Las víctimas como botín

Babel
Las víctimas como botín
Javier Hernández Alpízar
Sospechaba, por intuición semántica si gustan, que la palabra “víctima” originalmente es sagrada.
Simone Weil diría que cuando una víctima pregunta desde lo más profundo de su dolor y de su ser: “¿por qué me hacen esto?”, en esa voz habla lo que en ella es sagrado; eso que en todo ser humano espera el bien y no el mal.
Además, según la escritora francesa, el mal lo conoce mejor, mucho mejor, la víctima, que lo sufre, y no quien lo inflige, quien puede tener con el mal (hasta que un día lo sufra, principio de realidad) una relación imaginaria, alucinatoria casi.
Y sí, la palabra “víctima” está ligada a lo sagrado: “Víctima, en primer término, es todo ser viviente sacrificado o destinado al sacrificio (y ser sacrificado significa volverse sagrado, ofrecido a lo sagrado). Sin embargo, desde el punto de vista utilizado habitualmente, una víctima es la persona que sufre un daño o perjuicio, que es provocado por una acción, ya sea por culpa de otra persona, o por fuerza mayor.” Eso es lo que explica la Wikipedia. En la internet, no el grupo chunchaquero del mismo nombre.
Lo primero que una víctima merece es respeto. Pero hay un lado tiburón –no en el sentido futbolístico– en la naturaleza humana: Oler la sangre y clavar los dientes. Y muchas veces las víctimas vuelven a ser victimizadas, sea por depredadores cobardes que como las hienas van detrás de la cola del león por una tajada de los despojos, e incluso, desgraciadamente, por más de una persona o institución que dice defenderlas.
Esto último es la versión agravada: cobardía, uso y abuso de las víctimas. Pero es usual.
Comencemos por un ejemplo reciente. La señora Isabel Miranda de Wallace está muy interesada en que no liberen a Florece Cassez. Su argumento es que “debe escucharse la voz de las víctimas”. Suena bien. Pero solamente eso.
Los tremendo del caso es que la señora Isabel Miranda de Wallace pasó de ser ella víctima por el secuestro de su hijo a ser la campeona de una causa: El castigo como fetiche, no la justicia, no el respeto de los derechos humanos, sino la represión policiaca y militar.
Se convirtió así en una pieza del ajedrez violento de Felipe Calderón. Incluso, lógicamente, en candidata del PAN al gobierno del DF.
El problema de fondo en el caso de la francesa es que la Secretaría de Seguridad Pública no hizo bien ni la investigación, ni la integración del expediente, y tiene un caso tan mal armado que cualquier juez que se respete puede darle el amparo y la libertad a la hoy presa.
Si es culpable y la tienen que liberar, la culpa no sería del juez, sino de la SSP que hizo las cosas muy mal, como normalmente hace.
La cantaleta maniquea de la señora de Wallace será que “no se pensó en las víctimas” y que en nombre de los derechos humanos se liberó a los delincuentes. Una verdad a medias o menos de medias, porque son víctimas los secuestrados, sí, pero cuando a los detenidos les fueron violados sus derechos procesales y sus derechos humanos, también ellos pasaron a ser víctimas de un sistema penal corrupto, ineficiente y quizá algo más.
La balanza no sopesa víctimas contra delincuentes, porque el sentido del derecho y del proceso penal es precisamente establecer si hay delito, y quiénes son los autores (todos), y eso es precisamente lo que quienes han revisado ese expediente expresan: Todo está tan manoseado que no queda claro quiénes fueron todas las víctimas, y quiénes los secuestradores, todos. Se dejan muchas cosas sin investigar.
Así, la postura de personas como la señora Wallace cae fácilmente: No quieren justicia sino castigo a alguien, no importa a quién. El primer derecho de las víctimas es que se investigue bien y que se haga justicia a los verdaderos culpables y no a uno o más chivos expiatorios; uno de los entrevistados de la mañana del jueves 15 en el programa de Carmen Aristegui lo explicó límpidamente.
La postura simplista de la candidata panista termina poniéndola en el papel de una especie de defensora ad hoc, no de las víctimas, sino de los errores y quizá incluso delitos de Genaro García Luna y su “equipo”, con staff para TV y demás.
Las víctimas, tanto las de secuestro como las de un desaseado proceso penal, quedan en un segundo plano en el intento de aparentar que hay justicia en el imperio de la impunidad que es México.
Seguir la política de castigar a toda costa a quienes la autoridad dice que son culpables y negarles sus derechos a la revisión de sus casos, puede terminar en una inmensa fábrica de culpables y de inocentes a la carta. Dejar afuera a verdaderos secuestradores y conformarse con investigaciones mal hechas, y montajes mediáticos, es un flaco favor a los derechos humanos y al derecho.
No es el único uso y abuso de las víctimas: El uso electorero es otro agravio.
En 2006, la APPO se negó a participar en las elecciones con un argumento muy congruente: Nuestros muertos (víctimas del gobierno federal panista, el oaxaqueño priista, de grupos armados irregulares y luego la policía y las fuerzas armadas) no murieron para que aspiráramos a formar parte del gobierno que ayer queríamos destituir. Hubo a quienes no les importó, y hoy son parte del gobierno PRD- PAN, con sus nuevas secuelas de represión y más víctimas.
