El nombre o número de la Bestia

Javier Hernández Alpízar
Es muy rico un libro y siempre al comentarlo simplificamos. Vemos algo de lo que nos resultó relevante y se nos pierden otras ramas que también merecen un recorrido, pero ni modo.
Esta vez son dos libros, breves, ricos, claros, y me parece que con hilo común. El que precisamente comentaremos.
Conseguido literalmente “de lance”, es decir, reciclado de alguien que tiraba libros por falta de espacio para novedades: El cristianismo de Marx, de José Porfirio Miranda, filósofo y teólogo, excelente divulgador de la filosofía, de los que pueden explicar las cosas claras sin hacerles perder demasiada profundidad. Doblemente herético desde el título.
Aborrecible para los marxistas del materialismo vulgar, polemiza especialmente contra el gazapo intelectual de su tiempo: Althusser.
Muestra con abundantes referencias a la obra del Marx “maduro” y del joven también, que Marx y Engels eran conscientes continuadores del cristianismo, claro, no de la iglesia de arriba, que se pliega a todos los intereses creados de cualquier poder mundano, sino a los cristianos que una y otra vez se rebelaron contra el poder para tratar de construir el reino de Dios en el más acá, sin propiedad privada, sin la idolatría del dinero: Mammon, Moloch, Baal, el Becerro de Oro.
Muestra que la tesis central de Marx en toda su obra: la crítica del capital por ser la inversión de valores: el dinero-mercancía-capital-valor dominando a su creador, el trabajador, el sujeto, la humanidad, la tomó Marx de un tal Cristo, quien también pidió a sus discípulos no servir a dos amos y dejar de creer en el dinero.
Obviamente, el autor de este libro (edición de autor, México, 1978) fue anatemizado por ambos bandos: los marxistas adoradores de “la estructura determina a la superestructura” y por los adoradores del más allá, mientras no tenga que dejar mis riquezas atesoradas en el más acá.
Interesante y aleccionador. Incluye frases citadas directamente de la Biblia o a veces parafraseadas por Marx y por Engels en documentos públicos y privados.
Marx cita el apocalipsis: “la acción social de todas las otras mercancías excluye a una determinada mercancía, en la que todas expresan su propio valor. Mediante ese acto la forma natural de esa mercancía se vuelve forma de equivalente socialmente verdadera. Ser equivalente general se le asigna a la mercancía segregada, mediante el proceso social, como su función social específica. Así es como ella se convierte en – dinero.
“Ellos se ponen de acuerdo y le dan su poder y su fuerza a la bestia. Y que nadie pueda comprar ni vender si no se tiene el sello o el nombre de la bestia o el número se su nombre”. (Apocalipsis). Citado por Miranda, pág. 211.
Como para que cristianos y marxistas ortodoxos rocíen con agua bendita y excomulguen a los tres, a Miranda, a Marx-Engels y a Cristo. Bueno, son cuatro.
Y luego, por azares de las lecturas desordenadas. Un libro de Joël Janiaud Simone Weil, la atención y la acción, editado por Jus. En el cual, el autor sigue el hilo conductor de esos dos conceptos: atención y acción, en los trabajos filosóficos de la mística francesa desde su matriz filosófica cartesiana y kantiana, a su crítica del marxismo –conoció, criticó y fue criticada por Trotsky–, del socialismo y especialmente el encuentro de una nueva idolatría.
Así como Marx denunció la idolatría del Capital, el dios dinero al cual se le sacrifican todos los días vidas y planeta, Simone Weil vio que la división del trabajo en intelectual y manual encumbraba a un nuevo tirano: el trabajador intelectual especializado, la burocracia. Con lo cual, el proceso de emancipación, de expropiar a los expropiadores, generaba una nueva tiranía, la de los administradores, los burócratas.
Ambas posturas siguen siendo válidas (curiosamente ambas se referían al ídolo con la imagen del Apocalipsis de San Juan: la Bestia), sobre todo en su posición negativa, la crítica, la destrucción de ilusiones.
Un pensamiento emancipador hoy tiene que ver cómo destruir el imperio del capital (el dinero, la mercancía, el valor) pero también cómo evitar que se regrese a la dictadura de los administradores, el comité central, la vanguardia burocrática. Además, justificada en la adoración de lo social, la sociedad, el pueblo en abstracto, al cual se sacrificaron los seres humanos de carne y hueso.
Para lo primero Marx propone que no sean privados los medios de producción y no se produzcan mercancías, sino que se atiendan las necesidades humanas. Para lo segundo, Simone Weil propone que no se divida a trabajadores manuales de trabajadores intelectuales. Le preguntó a Trotsky si había pisado una vez una fábrica, y supo que no. Ella trabajo en más de una.
Contra la idolatría del dinero y contra la idolatría y tiranía de la inteligentzia… Dos herencias hoy irrenunciables.

Anuncios

2 comentarios

  1. Anónimo said,

    1 septiembre, 2011 a 14:38 pm

    ta aburrido


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: