Chiapas: la Cioac-H y sus paramilitares

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Chiapas: la Cioac-H y sus paramilitares
Luis Hernández Navarro
No esperó mucho para actuar. El 14 de febrero de este año, la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos Histórica (Cioac-H) anunció en Chiapas la formación de grupos de autodefensa. El 2 de mayo, sus integrantes asesinaron con arma de fuego y machetes al maestro José Luis Solís López, zapatista de la comunidad La Realidad, e hirieron a 15 rebeldes más.

En febrero, los cioaquistas informaron públicamente su acuerdo de armar sus autodefensas. Dijeron que lo hacían para garantizar la seguridad e integridad de su organización y sus dirigentes. “Queremos –señalaron– que se cree un clima de defensión.” Lo hicieron por boca de José Dolores López Barrios, su secretario de organización nacional. Lo divulgaron en su boletín con el nombre de Declaración de la C Región III Fronteriza.

El 2 de mayo, apenas dos meses y medio después de hacer pública su decisión, la banda de los Luises (como se conoce a los cioaquistas por los nombres de pila de sus dirigentes) emboscó a José Luis y a sus compañeros. Sus miembros en La Realidad dispararon contra él una bala calibre 22 en la pierna derecha y otra en el pecho, le propinaron un machetazo en la boca, garrotazos en la espalda y lo remataron con un tiro de gracia atrás de la cabeza. No fue sólo salvajismo. El crimen colectivo fue la forma en que los paramilitares sellaron un pacto de impunidad.

Diecisiete años después de la masacre de Acteal, la historia se repite ahora en La Realidad. Al igual que se hizo entonces, el asesinato de José Luis Solís quiere ser explicado como el producto de un conflicto comunitario originado por la explotación y aprovechamiento de una mina de arena. Según la Cioac, el problema se inició cuando los zapatistas extrajeron sin autorización material de construcción y dejaron abandonada una camioneta.

Lo cierto es que el homicidio del zapatista Galeano (como lo nombran sus compañeros) fue una agresión alevosa y premeditada, planeada, orquestada con lógica militar, y ejecutada con sevicia. Estuvo antecedida por la destrucción de una escuela y una clínica, y el robo de una camión. Fue una emboscada, una turbamulta paramilitar.

En el homicidio participaron militantes del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y del Partido Acción Nacional (PAN), herencia de la labor contrainsurgente de Luis H. Álvarez en la región.

No se trata de un hecho aislado, sino del último eslabón de una cadena de agresiones hacia los zapatistas por organizaciones campesinas ligadas al gobierno, tales como las distintas Cioac, la Orcao, la Oruga, la URPA y un mar de siglas más. Es una provocación en el corazón de un lugar emblemático para el EZLN: el caracol de La Realidad. Es un golpe artero en un momento en que los rebeldes están activamente comprometidos en la rearticulación del movimiento indígena nacional.

Hace ya muchos años que la Cioac-Histórica ha pactado todo tipo de compromisos con los distintos gobiernos de Chiapas. Su relación con Juan Sabines, el anterior mandatario que sigue moviendo hilos en el estado, fue excepcionalmente buena. Tanto así que él mismo lo reconoció públicamente al final de su periodo. “Lo que yo refrendo –dijo en diciembre de 2012– es mi admiración a la organización, mi cariño personal a la Cioac, mi gratitud por el respaldo recibido como candidato y después como gobernador, hasta el último día. Valoro mucho ese gesto, en mí tendrán siempre un amigo, un aliado”.

Ligada al PCM, al PSUM y al PMS, integrada por catequistas comprometidos con sus pueblos, promotora en Chiapas de la lucha por la tierra, la sindicalización de jornaleros agrícolas y la organización de productores de café, promotora de grandes movilizaciones en algunas regiones del estado, la Cioac entró en 1994 en un profundo proceso de descomposición.

El levantamiento del EZLN la fracturó. Muchas de sus bases la abandonaron para sumarse a las filas rebeldes. Buena parte de sus dirigentes se volvieron funcionales a las necesidades del gobierno. La organización dejó de lado sus antiguas ideales y se transformó en un aparato rural clientelar y corporativo, dedicado a negociar proyectos gubernamentales y buscar posiciones políticas.

La Cioac ha sufrido en Chiapas gran cantidad de rupturas, provocadas por la ambición de sus líderes. Las peleas entre ellos han sido, literalmente, a balazos y golpes. Con el nombre Cioac, pero con distintos apellidos, existen varias organizaciones: Histórica, Democrática, Independiente, Nueva Fuerza, Autónoma Región Quinta Norte Zoque-Tzotzil, más las que se acumulen en la rebatiña por la paga y los favores gubernamentales.

