El derecho no es de derecha

Babel

El derecho no es de derecha

Javier Hernández Alpízar

Contrariamente a la idea de que el derecho es solamente una “superestructura” que “pone un poco de orden en la explotación” o que formaliza y codifica el status quo, el derecho puede ser visto, y litigado, como un terreno en conflicto y en disputa, donde la correlación de fuerzas puede establecer una diferencia: A mayor acotamiento del poder por contrapoderes sociales y populares, un derecho más garantista y acercado a los estándares internacionales de derechos humanos, a mayor avasallamiento del derecho positivo por el poder, y los poderes fácticos que están a la sombra, un derecho más punitivo, excluyente y defensor de privilegios.

Si el derecho es visto así, desde la categoría central del conflicto y de pesos y contrapesos político- sociales, entonces no es inútil la defensa legal, ni lo es la cultura jurídica, ni las reformas que puedan reconocer los derechos humanos en las leyes. Si el derecho no fuera un terreno en disputa, sino una suerte de ring en donde el poder tiene todo en sus manos, no tendrían que dedicar tanto aparato, tanto dinero, tantos think tanks, a mantener en él la hegemonía autoritaria.

De hecho toda disciplina, arte, ciencia, práctica humana, puede ser leída, y ejercida, así, como un terreno en disputa: desde el erotismo, la poesía y el periodismo, hasta la agricultura o la arquitectura. En cada terreno, dejar de forjar un pensamiento y una praxis desde la perspectiva de la dignidad humana como fin y la maquinaria social como medio, es ceder sin lucha el terreno a quienes positivizan todo e invierten los fines y medios.

Regresando al derecho, la expresión autoritaria que prevalece en la imagen popular (“los abogados son como los plátanos, no hay uno derecho”) es el resultado de una memoria selectiva (tal vez los darwinistas lo expliquen mejor) que nos recuerda más las experiencias amargas que las exitosas. Pero las conquistas sociales, laborales, en derechos humanos, en derechos de las mujeres, en una cultura de respeto a las personas desde la infancia hasta la senectud, en la dignidad humana como la parcela a cultivar en lo cotidiano no son ninguna graciosa concesión del poder, ningún lujo que el capital se da cuando no se contradice con sus soluciones draconianas a las crisis, son resultados, productos, históricos y sociales (reversibles, no lo olvidemos) de la conciencia, la organización, la lucha exitosa de los pueblos.

En ese sentido, para mejorar la condición de las personas no se deben concentrar las fuerzas solamente en un terreno, que automáticamente mueva a los demás como epifenómenos, “superestructuras” o añadiduras providenciales,  sino que los defensores de la dignidad humana (y de lo sagrado en todas sus manifestaciones, la vida, la naturaleza, las especies) tenemos que pesar en la balanza de todas las correlaciones de fuerzas y ganar terreno en todas las tierras del planeta humano: desde la poesía hasta la política y otras parcelas de apariencia menos noble.

Las mejores movilizaciones sociales no desprecian el derecho, sino que construyen el derecho futuro, uno que no sea la mera sanción del status quo, que no actualice el “uso, disfrute y abuso” como derecho de los propietarios, el que no se autoimponga como derecho del más fuerte sobre toda autonomía. La esencia del derecho es la fuerza, quizás, pero la fuerza social puede ser una fuerza no subordinada a la razón indolente, sino una fuerza creadora de expectativas de un buen vivir.

Como en el caso de la política, que solemos tratar como una cosa que de suyo huele mal, si a otra forma de hacer política le adicionamos una forma diferente, basada en la justicia, de entender el derecho, entonces tendremos conceptos e ideales que oponer a los de una derecha que quiere convencernos de su monopolio de todas las cosas, desde la política y el derecho hasta el arte y los chismes del día.

Presuntos mexicanos

Babel

Presuntos mexicanos

Javier Hernández Alpízar

Será producto de la inflación que puso inalcanzables a los huevos; será que el dinero ganado trabajosamente en México se erosiona como la ilusión de ir al primer mundo (¿se acuerdan?); será que tras más de 100 mil homicidios dolosos en el sexenio, y casi 72 mil en la “guerra contra el crimen” (whatever tan means), los mexicanos nos hemos devaluado, pero ahora somos noticia como “presuntos mexicanos”. Con ese calificativo tan propio de la nota roja.

Escuchaba en la radio la noticia de los 18 mexicanos detenidos en Nicaragua, quienes llevaban en cash siete millones de dólares (nadie ha hablado de tarjetas Mónex o Soriana, éstos aman el efectivo) y la conductora, quien recibió por teléfono la noticia, le especificaba a la corresponsal en Managua: “presuntos mexicanos”. Los 18 iban en camionetas con logotipos de Televisa, decían ser periodistas. Ahora son “presuntos” y cuando escriben sobre ellos en las noticias entrecomillan “mexicanos”.

Qué lejanos los tiempos en que México y los mexicanos éramos sin comillas ni presuntos. Éramos, gracias a una política exterior de doble moral (sanforizada) de los gobiernos priistas, imagen de quienes recibieron a los exiliados republicanos españoles, a los exiliados por las dictaduras del Cono Sur, quienes no abandonaron a Cuba en momentos difíciles, quienes se solidarizaron con los movimientos revolucionarios en América Latina y el Caribe, incluida Nicaragua (Sandino y su pequeño ejército de locos cantaban La Adelita). Nos recibían con mariachi y tequila, no con desconfianza y recelo.

Hoy somos conocidos por los detenidos en España tratando de extender las redes de cárteles mexicanos, conocidos por ser una pesadilla para los transmigrantes centroamericanos que arriesgan la vida cruzando el territorio nacional para ir al norte. Padres de los dreamers que quizá tengan un chance en los Estados Unidos, porque no lo tienen aquí. Hasta Lázaro Cárdenas, en otro tiempo icono izquierdizante, al menos para algunos, hoy aparece mezclado a un rarísimo y fanático culto en la Nueva Jerusalén, Michoacán.

Nuestra imagen se ha devaluado como el poder adquisitivo de nuestras quincenas. Somos el país de la espiral de la violencia y la barbarie, en Francia lo editorializan, donde los votos se compran y venden por un plato de sopa Soriana, donde una medalla de oro engatusa al respetable mientras transnacionales canadienses nos cambian oro por cianuro y nos dejan sin agua…

Lo peor de todo, presuntos compatriotas de este entrecomillado articulista, es que la mala prensa tiene fundamento en hechos que sí existen. Nuestro prestigio es tan dudoso como incierta nuestra sensación optimista de que hay una luz al final del túnel, que ya parece El Túnel, de Sábato.

Tal vez, en lugar de protestar por los presuntos y las comillas debemos comenzar a hablar mal, y con razones, datos y argumentos, de México, de todo lo que dejamos podrir: La falta de democracia, la violación estructural de los derechos de casi todos, la violencia homicida que nos tiene hechos un icono de la barbarie, la discriminación de que hacemos víctimas a los centroamericanos y hasta a nosotros mismos, la muy entre entrecomillada libertad de expresión. Incluso, de nuestra poca atención y magro apoyo solidario ante algunas buenas causas. (¿Han oído hablar del Tribunal Permanente de los Pueblos en México o de la Caravana por la Paz de mexicanos en USA?)

Podremos comenzar a cambiar las cosas, tal vez, después de aceptar esa imagen funesta que nos forjamos todos, unos con mayor responsabilidad, otras con menos, algunos incluso con la impotencia de nuestra rebelión, la cual ha permitido no esta imposición sino una sucesión de imposiciones.

