Crítica del paradigma del progreso

2012-01-19

 

René Báez

 

Este trabajo fue presentado como Ponencia al II Encuentro Internacional por la Humanidad y contra el Neoliberalismo convocado por el EZLN y cumplido en Madrid/España en 1997. La decisión de ponerlo a circular nuevamente, en forma fragmentaria y con ligeros reajustes, a propósito del Seminario sobre Pensamiento Crítico organizado por el Centro de Pensamiento Alternativo de la Universidad Central del Ecuador, obedece a nuestro interés por aportar con algunas reflexiones heterodoxas al debate sobre  la actual transición latinoamericana y especialmente ecuatoriana. (Nota del Autor)

 

1. Regresión versus evolución cíclica

La vocación de los pensadores por desentrañar las causas de las tendencias evolutivas (involutivas) de las socie­dades humanas sería muy antigua y habría sido la preocupación de historiadores y filósofos grecolatinos de la importancia de Hesíodo, Homero, Séneca, entre otros, que habrían partido de la hipótesis de una evolución regresiva del proceso social (“la degeneración del oro hasta el hierro”).

Durante la Edad Media se abre un paréntesis en la percepción secular del proceso social, que es sustituida por la visión escatológica provista por la Iglesia Católica y el escolasticismo. El propósito fundamental de los escolásticos fue fusionar la filosofía griega, especialmente el pensamiento aristotélico, con la doctrina cristiana. Más que explicar los fenómenos sociales, su preocupación estuvo orientada a la formulación de normas absolutas de conducta sustentadas en principios religiosos. En el ámbito de la economía su concepción se sintetiza en dos postulados: a) que las consideraciones económicas carecen de importancia, pues el mundo presente es sólo la preparación para el futuro y b) que la actividad económica es tan sólo un aspecto de toda la actividad humana y por consiguiente debe juzgarse de conformidad con normas de moralidad (Cf. Ferguson, 1988: 27).

Un noble ideal de igualdad y solidaridad habría inspirado la preocupación escolástica sobre las cuestiones de la vida material. Conforme se ha escrito: “Al aceptar con  sinceridad el principio de Aristóteles de que ‘el hombre es por naturaleza un animal social’, la teología medieval afirmó que todos los hombres son iguales por naturaleza, que el Estado se ha hecho para el hombre y no el hombre para el Estado, y que hay un límite normal a la extensión de la intervención gubernamental en el esfuerzo individual. En consonancia con esto, el objeto de mayor controversia fue la amplia concepción de la idea de justicia. Que nadie reciba lo que no merezca; que todos los hombres traten a sus semejantes como hermanos” (Ferguson, 1988: 27).

El final del medioevo marcó también el retorno a la percepción secular del devenir humano. Según el autor italiano Juan Bautista Vico (1668-1743), éste se cumpliría no en términos involutivos sino cíclicos, comportamiento que, según el alemán Herder, tendría validez para todas las áreas del planeta. Al menos entre las visiones seculares señaladas se podría identificar un denominador común: su concepción de la dinámica de las sociedades humanas como un proceso de múltiples interdependencias de factores. Concepción proteica que comenzará a restringirse con la progresiva imposición del paradigma económico.

La Reforma Protestante (1517-1650) encabezada por Lutero, al reducir el poder temporal del papado y, por contrapartida, alentar la formación de estados nacionales en Europa, impulsó la difusión del enfoque economicista del proceso social en la principal expresión religiosa de Occidente; todo esto en la medida que legitima el móvil de lucro y el individualismo, es decir, los valores sustantivos de la emergente clase burguesa.

2. Camino a lo unidimensional

La aludida restricción de corte hedonista aparece vertebrado el conocimiento económico sistemático, empirista y pragmático de los pensadores mercantilistas (Botero, Colbert, Mun) que comenzará a fraguarse desde el siglo XV y que predominará hasta el XVII, entre otras causas,  por constituir el correlato de la expansión colonialista de Europa.

Conforme escribe O. Popescu: “Ya que nuestros primeros economistas —los pensadores mercantilistas— fueron hombres de negocio, no debe sorprender el verlos inclinados hacia enfoques ‘realistas’. Los autores mercantilistas reducen en sumo grado el alcance y la dimensión de la problemática del movimiento social. Por supuesto que el tema cardinal de la doctrina mercantilista será la cuestión del desarrollo, pero el enfoque se desplaza desde una óptica milenaria a una secular. Por otro lado, el problema toma un agudo carácter económico, puesto que se generalizó el consenso de que la riqueza es la llave del poderío nacional, y dado que se está comenzando la era de los estados nacionales, también el problema del desarrollo económico se plantea como un simple problema de desarrollo nacional”. (Popescu, 1982: 266)

Al expresar el predominio del capital comercial, no es casual que detrás de los postulados fundamentales del mercantilismo —atesoramiento de metálico, balanza comercial favorable, estímulo a la industrialización vía proteccionismo, defensa de los monopolios estatales, rígida reglamentación de las economías coloniales para mantenerlas como fuentes de abastecimientos primarios, etc.—, tal corriente representara, a la par que la fetichización del dinero, una despreocupación por las condiciones de vida del conjunto de las sociedades metropolitanas y, más aún, de las coloniales. La riqueza de las naciones, identificada para todos los efectos con la fortuna de comerciantes y empresarios, ocultaba la pobreza de los pueblos.

3. La revolución burguesa y la ideología del progreso

La emergente clase burguesa, opuesta a la tradición gremial y al poder absolutista, abrirá paso a la imposición de la cosmovisión racionalista y, en particular, de la razón instrumental capitalista, es decir, el dinero y la tecnociencia. No obstante, el advenimiento de la escuela clásica liberal revelará una continuidad respecto a los mercantilistas en la perspectiva económica de la evolución de la sociedad.

Su preocupación fundamental —expresada incluso en el título de la principal obra de A. Smith—no fue otra que la identificación de los factores determinantes de la expansión y reparto del producto social.

El liberalismo, al fundar la racionalidad económica en el interés personal, convalida y proyecta el enfoque del cambio social en términos similares a los mercantilistas, sólo que renegando del intervencionismo estatal que tanto sirviera para que la burguesía ensayara sus primeros pasos.

Las revoluciones burguesas y el iluminismo consagran la Welstanchauungen(ideología) economicista, moderna, de funcionamiento y avance de la sociedad.

Conforme analiza Celso Furtado: “Durante el proceso de invención cultural que fue la revolución burguesa, se produjo el refinamiento de dos poderosos instrumentos de la mente humana: el racionalismo y el empirismo. Por un lado, someterlo todo al entendimiento crítico a partir de un conjunto de conceptos y, por otro, tomar como punto de referencia la experiencia para comprobar la veracidad de una proposición —la correspondencia de las ideas con los hechos— era lanzar las bases de una sociedad fundamentalmente secularizada. En esta sociedad todo podía ser puesto en duda y la cohesión social pasaba a depender más de la visión del futuro que de la memoria del pasado. Esta visión del futuro encontró su expresión definitiva en la idea de progreso”. (Furtado, 1982:187)

Por otro lado, en la medida que la revolución burguesa representaba el ascenso de fuerzas sociales que tenían en la acumulación la fuente de su propio prestigio y, así mismo, en la medida que la acumulación de los medios de producción conducía a la diversificación del consumo, ya sea por el intercambio externo o la producción interna, los cambios en los patrones culturales surgidos de esas condiciones serán identificados como signos de ascenso social, de modernidad, de progreso.

La razón instrumental se convertirá, así, en el principio organizador e impulsor de la sociedad que emerge con el colapso del mundo feudal y su ideal socializante de inspiración cristiana.

Según el propio Furtado: “La penetración del capitalismo en la organización de la producción puede interpretarse como una ampliación del área social sometida a criterios de racionalidad instrumental (medios de producción). El capitalista que con anterioridad trataba con los propietarios de tierras, con las corporaciones depositarias de privilegios o con entidades similares, pasa a tratar con ‘elementos de la producción’, que pueden ser considerados en abstracto, comparados y reducidos a un denominador común, sometidos a operaciones de cálculo. A partir de ese momento, la ‘esfera de las actividades económicas’ puede concebirse independientemente de las demás actividades sociales”. (Furtado, 1982:190)

En el pensamiento clásico liberal la noción de progreso (riqueza) nace asociada a dos elementos que resulta importante precisar.

En primer lugar es la expresión o indicador de la prosperidad o decadencia de las naciones, percepción similar a la de los mercantilistas, y de modo directo se relaciona con el potencial productivo de una comunidad, que se traduciría —según J. S. Mill— en “aquel conjunto máximo de bienes que un país puede obtener, dada la naturaleza de su suelo, su clima y su situación respecto de otros países”. Concepción ideológica derivada de la filosofía del derecho natural, según la cual tanto los fenómenos físicos como los sociales se regían por idénticas leyes que había que descubrir y respetar como medio de asegurar el avance de la sociedad hacia el óptimo económico.

En segundo término se advierte un contenido altamente ideológico, en la medida que expresa intereses concretos de la clase burguesa en su confrontación con la decadente clase de los terratenientes feudales.

Este contenido ideológico aparece inequívocamente expresado por David Ricardo, el primero en formular una teoría sistemática del desarrollo económico.

Según la sintética formulación de O. Lange, el modelo ricardiano opera de la siguiente manera: “La utilización de una parte del producto social para la acumulación y las inversiones productivas es fuente del desarrollo económico. Bajo las condiciones capitalistas, el excedente adopta dos formas: beneficio de capital y renta de la tierra. Ricardo opina que en la práctica sólo el beneficio constituye la base del desarrollo económico. La renta de la tierra es utilizada generalmente por los terratenientes de modo improductivo. De ello sigue que mientras mayor es el beneficio, mayor es la acumulación” (1966: 154).

El carácter ideológico burgués del conjunto del pensamiento clásico aparece cabalmente destacado en las puntualizaciones siguientes: “… la economía política clásica integra un sistema económico de ‘ley natural’, es decir, un sistema que concibe la existencia de un orden natural tanto en el mundo físico como en el social. El reconocimiento de la posibilidad de entender el orden existente en el mundo social y determinar las leyes que la rigen, traduce una posición epistemológica que podría designarse como ‘racionalismo sociológico’. Desde luego que esta última expresión tomada de Schumpeter, es una designación muy general, pues abarca tanto una posición epistemológica según la cual hay una adecuación entre el objeto y la razón que así puede captarlo, como también una postura que admite la existencia de un orden tan sólo en la razón, ‘… pero que la propia razón nos concita a admitir para evitar una razón divergente…’. Esta es la posición típica de los reformadores sociales. Como podrá percibirse hay elementos que permiten inferir que debajo de la visión clásica subyace una actitud del segundo tipo. Tales elementos son, de un lado, las vinculaciones de esta escuela con el utilitarismo, y del otro, las medidas de política económica propiciadas…”. (Sunkel y Paz, 1970: 107 y 108)

He ahí, en su intimidad, los postulados matrices del discurso con que la burguesía triunfante evangelizará al mundo especialmente a partir de 1789.

4. El denominado socialismo científico y la asimilación de la ideología del progreso

La visión ideológica del comportamiento de la sociedad elaborada por los clásicos liberales será asumida también por la economía política marxista, en el sentido de percibir el desarrollo de las fuerzas productivas como algo decididamente positivo y que, además, diseminaría la abundancia y el bienestar. De esta suerte, al menos en una de sus principales vertientes y elaboraciones, el marxismo representa una proyección del enfoque optimista del proceso social heredado del Siglo de las Luces.

Ya en el Manifiesto Comunista, publicado por primen vez en 1848, aparece un juicio apologético de las fuerzas productivas como el siguiente: “Merced al rápido  perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta a las más bárbaras. Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe e introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. En una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza” (Marx y Engels).

Y en su análisis sobre el régimen colonialista británico en la India, Marx llega a sostener “… y a pesar de todos sus crímenes, Inglaterra fue el instrumento inconsciente de la historia al realizar dicha revolución. En tal caso, por penoso que sea para nuestros sentimientos personales el espectáculo de un viejo mundo que se derrumba, desde el punto de vista de la historia tenemos pleno derecho a exclamar con Goethe: ¿Quién lamenta los estragos/si los frutos son placeres?/¿No aplastó miles de seres/ Tamerlán en su reinado?”.

¿Cómo sustentar una posición tan heterodoxa como la que estamos enunciando?

Para la economía marxista —como se sabe- la lógica y la fisonomía de las sociedades son determinadas por el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y por las relaciones sociales derivadas de esa condición tecnológica— (“el molino de viento engendra la sociedad feudal, el molino a vapor genera la sociedad burguesa”).

En realidad, toda la teoría económica marxista — fundada en la anterior premisa— puede ser considerada y entendida como una teoría del desarrollo del modo de producción capitalista.

Dicha teoría o modelo puede describirse brevemente de la siguiente manera: El fundamento del desarrollo económico es el proceso de la competencia capitalista, que hace que la ley del valor actúe en su forma específica para el capitalismo: bajo la forma de la igualación de la tasa de beneficios en las ramas de producción individuales y, como consecuencia, paso de capitales de las ramas con una baja tasa de beneficios a ramas con una tasa de beneficios más elevada.

En principio —como recuerda O. Lange — Ricardo ya conocía el mecanismo de la igualación de las tasa de beneficio, lo nuevo de la exposición del desarrollo económico de Marx constituye la unión de la competencia con el progreso técnico. Marx señaló que la competencia capitalista conduce a la igualación de las tasas de beneficios.

Marx señaló que en la economía capitalista existe la necesidad de un progreso técnico permanente. Un capitalista que no lo reconozca, no sólo renuncia al beneficio adicional, sino que corre el peligro de verse expulsado del proceso de producción.

La técnica del proceso de producción se halla sometida, en el capitalismo, a constantes transformaciones en el sentido de una mayor productividad del trabajo y de costos de producción más bajos. Existe, por ello, una coacción objetiva y generalizada para el progreso técnico. De ello resulta una demanda desorbitada de nuevas realizaciones técnicas, que exige la dedicación de todas las fuerzas creadoras para asegurar el constante progreso técnico en todas las ramas de la producción. Bajo las condiciones capitalistas existe, por tanto, una “necesidad social” de nuevos descubrimientos, de métodos de producción cada vez más perfeccionados.

El progreso técnico coactivo del orden social capitalista da lugar a ulteriores consecuencias que se podrían denominar coacción para la acumulación. El progreso técnico exige acumulación, porque su aplicación requiere nuevos medios. Puede decirse que todo capitalista se halla sometido inevitablemente a la presión para la acumulación.

Marx señala también que la acumulación era una necesidad objetiva del capitalismo, pero no el resultado de ningún tipo de cálculo psicológico. La tasa de acumulación—la parte relativa del beneficio destinada a la acumulación— vendría determinada por esa presión objetiva a la acumulación. Esta afirmación construye un elemento fundamental de la teoría marxista, de la que se desprende que un capitalismo estacionario —un capitalismo sin acumulación— es imposible.

El progreso técnico coactivo es la causa del aumento constante de la composición orgánica del capital. Esto conduce a una serie de fenómenos ulteriores. Ante todo, el proceso de producción capitalista crea un ejército de parados como consecuencia inevitable del revolucionamiento ininterrumpido de la técnica y de la eliminación del trabajo vivo por el trabajo materializado. Es el llamado “ejército de reserva industrial”. En la teoría de Marx, la existencia de este ejército de reserva evita que, a largo plazo, el aumento de los salarios consuma todo el beneficio de los capitalistas.

La consecuencia siguiente del progreso técnico coactivo y del aumento de la composición orgánica del capital es la concentración del capital. Una aplicación eficaz del progreso técnico requiere la concentración de capitales en grandes unidades económicas, con lo cual la libre competencia se ve limitada o eliminada. Distintas clases de monopolios ocupan el lugar de la libre competencia.

Los efectos de la concentración de capital han sido analizadas en la propia literatura marxista clásica, especialmente por Lenin, derivando en los estudios del desarrollo del imperialismo como superestructura política del capitalismo monopolista (Cf. O. Lange, 1966:160 – 163).

Más allá de la elevada pertinencia y contribución del marxismo para desentrañar los mecanismos esenciales de funcionamiento del régimen capitalista, la realidad contemporánea —especialmente de la postguerra fría— imponen un repensamiento aunque sea sumario de sus fundamentos epistemológicos, de las razones de su extendida influencia en la conciencia social y de su impacto (coherencia) con la práctica del “socialismo real”. Todo esto, naturalmente, en cuanto concierne a la línea de reflexión preestablecida para este trabajo.

En el ámbito epistemológico y con independencia de algunos geniales análisis del propio Marx, en el sentido de destacar el rol de la naturaleza en la generación del valor de uso, parece indispensable establecer que, bajo la influencia positivista que privilegia lo cuantificable, la teoría marxista terminará por excluir a la naturaleza como fuente del valor de cambio, lo cual la torna  insuficiente para explicar la actual crisis de la modernización de las economías tanto “centrales” como “periféricas”.

En cuanto concierne a su influencia ideológico-política, las reflexiones siguientes se perfilan muy atinadas.

“El choque de la ideología del progreso-acumulación fue tan profundo y abarcó tanto que impregnó incluso el pensamiento revolucionario surgido de la lucha de clases y orientado a la destrucción del orden capitalista. Su incorporación al pensamiento revolucionario es uno de los ingredientes del paso del ‘socialismo utópico’ al ‘socialismo científico’, del pensamiento de un Fourier con su mundo sencillo de ‘pasiones armónicas’ al de las contradicciones siempre superadas que abren la puerta de un mundo mejor en Marx. En su forma más elaborada, el pensamiento revolucionario surgido en el marco de la civilización industrial atribuye a la clase trabajadora el papel histórico semejante a aquel que desempeñara la clase burguesa o sea la función de provocar transformaciones culturales que habrían de abrir un nuevo ciclo de civilización… Apoyada en una teoría de la historia que tuvo gran repercusión al llenar una evidente laguna de las ciencias sociales —y que era suficientemente vaga para adaptarse a una multiplicidad de situaciones sin que nunca pudiera ser sometida a prueba— la ideología del ‘socialismo científico’ desempeñó un papel de gran importancia en la difusión de la civilización industrial en zonas en las que fue débil o nulo el proceso de la revolución burguesa: zonas de gran atraso relativo en la acumulación y también la lucha contra la dependencia en los países sometidos al yugo colonial, o sea allí donde la dependencia fue un obstáculo efectivo, a la difusión de la civilización industrial”. (Furtado, 1982: .189-191)

Finalmente en lo que tiene que ver con la influencia del marxismo en la teoría y práctica de los denominados “socialismos reales”, análisis que por cierto desbordan los objetivos preestablecidos para este trabajo, señalaremos únicamente que la economía política marxista, en forma similar a la de raíz liberal, habría exhibido en sus cristalizaciones históricas los límites y falencias inherentes al reduccionismo economicista sobre el devenir del hombre y la sociedad.

Expuesto en otras palabras, la ideología del progreso —operando en distintas formas de organización social —habría obrado como factor de interdependencia entre clases sociales (capitalismo) o capas sociales (‘socialismo real’) con intereses antagónicos, pero que habrían actuado en la perspectiva de un proyecto similar de modernización.

5. La economía neoclásica y la apoteosis del economicismo

En el último cuarto del siglo XIX los economistas convencionales orientaron su esfuerzo a la refutación de la teoría del valor-trabajo, convertida por el movimiento socialista en poderosa arma en su impugnación del capitalismo.

A ese propósito los neoclásicos desecharán en su análisis la relación existente entre la teoría de la distribución del ingreso basada en variables sociológicas (“principio de población” de Malthus’ y “ejército industrial de reserva” de Marx) y el comportamiento de las tasas de ahorro e inversión.

Esta “depuración” de la teoría de factores no-económicos resultó crucial para la configuración del modelo neoclásico.

“La base del modelo neoclásico es una función de producción que admite cualquier combinación de los factores. Considerando viable, desde un punto de vista técnico, cualquier combinación del capital y del trabajo, la remuneración de cada factor será determinada por su productividad marginal a partir de la posición del equilibrio, que se confunde, para todos los efectos, con la ocupación plena. Aumentando la oferta global de capital más rápidamente que la oferta de trabajo, el precio de la oferta del capital tenderá a la baja. Habrá un aumento en la densidad de capital por trabajador, lo que inducirá a la declinación de la productividad marginal del capital. Razonamiento similar puede hacerse con respecto al factor mano de obra. La conclusión más general del modelo que acabamos de describir es que, en cualquiera que sea el monto de la oferta de mano de obra, todas las personas que deseen trabajar encontrarán empleo, si aceptan el salario que se les ofrece en el mercado. Dicho salario sería determinado, en todos los casos, por la productividad marginal del factor trabajo”. (Furtado, 1969: 41)

Esa construcción abstracta y tan alejada de la realidad de un mundo de desocupados como era el del siglo XIX, surgió ante los economistas neoclásicos como la verdad científica más irrefutable. Desaparecía totalmente la incómoda idea de los clásicos, en el sentido de que la remuneración del trabajo y la del capital eran de distinta índole. Si la población crece sin cambios en la existencia de capital, la tendencia del salario real será hacia la baja, pues solamente podría lograrse más empleo a costa de la reducción en la productividad marginal del trabajo. Sin embargo, libres del principio de la población de Malthus, a los economistas neoclásicos no les preocupaba tal problema. Al contrario, de su teoría surgía una perspectiva optimista para la clase asalariada: siempre y cuando las existencias de capital crecieran más rápidamente que la población, la productividad marginal del trabajo también crecía, arrastrando los salarios reales. La condición sine qua non para que se cumpliera tal promesa residía en la creación de condiciones favorables al incremento del ahorro.

