Elecciones y violencia

Babel

Elecciones y violencia

Javier Hernández Alpízar

Nos dieron gato por liebre: liberalismo por democracia. Nos dieron “libre mercado” por soberanía popular. Quienes pregonaban que una sociedad plural siempre atravesada por los conflictos solamente podrá alcanzar la paz por medio de las urnas, quienes pregonaban que con ellas se acaba la violencia política y se lleva la fiesta en paz, simplemente se equivocaron o nos vendieron mercancía adulterada.

México sirve para mal ejemplo. Desde el fin de la revolución mexicana, se supone que la violencia han sido breves paréntesis, como la guerra cristera, la masacre de Tlatelolco o el alzamiento zapatista, pero, sobre todo después de ésta y con la llegada de la “alternancia” es decir, el reconocimiento de algunos triunfos electorales a la oposición, PAN y PRD, –nos dijeron– habíamos iniciado una “transición a la democracia”. 

No obstante la persistencia de elecciones “competidas” y el interés de un sector amplio de la población en ese torneo político, la violencia no se ha ido, no ha disminuido, ha crecido, ha usado a los partidos políticos y a sus candidatos y voceros, ha instalado el terror entre la población y ha pervertido lo que supuestamente la “democracia” lograría. De hecho hay quienes dicen que votar es elegir a nuestros verdugos o, como lo expresa Gustavo Esteva, “elegir al gatillero”.

Así hoy se da una situación de sobreadaptación a la violencia en algunos sectores de la sociedad, de negación, casi como en la sociedad alemana tomada por el nazismo o como en las dictaduras del Cono Sur, y casi no tienen eco los gritos de las víctimas, e incluso se les acusa por no ser parte del rejuego político o se les usa, con fines electoreros, para abultar el currículum indeseable de los represores. 

Mientras los medios industriales avasallan a sus auditorios con espots, propaganda, debates de acusaciones recíprocas y la omnipresencia de los candidatos, abajo, los muertos y los desaparecidos son una cuenta que no se detiene, que crece diariamente, casi en medio de la indiferencia. Basta ojear cada día los medios cibernéticos, para ir constatando cómo la violencia no tiene tregua, ni hay zonas libres de ella bajo el dominio de ningún color del espectro político: 

En Michoacán, talamonteros, redes del crimen organizado que lucran con la destrucción del bosque, asesinaron a Pedro Juárez Urbina, de 45 años de edad y Armando Hernández Estrada, también de 45 años, ambos originarios y vecinos de Cherán. Su crimen fue defender el territorio, defender los bosques, los emboscaron mientras ponían alambres de púas para frenar la destrucción del patrimonio de los mexicanos. Cf: http://desinformemonos.org/2012/04/alerta-en-cheran/ 

Michoacán ha sido gobernado, hace varias administraciones, por el PRD. En Cherán, como en Ostula, donde las agresiones contra comunidades indígenas y defensoras del medio ambiente son perpetradas por grupos paramilitares y del crimen organizado, las comunidades se han tenido que organizar para su autodefensa, ya que, de acuerdo con sus propias denuncias, tanto los gobernantes estatales perredistas como los federales panistas han protegido a los agresores y no a los pobladores de las comunidades en resistencia. 

En Guerrero, el Juzgado Primero de Distrito ordenó aprehender a once estudiantes normalistas, acusados de “ataque a las vías de comunicación”, por participar en un cierre carretero en el cual fueron agredidos a tiros por policías estatales y federales. En contraste, por el asesinato de los dos normalistas Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús, hay solamente dos policías presos y bajo juicio. El asesinato de los normalistas, ejecución extrajudicial, cuando estaban ya reducidos, fue un escándalo político que le estalló al gobernador Angel Rivero. La entidad también tiene varias administraciones bajo gobiernos del PRD.

Es sintomático que sean gobiernos del PRD los brazos ejecutores de la violencia política en varios estados del sur y sureste del país con fuerte presencia indígena, con proyectos de construcción de autonomía e incluso con insurrecciones populares armadas como la de Chiapas, el brazo ejecutor de una política contrainsurgente, de cercamiento (incluso paramilitar) de las autonomías indígenas, de fuerte represión a las organizaciones de izquierda, indígenas, campesinos, mujeres, migrantes, normalistas, periodistas, defensores de derechos humanos.

