Carrizalillo: oro por cuentas de vidrio

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MARLÉN CASTRO Y ROGELIO AGUSTÍN (Proceso)

A la comunidad guerrerense de El Carrizalillo le cayó la maldición del oro en la figura de la megaempresa Goldcorp, que practica un tipo de minería, la superficial, devastadora para el medio ambiente y para la salud. Desde 2007 renta miles de hectáreas a los carrizalillenses para explotar el yacimiento Los Filos-El Bermejal. Los comuneros saben que sus predios quedarán inservibles y proliferarán las enfermedades –la mayoría letales– entre su población, pero cierran los ojos y se conforman con la bicoca que cada año les entrega la trasnacional. El reportaje que aquí se publica sobre la tragedia de El Carrizalillo es el tercero y último de la serie de trabajos ganadores del Premio Internacional de Periodismo, convocado por Proceso con motivo de su 35 aniversario.
CHILPANCINGO, GRO.- Dejó de comer. Sólo quería dormir. A Sofía Figueroa Peña, exafanadora del consorcio minero Goldcorp, lo poco que le quedaba de vida se le agotó en dos días de vómitos y convulsiones. Alrededor de las 22:00 horas del 4 de diciembre de 2010 murió en una clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Acapulco.
Apenas tenía 35 años.
“Como por el 20 de noviembre me di cuenta de que se le quitó el apetito… seguramente fue desde antes pero hasta esa fecha yo no lo supe porque ese día tuvo descanso y la vi; casi nunca la veía, siempre estaba trabajando. La vi mal y le dije: ‘Atiéndete, hija’, pero ella me dijo que estaba cansada, que lo que tenía se le quitaba durmiendo. Todos los días llegaba a dormirse”, dice doña Esther, mamá de Sofía.
Esther Peña Barrios se limpia las lágrimas con la mano; luego uno de los muchos nietos huérfanos que hay en su casa en el ejido de Carrizalillo, del municipio guerrerense Eduardo Neri, le alcanza el chal que al parecer es su paño.
“Me siento culpable porque no es posible que no me haya dado cuenta, que nadie de los que vivimos aquí nos hayamos dado cuenta de lo mal que estaba mi hija, de que ya no comía nada. Pero cómo lo íbamos a saber si ni la veíamos. Llegaba como a las ocho de la noche y ni nos venía a ver, llegaba a dormirse y así hasta el otro día, que se iba a trabajar”, cuenta doña Esther.
Sofía quería salir de Carrizalillo. Decía que trabajaba mucho para tener suficiente dinero y comprar una casa en otro lugar, tal como piensan las cerca de 100 familias del pueblo desde que aceptaron rentar sus tierras a Goldcorp, “el mayor productor de oro y de más bajo costo”, como anuncia en su sitio en internet la compañía canadiense con sede en Vancouver.
Por eso de afanadora pasó a responsable de manejar el equipo de absorción atómica del laboratorio –labor que requiere un perfil profesional muy específico– y decidió cubrir dos turnos: de 7:00 a 15:00 y de 15:00 a 19:00 horas.
Aunque hacía un trabajo de alta calificación –analizaba y determinaba la concentración de los metales en las muestras de los bancos de mineral, es decir que determinaba cuántos miligramos de oro podrían encontrarse en cada tonelada de tierra removida, para lo que debía manipular cianuro y otras sustancias tóxicas– sus estudios máximos de primero de secundaria sólo le permitían ganar mil 800 pesos a la semana.
Para conocer y dominar el proceso de análisis de concentración del oro Sofía sacrificó durante meses los pocos ratos de descanso y convivencia con sus hijos, pues cubría su jornada como afanadora y luego se quedaba otro turno para recibir capacitación en el laboratorio.
“Mi hija falleció por los químicos que respiraba. Cuando por fin fue a hacerse unos análisis –dos días antes de morir– le dijeron que sus pulmones estaban deshechos, que pronto iba a comenzar a vomitar sangre. Así como estaba de mal todavía fue a la planta a pedir permiso para atenderse porque si no, la iban a correr.”