Como acertadamente se ha hecho notar: “Con las formulaciones neoclásicas se ideologiza lo económico erigiéndose en ciencia social al ‘economicismo’. Se entiende por ‘economicismo’ a la reducción que se hace del hecho social al hecho económico. Así… al mercado se lo toma como una fuerza objetiva, exterior a la sociedad, que se impone a los productores. En el caso de la moneda, la atención se centra en el estudio de las relaciones superficiales del intercambio dejándose de lado las esenciales de la producción que exigen un análisis fundamental en una ciencia social total” (I. Parra-Peña, 1986: 40).

6. De la ideología del progreso a la ideología del desarrollo: la universalización de la razón instrumental

“Las raíces de la idea de desarrollo pueden detectarse en tres corrientes surgidas del pensamiento europeo a partir del siglo XVIII. La primera se asimila al iluminismo y a la visión de la historia como una marcha “progresiva” hacia lo racional. La segunda se relaciona con la idea de “acumulación de riqueza”, en la que está implícita la opción entre el presente y el futuro ligada a una promesa de bienestar. Finalmente, la tercera se vincula con la idea de que la expansión geográfica de la civilización europea significa el acceso a formas superiores de vida para los demás pueblos de la tierra, considerados como “retrasados”. (Furtado, 1982: 68)

La superación del enfoque mercantilista por el liberal en lo concerniente a las relaciones entre países tiene mucho que ver en la génesis de la ideología o paradigma del desarrollo.

Los europeos consideraban el comercio, dentro del  mercantilismo y el Pacto Colonial, como un acto de imperio y, por tanto, inseparable del poder de las naciones que lo practicaban, doctrina que se destruiría durante la segunda mitad del siglo XVIII y se sustituiría progresivamente por las liberales a partir de la primera mitad del siglo XIX.

El intercambio internacional conduce, según la doctrina liberal, a una mejor utilización de los recursos productivos dentro de cada país y pone en marcha un proceso por el cual los países participantes sin excepción tienen acceso a los frutos del aumento en la productividad. Un corolario de esa doctrina era que las economías de Europa ejercían una “misión civilizadora”, al forzar a otros pueblos a integrarse a sus líneas de comercio, puesto que contribuían a elevar el bienestar de los pueblos que se encontraban anquilosados por tradiciones oscurantistas.

De lo anterior se infiere que el intercambio internacional sin la regimentación estatal es la poderosa palanca para la difusión a escala planetaria de la ideología del progreso, primeramente, y de la ideología del desarrollo, con posterioridad. En suma, para la paulatina universalización de la razón instrumental.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII el pensamiento europeo se encaminó, por distintas vías, a una visión optimista de la historia encontrando su síntesis en la idea de progreso, a pesar de que la realidad social de la época era poco reconfortante. El ascenso del capitalismo comercial en el siglo anterior casi no afectó a la organización social. Posteriormente las relaciones mercantiles, situadas con anterioridad a nivel del intercambio de productos terminados o semiterminados, se verticalizaron y penetraron en la estructura de la producción, transformando, por así decirlo, los elementos de producción en mercancías.     

Y, en lo que respecta a nuestros países latinoamericanos, los efectos habrían sido del siguiente orden: La difusión del capitalismo fue mucho más rápida y amplia como proceso de “modernización” que como transformación del modo de producción de las estructuras sociales. El desarrollo y el subdesarrollo son, por lo tanto, dos procesos históricos que se derivan del mismo impulso inicial; es decir, tienen sus raíces en la aceleración de la acumulación efectuada en la Europa de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Los antecedentes expuestos permitirían formular una síntesis como la siguiente: De la misma que la idea de progreso se transformó en palanca ideológica para fomentar la conciencia de interdependencia en grupos y clases con intereses antagónicos, en las sociedades en las que la revolución burguesa destruía las bases tradicionales de legitimación del poder, la idea del desarrollo sirvió para afianzar la conciencia de solidaridad internacional en el proceso de difusión de la civilización industrial en el marco de la dependencia.

Durante la fase de acceso indirecto (mediante la exportación de productos primarios) a los valores de esta civilización -fase durante la cual se fijaron las raíces de la dependencia- prevalecería la doctrina de que el camino más corto hacia el enriquecimiento de una región o país era la especialización interregional o internacional. Insertarse en el sistema de división internacional del trabajo había de ser la forma más “racional” de eliminar el atraso en la diversificación del consumo, de avanzar hacia la línea frontal de las naciones “civilizadas”.

La variante industrialista fomentada en términos más bien precarios en la América Latina a lo largo del siglo XX introducirá una modificación en la ideología librecambista, preservando su esencia de discurso de modernización “a la occidental” en la idea más abstracta de desarrollo.

Expuesto en otras palabras: El nuevo pacto entre intereses externos y dirigentes internos, en el que se funda la industrialización dependiente, vendría a sustituir el mito de las ventajas de la especialización internacional por la idea más movilizadora de desarrollo.

De esta manera, la ideología del desarrollo se distingue de la ideología del progreso por un economicismo más estrecho, insertado en el marco de la dependencia externa a sucesivas metrópolis y más concretamente a un capital monopólico cada vez más financiarizado.

Más allá de las discrepancias secundarias que se puedan detectar entre las estrategias de desarrollo que se han instrumentado en Latinoamérica con posterioridad a la II Guerra Mundial –llámense intervencionismo cepalino, neoliberalismo fondomonetarista o neoinstitucionalismo bancomundialista- tales fórmulas aparecen predestinadas al fracaso en la medida que portan las aberraciones inherentes a una trasnochada civilización centrada en el culto al individualismo y a las cosas.

Bibliografía

Ferguson, J. M. Historia de la economía,México, FCE, 1988.

Furtado, Celso. Teoría y política del desarrollo,Mi Siglo XXI, 1969.

Furtado, Celso. Obras escogidas,Bogotá, Plaza y Janes 1982.

Lange, Oskar. La economía en las sociedades modernas,México, Grijalbo, 1966.

Marx, Carlos y Engels, Federico. El manifiesto comunista Moscú, Progreso, 1970.

Parra-Peña, Isidro. El subdesarrollo y la crisis, Bogotá, Plaza y Janés, 1986.

Popescu, Oreste. Introducción a la ciencia economía contemporánea,Bogotá, Plaza y Janés, 1982.

Sunkel, Osvaldo y Paz, Pedro. El subdesarrollo latinoamericano y la teoría del desarrollo, Mexico, Siglo XXI, 1970

Enero/2012

° René Báez, autor de Antihistoria ecuatoriana (2010) y miembro de la Internacional Writters Association.

 

 

http://www.alainet.org/active/52225&lang=es

Pensar desde el abismo

http://radiozapatista.org/?p=4993


Gustavo Esteva

No estamos al borde del abismo. Ya caímos en él. Estamos en caída libre por un abismo que parece realmente insondable. No se le ve el fondo.

No somos un “estado fallido”, una categoría mal intencionada e inasible que hace unos años empleó el Departamento de Estado de Estados Unidos al clasificarnos junto a Congo y Pakistán. Pero ya no se sabe bien lo que somos. El país que teníamos se ha estado cayendo a pedazos y ni siquiera sabemos adónde van quedando algunos de ellos.

Al atender esta nueva convocatoria de la Universidad de la Tierra en Chiapas propongo de entrada que repasemos brevemente las evidencias del desastre, por mucho que nos duela hacerlo.

El desastre

Desde hace años, México crea al hombre más rico del mundo y a un grupo que lo acompaña en los primeros lugares de esa lista escandalosa de potentados mundiales que hoy son más ricos que nunca. México crea también a algunos de los pobres más pobres del planeta y una proporción creciente de los mexicanos ha entrado en la categoría de pobres. No son dos hechos separados. Son el mismo. Lo que destroza cada vez más el país es esta máquina enloquecida que acumula inmensas riquezas para algunos y despoja y empobrece a la mayoría. El sistema, el capitalismo, es un dispositivo para empobrecer – como explican muy bien Jean Robert y Majid Rahnema en el libro que se acaba de presentar aquí mismo. Esta máquina, esta manera de organizar la sociedad para beneficio de unos cuantos, es la raíz y el trasfondo de nuestros desastres. Repasemos algunos.

  • La quinta parte de los mexicanos ha tenido que abandonar el país para irse a Canadá y Estados Unidos…e incluso tan lejos como el Japón. La nuestra es una de las más grandes emigraciones de la historia. Cientos de miles siguen tratando de cruzar cada año esa puerta de escape, aunque se encuentre cada vez más cerrada. ¿Dónde quedan ahora nuestras fronteras? Los nuestros de allá, que hace años no están con nosotros, se siguen sintiendo mexicanos y sus remesas son condición de subsistencia para millones de personas. Aquí operan y dirigen los policías de allá, las corporaciones transnacionales controlan sectores cada vez más amplios de nuestra economía, y se afianzan costumbres, productos, actitudes y músicas que desplazan todo lo nuestro. ¿Cuál es hoy el contorno actual del país en términos geográficos, económicos, culturales? ¿Cómo fue que permitimos este trágico desmantelamiento?

  • El número de crímenes que se cometen diariamente en México es abrumador. Su barbarie encoge el corazón. No hay ya lugar seguro y en amplias porciones del territorio nacional se han perdido todas las formas civilizadas de convivencia; rige sólo la ley del más fuerte. La violencia, cada vez más general, se hace cada vez más aleatoria. Activistas, dirigentes sociales y periodistas siguen siendo blancos favoritos, pero se multiplican también asesinatos sin sentido que el gobierno llama “bajas colaterales” y pretende esconder bajo la alfombra de su guerra criminal. Las mujeres, como siempre, padecen más que los hombres. La violencia ha invadido la esfera doméstica y se instituye como norma de relación.

  • Estos dos géneros de violencia brutal, la que separa a la gente de su familia, su comunidad y su país y la que mata y golpea indiscriminadamente, se manifiestan también como agresión brutal a la Madre Tierra. Se despoja a pueblos enteros para destrozar con formas muy dañinas de explotación el pedazo de tierra que habían protegido hasta ahora. Se destruye continuamente, con la complicidad general, lo que nos queda de un territorio privilegiado que lo es cada vez menos, esa porción de la Madre Tierra considerada entre las de mayor diversidad en el mundo que alguna vez se describió como cuerno de la abundancia.

  • La injusticia, opresión y arbitrariedad que antes afectaban sobre todo a los más pobres se ha generalizado. Las instituciones creadas para proteger de la violencia, ofrecer solidaridad frente al infortunio y el desamparo y garantizar el respeto a la libertad de las personas están produciendo lo contrario. Aparece en toda su desnudez el carácter de nuestro régimen político, en el cual las leyes se formulan y aplican como privilegio de clase. “Nuestra clase política” ha dicho Javier Sicilia, “vive una forma de criminalidad tan impune como la delincuencia que dice combatir”. Al convertir el fraude en “modo de vida” y “hacer de la depredación, del pillaje y del crimen simples técnicas de gestión, la verdadera diferencia entre el crimen legal y el ilegal sólo es una diferencia de intensidad” (Proceso 1811, 17/6/11). En vez de estructuras formales reguladas por normas generales, conocidas y aceptadas por el cuerpo social, la mayor parte de lo que nos queda de país se encuentra bajo el control de mafias y bandas que operan al margen de todas las normas legales e institucionales, dentro y fuera de los aparatos de Estado. México padecía hace mucho tiempo esa condición, que era uno de los secretos de la supervivencia del PRI. Pero el punto a que se ha llegado no tiene precedentes y es claro resultado del carácter monstruoso y disparatado de la guerra de Calderón, que convirtió un asunto de salud pública en cuestión de seguridad nacional y la abordó con aparatos podridos hasta el tuétano.

  • Aunque no lo queramos reconocer, estamos en plena guerra civil. Está entre las peores de su clase, porque se ha estado perdiendo noción clara de los bandos en pugna y no existe ya ganador posible. Como escribió hace poco el subcomandante Marcos, “esta guerra…está destruyendo el último reducto que le queda a una nación: el tejido social” (“Apuntes sobre las guerras”, Carta primera a don Luis Villoro Toranzo del subcomandante insurgente Marcos, enero-febrero 2011).

Hace seis meses escribí que “un horror gelatinoso amenaza cada vez más nuestra vida cotidiana. En muchas partes ya no se puede salir a la calle a ciertas horas. Este toque de queda no declarado marca límites y orienta el comportamiento. En una variedad de esferas no hay siquiera toques de queda que delimiten lo que podemos o no hacer. No sabemos ya dónde se hallan peligros a menudo mortales.” (La Jornada, 25/7/11).

La situación ha empeorado desde entonces. Estamos de verdad en caída libre en un abismo insondable.

El dolor de la conciencia

Cultivemos el dolor que todo esto provoca, un dolor que se haría aún más intenso si prosiguiéramos la enumeración. No lo matemos.

Permítanme una desviación. Por culpa de los alemanes redujimos con ellos el sentido de la palabra estética, que hace mucho tiempo significaba sentir, percibir con los sentidos. Todos éramos estetas, todos sentíamos. Huellas de ese origen están en la palabra hiperestesia, que muy pocos usan. Quiere decir sensibilidad excesiva y dolorosa. Y está también en una palabra que todos empleamos, anestesia, que es la insensibilidad al dolor inducida artificialmente, la falta de sensación.

Sin masoquismo alguno, sin anestesia, tratemos de sentir a fondo, sin velos, pretextos o salvedades, el dolor profundo que nos puede causar percibir el estado en que nos encontramos.

Estar intranquilo sería enfermedad o anomalía si no hubiera motivo para estarlo, si fuera solamente una ansiedad patológica sin contacto con la realidad. Pero hay razones sobradas para la intranquilidad actual, esa inquietud que nos pone en alerta cuando algo anda mal y debemos hacer algo. Acudir a tranquilizantes, en esta situación, implica negar lo que percibimos para mantenernos quietos, calmados, sosegados. Eso se quiere hacer hoy: anestesiarnos, paralizarnos, evitar la acción inducida por la conciencia que nos da el dolor.

En las culturas tradicionales el dolor se interpreta como un reto que exige una respuesta y el sufrimiento aparece como parte inevitable de un enfrentamiento consciente con la realidad. En la sociedad moderna, en cambio, se nos enseña a interpretar el dolor como un indicador de que necesitamos comodidades y mimos que nos proporcionarán los médicos, para quienes el dolor es un problema técnico. Se trata de matar el dolor, de mantenernos anestesiados. Decía Iván Illich, hace años, que el uso creciente de dispositivos para matar el dolor nos convierte en espectadores insensibles de nuestra propia decadencia.

Eso es lo que experimentamos hoy. Ante el desastre cuyas evidencias cotidianas se multiplican aumenta el consumo de tranquilizantes químicos o discursivos. Con las drogas legales o ilegales, con la cocaína lo mismo que con Prozac, Valium, o la simple aspirina, perdemos vitalidad y capacidad de respuesta, nos hacemos pasivos y apagados, dejamos de sentir… Lo mismo ocurre cuando consumimos discursos en vez de drogas. Unos políticos tratan de negar la evidencia y se afanan continuamente en ocultarla tras nubes estadísticas y retóricas. Otros usan una especie de cachondeo apocalíptico para llevar agua a su molino ideológico: sostienen que bastará hacerles caso y usar las aspirinas que prescriben y ellos administrarán para que el cáncer desaparezca. Las elecciones logran ya que hasta algunos de los más enterados de nosotros desvíen su atención de lo que importa para entretenerse y entretenernos con el circo de tres pistas que se anuncia ya por todas partes. Disimulan cuanto nos causa dolor y vergüenza para que nos refugiemos en un juego de ilusiones que condena a la parálisis, para que no intentemos la acción que realizaríamos si sintiéramos a plenitud lo que está ocurriendo con nosotros y nuestro país.

Traigo todo esto a colación para explorar por qué nos dejamos llevar hasta este punto a pesar de las evidencias de lo que se venía encima y de que fuimos oportunamente advertidos. El 20 de noviembre de 1999, por ejemplo, el subcomandante Marcos describió en La Realidad las características de la Cuarta Guerra Mundial. Lo que dijo entonces anticipó muy puntualmente lo que acabo de describir. Explicó también el derrumbe de las viejas estrategias y las viejas concepciones de hacer la guerra y analizó la lógica y alcances de la nueva. En junio de 2007 amplió la descripción. Hizo ver que por fin había una guerra mundial totalmente total. Nos dijo, un año antes de la caída de Lehman Brothers, que “empresas y estados se derrumban en minutos, pero no por las tormentas de las revoluciones proletarias sino por los embates de los huracanes financieros”. Señaló también que el neoliberalismo “destruye todas las falacias discursivas de la ideología capitalista: en el nuevo orden mundial no hay ni democracia, ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad” (“Siete piezas sueltas del rompecabezas mundial, junio de 2007). Teníamos incluso algunos acotamientos del camino que podíamos tomar: estaba La Otra Campaña.

Mi tema, hoy, es el por qué. Estamos ante una grave emergencia nacional que exige acciones colectivas inmediatas, urgentes. No podemos esperar. ¿Por qué hay tantos a la expectativa? Parece que preferimos ingerir algunas de las drogas que mencioné antes y refugiarnos en la pasividad y parálisis que propician.

La ilusión democrática

Tengo la impresión de que la más grave de las drogas paralizantes que se distribuyen entre nosotros se llama ilusión democrática. Se le consume de manera masiva, a la vista de todos, hasta que se produce una profunda intoxicación colectiva. Lee el resto de esta entrada »

Los nuevos odres

Los nuevos odres

Javier Sicilia

 

Cada fin de año, La Universidad de la Tierra, vinculada con el zapatismo, realiza en san Cristóbal de la Casas, Chiapas, un coloquio sobre los movimientos antisistémicos. El año pasado, Javier Sicilia participó con una ponencia titulada: “Proporción y revolución” (Conspiratio 07). La presente entrega, con la que participó este fin de año, continúa con esa reflexión. En ella, retomando a los Padres del Desierto que salvaron a Europa cuando cayó del Imperio Romano, trata de analizar la manera en la que los Movimientos Sociales comienzan a generar lo nuevo frente al desmoronamiento de las instituciones de la modernidad.

 

No se echa vino nuevo en odres viejos, pues los odres reventarían, el vino se derramaría y los odres se echarían a perder. El vino nuevo se hecha en odres nuevos y los dos se conservan,

 

Mt. 9 17.

 

Uno de los grandes problemas de la percepción humana es que las realidades históricas en las que vivimos parecen haber estado siempre allí. Instituciones como el Estado, la economía, el mercado, las instituciones de servicio del mundo moderno y sus innumerables sistemas –el sistema burocrático, financiero, carretero, médico, educativo…– parecen, en la percepción del hombre contemporáneo, realidades inmutables cuyas crisis e injusticias pueden superarse. Así, desde la creación del Estado moderno y del capitalismo, las luchas políticas y sociales, nacidas del gran fracaso de las ideas que hicieron posible la revolución francesa –el momento, decía Hegel, de mayor libertad fue también el momento de mayor tiranía bajo el cadalso del terror y de la guillotina– no han sido otra cosa que intentos por hacer que el Estado y el capital encarnen en el sueño Ilustrado de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Ya fuera bajo la lógica de los fascismos, del marxismo y sus variantes revolucionarias o del actual liberalismo económico, el objetivo ha sido domesticar al Estado, al capital y a los sistemas que nacieron de ellos para ponerlos al servicio de todos los hombres. Sin embargo, no se ha logrado. Lejos de ello, el fracaso, el malestar y el horror, bajo el imperio de cualquiera de esos sistemas ideológicos, han cundido por todas partes. No sólo los seres humanos se han instrumentalizado, es decir, han sido sometidos, humillados y destrozados en nombre de esos sueños que, a través del Estado, debían encarnar en la historia –los horrendos asesinatos del crimen organizado o desorganizado no son más que la forma sin contenido ideológico de esa instrumentalización humana que corre a lo largo de los tres últimos siglos de amar las abstracciones del hombre por encima de los seres humanos de carne y hueso–, sino que esas instituciones, a las que se ha intentado domesticar y dirigir para que sirvan a todos, están en una profunda descomposición y pronto colapsarán.

 

La razón es que, más allá de los límites de nuestras percepciones en las que siempre estamos atrapados, el Estado, el capital y sus sistemas, son una construcción histórica y, al igual que sucede con  toda construcción histórica, morirán, como algún día murió no sólo el imperio romano, el feudalismo, los absolutismos, la Iglesia como poder político, sino también las variantes más claramente ideológicas del Estado hobbsiano: los Estados fascistas y el Estado soviético. La realidad, también, es que la esperanza de esa sociedad perfecta, que nació de los sueños de la Ilustración –esos sueños que, como una confirmación de lo que vio Goya, han engendrado monstruos— y que nos vienen del sueño judeocristiano de un Reino donde imperaría la justicia, han resultado –y allí están las maneras en las que se asesina hoy– un absurdo criminal. Si en nombre de los seres humanos y de su felicidad, es decir, en nombre de la sociedad perfecta, no hemos cesado, desde la revolución francesa, de oprimir, asesinar y destrozar la felicidad cotidiana de los seres humanos que viven no en el futuro idílico sino el presente de cada momento histórico; hoy, se les sigue asesinado por la misma horrenda realidad, que los sueños abstractos de las ideologías encubrían, la nada, la pura voluntad de poder, para decirlo con Nietzsche, que está llena de nada.