Aliada con un grupo de empresarios que rompió con el PRI y que se bautizaron como Auténticos Margaritenses, los dirigentes que conducen la Cioac-H ganaron la alcaldía de Las Margaritas (el municipio constitucional en el que se encuentra el caracol de La Realidad) en 2001, en tres ocasiones seguidas.

Uno de sus dirigentes históricos, Alberto Alfaro, le resumió el proceso de claudicación y descomposición moral de la organización en Chiapas al investigador Guillermo Trejo ( Popular movements in autocracies: religion, repression, and indigenous c ollective action in México): Todo mundo se volvió corrupto. Antonio Hernández, otro de sus líderes originales, le confesó: No hay más movimientos sociales en Las Margaritas, sólo hay maquinarias políticas. La democracia se ha convertido en un negocio en el que se cambian votos por recursos.

Sumergida sin escrúpulo alguno en el negocio de transar con el gobierno favores políticos por recursos económicos y prebendas, la Cioac-H y sus paramilitares se dedican ahora a golpear al EZLN. Al hacerlo están hundiendo en el fango de la ignominia un legado de grandes luchas campesinas.

Twitter: @lhan55

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La agresión de la CIOAC en La Realidad se suma a casos de hostilidad antizapatista

http://chacatorex.blogspot.com.es/2014/05/la-agresion-de-la-cioac-en-la-realidad.html

· El asesinato de Galeano, muestra de su presencia en la región tojolabal en Chiapas.
· Expertos documentan colaboracionismo de la central con subordinación al Estado y los partidos.

Hermann Bellinghausen
La Jornada 18/05/2014

San Cristóbal de las Casas, Chis., 17 de mayo.

Cuando en enero de 2013 la dirección nacional de la Central Independiente de Obreros y Campesinos (CIOAC) anunció su incorporación entusiasta a la Cruzada Nacional contra el Hambre, ya nadie podía llamarse a sorpresa. El colaboracionismo de la otrora revolucionaria central data del salinismo, al menos en Chiapas. Y en la región tojolabal ha servido para confrontar la autonomía zapatista, en un proceso donde el asesinato de Galeano en La Realidad, hace dos semanas, es sólo otra escala más.
Recordemos que con no menos entusiasmo la CIOAC pediría a su partido, el de la Revolución Democrática, retornar al Pacto por México con el gobierno del PRI; eso sí, con agenda política de izquierda y con dignidad. En junio de 2013, La Vía Campesina, afín al zapatismo, expulsó a la CIOAC de su movimiento internacional durante su Sexta Conferencia Internacional en Yakarta, Indonesia.
La investigadora Dolores Camacho Velázquez de la UNAM (PROIMMSE-IIA) detalla en una ponencia de 2013: A partir de 2000 muchos líderes campesinos ocuparon cargos públicos, lo que propició que sus organizaciones dejaran de ser proactivas y se convirtieran en gestoras de recursos ante las instancias del gobierno. Un ejemplo es que dejaron de oponerse al Procede, y en varios casos sus agremiados aceptaron la certificación de sus tierras; otros proyectos de apoyo al campo fueron aceptados por organizaciones que habían mantenido resistencia. Como resultado hubo oposición de muchos de sus miembros, por lo que empezamos a observar organizaciones fragmentadas que no son capaces de construir hoy un actor colectivo unificado que comparta demandas y luchas (Las organizaciones campesinas chiapanecas: fragmentación y nuevas estrategias de sobrevivencia).
En el caso de organizaciones grandes, debido a que sus líderes aceptaron cargos en el gobierno fueron desconocidos por sus agremiados, y ahora hay CIOAC Independiente o Democrática, CIOAC histórica u oficial, OCEZ-CNPA, OCEZ independiente, OPEZ, OPEZ independiente y democrática.
Estas circunstancias han llevado a que las dos CIOAC, al igual que otras organizaciones independientes en el campo chiapaneco rompan acuerdos que datan de hace 20 años, cuando se sumaron a la toma de tierras tras el levantamiento zapatista de 1994. Según la Comisión Ejecutiva Agraria, citada por Camacho Velázquez, para abril de aquel año había 340 fincas ocupadas por 4 mil 445 campesinos de la CNC, CIOAC, OCEZ Plan de Ayala y otras organizaciones.
El gobierno autoriza la compra de tierras y se forman 16 fideicomisos. El uso indiscriminado de recursos provocó corrupción, dice Camacho. Se compraron tierras que pertenecían a los propios campesinos o eran de mala calidad para el cultivo; fue denunciado el desvío de recursos con maniobras como tierras pagadas dos veces o a valor superior del real, así como autoinvasiones e invitación de propietarios a grupos de campesinos para invadir sus tierras con el fin de beneficiarse con los altos pagos que el gobierno estaba realizando.
La CIOAC de Chiapas
En los años 70 del siglo pasado, luego de su fundación, la CIOAC se concentra en organizar al proletariado agrícola. Según la investigadora Antonia Berenice Villafuerte Torres, la participación activa de la CIOAC en la movilización, la reivindicación agraria, y sobre todo el descontento de los campesinos de las organizaciones corporativizadas permitieron a la central ampliar sus dirigencias desde el centro del país hasta el sur, como fue el caso de Chiapas, donde a la fecha mantiene presencia en las regiones norte, sierra, selva y centro. (Revista Pueblos y Fronteras, volumen 8, diciembre 2013-mayo 2014).