Así como a los falsos televisos detenidos en Managua, investiguémonos, quitemos los presuntos, descubramos los restos de inocencia allá en el fondo del caldero, pero sobre todo reconectémonos con nuestras raíces, las que hacían de nuestra presencia algo más interesante en el mundo. Por ahora, tenemos que aguantar el estigma del entrecomillado, que ya vendrán tiempos sin presuntos…

PD: Los falsos televisos me recuerdan la historia de unos magnates aldeanos de la radio comercial en Xalapa que fueron engañados por un junior, quien se hizo pasar por representante de Televisa. El fraude en México… ese sí, sin comillas.

El misterio del bien

Babel

El misterio del bien

Javier Hernández Alpízar

Escuchaba en un interesante programa de la radio de la Ibero que Roger Garaudy buscó toda su vida resolver, al menos para sí mismo, los grandes problemas del mal, la muerte y el dolor. Lo trató de hacer en sucesivas etapas de su vida desde la filosofía, el marxismo humanista, y la religión, primero en el catolicismo y luego en el Islam.

Tal vez el problema del mal se presenta, y hasta puede convertirse en una suerte de misterio, en un horizonte intelectual, filosófico y moral, en donde se da por supuesto la existencia del bien, por ejemplo con el concepto de Dios o de alguna teodicea. Pero la experiencia de más de un humano es que lo tangible e innegable es la presencia y el dominio del mal en el mundo social. No solamente por el dolor y la muerte, sino por la violencia, el homicidio, la crueldad y sobre todo las estructuras sociales e históricas de la dominación, la opresión, la explotación, la represión, los imperialismos.

Como en una figura que puede tener dos o más rostros – para nuestro argumento bastan dos—, el alto contraste se puede invertir. El mal existe, sin preocuparse por justificar o fundamentar su presencia y predominio en la historia, es lo dado. Y en medio de esa atroz sucesión de guerras, violencias y males sin cuento, pero con estructuras que duran y perduran, lo que resulta misterioso es la presencia y perseverancia del bien.

Es lógico que sin la experiencia de uno no podría comprenderse al otro, incluso es uno de los argumentos de las teodiceas. El mal existe para que podamos, en contraste, conocer y comprender el bien, pero el problema es: Cómo subsiste o como persevera en su ser el bien, en medio de una historia que parece ser la sucesión de estructuras humanas, bastante estables (y bastante establishment), del mal.

Como los personajes de Ernesto Sábato en sus novelas, parece que estamos evolutivamente programados para recordar los males más que los bienes. Quizá recordar los daños, amenazas y riesgos, nos ayuda a estar alertas, es bueno para sobrevivir. Somos más bien los hijos de Caín, pues es quien sobrevivió. Probablemente eso configura nuestra imagen del pasado, y del presente que se está volviendo pasado a ritmo vertiginoso, como un espectáculo de horrores. Las estructuras sociales tienden a corromperse y a potenciar el ascenso al poder de quienes practican la violencia y la opresión sin escrúpulos. Incluso los héroes jóvenes, si no mueren pronto, tienden a convertirse en viejos dictadores.

Pero no desaparece de nuestras conciencias e imaginaciones, al menos como horizonte utópico, la idea, el ideal, del bien. Algo en cada uno de nosotros nos hace esperar de nuestros semejantes el bien y no el mal. Esperanza a contramano de la experiencia. Y cuando recibimos el mal, eso que – podemos especular— es lo sagrado en cada uno de nosotros, se queja, dice: “¿Por qué a mí?”

Sin suponer, postular o abrazar una idea numénica, es verdaderamente un misterio el origen, la fuente de esa esperanza, esa aspiración, esa necesidad y deseo del bien, que parece estar arraigada en el fondo de nuestra biología y metabolismo. Pero, como buenos herederos de Marx, no es tan interesante contemplar ese misterio como ayudar a transformar la realidad que se opone a su imperativo: Que en el mundo haya justicia, equidad, alegría, y no lo que tanto preocupó a Roger Garaudy y en mayor o menor medida nos preocupa a todos: el dolor, la muerte y el mal.

En lugar de tratar de entender ese apetito de bien que no se muere en medio de la perversión de la vida por el fetichismo de la mercancía y la necrofilia reinantes, es bueno proponerse, como dice Italo Calvino en La ciudades invisibles: “buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”.

La doble moral masculina

Zona de Reflexión

Por Lucía Lagunes Huerta*, CIMAC

Todavía se cree que lo que ocurre detrás de las puertas de la casa o lo que ocurre entre las parejas y en la vida privada es un asunto que no es de interés público, máxime cuando el agresor es un hombre con poder y “reconocimiento” público.

Durante siglos la división entre lo público y lo privado ha servido para mantener el honor masculino, y dejar en mayor vulnerabilidad a las mujeres.

A un hombre que participa en la política, la academia, el sistema de justicia, la cultura o en la economía, no se le cuestiona si es o no buen padre, si cumple con sus obligaciones económicas, si respeta o no a su compañera y descendencia; eso no está en la línea de valores públicos que debe cumplir, muy contrario a lo que ocurre con las mujeres.

Lo que debe cuidar él es aparentar en público que es una buena persona aunque en su vida privada atente contra los derechos de quienes le rodean. Es así que los hombres han hecho de su doble moral un camino para la impunidad.

Sin embargo, este orden social tiene ya una fractura que hoy está dejando ver la magnitud de esa doble moral masculina.

Durante años la frase feminista “lo personal es político” se acuñó desde un sentido: visibilizar en la vida pública el horror que viven las mujeres en el ámbito privado, primer paso en el que hay bastante avance.

Ahora estamos frente al segundo sentido de la frase: el actuar personal, las creencias y la actuación privada es una medición inequívoca de su actuar político. Valorar la coherencia de su dicho en la práctica.

Un hombre, públicamente defiende los Derechos Humanos, logra prestigio académico por investigar la violencia contra las mujeres, pero que es violento en la vida cotidiana con quienes viven con él,  con el personal que colabora con él, no puede mantenerse en el escenario público atentando contra lo que él pregona en público.

Esta fractura es casi un ojo de alfiler que es necesario ensanchar. Por esa pequeña abertura han logrado pasar el caso del hijo de Diego Fernández de Cevallos, del cual después del escándalo de la agresión contra su esposa e hijos poco se sabe.

La denuncia pública de la ex esposa del consejero electoral Sergio García Ramírez, ante la violencia que ejerce contra su familia y sus allegados cercanos e ira irracional, y ahora, el señor Carlos Castresana Fernández, fiscal del Tribunal Supremo de España.

En el caso de este último, la doble moral masculina llega hasta las esferas más altas del poder, en las estructuras más altas del Estado, para proponerlo a que investigue los casos de feminicidio en Campo Algodonero, Ciudad Juárez.

Si sólo se valora la experiencia profesional y académica de Castresana suena lógico que la idea del Estado sea contratarlo, pero si a esa experiencia académica se le cruza la coherencia personal, la propuesta se derrumba al atentar contra lo que se quiere investigar.

Un hombre que intimida, utiliza su poder para atentar contra su ex compañera, no puede ser el mismo que investigue la verdad en un caso de violencia feminicida, porque no cuenta con la calidad moral para ello, y porque la violencia contra las mujeres es un delito y quien delinque no puede ser el mismo que investigue a otros delincuentes.

