La derecha en México y su síndrome de Vietnam

Javier Hernández Alpízar
Los columnistas de derecha –alguno converso a ese departamento liberal de la derecha que se autodenomina centroizquierda–, comienzan a criticar la guerra. Parece que en rápido y furioso, y sobre todo macabro, proceso, el gobierno mexicano está encontrando en las ciudades, campos y carreteras de México su Vietnam. Así como el ejército de los Estados Unidos fue derrotado por un pueblo, el gobierno mexicano y su guerra están siendo derrotados, más que por una resistencia popular, por el absurdo de hacer la guerra contra su propio pueblo, obedeciendo al gobierno de Washington, que ya se apresta a mandar un nuevo procónsul a la ciudad de México.
Al menos así parecen percibirlo dos conspicuos columnistas de la derecha mexicana. Uno de ellos, de los favoritos del poder para filtrar sus propias paranoias y señalar a quienes ha de reprimirse, Raymundo Riva Palacio, quien lo escribió en su columna “2010: La pérdida del consenso”, titulada con el epígrafe: “Calderón es un gladiador con una estrategia esquizofrénica.” (http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/2010-la-perdida-del-consenso/)
Olvidando la inicial falta de consenso acerca de si Calderón ganó o no las elecciones, Raymundo Riva Palacio hace una mesurada crítica a Calderón por no tener una ruta política clara. De todos modos, le adjudica simpatías a la baja: “En el PAN hay un evidente rechazo al Presidente por la guerra contra las drogas, y una creciente corriente que buscaba distanciarse de él ante el temor que el respaldo les costara políticamente en las próximas elecciones. Esa guerra es el catalizador del incremento en el número de mexicanos que desaprueban la gestión del presidente Calderón. En la última encuesta trimestral sobre aprobación presidencial de Buendía&Laredo, aunque Calderón mantuvo una mayoría de respaldo (55%), tuvo una caída de tres puntos porcentuales con respecto a la medición previa en agosto, que lo llevó al nivel más bajo de apoyo desde julio de 2008. La aprobación de quienes declaraban apoyar mucho su trabajo cayó dos puntos, de 16 a 14%.”
Es decir: Si copiando el estilo de los presidentes de los Estados Unidos Calderón emprendió una guerra para “legitimarse”, le está ocurriendo lo mismo que a Obama y antes a otros presidentes: Las guerras causan miedo y euforia al principio, luego muchos muertos y finalmente el hartazgo de los pueblos que ponen los muertos. Lo peor es que esta guerra no fue contra un poder extranjero (si fuera así, se parecería a Las Malvinas de los dictadores argentinos), sino contra la propia población civil: 41 mil muertos son una victoria para la muerte y una derrota para el pueblo que ha puesto a los victimarios y las víctimas, el mismo pueblo mexicano. Mientras más mata, su “victoria” es su derrota. Y, aunque sea poco, el desprestigio es ya un cobro de factura.
No lo dice un columnista de la izquierda ni nada que se le parezca, sino uno de los defensores del status quo: “El presidente Calderón ha perdido el consenso nacional de todos los sectores. A aquellos institucionales se le ha sumado aceleradamente el del sector privado. En una reciente reunión privada, uno de los empresarios más importantes del país sentenció: “Nos va a ir bien, pese a la conducción”. Luego, sobre la guerra contra el narcotráfico, dijo: “No tiene futuro de victoria; la va a perder”. La gran mayoría de la veintena de personas que lo escuchaban, asintieron y profundizaron la crítica a Calderón.”
Otro columnista que tiene una larga trayectoria, primero como estenógrafo del poder durante largas décadas de dictadura priista, y ahora como converso a la democracia, especialmente afín a los ex priistas que se refugiaron en el PRD, como AMLO y Ebrard, es Jacobo Zabludowsky, su columna se llama “Bucareli”, el nombre de la calle donde se encuentra la oficina de la Secretaría de Gobernación, un nombre oficialista si los hay.
