PAGANO

Jaime Montejo

23 de diciembre de 2011

 

 

          Los espíritus de la cordillera, lago, huracán y salitre, salen a nuestro encuentro, cuando invocamos su magnanimidad; mientras que las ánimas en pena de los ríos entubados en la ciudad, de la floresta arrasada por las minas a corazón abierto y de las chinampas rellenadas con tierra y chapopote, huyen despavoridas a nuestro paso. ¿Qué hacer entonces, cuando el mundo espiritual se encuentra dividido, entre espíritus del verde vivo y ánimas que la mano de nuestra especie, arrebató a la madre tierra? Se jodió la devoción,  todavía es insuficiente la oración, o la cadena de afectos decayó por falta de compromisos al amar a prójimos y extranjeros, a ciudadanos libres y a libertas, a siervas del santísimo y a migrantes esclavizadas al talón, por las mafias del poder, que administran sus temores, sembrando el terror, a toda la población.

 

          Espíritus del páramo,  el volcán, el humedal y el desierto, claman nuestra presencia en los recintos donde nuestros hermanos y hermanas pequeñas, luchan cada día para salir adelante, sin una sola pizca de realidad que aliente su esperanza, empantanada por adictos al dinero, que no dejan de enriquecerse a costillas de la muerte en vida de millones de seres humanos,  que hoy pueblan al planeta y desgarran su recinto, con el llanto que la muerte no borró del sendero caminado cada día, hacia la simiente misma que los dioses desdeñaron, al amanecer de cada nuevo día. Espíritus a perpetuidad, o sólo energías momentáneas que se desvanecen en el viento gélido del sueño. Espíritus, entidades o sólo sombras de la memoria, perdida entre ritos y canciones que no unen a nadie con el cosmos, o que el solio celestial no transforma en historia sagrada, porque la sangre nunca borrará.

 

          Entre los seres humanos, hombres y mujeres, nos encontramos con las ánimas del purgatorio, con las almas en pena y con seres que lograron la plenitud espiritual, de existir todos ellos, por supuesto, no sólo en nuestra imaginación. ¿A quién rezarle en estos momentos de dolor, cuando la sangre irrumpe como el agua que rompe con la presa que la encarcelaba? Ánimas del purgatorio, si es que existen y el lugar donde nos han dicho que se encuentran es real y no un montaje de teatro, hagan algo por nosotros y nosotras, que le hemos fallado a la humanidad, pero estamos dispuestos a enmendar nuestro proceder. Almas en pena, no nos amedrenten más con el cuchillo de los carniceros, que nos buscan para subastar cada trozo de nuestro cuerpo, en el mercado nacional de los decapitados. Espíritus de luz, si de verdad se encuentran entre nosotros, muéstrenos la salida y permitan que por un día más, podamos respirar en paz, así se trate de la calma previa al matadero.

 

          Si dios existe, ha de ser como las ondas hertzianas invadidas por un canto de amor desde medios libres como la radio Ñomndaa… Ha de ser como la región de la Montaña y Costa Chica de Guerrero y su sistema comunitario de seguridad en medio de la inmensidad del aire, la estepa y el agua,… Ha de ser como la Selva Lacandona de Chiapas y sus municipios autónomos zapatistas… Ha de ser como el barrio de la Huaca inquilinaria en Veracruz y sus prostitutas en huelga contra el casero… Ha de ser como la Costa Chica de las negritudes oaxaqueñas… Ha de ser como las playas de Xayacalan en Michoacán y su guardia comunitaria… Ha de ser como las fosas clandestinas de San Fernando, Tamaulipas y los sueños de los caminantes, hombres y mujeres, enterrados en ellas sin ninguna devoción… Ha de ser como el borde occidental wixárika de la sierra de Real de Catorce  -Ciudad fantasma- de San Luis  Potosí… Ha de ser  como las esquinas de Tlalpan y Circunvalación y sus trabajadoras sexuales olvidadas… Ha de ser como la iglesita de Acteal donde se perpetró la infamia el 22 de diciembre de 1997 Ha de ser como Juchitán de los muxhes y su homosexualidad… Ha de ser como la Isla El Presidio en Mezcala, Jalisco y su resistencia ancestral que nunca se rindió… Ha de ser como el paraje ensangrentado de San Juan Copala, Oaxaca y su municipio autónomo clamando justicia desde la eternidad… Ha de ser como el Campo Algodonero de Ciudad Juárez y el recuerdo perenne de las mujeres asesinadas en este lugar que todavía claman justicia y nadie parece escuchar… Ha de ser como las pirámides del Sol y la Luna en Teotihuacan, estado de México… Ha de ser como la palabra empeñada por los guerreros mayas del amanecer del año nuevo de 1994, que sigue retumbando en las simientes del santuario vedado… Ha de ser como los objetos sagrados de nuestros pueblos originarios, como sus cuevas, aguadales, cementerios, armamento, territorio, estandartes, plantas como el maíz y frutos como el peyote, animales como las águilas, colibríes y ciervos, así como ancestros que se pierden en el velo de los tiempos… Si es verdad que existe la deidad, si así fuera, qué hermoso sería… entonces debería ser tan grande como el universo que habitamos e intangible como nuestra soledad, en momentos donde nos habitan el aliento último de los fusilados y desaparecidos, que no pudieron ser enterrados, como el rito de su gente, manda hacerlo.