Es como poner a un ladrón, asesino o torturador a investigar homicidios, asaltos y defender los Derechos Humanos.

El Estado no puede permitirse ser usado para proteger al agresor y simular acciones de justicia, por el contrario debe colocar en el máximo nivel de prioridad nacional salvaguardar la vida de las mujeres y terminar la impunidad. En esa lógica, la propuesta de Castresana debe ser retirada.

Entre Marx y una multitud apiñada

Babel

Entre Marx y una multitud apiñada

Javier Hernández Alpízar

El rostro barbudo de Marx estaba justo enfrente del mío. No es que seamos muy amigos, lo que pasa es que la prole, como le dicen las fresas al proletariado, estaba apiñada. Una masa de trabajadores disciplinados en el Sistema de Transporte Masivo. El tiempo apremia y el espacio cede generosamente unos milímetros para que quepan más brazos productivos rumbo a su trabajadero.

La cara de Marx estaba seria como se quedó para siempre, con ese aire de profeta de la raza homo faber, y ahora aquí entre las compactas masas de la raza de bronce. El joven que iba leyendo uno de los prólogos de Engels a uno de los volúmenes del Capital, en la edición del Fondo, era güero, porque es de muchos colores la raza de bronce, pero toda ella destinada a cumplir la condena lapidaria de San Pablo: “Quien no trabaje que no coma”. Aunque a la URSS se le aflojó el mastique, o se desmerengó como dice Fidel Castro, Marx no ha desaparecido, deambula como pastor sin rebaño entre las manos de los lectores menos sospechados.

Viajar por alguna de las arterias del Sistema de Transporte Masivo de la Ciudad Monstruo puede ser trance más arduo que la Odisea de Ulises, el de Joyce o el de Homero, o ambos. Una ruta llena de obstáculos para llegar a tiempo a esa Penélope siempre fiel que es La Chinga, como cariñosamente llama la clase trabajadora a la chamba, el empleo, el camello, la diaria jornada laboral. Y cuyo tejido, el salario, también desteje de noche lo que avanzó de día.

El camino se encuentra sembrado de tentaciones como las que pasó San Antonio, o como las sirenas de la Odisea, sean antojitos, baratijas, impresos de muy baja ley informativa, golosinas, cigarros, pensamientos, diálogos, delitos menores y no tanto, canciones en la radio o en el I Phone y laberintos de transbordo que te transportan a otras dimensiones, apenas unas cuantas estaciones entre las calles grises, tapizadas de tags graffiteados y con alfombras de sutil polvo y basuras, y las calles un poco más luminosas, y hasta con áreas verdes, de las zonas del sur, algo más cuidadas por sus habitantes y por el gobierno de la metrópoli.

Como si hubiera una armonía preestablecida, nada detiene a la disciplinada tropa, a lo sumo algunos llegarán tarde, pero las manecillas del reloj siguen su curso y la ciudad sigue respirando su dosis de tóxicos para llegar viva a la noche. La fábrica de las riquezas siempre ajenas no se detiene. Los mecanismos explicados por Marx, y prologados por Engels, siguen funcionando, como los dientes que diariamente desollan al obrero, mientras el güero aligera, leyendo cosas que quizás entiende, su tránsito a otro sector del Monstruo, la clase trabajadora cumple su horario, cumple su rutina, obedece a la ley del mercado que abarata su trabajo y encarece sus medios de vida. Hoy tiene que trabajar cuatro días para que el salario reunido compre lo que compraba el salario de un día en los setentas.

Definitivamente no tenía yo todo el día para reflexionar, ni en Marx ni en algunas otras cosas. Hay que llegar al trabajo, comprar el pan, hacer el trámite, ir a la escuela, formar fila en el banco, o en la banca del desempleado, regresar con los propios, convivir con los extraños, comprar las tortillas o comer en el botanero, caminar ignorando los mensajes crípticos de los graffiti o los subliminales, dicen, de la publicidad. Nuestros cinco sentidos están socialmente condicionados. Ya está, aquí bajo, me gusta esta estación, Zapata, sin desdeñar a la División del Norte. Adiós, Marx, saludos a Jenny. Adiós, Engels, saludos a Groucho. Adiós metronautas, apiñados como los ángeles en las cabezas de los alfileres, como las letras en la conciencia escrita de Marx, el profeta de estas multitudes, raza de bronce chambeadora. La máquina me ha vuelto una sombra borrosa, ya lo dijo Rodrigo, no me acuerdo en que lado.

Uno de estos días puede que me encuentre a Bakunin en el subte.

No estudian ni trabajan 80 por ciento de mujeres jóvenes

— Faltan acciones para garantizarles salud, educación y empleo

Por Guadalupe Cruz Jaimes, CIMAC

Debido a que en México las y los jóvenes enfrentan múltiples dificultades para tener acceso a la educación, empleos con seguridad, así como a servicios de salud sexual y reproductiva, organizaciones civiles exigen una política pública acorde a las necesidades de esta población.

En el marco del Día Internacional de la Juventud, que se conmemora cada 12 de agosto desde el año 2000, Gabriela García, coordinadora del área de Jóvenes de la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México (Ddeser), dijo a Cimacnoticias que lejos de festejar, esta fecha es para reflexionar acerca de la política que las y los jóvenes necesitan.

La activista señaló que es preciso “dejar pensar en las y los jóvenes como el futuro del país, forman parte del presente y necesitan estudios, trabajo, servicios de salud”.

En el país hay alrededor de 36 millones de personas jóvenes, de las cuáles las mujeres representan más de la mitad. Ellas también son mayoría (80 por ciento) cuando se trata de quienes no estudian ni trabajan por la falta de oportunidades (7.5 millones de jóvenes), según un análisis de la Facultad de Economía de la UNAM.

Tan sólo este año han sido rechazados 500 mil aspirantes a la educación superior. Mientras que de las y los jóvenes que trabajan, el 68 por ciento carece de seguridad social.

Además del acceso a estos derechos económicos y sociales, el Estado mexicano incumple su obligación de proteger los derechos sexuales y reproductivos de esta población.

García indicó que en México, donde ni siquiera hay una ley de juventud, pesa el conservadurismo de las instituciones sobre el derecho a la salud de la población.

De este modo, manifestó, “nos explicamos por qué México no ha ratificado la Convención Iberoamericana de los Derechos de la Juventud y no ha cumplido con la Declaración Ministerial (compromiso internacional que obliga al país a brindar educación integral en sexualidad)”.

El incumplimiento de las autoridades ha derivado en que 6 de cada 10 mujeres de 15 a 19 años de edad no utilizaron ningún método anticonceptivo en su primera relación sexual.

Lo anterior explica que del total de las adolescentes 12.6 por ciento tiene al menos una hija o hijo, de los cuales la mayoría fueron por embarazos no planeados, sostuvo la especialista.

Gabriela García indicó que el Día Internacional de la Juventud “es ocasión para plantearnos las condiciones en las que vivimos las y los jóvenes de este país, el tipo de política que tenemos y la que necesitamos para lograr un desarrollo integral”.

Para demandar sus derechos, entre el 12 y el 14 de agosto Ddeser realizará actividades lúdicas, culturales y de protesta en siete estados de la República, entre ellos Morelos, Zacatecas, Chiapas, Guerrero y el Distrito Federal.