Su columna se llama “Otra Guerra” (http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/50540.html ), y su inicio dice: “Frente a nuestra derrota en esta guerra, es hora de pensar si no es otra la guerra verdadera.” El párrafo siguiente también alude a la salud mental, aunque con mucha más elegancia que Riva Palacio: “El estrepitoso y trágico desastre bélico en que nos metimos a fondo hace unos cuatro años, nos obliga a pensar que tal vez nos equivocamos, que enfrentamos a un peligro oculto tras los molinos de viento, agazapado en sueños de loco armado por sí mismo caballero andante, enemigo escondido dispuesto a dar el zarpazo final de un momento a otro.”
La guerra es locura, pero parece sensata a los poderosos, y a sus escribanos, hasta que viene la cruda moral de la derrota. Con su estilo culterano, el columnista describe el fenómeno: “La realidad es la de un país donde las escaramuzas pueblerinas o rurales han dado paso a combates sofisticados, con estrategias basadas en armas de última factura, entre centenares de contrincantes de uno y otro ejército. En las películas de vaqueros teníamos la ventaja de que los malos eran los de de negro. Ahora no se sabe quién es quién.”
La nostalgia del anticomunismo que les explicaba todo es explícitamente dicha, como la película de vaqueros, la guerra fría les aclaraba la mente: “En resumen el problema es más profundo que un combate entre el dueño de la hipoteca y los probos rancheros: afecta la estructura del país, su existencia como estado libre y respetuoso de las libertades. En la época de un mundo bipolar podíamos achacar el asunto a los soviéticos. Hoy no es tan fácil la respuesta a la pregunta: ¿a quién beneficiaría la desestabilización de México? ¿Quién puede tener interés en llevarnos a una situación anárquica?”
Y termina pidiendo atención, llamando a repensar, a ponerle luz a la confusión en que se ha metido el poder: “Estamos obligados a preocuparnos, a evitar soluciones extra constitucionales, proyectos salvadores de personajes, instituciones o gobiernos, nacionales o extranjeros, dispuestos a sacrificarse por nosotros. Lejos de cualquier alarmismo, tómese en serio este aviso a tiempo. Empecemos por definir contra quién peleamos.”
Por supuesto, un comunicador que por años fue el micrófono y los audífonos del priismo en México, y una especie de embajador mediático de los intereses de los Estados Unidos en México (la embajada se llamaba Telesistema Mexicano y ahora se llama Televisa) no puede concluir que quien está desestabilizando a México y lo tiene postrado con 41 mil muertos (Zabludowsky, fiel a su ánimo de atemperar las cosas reconoce 11 mil menos, habla de 30 mil) y una guerra contra su propia población, son los Estados Unidos. Pero podría leerse su advertencia como una insinuación de que este berenjenal es preparado para la intervención de una potencia extranjera. Como ya se murió el espantajo que siempre usaron los anticomunistas como Zabludowsky, la URSS, quedan los Estados Unidos, que por cierto, en el siglo XIX invadieron varias veces México, la arrebataron más de 50% de su territorio; en el siglo XX lo mantuvieron como una neocolonia, incluso con políticos que informaban a la CIA (Echeverría, Gutiérrez Barrios, todos ellos muy conocidos de Zabludowsky cuando su trabajo era ocultar o minimizar sus fechorías, por ejemplo, la masacre del 2 de octubre de 1968) y ahora lo tiene convertido en un teatro de acción en beneficio propio: donde realiza el capitalismo estadunidense sus armas, pone en práctica sus teorías y estrategias de guerra y contrainsurgencia, se abastece de las drogas de las que es el principal consumidor, y mantiene a los grupos armados legales e ilegales como la extensión de su policía migratoria, administrando violentamente el flujo de mano de obra barata para su economía. Negocio redondo, una solución ganar- ganar… para ellos.
Pero esa es otra historia: Lo que queda dicho es que el síndrome de Vietnam toca a las puertas del guerrerismo mexicano. Lo grave es que no haya una alternativa muy clara. Ante ese vacío, tan grande que hasta a la derecha comienza a preocuparle, los partidos políticos ahora chantajearán al electorado: “Vota por mí, porque mi rival significa la guerra”, y en medio de ese terror, chantaje y elecciones, parece que el salinismo regresará a Los Pinos, una formalidad, porque del poder económico y mediático nunca se fue. Los empresarios no son electos, son los grandes electores. La guerra está hecha para ellos. Y el absurdo es su responsabilidad. Parar el absurdo de la guerra no será su principal interés… a menos que los presionen las víctimas… todas, todos.

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