Visiotipos: ¿cambiar de gatillero?

Babel

Javier Hernández Alpízar
En el artículo Cuestión de entereza de Gustavo Esteva, ocho páginas en la más reciente edición de la revista Rebeldía, parte del intercambio epistolar entre Marcos y el filósofo Luis Villoro, al que se han sumado otros autores, el escritor usa un concepto que toma de los autores Iván Illich y Uwe Pörksen, el concepto de “visiotipo”.
Los visiotipos, explica Gustavo Esteva, “son formas elementales de interacción social que, a la inversa de las palabras, no permiten formular una frase”.
Esteva se ve precisado a usar el concepto “porque pensar en libertad requiere hoy defendernos activamente de los visiotipos que nos atrapan con su bombardeo programado por los especialistas y forman percepciones generales.”
Es decir, se trata de una especie de coagulación de la sangre y la vida de un concepto, de manera que en lugar de un pensamiento vivo nos quedamos con una costra que oculta el eczema.
El ejemplo a que se refiere el propio Esteva es el siguiente: “Es cierto que la mayoría de los mexicanos rechazamos la violencia. (Lo escribió y publicó antes de las movilizaciones contra la guerra en México en varias ciudades del país y en otros países entre los días 5 y 8 de mayo.) Pero en su presentación orwelliana AMLO disimula el hecho de que esas opciones políticas se han convertido en una. Felipe Calderón adoptó la vía armada. Incapaz de gobernar con un poder político que nunca tuvo –según constató hasta el embajador estadounidense– recurrió al ejército y la policía para aparentar que gobernaba, imagen que los medios se apresuraron a reforzar. Las elecciones forman parte del dispositivo. Cambiar de gatillero no modifica el carácter del gatillo ni su función”.
Esa misma respuesta dio Marcos en la Otra Campaña a un panista que se coló entre los oradores y criticó a los zapatistas por no hacer política pacífica contendiendo en las elecciones, “la única forma legítima, pacífica y democrática de política”. Marcos impidió que callaran al orador, pidió que escucharan su reclamo y, al final, le contestó que precisamente esa política, que el panista dice que es la única forma de hacer política democrática, la electoral, llevó al poder a quienes han desatado la guerra contra los zapatistas y contra el pueblo de México: Sea por la vía del fraude como Salinas y Calderón, o con elecciones “sin fraude” como Zedillo y Fox, es la política reducida a la partidocracia la que ha traído la guerra contra los pueblos indios y ahora contra toda la población que se niegue a aceptar la política del estado mexicano.
La vía militar de la represión y el terrorismo de estado tiene un complemento en la vía electoral. Tanto los panistas como López Obrador coinciden en un visiotipo: la reducción de la política pacífica al voto. El fantasma del voto útil que llevó a Fox al poder, opera detrás de las falsas alternancias, y todos los partidos se apresuran a ponerse el traje de “alternancia”.
El PRI juega con la idea de que el fracaso panista demuestra que el país los necesita. PAN y PRD juegan a hacernos creer que los malos son los priistas y se alían para llevar al poder, normalmente a priistas, que por quizá qué extraña razón ya bajo sus siglas se vuelven aceptables.
El régimen entero condena a los ciudadanos a una sola forma de hacer política: el voto. No hay otra. PAN, PRI, PRD, Morena, todos dicen: Si no hay voto, habrá guerra. Y lo que Gustavo Esteva y antes Marcos les contestan es: Pero si eso precisamente tenemos: Una vía electoral impuesta como la única forma de hacer política y una guerra impuesta desde arriba sin escuchar a los de abajo. Una guerra que en sus 35- 40 mil muertos tiene ya una cara monstruosa: Bajo la dictadura de Pinochet murieron (sin contar los desaparecidos) 8 mil chilenos. En la guerra actual son casi 8 veces más los muertos (también sin contar los desaparecidos). Pinochet les queda, hasta 8 veces, chico.
Normalmente se dice que en el Estado Azteca caben una cien mil personas. Así que la cantidad de los muertos en México equivale a casi la mitad del público que abarrota el Estado Azteca cuando se llena.
Los miles de personas que han participado en las marchas contra la guerra de estos últimos días pueden ser el ejemplo de cómo hay otra forma de hacer política: no electoral, no violenta.
Es falso que solamente existan la credencial de elector y el fusil, y más bien ocurre que quieren reducir la política al uso de la credencial de elector por los votantes y de las armas por el poder.
De hecho la guerra de Calderón no ha contado con la oposición, ni siquiera tibia, de ningún gobernador de ningún partido de derechas o izquierdas, ni ha sido frenada por el Congreso que aprueba el presupuesto de la guerra. Lo mismo que ha aprobado el presupuesto de la contrainsurgencia en Chiapas.
Así que si hiciéramos añicos el visiotipo que nos impide enunciar la frase: “una acción política pacífica y no electoral”, entonces podremos empezar a pensar de verdad críticamente todo esto.
Las marchas son una prueba en los hechos. Se cumplió lo que dijo antes Javier Sicilia: “Esta vez no iremos alrededor de ningún pinche candidato, sino alrededor de nosotros mismos”. Lo mismo que reconocieron los aproximadamente 20 mil zapatistas que se manifestaron en San Cristóbal, que los convocantes a las manifestaciones no quieren gobernarnos, no nos piden el voto para ningún candidato, piden justicia, y alto a la guerra.
Seguramente algunos siguen siendo presas del visiotipo que limita: “urnas o armas”, pero algunos, espero que sean muchos, entenderán la expresión de una de las muchas mantas que se vieron en las marchas nacionales e internacionales de estos días: “¿Ya vieron? ¡Casi 40 mil muertos sin justicia! Por eso nuestros sueños no caben en nuestras urnas”.
Lo contrario sería ser víctima de una forma de política orwelliana, como la que le critica Gustavo Esteva a AMLO, la misma que ha impuesto el régimen al pueblo de México: “Votas y te callas”, usas tu credencial de elector y yo el gobernante “la plenitud del pinche poder”, como dijera Fidel Herrera, cuyo cantautor, Byron Barranco, ahora canta el himno de Morena. Visiotipos con letra y música.
Según Blanche Petrich reseñó de algunos cables filtrados por Wikileaks, AMLO le dijo al republicano Anthony Garza que si fuera presidente daría “más poder al ejército”.
Así lo escribió Blanche Petrich en La Jornada, el martes 5 de abril de 2011 en la página 2. (Cf: “EU no veía mal la llegada de López Obrador a Los Pinos: http://www.jornada.unam.mx/2011/04/05/index.php?section=politica&article=002n1pol):
“En el tema de la seguridad, Garza señaló de entrada que la próxima administración en México debía dar prioridad al “combate al narcotráfico y al terrorismo”. López Obrador explicó su estrategia de dos carriles. Primero, una reforma constitucional para otorgar al Ejército “más poder y autoridad” en la lucha contra los traficantes de drogas porque –dijo, según este reporte– “los militares son menos corruptos que las demás agencias de seguridad y pueden ser más efectivos”. Esto, añadió, también acotaría la influencia de la PGR, “demasiado corrupta”, según la redacción del cable.
“Segundo, AMLO se proponía una restructuración total del aparato de justicia, consolidando todas las agencias, incluida la policía federal y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, teniendo como eje a la Secretaría de Gobernación.”
Solamente cegado por un visiotipo se puede negar que en la guerra la clase política tiene un criterio único y orwelliano, así como en candidatos y hasta en los compositores de sus canciones electorales recurren al mismo autor.

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