Será un reclamo a los gobiernos, a los legisladores para que tomen medidas serias ante este problema que crece sin control. Pero también será mostrar con los testimonios de las y los familiares de víctimas que lo acompañan que hay un México que se deshace en nuestras manos, y que sin embargo quiere reconstruirse día a día con una esperanza de paz.

* Los caminos del poeta rebelde

Por Manuel Fuentes Muñiz* CIMAC

A Cristina Auerbach, incansable defensora de mineros

Las noticias que nos llegan de todas partes del incremento de la violencia en nuestro país nos hacen entender los caminos que sigue ahora el poeta Javier Sicilia en Estados Unidos.

Pretende recorrer 13 estados y 27 ciudades advirtiendo que la violencia es una responsabilidad compartida de la sociedad y los gobiernos.

La violencia de la que alerta tiene que ver con personas desaparecidas, levantones, secuestros, asesinatos a mansalva de personas inocentes, de luchadores sociales, de periodistas que siguen cayendo, de decenas de miles de huérfanos y viudas sin apoyo gubernamental.

Los jóvenes son los mayores afectados de esta tragedia. Lo mismo son víctimas de la violencia o pertenecen a las bandas de los narcotraficantes que se esparcen por todo el país y que los cooptan desde temprana edad hasta ser los mayores consumidores de la droga, pero también son quienes sufren el mayor número de encarcelamientos.

En las dos giras anteriores llevadas a cabo en México, una hacia el norte y otra hacia el sur fueron cientos de personas agraviadas por la violencia quienes se acercaron a ese movimiento para hacerse escuchar.

Se acercaron a Sicilia porque el gobierno mexicano los sigue ignorando y no hay espacio para hacerse escuchar. Las denuncias penales son un mero trámite que se archivan en el olvido.

Los familiares van una y otra vez a los ministerios público para saber si hay alguna noticia del familiar desaparecido o secuestrado y la respuesta siempre es la misma: “Estamos investigando”. Pero en los hechos no hay intención de hacerlo.

No sólo es la incapacidad policiaca, su falta de pericia o la falta de personal, es la complicidad que permea en todos los espacios y no se puede detener. La percepción ciudadana al acudir a una agencia policiaca es como entrar a la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones.

El Ministerio Público parece el empleado de los secuaces y los policías sus malandros operadores. No hay camino para la justicia ni con quién acudir. La esperanza de justicia se aleja cada día sobre todo ante un gobierno que agoniza y que vive en su fantasía de logros nunca materializados.

La Caravana por la Paz emprendida por el poeta Sicilia por el país del norte es una acción ciudadana de dar voz a quienes los gobiernos han ignorado. Una acción ciudadana con más credibilidad que la de cualquier gobierno y más en estos tiempos.

En México a Sicilia cierta izquierda y cierta derecha lo miran con recelo porque no lo puede controlar ni usar en su beneficio, es un poeta rebelde. Calderón lo usó al inicio para encaramarse como un gobernante de apertura, pero su incapacidad de respuesta pronto lo arrinconó en el desdén y el repudio. Ahora prefiere alejarse de él.

Este recorrido que inició Sicilia en la ciudad de Los Ángeles buscará remover conciencias y nuevos aliados. La lucha contra el consumo de las drogas que se esparce en suelo norteamericano y la venta sin control de armas será la referencia central en cada ciudad donde llegue.

Será un reclamo a los gobiernos, a los legisladores para que tomen medidas serias ante este problema que crece sin control. Pero también será mostrar con los testimonios de las y los familiares de víctimas que lo acompañan que hay un México que se deshace en nuestras manos, y que sin embargo quiere reconstruirse día a día con una esperanza de paz.

*Abogado y académico, especialista en temas de justicia, consejero de la CDHDF.

Correo: mfuentesmz@yahoo.com.mx
Twitter: @Manuel_FuentesM

Jóvenes, los nuevos olvidados

Babel

Jóvenes, los nuevos olvidados

Javier Hernández Alpízar

¿Cómo nos las arreglamos, como país, para hacer de un elemento a nuestro favor un gran problema? Tal vez como una versión sofisticada de que cada hijo o hija trae “su torta bajo el brazo”, existe un concepto de “bono demográfico” según el cual un país en el que la mayor parte de la población es joven, y precisamente en edad de trabajar, cuenta con un gran potencial productivo. México está, ¿o debemos decir estaba?, en esa situación. Pero en lugar de haber invertido en educación y haber impulsado políticas estructurales, sistemáticas y permanentes, para crear empleos formales que dieran a los y las jóvenes una vida digna y al país un mejor futuro, tenemos a una juventud que ha visto vulnerados sus derechos a la educación, al trabajo, a la salud, la vivienda, a participar y ser escuchados, a no ser discriminados y a tener un futuro y esperanza de mejores tiempos.

Nos quedamos anclados en el México que nos hizo ver la mirada de Luis Buñuel en Los Olvidados. Con las y los jóvenes en la pobreza, extrema incluso, sin oportunidades, y además discriminados, estigmatizados y criminalizados por los adultos; y mientras más viejos, mayores prejuicios contra los jóvenes. Como si hubiera gobernado el país durante este sexenio el personaje ciego (don Carmelo) del filme de Buñuel, quien celebra que la policía mate a balazos a un joven que huye, con una editorial lapidaria y conservadora: “Así irán cayendo todos, como en tiempos de mi general Porfirio (Díaz), nadie se movía”… Incluso el regreso al priato, para algunos el regreso del México donde nadie se movía para no quedar fuera “de la foto”, y del presupuesto.

Un México viejo, de antes de la guerra, que mira a los jóvenes no como víctimas de la violación a sus derechos a la educación y el empleo, sino como flojos que “no quieren” estudiar ni trabajar, como vagos, malvivientes y delincuentes. Un México viejo (aunque pueden ser parte de él personas con menos de cuarenta años) que teme siempre al pasar por una calle cuando ve a un grupo de más de dos o tres jóvenes, que los juzga por la apariencia, por el color de la piel, la vestimenta, el estilo de arreglar su cabello, los tatuajes, los piercings, el lenguaje y la música ruidosa o lasciva. Un México viejo que cada vez que ve a un grupo de adolescentes con patineta coge el teléfono y marca el número de la policía.

Entonces, para una gran mayoría de los mexicanos, quienes están entre los 12 y los 29 años, el Estado no tuvo un lugar en le escuela, le ofreció un contexto de pobreza y presión para tratar de conseguir un ingreso y el tener que desertar de la escuela antes del bachillerato; y si acaso lo terminó no tiene, para la mayoría, un sitio en la universidad; en cambio le ofrece la educación como mercancía cara y sin calidad educativa; le ofrece las puertas del desempleo o de un empleo informal o un subempleo, sin contrato, prestaciones laborales ni perspectivas de crecimiento en ningún sentido. Una forma de empleo “ni ni”: sin salario decoroso ni derechos.

Ese Estado y esa sociedad le ofrecieron a la mayoría de los jóvenes una vida entre el analfabetismo funcional y la educación universitaria disfuncional, porque a mayor escolaridad menos oportunidades de un empleo, uno de verdad, con un salario de adulto. Y cuando sale a la calle, a jugar la cascarita, ligar, hacer amigos o tomarse una cerveza con la palomilla, tiene que lidiar con los adultos intolerantes y la policía preparada para extorsionar.

