Organización

Gloria Muñoz Ramírez

Frente a la violencia ejercida por la delincuencia organizada y en no pocos casos por grupos policiacos y miembros del Ejército, la organización de las comunidades indígenas para cuidar y vigilar su territorio es una opción que se escuchó en innumerables ocasiones durante la Caravana por la Paz.

El emblemático ejemplo de organización autónoma de las comunidades zapatistas de Chiapas, la defensa del territorio que lleva a cabo en estos momentos la comunidad purépecha de Cherán, en Michoacán; el éxito en materia de seguridad que ha logrado la policía comunitaria de la Costa Chica y La Montaña de Guerrero, y la recuperación de tierra y puesta en marcha de la guardia tradicional de la comunidad nahua de Ostula, Michoacán, son algunas experiencias que salieron a relucir como respuestas desde abajo frente a la violencia institucional y delincuencial.

Una delegación de comuneros de Cherán, que acompañó la caravana hasta Ciudad Juárez, expuso su experiencia en todos los lugares recorridos, recibiendo el acompañamiento y admiración en cada acto público. “Por medio de la manifestación pacífica, tomando las calles y teniendo barricadas en los accesos a la población, se ha logrado garantizar la seguridad, que hace años el municipio dejó de brindar, y todo a través de la organización interna de sus habitantes”, señalaron los comuneros en un comunicado a su regreso de la movilización. Hoy, gracias a la organización comunitaria, indican sin ambigüedades, “Cherán es una de las comunidades más seguras del país”.

En estos momentos, explican, “Cherán, a través de la organización de las fogatas, de la ronda comunitaria y el rondín de barrios, ha logrado crear una ambiente de seguridad, a tal grado que se puede transitar libremente por sus calles a cualquier hora sin temor a ser secuestrado o asesinado”.

Por su parte, la comunidad nahua de Ostula, a dos años de haber recuperado sus tierras y con “un saldo de guerra de 16 comuneros muertos o desaparecidos en los últimos seis meses, decenas de viudas, huérfanos y familias desplazadas y la suspensión indefinida de clases en las escuelas”, indicó en un saludo a la Caravana por la Paz que la solución a la violencia institucional es “la autodefensa y el ejercicio de la autonomía”. En Xayakalan, exponen, se está ejerciendo el pleno funcionamiento de la policía comunitaria y ahí no hay violencia ni asesinatos. La violencia “ocurre principalmente en la carretera número 200, bajo vigilancia federal, y en poblados fuera de nuestro territorio”, explican.

La resistencia, diría John Berger, está en saber escuchar a la tierra.

losylasdeabajo@yahoo.com.mx

La Jornada, 18-06-2011

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