte de las represas chinas no es comparable al de la de Pak Mun, pues tienen una capacidad de producción de más de 1.000 megavatios y sus embalses contienen millones de metros cúbicos de agua. Aparte de las fuertes protestas de los pobladores del norte de Tailandia, los efectos parecen haber tomado tiempo en hacerse sentir en los países río abajo durante los años 1990. Por ejemplo, a mediados de 2000 nadie parecía conocer el impacto que tenían las represas chinas sobre el delta del Mekong en Vietnam.

Sin embargo, poco después de la terminación de la represa de Wiaowan (la cuarta de las ocho, o incluso quince, que estaba previsto construir en China en el curso superior del Mekong), todos empezaron a notar su impacto sobre el río. En abril de 2010, un representante de la embajada de China en Tailandia se presentó por primera vez ante el público tailandés, durante un foro organizado por la sociedad civil en Bangkok, para negar cualquier relación entre las represas chinas y los cambios negativos en la hidrología, la diversidad y los medios de vida en los países que atraviesa el Mekong en su curso inferior. Era un poco tarde, pues el gobierno chino ya había sido bombardeado con las críticas de las comunidades locales, las organizaciones de la sociedad civil y las agencias de noticias. En Vietnam, por ejemplo, la población, los científicos e incluso algunos órganos gubernamentales, principalmente del delta del Mekong, habían acusado a China de ser uno de los principales causantes del cambio hidrológico y manifestaron su preocupación por el impacto de las represas del Mekong sobre el delta.

A la creciente preocupación por el impacto de las represas chinas más allá de sus fronteras se sumó, a principios de 2008, el anuncio de que el primer proyecto de represa fuera de China –la represa Don Sahong, en el sur de Laos– estaba listo para comenzar. Esta represa es una de las doce propuestas para el curso inferior del Mekong: ocho en Laos, dos en la frontera de Tailandia con Laos, y dos en Camboya. Aparte de Don Sahong, ninguna de las represas propuestas tiene menos de 800 megavatios de capacidad de generación, y la más grande llega a 3.000 megavatios. Entre las inquietudes que planteó Don Sahong, la principal se refería a su impacto potencial sobre las zonas de pesca, en un lugar que es quizás el de pesca más intensa y el mayor lugar de desove del curso inferior del Mekong. El caso de la represa Don Sahong condujo a preguntarse qué importancia atribuyen los gobiernos de la región a la pesca en el río, que satisface las necesidades de numerosas personas y contribuye considerablemente a las economías de sus países, sobre todo Camboya, donde la pesca representa el 17% del PBI.

Sin embargo, después de más de dos años de oposición por parte de numerosas organizaciones de la sociedad civil, el gobierno de Laos todavía no ha presentado el proyecto de Don Sahong al organismo regional de Procedimientos de Notificación, Consulta Previa y Acuerdo (PNPCA según el inglés), para dar a conocer a los demás países de la región su intención de construir la represa. En lugar de eso, el gobierno presentó en setiembre de 2010 el proyecto de represa de Xayabury e inició el proceso PNPCA que fuera adoptado en el marco del acuerdo de 1995 entre Laos, Tailandia, Camboya y Vietnam. Según el PNPCA, los cuatro países miembros acuerdan notificar a los países vecinos y escuchar su opinión cuando proponen un proyecto para el río Mekong, incluso si se refiere al interior del propio país. No obstante, el acuerdo no puede impedir que un país construya una represa si está decidido a hacerlo. Por lo tanto, el proceso actual será decisivo para el futuro del Mekong, pues el caso de la represa de Xayabury permitirá poner a prueba el PNPCA en los demás países.