Por si fuera poco, el crimen organizado –industria que a los de arriba les ha dado oportunidades de delitos impunes de cuello blanco, como ser palomas mensajeras rumbo a las islas Caimán—, para los jóvenes ha significado el terror, el robachicos de sus pesadillas de infancia hecho una pesadilla real en la juventud.

Además, a un sector que quiso consumir el discurso de las promesas de democracia y participación ciudadana, el Estado mexicano le ha ofrecido unas elecciones con los dados cargados, sin respeto al sufragio, con los medios masivos como un altavoz regañón para acallar toda protesta, con el rito iniciático, para muchos jóvenes, en todo el acoso, el espionaje y la intimidación de la policía política y los porros, además de las peroratas de opinadores en medios electrónicos e impresos llamándolos a madurar y tornarse resignados. Como si los jóvenes no hubieran sido reprimidos por ser solidarios y estar contra la injusticia en Guadalajara, en Atenco, en Oaxaca, en Mérida, en Ciudad Juárez, en la ciudad de México…

Como en 1968 pareció que ser joven y, peor, ser estudiante, era un delito punible, en este inicio de siglo, ser joven es ser candidato a la violación estructural de tus derechos; insumo para la industria de la muerte y la violencia; elemento postergable al nihilismo de futuro del desarrollo, que sacrifica el mundo, el medio ambiente, los derechos humanos y las personas, sean ancianos, jóvenes, infancia, en aras de un abstracto y cada vez menos verosímil “país des(arr)ollado”.

Alguna vez un candidato priista perdedor dio pie a un chiste sobre su promesa electorera de dar a todos los niños del país “inglés y computación”; se decía que el primer e mail que enviaría el niño mexicano así educado diría: “I´m hungry”; la profecía se hizo realidad con las redes sociales y sus michos twitts y posteos juveniles que dicen “I´m angry”.

Los jóvenes tienen motivos de sobra para estar descontentos, inconformes, enojados y ser rebeldes. Por ello se enfrentan a un Estado que no tiene capacidad de dialogar ni dar respuestas a sus demandas, que no tiene más armas que la represión, la corrupción o el olvido. De nuevo, los olvidados. No es surrealista, es violencia hecha sistema.

Viaje al centro de la guerra

Babel

Viaje al centro de la guerra

Javier Hernández Alpízar

En México, quedamos cercados por la violencia, las armas, la muerte, el luto, como ese pueblo sitiado de la película de Terry Gilliam El Barón de Munchausen.  No solamente está la guerra afuera, sitiando nuestro mundo, sino adentro, alterando la cotidianidad, y arriba, en la cabeza de un poder rendido a la lógica de la guerra, a la maquinaria de hacer dinero por muertos, al álgebra macabra de sumar y entregar cuentas de cadáveres como signos de eficiencia. “Dinero, maquinización, álgebra… Analogía perfecta”, como escribió Simone Weil. La maquinaria de la gravedad que puede expresarse en otras monedas: Oro, drogas, cifras macroeconómicas.

Una posible respuesta es salir a las calles, gritar, alzar pancartas. Pero con una sociedad, y un poder sobre todo, con el seso sorbido por los hombres de gris, una marcha de los inconformes es como la marcha de los niños y niñas en la novela Momo; ninguna gente “seria” se entera. Acaso les provoca ruido, o peor, “caos vial”.

Otra respuesta posible es salir a tocar puertas. Lanzar una botella al mar. Alzar la voz al cielo, y los mexicanos que nos sentimos tan lejos de él, a los Estados Unidos, de los que estamos tan cerca.

Tal vez se vayan rompiendo prejuicios, como ocurre cuando las caravanas de las víctimas y los inconformes recorren México y van viendo que es un poco igual en todas partes. Que norte y sur son mexicanos, que ambos quieren dejar atrás este tiempo oscuro.

Quizá eso pase en los Estados Unidos. Es posible que no todos rumien el lugar común de “el mundo nos odia por nuestra libertad”. Quizá no todos estén tan mal informados que imaginen que los Estados Unidos se pasan el tiempo regalando dinero a los países del sur en forma de “ayuda humanitaria”. Quizá no todos adoran al dios Dólar y sólo en el confían. Quizá no todos creen que tienen derecho a comprar el arma que quieran y el mundo fuera de sus fronteras no importa.

En cada país hay un status quo, le gente que se beneficia con la mayor parte de la riqueza y desea que las cosas sigan así para siempre; en los Estados Unidos, la industria de la guerra, de las armas, de la muerte. Pero en cada país hay pueblos, comunidades, la gente, quienes no ganan con las guerras, más allá de poner los muertos y los lisiados de guerra, o de ver arrebatadas sus libertades ciudadanas, sitiadas por la razón de Estado y sus argumentos bélicos.

Si los pueblos se dieran cuenta de que en las guerras ningún pueblo gana, que incluso en los Estados vencedores la gente común es oprimida y siempre pierde un poco o un mucho con cada aventura bélica, ¿de dónde sacarían los Estados gente dispuesta a matarse por nada?

Ahora van las voces de algunos de los mexicanos y de las mexicanas a quienes les ha arrebatado gente valiosa e irremplazable una guerra contra las drogas, una guerra perdida de antemano, hecha para consumir insumos de muerte de la industria bélica.

Seguramente los pacifistas deben parecer gente anacrónica “que se quedó en los setentas”, que todavía citan versos de Bob Dylan, y resultan tan estrafalarios como los viejos compañeros de aventuras del Barón de Munchausen; deben aparecer como Quijotes de la era de las redes sociales, como la marcha de los niños y las niñas en la novela Momo, y son incomprendidos incluso por muchos bienpensantes y políticamente correctos (un poco zombies) en México mismo… pero alguien tiene que decir lo que por obvio no se dice, y menos se discute: Que seguir produciendo y vendiendo masivamente instrumentos de muerte sólo provocará, masivamente, más muerte. Que seguir combatiendo el tráfico de drogas con ejércitos y muerte es como seguir cazando brujas en pleno siglo XXI. Porque hay quienes piden acabar con los “sureños” que hacen el trabajo sucio, pero nadie dice algo a los blanqueadores que hacen dinero “bueno” al dinero “malo” y acaso, si los sorprenden, piden disculpas y pagan una multa, pero nadie pide para ellos penas duras, ni blandas…

Hará falta mucha imaginación, mucho de la “loca de la casa”, para romper la ajedrecística lógica militar que tiene hecha una máquina de dinero y muerte a toda administración, a la política, a la discusión de los razonables. La esperanza, como siempre o casi, está puesta en esos Quijotes.

La repetición de la impunidad

Zona de Reflexión

Por Lucía Lagunes Huerta*

La impunidad que vive México es la mejor puerta para la repetición de las violaciones de los Derechos Humanos y los atentados contra la libertad de expresión.

Una y otra vez lo han señalado instancias internacionales, una y otra vez han recomendado castigar a los perpetradores, sin que hasta hoy logren contar con la atención y la acción del Estado mexicano.

La omisión del Estado para garantizarles protección vuelve a violar sus Derechos Humanos y deja en soledad a las y los periodistas, quienes junto con las organizaciones civiles buscan protegerse; los resultados están a la vista: asesinatos, amenazas, desapariciones.

Lydia Cacho Ribeiro se suma hoy a la lista de periodistas que por razones de seguridad tienen que abandonar el país. Una nueva amenaza la coloca en riesgo, porque hasta ahora no hay quien le garantice una verdadera protección de quienes quieren hacerle daño.

