Clamor internacional por justicia en México

Babel

Javier Hernández Alpízar

La posición del gobierno mexicano en el extranjero se irá deteriorando inevitablemente. Después de décadas de habilidad diplomática priista, entiéndase talento para la simulación, desde la política de Lázaro Cárdenas de recibir a exiliados de la República española hasta los últimos gobiernos priistas que siempre mantuvieron una imagen neutralidad en conflictos e incluso de mediadores como en las guerras en Centroamérica en los años ochenta, hoy el gobierno mexicano es cuestionado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos por desapariciones forzadas en Guerrero, mujeres indígenas violadas por militares en esa misma entidad, y mujeres asesinadas, cuyos cadáveres fueron encontrados en el Campo Algodonero en Ciudad Juárez, que siguen sin justicia.

Después del alzamiento zapatista de 1994, que desnudó la realidad de un México profundamente injusto, desigual, con los indígenas totalmente excluidos del proceso nacional, otros conflictos con los pueblos, atropellados por las grandes empresas y los gobiernos federal y estatal, como los casos de Atenco en 2000 y en 2006, y el de Oaxaca en este año, han sido motivo de amplia solidaridad de organizaciones y pueblos del mundo con los indígenas, los campesinos, los insumisos, y de condena para los sucesivos gobiernos mexicanos por las graves violaciones a los derechos humanos de los mexicanos… e incluso de extranjeros en nuestro suelo.

Ahora que se encuentra detenido el  líder del grupo paramilitar priista Ubisort, de la región triqui en Oaxaca, una de las víctimas por las que se les pide justicia es el solidario finlandés Jyri Jaakkola, asesinado por ese grupo cuando participaba en una caravana humanitaria que se dirigía a Copala. La torpeza de los gobiernos federales panistas y de gobiernos estatales priistas y perredistas ha incluido violaciones de defensoras de derechos humanos de diversas nacionalidades (argentina, española, alemana),  en Atenco en 2006, expulsiones de periodistas y acusaciones calumniosas contra defensores de derechos humanos extranjeros en Chiapas y asesinatos en Oaxaca como el de Jyri Jaakkola y el de Brad Will.

Además, la creciente expulsión de mexicanos, que ahora residen en países como Canadá, Estados Unidos, estado Español, migrantes económicos y también refugiados políticos, lleva los testimonios de la dura realidad mexicana a colectivos solidarios en otros países y continentes.

Las redes de apoyo a los zapatistas chiapanecos no solamente no se han erosionado sino que han incluido en su solidaridad a otros pueblos de México en lucha, los de Oaxaca, Atenco, Guerrero; y la violencia del Estado mexicano contra sus propios ciudadanos, así como contra migrantes, principalmente centroamericanos, es una realidad que ya no puede ocultarse.

Solamente un par de casos más: El amplísimo apoyo internacional tanto de organizaciones altermundistas como de reconocidos personajes del mundo intelectual, como Raúl Zibechi o Noam Chomsky, que piden la libertad de cinco presos de conciencia, tzeltales, del ejido de San Sebastián Bachajón, a iniciativa internacional (con movilizaciones en varias jornadas) convocada por emigrantes mexicanos en Nueva York, el Movimiento por Justicia del Barrio de la Otra Campaña.

Y no de menor importancia, el amplio apoyo mundial que está recibiendo la movilización encabezada por el poeta Javier Sicilia, que ha tenido manifestaciones solidarias en las dos pasadas marchas- caravanas y seguramente las tendrá de nuevo en la que irá a Ciudad Juárez.

Esta vez, los convocantes a la Caravana por la Paz también invitaron a los emigrantes mexicanos en Estados Unidos a apoyarlos, y desde la rueda de prensa inicial contaron con la presencia de organizaciones de emigrantes y solidarias como Pastores por la Paz.

Si el gobierno federal mexicano y los gobiernos estatales de entidades como Oaxaca, Chiapas o Guerrero no hacen caso de estos reclamos, seguirá creciendo el apoyo internacional a las protestas de los pueblos de México, de las víctimas de la violencia, y la ya deteriorada imagen del gobierno de México seguirá en picada.

Expulsar a periodistas y observadores internacionales de derechos humanos sólo empeorará la situación. El llamado zapatista: “Globalicemos la rebeldía”, es una realidad, y la internacionalización de la solidaridad también. No nos sorprendamos de que esos solidarios internacionales comiencen a pedir sanciones internacionales al gobierno de México o llamen a boicots contra él. El grito del pueblo mexicano tiene eco en otros pueblos que también han sufrido la violencia y que hoy acompañan el reclamo del pueblo mexicano por la paz con justicia y dignidad.

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