El proyecto de la Represa Xayabury recibió numerosas críticas y señales de desaprobación, que han dividido como nunca antes a los países del Mekong. La Comisión del Río Mekong (MRC según el inglés), formada en 1995 gracias a un acuerdo de los gobiernos de Camboya, Laos, Tailandia y Vietnam, tiene como principal cometido proteger el río, pero ha sido acusada de ineficiencia por muchas organizaciones de la sociedad civil al no facilitar la utilización de sus propios conocimientos como herramienta para la toma de decisiones sobre la represa. La evaluación ambiental estratégica (EAE) encargada por la MRC informa sobre graves impactos sobre las zonas de pesca, la carga de sedimentos, los humedales y zonas agrícolas, y los compara con los limitados beneficios que aportaría la producción de electricidad si se ejecutaran los doce proyectos. Según la EAE, para 2015 las doce represas sólo producirían el 11,6% de la electricidad necesaria en Tailandia, y sólo el 4% en Vietnam. La EAE termina recomendando diferir por un plazo de diez años todos los proyectos de represas en el curso inferior del Mekong. Contrariando esta recomendación, el gobierno de Laos publicó una declaración en la que dice: “Nuestra opinión sigue siendo la misma. Estamos seguros de que el proyecto hidroeléctrico de Xayabury no tendrá ningún impacto de importancia sobre el curso principal del Mekong”… y lo dice aun antes de que estén terminadas las consultas en los países vecinos, como estipula el PNPCA. Eso prueba que la MRC no ha tomado en consideración las evaluaciones de impacto detalladas, como es el caso de la EAE, de manera que influyan en las decisiones.

El último round del debate sobre la represa de Xayabury tendrá lugar a fines de este mes, cuando los miembros del comité de la MRC de los cuatro países se reúnan para opinar sobre el proyecto. La situación está caldeada y el resultado es impredecible.

Ahora que la era de las grandes represas hidroeléctricas está en pleno renacimiento, la región del Mekong necesita otros mecanismos para enfrentar las consecuencias y los desastres potenciales. La decisión sobre la represa de Xayabury, que puede marcar el fin de la vida del Mekong, no puede depender del juicio de los miembros del comité de la MRC, cuyas posiciones son aún más débiles que las de los ministros.

La tarea más urgente y crítica es lograr y hacer valer la transparencia y la participación de la sociedad en el proceso de responder a las necesidades de energía de la región del Mekong. Los promotores de represas argumentan que la electricidad y la generación de ingresos son cada vez más necesarias en dicha región, pero es esencial saber a quién y a qué estará destinada la energía, quienes sacarán provecho de ella y cómo lograrán sus objetivos. Es evidente que la mayor parte de los beneficios quedará concentrada entre los inversores privados y las grandes empresas que necesitan cada vez más energía para sus enormes industrias.

Ya es hora de que las represas hidroeléctricas de la región del Mekong sean el tema de un diálogo regional, serio y participativo, en el que figuren “las voces de la región” que representen realmente a la mayoría de la población, antes de que una crisis de recursos naturales sea lo único que el futuro nos pueda deparar.

Afectadas por represas – mujeres que luchan por no ahogarse (4)

Causa y consecuencia de una represa
El personal de la empresa llegó
Y dijo que nada iba a pasar
De repente una sorpresa
Los padres se sublevaron
Las muchachitas se arreglaron
Porque más de 4 mil hombres
llegaron
Algunas de ellas se involucraron
Y recibieron varias promesas
Les dijeron que tenían motos y autos
Mucho dinero
Y que terminarían en
casamiento
Pero algo salió mal
Después de la aventura
La barriga crece y viene la desolación
Con el hijo en brazos sin
Ninguna atención

Rosa Aguiar (En: A vida dos povos atingidos por barragens em poesia. San Pablo: Escola Nacional de Formação Política do MAB, 2010.)

La lucha de las comunidades afectadas por represas nace en los años 80 cuando en Brasil se construyen represas para producir energía eléctrica y satisfacer la demanda del proceso de industrialización del país. En este contexto, la lucha de los/as afectados/as surge como una necesidad, para hacer valer sus derechos ante el estado brasileño y las empresas

La organización del Movimiento de Afectados por Represas (MAB, por su sigla en portugués) nace así como un camino posible para que las clases populares, especialmente las poblaciones afectadas, tengan un espacio en el escenario histórico. El objetivo del MAB es denunciar y oponerse a la política del sector eléctrico. Pero no alcanza con la lucha para garantizar los derechos de los/as afectados/as. El Movimiento busca, además de denunciar el modelo de producción y de consumo de energía y luchar por los derechos violados, discutir la necesidad de la construcción de un nuevo Proyecto Energético Popular en el que la base del análisis sea comprender: energía para qué y para quién.

