El año que desapareció Veracruz

Foto tomada de Plumas Libres

Babel
El año que desapareció Veracruz
Javier Hernández Alpízar
Si la metonimia permite frases como el título de la canción “La noche que murió Chicago”, podemos decir que 2011 fue el año que desapareció Veracruz.
Nunca el estado ha sido más visible. De anécdota: Al inicio del actual sexenio el corresponsal de un medio nacional se quejaba de que al menos Fidel Herrera daba nota nacional, pero el actual gobernador no lo hacía. Ahora, protagoniza las primeras planas o al menos notas destacadas en Proceso, Reforma, Excélsior, El Universal, en Imagen Informativa, en el noticiero de MVS conducido por Carmen Aristegui y sobre todo en la enorme relevancia de lo que pasa en Veracruz posteado en internet, en portales como Plumas Libres, Notiver, y en otros más underground, y ampliamente circulado en las redes sociales (a pesar de que, según expertas, en México el Facebook está dominado por el PRI y el twitter por el PAN).
Veracruz es uno de los centros de atención en un país gore, donde resulta difícil competir con la violencia y la muerte en lugares como Guerrero, Tamaulipas, Michoacán, Chihuahua, Chiapas, Oaxaca, etcétera… Veracruz, en la nota roja, sigue adelante.
Es tan grave lo que pasa en el estado que no lo pueden opacar los gobiernos represivos del PRI en varios estados, el analfabetismo funcional de Peña Nieto, la corrupción de Moreira, el desgobierno y la corrupción en el Estado de México, en Coahuila, los paramilitares que actúan impunemente en estados gobernados por el PRD como Michoacán, Guerrero y Chiapas (donde no son los chuchos, sino protegidos del amloísmo…)
Ojalá Veracruz no estuviera en la nota nacional hoy. Ojalá no fuera, como Reporteros sin Fronteras lo ha clasificado, uno de los diez lugares más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Ojalá no fuera un expediente abierto en prácticamente todos los frentes, pendientes y tareas inconclusas, como los otros estados mencionados.
Y la fórmula autoexculpatoria que los defensores de oficio de los gobiernos priistas de Veracruz usan es simplemente inverosímil. Pues no es creíble que se trata de “un problema de la federación”, de “agentes externos” que no son de ese estado, que en Veracruz la libertad de expresión es respetada, etcétera. Es también lo que en cada estado dicen de sí mismos los gobiernos del PRD como en Chiapas y Guerrero, del PRI como en el Estado de México, del PAN, como el discurso cada vez más hueco, carente de vínculos con la realidad, autista y a la defensiva, de Felipe Calderón.
Debemos reconocer que Veracruz no desentona en el contexto nacional que calificó de “emergencia” el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, cuya caravana al sur pasó los más graves acosos en el sur de Veracruz, solamente superados por la posterior agresión al Movimiento por la Paz en Santa María Ostula, Michoacán.
Y aquí, como en el resto del país la gran ausente es la sociedad. La pasividad, el conformismo, la complicidad apática de grandes mayorías, son lo que nos lleva a la metonimia del título: Veracruz desapareció.
Así como cantaba Rubén Blades: “Te estoy buscando América, y temo no encontrarte”, deberíamos buscar a Veracruz, encontrar y tratar de revivir “su torturado cuerpo”.
En 2012 las elecciones en todo el país ocurrirán en el peor de los escenarios: la guerra, la militarización y paramilitarización del país. Todos los votos (hablando de lo cualitativo no de lo cuantitativo) serán votos del miedo.
El miedo inducido por el calderonismo y el panismo que promete “seguridad” o al menos un calmante al miedo con más droga: es decir, la droga de la violencia, la fantasía del castigo, el delirio del estado policiaco militar.
El miedo convertido ahora en mojigatería amloísta, el discurso de predicador y rezanderos (“AMLO te ama”), la autoexculpación de “Yo no voté por el espurio” y “Estaríamos mejor con López Obrador” que olvida que en ningún lugar donde gobiernan los cuadros de AMLO han defendido al país (privatizaron y extranjerizaron las playas en Baja California Sur, asumieron como propia la guerra contrainsurgente en Chiapas, administraron eficientemente el neoliberalismo, con cuadros y empresarios salinistas, el DF. Uno de los candidatos a suceder a Ebrard, me parece que Navarrete tiene el slogan: “Vamos juntas”. Si es tan feminista, ¿por qué no declina su aspiración en favor de una mujer?.
Y el miedo que va a la delantera: El miedo que ha generado una especie de síndrome de Estocolmo y apuesta al regreso de Carlos Salinas con la figura de Peña Nieto. Algo así como el paralelismo: Con Salinas el crimen organizado no generaba violencia en las calles, con Peña Nieto volverá la “paz social”.
Todos serán los votos del miedo. Racionalizado de diferentes maneras. Corrompido por diferentes formas de corporativismo y neocorporativismo. La mano negra de las televisoras, de Elba Esther y sus cuadros, de todo tipo de mafias, en sentido figurado y no figurado, de las catacumbas de la ultraderecha católica (y la evangélica), la principal mercancía que nos venden ahora es un mal sucedáneo de la paz: La paz sin criticar la militarización (el ejército es dogma, tabú para todos los candidatos). La “paz” sin pensar en las víctimas: más de 60 mil, sin contar a los migrantes centroamericanos cuyas cifras ignoramos, miles de desaparecidos, desplazados, y muchísimos millones más de solitarios buscando un “secuestrador bueno”, uno que golpee menos, aunque sea corrupto, ya se dan de santos si es “un poco menos corrupto”. René Bejarano va en la lista de plurinominales a diputados por el DF; claro no pedirá el voto, nomás sacará rédito de los servicios prestados.
Después de todo, el título se queda corto. No hay que buscar solamente el torturado cuerpo de un desaparecido Veracruz. Hay que buscar a México. Pegar sus fotos y sus datos generales, por todas partes.
Pero probablemente nadie lo verá. Porque los candidatos ahora ocupan toda la pantalla. La misma pantomima con matices de grotesco, para que los expertos en análisis se regodeen en matices y claroscuros: ¿Por cuál Juanito vota usted? Todos ofertan la “paz”, con métodos y con tabúes e intocables muy parecidos.
Desde luego, como quizá solamente el Movimiento por la Paz ha expresado: No hay en México inocentes. Todos somos responsables (desde luego que no es la misma responsabilidad la de Calderón que la de un ciudadano común, es muy diferente). No basta con decir “Yo no voté por el espurio” o “Yo voté por el menos malo”, ni siquiera “Yo no voté”. Como expresó Javier Sicilia en uno de sus primeros discursos posteriores al “Estamos hasta la madre”: ¿Dónde estábamos todos nosotros?
Es la hora de aparecer, para Veracruz y para todo el país. Si alguien los ve… avise.

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