Productos milagro, deséchense antes de usarse

Babel
Productos milagro, deséchense antes de usarse
Javier Hernández Alpízar
Entre las “diez acciones de Felipe Calderón para mejorar México” que pregonan medios afines al régimen –tomamos la referencia de un medio priista y javierduartista llamado Centinela, página 8, lunes 30 de enero–, aparecen una serie de medidas que no figuran sino en el papel como:
(2) “Nadie morirá por hambre ni por sed”, que si se cumple no será por voluntad de Calderón, quien dejará un 28% del territorio mexicano concesionado a mineras extranjeras (90% canadienses) que agotan el agua, gastan en un día lo que una familia en 20 años, y dejan los mantos freáticos inservibles, como drenajes ácidos.
Otra dice: (7) “Firma FCH una economía verde”, la cual debe ser tan verde como el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), el único en el mundo del cual los partidos verdes serios se deslindan porque promovió, en una campaña electoral, la pena de muerte, y sus líderes compran condominios en Cancún que fueron hechos destruyendo ecosistemas. Asimismo, Calderón ha dejado en México la desregulación más a modo para cualquier industria tóxica, contaminante y destructiva.
No necesitan comentario “medidas” como: (10) “Coca Cola creará diez mil empleos en México”, que cualquier persona informada no puede dejar ver como una amenaza para el país.
Pero nos detendremos en la medida (5): “Fin a los productos milagro para bajar de peso”. La cual es explicada así: “El presidente Felipe Calderón firmó un decreto donde reforma el Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Publicidad, que la Secretaría de Salud tendrá facultades para acotar la publicidad de los productos milagro”.
La gente común entiende por “milagro” un prodigio o una maravilla que suspende, altera, viola o se salta las leyes naturales. Así los “productos milagro” aludidos prometen que una persona bajará de peso sin dejar de comer, si hacer dietas, sin pasar hambre, sin hacer ejercicio físico, sin incomodidades, solamente con tomar un producto patentado y caro o usar un aparato que hace ejercicio por ti mientras ves la TV. Es decir: Un engaño, un fraude. Calderón sabe de eso.
Pero los productos milagro no solamente son las ofertas para bajar de peso, frenar súbitamente la calvicie, aclarar la piel, rejuvenecer inexplicablemente o cualquier otro prodigio que, sin cirugía y sin volver a nacer con otro ADN, te haga parecerte al modelo o la modelo, una figura resultado de dietas bárbaras, horas de gimnasio, juventud en su punto, cirugías estéticas y para asegurar, photoshop o un análogo programa de maquillaje de foto y video.
Así que daremos una somera, no exhaustiva, lista de productos milagro que deben desecharse, denunciarse, desterrarse y que Calderón no tomó en cuenta:
Yo he visto anunciada en la televisión una “medalla del papa”. Es del ex papa, no del actual pastor alemán líder universal de la iglesia, sino la del polaco campeón del anticomunismo. Literalmente dice: “los milagros deben compartirse”. Es un producto milagro químicamente puro, que debería ser sancionado como publicidad engañosa. Apuesto que no protege a un menor de un cura pederasta, por ejemplo.
Ese producto milagro me recuerda la anécdota de un universitario recién egresado, quien investigó métodos para aprender idiomas porque necesitaba aprobar el examen de requisito; él aseguraba haber encontrado publicidad del “método que usaba el papa”, de nuevo, el polaco políglota: Oír cassettes mientras duermes. Producto milagro asociado al papa, uno más.
De hecho, la jerarquía eclesiástica es uno de los más perniciosos productos milagro, y el régimen calderonista quiere abrirle las puertas de las escuelas y los medios de masas, así como de la política partidista, mediante una reforma que destruye el Estado laico (el cual garantiza la libertad religiosa de todas las religiones, incluidos los ateos o escépticos) y permitiría a los predicadores de la culpa explotar, sobre todo económicamente, los terrores de las almas atormentadas.
Debe ser que Calderón se identifica con ese método del terror ultramundano (y ultramontano), pues uno de los peores productos milagrosos es su “Guerra de Calderón”, la cual no ha sido obstáculo para el negocio de las drogas ni para ningún otro negocio sucio (trata de personas, tráfico de armas, cobro de derechos de piso, abortos clandestinos, etcétera), pero ha desencadenado la tragedia de setenta mil muertos o más, cientos y quizá miles de desaparecidos y desplazados, y sobre todo una merma de lo mejor de la población, jóvenes, mujeres, gente trabajadora. Producto más engañoso, difícilmente se encuentra.
Otros productos milagro, ya mencionamos a las mineras en su mayoría canadienses, pero también todos los megaproyectos: Presas hidroeléctricas y otras presas, proyectos eoloeléctricos, semillas transgénicas, megatiendas y franquicias, bueno hasta AMLO tiene su amenaza de tren bala en la zona maya. De hecho la izquierda electoral es uno de los productos milagro menos denunciados: María, de corazón, nos lo oculta.
Todos prometen empleos y prosperidad pero engendran desempleos, miseria, migración, postración, violencia, y más dependencia económica. Es grave este producto fraudulento. De hecho hemos tocado el hueso, el tuétano del tema: la idea de progreso y desarrollo, es el producto milagro quintaesenciado.
El señuelo del dinero, del oro y el moro, a cambio de prostituir tu territorio, montes, bosques, aguas, ríos, mares, tu gente, tu historia, tu vida, de hipotecar tu futuro, como el personaje de la Biblia que cambió su primogenitura por un plato de lentejas. Eso es, el capitalismo Su versión turbo y más virulenta, es el neoliberalismo. Es el producto milagro más destructivo de la historia, pues prometió liberar a los seres humanos del yugo del trabajo físico rudo, hacer un mundo de comodidades y deleites, y en cambio, está destruyendo el planeta, todo lo viviente, y envileciendo a los seres humanos.
Si tenemos que desechar los productos milagro, tenemos que comenzar por deshacernos de sus principales matrices ideológicas: capitalismo, neoliberalismo, globalización, desarrollo y progreso.
Ciudad Juárez nació, y así fue promovida, como un “polo de desarrollo”: emigración, maquila, dinero, y es hoy la ciudad más violenta del país (quizá, porque ya tiene mucha competencia), emblema del feminicidio y el juvenicidio. Si eso no nos dice algo de la verdadera naturaleza del “desarrollo”, ¿qué lo hará?
Desde luego, ni Calderón ni los profetas del voto útil que llevaron al poder a su partido con Fox (otro producto milagro evidenciado) podrían hacer esa autorreferencia del concepto, pero son justamente eso, un producto fraudulento, en el amplio y ancho sentido de la palabra fraudulento. Por eso necesitan tanto a los predicadores de milagros y hasta el Estado laico les estorba.
Cada vez que alguien nos comienza a pregonar que trae desarrollo, inversiones, empleos, derrama económica… deberíamos cuidarnos de él como de la peste.

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