Recuerdos de WalMart

Babel
Recuerdos de WalMart
Javier Hernández Alpízar
Ahora que, en medio de la preocupación por la devastación ambiental que pueden traer al estado de Veracruz las presas hidroeléctricas, las mineras a cielo abierto, la continuación de la explotación petrolera y la prolongación de la vida de la nucleoeléctrica de Laguna Verde, entre otras actividades industriales, generadoras de energía, y desechos, no es asunto menor que la empresa WalMart –que ya ha fagocitado a empresas ex “mexicanas” como Aurrerá– se instale en lugares como Xico, sitios que hasta hoy han tenido economías locales relativamente de autoconsumo, acordes con las tradiciones culturales, la identidad de los pueblos e incluso con menos daño al medio ambiente que el promovido por la mundialización del capitalismo salvaje.
En 2005, una tienda Aurrerá WalMart se instaló en Juchitán, en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, y hoy, al observar acciones públicas de repudio a un WalMart en Xico, como las que se han realizado en la plaza de Xico y en la Plaza Lerdo en Xalapa, no podemos evitar el recuerdo de cómo algunos jóvenes intentaron que las protestas evitaran la instalación del WalMart en Juchitán y cómo los recibió la gente.
Quienes iniciaron un proceso de difusión de la información sobre el impacto económico que WalMart tendría en la región fueron jóvenes, juchitecos, varios de ellos hablantes de zapoteco. Intentaron que se movilizaran las mujeres, que son quienes mayoritariamente realizan el comercio en el mercado tradicional, las que venden los totopos, los camarones, la comida, las aguas frescas.
Pero en Juchitán el WalMart contó con un operador muy hábil, un presidente municipal que venía de la COCEI en su vertiente PRD, Alberto Reyna Figueroa. Ya para 2005 la COCEI se había fragmentado en varias, y cada una estaba uncida a algún partido político. Lo que décadas antes habría sido una organización de resistencia, de lucha, era ahora un aparato burocrático fagocitado por el PRD y usado como instrumento electorero.
El presidente municipal perredista no solamente no se opuso a WalMart –como diría que tendría que hacer el cliché de considerar de “izquierda” a los gobernantes de esos partidos: PRD, PT, etcétera–, sino que fue muy útil para manejar las cosas de modo que no hubiera movilizaciones ni protestas, y los jóvenes no pudieran hacerse oír de la gente, de las mujeres juchitecas.
El perredista – coceista que gobernó a Juchitán de 2005 a 2008 estaba abierto a WalMart, a Chedraui, a cualquiera que fuera a invertir, con los mismo clichés que los presidentes municipales panistas y priistas que operan en la región de Xico y alrededores, pero con más habilidad que ellos, y el manejo de la retórica chauvinista.
A quien le preguntara si no le preocupaba que WalMart afectara a los juchitecos y su comercio y economía local, le contestaba que nada malo les podía pasar a los juchitecos, pues si una empresa llegaba y los dañaba, pronto la sacaban, como en el siglo XIX hacían con los ejércitos invasores con que los atacó incluso Benito Juárez.
Es decir: “los juchitecos somos muy chingones y aquí hasta al capitalismo lo domesticamos”. Ese chauvinismo, sumado a los clichés que siempre manejan los gobiernos del PRI, el PAN y el PRD –traer “inversiones, que detonen el desarrollo con empleos y derrama económica”– fueron letales para cualquier intento de resistencia.
Si uno preguntaba a las buenas señoras qué opinaban de que WalMart pudiera afectarles, contestaban que no, que “Dios da para todos”, de manera que ellas seguirían vendiendo y ahora tendrían acceso a una supertienda donde por fin habría “carne fresca”.
En una zona calurosa, parecía que la carne fresca era una utopía inalcanzable que solamente una transnacional haría posible. Se diría que en Juchitán jamás habían podido comer carne fresca y esa promesa les alentaba a esperar a Aurrerá para probarla al fin.
Una mujer razonaba: “Tuxtla Gutiérrez ya tiene una, Oaxaca ya tiene una, Juchitán ya es grande, ya debe tener una.” Era como el comprobante del crecimiento y la modernización de Juchitán. Casi se diría que comer camarones y totopos era tan vergonzantemente premoderno, a menos que los vendieran empaquetados en plástico en una súper tienda.
Por si fuera poco, alguien desde el poder, usando los medios locales, esparció el rumor de que los jóvenes que pedían a las mujeres oponerse a WalMart estaban “manipulados” por un comerciante muy odiado por sus coterráneos, un personaje de quien nadie decía el nombre, solamente su apodo: “Garnacha”.
Así, ¿qué podían saber los jóvenes?, si ellos no habían probado en su vida la carne fresca, que llegaría con esa modernidad que ya se disfrutaba en Tuxtla y en Oaxaca.
Algunos de los jóvenes que intentaron esa movilización evaluaron que les ganaron el debate en los medios, a los que ellos no tenían acceso. Contaban que había una radio comercial donde los locutores hablaban en zapoteco, por lo cual era muy escuchada y apreciada. En esa radio WalMart tenía muy buena prensa.
En 2006, fundaron los jóvenes una radio alternativa y comunitaria en Juchitán: “Radio Totopo, alimentando la resistencia”, que tuvo muy buen recibimiento de los juchitecos, por hablarles en su lengua y abrirles espacios, lo mismo a jovencitas que ponen música comercial, a un músico convertido al cristianismo que toca rolas gruperas con letras evangélicas, a un payasito animador de fiestas que hizo un programa para niños, y espacios de música regional y de todo tipo, desde Vicente Fernández hasta música de Juchitán que ya ninguna radio tocaba. Era el 102.5 de FM, quizá todavía es esa frecuencia.
Pero la experiencia estaba ahí: La colonización de las mentes –que les hace pensar en modernidad cuando les dicen que llega una supertienda a su pueblo– está en las pláticas de la calle, en los medios comerciales y en los discursos de presidentes municipales perredistas y panistas. Por cierto, y para finalizar, el actual gobernador de Oaxaca llegó por una alianza PAN- PRD. Los partidos políticos son como esa carne fresca que las señoras de Juchitán soñaban que les llevaría un día una transnacional.
PD: Al final de su periodo, el presidente municipal perredista arriba mencionado vivió lo que ahora Ulises Ruiz, gente que exigía que lo auditaran, investigaciones de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y hasta la necesidad de aclarar rumores de que la AFI lo había detenido. Las “transiciones” oaxaqueñas tampoco son cosa nueva.

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2 comentarios

  1. 21 abril, 2011 a 20:43 pm

    […] original post here: Recuerdos de WalMart « Zapateando 2 Esta entrada foi publicada em E-Commerce. Adicione o link permanente aos seus favoritos. […]

  2. arturo gonzalez said,

    10 diciembre, 2012 a 1:03 am

    un poco radical tu comentario, hoy a varios años de estar operando Aurrera y uno menos Soriana, no han afectado a la clase humilde y si no checa este dato: el pueblo sigue prefiriendo la carne del mercado o los que venden sus vecinos, porque los de aurrera estan muy congelados, lo mismo pasa con los mariscos e incluso el quesillo. en lo que se refiere a las frutas se ha establecido una competencia con los introductores de frutas y legumbres que vienen de puebla y oaxaca y todos los comerciantes pequeños siguen trabajando.


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