Don Gato y su pandilla vs Rudolph Giuliani

Babel
Don Gato y su pandilla vs Rudolph Giuliani
Javier Hernández Alpízar
En un comentario radiofónico de Radio Educación, explicaban cómo los juguetes reproducen ideología, pero son consumidos como si fueran ideológicamente neutros. El ejemplo que daban llamó mi atención: un musulmán ortodoxo en sus costumbres islámicas puede dejar a sus niñas y niños jugar con barbies y soldaditos, sin percatarse de cuánto de la cultura estadunidense, que en otros aspectos critica severamente, pasa por ahí “de contrabando”.
Los juguetes, los videojuegos, los cómics, los dibujos animados, que en México llamamos un tanto equívocamente las “caricaturas”, educan, mejor dicho instruyen, ideologizan, reproducen valores del sistema hegemónico. Debe haber estudios hondos que avancen más allá del Pato Donald, seguramente se ha analizado qué función ideologizadora cumplen las telenovelas, las fotonovelas, los personajes de Walt Disney. En fin.
De todas maneras, no deja de asombrar la manera como en las películas de dibujos animados hay un discurso, a veces no tan implícito, con contenidos políticos. Entre los ejemplos que han llamado mi atención:
La película Anastasia de Disney realizada en 1997, dirigida por Don Bluth y Gary Goldman. En ella, la revolución bolchevique de 1917 queda reducida a una catástrofe social y familiar –para la princesita Anastasia y su familia, los zares– debida a la maldición de un malvado llamado Rasputín. Incluso la wikipedia señala que esta película ha sido fuertemente criticada: “Basada en la producción de 1956 del mismo nombre, de Anatole Litvak. Nominada a dos premios Óscar, y un premio Globo de Oro, además de ganar ocho premios más y tres nominaciones. La película ha sido criticada por su falta de rigor histórico buscando una fuerte propaganda anticomunista.” http://es.wikipedia.org/wiki/Anastasia_%28pel%C3%ADcula_de_1997%29
Es una manera de sembrar falsos recuerdos, porque podremos criticar muchas cosas al socialismo real, pero no podemos reducir la revolución de octubre a una maldición de Rasputín contra los zares. Y esas historias son inoculadas en las cabezas de niñas y niños desde la más tierna infancia. No es casual.
Pero no todo es simple y unívoco en el terreno de los dibujos animados. Si algunos propalan las presencia del capitalismo como manera natural y eterna de ser del mundo y la sociedad, y presentan como exóticas, divertidas y anecdóticas otras formas civilizatorias –africano: negrito con un hueso en el cabello a manera de peineta, por ejemplo–, hay discursos donde la política local de las metrópolis se cuelan.
La serie de televisión Don gato y su pandilla (Top Cat) tuvo apenas 30 episodios. Breves, divertidos, son muy conocidos por una generación de televidentes los capítulos de la serie, nos ilustra la erudición wikipédica, “producida por Hanna-Barbera en 1961 y emitida en el horario estelar en la cadena ABC de los Estados Unidos a partir del 27 de septiembre de 1961 hasta el 8 de abril de 1962.”
Era interesante y divertido ver que el sueño americano nunca dejaría de ser un sueño, aunque risueño –rimaría Silvio Rodríguez–: En cada capítulo intentaban llegar a magnates, y siempre terminaban viviendo en el callejón, gatos callejeros que pescaban monedas en las alcantarillas mediante un chicle pegado a una cuerda.
En meses recientes llegó a México la película Don Gato y su pandilla. El resumen del trailer dice: “Don Gato y su Pandilla se enfrentarán a un nuevo jefe de policía, quien no está nada contento con Matute y su pobre desempeño tratando de evitar las estafas de Don Gato. Lucas Buenrostro, el nuevo jefe de policía, tiene un sinfín de recursos tecnológicos y su verdadera intención es apoderarse de la ciudad, imponiendo sus leyes absurdas. Pondrá a prueba a Don Gato y a todos los miembros de la pandilla, así como al propio oficial Matute en una película llena de aventura, acción y mucha diversión.”
La película retoma personajes que seguramente recuerdan quienes miraron repetidas veces los contados episodios de la televisión, como el violinista Laslo Losla. Pero las actualizaciones no dejan de tener su interés político. Lucas Buenrostro es la representación del arribista en política y del represor estado policiaco. Hereda el puesto como jefe de la policía de Nueva York, pese a nos ser policía ni nada que se le parezca, solamente por ser el yerno de quien se retira. Todo su mundo es estafar y sustituir a las personas –en este caso despide a los policías– por computadoras, robots, rejas electrificadas, cámaras. Es racista, chauvinista, discriminador.
No deja uno de pensar que siendo un jefe de policía autoritario, que implanta una vigilancia de corte totalitario, y combate más la libertad y la vagancia –eso son los gatos de la pandilla– que el delito, e incluso fabrica delitos, además en Nueva York, tiene detrás la historia de la Cero Tolerancia de Rudolph Giuliani, alcalde de esa ciudad entre 1994 y 2001, cuya know how represivo fue importado a la ciudad de México por el gobierno de López Obrador y continuado por su jefe de policía y luego también jefe de gobierno Marcelo Ebrard.
Así, la serie de dibujos animados que, con cara amable, se burlaba del mito del self-made man que dólar a dólar edifica un emporio, hoy pone en la pantalla una lucha de los homeless contra el represivo esquema Cero Tolerancia. Y ello, sin renunciar del todo a la ligereza de anécdotas y peripecias de los conocidos gatos de la serie de televisión.
A propósito de Buenrostro, ejem, es decir, de Giuliani, escribió el ex colaborador de La Jornada –quien renunció a ella por presiones para modificar sus artículos que criticaban a los intelectuales del lópezobradorismo– Marco Rascón: “Giuliani aún es en la Gran Manzana símbolo de las políticas más derechistas. La aplicación de su política Cero tolerancia, que ha prometido para todo el país contra los inmigrantes, los dejará con cero derechos para atenderse médica, educativa y socialmente, abarcando también el aspecto laboral.
“Lo paradójico es que Giuliani fue asesor en políticas de seguridad durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Se le contrató y se le pagó por diseñar y ajustar el programa Cero tolerancia a la ciudad de México. De ahí vino el cuestionado bando de Cultura Cívica en la legislatura pasada de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, que prohibía o criminalizaba a los franeleros, la mendicidad y el ambulantaje.
“La lucha por el Centro Histórico estaba declarada, pero Marcelo Ebrard se había reservado esta batalla para él, lo cual le ha dado los mismos resultados políticos que a Rudolph Giuliani al desaparecer a miles de vendedores ambulantes de las calles, relegando su destino y la manera de ganarse un ingreso a un asunto secundario o de respuesta simple: “eran flojos”, “no necesitaban el trabajo”, “era un pretexto de la delincuencia”.” (Cf: “Giuliani en México”, en http://www.jornada.unam.mx/2007/10/30/index.php?section=opinion&article=023a2pol y la nota informativa “Giuliani hará plan anticrimen del DF”, en http://www.jornada.unam.mx/2002/10/11/042n1cap.php)
Para ver el trailer de la película Don Gato vs Giuliani, perdón, quisimos decir Don Gato y su pandilla contra Lucas Buenrostro: http://www.youtube.com/watch?v=3MNCu1KTveI

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