Derechos humanos: Los ojos del mundo están puestos en México

 

Javier Hernández Alpízar

Parafraseando la campaña de comunicación de los pueblos en resistencia de Temacapulín, Palmerejo y Acasico, para visibilizar su lucha contra la imposición de la presa El Zapotillo, con el caso del sacerdote Solalinde, los ojos del mundo están puestos en México.

A contrapelo del anticlericalismo de la derecha –para la cual los católicos son buenos si se resignan a aceptar pasivamente todo mal, pero en cuanto recuerdan el Evangelio se vuelven dignos de ser crucificados como su fundador–, hay algunos sacerdotes que conciben su misión pastoral como defensores de los derechos humanos, en este caso de las y los migrantes, o para decirlo con lenguaje bíblico: “dar posada al peregrino”.

En 2010, Amnistía Internacional pidió, en una acción urgente que tituló “La vida del padre Alejandro Solalinde corre peligro”, que ciudadanos de todo el mundo enviaran cartas a las autoridades mexicanas exigiendo garantías para su labor como defensor de los derechos humanos, una de las actividades más peligrosas en México, uno de los países más violentos y peligrosos del mundo, porque ocurren graves violaciones a derechos humanos.

El portal de Amnistía Internacional explicó que la acción urgente finalizó al alcanzar casi las 17 mil personas (exactamente 16, 876 firmantes) que “han escrito a las autoridades mexicanas para que den garantías al padre Solalinde y a su equipo del albergue para migrantes de ciudad Ixtepec, en el estado de Oaxaca para que puedan realizar su trabajo de apoyo a los migrantes sin temor a intimidación o ataques.”

Esto nos puede dar la medida de varias cosas, entre ellas dos: La gran legitimidad internacional que tienen la labor del padre Solalinde, la defensa de los derechos humanos y especialmente los derechos de los migrantes. Pero también da una idea de lo claro que es en el contexto internacional, por más esfuerzos que haga el gobierno calderonista de tapar el sol con un dedo, que en México los derechos humanos se violan de manera grave, masiva, sistemática, estructural, y que, por tanto, solamente la presión moral internacional puede obligar al gobierno (los gobiernos de distintos niveles) a que, aunque no quieran, a regañadientes y a contrapelo de su vocación autoritaria y violenta, hagan un mínimo esfuerzo por dar garantías a los defensores de los derechos humanos, a los migrantes y a la inmensa mayoría de la población mexicana sometida al terror y el estado de sitio.

Así expuso Amnistía Internacional el perfil de Solalinde: “El padre Alejandro Solalinde es director de una refugio para migrantes en ciudad Ixtepec, estado de Oaxaca, que se creó para ofrecer asistencia humanitaria a las personas migrantes que necesitan un lugar donde descansar y recuperarse del viaje.”

“Esta muestra de solidaridad con las personas migrantes ha provocado ataques y hostigamiento por parte de miembros xenófobos de comunidades locales, alentados a menudo por bandas de delincuentes y autoridades locales. 

“Un ejemplo de las intimidaciones que sufre el padre Solalinde ocurrió el 24 de junio de 2008, cuando un grupo de unos 50 residentes de ciudad Ixtepec, encabezado por el alcalde y 14 policías municipales, irrumpieron en su albergue. Amenazaron con prender fuego al edificio si no se cerraba en un plazo de 48 horas. A pesar de todo él y otros voluntarios continúan su trabajo de prestar asistencia a los migrantes.” Cf: http://www.es.amnesty.org/actua/acciones/mexico-padre-solalinde-peligro/ 

Un perfil logrado mediante la entrevista de Adriana Jarrín Morán para Europazapatista ( http://www.europazapatista.org ) dibujó aspectos de Solalinde como estos: “¿Qué le motivó a trabajar con migrantes? Solalinde: Ver que andaban como ovejas sin pastor, que nadie trabajaba por ellos. Un día crucé las vías del tren y miré unos carros plataforma que estaban llenos de migrantes, me impresionó muchísimo. Después me enteré que no habían dormido, que no habían comido, que necesitaban agua, no se movían del tren en el que habían viajado doce horas, ¡algo terrible!

