Mesa social contra la explotación de niñas, niños y adolescentes

Interés Superior

 

Por Nashieli Ramírez Hernández*

 

Esta semana y en el contexto del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, se llevó a cabo la presentación de la Mesa social contra la explotación de niñas, niños y adolescentes. 

 

Este colectivo de personas y organizaciones surge de la fusión de dos iniciativas ciudadanas: el grupo de trabajo impulsado por Thais a raíz de las reuniones sobre el modulo de trabajo infantil en 2008, y el movimiento “No a la explotación laboral infantil”, que había venido realizando acciones alrededor de esta conmemoración mundial desde 2007. 

 

Instancias académicas como la UAM, a través de su Programa Infancia, la Universidad Pedagógica Nacional y la UNAM, representada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas; organizaciones sociales como Ririki Intervención Social, Save the Children, Visión Mundial, Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Caminos Posibles, Ideas, Thais, CIMAC, entre otras; así como Fundación Telefónica, la CROC, y CONAPRED se reúnen en este espacio con la finalidad de incidir en las políticas públicas en la materia. 

 

Este año la OIT nos convocó a alzar la voz contra el trabajo infantil peligroso. Es decir visibilizar la explotación de la que son víctimas al menos 600 mil niñas, niños y adolescentes, según reconoce la propia Secretaría del Trabajo. 

 

Explotación es a lo que están sujetos las niñas y niños menores de 14 años que laboran. Trabajo infantil peligroso es al que están expuestos miles de niñas, niños y adolescentes.

 

Como ejemplo están los entre 20 y 35 mil hornos de elaboración artesanal de ladrillos donde se emplean procesos de combustión precarios y materiales combustibles altamente tóxicos, la contaminación del aire y el agua que generan afecta no nada más a los que trabajan directamente, sino también a los que viven alrededor.

 

Este mismo tipo de contaminación se genera en la quema que se realiza en la mayoría de los miles de basureros a cielo abierto del país, en donde también están expuestos cientos de infantes. Otra fuente de riesgo ligada al trabajo infantil son los plaguicidas, fenómeno documentado, especialmente en las niñas y niños jornaleros agrícolas. 

 

Las demandas siguen siendo las mismas que el año pasado:

 

a) Cumplimiento de los compromisos derivados del Convenio 182, como son el establecimiento de un Comité Nacional de Erradicación del Trabajo Infantil, un Plan Nacional de Acción, un sistema de medición y la consecuente determinación de los trabajos peligrosos e identificación geográfica de su presencia en el país.

 

b) Desarrollo de la “Hoja de Ruta para lograr la eliminación de las peores formas de trabajo infantil para el 2016” (Conferencia Mundial La Haya, mayo 2010).

 

c) Ratificación del Convenio 138, de la OIT, sobre la edad mínima de admisión al empleo. 

 

d) Creación de un sistema integral de protección social, universal, incluyente, participativo, con mecanismos adecuados de rendición de cuentas y asignaciones presupuestarias suficientes y eficientes.

 

Las demandas son las mismas, pero los demandantes no. Hoy tenemos un espacio colectivo para sumar voces, para subir los decibeles en la demanda al Estado de cumplir su obligación de garantizar los derechos de educación, salud, desarrollo, juego, de vida y de protección. Para llamar la atención a la sociedad sobre la importancia de desnaturalizar el trabajo infantil. 

 

*Directora de Ririki Intervención Social. Experta en infancia, adolescencia y sus derechos.

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