¿Y si los Tarahumaras gobernaran Chihuahua?: Mind Games

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Crónica sarcastrónica de… Un viaje al epicentro de la tierra (Un estudio profundo del inconmensurable fenómeno del zapatismo)

 Por Vinicio Chaparro*

Capítulo Siete

Mind Games

Ya me imagino el alud de críticas que recibiré por usar un título en inglés para una entrega sobre el zapatismo. ¡Reportero chafa!, ya lo oigo. No me la voy a acabar. ¡Uuuh!, de seguro que Proyecto Nedni, La División del Norte y Los Ángeles Press perderán un gran número de lectores nacionalistas y sus bonos descenderán peligrosamente en La Bolsa de Valores de Niu York. Cuando regrese no se si tendré empleo. Y, a la mejor, ni oficina. Creo que nos va a ir pior con el rating que cuando la confusión de los norvietnamitas.

Pero deben de saber que el título no es nada espontáneamente anglo, es en honor a aquella vieja canción del maese Lennon, Mind Games, que significa juegos mentales (para los que no espik inglich, y también para no decir un disparate muy feo), y esto se hace porque vamos a hacer unos pequeños ejercicios mentales. Y les pondremos música de fondo. Y con ello, con ese ambiente musical y espiritual, se podrán percatar que este artículo está diseñado para los yoguis. No, no, no. No para el Oso Yogui, sino para los que hacen un nudo con sus piernas, juntan las puntitas del dedo índice y pulgar de cada mano, cierran sus ojitos y dicen, Ooooooooommmmmmm. A ésos.

Y aprovecharemos la ocasión para alinear un poco los chakras, en lo que se refiere a la conceptualización sobre el poder indígena. Y nada mejor que los yoguis y los monjes del Tíbet para esta difícil dinámica espiritual.

¡Ah!, y no van a poder cerrar sus ojitos, porque entonces ¿cómo van a leer el texto?, esperemos que esta omisión no altere el proceso de la alineación de los chakras.

Así que, ¡Posición de Loto!…¡¡¡Yá!!!

Pero primero, perdón por la interrupción, antes de empezar a decir Ommmmm, permítanles decirles de dónde surgió la idea de estos juegos mentales.

En total creo que durante todo el Viaje al epicentro de la tierra estuve en tres o cuatro ocasiones en alguna reunión con alguna Junta de Buen Gobierno, fueron reuniones cortas y concisas, pero me permitieron ahondar más el presente estudio y a apreciar mejor como se gobiernan los zapatistas. Unos días es poco tiempo para ver todo pero, a ojo de buen cubero, esas cortas reuniones arrojaron algo a mi desvalida vida de reportero. A mis conocimientos sobre el zapatismo real. Sobre la cuestión del poder indígena, claro.

Zapatistas en la lucha por la dignidad. Foto: aztecanoticias.com.mx

No es conveniente ofrecer muchos detalles sobre estas apreciaciones porque la CIA y el Departamento de (des)Inteligencia del gobierno de Calderas, ya están esperando con desesperación cada capítulo de esta crónica sarcastrónica para ver qué aprenden de los zapatistas. ¿Ya vieron que el hipótrica de Calderón dijo la frase de “la satisfacción del deber cumplido”? Qué descaro, ahora hasta los pobres panistas se empiezan a fusilar las frases más famosas del Sup Marcos, pareciera. Al rato van a decir que “mandan obedeciendo”. Hubo un presidente municipal panista en Chihuahuita La Bella (la nostalgia empieza a hacer estragos con mis reportes y mis recursos literarios), que al terminar su mandato también dijo sentirse con “la satisfacción del deber cumplido”. Después caería en la cárcel por un fraude millonario. Juanito Blanco, creo que se llamaba. No lo olviden, porque quiere ser senador.

Esos panistas, ya no saben de dónde sacar frases chidas y pegadoras para impresionar al Populus tremulodies, que es el nombre científico de los mexicanos, (porque siempre estamos trémulos). Pos por eso creo que no es conveniente darles frases gratis a esos ilustres caballeros. Así que con todo cuidado y discreción les contaré lo que se puede contar. E imaginen lo demás. Entre líneas.

Lo que vi, con estos ojos que se han de comer los gusanos, es que estos jóvenes jefes integrantes efímeros de las juntas de buen gobierno, tienen una conducta muy diferente a todos los miles de burócratas que he tratado en mi larga vida de renegado e hijo de Gengis Kan. Por eso defiendo la tesis de que hay otro México. Sin tanta burocracia. Ésa que nos hace rechinar los dientes y emitir malas palabras. Y éso, ya es mucho decir.

