Vientos del Sur: Ahí viene la Dignidad Rebelde

Abr 28, 2014 Escrito por  Raúl Romero/@cancerbero_mx

Foto: Raúl Romero

México vive actualmente un proceso de neocolonización marcado por el despojo y la represión. Al tiempo que el pueblo mexicano es despojado aceleradamente de sus tierras, recursos y derechos; lo que queda del Estado mexicano se va tornando más autoritario y represivo. Este proceso neocolonial es impulsado por corporaciones trasnacionales que encontraron en las burguesías locales en el poder a su mejor aliado. Ejemplos sobran para explicar este proceso: la reforma energética, la reforma laboral, el auge de los negocios extractivistas, la “guerra contra el narcotráfico”, la criminalización de la protesta social y un largo etcétera[1].

Mientras tanto, una gran parte de las organizaciones y miembros de la sociedad civil hemos perdido la brújula. Sin proyecto alternativo ni programa de lucha, nos hemos enfocado a reaccionar ante las diferentes coyunturas. Miramos el árbol que se seca, pero no nos damos cuenta que el bosque se está incendiando. No es para menos: cuando pensábamos que estábamos mal, vino lo peor (y al parecer aún falta lo más grave).

En este contexto, son los pueblos originarios los que dan la batalla más emblemática en defensa del territorio y de sus derechos. Siguiendo su ejemplo, otros actores han ido extendiendo la resistencia contra el despojo por diferentes puntos del país. Sin embargo, pocas son las iniciativas que cuentan con una madurez programática y democrática como las de los pueblos indios organizados. Ahí están resistiendo y construyendo alternativas en lo que hoy conocemos todavía como Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Sonora, Nayarit, Puebla, Chihuahua, Baja California, Chiapas y más.

En el próximo mes de junio, algunos de estos pueblos se reunirán en territorio del EZLN. Así se anunció en un comunicado firmado por el Subcomandante Insurgente Moisés, quien también informó que se llevará a cabo un homenaje al recientemente fallecido Don Luis Villoro. En el marco de estas reuniones, las organizaciones de los pueblos indios que asistan darán a conocer una “declaración para lo que sigue en la lucha de resistencia contra el despojo”, al mismo tiempo que el EZLN lanzará una “propuesta de iniciativa para toda la Sexta nacional e internacional”.

Las acciones que se anunciarán son la continuación de un proceso que los zapatistas desataron desde el 21 de diciembre de 2012, fecha en la que miles de bases de apoyo salieron a marchar en silencio. Al año siguiente, comenzaron a mostrar al mundo lo avanzado de su proyecto a través de la escuelita.

El anuncio del SCI Moisés ha despertado gran expectativa entre las nuevas redes y colectivos que se han ido conformando durante la escuelita, pero también entre los que siempre estamos a la espera de la palabra de los compas. No es en vano, si alguien tiene experiencia en procesos organizativos que vayan más allá de la coyuntura son precisamente las y los zapatistas. Para muestra, revisemos algunas de las convocatorias lanzadas por ellos y ellas.

Unos días después del estallido de la guerra en Chiapas, el 12 de enero de 1994, una multitudinaria marcha en la Ciudad de México obligó a Carlos Salinas de Gortari a decretar el cese al fuego contra el EZ. Años más tarde, en el 2000, en una carta que el SCI Marcos envió a Pablo González Casanova, escribió lo siguiente:

Entonces, en aquel enero de sangre y pólvora, nosotros tuvimos que decidir cómo debíamos “leer” esa gran movilización. Pudimos haberla “leído” como una manifestación en apoyo a nuestra guerra, como un aval al camino de lucha armada que habíamos elegido; o pudimos haberla leído como una movilización que apoyaba no nuestro método (la guerra), pero sí nuestras demandas, y que se manifestaba contra la represión gubernamental.