Son los otros daños colaterales de una guerra que coloca la ley del más fuerte como la lógica, en lugar de la legalidad y el Estado de Derecho.

Cuando no se sanciona a la persona que violenta los derechos de otra, cuando se exhibe impúdicamente la colusión para proteger a personajes de la política, quienes a todas luces se asocian con un particular para hacerle daño a una periodista cuyo delito fue investigar y sacar a la luz pública una red de pornografía infantil, el mensaje llega: la ley del más fuerte está en vigor.

Cuando la fuerza tendría que estar del lado de la justicia y de la verdad, la fuerza de las armas, del poder político, de la intimidación, va ganando espacio para silenciar a aquellas personas que le incomodan, que le obstruyen su posibilidad de maniobra, dejando a la sociedad solo con los ecos que ellos quieren que se escuchen.

Uno de ellos contó con el beneficio de ser un gobernador para ser intocable, ser gobernador de un estado le permitió no sólo la fuerza sino le garantizó la impunidad. Él sigue gozando de la vida política, él no tiene que salir corriendo de su casa por alguna amenaza, no tiene que solicitar protección por su vida.

Dejar pasar las grabaciones, sin investigar a profundidad lo que eso implica, no haber hecho justicia para Lydia Cacho, la colocó en riesgo nuevamente, en la posibilidad de la repetición de una amenaza que pudiera costarle la vida.

Por esta absurda impunidad desvergonzada, es que el Comité de Expertas de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer le insiste al Estado mexicano garantizar la protección de las periodistas.

Por eso es fundamental que las instancias gubernamentales como los Comités de Protección para Periodistas y Personas Defensoras de Derechos Humanos actúen a favor de las víctimas, y no se queden en la lógica burocrática de retardarlo todo.

Si estas instancias no actúan a favor de las víctimas, si no las protegen y les dan garantías para seguir haciendo su trabajo no servirán de nada, y pasarán a la historia como una más de las instancias fantasmas que desarrollan aparatos, consumen recursos públicos, pero no dan resultados.

Twitter: @lagunes28

*Directora general de CIMAC.

Riesgos sociales por desigualdad y pobreza

Monedero
— Riesgos sociales por desigualdad y pobreza

Por Carmen R. Ponce Meléndez*

Para 2010 son 28 millones de personas con pobreza alimentaria –pobreza extrema–; en el periodo 2008-2010 ésta creció 3.2 por ciento, un plus de 4.2 millones en tan sólo dos años.

Cabe considerar que durante la crisis alimentaria de 2008, el aumento del número de pobres fue de alrededor de 5 millones de personas. ¿Cuántas más?

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) define pobreza extrema “cuando una persona no tiene ingresos suficientes para adquirir una canasta básica de alimentos”, es decir, es la línea de bienestar mínimo.

Este problema se explica por la volatilidad de los precios en los alimentos, la rigidez de los ingresos salariales y la precariedad laboral.

El incremento en los precios de los alimentos impacta negativamente en el poder adquisitivo, muy en especial en los hogares más pobres, ya que estos son los que destinan mayor porcentaje de sus ingresos a este renglón y rebasan los alcances de la política social debido a que su situación es producto de la política económica.

Según datos de Coneval, durante los últimos ocho años (2004-2012), el valor monetario de la canasta alimentaria básica urbana, creció 63 por ciento, al pasar de 675.77 a mil 101.45 pesos. Por su parte la canasta rural expandió su precio en 68 por ciento (ver gráfica).

VER GRÁFICA AQUÍ

Para este mismo periodo el salario mínimo sólo se incrementó en 37.8 por ciento, una pérdida del poder adquisitivo nominal de 30.2 puntos porcentuales.

Sin embargo, al analizar el contenido de esa canasta alimentaria, mini alimentaria y super básica, bien se puede concluir que en realidad es mucho mayor la caída del poder adquisitivo para adquirir alimentos, más del doble.

Como también lo es el crecimiento de su valor monetario, bastaría agregarle tres o cuatro alimentos básicos; por lo consiguiente, el número de personas en condiciones de pobreza es más alto.

Por ejemplo, en verduras sólo incluye: cebolla, chile y jitomate; en frutas: limón, manzana y perón, naranja y plátano tabasco. Para la canasta urbana son mil 592.5 gramos por día y mil 354.3 en la rural, lo estrictamente indispensable para no morir de hambre, pero no para comer bien.

La realidad alimentaria de la gran mayoría de la población es mucho más grave de lo que se quiere reconocer o de lo que se oculta tras estas mediciones, pero esa verdad estorba.

Es evidente que los niveles de bienestar social también van en caída libre y la incertidumbre social es creciente, tiene un horizonte de alto riesgo porque hay una crisis de empleo, de ingresos y de bienestar social.

Pobreza con desigualdad, desigualdad que afecta severamente las relaciones sociales y el equilibrio de intereses y que requiere cambios profundos, políticos y sociales, pero que aparentemente nadie quiere perturbar y el proceso de concentración del ingreso sigue apabullante.

P.D.
Las jóvenes sin oportunidad de estudiar y para ellas no hay políticas de educación, salud, cultura y empleo. El gasto en educación superior apenas es de 0.75 por ciento del PIB, y la cobertura es de menos del 27 por ciento. En Argentina y Uruguay es de 67 y 64 por ciento, respectivamente, y en Estados Unidos alcanza 82 por ciento.

Su situación laboral es pésima, 7 de cada 10 trabajadoras jóvenes no tienen contrato laboral que las ampare y sólo el 16 por ciento tiene acceso a los servicios de salud; tampoco pueden acceder a crédito para vivienda o seguro médico.

ramona_melendez@yahoo.com.mx
Twitter: @ramonaponce

*Economista especializada en temas de género.

La tragedia minera que no acaba

Por Manuel Fuentes Muñiz*

Las tragedias de los mineros no terminan. En 15 días fallecieron 15 mineros en cuatro centros de trabajo: Cloete, Agujita, Pozo de Minera el Progreso y Mina VII-Saltillito, todas en el estado de Coahuila.

El gobernador Humberto Moreira, como vocero de las empresas, se apresura a insistir en reformas legales que permitan la liberación económica del gas metano asociado al carbón, y omite la exigencia de la población por que se adopten medidas severas de protección al minero.

Las empresas mineras siguen sin entender que las ganancias y la explotación no pueden estar por encima de la adopción de medidas de seguridad ni de la vida de los mineros.

La organización Familia Pasta de Conchos, el equipo Nacional de Pastoral Laboral y el Centro de Reflexión y Acción Laboral (CEREAL), han alertado que después de ocurrida la reciente tragedia del 3 de agosto en la Mina VII-Saltillito de MIMOSA, del Grupo Acerero del Norte, en la que fallecieron seis trabajadores, existen evidencias de negligencia por parte de esa empresa.

De acuerdo con testimonios de trabajadores del tercer turno, hubo en las horas previas a la explosión “pequeñas detonaciones” (que son exhalaciones de gas metano del manto por altas concentraciones) “por las que de hecho le paramos”.

Sin embargo los trabajadores del siguiente turno, en el que ocurrió la explosión, no fueron alertados del grave peligro y se les permitió la entrada para laborar normalmente.

Los testimonios dan muestra de una presunta negligencia empresarial:

Desde anoche “olieron” a muerte, 4 de ago 2012/Progreso, Coah.- “Anoche estuvimos trabajando en ese tiro, barrenamos y escuchamos pequeñas detonaciones, nosotros les llamamos “peditos”, desde esa hora sabíamos que había mal augurio ahí, de hecho le paramos, pero nuestros compañeros de en la mañana no y pues miren, dieron con la bolsa grande”.