Es difícil de creer pero lo primero que noté es, que estos jóvenes del gobierno zapatista tienen otra conducta diferente a cualquier que hayamos visto en los funcionarios actuales del resto de México. Para empezar, rápido atienden tu solicitud de audiencia, te reciben en cuanto tienen la primera oportunidad, te escuchan atentamente (aunque lo que les propongas sea una verdadera barrabasada), te tratan como igual, se consultan entre sí en tzotzil (o tzeltal) y anotan todo. Son astutos. Toman todo con seriedad. Y te dan respuestas concretas a tus propuestas. Y cumplen. Y, en una observación muy cercana, parece que sólo piensan en la revolución, en su eterna lucha contra el capitalismo. En que los indios sean igual que los demás. En un mundo imposible que les parece posible.

“Seguiremos luchando” decían repetidamente. No eran muy expresivos pero no dejaban de decirlo. En Oventik y en La Garrucha se repitió esta advertencia. Dos palabras. Sólo dos.

Neozapatista Foto: UNAM / Gualberto Díaz

Horas y horas atienden a la gente que va a verlos. Al final, van y revisan el funcionamiento del Caracol, sobre todo de la pequeña tiendita zapatista. Hacen sumas, preguntan cosas y se alejan a otro quehacer. No los vi parar durante todo el día.

Y ya noche, cuando sonaba las cuerdas de una guitarra en unos troncos enfrente de nuestro comedor, tocando “Cartas marcadas”, hasta se daban tiempo para ir a convivir un rato con nosotros antes de hacer la mimi. Tempranito en la mañana ya estaban de pie, atendiendo más gente. Fácil, fácil, trabajan más de doce horas diarias. Ah, y no cobran ni un cinco partido por la mitad. Ah, y mantienen su energía a base de tres elementos fundamentales de la tabla periódica zapatoza: frijoles negros, café negro y tortilla dura.

De ahí sacan todo su vigor. No los vi comer otra cosa, aunque por su complexión física parecía que ni siquiera sabían de la existencia del caviar.

Durante mi larga lucha contra la opresión del individuo y la devastación de los recursos naturales he visitado muchos, muchos funcionarios, y lo visto aquí me sorprendió y me impactó tanto como el mismo relato de Rosa López.

Pareciera que estos jóvenes luchan contra el burocratismo igual que lo hacía El Che.

El zapatismo ha superado en la práctica el grave cáncer que ha destruido imperios enteros. El fucken burocratismo (perdón por el exabrupto gabacho) que nos convierte en limosneros de la justicia. Sabemos que el burocratismo soviético (y el güey de Stalin, güey es poco, junto con su espantoso culto a la personalidad), fue la clave del derrumbe de la comunidad socialista de tiempos de la URSS. Y ni modo que digan que no.

Y esto que vi es alentador, como propuesta para una nueva sociedad.

A pesar de lo lunático de mis propuestas, de hacer clubs de ecología, talleres de barro, de inglés y todas las loqueras que fluyen en mi mente, estos chavos zapatistas me escucharon con atención, para al final decirme, “lo someteremos a la asamblea, nosotros no decidimos”.

Y pues también tuve varias pláticas con otros zapatistas, funcionarios del Caracol, ya lo había mencionado en otra ocasión, y empecé a alucinar un extraño sueño mortal.

Pues resulta que no podía deshacerme de mi nostalgia chihuahueña-manzanera y, como en una película de blanco y negro, borrosa como en una bola de cristal, mi mente viajó a mi tierra tarahumara de inmediato. Pensaba, y me preguntaba, con todos aquellos ejemplos, ¿y si los tarahumaras (raramuris, debemos decir) gobernaran mi estado?

Pueblo Rarámuri Foto: http://www.adnpolitico.com

¡Uta!, sería un duro ejercicio mental, muchos no lo soportarían y tronaría su cerebro como palomita de maíz. ¿Se imaginan que los Raramuris gobernaran Chihuahua? Ora sí, digan Ooooooommm. Concentración. Empiezan los juegos mentales.

Juguemos. Pongan la rola de Lennon.

¿Cómo se vería un tarahumara guarachudo y zapetón como gerente de un banco, firme y firme papeles y dando órdenes para todos lados? Imagínense que el rector de la Universidad Autónoma de Chihuahua es un raramuri científico egresado de Harvard. Imaginen que el mismísimo gobernador del estado fuera un “compadre”, (así se dicen ellos), ¿difícil? A ver, vuelvan a decir Oooommm. ¿No se puede?

Bueno ahora traten de imaginar que los diputados fueran raramuris. O que los grandes ganaderos o industriales del estado fueran raramuris. O traten de imaginar que los huaraches y las patas rajadas llenaran la universidad. Que los vestidos coloridos se llenaran de polvo de gis.

O que los compadres se pudieran echar un T-Bon de chorrocientos pesos y unos alicapucez en La Calesa (el restaurant de mayor tradición burguesa de Chihuahuita La Bella), sería difícil de imaginar. ¿Verdad que son puras…puros juegos mentales?

Eso vino a mi imaginación cuando conocí el gobierno del Caracol. Y la única droga que había en todo el Caracol era la cafeína. Así que Oooooommmmm…sigan intentándolo. ¿No pueden? Joy, joy. Sólo en La Garrucha se puede hacer esto.

* Enviado especial de Proyecto Nedni

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