Nosotros estábamos aislados, replegándonos a las montañas, cargando a nuestros muertos y heridos, preparando el combate siguiente. Así, lejos, muy lejos, y en esas condiciones, tuvimos que escoger. Y escogimos “leer” que esa gente que salió a las calles estaba contra la injusticia, contra el autoritarismo, contra el racismo, contra la guerra, que estaba por el diálogo, por la paz, por la justicia, por la solución pacífica de nuestras demandas. Eso leímos y eso marcó nuestro andar posterior[2] .

Desde aquel entonces los zapatistas dieron las primeras señales de lo que en adelante sería un rasgo distintivo de su nueva estrategia: la alianza permanente con la sociedad civil.

Con el lanzamiento de la 2da Declaración de la Selva Lacandona, la alianza fue más evidente. En aquel entonces, los neozapatistas convocaron a un Diálogo Nacional por la Libertad, la Democracia y la Justicia que permitiera realizar los cambios profundos que la Nación requería. Insistían en la necesidad de un nuevo sistema político y llamaban a una Convención Nacional Democrática (CND) que se encargaría de establecer un gobierno provisional o de transición, una especie de constituyente del que emanaría una nueva Constitución.

En agosto de 1994 se realizó la primera sesión de la CND. Para dicho encuentro los zapatistas construyeron, en la comunidad de Guadalupe Tepeyac, Chis., un foro en forma de “barco” al que denominaron Aguascalientes. Al evento acudieron más de 7000 representantes de distintas organizaciones y cientos de observadores internacionales. Dicho encuentro se convirtió en uno de los grandes esfuerzos históricos por articular a las izquierdas.

El 1 de enero de 1995, ya con Zedillo como presidente y en plena crisis económica, el EZ lanzó la 3ra Declaración de la Selva Lacandona. Ahí convocaron a los integrantes de la Convención Nacional Democrática y a otros actores a conformar el Movimiento de Liberación Nacional (MLN).

Con motivo del cierre de la Consulta Nacional por la Paz y la Democracia (Julio de 1995), el EZ anunció “una nueva etapa en el diálogo nacional” entre la sociedad. Propusieron a sus simpatizantes formar “Comités Civiles de Diálogo” con el objetivo de “desembocar en la Mesa Civil del Diálogo Nacional”. Los temas serían el “proyecto de Nación”, el “proyecto del Frente Nacional Opositor”, las “nuevas relaciones políticas entre organizaciones, gobierno y ciudadanos y una nueva relación de la Nación con los indígenas” y la “creación de una nueva fuerza política independiente con base en el EZLN”.

El 1 de enero de 1996, el EZLN lanzó la 4ta Declaración de la Selva Lacandona. A las exigencias de  techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, justicia, libertad y paz agregaron las de comunicación e información. Proponían la conformación del Foro Nacional Indígena, resultado de las alianzas tejidas con otros pueblos originarios durante el proceso de diálogo. También anunciaron la formación de una nueva fuerza política nacional: el Frente Zapatista de Liberación Nacional, “organización civil y pacífica, independiente y democrática, mexicana y nacional, que lucha por la democracia, la libertad y la justicia en México”. Al mismo tiempo lanzaron la 1a Declaración de la Realidad: Contra el Neoliberalismo y por la Humanidad, en la que convocaron al Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo.

La 5ta Declaración de la Selva Lacandona vino en julio de 1998. En ella convocaron a la realización de la Consulta Nacional sobre la iniciativa de Ley Indígena que había elaborado la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa). La Consulta fue organizada principalmente por el Congreso Nacional Indígena y organizaciones civiles solidarias.

Con la salida del PRI y la llegada de Vicente Fox a la Presidencia, los zapatistas lanzaron una nueva iniciativa. En esta ocasión, convocaron al Congreso Nacional Indígena (CNI) y a la sociedad civil a una gran movilización al Congreso de la Unión para “exigir reconocimiento constitucional de los derechos y cultura indígena, de acuerdo con la iniciativa de la Cocopa”. La movilización fue encabezada por 27 integrantes del EZLN, representantes de las etnias tzotzil, tzeltal, tojolabal, chol, zoque y mame. El objetivo era ocupar la máxima tribuna del Congreso para hablarle a los legisladores y argumentar a favor de la “Ley Cocopa”.