Lo común a todos estos gobiernos del PRD ha sido su colaboración en la contrainsurgencia, el reciclado de parte de lo peor de la clase política priista, la represión política incluso en ocasiones contra la gente de base de su partido, la aceptación de candidatos impresentables pero muy aceptables para el PRD. Han llegado al poder, ya sea por sus tradicionales alianzas “de izquierda” PRD- PT – Convergencia, como Juan Sabines en Chiapas, y, en otros casos, con el PAN como Salazar Mendiguchía en Chiapas y Gabino Cué en Oaxaca, pero en cada caso han sido eficientes aliados de los gobiernos federales foxistas y calderonistas para atacar a la izquierda social y corromper a la izquierda partidaria subordinándola a los cacicazgos priistas históricos. La misma historia con dolorosos matices se vive en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, y no solamente con la complicidad del PRD calderonista, los llamados “chuchos” sino con el padrinazgo del PRD amloísta como Sabines.

Era lógico que entidades que padecen una histórica violencia caciquil intentaran una transición por la “izquierda”, pero esa transición nació muerta por sus alianzas electoreras con el PAN y por reciclar a los cacicazgos priistas.

No es casual entonces que algunas organizaciones de esos estados planteen que no hay alternativa en la política electoral, pues ellos han padecido en carne propia la violencia que con la política electoral no ha disminuido. Porque los violentos de siempre, los poderes de hecho, han subordinado y usado a los gobernantes “electos democráticamente”.

Solamente unos ejemplos en este sentido. Uno es la declaración del Congreso extraordinario del Frente de Masas Populares de Guerrero, realizado el 31 de marzo y 1 de abril en Chilpancingo. En ella expresan desde su experiencia: “La alternancia es el engaño más ingenioso de toda esta farsa (electoral), porque a pesar de que la supuesta lucha entre los partidos y sus candidatos llega a dividir hasta familias y provoca enconos irreconciliables entre amigos, compañeros y pueblos enteros, allá arriba entre los políticos siempre llegan a acuerdos, nunca se pelean realmente y siempre se ponen de acuerdo para quedar bien con sus patrones capitalistas neoliberales.”

En tanto, a iniciativa de la Central General de los Trabajadores (CGT) española, organizaciones de México y de diversos países han lanzado una acción urgente por internet para exigir la liberación de un indígena base de apoyo del EZLN, Francisco Sántiz López, preso político por defender el territorio indígena de la política contrainsurgente que pretende despojarlos. La permanencia de esa política ha sido prometida por AMLO bajo el nombre de tren bala desde la Riviera Maya hasta Palenque, proyecto que da continuidad a los de los gobiernos del PRD en Chiapas y del PAN a nivel federal.

La acción urgente propuesta por la CGT expresa: “El encarcelamiento injusto de Francisco no es un caso aislado, sino que forma parte de la guerra continua del Estado mexicano en contra de las comunidades zapatistas, una guerra que a través de hostigamientos, agresiones y detenciones arbitrarias, pretende minar y aniquilar la resistencia y el ejemplo de proceso de autonomía que están llevando a cabo las bases de apoyo zapatistas en Chiapas.”

En tanto su candidato hace una propuesta retórica de “dar la mano al EZLN”, los gobiernos perredistas, apoyados para llegar al poder por AMLO en Chiapas y el DF, reprimen a las bases zapatistas y a quienes en el Zócalo de la Ciudad de México se manifiestan en solidaridad con ellas. Esa es la verdadera política de la “izquierda electoral” hecha gobierno

Por ello, no solamente el EZLN sino otras comunidades, organizaciones indígenas, autónomas y de izquierda no encuentran cabida en una política electoral no solamente incompatible sino operativamente funcional a la violencia contrainsurgente y represiva. 

Detrás de la negativa de comunidades como Cherán, Ostula y de las comunidades zapatistas a participar en las elecciones se encuentran esos agravios. No hay que buscar un complot como los inventados calumniosamente por columnistas y caricaturistas de La Jornada contra ellos. Quienes han gobernado y reprimido como la derecha (y en complicidad con ella) son quienes han fomentado el abstencionismo y las duras críticas contra los candidatos, partidos y gobiernos realmente existentes del perredismo y el lópezobadorismo, 

La acción “libertad para Francisco Sántiz, base de apoyo zapatista está en: http://oiga.me/campaigns/libertad-para-francisco-santiz-base-de-apoyo-zapatista-baz

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