Alternativas al fundamentalismo de las urnas

Babel
Alternativas al fundamentalismo de las urnas
Javier Hernández Alpízar
En más de un sentido, la realización del seminario “Planeta Tierra, Movimientos Antisistémicos”, durante los últimos días de diciembre de 2011 y los primeros de enero de 2012, es una continuación del proyecto que no creció ni se hizo masivo, pero sigue latente alrededor del EZLN, la Otra Campaña.
Los zapatistas, según discretos reportes de medios, reporteros y corresponsales, desde Chiapas, realizaron sus ceremonias y festejos en Oventik. Paralelamente, delegados de diversos movimientos antisistémicos de diferentes partes del mundo y académicos se reunieron la Universidad de la Tierra, en San Cristóbal de las Casas, y reflexionaron sobre la crisis que vive el país, el planeta, y sobre los movimientos que nacen entre las grietas de un sistema capitalista mundial que no acaba de derrumbarse, pero tampoco parece tener la entereza para rehacerse.
Nuevamente, mientras las campañas políticas electorales siguen la ley de los medios, especialmente de las televisoras, y bajan sus campañas a los niveles del marketing, del chisme, del sucedido, de manera que un cronista a la altura (la bajura) de sus niveles tendría que ser un autor de folletines rosas como el personaje boliviano en la novela de Vargas Llosa La tía Julia y el escribidor, por su parte, con discreción propia y sobre todo ayudada por un cerco mediático minucioso y riguroso hacia el zapatismo (solamente contradicho por chismes de farándula, lo único a la altura de sus candidatos y campañas que cortejan a Televisa), los simpatizantes del zapatismo han planteado reflexiones serias.
Reflexionar sobre el, y con el, zapatismo es hoy una apuesta contra el glamour, una vocación para apartarse del mainstream (antes lo llamábamos nomenklatura o intelectuales orgánicos) y entrar en una marginalidad honda, amplia, y reforzada.
Además, es reflexionar entre un auditorio crítico y hasta hipercrítico, y atreverse a plantear conceptos contra la corriente hegemónica, que se quiere pensamiento único, y es bastante unidimensional, la corriente que fetichiza la credencial de elector como la única forma de participación política, civil, pacífica, legal, legítima y hasta como la única existente.
Contra ese consenso que arracima a los propagandistas de todos los candidatos, partidos, coaliciones y “movimientos ciudadanos”, algunos panelistas, ponentes, conferencistas, y activistas, en el Seminario Planeta Tierra, dijeron, citamos los textos que tenemos a la mano, otros están en audio y video, cosas como las que siguen.
Paulina Fernández dijo: “La llamada democracia representativa se ha convertido en pieza fundamental de la ideología dominante. Como pocas veces en la historia de México se repite que los partidos políticos son indispensables y consubstanciales a una democracia; que los procesos electorales son la mejor oportunidad que tienen los ciudadanos para participar en política; que las elecciones son el único medio válido para cambiar el estado de cosas; y que por todo ello, hay que destinar miles de millones de pesos para financiar precampañas, campañas, precandidatos, candidatos, y actividades ordinarias de los partidos políticos registrados, pues la democracia cuesta mucho –dicen- y vale más. Sólo para tener una idea, basta decir que en días pasados el Consejo General del Instituto Federal Electoral aprobó un presupuesto de 5 mil 344 millones 875 mil pesos para los gastos de los partidos políticos en el año 2012.”