La devastadora minería
En Carrizalillo los ejidatarios no sólo le rentaron las tierras a Goldcorp. También la conciencia.
Desde 2009, cuando negociaron con la trasnacional un convenio supuestamente ventajoso sobre la renta de sus tierras, lo único importante para ellos ha sido el precio internacional de la onza de oro. El resto, como los síntomas de las enfermedades relacionadas con las minas a cielo abierto, el impacto ambiental, la posibilidad de contaminación de los acuíferos o de un accidente con las toneladas de cianuro que se usan a diario, el riesgo de agotar las reservas de agua o las muertes de Sofía y de Fidencio –su medio hermano–, parece no importar.
En Los Filos-El Bermejal, primer yacimiento de oro a cielo abierto en Guerrero, los efectos nocivos de la actividad de Goldcorp –desconocidos al principio– son voluntariamente ignorados por los principales afectados.
“En términos ambientales y sociales ninguna actividad industrial es más devastadora que la minería superficial”, se lee en el documento Minería a cielo abierto y sus impactos ambientales, elaborado por la Asociación Interamericana de Defensa del Ambiente y consultado en internet.
Pero en Guerrero el fenómeno es nuevo y no hay ninguna organización que vigile las operaciones de la minera.
Una megamina –el caso de Los Filos– usa nueve toneladas de explosivos cada día. También utiliza a diario 10 toneladas de cianuro, sustancia de la que una porción del tamaño de un grano de arroz es suficiente para matar a una persona, de acuerdo con la ONG argentina Conciencia Solidaria, que se opone a este tipo de minería.
Cuando una mina se agota y cesa sus operaciones deja ríos, arroyos y acuíferos contaminados con cianuro… y una población enferma de muerte. La capacidad productiva de las tierras tarda 100 años o más en recuperarse.
Pero aquí las autoridades dicen que todo está bien, que Goldcorp es una empresa sustentable.
El delegado en Guerrero de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), Joel Tacuba García responde a los reporteros vía telefónica, única manera de contactarlo luego de varias semanas de insistir en una reunión con él.
“En tres años no ha habido ninguna denuncia de las comunidades. Lo que quiere decir que Goldcorp está cumpliendo. Desde hace seis años se certificó como industria limpia y cada dos años se ha evaluado y mantiene esa categoría. Nosotros cada dos meses verificamos que lo que reporta sea real. La última visita fue hace 15 días, más o menos. No sé exactamente la fecha, como no es un foco rojo no tengo en la mente cada uno de los detalles”.
–¿La ciudadanía puede estar tranquila respecto a las operaciones en Los Filos?
–Certeza absoluta. La empresa ha cumplido en todo. Garantiza manejo de residuos sólidos, de emisiones al medio ambiente, de manejo del agua, de medidas de contención, como la reforestación, de acuerdo con los parámetros establecidos.
–¿Qué hay del agua con cianuro que es utilizada para separar el oro?, ¿a dónde se va?
–Se deposita en las presas de jale. El agua, como bien sabes, tiende a irse al subsuelo o evaporarse.
–Si esa agua se filtra al subsuelo, entonces ¿tiende a contaminar los mantos freáticos?
–No. Tiene un tratamiento previo.
–¿La Profepa garantiza que esa agua ya no tiene cianuro cuando la absorbe el subsuelo?
–No podría precisar si lleva cianuro o no. Se supone que no. El proceso fue avalado por la Semarnat.

“A enfrentar lo que venga”

