Instituciones creíbles y sociedad fuerte, en Veracruz son utopías

Foto Lobo Gris

Cambiar la seguridad pública por seguridad ciudadana
Gobierno que poco escucha, opaco y autoritario
Sociedad débil, frágil y fragmentada
Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad nos sacudió
Veracruz vive crisis financiera y en materia de seguridad

Es un gran reto cambiar el concepto de seguridad pública por uno de seguridad ciudadana, donde la finalidad es proteger derechos y libertades, con la participación ciudadana, porque el gobierno poco escucha, es opaco y autoritario, y la sociedad es débil, frágil y fragmentada, dijo un vocero del Colectivo por la Paz Región Xalapa.
Angel Pérez Silva del Movimiento Agrario Indígena Zapatista (MAIZ), la Red Cívica Veracruzana (RECIVE) y del Colectivo por la Paz Región Xalapa, leyó un documento con la posición del colectivo, al lado de Araceli González Saavedra, de Equifonía AC, y del presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, Luis González Plasencia, el 31 de octubre en el Centro Recreativo Xalapeño.
Para iniciar, el integrante de la RECIVE citó una metáfora náutica: “Somos como unos marineros que deben construir su nave en mar abierto. Podemos usar la madera de la vieja estructura para modificar el esqueleto y la cubierta de la embarcación, pero no podemos llevarla a pique para reconstruirla desde el principio. Este trabajo se mantiene sobre la vieja estructura y además luchamos contra violentas borrascas y olas de tempestad. Este es nuestro trabajo.” El texto es de la época de la segunda guerra mundial, pero lo citó porque considera que la imagen es vigente para la crisis de nuestros días.
Expresó que “los movimientos sociales que hoy existen son los profetas del presente, anuncian cambios posibles no en un futuro distante, sino en el presente de nuestras vidas, obligan al poder a mostrarse y dan una forma y un rostro diferentes, utilizan lenguajes políticos diferentes, utilizan las redes sociales y lo que dicen tiene un impacto muy fuerte en las clases políticas y también están transformando la realidad en sus países”.
En el contexto de manifestaciones en varios países, “México no debe ni puede más que dar la cara con esta furia de dolor, de indignación, por los más de cincuenta mil muertos, producto de una guerra mal habida. En ese sentido, el aporte del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad es que nos haya sacudido de este shock y este miedo autoimpuesto e impuesto. Algunos analistas en México plantean que se cerró el ciclo que se abrió en 1988, movimiento social y político que ganó espacios en todos los niveles, políticos, sociales, intelectuales, sexuales, y fue guiando la famosa transición a la democracia, aportando pluralidad al país, etcétera. Sin embargo, actualmente se habla precisamente de una regresión democrática, de la resistencia a la profundización de la misma. La vuelta en u dicen algunos, el descontento, el caos violento. Al punto que se despeja el espacio acciones no solamente anarquistas, sino también a la acción directa violenta, con la intención quizás más de destruir sin proponer un rumbo político y social claro.”
Este ciclo, dijo Angel Pérez Silva, “lo continuó después el EZ con su famoso grito de “¡Ya basta!” y su trabajo, que parcialmente fue escuchado. Y llegamos finalmente al otro grito, el “¡Estamos hasta la madre!”, de Javier Sicilia, que ha resultado una fuerte llamada de atención a los políticos, quienes siguen en su pugna de intereses y posiciones, enarbolando el lema de sálvese quien pueda.”
Es un reto “más profundo, de un planteamiento más ambicioso, y de una acción más contundente a lo que hemos hecho hasta ahora.” Se trata de “defender los derechos humanos de la primera generación como el derecho a la vida, y ahí están todos los miles de casos de mujeres y de hombres desaparecidos y asesinados. La libre expresión que ha sido disminuida, y la libertad de organizarse libremente”.
Tenemos “una clase política y empresarial que tratan a toda costa de manipular el ámbito electoral e impedir elecciones limpias y libres, por eso es justificable la desconfianza que provoca en muchos ciudadanos y ciudadanas la ruta electoral. Los partidos políticos no están a la altura de la realidad, sino al contrario: son parte del problema. Esta crisis política se suma a la permanente crisis económica que ha empobrecido aún más al país. Un efecto directo es la emigración, que se ha vuelto un éxodo de millones de mexicanas y mexicanos desde hace varios años, y ahora se encuentra otra válvula de escape en las filas del narco, como parte del ejército que alimenta los grupos de la delincuencia organizada, así llegamos al nivel más álgido de la guerra contra el gobierno mexicano al final del desastroso gobierno de Felipe Calderón.”
En ese marco, “Veracruz sigue siendo uno de los estados que aún no logra la alternancia en el poder. El PRI tiene 80 años o más gobernando, y muchas voces que dicen que el priismo no solamente es una entidad política sino una cultura política que invade todos los terrenos y ámbitos de la vida del estado.”