Este elefante blanco lo contrasta con la política en los municipios autónomos rebeldes zapatistas: “Lo ejemplar, lo que me impresionó profunda y muy positivamente, es que los compas, todos, le entran a todos los trabajos. El Compa Jolil fue el que más me sorprendió: era una autoridad municipal autónoma, la cabeza del Consejo, había salido de su casa muy limpio, vestido muy propio, con su camisa de manga larga, como quien va a su oficina sabiendo que va a tratar con mucha gente, asumiéndose como autoridad respetable, y de repente lo veo transformado, arremangado, cargando horcones, uno tras otro, acalorado, sudando bajo el sombrero. Así también, el compa que conducía la camioneta, esa misma mañana había interrumpido su marcha hacia la milpa a donde se dirigía a trabajar con sus hijos, cuando le avisaron que se necesitaba la madera. Este mismo compa era a la vez promotor de salud, que en todas las comunidades es un cargo de vital importancia, que supone una preparación especial y mucha disposición de servicio. En esos instantes me fue inevitable tratar de imaginar a un presidente municipal oficial, de cualquier partido político, haciendo lo mismo, humildemente, como compañero, solidario, ¡no, imposible! Cuando veía a estos compas cargando los horcones, pensaba que cualquier senador, diputado federal o local, o incluso cualquier líder campesino institucional, hubiera dado órdenes a sus ayudantes, secretarios o guaruras para que hicieran el trabajo físico, de carga pesada, que supone ensuciarse, astillarse las manos, sudar, sudar, sudar y cansarse; ellos, funcionarios públicos y políticos del sistema nunca hubieran hecho tal esfuerzo físico, hubieran dicho que ese no es su trabajo, que a ellos no les pagan para ser cargadores.” http://radiozapatista.org/?p=4996
Por otra parte, Javier Sicilia hace una analogía entre movimientos como el zapatista, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y otros movimientos antisistémicos, y los padres del desierto, que en plena decadencia del Imperio Romano se fueron al desierto para vivir en una especie de comunismo basado en el Evangelio, pero sobre todo guardaron, digamos así, los relictos de humanidad que permitieron a Europa re-civilizarse después de que los “bárbaros” derribaron el tronco podrido que era ya el Imperio Romano. Hoy la situación se parece. “Ninguno de estos movimientos reformará al Estado ni al capital que está en el centro del malestar. Son, como digo, en analogía con los cristianos que partieron a los desiertos de Siria y Egipto, formas nuevas que, al mirarse en la tradición, emergen de las grietas de las instituciones modernas como preludio de lo que se gesta en medio de este nuevo desastre histórico. En esas condiciones no es posible saber, como tampoco lo sabían los Padres del Desierto, lo que estos movimientos aportarán al desmoronamiento para rehacer y preservar el mundo. Lo que, sin embargo, sabemos es que podemos mantenernos juntos, en un profundo diálogo, en un profundo apoyo y profundizando lo nuevo que emerge de nosotros al margen del Estado y de la economía, como formas pedagógicas de lo que el Estado y el capital han negado y se obstinan en continuar negando a pesar del desastre. No es otra cosa lo que esos Padres del Desierto hicieron mientras el imperio terminaba de desmoronarse. No es otra cosa tampoco lo que en el fondo, en las márgenes que a veces toman el centro, hacemos al expresar una vida de proporción, es decir, humana. Nuestras diversas formas de caminar, nuestras distintas maneras de organizarnos y de decir deben ser una invitación a los otros a reflexionar sobre lo que conviene hacer en determinado sitio y en determinadas circunstancias teniendo siempre en mente el bien como virtud y no como valor.” http://radiozapatista.org/?p=5001
Otro texto, más largo y centrado en el horror que vive hoy México, es el de Gustavo Esteva, Pensar desde el abismo (http://radiozapatista.org/?p=4993 ) que desde su inicio se arroja en el abismo que es hoy la realidad: “No estamos al borde del abismo. Ya caímos en él. Estamos en caída libre por un abismo que parece realmente insondable. No se le ve el fondo.
No somos un “estado fallido”, una categoría mal intencionada e inasible que hace unos años empleó el Departamento de Estado de Estados Unidos al clasificarnos junto a Congo y Pakistán. Pero ya no se sabe bien lo que somos. El país que teníamos se ha estado cayendo a pedazos y ni siquiera sabemos adónde van quedando algunos de ellos.”
El espectáculo de las elecciones y sus campañas subordinadas a las reglas de las grandes corporaciones, especialmente las televisoras, es descrito con crudeza como un dogma, una ilusión y hasta un nuevo fundamentalismo: “Tengo la impresión de que la más grave de las drogas paralizantes que se distribuyen entre nosotros se llama ilusión democrática. Se le consume de manera masiva, a la vista de todos, hasta que se produce una profunda intoxicación colectiva.
“Uno entiende –con don Antonio Machado- que los argumentos nunca desbancarán a las creencias; y la creencia en la democracia se muestra especialmente resistente a ellos. Pero que esa creencia sea también impermeable a la experiencia reiterada parece señalarla como una creencia formidablemente acorazada” (Emmanuel Lizcano, Diagonal Web, 28/11/11).
“Pero no sólo estamos ante una creencia: se trata ya de una forma de fundamentalismo.”
A pesar de ese diagnóstico sombrío y sin concesiones a los creyentes de la fe en las urnas, lo que propone es enfrentar el horror, entre todos:
“Desde el vientre de una sociedad destrozada, bajo amenazas insoportables, está naciendo ya la nueva. Nace para evitar el horror que nos acosa y agobia y para contener los males en curso. Nace también para iniciar un nuevo camino de transformación y regeneración.
“Declarar la emergencia nacional, desde nosotros mismos, le dará visibilidad y dinamismo a esa nueva sociedad, hará posible concertar el empeño y así podremos ponernos en marcha con la urgencia que hace falta.”
Contrario a la cantaleta de que criticar el fundamentalismo de las urnas desmoviliza, lo que Gustavo Esteva propone es asumir la situación y movilizarse: “Necesitamos declarar nosotros mismos la emergencia nacional y concertar la acción consiguiente.”

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