“No nos podemos espantar de lo que pasa. Cuando rentamos nuestras tierras todos sabíamos de las consecuencias. Estuvimos conscientes de que se iba a usar cianuro y lo que eso significa, por eso estamos dispuestos a enfrentar lo que venga”, asegura Crisóforo Guzmán Montiel, líder campesino que nunca se quita los lentes Ray-Ban.
Descansa plácidamente en su casa. Ya no tiene que preocuparse por ganarse la vida, por lo menos mientras dure la extracción de oro o el precio del metal siga por las nubes. En 2007 Guzmán encabezó un movimiento contra Goldcorp para conseguir un mejor pago por la renta de las tierras.
La asamblea permanente de ejidatarios lo nombró comisario ejidal legítimo cuando el legal, Fidencio López Peña (medio hermano de Sofía Figueroa Peña y quien murió en 2009 de cáncer en la cara), se negó a luchar en contra de la corporación canadiense.
La casa de Guzmán, a diferencia de las de sus vecinos, está exactamente como antes del movimiento. Pero la flamante Cheyenne en el espacio que hace de cochera habla de la bonanza de su familia.
“Compré en la capital, allá estoy haciendo mi casa. Todos sabemos que vamos a terminar saliéndonos de aquí. Creo que nadie tiene problemas con eso, siempre y cuando les paguen bien”, afirma.
Goldcorp tiene planes de remover también el cerro sobre el que se asienta el pueblo.
Como Guzmán, todos los ejidatarios que encabezaron el bloqueo a Goldcorp y la mesa ejidal que se conformó a raíz del movimiento, disfrutan de varios beneficios, igual que los ejidatarios que los apoyaron.
Anualmente cada uno de los 176 ejidatarios inscritos en el padrón recibe la parte proporcional por la renta de las mil 500 hectáreas de uso común –2.6 onzas por hectárea– y todos alquilan además sus parcelas individuales. Algunos sólo tres, otros hasta nueve. En conjunto son 150 hectáreas más.
Y ya no siembran.
Los pagos se hacen en abril. En ese mes de 2011 la onza de oro alcanzó el precio récord de mil 600 dólares y la hectárea se cotizó en 55 mil 744 pesos. Cada ejidatario recibió 108 mil pesos por las tierras de uso común, además de lo que les dejan las parcelas individuales. Algunos sólo tienen tres, lo que equivale a 167 mil pesos, pero otros hasta nueve, por lo que habrían ganado alrededor de medio millón de pesos.
En una población que antes tenía apenas lo indispensable para subsistir, tales cantidades se antojan exorbitantes.
“Todos nos hemos beneficiado, para que más que la verdad. Y lo logramos por el plantón. Todo se distribuyó de acuerdo con las necesidades de nosotros y a nuestras ganas de trabajar”, sostiene Valeriano Celso Solís, expresidente del Consejo de Vigilancia del comisariado ejidal legítimo. Detalla todos los favores de Goldcorp, de los que excluyeron a los ejidatarios que seguían a Fidencio López Peña.
La minera otorgó concesiones para nueve combis, dos microbuses, un autobús, cuatro pipas y cinco camiones Thorton. Con cada una de las combis los concesionarios pueden ganar hasta mil 159 pesos por turno y algunos trabajan doble jornada, por lo que llegan a recibir más de 13 mil pesos a la semana.
A Julio Peña Celso, otro líder que destacó en el movimiento, la mesa ejidal le aprobó dos concesiones: una para microbús y otra para un Thorton; a Guzmán Montiel, una concesión de Thorton. A Celso Solís, una para combi. A Onofre Peña Celso, quien fungía como comisario municipal durante el movimiento contra la minera, una para una pipa.
Por eso en Carrizalillo es común encontrar a los ejidatarios sin hacer nada.