En los años 80 continuó movilizándose a pesar de las represiones del gobierno estatal, recapitula Villafuerte, Los dirigentes utilizaron la negociación como instrumento fuerte de sus luchas. A finales de esa década la CIOAC, al igual que otras organizaciones cansadas de la lucha represiva, comenzó a desgastarse y disminuir su fuerza social.

Cabe apuntar que es así que, por esos años, luchadores de todas esas organizaciones en las regiones indígenas, desilusionados y defraudados, se suman a las filas clandestinas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). La CIOAC no fue excepción. Sobre todo al avalar la política de concertación de gobierno salinista. Pedro de Paz, secretario de Planeación y Desarrollo Rural de la CIOAC, entrevistado por Villafuerte, reconocería que, asociada con la reforma agraria del artículo 27 en 1992 y el nuevo pacto social entre campesinos y Estado, la lucha por la tierra pasa a segundo término, ahora con las tierras obtenidas se piensa en hacerlas producir, entonces empezamos la gestión de los recursos productivos.

Vinieron los convenios y programas de Solidaridad, la lluvia de dinero, el reconocimiento oficial de las dirigencias independientes. Sin embargo, Camacho destaca que sigue el descontento de sus bases indígenas, y tras el alzamiento zapatista en 1994, CIOAC y otras 279 organizaciones forman el fugaz Consejo Estatal de Organizaciones Indígenas y Campesinas (CEOIC), con la intención de apoyar y participar en las pláticas que mantenía el EZLN en San Cristóbal de Las Casas, pero además conducir sus demandas de tierra, proyectos productivos y liberar a los presos políticos.

Sigue su adhesión al gobierno estatal en resistencia de Amado Avendaño, como parte de la Asamblea Estatal Democrática del Pueblo Chiapaneco (Adepech), de donde migran pronto a las arcas y los proyectos estatales y abandonan la resistencia. Su institucionalización se agudiza en 2001 al convertirse en gobierno como parte de la coalición de partidos que derrota al PRI con Pablo Salazar Mendiguchía. De entonces datan las primeras confrontaciones por la certificación de las tierras recuperadas y parte de los territorios autónomos. El Estado se dirige a romper ese vínculo entre el EZLN y las otras organizaciones, y sus dirigentes devienen parte del gobierno. Su adhesión se hará más contrainsurgente durante el gobierno de Juan Sabines Guerrero, con el condimento de las gestiones del comisionado para Chiapas y luego funcionario indigenista en los dos gobiernos federales de Acción Nacional, Luis H. Álvarez.

La relación de la CIOAC con el PRD limitó su autonomía ante las alianzas electorales con los demás partidos: PAN, PRI, PVEM, PT, Convergencia. Por ello resulta difícil trazar una línea divisoria entre los agresores en La Realidad, como en otros casos de hostilidad antizapatista. Las siglas partidarias pierden sentido y todo acaba siendo PRI, como escribe el subcomandante Marcos en su más reciente comunicado.

Villafuerte concluye que la CIOAC puede ser vista como subordinada al Estado y a los partidos, situación que etiqueta la presencia de la organización en un neocorporativismo.

Para entender la violencia antizapatista

Peter Rosset*
¿Son violentos los indios? ¿Son violentos los zapatistas? Existe mucha confusión sobre la violencia en Chiapas. Aquí intento ofrecer una guía breve para su interpretación.

La contrainsurgencia en Chiapas se basa, en parte, en la implementación de políticas diseñadas para fragmentar las organizaciones campesinas, indígenas y comunitarias, creando facciones cada vez mas pequeñas, tendenciosas, oportunistas y manipulables. Esto se logra ofreciendo a líderes locales y regionales recursos para proyectos productivos y asistenciales, candidaturas, puestos en la administración pública, etc., con base en las necesidades objetivas de sus bases y a sus oportunismos, celos y rencores.

Estos ofrecimientos están condicionados explícita o implícitamente a su distanciamiento del zapatismo. Su objetivo es aislar políticamente a los rebeldes. Estos recursos y posiciones también son usados para provocar el conflicto abierto, sea con violencia o sin ella, contra las bases y comunidades zapatistas. Para estimular la violencia se utilizan problemas y disputas locales, muchas veces preexistentes, que con frecuencia ni siquiera están relacionados con el zapatismo como tal. Se trata de conflictos que son comunes, y hasta normales, en la sociedad rural, dentro y fuera de Chiapas.

Entre este tipo de problemas se encuentran las disputas sobre colindancias de terrenos, sobre todo en contextos en donde unos quieren regularizar la posesión de la tierra y otros no; el acceso o control sobre los recursos locales, tales como agua, árboles maderables, predios aptos para urbanización y bancos de arena y grava; diferencias familiares y religiosas; representaciones de partidos políticos; la rebatinga por proyectos productivos o asistenciales; disputas por protagonismo e interlocución con el Estado, así como avaricia, rencores, resentimientos y celos históricos, etc. La acción del Estado manipulador puede transformar cualquier problema latente preexistente en una fractura abierta.

Sin embargo, sería un error ver al Estado como monolítico. Dentro de él existen tanto facciones que buscan alentar al máximo la violencia, como fuerzas que buscan atemperarla, para no espantar a inversionistas y turistas. Eso provoca que, por un lado se promueva la violencia antizapatista por medio de premios (proyectos, puestos, candidaturas), y por el otro se quiera resolver y calmar el conflicto. Esto provoca que grupo campesino pueda recibir recursos para, primero golpear, y luego dejar de hacerlo hasta que pase un cierto tiempo. Estos grupos que agreden a las comunidades en resistencia se alternan en su labor de agresión.

Las hostilidades contra zapatistas son a menudo divulgadas en los medios de comunicación convencionales, con un sesgo racista y clasista. Se les presenta como meros conflictos locales o enfrentamientos o grescas entre campesinos, surgidos del hecho de que los indios son de por sí violentos y los pobres se la pasan matándose entre ellos. Esta violencia sirve como justificación para que las fuerzas del orden actúen en contra de las bases de apoyo zapatistas.

Con frecuencia, las organizaciones campesinas nacionales se deslindan de sus afiliados locales cuando éstos cometen actos violentos. Los grupos locales pertenecientes a centrales nacionales se forman, dividen, recombinan y fusionan con gran rapidez. Muchas veces los dirigentes nacionales ni siquiera están al día de lo que sucede entre sus bases. Pero su decisión de trazar una línea divisoria entre ellos y sus antiguos miembros no significa que éstos no hayan pertenecido en el pasado a esa organización nacional que, en el futuro, pueden serlo. En ocasiones esta explicación de los dirigentes nacionales es un pretexto; sin embargo, sucede también en ocasiones que simple y sencillamente ignoran lo que está pasando con sus bases.

La contrainsurgencia en Chiapas utiliza los conflictos locales como parte central de su estrategia. Los problemas locales preexistentes son los árboles, la política contrainsurgente es el bosque. Hay que ver ambos de manera simultánea. Lo importante es entender y no olvidar que el bosque se conforma precisamente por el conjunto de los árboles.

Finalmente, hay un elemento adicional que no se debe perder de vista. En los territorios en disputa en Chiapas predominan dos visiones. Una, la zapatista, es de la construcción paulatina de la autonomía territorial, indígena y campesina, de la educación, salud y justicia autónomas, de la agroecología, y del autogobierno. Se trata de una visión que se está haciendo realidad, poco a poco. La otra es más mezquina, cortoplacista, de acercamiento al poder, que busca beneficios individuales e inmediatos. Quienes se identifican como abajo y a la izquierda prefieren la visión zapatista, y quieren que tenga la posibilidad de consolidarse cada vez más como alternativa y ejemplo. Para ello, es necesario el repudio total a toda agresión contra el zapatismo.

(*) Especialista en cuestiones rurales, doctor por la Universidad de Michigan. Entre sus libros se encuentra Promised Land: Competing Visions of Agrarian Reform.

Defendernos colectiva y comunitariamente

 http://chacatorex.blogspot.com.es/2014/04/defendernos-colectiva-y-comunitariamente.html
Raúl Zibechi
La Jornada 18/04/2014

La situación mundial es muy grave. Cuando aún no se apagan las llamas de la guerra civil en Siria, la crisis en curso en Ucrania amenaza con elevar la tensión, a la espera de que se abran nuevos frentes en el conflicto global. La región sudamericana aplazó, por ahora, una escalada mayor en Venezuela gracias a la presencia disuasoria de la Unasur.

Sin embargo, debemos mirarnos en el espejo sirio, o quizá en el mexicano, para comprender que ninguna de esas opciones puede ser descartada en el periodo más agudo de la transición hegemónica. La guerra permanente sustituye a los golpes de Estado, ya que los think tanks imperiales parecen haber comprendido que los pueblos salen fortalecidos de los regímenes dictatoriales, como los que impusieron en las décadas de 1960 y 1970.

Ahora buscan romper el tejido social atizando prolongados conflictos internos, con el objetivo de dejar sociedades exhaustas, divididas e incapaces de autogestionar sus asuntos. Es el modo de romper naciones en el periodo de “acumulación por desposesión” (David Harvey) y de la “cuarta guerra mundial” ( subcomandante Marcos), por la apropiación de los bienes comunes y la destrucción de la vida.

Ante este panorama los movimientos no pueden contar con la protección del Estado, por haber sido neutralizado por la presión de las multinacionales y el imperialismo, o bien por apoyar con convicción sus estrategias. Debemos pensar, por lo tanto, en la necesidad de crear y multiplicar espacios, conciencia y organización para la defensa comunitaria.

Tenemos ante nosotros un buen puñado de formas de autoprotección comunitaria entre pueblos indios, campesinos y también entre sectores populares urbanos, donde esta tarea es más compleja. A menudo estas organizaciones ignoran la existencia de otras similares en otros países o regiones, con lo que no pueden enriquecerse mutuamente, aprender de sus aciertos y errores, y mejorar así los modos de enfrentar este periodo tan complejo.

Entre los nasa de Cauca (sur de Colombia) destaca la Guardia Indígena. Sus miembros son elegidos en asamblea por las comunidades y prestan servicio durante dos años, pudiendo ser relegidos. Los y las guardias son en su inmensa mayoría jóvenes comuneros, están armados con bastones de mando y no sólo protegen a las comunidades (tanto en sus territorios como a través de su despliegue en marchas y acciones de protesta) sino que ejercen además una labor educativa y de apoyo a la justicia comunitaria.

La Guardia Indígena ha sido capaz de rescatar autoridades secuestradas por los paramilitares y la guerrilla, apelando a la movilización masiva de las comunidades. Han desarmado también instalaciones de guerra de las fuerzas armadas en sus territorios y trabajan para impedir que la violencia ingrese en sus espacios destruyendo comunidades.

Las rondas campesinas nacieron en el norte de Perú a finales de la década de 1970 para combatir a los ladrones de ganado. En pocos años se extendieron a buena parte del país, ya que consiguieron reducir los robos hasta casi extinguirlos. Actuando de forma rotativa, los campesinos hacen rondas nocturnas de vigilancia, mostrando que ya no son familias aisladas sino comunidades en construcción.

Con los años las rondas encararon labores de construcción de servicios para las comunidades, implementaron su propia justicia al margen de la justicia estatal corrupta y, cuando se disparó la guerra interna entre las fuerzas armadas y Sendero Luminoso, aislaron a los violentos al precio de miles de muertos. En los últimos años las rondas campesinas juegan un papel decisivo en la resistencia a la minería, en particular frente al proyecto aurífero Conga, en la provincia de Cajamarca. Son conocidos como “guardianes de las lagunas”.

En las ciudades contamos también con un puñado de experiencias de defensa comunitaria, en sintonía con las brigadas de la Comunidad Habitacional Acapatzingo en la delegación Iztapalapa, en la ciudad de México. Un caso destacable sucede en algunas villas de la ciudad de Buenos Aires, con larga tradición de organización popular, tanto para la demanda al Estado como para la organización y defensa de la vida cotidiana.

En la Villa de Retiro la Corriente Villera Independiente y el Movimiento Popular La Dignidad levantaron la Casa de las Mujeres en Lucha, un espacio de formación, debate, organización colectiva de la sobrevivencia y también de defensa contra la violencia machista. Las que integran las cuadrillas de autodefensa de mujeres realizan talleres de capacitación, que son “una herramienta de organización, reagrupamiento y acción directa que pueda dar respuestas ante determinadas situaciones, así como de acompañamiento y asesoramiento a las mujeres”, según razona el movimiento.

En varios casos intervinieron ante agresores haciendo visible la situación, actuando en grupos, con disciplina y decisión, para frenar al agresor y llegado el caso inducirlo a abandonar el barrio. En la villa de Bajo Flores actuaron años atrás las Amazonas, madres que se movilizaron contra golpeadores y bocas de venta de drogas, habiéndose convertido en referentes para otras mujeres.

De modo que existen diversas experiencias organizativas entre los tres sectores sociales que enfrentan el modelo actual: indígenas, campesinos y sectores populares urbanos. Cada una tiene sus propios modos en función de la realidad que enfrentan. Algunos utilizan armas, otros optan por hacer valer la montonera; pero en todos los casos vemos una potente decisión de poner el cuerpo para defender a la comunidad de forma colectiva.

De algún modo estas prácticas se interconectan por abajo y van aprendiendo unas de otras, aunque de modo mucho más lento de lo que sería deseable. Aunque en su conjunto son aún muy pocas las personas y comunidades involucradas en la defensa comunitaria, marcan un camino por el que, en algún momento, habrán de transitar otras comunidades que sólo pueden contar con sus propias fuerzas cuando escala peligrosamente el caos sistémico.

Vientos del Sur: Ahí viene la Dignidad Rebelde

Abr 28, 2014 Escrito por  Raúl Romero/@cancerbero_mx

Foto: Raúl Romero

México vive actualmente un proceso de neocolonización marcado por el despojo y la represión. Al tiempo que el pueblo mexicano es despojado aceleradamente de sus tierras, recursos y derechos; lo que queda del Estado mexicano se va tornando más autoritario y represivo. Este proceso neocolonial es impulsado por corporaciones trasnacionales que encontraron en las burguesías locales en el poder a su mejor aliado. Ejemplos sobran para explicar este proceso: la reforma energética, la reforma laboral, el auge de los negocios extractivistas, la “guerra contra el narcotráfico”, la criminalización de la protesta social y un largo etcétera[1].

Mientras tanto, una gran parte de las organizaciones y miembros de la sociedad civil hemos perdido la brújula. Sin proyecto alternativo ni programa de lucha, nos hemos enfocado a reaccionar ante las diferentes coyunturas. Miramos el árbol que se seca, pero no nos damos cuenta que el bosque se está incendiando. No es para menos: cuando pensábamos que estábamos mal, vino lo peor (y al parecer aún falta lo más grave).

En este contexto, son los pueblos originarios los que dan la batalla más emblemática en defensa del territorio y de sus derechos. Siguiendo su ejemplo, otros actores han ido extendiendo la resistencia contra el despojo por diferentes puntos del país. Sin embargo, pocas son las iniciativas que cuentan con una madurez programática y democrática como las de los pueblos indios organizados. Ahí están resistiendo y construyendo alternativas en lo que hoy conocemos todavía como Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Sonora, Nayarit, Puebla, Chihuahua, Baja California, Chiapas y más.

En el próximo mes de junio, algunos de estos pueblos se reunirán en territorio del EZLN. Así se anunció en un comunicado firmado por el Subcomandante Insurgente Moisés, quien también informó que se llevará a cabo un homenaje al recientemente fallecido Don Luis Villoro. En el marco de estas reuniones, las organizaciones de los pueblos indios que asistan darán a conocer una “declaración para lo que sigue en la lucha de resistencia contra el despojo”, al mismo tiempo que el EZLN lanzará una “propuesta de iniciativa para toda la Sexta nacional e internacional”.

Las acciones que se anunciarán son la continuación de un proceso que los zapatistas desataron desde el 21 de diciembre de 2012, fecha en la que miles de bases de apoyo salieron a marchar en silencio. Al año siguiente, comenzaron a mostrar al mundo lo avanzado de su proyecto a través de la escuelita.

El anuncio del SCI Moisés ha despertado gran expectativa entre las nuevas redes y colectivos que se han ido conformando durante la escuelita, pero también entre los que siempre estamos a la espera de la palabra de los compas. No es en vano, si alguien tiene experiencia en procesos organizativos que vayan más allá de la coyuntura son precisamente las y los zapatistas. Para muestra, revisemos algunas de las convocatorias lanzadas por ellos y ellas.

Unos días después del estallido de la guerra en Chiapas, el 12 de enero de 1994, una multitudinaria marcha en la Ciudad de México obligó a Carlos Salinas de Gortari a decretar el cese al fuego contra el EZ. Años más tarde, en el 2000, en una carta que el SCI Marcos envió a Pablo González Casanova, escribió lo siguiente:

Entonces, en aquel enero de sangre y pólvora, nosotros tuvimos que decidir cómo debíamos “leer” esa gran movilización. Pudimos haberla “leído” como una manifestación en apoyo a nuestra guerra, como un aval al camino de lucha armada que habíamos elegido; o pudimos haberla leído como una movilización que apoyaba no nuestro método (la guerra), pero sí nuestras demandas, y que se manifestaba contra la represión gubernamental.

Nosotros estábamos aislados, replegándonos a las montañas, cargando a nuestros muertos y heridos, preparando el combate siguiente. Así, lejos, muy lejos, y en esas condiciones, tuvimos que escoger. Y escogimos “leer” que esa gente que salió a las calles estaba contra la injusticia, contra el autoritarismo, contra el racismo, contra la guerra, que estaba por el diálogo, por la paz, por la justicia, por la solución pacífica de nuestras demandas. Eso leímos y eso marcó nuestro andar posterior[2] .

Desde aquel entonces los zapatistas dieron las primeras señales de lo que en adelante sería un rasgo distintivo de su nueva estrategia: la alianza permanente con la sociedad civil.

Con el lanzamiento de la 2da Declaración de la Selva Lacandona, la alianza fue más evidente. En aquel entonces, los neozapatistas convocaron a un Diálogo Nacional por la Libertad, la Democracia y la Justicia que permitiera realizar los cambios profundos que la Nación requería. Insistían en la necesidad de un nuevo sistema político y llamaban a una Convención Nacional Democrática (CND) que se encargaría de establecer un gobierno provisional o de transición, una especie de constituyente del que emanaría una nueva Constitución.

En agosto de 1994 se realizó la primera sesión de la CND. Para dicho encuentro los zapatistas construyeron, en la comunidad de Guadalupe Tepeyac, Chis., un foro en forma de “barco” al que denominaron Aguascalientes. Al evento acudieron más de 7000 representantes de distintas organizaciones y cientos de observadores internacionales. Dicho encuentro se convirtió en uno de los grandes esfuerzos históricos por articular a las izquierdas.

El 1 de enero de 1995, ya con Zedillo como presidente y en plena crisis económica, el EZ lanzó la 3ra Declaración de la Selva Lacandona. Ahí convocaron a los integrantes de la Convención Nacional Democrática y a otros actores a conformar el Movimiento de Liberación Nacional (MLN).

Con motivo del cierre de la Consulta Nacional por la Paz y la Democracia (Julio de 1995), el EZ anunció “una nueva etapa en el diálogo nacional” entre la sociedad. Propusieron a sus simpatizantes formar “Comités Civiles de Diálogo” con el objetivo de “desembocar en la Mesa Civil del Diálogo Nacional”. Los temas serían el “proyecto de Nación”, el “proyecto del Frente Nacional Opositor”, las “nuevas relaciones políticas entre organizaciones, gobierno y ciudadanos y una nueva relación de la Nación con los indígenas” y la “creación de una nueva fuerza política independiente con base en el EZLN”.

El 1 de enero de 1996, el EZLN lanzó la 4ta Declaración de la Selva Lacandona. A las exigencias de  techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, justicia, libertad y paz agregaron las de comunicación e información. Proponían la conformación del Foro Nacional Indígena, resultado de las alianzas tejidas con otros pueblos originarios durante el proceso de diálogo. También anunciaron la formación de una nueva fuerza política nacional: el Frente Zapatista de Liberación Nacional, “organización civil y pacífica, independiente y democrática, mexicana y nacional, que lucha por la democracia, la libertad y la justicia en México”. Al mismo tiempo lanzaron la 1a Declaración de la Realidad: Contra el Neoliberalismo y por la Humanidad, en la que convocaron al Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo.

La 5ta Declaración de la Selva Lacandona vino en julio de 1998. En ella convocaron a la realización de la Consulta Nacional sobre la iniciativa de Ley Indígena que había elaborado la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa). La Consulta fue organizada principalmente por el Congreso Nacional Indígena y organizaciones civiles solidarias.

Con la salida del PRI y la llegada de Vicente Fox a la Presidencia, los zapatistas lanzaron una nueva iniciativa. En esta ocasión, convocaron al Congreso Nacional Indígena (CNI) y a la sociedad civil a una gran movilización al Congreso de la Unión para “exigir reconocimiento constitucional de los derechos y cultura indígena, de acuerdo con la iniciativa de la Cocopa”. La movilización fue encabezada por 27 integrantes del EZLN, representantes de las etnias tzotzil, tzeltal, tojolabal, chol, zoque y mame. El objetivo era ocupar la máxima tribuna del Congreso para hablarle a los legisladores y argumentar a favor de la “Ley Cocopa”.

La Marcha del color de la Tierra desató pasiones y debates. La movilización duró 37 días, se recorrieron 6 mil kilómetros y se realizaron 77 actos públicos en 12 estados del país. El 11 de marzo, cuando el contingente llegó a la Ciudad de México, miles de personas inundaron las calles. En la opinión pública, intelectuales y políticos de todas las ideologías discutían sobre si la delegación zapatista tenía derecho a usar o no la máxima tribuna de San Lázaro. Memorable y representativa de la opinión conservadora fue la posición del dirigente de la bancada panista Diego Fernández de Ceballos, quien calificando de “indios calzonudos” a los zapatistas, se negaba a que ocuparan la máxima tribuna en el Congreso.

 Luego de numerosos debates y gracias a la presión generada por la sociedad civil, los zapatistas pudieron dirigir sus mensajes a los legisladores el 28 de marzo. No iban solos, estaban acompañados de representantes de los pueblos indígenas, integrantes del CNI e invitados internacionales. En las afueras de San Lázaro, decenas de miles acudieron a manifestar su solidaridad.

En 2001, la clase política de México puso un eslabón más en la cadena de desprecio contra los pueblos indígenas. En aquel año aprobó una contrarreforma que violaba la mayor parte de los acuerdos de San Andrés Sacamchem de los Pobres. Consolidada la traición, en agosto 2003 el EZLN se dio a la tarea de ejercer su autonomía de facto, por medio de la creación de las Juntas de Buen Gobierno y de los Caracoles Zapatistas.

La 6ta Declaración de la Selva Lacandona, lanzada en 2005, presentó el camino recorrido por el EZLN, pero también ofreció una lectura de la situación nacional y mundial. La Sexta no sólo se integró por un  balance, sino que vino acompañada de una propuesta organizativa encaminada a generar “un acuerdo con personas y organizaciones mero de izquierda” para construir un programa de lucha anticapitalista y antineoliberal. Si bien el zapatismo ya había marcado una diferencia abismal con los partidos políticos luego de la traición de 2001, con la Sexta y La Otra Campaña se hizo evidente que la ruta de acción implicaba luchar contra toda la clase política sin distinción. En 2006 el proceso organizativo y de construcción del programa, que implicaba un recorrido nacional, fue interrumpido por  la brutal represión contra el pueblo de Atenco.

Las reuniones e iniciativas organizativas que ha lanzado el EZLN a los pueblos indios y la sociedad civil a lo largo de 20 años de resistencia pública son múltiples y con diferentes objetivos. Cada una de ellas ha tenido un gran impacto en la vida política nacional e internacional. Por otra parte, dichas iniciativas han globalizado la esperanza y la rebeldía, siendo el mejor ejemplo de ello las redes de solidaridad que se han construido con intelectuales y organizaciones indígenas y no indígenas de todo el mundo.

El andar del EZ, su experiencia milenaria y la alternativa que han construido les ha dotado de una visión profunda sobre lo que acontece en el país. De igual forma, su carácter anticapitalista y sus variadas relaciones con intelectuales, activistas y otras organizaciones les permite tener un mapeo completo del estado actual del despojo y de las resistencias. Estemos atentos a lo que nos propongan el próximo mes de junio. Vayamos con el corazón abierto y con la disposición para seguir caminando. Se aproxima un nuevo tiempo para la Dignidad Rebelde.


[1] En un trabajo anterior con Anaid Campos Nájera desarrollamos este argumento. Ver:  La Unidad Popular frente a la recolonización de México
[2] SCI Marcos. (2000) “Saludo a Pablo González Casanova: por la liberación de todos los universitarios presos” [en línea]. Chiapas, febrero. Tomado del sitio electrónico Cartas y Comunicados del EZLN. Disponible en  http://palabra.ezln.org.mx/comunicados/ [Consulta: 19 de marzo de 2013].