En Atenco, en 2006, integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y de la Otra Campaña fueron víctimas de esos mismos gobiernos, federal panista, estatal priista, municipal de Texcoco y bancada legislativa estatal perredistas, y del silencio cómplice del candidato del PRD, AMLO y de todos los otros candidatos. El FPDT logró la liberación de sus presos mediante los recursos legales y políticos necesarios. Bases del movimiento electoral de AMLO se sumaron en el último tramo final de la lucha, pero el FPDT no se unió a la vía electoral. No ha querido sacar raja político electoral de sus muertos ni de sus ex presas y ex presos. No obstante, es significativo ver que muchos que en 2006 guardaron silencio hoy usan a las víctimas como parte del currículum negro de Peña Nieto (que en efecto tiene un historial negro amplísimo, y también ahí salen a colación García Luna y otros) para efectos electorales. Es oportunista, viniendo de quienes guardaron silencio en 2006. Incluso Carmen Aristegui se deslindó de una carta firmada por mujeres que protestaban por la tortura sexual de las detenidas. Las cartas de ese affaire salieron en La Jornada.
Afortunadamente, conspicuos integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad se negaron a ser candidatos de AMLO, quien quería usarlos como botín y capital político: Javier Sicilia y Julián Lebarón dijeron no a AMLO. Fue muy esclarecedora la entrevista que Lebarón dio a Sabina Berman (donde ella parecía no entender nada) y donde el argumento era análogo al de lo mejor de la APPO y al de Atenco en 2006 y años recientes: No hacerse cómplices del gobierno que sacrificó a tus víctimas y no usar a tus víctimas. La descripción de la reunión con AMLO es significativa: No escuchó a las víctimas, solamente habló.
Y un caso muy grave, las víctimas de Ernesto Zedillo y la contrainsurgencia en Acteal, las Abejas.
Fueron víctimas, casi como en una secuela de la película La Misión: Asesinadas por paramilitares en una Ermita mientras oraban. Tzotziles pacifistas sacrificados para tratar de atizarle violencia a un proceso de paz que el gobierno (PRI- PAN PRD) deliberadamente hizo abortar.
Luego, no ha habido justicia: Del universo de presos – como señaló bien Hermann Bellinghausen– con procesos irregulares (que abarca a la inmensa mayoría en México), el grupo de Aguilar Camín, Nexos, el CIDE, Ricardo Raphael, un grupo evangélico (y detrás de ellos parte del grupo en el poder) eligió para defender ardorosamente y logró que la SCJN liberara a varios paramilitares detenidos. El expediente estaba mal armado como siempre, y quizá más que siempre, dejando abierta la puerta a la liberación de los paramilitares. Lo siguiente es negar la historia, negar la existencia de paramilitares, y en un proceso de paramilitarismo intelectual (fascismo académico) culpar a las víctimas.
Luego, alguien (quizá usando a algunas víctimas de las Abejas escindidas del grupo por la política de contrainsurgencia política seguida por los dos gobiernos perredistas recientes en Chiapas) pone una demanda contra Ernesto Zedillo en los Estados Unidos.
Sí, Zedillo debe ser juzgado: Pero eso no es suficiente, porque lo más importante es tratar de reparar el daño en la medida de lo posible, y atender a las víctimas. En lugar de eso, el paramilitarismo se ha extendido no sólo a Chiapas sino a otras entidades, y la cantidad de las víctimas ha crecido. Las implicaciones electoreras de la demanda y la vergonzante defensa de la impunidad, perdón, inmunidad “presidencial” por parte de Calderón son también de antología.
Las víctimas en México son seres humanos sacrificados en el altar del dios dinero, del capitalismo, el neoliberalismo, el salvaje ajuste estructural del país y la intervención militar norteamericana usando al gobierno mexicano como instrumento.
Usar a las víctimas en favor de uno o de otro candidato, tratando de borrar la complicidad de uno y otro sector de la clase política en el desastre social y natural que es el país, es simplemente inmoral y políticamente sucio. Así se trate de candidatos que se dan baños de santidad laica y cartillas morales.
Por cierto, las declaraciones de López Obrador diciendo que no dará marcha atrás a la concesiones mineras en México son la joya de la corona: No solamente reflejan que esté desinformado, que lo está, sino su inercia conciliadora: Pasado el teatro de “Al diablo con las instituciones” o el “presidente legítimo”, regresa el verdadero AMLO dispuesto a casi todo por ser elegible. Qué de raro tiene que reciba con los amorosos brazos abiertos a Manuel Bartlett, parte del fraude electoral de 1988, si ya había recibido con ellos a varios beneficiarios de ese fraude como Manuel Camacho y Marcelo Ebrard.
Los fraudes solamente son imborrables “ni con toda el agua del Océano” cuando son en mi contra, los demás son pecata minuta. Son como las alianzas PRD- PAN: no son una cuestión de principios, excepto cuando podían (la abortada alianza del Edomex) favorecer a otro candidato que no sea yo. Es la política casuística. Y los principios, ¿esos son para Juanito?, ¿su imagen en el espejo?
Finalmente, las diatribas del IFE contra quienes deciden no votar o anular su voto son más bien pobres: ¿Dejarás que otros decidan por ti? ¿Y no es precisamente eso lo que hace la vía electoral: dejar que otros, siempre otros, en el más amplio sentido del término, decidan por ti?
Ya de salida: Trascendió, como dicen los chismosos: “El alcalde del Ayuntamiento de Alto Lucero Lucio Castillo Bravo procedió a la clausura de las instalaciones de la mina “Caballo Blanco”, luego de que la empresa canadiense Goldgroup no cumple con los reglamentos del municipio.” (Imagen del Golfo: http://www.imagendelgolfo.com.mx/resumen.php?id=301701) Raro y sospechoso. Me parece que no tiene facultades legales para hacerlo. (Hasta la Profepa le saca a hacer esas clausuras). Además, la mina tenía ya a los presidentes de Alto Lucero y Actopan en la bolsa. ¿No será una triquiñuela legaloide para que la empresa comience a ampararse y en adelante se la llave con suspensiones provisionales de amparos en trámite, como ha operado la súper sucia minera San Xavier? Mucho ojo…

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