El género opiáceo en política

Babel
El género opiáceo en política
Javier Hernández Alpízar
A veces parece raro ver cómo la “opinión pública” (identidad lábil no identificada) se confunde frente a hechos que no son oscuros ni ambiguos.
Por ejemplo, el hecho de que, siguiendo una tradición conservadora intervencionista, el escritor Mario Vargas Llosa apoye públicamente a la candidata del PAN a la presidencia Josefina Vázquez Mota. No debería ser una sorpresa. Son militantes de la misma ideología internacional: el anticomunismo, el neoliberalismo, el criollismo paternalista y discriminatorio frente a lo indígena, la promoción del individualismo y la privatización.
Entonces, una foto política así es el parto de los montes. Que Vargas Llosa le alce la mano a Vázquez Mota como su gallo es tan sorprendente como que el PRD lance como candidato al enésimo priista recién llegado a sus filas, o ni siquiera a sus filas, sino a sus candidaturas (cualquier parecido con Manuel Bartlett es porque el primer requisito para ser candidato del PRD y de PT– Convergencia y MORENA es haber sido priista, como Juan Sabines, o por lo menos haberle cantado a prominentes figuras priistas como Byron Barranco a Fidel Herrera).
No es necesario sorprenderse de lo uno ni de lo otro. Entonces, ¿de dónde proviene la aparente confusión?
Quizás es porque la capacidad crítica ciudadana no ha crecido. Iba a escribir que ha venido decayendo, pero sería falso. ¿Cuál capacidad crítica había antes, durante los sexenios de los sexenios en que gobernó el PRI (y sus ancestros, los partidos de la “Revolución Mexicana”? ¿Y cuál capacidad crítica se le puede atribuir a un protagonismo ciudadano que cuando quiso sacudirse al PRI votó por Vicente Fox? Ni siquiera hay una autocrítica, un mea culpa, de los intelectuales que promovieron el voto útil, de Luis González de Alba al hoy homenajeado Chespirito (no se rían, su trabajo intelectual es clave para que el país esté como hoy está: en la inopia intelectual y política). Chespirito es un intelectual orgánico eficiente.
No se identifica con claridad cuál es el pensamiento hegemónico: individualista, liberal (neoliberal), autoritario en política (con matices pero en el mismo gradiente), desarrollista. Son variantes de las ideologías capitalistas, refutadas por la historia y por la naturaleza que protesta contra su devastación.
Por ello no sorprende que a los embelesados por la política electoral no les parezca consumir en el mismo supermercado. Creen que hay un ala conservadora (y la hay, es el lado derecho del poder) donde se ubica al PAN y a una amplia parte del PRI, que hoy le van pedir algo de sus virtudes opiáceas a Ratzinger, y que hay un ala liberal (y la hay, es el lado izquierdo del poder, o la mano izquierda de Slim, como dice Malú Huacuja del Toro) formada por un cierto priismo nostálgico del pasado nacionalista (de sus filas salen algunos de los priistas que alimentan de candidatos al PRD como Bartlett) y por el PRD-PT-Convergencia-MORENA, cuyo candidato fue también a pedir algo de sus virtudes opiáceas a Ratzinger.
Ratzinger es un síntoma. El actual titular de la franquicia del opio del pueblo. Lo trae a México un Calderón, cuya credibilidad está por los suelos, para ganar algo de aprobación. Pero corren a él y a oír misa TODOS los candidatos a la presidencia, porque todos quieren algo de las virtudes opiáceas de la religión para atraer votos. De hecho, contrario a lo que dice el viejo profe Enrique Dussel, la república amorosa no viene de una idea filosófica ni ética ni nada parecido, es un catolicismo vergonzante, puesto a funcionar como sucedáneo electorero de otro catolicismo (éste sincero y respetable en tanto tal) no electorero, el de Javier Sicilia.
Entonces, nada sorprende que el supuesto polo izquierdo de ese gradiente liberal- conservador tenga para el Istmo de Tehuantepec la misma propuesta que el PRIAN: el proyecto transístmico Coatzacoalcos- Salina Cruz (la versión actual de los tratados McLane- Ocampo, como dijera Marco Rascón), y para Chiapas un tren bala de la Riviera Maya a Palenque, que implica la contrainsurgencia y el despojo a los indígenas que ya opera hoy con la violencia necesaria el gobernador de AMLO-PRD-PT-Convergencia, Juan Sabines.
Está circulando una acción on line para salvar a Cabo Pulmo, arrecife vivo en Baja California Sur. Ahí la destrucción del medio ambiente (amenaza a Cabo Pulmo, introducción de minería tóxica, los transgénicos) y la privatización y extranjerización de las playas fue impulsada por sucesivos gobiernos del PRD. Y no de los “chuchos”, último recurso para defender la pureza del ídolo, sino por perredistas afines a AMLO.
Lo común a todos los proyectos partidarios electorales es el liberalismo económico, o sea el desarrollismo tipo TLCAN, Plan Puebla Panamá y demás. Las variantes son sus diversos estilos de recurrir a los símbolos religiosos, o a los artistas de la farándula, para propagar sus campañas. Unos son más abiertos y muestran su cara sin rubor, a lo Fox, y otros, otros le buscan nombres de apariencia laica, pero no quieren perder la bendición de la iglesia.
Benedicto visita a Fidel y Raúl Castro, son hábiles políticos que saben su juego. Los candidatos a la presidencia en México van y se acercan a Ratzinger, todos son políticos colmilludos que saben su juego.
Ser liberal hoy, en pleno 2012, es ser conservador. Ser liberal hoy, es ser partidario de una ideología que la historia ha refutado, pero que sigue siendo hegemónica porque sigue estando en el poder la clase cuyos privilegios hoy esa ideología defiende.
Entonces, no hay sorpresas. Los partidos que se dicen de izquierdas y derechas pueden hacer lo que no se supone que harían sus partidos, como Lula y su neoliberalismo impulsor de presas hidroeléctricas depredadoras del medio ambiente en Brasil, o Kirchner y su política pro minería tóxica en Argentina. De la misma manera que izquierdas y derechas quieren algo con el papa (la foto). La religión del poder es una, bajo sus diferentes estilos de mercadotecnia.
Resignarse a operar entre esos dos polos de la ideología liberal-conservadora, es lo que el viejo profe Dussel ha llamado ser “realista”. Con ese criterio, Marx, Engels y los en general los socialistas, comunistas y anarquistas se habrían reducido a elegir entre los whigs y los tories. Ellos no lograron derrocar el liberalismo, pero lo intentaron, no se resignaron a atemperarlo con un poco de “amor” y “realismo”.

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