 

No obstante, entre las fracturas profundas de esas construcciones históricas –los desastres económicos, la ineficiencia y corrupción de los partidos y de los gobiernos, el crecimiento de la miseria y del crimen, las devastaciones ecológicas, la criminalización de las protestas— comienza –al igual que ha sucedido cada vez que se desmorona una construcción histórica– a emerger algo nuevo. ¿De qué orden es? No lo sabemos. Lo nuevo es siempre tan tradicional, como el cultivo de las uva, y tan sorprendente como un vino nuevo. Quisiera, sin embargo, delinear algunos rasgos que creo comenzar a descubrir en esa novedad. Para ello, me serviré de una analogía histórica –siempre para comprenderse hay que mirarse en el espejo del pasado– a la que ya había aludido el año anterior en mi ponencia “Proporción y revolución”,[1] al tratar de aclarar lo que más allá de cierto lenguaje marxista –remanente de las instituciones que se resquebrajan– el zapatismo tiene de novedoso.

 

En el siglo IV, frente a las fracturas del imperio romano y como una manera de rescatarlo, Constantino I dio rango jurídico a una de las doctrinas religiosas que, por sus contenidos éticos y por su expansión por los territorios dominados por el Imperio, podía funcionar como una manera de apuntalar las corrompidas instituciones romanas: la Iglesia cristiana. Al conferirle a los obispos el mismo rango que a los magistrados romanos en las cuestiones jurídicas le permitió al Imperio darle nuevos contenidos a las urbs romanas: no sólo –algo que ya estaba en el derecho romano– tener ciudadanos romanos por adopción, sino también, por esa novedad que el cristianismo trajo al mundo: la caridad, atender y mantener bajo el control del imperio, a los extranjeros sin estatuto jurídico que invadían las urbs y que los cristianos llamaban prójimos, mediante órdenes caritativas de derecho social. Lo que en el Evangelio era una novedad de la libertad del amor: el prójimo es alguien al que decido amar más allá de las prescripciones y proscripciones jurídicas de mi etnia (un acto tan libre como gratuito y ajeno al poder que en las primeras comunidades cristianas se expresó por la costumbre de tener siempre un cabo de vela y una cama por si Cristo llegaba a tocar a la puerta en la figura de un desconocido), se convirtió, con la Iglesia oficializada por el Imperio, en un conjunto de instituciones al servicio de la administración de una projimidad  impersonal.

 

En ese contexto, un grupo de hombres de la joven cristiandad, abandonaron las ciudades del imperio para irse a vivir a los desiertos de Siria y Egipto. Seguramente intuyeron que la libertad del Evangelio era incompatible con un poder administrativo y una política de regulación. Lo que buscaban en los desiertos era paradójicamente el Paraíso.[2] No un lugar, con el que siempre han soñado los milenarismos y las utopías modernas nacidas de la revolución francesa, de abundancia y riqueza, sino un sitio donde pudieran vivir una nueva naturaleza, revelada en Cristo, y expresada en la sabiduría y el amor encarnado en la vida solitaria o común, llena de proporciones –lo que las sociedades modernas llaman despectivamente pobreza—y siempre abierta todos. Fueron ellos los que, un poco después de la caída del Imperio y la devastación de sus instituciones en el siglo V, rescataron, bajo la inspiración de la vida monástica articulada por San Benito, la civilización y crearon una forma de vida nueva que más tarde la Iglesia y los remanentes imperiales se encargarían de corromper, dejándola sólo como espacios simbólico de lo que fue la vida de las primeras comunidades cristianas y de la vida de los Padres del Desierto.

 

Vivimos, en este sentido, una realidad parecida. La crisis del Estado moderno y del modelo económico, han hecho emerger de sus fracturas un conjunto de movimientos contestatarios llamados antisistémicos. El zapatismo es uno de ellos. Lo son también los indignados, la llamada primavera de los países árabes, los occupy y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Lo que los asemeja a los Padres del Desierto es que han entrado en conflicto con los poderes de su tiempo. Lo que los diferencia, es que nosotros no hemos huido a los desiertos –ya nos los hay; los que aún existen están sometidos a los Estados y a las expansiones del capitalismo global y sus sistemas—y que hemos decidido enfrentar esos poderes. Sin embargo, mientras los Padres del Desierto trataron de crear un nuevo modo de vida basado en una vida austera de oración y de trabajo con sus manos, es decir, el de un nuevo estatus ontológico de libertad venido de Cristo, al margen del Estado y sus instituciones, los movimientos de hoy quieren, como un remanente del cerco de las percepciones y de las maneras en las que durante los últimos tres siglos otros movimientos se han enfrentado al poder, transformar al Estado. Hay en este sentido, algo nuevo y algo viejo en los movimientos antisistémicos. Los parteaguas históricos –como el de la caída del imperio romano o el desmoronamiento del Estado hobbsiano y de la economía moderna—generan franjas ambiguas donde lo nuevo no termina de delinear su rostro y lo consabido, que ya no sirve, continúa utilizándose para una transformación fundamental. Son, por lo mismo, momentos de profundos claroscuros. En nuestro caso, lo nuevo es la conciencia de que tanto el Estado como la economía ya no responden a lo que se esperaba de ellos: ni cuidan la vida de los ciudadanos ni producen riqueza para todos –la suma de sus destrucciones y despojos es más profunda que la suma de sus producciones que invaden todo–. Lo nuevo, también, es que a diferencia de los movimientos sociales del pasado, no quieren el poder y en lo mejor de sí mismos son no-violentos Lo viejo es que creen todavía que el Estado y el mercado, que ya entraron en una descomposición fatal que terminará por destruirlos, pueden cambiar, transformarse o enmendarse. En medio de ellos, lo ambiguo. Cuando leí la Primera Declaración de la Selva Lacandona, lo que admiraba era la aparición del universo indígena que reclamaba su autonomía y la defensa de sus mundos. Lo que me alarmaba, era que también querían lo que los destruiría: el mundo de la modernidad expresado en un conjunto de sistemas propios del Estado moderno y su economía: lavadoras, escuelas, clínicas, etc. Algo parecido me encontré cuando visité a los occupy en Washington y Los Ángeles. La forma en la que viven es un proceso de autonomía –en medio de sus campamentos, levantados en parque públicos, dialogan entre sí, se organizan, se alimentan, mantienen limpio y cuidado su entorno y se apoyan unos a otros–. Están en los espacios de la ciudad que custodia el Estado, pero confrontados y al margen de él. Sin embargo, su accionar reclama al Estado y al mercado su inoperancia para incluirlos en el pastel. Son, dicen, el 99% de los excluidos que buscan las rebanadas que el Estado y el mercado les roba. Algo parecido sucede con los indignados y, habría que decir también, con los jóvenes de la primavera árabe –el caso del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad se mueve en el mismo territorio de la descomposición, pero es de otra índole y me referiré a él más adelante–. Lo ambiguo de estos movimientos está tanto en lo que son –una forma distinta de ser al margen del Estado y una respuesta a su resquebrajamiento–, como en lo que demandan a ese mismo Estado y a un sistema económico en descomposición que los ha desplazado. Si el Estado hobbsiano y la economía moderna no pueden darles lo que reclaman es porque se basan en lo que Iván Illich llama el “desvalor”. El concepto es complejo.[3] No existe en el diccionario. Pero en relación con el valor que, despojado de su sentido utilitario, está asociado con el bien, significa, en los términos de Illich, una destrucción de los ámbitos de comunidad, de sus culturas y del medioambiente, cuyo resultado es la pérdida del trabajo tradicional, es decir, proporcional y limitado, que hace posible la subsistencia, y su reemplazo por el desempleo, las mercancías y la lucha por acceder a ellas, es decir, la instalación de la violencia. Es, en síntesis, la destrucción del bien por el valor de lo inaccesible o, en otras palabras, la desvalorización del bien.  A pesar de que estos movimientos habitan ya lo nuevo, como un retorno al límite, a la proporción, al trabajo común, utilizando de manera limitada ciertas herramientas del mundo moderno, siguen creyendo, primero, que las tareas del Estado y la tareas económicas, cuya finalidad es el control de los seres humanos bajo burocracias y cadenas productivas, pueden todavía usarse en las realidades humanas, cuya dimensión no es el valor, sino el bien. Segundo, continúan creyendo en una dimensión ficticia del progreso, cuya realidad más evidente es la negación del pasado, de la tradición y de la convivencia, como desechos de la historia. Aunque el zapatismo, iluminado por la tradición de los pueblos indios y obligado a replegarse por la persecución del Estado, ha logrado descubrir la fuerza de sus saberes creando los Caracoles, creo que en su fondo continúa creyendo que es posible transformar al Estado para reproducir, en la lógica de las ideologías históricas, sus propios descubrimientos.

 

Esta crítica puede hacerse también al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Sin embargo, hay ciertos matices en él. De alguna forma se parece al zapatismo. Nace, como él, de la visibilización de los negados por el sistema –no de los indígenas, sino de las víctimas de una guerra, consecuencia del pudrimiento del Estado y de una criminalidad que en la lógica del capital lleva a grados atroces la instrumentalización de lo humano–. Al igual que él tiene un lenguaje poético de altísima dignidad moral. A diferencia suya no tiene un ejército y ha apostado por un diálogo con todos los poderes y los sectores sociales para obligar al Estado a reparar la justicia y la paz. También, a diferencia suya, no nace de una comunidad ancestral que le ha permitido crear una sólida estructura comunitaria y proporcional al margen del Estado, sino, semejantes a los occupy, a los indignados y a los muchachos de la primavera árabe, es el fruto de ciudadanos, atomizados por el Estado y la economía, que el dolor y la exclusión ha reunido en un extraño común. Su fuerza no radica tanto en su confrontación con el Estado y los criminales, sino en la manera en que lo hace. Al dialogar, confronta la ancestral violencia de las ideologías por la disputa del poder y la administración del Estado; al recorrer el país, reunir a las víctimas en un abrazo y darles voz en el espacio público, usurpado por los poderes, rompe el cerco del poder y redescubre la vida comunitaria hecha de solidaridad, de límites, de apoyo mutuo y de relaciones personales. Por último, al besar a todos, reedita una antigua práctica de las primeras comunidades cristianas: la conspiratio, el intercambio de espíritus, a través del aliento, que simboliza la abolición de los estamentos., la reconciliación y la paz.

 

Ninguno de estos movimientos reformará al Estado ni al capital que está en el centro del malestar. Son, como digo, en analogía con los cristianos que partieron a los desiertos de Siria y Egipto, formas nuevas que, al mirarse en la tradición, emergen de las grietas de las instituciones modernas como preludio de lo que se gesta en medio de este nuevo desastre histórico. En esas condiciones no es posible saber, como tampoco lo sabían los Padres del Desierto, lo que estos movimientos aportarán al desmoronamiento para rehacer y preservar el mundo. Lo que, sin embargo, sabemos es que podemos mantenernos juntos, en un profundo diálogo, en un profundo apoyo y profundizando lo nuevo que emerge de nosotros al margen del Estado y de la economía, como formas pedagógicas de lo que el Estado y el capital han negado y se obstinan en continuar negando a pesar del desastre. No es otra cosa lo que esos Padres del Desierto hicieron mientras el imperio terminaba de desmoronarse. No es otra cosa tampoco lo que en el fondo, en las márgenes que a veces toman el centro, hacemos al expresar una vida de proporción, es decir, humana. Nuestras diversas formas de caminar, nuestras distintas maneras de organizarnos y de decir deben ser una invitación a los otros a reflexionar sobre lo que conviene hacer en determinado sitio y en determinadas circunstancias teniendo siempre en mente el bien como virtud y no como valor. Estas maneras de ser y de actuar son, como lo señalé en mi ponencia pasada, “Proporción y revolución”,[4] una manera no sólo de conservar el mundo que otros prepararon para nosotros, sino de hacerlo más habitable. Son los odres nuevos para el vino nuevo que se prepara por encima del horror y la desesperanza.

 

Además opino que ha que respetar los Acuerdos de San Andrés.

 

 

 

[1] Cf. Conspiratio 07, ¿Es posible la revolución”, Jus, México, pp. 48-58.

 

[2] Cf. Javier Sicilia, “El lugar del no-lugar: las Reducciones del Paraguay”, Ixtus 45, Jus, 2004, pp.80-84.

 

[3] Para una visión más profunda del concepto, Cf. “Desvalor”, en Iván Illich, Obras reunidas II, FCE, México, 2008, pp. 477-486.

 

[4] Cf. Conspiratio, op. cit.

 

(Texto escrito para el IIº Seminario Internacional de reflexión y análisis “Planeta tierra: movimientos antisistémicos”, Universidad de la Tierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 30-31 de diciembre de 2011, 1-2 de enero de 2012.)

 

http://radiozapatista.org/?p=5001

 

http://alainet.org/active/52056


El Compa Jolil, o las motivaciones de los autoridades autónomos zapatistas

http://radiozapatista.org/?p=4996


Paulina Fernández C.

La llamada democracia representativa se ha convertido en pieza fundamental de la ideología dominante. Como pocas veces en la historia de México se repite que los partidos políticos son indispensables y consubstanciales a una democracia; que los procesos electorales son la mejor oportunidad que tienen los ciudadanos para participar en política; que las elecciones son el único medio válido para cambiar el estado de cosas; y que por todo ello, hay que destinar miles de millones de pesos para financiar precampañas, campañas, precandidatos, candidatos, y actividades ordinarias de los partidos políticos registrados, pues la democracia cuesta mucho –dicen- y vale más. Sólo para tener una idea, basta decir que en días pasados el Consejo General del Instituto Federal Electoral aprobó un presupuesto de 5 mil 344 millones 875 mil pesos para los gastos de los partidos políticos en el año 2012.[1]

 

Cuando en las esferas oficiales e institucionales se habla de procesos electorales invariablemente se les identifica con democracia, pero ¿qué perspectiva democrática pueden ofrecer a la sociedad los partidos cuyos miembros son incapaces de celebrar una sola elección interna sin hacerse fraude unos a otros? ¿O los que ni siquiera eligen a sus dirigentes? ¿O los partidos pequeños que sin respaldo ciudadano sobreviven sacando provecho de coaliciones electorales pactadas entre cúpulas? ¿Qué se puede esperar de gobernantes y legisladores que siendo miembros de un partido, se hicieron elegir por otro distinto? ¿Qué se puede esperar de los partidos políticos que no asumen la menor responsabilidad de las decisiones y actos de quienes apoyaron para llegar al poder ejecutivo o al legislativo? ¿Qué respeto pueden merecerle a los dirigentes de los partidos políticos los ciudadanos en general, si a sus propios militantes los han convertido en clientes, o en mercancías canjeables por posiciones políticas personales? Cómo se atreven a hablar de procesos democráticos cuando el solo hecho de existir un registro legal de partido político como requisito previo obligatorio para postular candidatos es en sí mismo una negación de los derechos políticos de la mayoría de los ciudadanos. El registro oficial del que gozan los partidos políticos, base legal del sistema electoral mexicano, es inconstitucional y profundamente antidemocrático porque excluye a la mayoría de la población e impide la participación directa de quienes no quieren hacerlo a través de los partidos. No es casual que más allá de declaraciones propagandísticas y demagógicas, los partidos políticos registrados, únicas organizaciones con presencia en las cámaras legislativas, sigan negando una y otra vez el derecho a postular candidatos independientes, y que cuando incluyen el tema en sus iniciativas de reformas constitucionales en materia política o en algunas disposiciones electorales secundarias, lo hagan subordinándolos al sistema electoral establecido, y acaben negando ese derecho a la mayoría de los mexicanos.[2]

 

En las últimas semanas hemos visto que, sin el más mínimo pudor político, se apuntan en listas de aspirantes a candidatos de los partidos políticos a los puestos de “elección popular”, todo tipo de personas, incluidas muchas que en el cargo que todavía ocupan, o en el que anteriormente desempeñaron, no han rendido cuentas o, peor aún, que tienen cuentas pendientes con “la justicia”. De entre las múltiples razones que mueven a quienes pretenden ser gobernadores, diputados, senadores, presidentes municipales, o un poco después funcionarios públicos de alto nivel, se pueden adivinar algunas: además de tener un trabajo asalariado y bien remunerado, hay quienes lo primero que buscan es tener fuero constitucional que los proteja por las trapacerías hechas en el cargo anterior; otros quieren sentirse importantes, conocidos, famosos, poderosos, traficantes de influencias; algunos buscan compensar un rato su ego mirándose en la televisión, coleccionando los recortes de periódico donde se publica su nombre; no faltan quienes aspiran a ascender socialmente para ya no tener que regresar a vivir y trabajar al barrio, al pueblo de donde salieron; a muchos los mueve simple y llanamente la ambición, aunque también los hay quienes pretenden convertirse en gestores y así obtener recursos para su gente; a casi todos les gusta disponer de un séquito de secretarios, ayudantes, auxiliares, asesores, choferes y acompañantes.

 

Al aspirar a formar parte de la llamada clase política se pretende también sobrevivir sin mayores problemas en un país en el que el Estado de derecho se invoca, pero no se cumple; en el que los derechos sociales y las garantías individuales no se respetan; en el que la burocracia –pública y privada- es exasperantemente lenta e ineficiente; en el que la corrupción es mundialmente reconocida como factor favorable a la acumulación de capital y lubricante de la maquinaria estatal en todos sus engranes; en uno de los países con más desigualdad social e injusta concentración de la riqueza; y sobre todo, en un país en el que el común de sus habitantes experimenta una sensación de impunidad total, que para ponerla en términos oficiales, desde 2008 se admite que “el 98.76 por ciento de los crímenes quedan impunes”[3], y todo indica que esta cifra no ha disminuido en los últimos tres años.

 

Lo anterior significa que tras la competencia por un cargo público, lejos del servicio y la representación fiel de las necesidades de la población, está la búsqueda inconfesable de una situación excepcional individual, que conjuga poder con dinero. Una encuesta hecha en San Luis Potosí, cuyos resultados bien podrían generalizarse a todo el país, muestra que el 65%de la población piensa que la motivación principal de los políticos para buscar cargos de elección popular se debe a los “ostentosos sueldos que se perciben en la función pública”; 25% opina que la motivación es “el hambre de poder”; 5% las “ganas de figurar en la política”; y el otro 5%, cree que es la “vocación de servicio”. Respecto a los salarios que perciben los funcionarios públicos 93% de los encuestados los consideró excesivos.[4]

 

Más que participar en un proceso electoral democrático, quienes hoy luchan por alcanzar un lugar entre candidatos y futuros funcionarios están participando en una exclusiva feria sexenal del empleo, a la que no están invitados los casi 3 millones de desocupados reconocidos oficialmente en 2011, ni los 13 millones y medio de mexicanos que se dedican a alguna actividad informal, con remuneración precaria, sin prestaciones ni seguridad social; tampoco los 4 millones 200 mil mexicanos subempleados[5], que sólo tienen trabajo por unas cuantas horas; ni muchos otros millones de mexicanos que quisieran cambiar sus condiciones de trabajo y mejorar ingreso.

 

Gracias a nuestro sistema democrático, quienes viven “de la política”, al amparo del presupuesto público, se sienten con derecho a gozar de condiciones privilegiadas al mismo tiempo que se enteran con indiferencia que para el país en su conjunto se fija un salario mínimo general que no va a llegar a 2 mil pesos mensuales en todo el año 2012[6], cantidad que tendría que multiplicarse por tres para poderse adquirir los alimentos básicos recomendables[7] y que, obviamente no es un ingreso “suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”[8] como lo manda la Constitución general de la República.

 

Para quienes desean ponerse a salvo de las condiciones de vida, de trabajo y de salario que padecen los mexicanos “comunes y corrientes”, la mayoría de los municipios del país se ha convertido en un espacio adecuado para lograr sus objetivos personales. De los tres niveles de gobierno, es en el municipal en el que parece haber condiciones más propicias para los abusos y la corrupción, ya que, con el pretexto de la soberanía presupuestal la mayoría no dan a conocer el manejo de las finanzas públicas, empezando por el salario que se asignan los alcaldes. Bajo el precepto establecido de que “los municipios administrarán libremente su hacienda”[9], no faltan presidentes municipales que interpretan esta libertad como la oportunidad de entrar con las manos libres para salir con las manos llenas. Si bien hay casos como el de Navolato, Sinaloa, en el que el alcalde tiene un sueldo base equivalente a un salario mínimo -los 2 mil pesos mensuales que ya mencionamos-, la realidad es que percibe 50 mil pesos más, diferencia que suele llamarse “compensación”, y esta “compensación” puede ascender hasta los 80 mil pesos mensuales como en el caso del alcalde de la ciudad de Chihuahua, quien los recibe además de los 27 mil que tiene de sueldo base[10]. En algunas entidades federativas, como en el estado de México, los diputados locales recomiendan “austeridad” a los servidores públicos, sugiriendo remuneraciones desde 55 mil hasta 136 mil pesos, pero en Toluca esos límites no se toman en cuenta y quien encabeza la presidencia municipal tiene un ingreso mensual promedio de 267 mil 780 pesos[11].