La Marcha del color de la Tierra desató pasiones y debates. La movilización duró 37 días, se recorrieron 6 mil kilómetros y se realizaron 77 actos públicos en 12 estados del país. El 11 de marzo, cuando el contingente llegó a la Ciudad de México, miles de personas inundaron las calles. En la opinión pública, intelectuales y políticos de todas las ideologías discutían sobre si la delegación zapatista tenía derecho a usar o no la máxima tribuna de San Lázaro. Memorable y representativa de la opinión conservadora fue la posición del dirigente de la bancada panista Diego Fernández de Ceballos, quien calificando de “indios calzonudos” a los zapatistas, se negaba a que ocuparan la máxima tribuna en el Congreso.

 Luego de numerosos debates y gracias a la presión generada por la sociedad civil, los zapatistas pudieron dirigir sus mensajes a los legisladores el 28 de marzo. No iban solos, estaban acompañados de representantes de los pueblos indígenas, integrantes del CNI e invitados internacionales. En las afueras de San Lázaro, decenas de miles acudieron a manifestar su solidaridad.

En 2001, la clase política de México puso un eslabón más en la cadena de desprecio contra los pueblos indígenas. En aquel año aprobó una contrarreforma que violaba la mayor parte de los acuerdos de San Andrés Sacamchem de los Pobres. Consolidada la traición, en agosto 2003 el EZLN se dio a la tarea de ejercer su autonomía de facto, por medio de la creación de las Juntas de Buen Gobierno y de los Caracoles Zapatistas.

La 6ta Declaración de la Selva Lacandona, lanzada en 2005, presentó el camino recorrido por el EZLN, pero también ofreció una lectura de la situación nacional y mundial. La Sexta no sólo se integró por un  balance, sino que vino acompañada de una propuesta organizativa encaminada a generar “un acuerdo con personas y organizaciones mero de izquierda” para construir un programa de lucha anticapitalista y antineoliberal. Si bien el zapatismo ya había marcado una diferencia abismal con los partidos políticos luego de la traición de 2001, con la Sexta y La Otra Campaña se hizo evidente que la ruta de acción implicaba luchar contra toda la clase política sin distinción. En 2006 el proceso organizativo y de construcción del programa, que implicaba un recorrido nacional, fue interrumpido por  la brutal represión contra el pueblo de Atenco.

Las reuniones e iniciativas organizativas que ha lanzado el EZLN a los pueblos indios y la sociedad civil a lo largo de 20 años de resistencia pública son múltiples y con diferentes objetivos. Cada una de ellas ha tenido un gran impacto en la vida política nacional e internacional. Por otra parte, dichas iniciativas han globalizado la esperanza y la rebeldía, siendo el mejor ejemplo de ello las redes de solidaridad que se han construido con intelectuales y organizaciones indígenas y no indígenas de todo el mundo.

El andar del EZ, su experiencia milenaria y la alternativa que han construido les ha dotado de una visión profunda sobre lo que acontece en el país. De igual forma, su carácter anticapitalista y sus variadas relaciones con intelectuales, activistas y otras organizaciones les permite tener un mapeo completo del estado actual del despojo y de las resistencias. Estemos atentos a lo que nos propongan el próximo mes de junio. Vayamos con el corazón abierto y con la disposición para seguir caminando. Se aproxima un nuevo tiempo para la Dignidad Rebelde.


[1] En un trabajo anterior con Anaid Campos Nájera desarrollamos este argumento. Ver:  La Unidad Popular frente a la recolonización de México
[2] SCI Marcos. (2000) “Saludo a Pablo González Casanova: por la liberación de todos los universitarios presos” [en línea]. Chiapas, febrero. Tomado del sitio electrónico Cartas y Comunicados del EZLN. Disponible en  http://palabra.ezln.org.mx/comunicados/ [Consulta: 19 de marzo de 2013].

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