Lo anterior lo dio a conocer Juan Manuel Carmona Escalante, minero del turno de tercera de la Mina VII de la Esmeralda, y quien al saber de la explosión, de inmediato se trasladó para unirse al rescate, pues su padre, del mismo nombre, estaba en el mismo turno.

“La verdad que cuando llegue y lo vi, sentí un alivio, lo primero que hice fue abrazarlo y darle un beso a mi viejo, luego a entrarle al trabajo, había que rescatar a los compañeros, eso era lo más importante”.

Asimismo, dijo que todos estaban bien, al menos los 200 mineros que lograron salir avante, pero la mayoría de ellos estaban trabajando en el rescate de sus compañeros aún atrapados.

“Ellos estaban trabajando en la Máquina 5 –el minero continuó–, según esto pregunté y me dicen que más o menos estaban bajo Roncesvalles, como a unos cinco kilómetros de aquí, ya la llevaban lejos”. Página 4A, La Prensa de Monclova.

Estos testimonios reflejan la evidente responsabilidad de la empresa al permitir trabajar al primer turno la Máquina 1, donde se originó la explosión a sabiendas de que se habían reportado problemas en ese lugar.

Se espera una respuesta pronta de las autoridades en las investigaciones que se llevan a cabo, y que no haya complicidad como siempre ocurre.

No sólo debe haber aplicación de multas, sino también fuertes sanciones penales para quienes siguen permitiendo con su negligencia las muertes de mineros y el desamparo en sus familias.

*Abogado y académico, especialista en temas de justicia, consejero de la Comisión de Derechos Humanos del DF.

mfuentesmz@yahoo.com.mx
Twitter: @Manuel_FuentesM

Solalinde y el Cristo migrante

Babel

Solalinde y el Cristo migrante

Javier Harnández Alpízar

Me impresionó la idea, al final de una nota periodística sobre la carta en que personal del alberge para migrantes Hermanos del Camino, de Ixtepec, Oaxaca, pide a autoridades eclesiásticas la permanencia de tiempo completo de Alejandro Solalinde.  El obispo de Tehuantepec Oscar Armando Campos Contreras ha ordenado a Solalinde dejar el albergue, castigándolo por “protagónico”, y el defensor de migrantes dice que incluso tratan de “rebasarlo a laico”, es decir, privarlo de sus funciones de culto como sacerdote. Pero en el lenguaje de sus compañeros defensores y defensoras de migrantes, el argumento es la fe que profesan: “Jesús fue migrante”. Une fe, un lenguaje y sobre todo acciones similares a las mujeres de La Patrona, Ver.

En efecto, cuenta el Evangelio que cuando Herodes estaba exterminando a los niños menores de dos años – temeroso de la profecía de un mesías- rey que nacería en sus tiempos— un ángel le dijo a José en sueños que huyera con su esposa e hijo a Egipto. Es decir, desde recién nacido Jesús fue migrante, porque en su tierra natal era un perseguido político. Jesús, además de migrante, era un refugiado político. Y había una nación cosmopolita en donde el niño y sus padres pudieron salvar sus vidas, para que Jesús regresara años después, cuando ya había muerto Herodes y pasado el peligro. Las historias de migrantes, refugiados, exiliados, transterrados y repatriados en la Biblia no son secundarias, están en el centro: Abraham sale de Ur por orden divina a buscar una promesa en otras tierras; José es desplazado forzado por sus propios hermanos a Egipto; el pueblo hebreo regresa a su tierra natal peregrinando, migrando a través del desierto, huyendo de una nación donde sufrió la esclavitud; los hebreos llevados por la fuerza a Babilonia recuerdan con nostalgia Jerusalén, su ciudad, y llorando cantan: “que se seque mi mano si me olvido de Jerusalén”, textos que han dado lugar a una de las piezas de ópera más conocidas, el coro de los esclavos de la ópera Nabucodonosor. Va pensiero…

Pero, como recuerdan en su carta los cristianos del albergue Hermanos del Camino, no es un tema de historia, ni siquiera de historia de la salvación. Porque ellos ven al Dios migrante de su fe en los migrantes centroamericanos que actualmente pasan por Ixtepec huyendo de la violencia, la miseria, el hambre y la criminalización de la pobreza en sus países, para enfrentar la violación grave de sus derechos humanos, crímenes de lesa humanidad como ejecución, desaparición forzada, secuestros, violaciones, torturas, mutilaciones, extorsiones, robo, trata de personas y esclavitud en México, tratando de llegar a la Babilonia de nuestros días.

Para entenderlo, el obispo de Tehuantepec o los detractores del “protagonismo” de Alejandro Solalinde no necesitan leer la Biblia, quizá eso incluso lo hacen, pero de nada les sirve. Tendrían que tener un corazón como el de las y los defensores que arriesgan incluso sus vidas por ayudar a los migrantes en lugares como Tabasco, Oaxaca, Veracruz, Estado de México, Querétaro y en otros puntos del camino de sufrimiento de los migrantes.

En España también la derecha propone quitar a los extranjeros que estén allá de manera “ilegal” la atención de salud estatal, para obligarlos a “firmar un convenio” con el Estado español y pagar su servicio de salud. Entrevistado por la prensa un político conservador dijo que los extranjeros deberían regresar a sus países, ya que España no debe convertirse en el paraíso de los migrantes. La derecha española también quiere expulsar a los pecadores del paraíso.

Es una muy baja pasión la xenofobia, hipócrita y convenenciera como otras bajas pasiones, porque recibe bien al extranjero rico, que llega cargado de dinero, pero desprecia y si puede utiliza y esquilma al extranjero pobre que viene huyendo ya de la violencia estructural en su país de origen.

Sea o no creyente, una persona de este siglo puede tener el referente de siglos de civilización que intentaron sepultar a la barbarie, procurando eliminar discriminaciones y prejuicios como la xenofobia, y exaltar la hospitalidad. Escuchaba hace poco en un programa de radio el mito de Licaón, a quien Zeus castigó por la mala costumbre de asesinar a sus huéspedes y comérselos. Lo transformó en un lobo, de donde viene la mitología de la licantropía. Como puede verse la falta de hospitalidad ya era condenada por otros pueblos antes incluso del cristianismo.

Pero parece que el siglo XXI está marcado por el signo de los retrocesos, por el regreso de atavismos, de las formas de incivilización y falta de humanidad que creíamos ya superadas. Regresan, como las enfermedades que creíamos ya extinguidas, infamias como la xenofobia. O mejor dicho, nunca se fueron, como el PRI.

Tal vez todo esto se puede decir de manera más sencilla, sin tanto antecedente libresco, como suele hacerlo el propio Alejandro Solalinde cuando platica. El asunto no es difícil de enunciar ni de entender, simplemente “no hay que ser ojetes”. O si la palabra no está en su diccionario, una versión más latina: no seamos el lobo de los hombres.