En la recta final del sexenio de Fidel Herrera, “la maquinaria priista avanzó”. Sin embargo, “la descomposición de la administración estatal fue tal que, en lo que va del año del gobierno de Javier Duarte, el estado entra en crisis en términos financieros y en materia de seguridad después del episodio de los cuerpos tirados en Boca del Río y la instalación del programa Veracruz Seguro como parte de una estrategia federal en la lucha contra la delincuencia organizada”.
En estos tiempos, “Veracruz es noticia a nivel internacional, el estado ya no es el mismo: está en una etapa de descomposición social como todo el país, con graves violaciones a derechos humanos: El caso de los twitteros es un ejemplo mundial. Los y las ciudadanas estamos en medio de una guerra y una disputa por las plazas de los grupos delincuenciales y hay poca participación y pocas propuestas para encontrar salidas pacíficas legales.”
En ese contexto “el recibimiento a la caravana al sur del 18 de septiembre fue, en términos ciudadanos, un despertar del shock: Decir “aquí estamos, vamos a luchar por un estado diferente, para que haya paz en Veracruz, y retomemos la vida festiva y generosa como lo hacen los y las veracruzanas.”
Nos encontramos “en medio de esta guerra que ha tenido cada vez más bajas, llamadas colaterales, por eso tenemos en Veracruz el reto de modificar del imaginario de las instituciones y la ciudadanía el anquilosado concepto de seguridad pública, que persigue a la seguridad como un fin en sí mismo, basado en el orden y el control social impuesto desde el poder público, (cambiarlo) por un concepto de seguridad ciudadana renovador e incluyente, que parta de la premisa de que la seguridad es un conducto social indispensable para el ejercicio de los derechos y libertades ciudadanas”.
El Colectivo por la Paz, explicó el integrante del mismo: “es una expresión de la unión de varios grupos, redes, personas, víctimas y familias afectadas, interesados en incidir públicamente en torno a la situación de inseguridad e injusticia que se vive en el estado.”
Es un “grupo heterogéneo, con prácticas y métodos diferentes, pero que está claro con la idea de caminar colectivamente, ya que solos no podremos enfrentar a este fenómeno que nos afecta a todos y a todas”.
El colectivo tiene, por el momento, dos ejes. “Por un lado, crear un grupo de apoyo de las víctimas, con especialistas, abogados, psicólogos, etcétera, y, por el otro, trabajar en la prevención del delito proponiendo acciones para incidir en las políticas públicas mediante la construcción de una agenda ciudadana en materia de seguridad y derechos.”
Como enseña la experiencia en la lucha contra el narco en otros países “como Colombia e Italia, no se puede avanzar en la lucha contra el narco, si no se tienen instituciones creíbles, y una sociedad civil fuerte y exigente, y esto todavía en Veracruz es una utopía”.
El colectivo lucha “por la democratización de la seguridad, que implica una relación distinta entre autoridad y ciudadanía. Basada en la reciprocidad y en el diálogo, para construir lazos de confianza y colaboración mutua en el diseño e implementación, ejecución y evaluación de las políticas gubernamentales”. Transformar la relación “requiere que, por otro lado, ciudadanos comprometidos e informados respecto al importante papel que desempeñan en el fortalecimiento de la seguridad ciudadana al fungir como agentes de cambio y contrapeso en las esferas de decisiones públicas y como promotores sociales en sus espacios y comunidades, para construir una visión compartida en la seguridad y en el espacio público.”
La ruta en Veracruz “no es sencilla, con un gobierno que poco escucha, que es opaco en sus acciones y que sigue siendo autoritario. Además de una sociedad civil débil, frágil y fragmentada: Tenemos un reto grande y complejo”.
Los resumió como: “Nos enfrentamos a problemas modernos para los cuales no tenemos todavía soluciones modernas”. Coincidimos con Adorno, citó: “La oscilación entre la banalidad y el horror en que vive el capitalismo se ha transformado hoy en una banalidad del horror, y la posibilidad del desastre comienza a ser evidente.”
Consideró que “si bien el enemigo a quien hay que combatir se ha vuelto difuso y no hay claridad, como se tenía en los setentas y ochentas, el capitalismo depredador nos ha dejado sin la capacidad, quizá, de indignarnos lo suficiente y de rebelarnos como deberíamos hacerlo. Nos han hecho creer que no hay salidas o que las salidas solamente son violentas. Sin embargo, si no ha nada hoy que nos guíe, por lo menos debemos luchar políticamente contra los pésimos, es decir, es más útil luchar contra lo pésimo que nos aplasta, en lugar de guardar una falsa esperanza de un óptimo que siempre se posterga para un futuro.”
En Veracruz, tenemos “una lista enorme de pésimos que debemos cambiar ya, antes de que nos inmovilice o destruya nuestra vida.”
“Debemos construir nuestra sociedad y el tipo de gobierno que necesitamos en medio de la descomposición en que vivimos”, tal como los marineros de la metáfora inicialmente citada, concluyó.

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