El modelo vigente de implantación de represas en Brasil “ha propiciado de forma recurrente graves violaciones de los derechos humanos, cuyas consecuencias terminan acentuando las profundas desigualdades sociales ya existentes, traduciéndose en situaciones de miseria y desestructuración social, familiar e individual” según el Consejo de Defensa de los Derechos de la Persona Humana (CDDPH ) (5).

Podemos afirmar que las mujeres afectadas por las obras que, “normalmente”, en la sociedad brasileña, ya sufren con la desigualdad de género, son las que más sufren con las situaciones de conflictos y desestructuración social, familiar e individual causadas por la construcción de represas.

A partir de lo expuesto, en el movimiento pasamos a reflexionar más atentamente sobre cómo este modelo de producción de energía a través de la construcción de represas impacta en la vida de las mujeres afectadas. Y las grandes interrogantes que tenemos en discusión son: Además de la histórica desigualdad de género vivida por las mujeres, ¿Cuáles son las principales violaciones que sufren las mujeres afectadas? ¿Cuál y cómo es el papel de las mujeres en los procesos de desplazamiento forzado por las represas? ¿Cuáles son los principales desafíos que las mujeres deben enfrentar en la lucha de resistencia?

Las consecuencias principales en la vida de las personas afectadas por represas y que, en particular, afectan más a las mujeres son de dos clases: una es económica, por la pérdida de la tierra, del ingreso familiar debido a que los puestos de trabajo desaparecen; por las relaciones de producción y comercialización ya establecidas; por las variadas actividades que se eliminan a causa de la inundación del lago. Otra es emocional y afectiva, porque ven que sus lugares desaparecen, todas las relaciones en su entorno se deshacen, las estructuras y las relaciones comunitarias se destruyen, las costumbres culturales deben ser abandonadas y sufren la inseguridad de tener que ir a vivir a otro lugar, preocupadas por la vida de sus hijos y de toda la familia.

Las represas no provocan daños sólo a los “ribereños”. El impacto de la migración de miles de personas hacia la región de la obra, como está ocurriendo en las obras de Santo Antonio e Jirau (Rondônia), afectaron los servicios públicos de salud, habitación y educación de toda la población. Otro elemento grave es el aumento de la prostitución, del embarazo precoz y de las “madres solteras” – situación que afecta directamente a las mujeres, y la desestructuración de las familias. Tampoco podemos dejar de considerar la destrucción del medio ambiente.

Las mujeres luchan

Lo que nos anima es que, aún sin aparecer, las mujeres afectadas siempre lucharon. La indígena Tuíra del Estado de Pará es uno de los símbolos de estas mujeres. En 1989 Eletronorte realizó una audiencia pública para discutir la construcción de la usina Kararaô (que sería financiada por el Banco Mundial). Durante la reunión, mientras los guerreros caiapós gritabam “¡Kararaô va a ahogar a nuestros hijos!”, Tuíra tomó la iniciativa, se abalanzó sobre el entonces presidente de Eletronorte, José Muniz Lopes, y lo amenazó apoyando la hoja de un cuchillo en su rostro. Esta acción contribuyó a interrumpir el proyecto de la central durante diez años y también hizo que el Banco Mundial suspendiera la financiación de esa construcción.

Además de Tuíra, en la historia de lucha y resistencia del MAB, contamos con muchas guerreras. Las mujeres que lucharon para defender sus derechos en la Represa de Machadinho y que muchas veces enfrentaron a la policía; las de Barra Grande que fueron las protagonistas de la lucha; las que fueron detenidas en la lucha de los afectados de Tucurui; las que impiden que los funcionarios de las empresas entren en las comunidades donde hay proyectos de represa en Bahía; las mujeres afectadas por las hidroeléctricas en Rondônia que enfrentan a los funcionarios de las grandes empresas de la capital; todas las mujeres madres que sufren al ver que sus hijas se prostituyen, quedan embarazadas y son madres solteras engañadas por los obreros, pero que no las desamparan; las mujeres que lloran por la pérdida de la tierra, de las comunidades.

El gran desafío es que las mujeres sean cada vez más reconocidas y valorizadas. Por eso, de forma muy valiente, es necesario luchar siempre por justicia, igualdad social y de género, para que las mujeres y los hombres sean sujetos de una nueva historia.

¡Agua y energía no son mercaderías!

República Democrática del Congo: represas INGA para el gran negocio (6)

A lo largo del río Congo, en la República Democrática del Congo, el proyecto hidroeléctrico Inga ha establecido una serie de represas hidroeléctricas, dos de ellas ya construidas -Inga I e Inga II- y dos más en etapa de construcción -Inga 3 y Gran Inga (ver Boletín del WRM 138, 77).

Inga 3 es ejecutada por el consorcio Westcor; la obra desvía el río a través de un sistema de túneles con turbinas para producir 3.500 MW de electricidad, con un costo total de hasta 8 mil millones de dólares. La represa Gran Inga, que incluye la represa Inga 3, es un proyecto de 80 mil millones dólares del Banco Mundial y el más grande del mundo en materia de energía hidroeléctrica. Gran Inga podría producir hasta 39.000 MW de electricidad, más del doble de la generación de energía de la represa Tres Gargantas en China, y más de un tercio del total de la electricidad que actualmente se produce en toda África.

A pesar de un suministro tan masivo de energía, no existe un plan para brindar electricidad a los hogares congoleños, en un país donde se estima que 62 millones de personas -el 94% de la población- no tienen acceso a la electricidad y los cortes diarios de energía afectan a aquellos pocos que están conectados a una red eléctrica en estado calamitoso.

Inga 3 ha sido diseñada para producir electricidad para su exportación a las industrias y los consumidores urbanos de Sudáfrica y otros países vecinos, y para atraer al país a industrias cuya producción se basa en un uso intensivo de energía.

En cuanto a la represa Gran Inga, la organización International Rivers Network (IRN) informa que “el gigante minero BHP Billiton trató de arrebatar el control sobre el proyecto, ofreciéndole al gobierno de la RDC un arreglo más tentador. Billiton utilizaría la energía de Inga 3 para alimentar una fundición que producirá 800.000 toneladas de aluminio al año” y consumirá 2.500 MW de electricidad, más que todo el suministro de energía actual de la República Democrática del Congo.

Esto confirma los temores de que serían las empresas extranjeras quienes obtendrán grandes beneficios económicos del mega-proyecto de Inga, y no la gran mayoría del pueblo congoleño.

Recientemente, 14 organizaciones africanas e internacionales enviaron una carta al presidente de BHP Billiton, exhortando a la empresa a imponer una moratoria sobre el proyecto hasta que el gobierno congoleño cumpla primero su compromiso de dar electricidad a sus ciudadanos.

Las represas Gran Inga e Inga 3 son una amenaza para muchas personas a quienes su construcción les hará perder sus tierras y medios de subsistencia. El Valle de Bundi quedaría bajo agua, mientras que los caminos abiertos para hacer el tendido de líneas de transmisión eléctrica implicarán la deforestación de franjas de la selva tropical más grande del mundo, que desempeña un papel crucial en el ecosistema global y el equilibrio climático. El río Congo, el segundo más rico del mundo en diversidad de peces, se verá afectado por la construcción de represas y turbinas que provocan la pérdida de poblaciones de peces y la destrucción de ecosistemas fluviales.

Como si esto fuera poco, el proyecto Gran Inga se vende como energía “limpia y respetuosa del medio ambiente”, que puede compensar las emisiones de carbono producidas en otras partes del mundo “mediante la generación de energía hidroeléctrica ‘de pasada’, en lugar de represar un río”. Con esa credencial hasta puede ser que consiga el apoyo del MDL (Mecanismo de Desarrollo Limpio)

De hecho, los proyectos de represas a gran escala no están pensados para resolver las necesidades de las personas y menos aún del ambiente. Están diseñados para satisfacer las necesidades de las grandes empresas y de la gran industria que produce de manera insustentable para mercados insustentables.