Orografía desbastada

Al fondo del corrugado relieve cerca de Mezcala, a la derecha de la carretera México-Acapulco, una cadena de cerros amputados rompe el paisaje de vegetación semidesértica. Es el yacimiento de oro, plata, cobre y zinc Los Filos-El Bermejal.
Es mayo. No hay superlativo para describir tanto calor. Lo que marca el termómetro quizá ayude: 42 grados centígrados. El sudor escurre a chorros, imparable. El aire que entra por las ventanillas del auto no proporciona ningún alivio, quema.
De la capital guerrerense a Mezcala hay 50 kilómetros. Para subir a Los Filos y después a Carrizalillo, otros 27. Tras el pueblo de Mezcala, de unos 3 mil 800 habitantes, la carretera serpentea cuesta arriba, entre las montañas de la Sierra Madre del Sur.
Luego de unos 20 kilómetros en ascenso, del lado derecho está Los Filos, un cerro prácticamente tasajeado hasta la base. Cinco kilómetros más adelante, ahora del lado izquierdo, aparece El Bermejal, recortado casi a la mitad de los mil 820 metros de altura que tenía.
Un poco más allá, del lado derecho, está lo que se llama patio de lixiviación: una extensión de aproximadamente 400 hectáreas donde, revueltas con el oro, hay alrededor de 6 millones de toneladas de tierra y rocas trituradas –según el último reporte trimestral de Goldcorp a sus socios– que se riegan con una solución de agua, sal y cianuro para separar el metal precioso.
Al caer la tarde, del patio de lixiviación se levanta una nube de polvo que los vientos arrastran precisamente a Carrizalillo, un par de kilómetros más adelante.
El calor y el polvo hacen irrespirable la atmósfera para los visitantes, pero la población local parece no estar afectada, aunque ya se manifiestan los ojos enrojecidos, irritados, secos, primer síntoma visible de la contaminación que generan las minas a cielo abierto.
Cuando en Carrizalillo los cerros aún tenían crestas y estaban verdes, las familias de esta comunidad veían con recelo “a los ingenieros de la compañía” –a la mayoría de los lugareños se les dificulta pronunciar la ñ–, unos tipos altos y güeros que iban y venían en unas camionetas que ellos, los carrizalillenses, sólo manejaban en sus sueños. Ahora tienen hasta dos por familia, por lo que en las calles terregosas y estrechas abundan las Nitro, Cheyenne o Lobo recién salidas de la agencia.
“Nos tratan con desprecio, nos contestan mal cuando nos dirigimos a ellos, siempre nos hablan golpeado; eso no es justo, nosotros somos los dueños de estas tierras, tienen que vernos con respeto”, dijo Julio Peña Celso –líder juvenil del Movimiento en Defensa de las Tierras de Carrizalillo– el 8 de enero de 2007, cuando bloquearon los accesos al yacimiento Los Filos-El Bermejal para exigir un mejor pago por sus tierras.
Dos años antes ignoraban que la trasnacional extraería 300 mil onzas de oro al año. Por eso cuando llegaron los primeros representantes de la compañía y ofrecieron comprar las tierras, varios ejidatarios vendieron sus parcelas a precios irrisorios y consintieron en asamblea rentar las de uso común también por cantidades ridículas.
Luego, cuando comenzó a llegar la impresionante y costosa maquinaria que requiere la minería a cielo abierto, se supieron víctimas de un engaño.
Empezó el trato despectivo hasta que ese día, 8 de enero de 2007, a las seis de la mañana los ejidatarios bloquearon todas las operaciones de la empresa. La trasnacional aguantó 83 días. El 1 de abril accedió pagar una renta de 13 mil 500 pesos por cada una de las 970 hectáreas ocupadas. Ya había comprado algunas, pero la venta se anuló.
Los ejidatarios recibieron, ese año, 13 millones 95 mil pesos por la renta de las tierras, en vez de los 800 mil de los dos años anteriores. En la negociación Goldcorp se comprometió a financiar un sistema de agua por bombeo, entre otros 21 puntos para el desarrollo de la comunidad. Aunque accedió a casi a todo, se opuso a negociar la renta de las tierras con base en la cotización de la onza de oro, que en esas fechas rondaba los 821 dólares.
El año pasó rápido. El siguiente 1 de abril, ejidatarios y empresa volvieron a negociar. El precio de alquiler de las tierras quedó en 14 mil 825 pesos por hectárea. Además Goldcorp se comprometió a financiar un proyecto integral de desarrollo, a que el sistema de agua estaría listo en diciembre de 2009 y aceptó que en realidad ocupaba mil 150 hectáreas, no 970.
En abril de 2009, en la segunda revisión del convenio, Carrizalillo decidió ir por todo. Pidió el equivalente de 3.5 onzas de oro (la onza se tasaba entonces en 920 dólares) por cada hectárea. Goldcorp aceptó a cambio de que en adelante la revisión se hiciera cada cinco años y con un tope de 1.6 onzas por hectárea.
Carrizalillo ya conocía bien los efectos de los bloqueos. Repitió el ejercicio. En esa ocasión el paro sólo duró 14 horas antes de que Goldcorp aceptara pagar 2.6 onzas, un total de 36 millones de pesos.
Ahora, en 2012, el sistema de agua sigue inacabado pero al parecer eso ya no les importa a los ejidatarios, quienes se acostumbraron a subsistir con el líquido que les manda la trasnacional en pipas.

Muertes por cianuro

El olor indescriptiblemente agresivo que parece romper la nariz se cuela a través de la mascarilla. En el laboratorio se escucha el ruido del aire acondicionado pero por ningún resquicio se cuela algún viento del exterior.
Frente al equipo de absorción atómica, de bata blanca, cola de caballo para sujetar la melena pintada, estaba Sofía Figueroa Peña. Tenía 32 años ese día de marzo de 2008.
Ella no lo sabía pero dos años y nueve meses después moriría en una clínica del IMSS en Acapulco luego de 48 horas de agonía y de tres meses sin apetito y de sumergirse en un sueño profundo del que despertaba cada día sólo para ir otra vez al laboratorio.
Tampoco sabía que la razón del ojo apagado de su medio hermano Fidencio es el cáncer y que sólo faltaban cinco meses para que falleciera.
En marzo de 2008 se le planteó a Goldcorp la realización de un reportaje sobre el trabajo femenino en la minería, a propósito del Día Internacional de la Mujer. El gerente general, Tomás Iturriaga Hidalgo, y el superintendente de Relaciones con la Comunidad, Arnoldo García Pizarro, de inmediato abrieron las puertas.
Parecían orgullosos cuando hablaron de Sofía, una viuda con tres hijos que había entrado a trabajar como afanadora y ahora tenía la tarea de determinar la concentración de oro por tonelada de tierra, utilizando cianuro, entre otros químicos. “Sofía es un caso especial, la debes entrevistar; es un ejemplo de superación”, aseguró García Pizarro.
Durante mayo, junio y julio de 2011 muchas veces se pidió una entrevista a los directivos de Goldcorp. A pesar de la promesa de agendar un encuentro, éste no se concretó en todos esos meses. Vía telefónica García Pizarro evitó hablar de las causas del fallecimiento de Sofía, pero aseguró que aunque ella manipulaba cianuro, eso nada tenía que ver.