Calderón, de Eliot Ness a James Holmes

Babel

Calderón, de Eliot Ness a James Holmes

Javier Hernández Alpízar

El desencuentro entre Felipe Calderón – cabeza visible del régimen y defensor de la estrategia de Seguridad Pública que ensangrentó al país con más de 71 mil ejecuciones— y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad es un hecho que puede permitirnos asomarnos a la situación de los derechos humanos en México. Alrededor de Javier Sicilia y algunas víctimas visibles de la violencia que enlutó el país en este sexenio se conjuntó un movimiento ciudadano que pidió cambiar la estrategia anticrimen, abandonar la violencia y la militarización como eje casi único, y poner énfasis en atender y resarcir a las víctimas. La visibilidad del movimiento a nivel nacional e internacional, las movilizaciones hacia Ciudad Juárez y luego hacia la frontera con Guatemala, con las voces y testimonios desgarradores de algunas de las muchas víctimas de la guerra del sexenio, obligaron al gobierno federal a aceptar un diálogo público. Lo que el titular del Ejecutivo ofreció no fue una escucha atenta ni una intención de reflexionar y menos aún de cambiar el rumbo; dijo que de lo único que se arrepentía era de no haber iniciado antes la guerra contra el narco. En el siguiente diálogo intentó diluir al movimiento entre otros interlocutores, la mayoría de ellos grupos que apoyan la estrategia de Calderón bajo la concepción de que la violencia proviene de los delincuentes y que la militarización de su combate debe mantenerse o aun incrementarse. Semejante estrategia prácticamente cerró el camino del diálogo.

No obstante, la vocación de dialogar y tratar de encontrar acuerdos del Movimiento por la Paz no cesó. Quedaba pendiente una ley que regulara la atención del Estado a las víctimas de la guerra y la violencia, atención que los testimonios durante las caravanas y actos de las movilizaciones habían denunciado como nula. El proyecto de ley que aprobó el Senado de la república fue vetado por Calderón, primero atrasando su publicación hasta pasar las elecciones y luego negándose a publicarlo y regresándolo con “observaciones” de manera que, dados los tiempos burocráticos legislativos, se quedará para el siguiente sexenio. Ante la insistencia del Congreso y del Movimiento por la Paz en que se publicara y luego se plantearan las reformas necesarias, el poder Ejecutivo interpuso ante la SCJN una controversia para que sea juzgada la constitucionalidad de las facultades del poder Legislativo para rechazar las observaciones y pedir la publicación de la ley y del Ejecutivo para regresar a las cámaras la iniciativa, lo que de hecho es un veto.

El desencuentro último se dio en el incumplimiento de un compromiso para hacer un Memorial de las Víctimas, que en la perspectiva del Movimiento por la Paz debe ser construido con la memoria, los datos: nombres y lugares donde fueron asesinadas, de todas las víctimas de la guerra sexenal. Esto implica una Comisión de la Memoria, y un reconocimiento del Estado acerca de su responsabilidad por la violencia, así como un espacio de las víctimas para ver dignamente recordados y reivindicados a sus muertos, reconociendo que se violaron sus derechos humanos. El gobierno federal propuso un monumento en el Campo Marte, que como su nombre indica es un campo militar, además lo concibe como homenaje a las “víctimas del delito”, negando así toda responsabilidad castrense y del Estado por la violencia.

Al contrario de la imagen de sí mismo como el “Eliot Ness” que alguna vez el gobierno de los Estados Unidos aplaudió, Felipe Calderón se ha forjado en el imaginario de una gran parte de la población la imagen de un James Holmes, el que de manera arbitraria descargó la violencia del Estado contra un pueblo que puso solamente los muertos, los desaparecidos, el cuerpo para las heridas. Las víctimas no lo fueron meramente del delito, lo fueron lo son, del delito de lesa humanidad cometido desde el poder.

Granaderos abriendo paso a…

Babel

Granaderos abriendo paso a…

Javier Hernández Alpízar

Granaderos, como llamamos en México a la policía antimotines. Granaderas, mujeres policías antimotines para golpear a mujeres, porque hasta “perspectiva de género” quisieran gastar. El cuerpo de policía que en 1968 los jóvenes pedían fuera disuelto, porque es especialista en disolver violentamente manifestaciones, protestas, paros, huelgas.

La imagen de los granaderos la tenemos asociada a esos años del priismo que deseábamos que no regresaran pero parece que regresarán, o mejor dicho, que nunca se han ido.

Entre 300 y 600 granaderos y granaderas, según las distintas fuentes, cortaron los accesos para que la gente no llegara a la protesta, con tal eficiencia que dejaron encapsulados dentro del cerco a unos pocos, los que llegaron primero o alcanzaron a entrar al inicio. Cercaron con tal eficiencia que no podían llegar ni la prensa ni los observadores de derechos humanos. Además era la madrugada de un domingo.

Los granaderos trataron también de impedir que los vecinos pudieran ver lo que pasaba dentro del cerco. Ya el solo hecho de que fueran tan cuidadosos en evitar testigos incómodos es sospechoso. Después de ocurrida la represión lo negaron, dijeron que incluso hubo notarios públicos dando fe de que todo fue sin violencia.

Granaderos abriendo paso a un modelo de desarrollo excluyente: una autopista de cuota que será usada por muy pocos, que no resuelve el problema de vialidad de la ciudad, que dejará ganancias notables a la iniciativa privada, que despojará a barrios enteros de sus casas, terrenos, algunas las pocas áreas verdes que quedaban, pulmones de la ciudad.

Granaderos insultando y golpeando a ciudadanos y ciudadanas; mujeres granaderas levantando en vilo a una mujer hasta casi dejarla en ropa íntima. Granaderos golpeando a un doctor universitario, un defensor de medio ambiente, por intentar defender a su esposa de las granaderas.

Granaderos abriendo paso a un megaproyecto jamás informado, jamás consultado, jamás consensuado con los afectados.

Granaderos actuando bajo las órdenes de un gobernante que antes de serlo fue titular de la seguridad pública, y que dejará en su lugar, previo requisito de paso por las urnas, casi carro completo, a su ex titular de seguridad pública.

Granaderos reprimiendo porque ya pasaron las elecciones y no hay fijón con el costo político electoral. Granaderos reprimiendo en medio de la cortina mediática que publica urbi et orbi las medallas de plata en las Olimpiadas. Pueblo distraído mientras le reprimen a los suyos y le destruyen los barrios, el medio ambiente.

Granaderos limpiando el camino para que pase la maquinaria del “desarrollo modernizador”, a beneficio de “las fuerzas vivas”, los empresarios privados de siempre.

Granaderos y granaderas. No es necesario el deja vuh. No es necesario regresar a las épocas de Díaz Ordaz, de Echeverría, de López Portillo. A la disolución de huelgas, marchas y mítines bajo el priato. Se trata del PRI que nunca se fue, que siempre estuvo ahí, gobernando para beneficiar a los empresarios del salinato, para hacer la administración eficiente del neoliberalismo que heredó a México Miguel de la Madrid.

Lo único diferente (y tal vez ni eso) es que este priato ha navegado con bandera de progresista, de democrático, pero tampoco es tan nuevo porque el PRI también tuvo discursos tercermundistas, discursos de la no intervención y el no alineamiento, de apoyo a los pueblos asolados por dictaduras, a cualquiera menos al pueblo mexicano.

Gobierno + granaderos + empresas contra quienes defienden su casa y su barrio. Seguro es el PRI que no se había ido. ¿Recuerdan a Marcelo Ebrard, del equipo de Camacho Solís, en el gabinete de Salinas de Gortari? Un priismo que no olvida su modo de eficiencia. Estando ellos en el poder, los derechos humanos no tiene nada que ver.

Granaderos abriendo paso a la Supervía Poniente.