 

          Si dios existe, si es que existe de verdad y no es la delirante visión de una borrachera interminable, qué estará esperando, ante tanto asesinato y muerte contratada, en un cafetín, putero, burdel o table dance, regenteado por matones con placa que en la noche rezan a su creador, pidiéndole que los proteja de la adversidad. Si es que existe, si dios existe y no sólo se trata de una creación humana ante el temor a lo desconocido, no se deja oír por esquizoides con mente clara, como el agua del río que baja de la serranía sin que la mano del hombre o sus heces fecales, las haya tocado antes de llegar al poblado más cercano. Si existe en realidad y no tan sólo es el caso de la bruma misteriosa, que nuestros antepasados entregaron a toda su heredad, no se deja ver en estos momentos, en los que la soberbia y los sueños etílicos de Poncio Pilatos, tratan de arrasar con nuestra juventud y sus ángeles de la guarda. ¿Será que está esperando a que nos matemos entre todos, para perdonar a sus allegados, en el juicio final? Y ese juicio, ¿Cuándo llegará si es que va a llegar algún día? ¿O es que acaso nos encontramos en el banquillo de los acusados y nadie se ha dado por enterado? Si es así, aleluya al dios de nuestros antepasados, y a todas las deidades que inspiraban el diario acontecer de nuestros pueblos originarios. Aleluya a los riachuelos que bajan de la cordillera, a las piedras del camino, al ventarrón invernal del solsticio de invierno que nos abraza en este día, a las humaredas de don Goyo… Aleluya al solio celestial que descansa en una caverna, al lazo misterioso llamado oración con el que comunidades enteras de creyentes invocan al altísimo y al cetro de la santa muerte, que nos espera sigilosa a la vuelta de la esquina.

 

          Espíritus de la cordillera, lago, huracán y salitre… Espíritus del páramo,  el volcán, el humedal y el desierto… Ánimas del purgatorio, almas en pena y seres de luz… Ondas hertzianas, cordillera, selva, vecindad, negritud, lamentos inaudibles, ciudad sueño y ensoñación, sexo ofrendado a san Miguel, resistencia inmortal, territorio mancillado, campo ensangrentado, ofrendas para los astros del día y de la noche, verbo armado en la noche de los tiempos… Seres espirituales encarnados en nuestra cotidianidad, no pasen de largo en estos momentos, no nos dejen en las manos del conquistador, no permitan que la vida de los más pequeños, hombres y mujeres, siga cotizando en la bolsa de valores, no dejes que los purpurados y las otras sectas del capital empresarial, ahoguen nuestras súplicas y nos cobren a la mala, el diezmo por nuestra incredulidad. Seres de la nada y la totalidad, seres del camino errante, escuchen nuestras súplicas y lamentos… Atiendan nuestro aliento, antes de consumirse los próximos crímenes de odio en el territorio nacional, donde confluyen las rutas de la amapola, la cannabis y la cocaína, con los senderos del migrantes sacrificado, con los puntos de encuentro de las trabajadoras sexuales victimadas en esta guerra interminable y con el paso del armamento que el imperio invierte en contra de la humanidad.

 

          Espíritus de la geografía, entes del largo camino avanzado y del aire que nos mece al pie de las tumbas omnipotentes de dios, tráenos en este solsticio de invierno, sino la paz implorada, al menos el silencio omnipresente de dios y no el bullicio de las almas en pena, que el odio omnisciente enterró, en lo más profundo del corazón. Espíritus de la guerra y la paz asesinada, no se olviden de estos deudos que no dejan de llorar, a quienes con escarnio también descansan los poderosos, por siempre jamás. Espíritus de la lejanía, del amor maternal y del pueblo trabajador, cubran el rastro de nuestros muertos, de los últimos muertos que permitimos.

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