Acciones en el mundo en contra de las represas

Indonesia: desde abril de 2005, dos empresas al frente de la construcción de una mega-represa en Indonesia -ambas propiedad del ex vice presidente de ese país- han estado forzando a personas que viven cerca del río Sulewana en Poso, Sulawesi Central, a que les vendan sus tierras para llevar a cabo la construcción. El proyecto, conocido como Poso II, afectará las vidas de hasta 2.000 personas.

Los residentes de la aldea Peura trataron de impedir el acceso a la construcción y fueron atacados por la policía.

Amigos de la Tierra Indonesia/Walhi ha pedido al gobierno indonesio que ponga fin a este proyecto hasta que exista la certeza de que se respetarán los derechos de la población local, se retire la presencia militar y se lleve a cabo una evaluación de impacto ambiental absolutamente transparente. http://www.foei.org/…

Región del Mekong: 263 organizaciones no gubernamentales de 51 países enviaron una carta el 21 de marzo pasado exhortando a los primeros ministros de Laos y Tailandia a que cancelaran de inmediato el proyecto de la represa Xayaburi, sobre la corriente principal del río Mekong, en el norte de Laos.

La carta fue presentada antes de la 33a Reunión del Comité Conjunto de la Comisión del Río Mekong, prevista para el 25 y 26 de marzo en Sihanoukville, Camboya, donde se esperaba que los cuatro países miembros adoptaran una decisión preliminar sobre si continuar o no con el proyecto de represa. Como resultado de la reunión, los cuatro países decidieron celebrar una nueva sesión especial -programada para el 21 de abril- para discutir sobre la represa Xayaburi con más detalle.

Sin embargo, el informe de la Revisión Técnica para la represa de Xayaburi reconoció la “incertidumbre sobre la magnitud del impacto en la pesca y los medios de vida asociados, tanto en el contexto local como en el transfronterizo”.

México: (I) El VIII Encuentro del Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos (MAPDER), realizado en Huitiupán, Chiapas, en marzo de 2011, culminó con la Declaración de Huitiupan, en la que 441 delegados de pueblos y comunidades se pronunciaron contra múltiples proyectos hidroeléctricos en México y Guatemala:

Finalizaron su declaración convocando a recuperar la memoria histórica de las luchas sociales y la sabiduría de los pueblos para poder reinventar las relaciones de los seres humanos con la naturaleza, y construir alternativas autogestivas que aseguren la autonomía y el control de nuestros territorios.

¡Ríos para la vida, no para la muerte! ¡Agua y Energía no son mercancía!

¡Cambiemos el sistema no el clima! ¡Ríos libres para pueblos libres!
http://www.otrosmundoschiapas.org/….

(II) Las comunidades de Temacapulin, Acasico y Palmarejo necesitan apoyo y solidaridad ahora más que nunca, frente a la valiente decisión tomada por los pueblos de bajar y permanecer en el sitio donde el gobierno mexicano avanza en las obras de la represa El Zapotillo.

Invitan a realizar, entre otras, las siguientes acciones:

– Firmar en línea la siguiente Alerta Preventiva: Riesgo de Represión en Temacapulín, Jalisco, en:
http://www.redtdt.org.mx/d_acciones/d_visual.php?id_accion=125

– Visitar a las comunidades, directamente en el lugar de las obras.

– Enviar cartas a las autoridades responsables de la construcción de la represa, en base al pronunciamiento de las comunidades, disponible en:
http://wrm.org.uy/paises/Mexico/Zapotillo.pdf

– Enviar cartas a las Embajadas de México en tu país

– Elaborar boletines y pronunciamientos de tu organización y difundirlos al mayor número de medios de comunicación y contactos.

– Llamar por teléfono a programas de TV y radio, para denunciar y difundir lo que está pasando, exigiendo que el gobierno mexicano establezca canales de verdadero diálogo con las comunidades, directamente en el sitio de la construcción.

Brasil: En abril tendrá lugar en Brasilia el Encuentro Nacional de Mujeres Afectadas por Represas, organizado por el Movimiento de Afectados por Represas (MAB) y Vía Campesina. Se presentará un informe sobre violaciones a los derechos humanos de las comunidades afectadas y dentro de ellas, a las mujeres. Se invitó a la Presidenta de Brasil Dilma Rousseff “para conocer esta realidad, mirándonos a los ojos”, señaló una de las organizadoras.