“¿Por qué de su participación de la Iglesia al activismo político? Solalinde: Yo me considero un defensor de los derechos humanos de los y las migrantes y no un activista. Sin proponérmelo mi voz es escuchada y tengo oportunidad de meterme a todos los espacios, trato con personas de todos los niveles. Esto me ha servido como una oportunidad para acercar la propuesta de Cristo. Cristo no tiene doctrinas, no tiene rollos, no propone ideas ni mucho menos promueve religiones, él busca una transformación de la realidad a través de la justicia, el respeto a la vida, a las oportunidades y a la igualdad.

“Usted ha recibido agresiones y ha sido encarcelado por el trabajo que desempeña. Respuesta: Me han golpeado, me han arrestado e incluso han querido quemarme. La lucha ha sido muy grande, se unió el gobernador con los presidentes municipales, con el primero para no dejar que pusiera el albergue y con el segundo para poner ellos el albergue y no yo.”

Ha vuelto a las primeras planas el tema de la violencia en México contra los migrantes centroamericanos, a raíz de el secuestro de migrantes que habían salido del albergue Hermanos del Camino, el viernes 23 de junio. Cf: http://www.hermanosenelcamino.org/noticias.html

La voz de Solalinde tiene legitimidad, credibilidad a nivel internacional, de manera que lo que denuncia no puede ser minimizada, despachándola con un desmentido.

Volvemos al título del artículo: Los ojos del mundo están puestos en México. A pesar de los esfuerzos de los gobiernos, el federal, los estatales y municipales, se sabe más allá de las fronteras que en México los derechos humanos se violan gravemente, que los migrantes, los defensores de derechos humanos, las comunicadores y periodistas, los niños y niñas, los y las jóvenes, las mujeres, las comunidades y pueblos indígenas, la mayoría de la población ven diariamente violados sus derechos humanos en una guerra cada vez más inexplicable e impresentable, en la cual los muertos son civiles, gente que no está armada, trabajadoras y trabajadores, personas, aunque los poderosos en México ya no entiendan los conceptos de persona, de ser humano, de vida humana, de dignidad humana, e imaginen que les basta con retórica bélica y con la criminalización y la calumnia contra las víctimas para justificar su desorden político y su belicismo.

Así como ocurre con la violencia que sufren los migrantes centroamericanos no solamente en Ixtepec, Oaxaca, sino a lo largo de su trayecto hacia el norte, gran parte de él territorio veracruzano, la violencia contra las comunidades indígenas que pretenden construir su autonomía en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, es también conocida y repudiada a nivel internacional.

Las agresiones a comunicadores y periodistas, y a defensores de los derechos humanos, hacen insostenible cualquier campaña propagandística de cualquier gobierno. El caso de las agresiones a Angeles Mariscal e Isaín Mandujano por el gobierno perredista y calderonista de Juan Sabines es apenas el botón de muestra. Todo el dinero invertido en apuntalar una imagen, asegurando incluso el silencio de medios “políticamente correctos” como La Jornada, se viene abajo cuando las denuncias de persecución salen a la luz pública.

En México padecemos gobiernos orwellianos, pero son dictadores como las momias de las películas de El Santo, el Enmascarado de Plata. Y dado que los ojos del mundo están cada vez más sobre México, a estos dictadores se les ven las costuras y hasta las etiquetas de las casacas.

Su credibilidad se desploma conforme, disciplinados con Calderón y la CONAGO (Conferencia Nacional de Gobernadores, encabezada por el “izquierdista Marcelo Ebrard), insisten en el camino de la violencia contra el pueblo mexicano. Solamente la verdad puede terminar con este absurdo, pero la verdad es lo que menos desean. Por ello son tan importantes los esfuerzos por la paz, como la Caravana que caminó hasta Ciudad Juárez y ahora lo hará hacia el sur, hasta llegar a Guatemala, por el camino tachonado de cicatrices de los migrantes.

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