 

Hasta hace poco tiempo, el del municipio de Aguililla era el alcalde con mayor remuneración económica en el estado de Michoacán, ya que percibía un salario de 49 mil 500 pesos, al que sumaba una compensación de 61 mil 500 pesos, dando un total de ingreso de 111 mil pesos mensuales. Lo relevante de este dato es que el nivel de ingresos del gobernante municipal no corresponde al nivel de vida de los gobernados ya que el municipio de Aguililla es considerado como de “alta marginación” en Michoacán[12]. Esas diferencias también se pueden encontrar en otros estados. Según los resultados de una investigación publicada por Periodismo sin censura, en Chiapas el sueldo de cualquier alcalde rebasa por mucho el que pueda ganar un jornalero, y la autora lo demuestra con los siguientes datos: “En muchos municipios los trabajadores no alcanzan a ganar ni un salario mínimo que es de 56 pesos con 70 centavos”, mientras el alcalde que recibe “el mejor salario en Chiapas” que es el de Villaflores, “gana diario 2 mil 392 pesos”[13].

 

Pero ¿cómo es que por todo México hay autoridades municipales que por hacer –bien o mal- su trabajo cobren legalmente 40 mil, 50 mil, 100 mil y hasta más de 200 mil pesos al mes durante tres años, y que en otro tipo de municipios, las autoridades acepten trabajar también por tres años pero sin recibir un sueldo a cambio? Y a diferencia de los primeros, si éstos últimos duran en el cargo los tres años quiere decir que hicieron bien su trabajo, porque si no hubieran trabajado bien, el pueblo que los eligió los hubiera cambiado de inmediato. Así es en los municipios autónomos.

 

En los municipios autónomos zapatistas no es el dinero la palanca que mueve toda la maquinaria del gobierno; me consta que son otros los resortes que activan la participación popular y que llevan a los miembros de una comunidad a ser autoridad. Hace unos años, tuve la enorme fortuna de encontrarme varias veces con una misma persona, y percibir en esos diferentes momentos las motivaciones para servir a las comunidades de su municipio, el sentido de su responsabilidad a pesar de todas las dificultades que tenía que enfrentar desde el principio, en ese cargo que en las esferas oficiales es llamado Presidente Municipal. Con sorpresa que me despertó un explicable orgullo, en sólo un par de años pude apreciar la evolución, el crecimiento, el aprendizaje de una autoridad autónoma zapatista, de un “compañero Consejo” que aquí le daremos el nombre de Jolil, Compa Jolil.

 

Cuando conocí al Compa Jolil experimenté sensaciones e impresiones muy contradictorias. Después de varios días de trabajo y de un largo viaje, llegaba yo a la cabecera municipal con la necesidad de sumergirme en un río y darme un buen baño antes de cualquier otra actividad, pero el río se quedó esperándome. De inmediato me recibieron en una oficina los integrantes del Consejo Autónomo, nos presentamos todos, y ya informados del trabajo que íbamos a hacer, se fueron a continuar una reunión amplia en la que estaban participando en otro lugar. El Compa Jolil le pidió a otro de los miembros del consejo, un joven de 16 años, que se quedara a acompañarme. Después de esperar más de cuatro horas, regresaron a preguntar algo relacionado con las actividades del día siguiente, y me invitaron a comer caldo de gallina recién preparado por una viejita vecina, quien también puso al alcance de nuestra mano una buena cantidad de tortillas.

 

Empieza la reunión y las autoridades del Consejo discuten sobre lo que vamos a hacer –lugares, calendario, autoridades, etcétera. En la discusión participan todos -como se acostumbra ahí-, son más de 15 compañeros poniéndose de acuerdo en tzeltal con algunas expresiones en castellano. Yo sigo las intervenciones con mucha atención y muy poca comprensión de lo que dicen… parece que ya resolvieron algo, son las 18:44 horas.

 

El que se expresa mejor en español le dicta el acuerdo a un compa autoridad, sentado detrás del escritorio listo para escribir:

 

– 6:30 salida desde la cabecera municipal

 

– 8:00 reunión en el Primer poblado

 

– 11-13:00 Segundo poblado

 

– 15-17:00 Tercer poblado

 

– No regresamos a la cabecera municipal, quedamos la noche allá.

 

– Pasado mañana, reunión con autoridades municipales.

 

Al terminar la reunión, ya todos de acuerdo con la cita y las actividades del día siguiente, pregunté al Compa Jolil ¿dónde me iba a quedar a pasar la noche? Me llamó la atención que fue él personalmente a indagar, es decir, no le dio órdenes a nadie para que lo hiciera, habiendo muchos compañeros cerca de nosotros. Al cabo de un rato de andar de un lado a otro, regresa con la novedad de que ahí, ahí mismo en la oficina me iba a quedar, al igual que los demás compas, los que vivían lejos y ya no daba tiempo de que regresaran a sus casas y estuvieran temprano para la salida. Y ahí nos repartimos el suelo, unas sillas y las bancas, a manera de camas.

 

Al día siguiente, después de caminar como hora y media al amanecer, llegamos al primer poblado, nos unimos a los compañeros que ya nos estaban esperando bajo los árboles, junto al auditorio donde se llevaría a cabo la asamblea. Generosos como suelen ser cada vez que llega alguien de fuera, nos invitaron a desayunar un buen plato de frijoles con muchas tortillas, acompañados con una gran taza de agua de color rojo grosella. Luego de lavar cada quien su plato y taza, pasamos al auditorio, construido con una interesante disposición de bancas en un amplio círculo, de tal modo que todos nos veíamos las caras desde posiciones iguales, no diferenciadas salvo por una pequeña mesa en la que nos ubicaron al Compa Jolil como autoridad, a un compañero que ayudaría como traductor, y a mí, gracias a lo cual pude escribir cómodamente y desde ahí observar la presencia de mujeres abuelitas, muchas jóvenes mamás, niños de todas las edades, y hombres jóvenes y adultos.

 

Una vez terminadas las reuniones de trabajo, nos citamos a una hora temprana de la mañana siguiente para salir de regreso, otra vez caminando, hacia la cabecera municipal. Cuando llegué a la casa del Compa Jolil donde nos íbamos a reunir para salir todos juntos, él me dijo que ya no iríamos a pie sino en una camioneta, porque había que ir a recoger madera para llevarla a la sede del Municipio Autónomo. La esposa del Compa Jolil, de trato suave y amable, me dio una taza de café, y mientras disfrutaba la bebida caliente, en la puerta de su casa, con una vista espléndida desde lo alto de una pequeña montaña, me animé a preguntarles acerca del poblado. Nos llegó la hora de irnos y el Compa Jolil había alcanzado a decir:

 

– No teníamos terreno antes, en la Ranchería se pagaba para trabajar las tierras, se pagaba con producto. Por media hectárea se pagaban 5 ontes y por una hectárea 10 ontes de maíz. [1 zontle son 400 mazorcas]

 

– Al levantamiento [del EZLN], nomás escucharon la declaración de guerra se retiraron los dueños, dicen que se fueron al 2° valle de Ocosingo, ahí son sus tierras.

 

– Ahora, en el Nuevo Poblado, tierras colectivas, se trabaja maíz, frijol, potrero, caña de azúcar, café, se reparte entre los cooperantes y el resto se va a vender a Ocosingo.

 

Salimos de la casa caminando como 20, 30 minutos, hasta encontrar la camioneta. En el camino paramos donde estaba un compa esperándonos. Ahí había que recoger la madera para llevarla a la obra de la tienda de los promotores de salud, que se estaba construyendo en la cabecera municipal. Nos bajamos, los compañeros se saludaron y se internaron entre plantas secas y árboles caídos hasta perderse de vista. En muy poco tiempo los veo regresar uno detrás del otro, inclinados, ladeados, cada uno cargando una viga al hombro. Ya cerca de la camioneta, ayudo al otro compañero a recibir las vigas y a subirlas una por una –es lo más que puedo hacer, pesan muchísimo. En total fueron 12 horcones que recogimos en 2 lugares distintos.

 

Lo ejemplar, lo que me impresionó profunda y muy positivamente, es que los compas, todos, le entran a todos los trabajos. El Compa Jolil fue el que más me sorprendió: era una autoridad municipal autónoma, la cabeza del Consejo, había salido de su casa muy limpio, vestido muy propio, con su camisa de manga larga, como quien va a su oficina sabiendo que va a tratar con mucha gente, asumiéndose como autoridad respetable, y de repente lo veo transformado, arremangado, cargando horcones, uno tras otro, acalorado, sudando bajo el sombrero. Así también, el compa que conducía la camioneta, esa misma mañana había interrumpido su marcha hacia la milpa a donde se dirigía a trabajar con sus hijos, cuando le avisaron que se necesitaba la madera. Este mismo compa era a la vez promotor de salud, que en todas las comunidades es un cargo de vital importancia, que supone una preparación especial y mucha disposición de servicio. En esos instantes me fue inevitable tratar de imaginar a un presidente municipal oficial, de cualquier partido político, haciendo lo mismo, humildemente, como compañero, solidario, ¡no, imposible! Cuando veía a estos compas cargando los horcones, pensaba que cualquier senador, diputado federal o local, o incluso cualquier líder campesino institucional, hubiera dado órdenes a sus ayudantes, secretarios o guaruras para que hicieran el trabajo físico, de carga pesada, que supone ensuciarse, astillarse las manos, sudar, sudar, sudar y cansarse; ellos, funcionarios públicos y políticos del sistema nunca hubieran hecho tal esfuerzo físico, hubieran dicho que ese no es su trabajo, que a ellos no les pagan para ser cargadores.

 

Dos años después, me encuentro con que la tienda de los promotores de salud que se estaba construyendo, ya está funcionando. Y estando a unos pasos de ahí, veo llegar al Compa Jolil en su caballo, con el sombrero bien puesto, despacio desmonta, y en la misma imagen de un par de años atrás, lo veo cómo pasa la soga entre las ramas del árbol en el que suele amarrar su caballo, el mismo árbol, su caballo, el mismo transporte, observo que viene con el mismo tipo de ropa, siempre sencillo y propio, solo, sin ayudantes, ni acompañantes, con su morraleta de lado donde carga documentos, papeles y probablemente trae una bola de pozol en bolsa de plástico. Compartimos varias horas en una reunión, y por su participación, la forma de hablar, el volumen de la voz, el contenido de sus intervenciones y el sentido de sus palabras, confirmé mi primera impresión de ese reencuentro: que el Compa Jolil es el mismo, ¡venturosamente el mismo! Dos años “en el poder” no lo han transformado ni trastornado. Percibo con mucho gusto que dos años de autoridad autónoma han sido suficientes para darle seguridad en sí mismo, para ser más desenvuelto, para hacerlo crecer como persona y como zapatista, pero sin complejos de superioridad, sin ínfulas ni soberbia. A través del Compa Jolil también confirmé, con admiración, que se puede desempeñar un cargo de gobierno sin enriquecerse, que se puede prestar un servicio gratuito al pueblo sin arruinarse, que se puede ocupar un puesto de elección popular sin formación ni experiencia previas, y que sobre la marcha se puede aprender a ser autoridad, siendo parte de un gobierno autónomo que trabaja colectivamente haciendo lo que manda el pueblo.

 

A los compañeros zapatistas no los mueve el interés económico, inmediato, personal, al aceptar ser autoridad de su comunidad, de su municipio. No habiendo dinero de por medio que les prometiera “salir de pobres”, que los dispensara de otras obligaciones o los eximiera de trabajar en el campo ¿por qué, entonces, aceptan ser autoridad?

 

Al conversar con ell@s, al observarl@s en su trabajo cotidiano, se advierte que entienden la participación en el gobierno autónomo como un servicio a la comunidad de la que forman parte; su propia comunidad l@s elige por ser responsables, trabajadores y cumplidos. Hombres y mujeres de diferentes edades aceptan ser autoridad porque tienen un proyecto colectivo de vida, un proyecto con futuro para su pueblo y para sus hijos; un futuro que día a día están construyendo para que en cada comunidad haya escuela, servicios de salud, alimentos para todos, trabajos colectivos, fiestas y bailes. Han aceptado y siguen aceptando cargo porque, aunque sea poco a poco, han estado avanzando y han visto resultados favorables de su trabajo autónomo. A diferencia de muchos simpatizantes de los partidos políticos registrados, las bases zapatistas participan en las tareas de su gobierno sin recibir un salario, motivados no por paga sino por conciencia, porque saben que están luchando contra y por liberarse de un sistema que los ha fastidiado, marginado, empobrecido, explotado y reprimido a lo largo del tiempo; porque se identifican con una organización que tiene un rumbo que ellos están continuamente definiendo; porque entienden la necesidad de luchar y defenderse organizadamente; porque en la defensa y ejercicio de sus derechos como pueblos indígenas, han visto que la resistencia da mejores resultados que todas las oportunidades del gobierno oficial.

 

A las jóvenes generaciones zapatistas las anima ser autoridades, el ejemplo de compañeras y compañeros que, con la fuerza de su convencimiento, se mantienen firmes, que no se rinden cuando todo parece andar mal. A las bases zapatistas sirve de estímulo para su trabajo, el saber que cuentan en la historia de su organización con dirigentes y comandantes, mujeres y hombres que, como lo explica el Subcomandante Marcos en entrevista con el Teniente Coronel Moisés, son “ese dónde agarrarte, esa piedra, o ese árbol, esa rama fuerte”[14] que sostiene para no caer en los tiempos difíciles.

 

En la conciencia de cada cual, en los principios fundamentales que comparten y les da cohesión política, en los objetivos claros de su lucha y resistencia, en los ejemplos vivos de otros compañeros y compañeras, ahí está la fuerza de sus miembros y la solidez moral de la organización zapatista que respalda y motiva a quienes, como el Compa Jolil, trabajan en los Consejos de los municipios autónomos.

 

IIº Seminario Internacional de reflexión y análisis

“Planeta tierra: movimientos antisistémicos”

Universidad de la Tierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas

1° de enero de 2012

 

– Paulina Fernández C. es Doctora en Ciencia Política. Profesora de Tiempo Completo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

Notas:

 

[1] La Jornada, 17 de diciembre de 2011, p. 9.

 

[2] Al respecto pueden consultarse las iniciativas de reformas constitucionales que incluyen materia político-electoral presentadas en la Cámara de Senadores: por la Presidencia de la República, el 15 de diciembre de 2009; por el conjunto PRD-PT-PC, el 18 de marzo de 2010; y por el PRI, el 23 de marzo de 2010, en el Diario de los debates http://www.senado.gob.mx Cabe precisar que el proceso legislativo de esta supuesta reforma política, no ha concluido hasta la fecha, en diciembre de 2011.

 

[3] “Segundo Informe Especial sobre Seguridad Pública” de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Nota de Víctor Ballinas en La Jornada, México, D. F., 16 de diciembre de 2008, pp. 1 y 3. En la exposición de motivos de reformas constitucionales del 23 de marzo de 2010, a propósito del fuero y la responsabilidad de los servidores públicos, este dato es retomado por los senadores del PRI con las siguientes palabras: “En general, en México la tasa de impunidad es muy elevada, pues llega hasta el 98% del total de delitos cometidos, según datos proporcionados por académicos e instituciones públicas como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.” Diario de los debates http://www.senado.gob.mx, ya citado.

 

[4] Encuesta levantada del 6 al 12 de agosto del 2010. Los resultados presentados en este estudio fueron realizados por Voss Contact Center y presentados por la subsidiaria Voss Analytics y puede consultarse en http://www.vossmexico.com/files/ResumenEncuesta036-2009.pdf

 

[5] Datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), al cierre del tercer trimestre del año 2011, publicados en El Economista, 13 de noviembre de 2011.

 

[6] Los salarios mínimos legales que regirán a partir del primero de enero de 2012 son los siguientes: área geográfica “A”, 62.33pesos diarios; área geográfica “B”, 60.57 pesos diarios y área geográfica “C”, 59.08  pesos diarios. Comisión Nacional de los Salarios Mínimos http://www.conasami.gob.mx/nvos_sal_2011.html

 

[7] De acuerdo con el último reporte del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM, sería necesario un salario mínimo de $180.92 pesos diarios para adquirir la canasta básica.

 

[8] Fracción VI del artículo 123 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

 

[9] Cfr. Artículo 115, fracción IV de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

 

[10] Análisis sobre la Remuneración Mensual de los Presidentes Municipales, elaborado en la Cámara de Senadores. El Federalista, 15 de agosto de 2011 en http://elfederalista.mx/2011/08/15/opacidad-en-sueldos-de-presidentes-municipales/

 

[11] Nota de Antonio Miranda “Conoce el sueldo máximo de tu presidente municipal” en El Universal Estado de México, 10 de marzo de 2011.

 

[12] Con información de La Voz de Michoacán, 24 de septiembre de 2009, publicada en http://luismdxw.wordpress.com/2009/09/24/salario-de-presidentes-municipales-de-michoacan/

 

[13] Sandra de los Santos, “Sin control los sueldos de los presidentes municipales en Chiapas”, 1 de diciembre de 2011, publicado en http://periodismosincensurachis.blogspot.com/2011/12/sin-control-los-sueldos-de-los.html

 

[14] Teniente Coronel Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Marcos. “Cómo se hacen los trabajos. Parte II” en revista Rebeldía. Año 9, número 76, 2011, pp. 11-16.

 

 

http://alainet.org/active/52057

 

Aportaciones personales al plan nacional de lucha: irgilio Torres, miembro del Grupo Marxista Revolucionario

– aportaciones personales-

Virgilio Torres, miembro del Grupo Marxista Revolucionario

17 de mayo de 2010

CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL PROGRAMA

A cada clase o estamento social le corresponde un programa histórico. El programa de la burguesía ha sido y es llevar adelante el sistema capitalista. El programa de la social democracia, es decir, de la > es embellecer la democracia burguesa y quitarle los filos al programa socialista.

El programa socialista o comunista, es el de la clase proletaria, el socialismo es la desaparición de las clases sociales mediante la revolución proletaria mundial, una vez que esta es triunfante y han desaparecido las clases sociales, el hambre, la injusticia y la miseria, podemos hablar de comunismo. Los trabajadores, en especial los obreros, constituidos en clase, son los únicos que pueden oponer un programa revolucionario al resto de las clases, en particular a la burguesía, su clase antagónica

El programa socialista o comunista, es directamente el de la construcción de un nuevo mundo, cualitativamente distinto al que conocemos, en la que nuestra especie supera el estado animal, pasando del reino de la necesidad al renio de la libertad. Esa tarea compete al conjunto de la sociedad una vez emancipada del modo de producción capitalista y de su Estado.

El objetivo principal del programa socialista o comunista es el de la revolución proletaria que habrá de destruir dicho sistema. Pero la elaboración de tal programa no puede partir sino de la defensa de las condiciones de vida de los trabajadores por ellos mismos, de la solidaridad, la organización y la conciencia construida y desarrollada por éstos en sus luchas cotidianas. El programa no surge de la proclama de ningún grupo iluminado. Es decir, parte de una base material, no es un ideal que se implanta en la mente de nadie. Es por todo ello el único programa revolucionario posible.

Sin revolución proletaria no es posible destruir al capitalismo.

Decir esto es casi una perogrullada para los proletarios conscientes. Pero es un principio a defender ante quienes pretenden que es posible subvertir el orden establecido sin confrontarlo violentamente.

Revolución proletaria o revolución comunista mundial no es la defensa de la patria ni la Liberación Nacional. Revolución proletaria o revolución comunista mundial significa echar abajo el Estado burgués, tomar el poder los trabajadores, es decir, imponer su dominación política.

La toma del poder político por los trabajadores, a través de los consejos obreros, es la dictadura del proletariado.

Sin la toma del poder político a nivel mundial por la clase obrera, es imposible destruir el modo y las relaciones de producción capitalistas. Lee el resto de esta entrada »

La identidad colectiva de la Otra Campaña y las seis preguntas

En el siguiente texto, publicado en Rebelión.Org, Carlos Antonio Aguirre Rojas, director de la revista Contrahistorias, la otra mirada de Clío, aborda lo que para él pueden ser los rasgos principales de la identidad colectiva de La Otra Campaña como punto de partida para responder los Seis Puntos que buscarán aclarar el rostro, la palabra y el caminar de ésta. Se trata, sin duda, de una aportación más entre muchas que abajo y a la izquierda se están generando en lo individual, familiar, grupal, colectivo, organizacional o popular por quienes a partir de junio de 2005 nos hemos ido adhiriendo a una Sexta Declaración de la Selva Lacandona que pronto dará paso a una Primera Declaración de La Otra Campaña, respondiendo ¿quiénes somos?, ¿dónde estamos?, ¿cómo vemos el mundo?, ¿cómo vemos nuestra suave matria que es México?, ¿qué queremos hacer? y ¿cómo lo vamos a hacer? Sin embargo, creemos que pone en la mesa algunas piezas que nos parecen fundamentales para la construcción de ese tejido, esa red de redes que esperamos sea La Otra Campaña. Así, pues, sin el ánimo de “tirar línea” ni de suplantar a nadie, mucho menos de establecer dictamen alguno sobre lo que puede y no puede ser La Otra, aquí lo tienen; esperamos que pueda ser de utilidad.