El encuentro incluye la presentación de un “modelo de desarrollo energético verdaderamente popular” y que no coloque a los recursos naturales y a las comunidades afectadas al servicio de las empresas que se apropian de la riqueza. http://www.radiomundoreal.fm/Mirarse-a-los-ojos

Etiopía: El 22 de marzo, conmemorando el Día Mundial del Agua, cerca de 400 organizaciones firmaron una petición contra la enorme represa hidroeléctrica Gibe III en el río Omo, que destruirá los patrones naturales de inundación que resultan vitales para los métodos de cultivo de las tribus Omo. La represa también amenaza a por lo menos ocho tribus y cerca de 300.000 personas que viven alrededor del Lago Turkana en Kenia.

Más información sobre la presa Gibe III en Survival International: http://climate-connections.org/….

En el mundo: un documental de International Rivers cuenta las historias de personas en todo el mundo -India, México, Brasil- cuya forma de vida, medios de subsistencia y hogares se ven amenazados por la proliferación de las mega-represas.

“A River Runs Through Us” es una presentación personal y llena de esperanza de una de las mayores amenazas que enfrentan nuestros ríos, contado por la propia gente. Filmado en Ríos para la Vida 3 –2010, una reunión de 350 activistas por los ríos de 50 países, que se celebró en el México rural- este documental aborda temas tales como el cambio climático y sus impactos en ríos y represas, lo que les pasa a las comunidades desplazadas por las grandes represas, y qué tipo de soluciones existen para preservar nuestros cursos de agua y a la vez satisfacer nuestras necesidades de agua y energía.

La película está español en: http://www.archive.org/details/ARiverRunsThroughUs

www.ecoportal.net

Boletín mensual del Movimiento Mundial por los Bosques (WRM) Nº 164http:www.wrm.org.uy

Referencias:

(1) Fearnside, Philip. “Hidrelétricas Amazônicas como Emissoras de Gases de Efeito Estufa”. En: Revista Proposta, Año 35 – No. 122

(2) Por Aviva Imhof, International Rivers, http://www.internationalrivers.org, enviado por Lori Pottinger. Este artículo es una adaptación del publicado por primera vez en el WorldWatch Magazine (enero-febrero de 2010)

(3) Por Premrudee Daoroung, Towards Ecological Recovery and Regional Alliance (TERRA), http://www.terraper.org/home.php

(4) Por: MAB (Movimiento de Afectados por Represas), enviado por Sonia Mara, http://www.mabnacional.org.br/

(5) El CDDPH es el organismo del estado brasileño, equivalente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (Organización de los Estados Americanos) y a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU (Naciones Unidas). El consejo fue creado por la Ley federal 4.319 del 16 de marzo de 1964 y está formado por los siguientes miembros: Ministro de Justicia, Representante del Ministerio de Relaciones Exteriores, Representantes del Consejo Federal de Cultura, Representante de la Procuraduría Federal, Presidente del Consejo Federal de la Orden de los Abogados de Brasil, Profesor Catedrático de Derecho Constitucional y Profesor Catedrático de Derecho Penal de una de las Facultades Federales, Presidente de la Asociación Brasileña de Prensa, Presidente de la Asociación Brasileña de Educación, Líderes de la Mayoría y de la Minoría de la Cámara de Diputados y del Senado Federal. El Consejo tiene competencia para promover averiguaciones, investigaciones y estudios para evaluar la eficacia de las normas que aseguren los derechos de la persona humana, inscripto en la Constitución Federal, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), pudiendo recibir representaciones con denuncias de violaciones de los derechos de la persona humana, averiguar su procedencia y adoptar medidas oportunas referentes a abusos de los particulares o de las autoridades responsables de ellas.

(6) Artículo basado en información obtenida de: “Africa action at the United States Social Forum”, http://www.africaaction.org/….; Grand Inga Dam, DR Congo, International Rivers Network, http://www.internationalrivers.org/….; Information on the Inga Projects, World Energy Council, http://www.worldenergy.org/….

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2 comentarios

  1. jorage said,

    24 octubre, 2011 a 18:22 pm

    tonto

  2. pedro said,

    9 enero, 2012 a 20:27 pm

    feo


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