Un pinchazo en el ojo

Era un día de trabajo como cualquier otro. El presidente del comisariado ejidal de Carrizalillo y concesionario de la recolección de los desechos de Goldcorp en Los Filos, Fidencio López Peña, destapó un bote para ver qué tipo de basura había.
Un olor ácido salió del recipiente. Fidencio sintió un pinchazo en el ojo izquierdo. En las semanas siguientes el ojo comenzó a apagársele.
“¡Ve al doctor hijo; que te diga qué tienes!”, rogaba su mamá al líder depuesto por no apoyar el bloqueo a Goldcorp. Cuando el ojo se murió por completo Fidencio fue al doctor. Radiografías en cascada. Los huesos faciales carcomidos. Cáncer en la cara.
Murió el 9 de agosto de 2009.
Sus cuatro huérfanos, junto con los de Sofía, deambulan por la casa enlutada de doña Esther.

“Tengo mucho coraje”

“Me llamo Rafael Rivera Santos. Entré a Los Filos en abril de 2007, a la planta de procesos. Tuve que trabajar porque me casé. Hubiera querido ser maestro de secundaria, pero abandoné mis estudios en la Universidad Pedagógica Nacional porque puedo contagiar a quienes me rodean.
“En noviembre de ese mismo año comencé a sentirme mal, no tenía apetito y tosía mucho, me hacían muchos estudios de laboratorio y salía que no tenía nada, pero en la radiografía de tórax se veía dañado el contorno de mi pulmón derecho.
“Me mandaron a Iguala. Ahí me diagnosticaron tuberculosis con cuatro cruces (el máximo daño). El resto de mi vida tengo que estar tomando medicamentos. Ya no puedo hacer mi vida normal porque tengo las defensas muy bajas.
“El medicamento que tomo es tan fuerte que hay días que me deja tirado en la cama. Salgo de aquí (del centro de Salud de Mezcala) como zombi. Tardo en poder caminar. Aun así tengo que regresar a trabajar, aunque ahora estoy en el área de mantenimiento.
“Cuando me diagnosticaron tuberculosis me dieron 20 días de incapacidad. El Seguro Social me dijo que era una norma. Regresé a trabajar. Como al mes otra vez comencé a ‘desgarrar’ sangre.
“Me han cambiado varias veces los medicamentos porque no he reaccionado a ellos, pero han dañado mi estómago. Todo el tiempo lo tengo irritado. Son muy pocas cosas las que puedo comer por la gastritis. Cuando algo no me cae bien me comienza a subir algo muy amargo. Me dan náuseas y comienzo a vomitar.
“Cuando me atendían en el Seguro Social iba todos los días a Iguala porque un medicamento me lo tenía que tomar a las ocho de la mañana. Salía muy temprano, por lo que llevaba el estómago vacío. A veces el medicamento lo tenían hasta las tres; todo este tiempo no comía nada porque no tenía dinero. Así, con mi panza hueca, me tomaba la pastilla que me daban.
“Otros días iba y el medicamento nunca llegaba, por lo que no lo tomaba. Ellos saben que si un tratamiento no se toma completo, uno se hace resistente, por eso muchas veces me han cambiado de tratamiento. En ese tiempo llegué a pesar 45 kilos por la misma enfermedad y porque siempre estaba en ayunas, esperando tomar el medicamento.
“Tengo mucho resentimiento contra los doctores que me han atendido, sobre todo con Maricela Vega Orozco, encargada de Epidemiología de la clínica del IMSS en Iguala, porque cada vez que salía positivo me regañaba, decía que era un paciente renuente y así lo anotó en mi expediente.
“Tengo mucho coraje.”
Baja la cabeza. Le da pena mostrar las lágrimas rebeldes, necias, que se le han salido de control.
“Durante dos meses me suministraron estreptomicina, un medicamento del cuadro básico de esta enfermedad, que produce sordera. No reaccioné tampoco a ella, pero desde entonces todo el tiempo escucho como grillos dentro de mi cabeza. Siempre me duele. Por las noches no puedo dormir.
“Al principio de mi enfermedad, cuando regresé a trabajar, los inspectores me insultaban, decían que era un mañoso; a fuerza me hacían trabajar en la planta, cada que hacía fuerza para apretar un tornillo, sentía que mis pulmones se deshacían, los oía tronar con cada esfuerzo.
“No me creyeron hasta que ahí mismo no aguanté, tosí y comencé a sangrar. Todo el camino al servicio médico iba sacando sangre.
“Desde 2010 me atienden aquí. Hasta ahora no me han fallado con las medicinas, siempre están listas; yo tampoco he dejado de venir a tomármelas. Quiero estar vivo. Tengo una hijita de tres años. Sólo una vez no he venido, pero hablé para avisar. La pastilla del día anterior me había dejado tirado, moribundo, no tenía fuerzas para levantarme.
“¿Esto va a salir publicado? Quiero decir que cuando el trabajador de la mina no tiene el equipo de seguridad, no tiene por qué hacer su trabajo; sin embargo, nos obligan a hacerlo y el sindicato no hace nada al respecto.”

Bonanza áurea

Migajas. No existe otra forma para definir lo que Goldcorp deja a cambio del oro, aunque los ejidatarios cobren por sus tierras con base en el precio del metal en la bolsa de valores de Estados Unidos. El precio de la onza de oro se ha duplicado –de 821 a mil 600 dólares– desde 2007 cuando la corporación empezó la extracción en Carrizalillo.
Al finalizar el primer trimestre de 2011 Goldcorp incrementó sus ganancias 69% respecto al mismo periodo del año anterior.
El yacimiento Los Filos-El Bermejal es una de sus operaciones más rentables en todo el orbe, de acuerdo con el informe financiero de la trasnacional consultado en su sitio electrónico. “Los Filos es un elemento clave para nuestra cartera de activos”, dice en el informe el presidente y consejero delegado de Goldcorp, Chuck Jeannes.
En Los Filos el costo de producción por onza es de 188 dólares, contra los 322 en la mina Red Lake y los 621 en Musselwhite, Ontario, o los 324 dólares en la mina Marlin de Guatemala.
En el primer trimestre de 2010 Los Filos “estableció una marca de producción” con 94 mil 600 onzas de oro, 22 mil 500 más que en el mismo periodo del año anterior. Si el ritmo de producción sigue así, al finalizar el año se extraerán 376 mil onzas, 76 mil más que lo previsto en el proyecto inicial, planteado a 10 años, lo que implica que concluirá operaciones mucho antes de lo planeado. Lleva cuatro años.
Con esta producción en Los Filos, Guerrero se ubica como el primer productor de oro en el país y Goldcorp es la segunda compañía mundial más grande en valor capital del sector.
“¿No ha ido últimamente a Carrizalillo?”, repregunta el subdelegado de la Secretaría de Economía en esta capital, Víctor Juan Hernández López, cuando se le pregunta qué le queda a Guerrero de esa riqueza aurífera:
“¿No ha ido? Basta ver lo que ha ocurrido ahí en los últimos años para saber qué se queda en Guerrero de esa megaoperación. En el municipio de Eduardo Neri se han generado 4 mil empleos. Directos yo creo que 2 mil, pero lo más importante es el desarrollo que ha habido alrededor del proyecto. Se ha generado una cadena de proveedores locales que suministra bienes y servicios a la compañía.”
El funcionario habla de Mezcala, donde a raíz del boom minero se han instalado diversos negocios, desde venta de comida o de ropa hasta bares y cantinas. Los mineros también quieren divertirse.
Pero en Carrizalillo no hay ningún negocio de proveeduría. En ese pueblo la gente espera cada año la renta de sus tierras arruinadas por la mina a cielo abierto, la industria más devastadora según organismos internacionales de defensa del medio ambiente.
“Las operaciones de la mina han generado un efecto multiplicador hacia abajo; eso es lo que se busca siempre, encadenamientos productivos a un proyecto macro. Esa actividad que hay ahí genera certidumbre y ello lo convierte en un polo de inversiones, por eso es positivo que se explote el potencial minero, aunque sean compañías extranjeras las que lo hagan…”
–Mientras dure la extracción. ¿Y después…? –interrumpimos a Hernández López.
–Ninguna actividad económica es predecible. Ahí están las maquiladoras en la región norte: cambiaron las condiciones del mercado y las fuentes de empleo se vinieron abajo. Pero la explotación del oro es de largo plazo, la compañía continúa haciendo más exploraciones, eso seguirá…
Hernández López informa que en dinero contante y sonante lo que queda en Guerrero es el pago de 2% del Impuesto sobre el Producto del Trabajo (ISPT); pero como es un impuesto que cobra el gobierno estatal, desconoce la cantidad.
Lo que queda a la federación es el cobro de derechos sobre minería, una cantidad estándar, independiente de lo que se extraiga, aunque la cuota varía según los años que lleve la explotación. Para el primer año de actividad la cantidad es de 5.08 pesos por hectárea; de 10 en adelante, 111.27 pesos. Aunque esto lo recibe el gobierno federal, el funcionario también desconoce lo que paga Goldcorp.
El yacimiento Los Filos-El Bermejal abarca 3 mil 20 hectáreas, de las que mil 300 renta a Carrizalillo, donde están casi todo el yacimiento y el patio de lixiviación; otras mil 300 a Mezcala, de donde parte la red de caminos de acceso a la fuente de excavación y al sistema de abasto de agua, y 420 hectáreas a Xochipala, pues una porción de El Bermejal es propiedad de esa comunidad.
A falta de datos de la Secretaría de Economía, suponiendo que Goldcorp pague derechos mineros por toda la superficie ocupada y que sea por más de 10 años, lo máximo que puede pagar son 355 mil 200 pesos semestrales.
El secretario de Desarrollo Económico de Guerrero, Enrique José Castro Soto, sostiene que este gobierno diseña un esquema para que en las comunidades donde hay actividad minera, los dueños de la tierra sean también inversionistas.
Por el momento, excusándose en que este gobierno apenas comenzó a tomar las riendas, no sabe cuánto se queda en Guerrero de la riqueza aurífera, sólo que se cobra 2% de ISPT de los cerca de 2 mil empleos directos… pero desconoce cuál es la cantidad.
Guerrero ejercerá este año 43 mil millones de pesos de presupuesto. Las 300 mil onzas de oro que se han extraído anualmente ahí, convertidas a pesos mexicanos, dan alrededor de 48 mil millones de pesos, cinco mil más que el presupuesto estatal.

“A lo mejor es gripa”

Sofía murió de hepatitis y dengue hemorrágico, dijo Goldcorp a los ejidatarios y a la Sección 269 del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana.
Embelesados con la cotización en oro de sus otrora parcelas semidesérticas y con los beneficios obtenidos, en Carrizalillo los ejidatarios no quieren ver que los efectos temidos de la minería sobre la salud han comenzado a manifestarse.
“Quizá de verdad haya muerto (Sofía) por el cianuro, pero nosotros no sabemos bien la razón; la familia debe acercarse a la mesa a plantear la situación para que nosotros hagamos algo, pero no lo ha hecho y mientras sea así, sólo son decires”, afirma Celso Solís.
Reconoce que hay muchas manifestaciones de las enfermedades que, se dice, trae la explotación del oro, pero no saben bien si de verdad sea por eso. Dice que hay dolores de cabeza, enfermedades respiratorias, irritación de los ojos, comezón en la piel: “Pero a lo mejor sólo es la gripa normal, no necesariamente tiene que ser por los químicos”.
Crisóforo Guzmán, otro líder del movimiento contra Goldcorp, recuerda que en 2009, cuando negociaron la revisión del convenio a cinco años, quedó asentado en una de las cláusulas que habría un monitoreo permanente a la salud de los habitantes y de los trabajadores: “Pero la verdad no hemos visto eso. La empresa obviamente no lo va a hacer por su cuenta; tenemos que ser nosotros. Pero no sé qué esté pensando la nueva mesa ejidal. Yo me retiré, ya no he estado pendiente, pero vamos a ver qué podemos hacer”.
En el asunto, como en la defensa de sus tierras, los habitantes de Carrizalillo, de Mezcala y de otras comunidades vecinas están solos. Con las autoridades estatales y federales no se cuenta.
En diciembre de 2009 el gobierno guerrerense creó por acuerdo un Consejo Estatal de Minería (CEM) para seguir los pasos a esta actividad, pero sólo en lo que se refiere al aspecto económico. Forman parte de este consejo dependencias como la Secretaría de Desarrollo Económico y del Medio Ambiente, no la de Salud.
El CEM sesiona la última semana de cada trimestre. En el actual gobierno que encabeza Ángel Aguirre Rivero y que empezó el 1 de abril de 2011, el Consejo se ha reunido una sola vez.
Su actual secretario técnico, el ecologista Héctor Zurita Brito, dice que debían incluirse otras instancias en el órgano, como las secretarías General de Gobierno y la de Seguridad.
–¿Y la de Salud?
El ambientalista guarda silencio unos segundos. Truena los dedos y dice: “Es cierto. Esa dependencia también debe estar incluida”.

Resistencia latinoamericana

En Eduardo Neri al parecer las comunidades están dispuestas a aceptar las consecuencias ambientales y para la salud de la minería a cielo abierto.
En otras latitudes es distinto. En 2002, ante los impactos de las minas a cielo abierto y la lixiviación con cianuro, el gobierno de Costa Rica prohibió nuevas explotaciones de ese tipo y cerró las puertas a Goldcorp.
En Perú, en 2007 los pobladores de tres municipalidades de Piura se movilizaron contra Barrick Gold, otro consorcio minero canadiense con operaciones en varias partes del mundo.
Los habitantes del municipio guatemalteco de Sipacapa, donde está la mina Marlin, iniciaron consultas para sacar a Goldcorp. En la República Dominicana la población inició una campaña bajo el lema El verde es mejor que el oro para impedir la operación de Barrick Gold. En Córdoba, Argentina, surgió la ONG Conciencia Solidaria para impedir las operaciones en una mina de oro y uranio concesionada a esa misma compañía.
En Guerrero, comunidades indígenas en la región de la Costa-Montaña, a donde quiere llegar también Barrick Gold, lanzaron el manifiesto A corazón abierto defendamos nuestra madre tierra contra la minería. El alcalde de Malinaltepec, el priista de origen tlapaneco Vicente López Carrasco, anticipó que en las comunidades indígenas no pasará lo mismo que en Carrizalillo. “Para nosotros la tierra es todo, no vamos a aceptar vender ni rentar nuestras parcelas. El mismo ayuntamiento se va a poner al frente de la defensa del territorio”, dijo.
Entre 2005 y 2009 el gobierno federal ha otorgado en concesión 28 nuevos proyectos mineros en las regiones de Costa Chica y Montaña, donde la Unión de Pueblos y Organizaciones Sociales del Estado de Guerrero inició movilizaciones en defensa de la tierra. No quieren para ellos lo que pasa en Carrizalillo.

“¡Me desgraciaron!”

Fidencio mira a doña Esther con su ojo derecho; el izquierdo ya está apagado. “Se tomó esa foto unos meses antes de morir”, explica la madre. Sofía también la mira desde las fotos de álbum.
Doña Esther nunca se acercará a la mesa ejidal a pedir justicia para sus hijos muertos. Cuando Fidencio se opuso al movimiento contra Goldcorp selló su suerte, la de su familia y la de los ejidatarios que estaban con él.
Las autoridades que tomaron las riendas del comisariado acordaron en asamblea castigarlos por dar la espalda al pueblo. Están marginados. Así lo entienden y lo asimilan.
Lo que no es comprensible es que los hijos de doña Esther, sobre todo Silvestre y la esposa de Fidencio, quienes se quedaron con la concesión del manejo de los desechos de Goldcorp, prefieran mantener el empleo que exigir justicia.
“Déjelos descansar en paz. Ya están muertos”, afirma doña Esther que le dicen cuando la ven llorar por el dolor, pero sobre todo porque sus muertes están sin castigo.
Dos días antes de morir, Sofía se hizo unos estudios para saber qué tenía, porque el médico de la planta Los Filos sólo le daba aspirinas. “Dice la empresa que mi hija murió de dengue. Yo digo que si hubiera tenido eso, el médico de la empresa se lo hubiera dicho y la hubiera mandado a descansar, pero le decía que estaba bien, sólo le daba pastillas”.
Silvestre López Peña se adueñó de los estudios que se hizo su media hermana Sofía, los trae consigo para conseguir becas para los hijos huérfanos.
Doña Esther afirma: “Dicen en el pueblo que la mina trajo beneficios. Los únicos que se han beneficiado son los de la mesa ejidal. A mí ya se me murieron dos hijos, ¡a mí me desgraciaron!”.
Proceso
23/01/2012

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2 comentarios

  1. Anónimo said,

    18 septiembre, 2012 a 23:17 pm

    el dios del dinero es tan poderoso como nadie lo puede imaginar y agarra mas fuerza cuando la ingnorancia esta de por medio ataca al mas devil de consiencia hay un dicho que dice “el que no tiene y llega a tener hasta loco se quiere volver” creo que este pueblo quedo cegado el primer dia que vieron el signo de $ QUE IRONIA

  2. 25 abril, 2014 a 1:47 am

    […] Chávez Foto: Ezequiel Flores Ligas Carrizalillo, oro por cuentas de vidrio Dolorosa, pero esperanzadora, la lucha en la Montaña de […]


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