La identidad colectiva de la Otra Campaña y las seis preguntas

Carlos Antonio Aguirre Rojas

INTRODUCCIÓN

“El que La Otra arranque con un oído es una de sus definiciones más novedosas, creativas, imaginativas y subversivas, aún dentro de la misma tradición de la izquierda mundial”.

Subcomandante Insurgente Marcos, en la “Mesa Redonda en la UAM-Xochimilco” .

28 de junio de 2006.

Para definir los rasgos principales de su identidad colectiva, La Otra Campaña nos convoca a todos sus miembros adherentes a la respuesta de seis preguntas fundamentales. Seis preguntas importantes que, como simple punto de partida para reflexionar en torno de los rasgos esenciales de esta identidad específica de La Otra Campaña, nos convocan a todos para tratar de decidir el rumbo particular que debemos proseguir en los próximos meses y años inmediatos por venir.
Entonces, ¿desde dónde, y a partir de qué elementos, podemos responder a estas seis preguntas? En nuestra opinión, y siguiendo en este punto las lecciones principales tanto de la historiografí a crítica, como de las ciencias sociales críticas de los últimos ciento cincuenta años, pensamos que debemos responder a estas seis preguntas, tanto a partir de un diagnóstico crítico del presente, como de las más importantes tradiciones y herencias del pasado, pero al mismo tiempo, vinculando ambos hacia el horizonte de los posibles futuros que, como Otra Campaña, deseamos colectivamente construir. Con lo cual, seremos fieles no sólo a estas tradiciones del pensamiento social crítico ya referidas, sino también a las lecciones del propio movimiento neozapatista, que insertándose claramente de modo fundamental, e interviniendo de manera explícita, en nuestro más actual presente, han reivindicado siempre también la importancia de la memoria, de la tradición y del pasado, dentro de sus propias luchas actuales, al mismo tiempo en que afirman la importancia del horizonte y de la perspectiva de la construcción del mañana, como un elemento de aliento y de fermento de estos mismos combates contemporáneos.
Entonces, y para seguir este canon ya clásico, de tratar de responder a estas preguntas desde el presente, desde el pasado y desde el futuro, consideramos que es importante entender, en primer lugar, nuestro más actual presente, es decir, la caracterizació n fundamental y más general que define a la coyuntura actual mexicana, latinoamericana y planetaria, coyuntura esencial en la que hemos estado viviendo durante los últimos treinta o treinta y cinco años. Una coyuntura que, como lo ha explicado reiteradamente Immanuel Wallerstein, se caracteriza por ser la de la etapa de la crisis terminal del capitalismo mundial. Porque si no entendemos que la etapa que estamos atravesando ahora es la de la fase final de la existencia o vida histórica de este sistema mundial capitalista, que comenzó hace aproximadamente cinco siglos, no entenderemos adecuadamente, ni el carácter que presentan ahora los movimientos sociales anticapitalistas o antisistémicos contemporáneos –entre los cuales destaca, sin duda, el importante movimiento mexicano de La Otra Campaña—, ni tampoco las tareas urgentes que esta misma coyuntura de crisis terminal del capitalismo plantea e implica para todos los que hoy peleamos por un otro mundo todavía posible.
Porque asumir que estamos viviendo ahora la crisis terminal del capitalismo, no significa para nada derivar la conclusión tranquilizadora y absurda de que deberíamos sentarnos con paciencia a ver pasar el cadáver de nuestro enemigo capitalista, sino muy por el contrario, implica asumir el hecho de que el caos social que se vive en México, en América Latina, y en el mundo entero, es un caos cada vez mayor y cada vez más agudo, que seguirá creciendo y complicándose con cada día que pase, y que en sus diversas manifestaciones destructivas cada vez más apabullantes y peligrosas, conlleva el riesgo de arrastrarnos a todos los seres humanos, a la humanidad entera, en un hundimiento colosal y catastrófico de grandes dimensiones.
Porque es claro que esta crisis terminal de la civilización capitalista, se manifiesta lo mismo en el evidente colapso de toda una serie de referentes y de estructuras que hasta hace apenas unos pocos lustros nos parecían sólidas y estables, que en una violencia desatada que el cuerpo social exuda por todos sus poros, pero también, en la caducidad de muchos paradigmas, valores y patrones de conducta, que hace apenas unas cuantas décadas nos parecían todavía legítimos e incuestionables, lo mismo que en la desestructuració n de todo tipo de relaciones y de vínculos sociales específicos.
Pues es esta crisis terminal del capitalismo la que se encuentra en la base de la absoluta crisis global de las estructuras de la política y de lo político modernos, de esta clara “muerte de la política” que ahora mismo presenciamos frente a nosotros. Pero también en la base de la crisis de las estructuras nacionales, o de otra parte, de la puesta en cuestión de todas las estructuras de los saberes hoy dominantes, de la crisis de todo tipo de valores y del renacimiento de un individualismo feroz y desenfrenado, junto a la crisis económica y el florecimiento exuberante de todo tipo de economías paralelas, subterráneas o informales, de la crisis ecológica y ambiental cada vez más grave que ahora presenciamos, del proceso en el cual se hacen y deshacen las naciones y los mapas nacionales a un ritmo acelerado, de la intensa y cada vez más desenfrenada movilidad social de los individuos, que difumina las fronteras de las clases sociales y de los grupos sociales de todo orden, así como de la crisis cultural que ahora vivimos, en todas sus distintas manifestaciones.
Pero entender entonces todo este cúmulo de manifestaciones de esta crisis terminal del capitalismo, no implica para nada asumir una actitud de pasividad o de consuelo, en el sentido de que el capitalismo habrá de derrumbarse de cualquier manera, sino precisamente la conclusión contraria, la de la urgente necesidad de empezar a reconstruir, aquí y ahora, una alternativa inteligente y concreta a este caos cada vez mayor que expresa dicha crisis terminal del capitalismo. Es decir, asumir en primer lugar que el futuro no está para nada asegurado, y que por ende el resultado de este colapso terminal del capitalismo bien podría ser una sociedad todavía peor que la actual sociedad capitalista, si es que esto puede ser imaginado. Pero en segundo lugar, la idea también de que si nosotros no empezamos, aquí y ahora, a construir las alternativas concretas y particulares de solución frente a esta galopante crisis terminal del capitalismo, dicho colapso de un sistema social histórico, podría ser no sólo el fin del capitalismo, sino también el fin mismo del género humano. O en otra vertiente posible, el fin del capitalismo, y la entrada en una nueva barbarie apoyada en términos materiales en un cierto conjunto de sofisticadas tecnologías, pero que en términos sociales podría ser una sociedad y una civilización todavía más atrasada y más regresiva que algunas de las que la humanidad pudo haber conocido en sus etapas anteriores de desarrollo histórico.
Considerar entonces que esta crisis terminal del capitalismo es el hilo articulador de todos los procesos sociales esenciales que ahora presenciamos, implica entonces, en primer lugar, trabajar arduamente para que dicha crisis terminal se acelere y termine lo más pronto posible, terminando a su vez con el sistema social capitalista. Y ello, con el menor costo posible en términos de destrucción de vidas humanas y de ciertas estructuras y realidades sociales creadas por los mismos hombres. Y en segundo lugar, que esta muerte del capitalismo tenga la salida más feliz posible, es decir, la de la reconstrucció n de una nueva sociedad y un nuevo mundo, en donde no existan ya la explotación, el despotismo, la desigualdad, el despojo, y la discriminació n en todas sus múltiples formas.
De otra parte, es necesario responder también a estas seis preguntas a partir del pasado, es decir, de la experiencia acumulada por los movimientos sociales y por sus distintas luchas desplegadas a lo largo de décadas e incluso de siglos. Y aquí, tomando muy en cuenta la importantísima cesura que significa la revolución cultural mundial de 1968, la que marca precisamente un parteaguas fundamental en la historia de estos movimientos sociales, y en el itinerario general de las distintas luchas anticapitalistas a nivel planetario. Una cesura o ruptura fundamental, que modifica no solamente el papel que pueden jugar las distintas clases y grupos subalternos dentro de los actuales procesos de transformació n social, sino también la configuración misma de ciertos actores sociales, el carácter de los nuevos movimientos sociales, las perspectivas de las distintas izquierdas, así como el espectro y el carácter de los nuevos grupos y actores políticos.
Porque es muy claro que después de 1968 el sujeto revolucionario se pluraliza, dejando de estar constituido solamente por una clase social, la clase obrera, y eventualmente por algunas otras clases o sectores que funcionan como aliados subordinados de ese sujeto central obrero, para convertirse en un vasto abanico en el que confluyen ahora, en condiciones de igualdad, toda una serie de nuevos actores, sujetos, grupos, sectores y clases sociales del más diverso orden.
Ya que es claro que después de 1968 surgen nuevos actores sociales antisistémicos, los que durante los últimos seis o siete lustros transcurridos, se han ido convirtiendo en otros tantos elementos constitutivos de ese nuevo sujeto revolucionario ahora enormemente plural, incorporando, junto a la clase obrera y a su eventual ‘aliada’ que era la clase de los campesinos pobres, también a los nuevos sectores que conforman la base de los movimientos estudiantiles, o de las mujeres, o de los indígenas, o urbano-populares, o ecologistas, o pacifistas, o de los homosexuales, o de los presos políticos, o de toda una larga lista de los nuevos grupos y los nuevos actores sociales que irrumpen en el escenario del combate anticapitalista, después de esa fecha emblemática e importante de 1968.
Y a tono con estos cambios, también es claro que las demandas y los distintos frentes de lucha van a multiplicarse extraordinariamente después de 1968, incorporando, otra vez junto a las viejas demandas que eran fundamentalmente de orden económico, o en otro caso de orden político, nuevas demandas que serán ahora de orden mucho más social y diverso, o de orden cultural, o que tienen que ver con la identidad de ciertos grupos, o con los derechos específicos de un sector, lo mismo que demandas novedosas que justamente cuestionan la exclusión de ciertos sectores o grupos subalternos, dentro de un vasto abanico de también nuevas luchas y reclamos que ahora cubren y abarcan a todos los niveles de la economía, de la sociedad, de la política y de la cultura de las sociedades capitalistas actuales.
También, y en un tercer nivel, hace falta tratar de responder estas seis preguntas fundamentales desde nuestros principales horizontes de los posibles futuros que deseamos construir, y que necesariamente se vinculan a los distintos objetivos, generales e inmediatos, que se plantea el digno movimiento de La Otra Campaña, y con ella, muchos otros movimientos antisistémicos y anticapitalistas a todo lo largo y ancho del planeta. Por ejemplo, el objetivo general de ayudar a crear otro mundo posible, es decir, de acabar de destruir al capitalismo mundial en todas sus expresiones, y comenzar a gestar otro mundo igualitario, democrático, libre, justo, sin explotación, ni discriminació n, ni desigualdad, ni despotismo o despojo de ningún tipo, es decir, desde ese horizonte de esperanza específico que ha alimentado, a lo largo de los últimos dos siglos y hasta el presente, a todo ese conjunto de luchas anticapitalistas que recorre la historia de la humanidad después de la Revolución Francesa y hasta el día de hoy.
Así, responder a estas seis preguntas implica, en nuestra opinión, mirar muy amplio en el espacio y muy largo dentro de la historia, asumiendo este diagnóstico específico de la etapa presente que vive el capitalismo mundial, al mismo tiempo que recuperamos las tradiciones fundamentales que el pasado cercano, pero también los pasados medianos y lejanos nos heredan, y todo esto dentro del horizonte particular de los futuros concretos hacia los que queremos avanzar, con este vasto y digno movimiento, en primera instancia nacional y después planetario, que es hoy el importante movimiento de La Otra Campaña.

 

LAS SEIS PREGUNTAS

¿Cómo respondemos entonces a las seis preguntas, desde este triple eje recién enunciado? Revisemos la posible respuesta que, desde estos horizontes de la visión global de los problemas, aunada a la perspectiva de la larga duración histórica, y combinada con el punto de vista genuinamente crítico, es posible avanzar respecto de cada una de ellas.
PRIMERA PREGUNTA. Las características fundamentales de La Otra (su identidad colectiva).
En nuestra opinión La Otra Campaña debe ser concebida, sobre todo, como una red plural de sujetos sociales de abajo, anticapitalistas, de izquierda y revolucionarios. Expliquemos lo que implica cada uno de los elementos de esta definición sumaria.
La Otra Campaña es, en primer lugar, una red plural de sujetos sociales diversos. Es decir, que no se trata del movimiento de una sola clase (por ejemplo, la clase obrera) o de un solo grupo social (por ejemplo, los estudiantes) , o de un sector social particular (por ejemplo, las mujeres), o de un actor social específico (por ejemplo, los indígenas), sino más bien de un movimiento amplio, diverso y plural, de múltiples sujetos sociales coordinados y unidos en torno de la lucha en contra de un enemigo común (el capitalismo) , y en pos de un objetivo general también compartido por todos (crear un mundo no capitalista, en donde quepan muchos mundos).
Se trata, además, de una red plural de sujetos sociales de abajo, es decir, de todas las clases, grupos, sectores y actores subalternos, los que por su condición de subalternidad, de estar por debajo de otro en condición de inferioridad y a partir de una relación de jerarquía social cualquiera, sufren distintas formas de explotación (obreros, campesinos), avasallamiento (ciudadanos de a pie), desigualdad (mujeres, jóvenes), o discriminació n (indígenas, ancianos, homosexuales) . La Otra Campaña lucha en contra de todas estas formas de opresión, dominación, explotación, despojo y discriminació n, y por un mundo nuevo donde no tengan cabida ninguna de ellas.
Además, La Otra es también una red plural de los de abajo que se afirma claramente como anticapitalista, como radicalmente antisistémica, al haber ya identificado al sistema social capitalista, como la causa central generadora de todos los males principales que hoy padece la humanidad entera. Y sigue siendo muy claro que el sistema capitalista tiene su corazón en el modo de producción capitalista, y por ende en la explotación económica del trabajo asalariado en todas sus formas, razón por la cual las luchas obreras y campesinas siguen siendo fundamentales y vitales para La Otra Campaña. Pero también es claro que el sistema capitalista no es sólo un sistema económico, sino también una sociedad burguesa global, presente igualmente en el plano de lo político, que de lo social y de lo cultural, una sociedad que oprime políticamente, a la vez que reproduce múltiples formas de desigualdad social, y que discrimina culturalmente a múltiples grupos, clases y sectores sociales.
Pero incluso también el capitalismo es, además de esa sociedad burguesa global, todo un proyecto de civilización capitalista, que depreda a la naturaleza y reordena los territorios del planeta bajo el absurdo esquema artificial de los “mapas nacionales”, reconfigurado los espacios rurales y de las ciudades en función de su lógica de acumulación y explotación, a la vez que refuncionaliza en su beneficio estructuras previas a su existencia, como las de la familia, el machismo, el patriarcalismo, el racismo, la asignación del rol social de los jóvenes, los niños o los ancianos, lo mismo que los cánones de aquello que es considerado como normal o como patológico, como sano o como enfermo, como correcto o como condenable, como tolerable o inaceptable, y todo esto siempre en función de esa lógica global implacable de la mayor obtención de ganancia y de la mercantilizació n generalizada de todos los bienes que es la lógica de la reproducción general de esa civilización capitalista.
Frente a esto La Otra Campaña, al declararse anticapitalista y antisistémica, asume entonces el combate necesariamente múltiple y diversificado en todos estos frentes de lucha, económicos, sociales, políticos y culturales, pero también ecológicos, territoriales, familiares, sociales y civilizatorios en su sentido más amplio posible.
Y si La Otra es una red plural de los subalternos, y anticapitalista, ella es también de izquierda y revolucionaria. Lo que quiere decir que una vez identificado el enemigo (la civilización y el sistema social capitalistas) , la actitud hacia él no es sólo de oposición y de denuncia, de mera resistencia frente a sus efectos destructores y devastadores, sino también de construcción de una alternativa general al mismo, alternativa que debe comenzar a edificarse aquí y ahora.
Porque junto a la lucha en contra de la explotación capitalista, debe venir la reivindicació n práctica, aquí y ahora, de una lógica no mercantil ni de lucro en las relaciones humanas. Y frente a la lógica social de reproducción y hasta enaltecimiento de las desigualdades, la defensa también, aquí y ahora, de relaciones igualitarias, fraternas, y no jerárquicas. Y frente a la vieja política, elitista, corrupta y cada día más degradada, la alternativa práctica de “Otra Política”, basada en la moral de la lealtad a los principios y en la simple satisfacción del deber cumplido. Y frente al uso de la cultura como privilegio social discriminante, y como mecanismo de discriminació n, la revaloración de las culturas subalternas y de los saberes populares de todo tipo, como culturas y saberes que en su esencia profunda constituyen los fundamentos ineludibles de toda posible construcción cultural.
Y todo esto, encaminado siempre a potenciar la subversión del orden existente, en una genuina postura de izquierda y revolucionaria, que sea capaz de ir afirmando siempre el sentido emancipatorio de las luchas y de las prácticas de oposición, al mismo tiempo que va construyendo, desde hoy y en todo tiempo y espacio posible, los gérmenes de otro mundo no capitalista, de un mundo nuevo y diferente al actual, en ‘donde quepan muchos mundos’.

SEGUNDA PREGUNTA. La estructura de La Otra Campaña (cómo nos relacionamos entre nosotros).
La forma de organización de La Otra Campaña debe ser, en nuestra opinión, la de una red, o tal vez una red de redes general, que vincule, coordine, reciba y devuelva permanentemente, y a todos sus miembros, la información, los debates, las consultas, las posiciones, las decisiones y los acuerdos y desacuerdos generados en cualquiera de los puntos de su vasto tejido.
Porque una lección de todos los movimientos sociales posteriores a la emblemática fecha de 1968, ha sido la de superar la vieja verticalidad de las organizaciones de izquierda, con su jerarquía rígida, su piramidalidad, su sustituísmo recurrente, y su concentración del poder, la decisión, el mando y la reflexión en las cúpulas de la organización, o en los líderes de la misma. Ya que lentamente pero de un modo sostenido, las nuevas organizaciones políticas de izquierda que comenzaron a desarrollarse después de la revolución cultural mundial de 1968, fueron superando todos estos rasgos recién enunciados, para constituirse como organizaciones caracterizadas por relaciones más horizontales, menos jerárquicas, más flexibles y más móviles, en donde el sentido fundamental es el de devolver a las bases de la organización el protagonismo fundamental directo, y ello lo mismo en lo que se refiere al acceso a todo tipo de información, como también en cuanto a la reflexión, el debate, y sobre todo la decisión y la asunción directa de los destinos de todo el movimiento.
Una red, muy horizontal, flexible, laxa y abierta, que promueva todo el tiempo la multiplicació n de iniciativas nacidas desde las bases, de los de abajo, y que haga residir la responsabilidad esencial del propio movimiento, siempre en el vasto conjunto de todos sus miembros. E incluso y más allá, que tienda a disolver hasta donde sea posible esa vieja relación piramidal entre ‘líderes’ y ‘bases’. Pero que, sin embargo, no impida la unidad de acción cuando esta se requiera, ni la marcha por un solo camino común, ni tampoco la coordinación efectiva de iniciativas, esfuerzos y prácticas diversas. Es decir, el oxymoron de una organización muy horizontal y muy flexible, pero al mismo tiempo muy unida y acompasada, siempre que las circunstancias lo requieran.
En esta lógica, el mecanismo principal de toma de decisiones de La Otra Campaña, pensamos que deberá de ser el de la consulta universal a todos sus miembros. Basada esa consulta, en un previo y muy serio proceso de difusión lo más amplio posible de toda la información disponible, lo mismo que de discusiones, de búsqueda de consensos, y de expresión totalmente irrestricta y abierta de todas las posiciones. Es decir, el mecanismo que hasta ahora se utiliza en las comunidades neozapatistas, y que ha demostrado muchas veces que puede dar muy buenos resultados.
Agregando, tal vez, la lección del Movimiento de los Sin Tierra en Brasil: si una posición goza de un amplio consenso, de una abrumadora mayoría, es asumida por todo el movimiento. Pero si una decisión importante resulta estar muy dividida en cuanto a los grupos que la apoyan, y no logra fácilmente un claro consenso, quizá es mejor, si es que las circunstancias lo permiten, retrasar su definición, dejando decantar las posturas diferentes, y dando más tiempo a la maduración de los distintos puntos de vista y a la reflexión, el análisis y la propia toma de decisión.
Además y en cualquier caso, La Otra Campaña debe tener siempre muy en cuenta las opiniones de las minorías. Pues si su modo de decidir debe ser siempre dialógico, basado en la discusión y en la interlocución con todos los múltiples otros, el oído siempre alerta a los puntos de vista de las diferentes minorías, podrá siempre ser una nueva fuente de alimentación y de enriquecimiento de los puntos de vista definidos como consensuales, o en otro caso como mayoritarios.

TERCERA PREGUNTA. La política de alianzas de La Otra Campaña (a quién apoyamos y con quién nos unimos).
La Otra, como red de los de abajo, anticapitalista, de izquierda y revolucionaria, tiene como uno de sus objetivos de corto y de mediano plazo, el de movilizar a la mayoría de las clases, grupos y sectores subalternos de México y luego del mundo, movilización que se estructura a partir del acompañamiento dentro de sus propias luchas, y en la confluencia explícitamente construida hacia los objetivos inmediatos y mediatos antes descritos.
Por lo tanto, La Otra Campaña en México, deberá de apoyar a todo movimiento social que se oriente, claramente, hacia la subversión del orden existente en un sentido anticapitalista y de izquierda. Porque no todas las movilizaciones populares o los movimientos sociales de los subalternos tienen un sentido anticapitalista, de izquierda y revolucionario. Algunos sólo buscan protestar contra una injusticia flagrante (por ejemplo, un enorme fraude electoral) o defender un derecho o una conquista antes adquirida (como el derecho a la pensión y a la jubilación, o la propiedad estatal de la industria, por ejemplo, eléctrica). Entonces, si La Otra Campaña decide apoyar estas luchas, debería hacerlo para mostrarles a ellas el horizonte anticapitalista al que ellas podrían y deberían apuntar, y la orientación de izquierda que podrían eventualmente llegar a tener, junto al sentido emancipatorio y radical que podrían también adquirir.
En cambio, existen otras luchas o movimientos que se orientan claramente y desde el principio en un sentido de izquierda y anticapitalista, al promover, por ejemplo, la autorganizació n del pueblo y la reconquista radical de su protagonismo histórico (como en el caso actual de la APPO), o al negarse radicalmente a aceptar la lógica capitalista de uso, depredación y venta de la tierra, y reivindicar frente a ella la lógica social y comunitaria profunda de los pueblos (como el FPDT de Atenco).
La Otra debe entonces, en México, apoyar a todos los movimientos sociales de los subalternos que sean de izquierda y anticapitalistas. Y podría, según las circunstancias concretas y cambiantes, acercarse o vincularse a otros movimientos populares, precisamente para tratar de mostrarles el horizonte anticapitalista del que ellos carecen, o al que aún no han llegado, y al que en otras condiciones o en otro momento podrían eventualmente dirigirse.
Y lo mismo en el plano latinoamericano e internacional. Pues La Otra Campaña, que mira siempre abajo y a la izquierda, debe estar con el Movimiento de los Sin Tierra de Brasil y con los sectores más radicales de los piqueteros argentinos, lo mismo que con los grupos más avanzados de la CONAIE, y con las comunidades indígenas bolivianas más de izquierda. Y puede entonces mirar con simpatía y apoyar a los grupos y a las clases subalternas venezolanas en muchas de sus actuales iniciativas populares, y también a ciertos procesos de la llamada revolución bolivariana, sin dejar de criticar los evidentes límites e inconsecuencias de Hugo Chávez, apoyando también a las clases subalternas de Bolivia, mientras mantiene, no obstante, una clara distancia crítica respecto de la tibia y oscilante actuación de Evo Morales.
Es decir que La Otra Campaña debe apoyar a los de abajo que están a la izquierda y que son anticapitalistas, mucho más que a los líderes políticos o a los presidentes, o a ciertos dirigentes que pretenden representar y acaudillar a esos subalternos latinoamericanos.
Y a nivel mundial, La Otra Campaña podría quizá apoyar la iniciativa global de los Foros Sociales Mundiales, pero siendo siempre consciente de que allí confluyen actores y grupos anticapitalistas y de izquierda, con otros que son claramente procapitalistas y sólo moderadamente progresistas. Así, impulsando a los primeros, La Otra Campaña podría proponer muchas salidas nuevas, inteligentes y creativas, al claro impasse que desde hace ya varios años vive ese Foro Social Mundial, y a su evidente parálisis práctica, propositiva y en el plano de las acciones concretas.

CUARTA PREGUNTA. El lugar de las diferencias (dónde estamos).
La Otra Campaña debería ser, en nuestra opinión y tal como hemos ido desarrollando, esa red plural de sujetos subalternos, anticapitalistas, revolucionarios y de izquierda. Entonces y dada la pluralidad de su composición, es lógico que haya diferencias internas en su seno. Pero el límite de esas diferencias, que distingue a los que son parte de La Otra Campaña de los que no lo son, y que hace distinta a una diferencia fraterna entre compañeros de una disputa de posturas entre los que pertenecen a La Otra y los que no, es justamente esa condición de defender ambos, o de no defender, un punto de vista de los de abajo, y anticapitalista, y revolucionario y de izquierda.
Porque son muchas las luchas particulares y diversas que confluyen en la Otra, tantas como actores y sujetos subalternos existen hoy en el capitalismo. Y así, hay luchas feministas, y estudiantiles, y urbano-populares, como hay también demandas indígenas, obreras o de los jóvenes, junto a combates campesinos y de los homosexuales, y de los presos políticos, entre muchos otros.
Pero es claro que cualquiera de estas luchas particulares puede ser cooptada y anulada por el sistema capitalista. Pero también, cualquiera puede potenciarse y radicalizarse para adquirir un sentido genuinamente antisistémico, y radicalmente transformador de la situación social hoy imperante.
Por ello, La Otra Campaña debe cuidar entonces dos cosas: primero, que ninguna lucha quiera promoverse sobre las otras y marginarlas a segundo plano, pues todas tienen su importancia específica y todas son igualmente vigentes y cruciales en estas circunstancias inmediatas. Y segundo, la Otra debe siempre remarcar el sentido radical y emancipatorio de cada lucha particular, orientándola hacia la confrontación en contra del sistema capitalista, y en pos de un nuevo mundo que ya ha comenzado a existir aquí y ahora.
Y este es, desde nuestro punto de vista, el límite que distingue a una diferencia fraterna de una clara posición divergente. Quien quiera defender el feminismo en abstracto o la autonomía indígena en sí misma, no es igual a aquella que quiere darle un contenido genuina y radicalmente anticapitalista a la lucha de las mujeres, o a aquél que desea promover dicha autonomía indígena en el sentido del autogobierno popular indígena y de la reconstrucció n de otro orden social en donde la cultura, la identidad y la cosmovisión indígenas pueden dialogar y convivir libremente con otras culturas, identidades y cosmovisiones, dentro de un mundo realmente libre en donde caben muchos mundos, sin exclusiones, jerarquías, opresiones, explotaciones o discriminaciones de ningún tipo.
De manera muy clara, La Otra Campaña incluye a los segundos casos mencionados pero no a los primeros.
QUINTA PREGUNTA. Quiénes están convocados y quiénes no. (Quién es compañero y quién no).
Como red de los de abajo antisistémicos, La Otra Campaña convoca en principio a todos los sujetos subalternos que están en contra, y que quieren luchar en contra, del sistema social y del proyecto civilizatorio del capitalismo, en todas sus múltiples expresiones. Por lo tanto, están convocados los obreros, los campesinos, las mujeres, los jóvenes, niños y ancianos, los indígenas, los presos políticos, los homosexuales, los estudiantes, los pobres, los discriminados, los humillados, los ofendidos, los olvidados y los marginados de todo tipo.
En cambio, no están convocados y no son compañeros nuestros los ricos, los dueños del dinero y de las fábricas y empresas, los políticos, los poderosos, los patriarcales y machistas, los que discriminan a viejos, a niños y a jóvenes, los homofóbicos, los explotadores, los racistas, los autoritarios, los intelectuales al servicio del poder, los intelectuales mercenarios, los conservadores, los reaccionarios, y todos los que se beneficien injustamente del trabajo y del esfuerzo de los otros.
O sea que las líneas de quien está convocado y quien no, y quien puede ser nuestro compañero y quien no puede serlo, pasan otra vez por las líneas que dividen a los hegemónicos de los subalternos, a los procapitalistas de los antisistémicos, a la derecha de la verdadera izquierda radical, a los reformistas de los revolucionarios. Pero también a los ricos de los pobres, a los políticos de los ciudadanos comunes y corrientes, a los autoritarios de los libertarios, y a los defensores del statu quo frente a los subversivos de todo tipo, entre otros.
SEXTA PREGUNTA. Las tareas comunes a todos los adherentes (además de las que cada quien tiene según su lucha).
En nuestra opinión, las tareas inmediatas que La Otra Campaña debe de abordar ahora son fundamentalmente tres:
1) Hacer un balance crítico del recorrido de la Comisión Sexta durante el año de 2006. Es decir que en cada lugar, y en cada espacio de la Otra debe hacerse un balance de lo que significó la visita y el paso de la Comisión Sexta por su localidad, comunidad y Estado. ¿Qué problemas afloraron como los principales en las reuniones de los adherentes de La Otra Campaña? ¿A qué fuerzas sociales, qué movimientos, qué individuos y qué sectores convocó esa Comisión Sexta en ese lugar? ¿Y qué impacto tuvo la visita del Delegado Zero y la Comisión Sexta en ese ámbito local, y luego regional, y también estatal? Y por lo tanto, ¿con qué fuerzas, apoyos y estructuras se cuenta hacia el futuro cercano, para las inmediatas acciones por venir? ¿Y cuál es el grado de desarrollo de los problemas y también de las contradicciones principales en ese espacio, en esa localidad, en esa comunidad y en ese Estado específicos?
De estos balances locales, regionales, estatales, unidos al balance global que deberá elaborar la propia Comisión Sexta, deberá salir un balance general o radiografía más concreta de cómo, dónde y cuánto ha podido implantarse y desarrollarse ya La Otra Campaña a todo lo largo y ancho del país. Es decir, con qué fuerzas contamos por el momento, y cuál es el grado de desarrollo de los problemas y de las contradicciones principales en nuestra patria.
2) Prolongando y completando esos balances múltiples, sería también de desear que se elaboraran diagnósticos críticos de cada localidad, región y Estado, en donde se identifiquen los problemas sociales principales que no hayan aflorado en las anteriores reuniones de los adherentes y con la Comisión Sexta. Y también tratar de especificar los grupos, sectores, actores y clases sociales que existen en esa localidad, Estado o región, y cuáles son sus diversas posturas hacia esos problemas fundamentales, cuál es el grado y las formas de la protesta social y de las luchas y movimientos que, en el pasado lejano, pero también y sobre todo en el pasado reciente y en la actualidad, han suscitado esos problemas. Y por último, cuáles son los vínculos entre todos esos problemas y esas protestas, esas luchas, y esos movimientos sociales. Lo que significa tratar de completar el balance de lo que ya ha sido reconocido como problemas centrales del país, con una suerte de fotografía más actualizada y mucho más precisa y completa de esos problemas cruciales, y también de las diversas reacciones de cada una de las clases y grupos, tanto subalternos como hegemónicos, frente a dichos problemas. Con lo cual, tal vez debemos tratar de avanzar hacia lo que en algún momento del pasado se llamaba el “análisis de la realidad nacional”, pero ahora centrándolo y recortándolo en torno de la ‘agenda de los grandes problemas’, nacionales, estatales, regionales y locales, y en torno de las experiencias de lucha y de transformació n de los distintos sujetos subalternos, respecto de esos problemas de dicha agenda.
3) Apoyados en esos balances y en estos diagnósticos, deberemos entonces comenzar a establecer, entre todos, el Programa Nacional de Lucha, que definirá los grandes ejes comunes en los que coinciden todos los movimientos y todas las luchas locales, regionales y estatales, a la vez que las grandes demandas colectivas de esa red plural de los de abajo, anticapitalista, de izquierda y revolucionaria que es La Otra Campaña, es decir, la dignidad rebelde de México, el corazón cada vez más vivo e insurrecto de nuestra querida patria.

http://www.laotrachilanga. org.mx
desde algún lugar del exilio virtual
LA OTRA CAMPAÑA VA
libertad y justicia a pres@s polític@s de atenco
presentación de tod@s l@s desaparecid@ s polític@s

*ezln en la wikipedia*

Paulina Rubio anuncia boda, y otras noticias igualmente importantes

Opus 15. DESDE EL ZENTRO DE LA CIUDAD + GRANDE DEL PLANETA. 08.11.2006

Sebastián López
 
Los recientes atentados de bomba en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación , la sede del PRI y dos sucursales bancarias, creo que del Scoriabank, además de otras explosiones en la capital oaxaqueña y en Ixtapa Zihuatanejo, vienen a significarse una rara y peligrosa señal de cómo funcionan las cosas en estos tiempos.
Remontémonos un poco en el tiempo para ubicarnos virtualmente en los albores de este año al que ya le restan unas cuantas semanas de vida: Ana Teresa Aranda se convertía en secretaria de Desarrollo Social, estaban cerca los comicios en Chile, Juana Barraza Samperio mejor conocida como La Mataviejitas era arrestada en la colonia Moctezuma de la Ciudad de México, Tlalnepantla regalaba otro muerto a su historia de sangre, el Instituto de Cultura de Morelos reportaba que contaba con un presupuesto anual de 37 millones 400 mil pesos, la procuradora Claudia Aponte mostraba apatía ante feminicidios en nuestro estado y otros muchos etcéteras; pero, quizás entre las noticias que más importaban a muchos, estaban las de las campañas electorales y esa otra cosa que a muchos más les pareció la payasada más reciente del “farsante de Marcos”: la Otra Campaña.
Estamos hablando de tiempos relativamente tranquilos, pero con grandes heridas irresueltas: los feminicidios en todo el país, la conculcación de derechos colectivos a los pueblos indios, el narcotráfico ganando terreno en el plano comercial y político, la inseguridad como pan nuestro de cada día o la miseria convertida en souvenir de Estado; entre muchas otras.
Dos mil seis siguió su camino y con él los capítulos de un año que transcurrió entre la defensa gubernamental de los hijos de la señora Sahagún, el desfalco del Fonden, el Góber Precioso de Puebla, los 65 mineros asesinados industrialmente en Pasta de Conchos, la aprobación de la llamada Ley Televisa, el crecimiento de la deuda pública federal a 3 billones 267 mil 848 millones de pesos, la tibieza ante la política antimigratoria estadounidense, el contubernio del Ejecutivo federal con sus homólogos estatales de Michoacán y el Estado de México en la represión contra mineros de Sicartsa y ejidatarios de Texcoco y San Salvador Atenco, la inauguración de la Biblioteca José Vasconcelos, la orquestación del fraude electoral que haría de Felipe Calderón el próximo presidente de este país y la negligencia en todos los niveles y poderes de gobierno para resolver lo que ya sintetizamos en la expresión “el caso Oaxaca”.
Capítulos todos los anteriores (y otros) de una película filmada por nadie en la que la violencia crece y se multiplica con variados y diversos rostros para convertirse en su actriz protagónica. Pero resulta que esta violencia tiene nombre y apellido, se escriben con las letras de los apellidos y los nombres de quienes se cubren las espaldas desde el poder que arriba se alimenta de la explotación, el desprecio, el despojo y la represión para con los de abajo.
Violencia que incluye, por supuesto, el cerrar los ojos como si nada pasara o en su defecto voltear la mirada hacia paisajes menos desagradables que, a falta de ellos porque están siendo privatizados y luego desmantelados todos en nombre del progreso, no son sino las imaginarias locaciones de lo que ya también resumimos con otra palabra: “foxilandia”.
Sin embargo, hipocresía o falsa demencia sería decir que dicha política achacada al avestruz es característica exclusiva de la clase que llamamos “gobernante”; impera también en rededor nuestro y dentro de nosotras y nosotros mismos que, recordando a Brecht plagiando a Martin Niemüller, no hacemos nada hasta que vienen por nosotros, aunque ya sea demasiado tarde.
 
Luismi será papá.
 
En medio de esa negligencia convertida no sólo en política de Estado sino también en rasgo cultural, ocurren las detonaciones y demás atentados de estos días, algunos de ellos asumidos por los grupos armados que integran la llamada Tendencia Democrática Revolucionaria- Ejército del Pueblo, y las posteriores declaraciones del responsable de la política interior de que el exgobernador de Oaxaca debe renunciar y la negativa de legisladores de oposición a permitir que Fox tenga su último paseo presidencial.
Y con esto no quiero decir que justifico estas acciones; todo lo contrario. Más cerca de ello están quienes se rasgan las vestiduras porque el gobierno federal, frente a Oaxaca por ejemplo, no resuelve el problema “en serio”, de manera “valiente y comprometida” , para detener a los cegeacheros “secuestradores de la UNAM ”, los panchosvilla “invasores de terrenos y motineros de oficio”, los macheteros de Atenco “profesionales de la violencia” o al “jinete enmascarado” de Marcos y sus “secuaces”, y evitar así “la profesionalizació n y la extensión de las escaramuzas” o, dicho de otro modo “el contagio de esa efervescencia guerrillera a otros estados”; pero guardaron silencio, silencio cómplice que sirve de abono a la violencia que tanto lamentan, cuando los medios corporativos de dizque comunicación administran en su beneficio el dolor de las familias de mineros sepultados en Coahuila, las redes de pederastas usan a su antojo las leyes mexicanas, las instituciones electorales legalizan la burla y el desprecio a la voluntad popular o los militares son empleados en tareas contra el narcotráfico y policía política cual si de asuntos de seguridad nacional se tratara.
Hace unos días, un lector que según yo bien merece una medalla por su constancia en las ediciones en línea de esta Jornada Morelos nuestra de cada día, me preguntaba “¿cómo justificar la destrucción de la vía pública a manos de ‘luchadores sociales’?, ¿cómo justificar la pérdida del patrimonio de miles de ciudadanos que perdieron sus fuentes de empleo a manos de los inconformes? , ¿cómo justificar, pues, la conculcación de las esperanzas de niños y jóvenes ante la imposibilidad de asistir a las escuelas? [y] ¿cómo justificar la afectación a la diaria rutina de vida de toda una ciudad?”
Lejos de responderle vía electrónica, exclamé para mis adentros: ¡Claro! Pobrecita gente que no puede pasearse desinteresada y enajenadamente por sus lindas calles y plazas mientras otros son engañados y humillados. Pobrecitos hombres, pobrecitas mujeres, que pierden el miserable empleo que les redituaba un salario aún más miserable. Pobrecitos niños y jóvenes cuyas esperanzas por obtener una buena educación son frustradas por unos “gorditos barbuditos” y no por quienes con sus afanes por privatizarlo todo han vuelto de un derecho una mercancía. Pobrecitas las ciudades que han perdido la paz y la tranquilidad que para otros siempre ha sido desprecio, explotación, despojo y represión.
Y, siguiéndome de filo, agregué: ¡Por supuesto! Que los pueblos indios sean expulsados de sus tierras: bien. Que las escuelas estén medio funcionando mientras las fuerzas armadas se modernizan: bien. Que los bancos ganen en México lo que no ganan en el extranjero: bien. Que un puñado de empresarios posean en un sexenio lo que 40 millones de mexicanos no obtendrán en toda su vida de trabajo: bien. Pero malo si la mujer sale a la calle a decir que ya estuvo bueno de tanto abuso y que nomás por su ser mujer un hombre (o que así se dice llamar) le quiera meter mano y la ofenda. Malo si un niño grita que no quiere más basura en sus calles y se junte con otras niñas y otros niños para que eso se acabe. Malo si un anciano se organiza con otros para tener un final de camino útil y digno en lugar de la condena de volverse un desecho humano con su larga experiencia y sus valiosos recuerdos a cuestas. Malo si un hombre, sea un maestro o un enfermero o un lo que sea, suma su paso al del anciano, el niño y la mujer y juntos todos deciden ponerse de acuerdo para escribirse una nueva historia, que tendrá que ser mejor o no será.
Y como eso está mal, muy mal, podemos ora estigmatizarlos en los programas de televisión que dicen ser noticieros, al tiempo que marchamos vestiditos de blanco por una paz que se parece más a la que se respira en los sepulcros; ora exigir la instauración del orden público, la aplicación de la ley, la vigilancia del Estado de derecho y el respeto a las instituciones; ora detonar explosivos, así sea en nombre del pueblo y en contra de algunas guaridas de ladrones disfrazados de magistrados electorales, banqueros o militantes de partidos políticos. Porque, como dicen por allí, la violencia engendra más violencia.
Y así, aunque haya quienes por un lado “inocentemente” olvidan cual fue la violencia primera y reclaman más violencia para responder a la violencia que ellos con su silencio o con su complicidad directa provocaron primero, o quienes por otro responden con violencia a la violencia primera convocando a que se sucedan más actos de violencia, quienes hemos apostado por maneras diferentes de hacer política, caminando por vías civiles y pacíficas, estamos obligados a redoblar esfuerzos.
 
Entre las piernas de Rafa Márquez y las de Mariah Carey.
 
Quienes hicieron explotar sus bombas, o su coctel molotov, o sus granadas, lo mismo que quienes claman por la intervención de soldaditos disfrazados de policías federales; así tengan objetivos diferentes, según mi humilde opinión han terminado encontrándose en un común denominador: la justificación que buscan quienes están en el poder, ya explotadores, ya negligentes, para echar mano de más violencia. Y, de esta manera, lo único que consiguen es que la paz y la tranquilidad que piden unos y el alto a la represión que exigen otros estén más lejos de lograrse.
Así, noviembre, mes en que la muerte pulula como preludio a la revolución en estas tierras, es el marco de por lo menos tres ejercicios que abajo se caminan con inclinaciones digamos que a la izquierda: la Convención Nacional Democrática, el Congreso Constitutivo de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y los preparativos de la Consulta de Definición entorno a los Seis Puntos de La Garrucha , de la Otra Campaña.
Imagino que del bando de los tirios como de los troyanos, comienzan a esta altura del actual chorema si no los reclamos, sí las descalificaciones. Por un lado, buena parte de las y los peatones que caminan los senderos del peje que llevan a la CND , dicen que quienes apostamos por la Otra Campaña no hicimos sino engordarle el caldo a la derecha con nuestro supuesto llamado a “no votar”, pues no fue otra cosa que un conservadurismo cómplice del triunfo malhadado del panismo. Por el otro, quienes desde la Otra Campaña reivindicamos que no llamábamos a “no votar”, sino a pensar qué hacer con un voto o un no-voto en tanto, eso sí, convocábamos a construir abajo y a la izquierda una forma de hacer política distinta a la de los partidos políticos y sus neoliberales candidatos, aseguramos que si bien en la lucha por el respeto a la voluntad popular expresada en las urnas hay gente buena y honesta que confía en hacer de la CND un movimiento de izquierdas, no lo lograrán porque están supeditados a los designios de la misma clase política que siempre los ha traicionado.
En otros niveles, allá dicen que nosotros no somos más que los seguidores a ciegas de un farsante intolerante que bandea entre la cursilería y los malos chistes, aderezado todo de una fanfarronería propia de militares; y, acá, que ellos se han convertido en los falsos plebiscitarios que desindividualizados (sic) votan masivamente al son que les dicta un cacique clientelista y autoritario. Sin embargo, en medio de unos y de otros, Oaxaca y más específicamente la lucha de la Asamblea Popular viene a significarse el punto donde nos encontramos los otros y los unos. Un punto con mucho muy diferente a aquél donde coinciden los que apuestan por la violencia, sean cuales sean sus justificaciones.
Personalmente, yo no quiero por ahora abonar más al asunto de nuestros desencuentros que tanto disfrutan los hombres y las mujeres del poder que da el dinero, miserables del alma. Mis improbables lectores, amigos o enemigos, ya conocen por artículos anteriores lo que opino de quienes peatonamos por la Otra Campaña y quienes peatonan caminos amarillos, miserables unos y otros de los bolsillos… o más o menos. Prefiero orientar estas opiniones hacia las tareas que estos esfuerzos organizativos tenemos pendientes.
 
El divorcio de Paul McCartney.
 
Un médico amigo mío acostumbra decir que lo urgente suele desplazar con mucha facilidad a lo importante. Hoy por hoy, la lucha hombro con hombro y codo con codo a lado del digno pueblo de Oaxaca es no sólo urgente sino indispensable. Creo, parafraseando a Marcos, que nadie que se diga de izquierdas puede permanecer de brazos cruzados si golpean y encarcelan a sus compañeras y compañeros. Eso lo hemos aprendido bien quienes estando en la Otra Campaña somos blanco de la represión del Estado, vístase ésta con el azul o el gris de los policías, o con el amarillo, el albiceleste y el tricolor de los partidos políticos. Pero es tiempo de sumar a las marchas, plantones y bloqueos, así como a la cobertura en medios alternativos con que rompemos el cerco informativo, la consolidación de procesos propios de organización que sirvan de nuevos frentes en la lucha contra el Estado capitalista.
Quienes caminan sus esperanzas hacia la CND que desde la Otra Campaña llamamos “de AMLO”, el próximo 20 de noviembre tienen cita con algunas de sus definiciones para decidir si en verdad se moverán abajo y a la izquierda o sólo harán la finta de ello. Los días 10, 11 y 12, igual de noviembre, la APPO y las organizaciones que en ella confluyen también se definirán acerca del rumbo que tomarán, abajo y a la izquierda, en la construcción de un poder popular del que ya nos han dado claras muestras y que tiene como punta de partida la renuncia de Ulises Ruiz Ortiz. Finalmente, noviembre marca el plazo para que las personas, familias, colectivos, grupos, organizaciones y pueblos que suscribimos la Sexta Declaración de la Selva Lacandona nos definamos respecto a las características de La Otra Campaña , su estructura organizativa, su política de alianzas, los lugares de cada quien, quiénes están y quiénes no y las tareas comunes a todas y todos los adherentes.
Quienes apuestan por la CND , lo mismo que quienes se articulan entorno a la APPO , tienen o tendrán sus propios mecanismos para facilitar ésas y otras reflexiones y discusiones. Por el momento quiero enfocarme al proceso particular de la Consulta dentro de la Otra Campaña.
En el documento L@s zapatistas y la Otra : los peatones de la historia, la Comisión Sexta del EZLN planteó su posición respecto a lo que muchos consideramos es la descomposició n de la clase política y su traición para con los pueblos indios, la decisión de emprender la vía armada o de caminar mediante iniciativas civiles y pacíficas, el reconocimiento de lo aprendido en más de una década de mirar abajo, la valoración de lo que costaría mantenerse en consecuencia con lo dicho hasta entonces y la necesaria definición de colocarse a la izquierda del espectro político y en contra del capitalismo.
También, se hizo una evaluación que incluyó una suerte de ejercicio de autocrítica al interior de la Otra Campaña sobre asuntos como la liberación de nuestras compañeras y compañeros presos a raíz de los enfrentamientos en Texcoco y Atenco, y la participación de algunos de nosotros sólo mientras “estuviera de moda”; las contradicciones, digamos asambleísticas (nuevo sic), de quienes maniobramos para que se escuchara más la palabra de los mestizos y el DF que la de los pueblos indios y los estados; algunos señalamientos acerca del “protagonismo” y el “autoritarismo” del Sup, y ciertas tendencias deshonestas y oportunistas al interior de la Otra frente a la movilización electoral de AMLO.
Hicieron duras críticas a las y los intelectuales que se inscriben en lo que el EZLN llama el lopezobradorismo ilustrado; hombres y mujeres que encontraron argumentos para justificar la alianza de AMLO y el PRD con el priísmo de la más baja estofa, es decir, el salinismo; que se mantuvieron en silencio cuando el perredismo promovió las acciones de grupos paramilitares contra las y los zapatistas o cuando sucedieron los hechos represivos en Texcoco y San Salvador Atenco, y que defendieron el mega plantón de Reforma y Juárez con la misma vehemencia con que: a) descalificaron que la Otra Campaña se mantuviera crítica respecto a López Obrador y su accionar neoliberal, b) acusaron a la Otra de hacerle el juego a la derecha y c) exigieron el cumplimiento del bando 13 para disolver los bloqueos de estudiantes y trabajadores como protesta por la represión en Texcoco y Atenco.
De igual manera, las y los zapatistas expusieron las razones que tienen para asegurar que el supuesto triunfo de Felipe Calderón tiene como sostén un fraude electoral donde las artimañas de Elba Ester Gordillo tuvieron un papel destacado, de la mano de la descomposició n de la clase política en general y de la partidocracia en particular; y saludaron además las movilizaciones contra este mismo fraude electoral y la lucha del pueblo de Oaxaca, como expresiones dignas y honestas, abajo y a la izquierda, pero distintas de la Otra Campaña.
Por último, luego de reconocer que el rostro, la palabra y el caminar de la Otra Campaña se han hecho difusos, llamaron a que las y los adherentes nos definiéramos durante los meses de octubre y noviembre respecto a lo que queremos sea La Otra ; para, durante la semana del 4 al 10 de diciembre, realizar una consulta que escuche y tome en cuenta la opinión de todos y cada uno de los adherentes “sin importar el lugar donde se encuentre, el idioma que hable, su edad, su raza, su preferencia sexual, su escolaridad, ni si sabe hablar en público o no, ni etcétera, sólo si se adhirió a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona ”; y así, en febrero de 2007, arrancar una nueva etapa de La Otra Campaña donde levantaríamos el Programa Nacional de Lucha, que entre otras tareas incluiría las exigencias de libertad y justicia para las y los presos de Atenco, la libertad de todos los presos y presas políticos del país, la presentación con vida de las y los desaparecidos y la cancelación de todas las órdenes de aprehensión contra luchadoras y luchadores sociales.
 
Se acerca el fin de la Academia.
 
El movimiento en Oaxaca impulsado por la APPO es hoy por hoy, junto con la experiencia de las Juntas de Buen Gobierno de los Municipios Autónomos en Rebeldía Zapatistas, en Chiapas, el escalón más alto del proceso revolucionario en México. El próximo 20 de noviembre, ambas expresiones se tocarán abajo y a la izquierda (sin albur) con lo que se espera sea una amplia convocatoria de Paro Nacional por parte del EZLN.
Para ese momento la APPO habrá tenido ya su Congreso Constitutivo y seguramente los acontecimientos en las tierras de los hermanos Flores Magón se habrán radicalizado al definirse su carácter en tanto movimiento de izquierda y, muy probablemente, anticapitalista.
Ése mismo día, AMLO y su plana mayor serán ungidos presidente y gabinete legítimos (aunque no en rebeldía) y ello dará pie a que quienes apostaron por la CND , mirando en ella el inicio de lo que aspiran sea un movimiento de izquierda y también anticapitalista, reconozcan si la CND tomará o no dicho viraje y se decidan a actuar en consecuencia. Pero, en lo que de suyo toca a la Otra Campaña , las y los adherentes de la Sexta tendremos que estar listos para llevar a cabo la Consulta de los Seis Puntos.
Es hora, pues, de que quienes olvidaron de qué trata la Sexta la relean y reiteren o renuncien a su adhesión. Es momento de echar mano una vez más de los recursos con que contamos para difundir la realización de la Consulta y dejar en claro su carácter universal, pero limitado a quienes se mantengan como adherentes de la Sexta. Urge entonces desarrollar una intensa campaña de adhesiones; pero, fundamentalmente, de información respecto a qué se está discutiendo y qué se va a preguntar del 4 al 10 de diciembre. Si es necesario contar la historia del movimiento zapatista, hagámoslo; si es importante narrar los sucesos que han enmarcado las primeras etapas de La Otra Campaña , hagámoslo; si es indispensable, para que todas y todos los adherentes seamos consultados, movernos a los centros de trabajo, a las escuelas, a las plazas públicas, a las asambleas y reuniones de pueblos y organizaciones, a las casas donde conviven familias e individuos adherentes, hagámoslo.
Dibujemos ya con claridad el rostro, la palabra y el caminar de la Otra. Demostremos que somos capaces de construir un espacio donde la palabra de todos y cada uno cuenta por igual, como paso fundamental para la posterior construcción de un movimiento civil y pacífico, con un programa de lucha nacional, de izquierda y anticapitalista que pasa por una nueva Constitución e incluye las demandas de libertad y justicia para todos los presos y presas políticas del país, y la presentación con vida de los desaparecidos y desaparecidas también por causa de sus ideas. De lo contrario, quienes tejen la red de burdas justificaciones a la estupidez y la violencia nos estarán ganando.
 
Postdata con links, enlaces, ligas y otras lencerías virtuales.
 
Sexta Declaración de la Selva Lacandona : http://enlacezapati sta.ezln. org.mx/especiale s/2/.
La Sexta de Bolsillo, lista para imprimirse y difundirse: http://tabasco. laotramx. org/?page_ id=134.
L@s zapatistas y la Otra : los peatones de la historia: http://enlacezapati sta.ezln. org.mx/comision- sexta/492/ o,  para “bajarlo” en formato de texto, en: http://espora. org/~sartaguda/ laotra/peatones. doc.
Carpeta del Campamento Sobre los Seis Puntos: http://espora. org/~sartaguda/ laotra/carpeta. doc.
 
Espacios virtuales en LA OTRA CHILANGA donde cada quien puede dejar dicho lo que piensa, cree, siente y opina respecto a los Seis Puntos:
 
De las características fundamentales de la Otra : http://laotrachilan ga.blogspot. com/2006/ 10/punto- uno-caracterstic as-fundamentales .html.
De la estructura organizativa de la Otra : http://laotrachilan ga.blogspot. com/2006/ 10/punto- dos-cmo-nos- relacionamos- entre.html.
De quiénes están y convocados y quiénes no: http://laotrachilan ga.blogspot. com/2006/ 10/punto- tres-quin- apoyamos- con-quin- nos.html.
Del lugar de cada quien:
http://laotrachilan ga.blogspot. com/2006/ 10/punto- cuatro-el- lugar-de- las.html.
De la política de alianzas de la Otra :
http://laotrachilan ga.blogspot. com/2006/ 10/punto- cinco-quin- es-compaero- y-quin-no. html.
De las tareas comunes a todos los adherentes: http://laotrachilan ga.blogspot. com/2006/ 10/punto- seis-las- tareas-comunes- tods-ls.html.

http://www.laotrachilanga. org.mx
desde algún lugar del exilio virtual
LA OTRA CAMPAÑA VA
libertad y justicia a pres@s polític@s de atenco
presentación de tod@s l@s desaparecid@ s polític@s

*ezln en la wikipedia*
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Está en juego el destino de la nación mexicana

La Situación Nacional

Por el Partido de los Comunistas
El Otro México
4 de octubre de 2006
Compañeras y compañeros:
Distinguidos adherentes individuales y militantes de las organizaciones de “La Otra…”
A la Unidad Obrera y Socialista, UNIOS;
Al Frente Popular Francisco Villa Independiente, FPFVI;
Al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, EZLN;
Saludamos y recibimos con beneplácito la iniciativa del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN; de efectuar éste intercambio de ideas entre nuestras organizaciones porque seguramente habremos de continuar unidos un largo trecho, que aseguramos, -por lo pronto- no tiene otro límite que la victoria contra nuestros adversarios. Al menos, son nuestros mejores deseos.
Muchos de los que ahora estamos aquí reunidos hemos participado en las movilizaciones y en la agitación popular en diferentes ciudades del territorio nacional; en las capitales de los Estados, en la capital de la república; en las carreteras y muchas otras partes del país defendiendo los derechos inalienables de la nación mexicana. Conocemos a los dirigentes del pueblo de Atenco agrupados en el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, que no tienen otra culpa que la de haber derrotado a la maquinaria burocrática-policíaca contra los planes de privatización y robo del gobierno defendiendo sus tierras y dando una lección imperecedera de que no nos dejemos arrebatar nada aún a costa de lo que sea, incluyendo la vida misma. Presenciamos como han sido baleados por la policía en los criminales actos del gobierno del PRI-PAN-PRD durante el asalto del 3 y 4 de mayo al pueblo de Atenco asesinando a uno de sus hijos el jovencito Javier Cortéz Santiago y a un distinguido militante de “la Otra…” el compañero Alexis Hollín Benhumea; asesinando y ultrajando a hombres y violando a las mujeres, persiguiendo al pueblo como si tratara de un ejército enemigo. Nos conmovió políticamente la decisión del compañero Sub-Comandante Insurgente Marcos de apostarse en el Distrito Federal para luchar hasta el fin por la libertad de los presos políticos de Atenco y no dudamos en apoyar esta iniciativa de solidaridad para arrancarlos de la cárcel y tenerlos físicamente nuevamente entre nosotros. Estamos seguros que ese día se acerca; de todos nosotros depende.
Ahora se levantan en Oaxaca trabajadores; se declaran en huelga los maestros; las organizaciones populares luchan contra los caciques y el gobierno; reclaman aumento del salario y prestaciones; quiere el pueblo de aquel Estado, representado por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, APPO; la destitución del gobernador Ulises Ruiz. La policía se declara lista para intervenir y acudir al primer llamado de Vicente Fox; los diputados de aquel Estado, del PRI, del PAN y del PRD, agotados sus argumentos políticos, solicitan con angustia la intervención de las fuerzas federales para mantener por medio de la fuerza bruta al gobernador. Pero el pueblo se ha enfrentado a la policía y la ha derrotado; no han podido disolver el plantón y las movilizaciones: Una marcha de miles de ellos se acerca al Distrito Federal.
Igual y en otras circunstancias parecidas vimos los acontecimientos en la Siderúrgica Lázaro Cárdenas –Las Truchas- provocadas por la Policía Ministerial del Estado de Michoacán, la Policía Federal Preventiva y la Armada de México. La acción de los obreros de SICARTSA hizo algo imperdonable: poner en tela de juicio el monopolio del uso de la violencia por parte del gobierno y su famoso “estado de derecho” derrotándolos. Este heroísmo abnegado lo pagaron con su vida dos obreros asesinados por las balas del gobierno: Héctor Álvarez Gómez y Mario Alberto Castillo. La lucha de clases, es una guerra sin cuartel; la paz, el orden y la justicia están del lado de los dominadores y cuando los dominados se rebelan esto no se vale. Los explotadores desprecian la vida de los obreros -.allí está Pasta de Conchos, en Coahuila-; lo que cuenta es conservar la propiedad privada y asegurar los bienes de la empresa.
El imperialismo, hace tiempo que dio un golpe de Estado en México, se ha establecido un gobierno contrario a los principios que la Constitución sanciona. Esta, ha perdido su fuerza y su vigor; está interrumpida su observancia a causa del Tratado de Libre Comercio, TLC; el Plan Puebla-Panamá, PPP. El ASPAN, Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte que es una aplicación extraterritorial de la Ley PATRIOT.
La burguesía y el imperialismo se amparan en éste golpe de Estado –así que lo del fraude electoral “una mancha mas al tigre”- en medio de sus fracasos y traiciones; mientras que la clase obrera y el pueblo no alcanzan plena conciencia de sus deberes para salvar la situación nacional; no han comprendido – como lo comprendieron los obreros de París- “que es su deber imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios destinos, tomando el poder” un poder que esté en manos de millones de trabajadores, para aplastar la resistencia de los enemigos del pueblo.
Por otra parte, los resultados fraudulentos de las elecciones del 2 de julio tienen movilizados a los seguidores de Andrés Manuel López Obrador, declarándolo Presidente y, sostienen que no reconocerán a Felipe Calderón, FECAL; y que no lo dejarán tomar posesión el 1 de diciembre. Por lo pronto, ya dejaron pasar a los soldados en el desfile del 16 de septiembre habiendo declarado que no se levantarían del plantón por donde pasaría dicho desfile; lo único que exigían era que el ejército no se fuera contra ellos. Mientras tanto, en la Cámara de Diputados y en la de Senadores los mismos partidos que sostuvieron la candidatura presidencial que ahora reclaman, luchan por obtener posiciones políticas en las Comisiones de ambas Cámaras, sin lograrlo a su gusto. Tratando y negociando sus posiciones en el Congreso como las parejas de enamorados cuando se enojan y no se hablan; pero a la primera oportunidad se reconcilian. Estas posiciones en el Congreso –por cierto- no fueron impugnadas ni denunciadas, admitiendo tácitamente que las elecciones fueron limpias y transparentes con excepción de la presidencial, cosa difícil de creer, pero de esa manera dejan abierto el camino para negociar en las cámaras del Congreso la política neo-liberal. La demanda del “voto por voto y casilla por casilla” apunta mas a la defensa de la democracia neoliberal que al supuesto triunfo de su candidato.
La llamada Convención Nacional Democrática “no se plantea un cambio revolucionario” sino simplemente la salvación de la “democracia” del modo capitalista de producción –en crisis insalvable- de la globalización neoliberal y de su sistema electoral.
El fraude, como éste del que se quejan millones de mexicanos, solo tiene una solución de acuerdo con la experiencia histórica: la solución maderista, el rompimiento con el sistema y el enfrentamiento contra el gobierno hasta derrocarlo, así sea mediante movilizaciones no violentas.
La marcha de “la Otra Campaña” convocada por la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, yendo al encuentro con todos los sectores de la población dañados por el neoliberalismo ha sido una marcha victoriosa, llamando al pueblo a luchar por la patria, a favor de cambios profundos para el país en beneficio de los mas humildes, por una nueva Constitución y –decimos nosotros- no tiene otra salida mas que el socialismo.
Lo que se ve, es que está a la orden del día la cuestión del poder y del Estado. Está en juego el destino de la nación mexicana.
Lo anterior es la manifestación parcial de la crisis del capitalismo en México. La otra crisis – la que aparentemente no se ve- está en cada centro de trabajo, en cada comunidad indígena y campesina, en cada escuela, en cada hogar, en cada momento en que el pueblo no tiene forma ni manera de resolver sus urgentes problemas económicos de subsistencia; acosado por la necesidad y el desempleo, la miseria y el hambre; una guerra sin cuartel, “guerra oculta” –decía Engels- que lanza a la calle en una lucha de todos contra todos a los seres humanos de todas las edades; niños, hombres y mujeres, hasta la misma delincuencia y la vagancia en que sectores de la población marginal encuentran solución a su miseria, hundiéndose en la drogadicción y la prostitución.
El ataque del imperialismo y de la iniciativa privada contra las funciones del Estado mexicano, iniciado hace más de medio siglo ha rendido sus frutos.
Nuestro país, es un país ocupado por el capital norteamericano. El sub-suelo, la tierra, los bosques y las aguas; el carbón, fierro y acero; electricidad, petróleo, gas han pasado a manos del capital norteamericano y, otros, están en proceso de total absorción o han desaparecido como los Ferrocarriles y la banca. El fomento de las industrias básicas, la siderúrgica, la química, la de construcción de máquinas y, otras, como el comercio y los servicios no está en poder del Estado ni de los particulares mexicanos. México se ha estancado y, el gobierno parece no tener otra función que la de gendarme de los intereses del extranjero, es decir, del imperialismo norteamericano.
Durante decenas de años los imperialistas estuvieron fraguando, con la complicidad y la traición de los gobernantes, la manera de aniquilar no sólo las funciones del Estado, sino su exterminio hasta llevarlo casi a su total desaparición y no para hacer progresar a México, sino todo lo contrario, y hacer imposible la liberación de la nación mexicana.
Para llevar a cabo sus siniestros planes aplicaron la política llamada neoliberal queriendo revivir una época ya muerta históricamente; época del libre juego de las fuerzas económicas que engendró la concentración del capital, desapareciendo las posibilidades de la libre acción de pequeños y medianos productores y comerciantes, dando paso a la formación de los monopolios. La vida económica de México está en manos de estos monopolios, en manos –principalmente- del capital norteamericano. Para alcanzar lo que quieren han logrado que en México se nulifique la legislación que protegía la producción nacional sustituyéndola por el Tratado de Libre Comercio, abriendo las puertas al capital norteamericano, adueñándose de las industrias y controlando el comercio exterior. Pagamos tributo, como colonia, al imperio de los Estados Unidos.
El problema –por tanto-, no es una cuestión teórica, sino un problema concreto ante la apremiante necesidad de recuperar nuestra soberanía y reconstruir al país tan devastado por el capitalismo y recuperar nuestras riquezas en manos del imperialismo dentro del territorio nacional.
El imperialismo norteamericano y sus agentes traidores en México han reemplazado el Estado que ellos nunca contribuyeron a organizar. Ahora lo único que les preocupa es mantenimiento del orden interno y, en algunos casos, -donde no sea negocio-, que los gobiernos de los Estados o de los Municipios se dediquen a pavimentar las calles, poner semáforos en las esquinas, puentes o pasos elevados para facilitar la circulación de vehículos, construir drenajes o, en el mejor de los casos asistir a los huérfanos, ancianos e inválidos con distintos programas de beneficiencia pública.
Pues bien. El Estado no interviene –dicen- en la economía; la prueba es que ya no es productor ni empresario y, por tanto, no realiza una competencia desleal a los particulares, llamada de la iniciativa privada, que siempre han sido vasallos del imperialismo. El resultado es una crisis que abarca y provoca fenómenos incontrolables de carácter económico, político, social, cultural, religioso, etc. Esta crisis ha puesto en peligro su sistema de dominación. Esta crisis lleva a la decadencia y al colapso al capitalismo y, nosotros luchamos porque sea definitiva hasta llevarla hasta su desaparición.
Algunos analistas se preguntan si el capitalismo tiene fuerzas para recomponerse o renovarse y, nosotros respondemos que no.
Este intento de renovación ante la crisis capitalista se inscribe en el Pacto de Chapultepec que se propone:

1. aumento de la dominación y de la explotación para seguir viviendo del trabajo ajeno;
2. resolver la preocupación de la clase rica y gobernante por la “inseguridad”, para lo cual se han ido a vivir en zonas residenciales exclusivas, como cárceles, transformados en verdaderos “bunker’s”, con policías armados hasta los dientes; militarización bajo la amenaza y el uso del ejército y la policía contra el pueblo.
3. Mantener a un grupo de mafiosos y de parásitos ligados y enquistados al poder público con Carlos Slim a la cabeza , del cual a los mexicanos nos quieren vender la idea de que su riqueza es producto del talento, la audacia y, aún del sacrificio del empresario mexicano, pero la explicación es más sencilla: Slim se robó, con la complicidad de Carlos Salinas una parte importante del patrimonio de la nación mexicana: Teléfonos de México. Además del abandono de sus obligaciones sociales y económicas en todos los órdenes de la vida pública no cumplen entre ellos mismos con sus obligaciones en el gobierno que ellos mismos representan.
4. Es posible -dicen- lograr cambios de fondo con cambios de forma.

En suma, la crisis es insalvable y no tiene solución en los marcos del capitalismo. Lo que quiere decir, entre otras cosas que la clase social que gobernó al país ya perdió el derecho de hacerlo y se la entregó al imperialismo norteamericano.
La crisis de la que hablamos, la sufre el pueblo en carne propia. En tiempos de Zedillo el Banco Mundial reconoció que 20% de la población más pobre percibía 3.8% del ingreso mientras que 20% de los mas ricos, disponían del 55.6 %. En el año 2000, ésta misma institución imperialista informó que México está entre los 12 países mas pobres del mundo.
Esto se demuestra con algunas cifras: el 51 % de la población mexicana está desnutrida; 2/3 partes de la Población Económicamente Activa, PEA sobrevive con ingresos inferiores a dos salarios mínimos. La causa de la miseria está en el régimen capitalista.
Un puñado y reducido grupo de empresarios nacionales y extranjeros son propietarios de la banca, dominan el comercio y los servicios, son dueños de fábricas y de las mejores tierras destinadas al cultivo. Estos se quedan con las ganancias a cambio de un salario mísero para los trabajadores de la industria y los servicios; lucran con la explotación de los obreros agrícolas y, a los campesinos que logran producir algo les pagan sus cosechas y productos a precio de robo.
A los campesinos, lo único que les queda es el nombre. El campo mexicano es una zona de desastre económica y social.
Ahora, cancelado el reparto agrario, el gobierno dice que los organizarán para que tengan proyectos productivos. Pero, cómo? La comercialización a gran escala no está en sus manos y, si necesitan tierra para producir, tienen que comprarla. Con qué dinero? Los únicos que tienen dinero son los grandes ricos, ellos mismos son los dueños de cadenas productivas y de comercialización de los productos agropecuarios. Otros, no son mas que vulgares intermediarios y estafadores que roban al campesino y al productor empobrecido que dependen exclusivamente de la venta de su escasa cosecha.
¿Van a renunciar éstos capitalistas al capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio, TLC, si tomamos como ejemplo al gobernador de Sonora que tiene el monopolio de la producción de huevo y carne de pollo, como se lo piden los líderes campesinos “nylon” que firmaron con Fox el Acuerdo para el Campo y con Usabiaga, en ese entonces secretario de SAGARPA conocido célebremente como el Rey del Ajo?
Para que los campesinos se vuelvan prósperos hay que anular todo el Tratado de Libre Comercio y no solamente una parte. ¿Es que los campesinos resolverán exclusivamente “su” asunto y a los demás que los destruya el TLC? Los líderes que negocian la suerte de los campesinos con el gobierno, son enemigos de la alianza del obrero con el campesino, aunque griten en las calles lo contrario. Para luchar a favor del campesino, estos tienen que enfrentarse a esos grandes capitalistas que operan en el campo y son la causa de su pobreza.
A causa de su miseria, los campesinos están siendo despojados de sus tierras, vendiéndolas a los empresarios del campo, enajenando así el territorio nacional. Estos ricos y consorcios agro-industriales como Wall Mart y otros mas que sustituyeron a CONASUPO –también de triste memoria-, arruinan al campesino; imponen los precios y, los pequeños productores de hortalizas, frutas, verduras y granos así como los pequeños y medianos industriales de alimentos no pueden entrar al mercado nacional e internacional a realizar sus ventas porque son los agricultores del régimen, enriquecidos, los que venden sus productos en esos centros comerciales monopólicos del imperialismo.
La pobreza de los campesinos los arroja y expulsa de nuestro país hacia los Estados Unidos; los pueblos, sus padres, esposas, hijos y también sus tierras quedan abandonadas.
Ahora resulta que el renglón más importante de ingresos y divisas, después del petróleo, son las remesas de dinero que los braceros envían a sus familias, para lo cual los buitres del gobierno, de los bancos y el comercio ya se frotan las manos para administrar tan colosales sumas de dinero, porque los remitentes no tienen cultura empresarial y no saben como invertir, gastar y ahorrar su dinero. La pobreza también es un negocio. Se estimula la creencia de que van a progresar y se pueden hacer independientes como los patrones y volverse ricos, de tal manera que no luchen contra el capitalismo ni se unan a las demas capas explotadas de la población.
No puede mejorarse, ni prosperar un sector de explotados mientras la burguesía y el imperialismo sigan dominando. Suponer que el campesino va a progresar sin tocar para nada el Tratado de Libre Comercio, TLC, es un engaño, una mentira. Y lo mismo decimos para los trabajadores de la industria eléctrica, que han formado un Frente en defensa de los energéticos; dejando intacta las bases de control y opresión del imperialismo que ejercen sobre nuestra patria, a través del régimen político al que hay que demoler. Tarde que temprano tendrán que aprender ésta lección de la experiencia histórica.
Los pequeños y medianos productores y comerciantes han sido arruinados por los ricos. Estos disponen de todo el dinero que quieren para sus negocios, hasta para sus excesos; no pagan impuestos y se gastan el dinero del erario público en su propio interés y beneficio, obteniendo ganancias y lucro a costa de la explotación del obrero y el campesino.
Lo que se necesita es la unión consciente, voluntaria, de los hombres y mujeres del campo contra el capitalismo, que es el régimen que los oprime y explota igual que a los obreros de las ciudades. Algunos tienen trabajo bien remunerado, pero también son explotados y si no se organizan y unen a los demás golpeados y empobrecidos por el capitalismo, van a perder –como ya ha sucedido- las conquistas de las cuales hoy presumen.
El gobierno tiene endeudado al país e hipotecado al imperialismo, en una deuda como ya está demostrado, que es impagable, incobrable e inmoral; afirmaciones hechas hace veinte años por el Comandante Fidel Castro ante la crisis internacional de la deuda externa.
Ahora, con el IPAB, -antes Fobaproa- que es un sistema para robar al pueblo; que su verdadero nombre debiera ser Instituto de Protección para el Ahorro Bancario del Imperialismo y de los Explotadores ha vendido el futuro del país, porque estamos endeudados de por vida. La deuda que se trasmitía de padres a hijos durante el porfiriato ha revivido ahora en éste engendro de la corrupción del régimen capitalista.
Tenemos que unirnos y luchar juntos como lo que somos realmente, como una sola clase. Naturalmente que no es fácil alcanzar la unidad; se necesita tiempo y trabajo, ¡mucho trabajo!; decisión y coraje para no asustarse ante el primer problema.
Al pueblo se le impide de mil maneras unirse. En ésta labor trabajan incesantemente los medios de comunicación; los dueños de las fábricas y los líderes “charros” negando y corriendo del trabajo a los obreros que difunden nuestras ideas revolucionarias y que luchan por sus legítimos derechos. No tienen libertad política ni sindical para defenderse del patrón –sobre todo la mano de obra empleada en las empresas maquiladoras-, que es fundamentalmente de mujeres. La seguridad social, médico y medicina, educación para sus hijos son inexistentes; en su condición de asalariadas son sobre-explotadas y, para rematar, las prostituyen y asesinan como en Ciudad Juárez y otras ciudades del país, con la complicidad criminal del gobierno. Como sabemos, los tribunales del trabajo operan en contra del obrero; la ley se viola y la aplican contra ellos; los mismos burócratas y líderes charros están confabulados para aplastarlo; retienen la titularidad de los Contratos Colectivos de Trabajo, CCT, en sus manos y los manejan a su antojo sin que los conozcan nunca sus dizque representados; algunos obreros ni siquiera saben que están sindicalizados y no llegan a darse cuenta de ello hasta cuando se enteran que les están descontando dinero de su salario para el sostenimiento de sus líderes espurios. La organización del gobierno con sus mezquinos y egoístas intereses de clase, imponiendo por todos los medios su dominio en las relaciones laborales como juez y parte.
Este cambio de régimen político implica establecer un verdadero gobierno de elección popular y no un gobierno como el que ahora padecemos; manipulado desde el extranjero por el imperialismo norteamericano, sostenido en beneficio de los capitalistas, explotadores y saqueadores de la riqueza de la Nación; apuntalado, cuando ya no pueden de otra manera mantenerse, por los soldados y la policía.
El balance que hoy hacemos es un balance dramático provocado por la existencia de un mundo unipolar y el dominio de una potencia hegemónica; por la actitud entreguista y dependiente de nuestros gobernantes a favor del imperialismo que ha puesto a México en riesgo de que pierda definitivamente su independencia.
El Programa de nuestro Partido expresa la manera comprometida en que, desde que alcanzamos nuestra independencia de la Corona Española hasta hoy, hemos ido perdiendo territorio cediéndolo principalmente a los EE. UU. La privatización de las carreteras y del Ferrocarril ha cedido espacio territorial de la nación mexicana; el uso, explotación de los ríos, lagunas, esteros en manos de las empresas extranjeras, la faja prohibida que establece la Constitución, donde los extranjeros no pueden tener el dominio directo de la zona fronteriza, las costas y las playas, la han convertido en zona exclusiva para ellos así como buena parte del mar territorial y de la zona económica exclusiva; el espacio aéreo en manos de las empresas privadas de las comunicaciones.
Los daños a la vida y a la salud del pueblo son alarmantes: Cien mil niños que mueren cada año por causa de enfermedades curables; déficit en el consumo de calorías y proteínas para la mayoría de la población mexicana que está compuesta por el 60 % del total de ella.
Cómo se van a poder atender y resolver los gravísimos problemas sociales de México si la deuda externa e interna equivale al 40 % del Producto Interno Bruto? .
Desaparición, en puerta, del sistema de seguridad social y de atención a la salud, jubilaciones y pensiones; privatización de la enseñanza pública. Por ejemplo un botón de muestra: en Aguascalientes por acuerdo con el gobierno de la entidad los empresarios construirán 47 edificios escolares de enseñanza básica –Jardín de Niños, Primaria y Secundaria- para rentárselos al mismo gobierno del Estado durante 20 años, contrato que curiosamente se hace con una constructora del Gobernador. La educación y la enseñanza como negocio que es lo único que les importa, porque la crisis de la educación viene desde hace muchos años y, esa, no está en sus planes resolver, sólo la de sus centros educativos privados donde preparan a sus cuadros profesionales para el trabajo y la dirección de sus empresas, mientras que el pueblo pobre; los hijos del obrero, el campesino, el indígena no pueden ir a la escuela por falta de dinero en su casa y tienen que trabajar desde muy niños para contribuir a llevar comida y sustento a casa de sus padres y hermanos. Crecen, sin educación académica ni preparación para la vida y los que alcanzan a sacar alguna carrera, luego no encuentran trabajo en lo que estudiaron . Hay doctores en medicina, Licenciados en Economía y de otras profesiones vendiendo tacos, como vendedores ambulantes y algunos dando bola a los zapatos. Vivimos en la contradicción permanente de que por una parte existe una gran masa sin preparación ni acceso a la educación y la enseñanza y, por otra, hay maestros sin trabajo.
El neoliberalismo es una respuesta tardía a la crisis del capitalismo y ha puesto al Estado mexicano en período de extinción; ha sido despojado de sus principales rasgos: soberanía integridad territorial, independencia, anulación de los derechos de los obreros, campesinos, indígenas, jóvenes, hombres y mujeres.
Ante éste panorama, ante el derrumbe del capitalismo nosotros tenemos una propuesta lógica, construir otro Estado: el Estado Socialista.
Muchas gracias.
¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS!
México, D. F. 1 de octubre de 2006
Por la Dirección Colectiva del Comité Central
Secretario General
Sergio Almaguer Cosío

Carta al subcomandante Marcos y la Otra Campaña:

Algunas preguntas entre compañeros
Las dificultades de la construcción de una organización política de izquierda anticapitalista

Por Raquel Gutiérrez Aguilar
El Otro México
4 de octubre de 2006
Respetados miembros del CCRI-EZLN y de la Comisión Sexta,
Estimado “Sub” Marcos,
Compañeros adherentes de la VI Declaración de la Selva Lacandona y militantes de “la Otra”.
He leído con cuidado el extenso análisis que, firmado por el Sub y a nombre del CCRI-EZLN y de la Comisión Sexta, ha estado apareciendo públicamente a lo largo del mes de septiembre de 2006. Entiendo el documento como un llamado a que reflexionemos en conjunto el remolino de sucesos que hemos vivido, conocido, producido y padecido durante, cuando menos, el último año. Saludo la iniciativa de presentar una versión hilvanada de los acontecimientos, sobre todo, de los últimos quince meses; pues considero que esa es una excelente manera de abrir el debate, de volver a situarnos cada quien y entre todos en este momento que habitamos y llamamos presente, para desde ahí hacernos una pregunta fundamental: ¿Cómo en medio de la lucha política-social cada vez más descarnada y desplegada en múltiples niveles en la geografía mexicana, ha sido producido este momento, tanto a partir de nuestras propias acciones de resistencia y lucha, como de las acciones de los poderosos dueños de la riqueza y el gobierno, es decir, de quienes mandan-lucran y engañan? La respuesta a esa pregunta, intuyo, es siempre la base para abordar la segunda pregunta: ¿Qué hacemos ahora?
Compartiendo en términos generales el hilo argumental que sostiene la “evaluación” zapatista del momento presente, muy respetuosamente quisiera presentar dos o tres ideas más para su consideración sobre puntos que me parecen fundamentales para abrir el debate sobre el curso futuro de “la Otra”. Lo hago en mi calidad de vieja compañera en las luchas de América Latina: mi voz crítica la presento abiertamente y tratando de mover todo mi conocimiento y experiencia de resistencia y lucha en otros países, puesto que percibo que en México hoy vivimos un muy tenso y peligroso momento histórico, en el que anidan y se gestan, también, poderosas posibilidades de transformación social.
En virtud de que la pertenencia de una persona a un grupo no se define solamente por la voluntad de quien toma la palabra, sino sobre todo, por la predisposición de los interlocutores a asumir y aceptar la interioridad de esa voz, no tengo muy claro si puedo considerarme parte de “la Otra” o no. Sé que firmé como adherente de la VI Declaración de la Selva Lacandona a mediados del año pasado, y asistí a una de las reuniones preparatorias -la V de la VI, ie, cuando se convocó a individu@s y a colectivos[1]-. Sé que he participado, intermitentemente y casi siempre desde una difusa periferia en las actividades de “la Otra”. Soy una mujer que no tiene ningún “aparato”, que no se sabe ni se puede mover en el terreno del “activismo”, pero que está profundamente preocupada por lo que en México pueda acontecer y que quiere contribuir en algo a que consigamos articular fuerza desde abajo, capacidad de voz, de resistencia, de lucha y de propuesta desde la vida cotidiana, desde las casas, los barrios, las comunidades, las escuelas, los centros de trabajo y las múltiples redes sociales que permiten la vida en este México vasto y complicado… porque lo que estamos pasando y lo que se nos viene, es la avalancha enloquecida de lo más negro del poder del dinero. En fin, eso soy, tengo domicilio conocido y ánimo de resistir y pelear. Van pues mis consideraciones.
El balance que presentan el Sub, el CCRI-EZLN y la Comisión Sexta, me deja en la cabeza las siguientes preguntas. Las presento de manera concisa y directa para, posteriormente, argumentarlas:

A sus ojos, ¿”la Otra” puede entenderse como un esfuerzo de articulación laxa, móvil y dúctil de las múltiples luchas y resistencias desde abajo para darse fuerza unos a otros de manera heterogénea y autónoma? O, más bien, ¿se entiende como el germen, como el embrión o semilla, de una organización política no electoral a nivel nacional, con sus principios bien definidos, sus estructuras y mecanismos de deliberación y decisión internos completamente claros y su bien delimitada periferia y distinción entre “miembros” y “no miembros”?

Presentar la pregunta así, como una disyuntiva actualmente excluyente, me parece importante porque creo que deben darse pasos distintos a según se tenga una u otra prioridad en lo que hay que construir. Hacer las dos cosas es necesario. Pero creo que son dos cosas distintas y es importante que pudiéramos pensarlo así. Por eso les pregunto directamente, ¿cuál es su punto de vista sobre este particular?
Creo que la pregunta es pertinente porque, en las ocasiones en las que he tenido acercamientos con las actividades de “la Otra”, lo que me ha sucedido es que me confundo profundamente: creo que voy a encontrar algo y hallo otra cosa distinta. Y en no pocas ocasiones son las afirmaciones y posiciones de las personas que identifico como más cercanas a la organización zapatista las que me confunden más. El punto de fondo de esta confusión -quizá únicamente mía, no lo sé, que me inquieta enormemente- es, justamente, que no sé muy bien con quiénes y en qué términos estoy tratando y para qué finalidad: si con grupos variados de compañeros con quienes la cuestión es ponerse de acuerdo puntualmente sobre puntos específicos para desplegar actividades de forma laxa y heterogénea, para visibilizar problemáticas específicas y disputar los contenidos urgentes de la agenda pública, haciéndolo “cada quien a su modo” aunque de manera entrelazada y hasta donde se pueda coordinada o si, más bien, en esos acercamientos y esfuerzos de encuentro y enlace se juega, de manera prioritaria, la construcción de formas de cohesión y organización mucho más estructuradas, ordenadas y a largo plazo. Insisto, creo que las dos tareas son necesarias, pero también considero que son dos tipos de actividades y “modos” distintos los que se requieren, a según la intención. Lo importante, reitero, es desdoblar el problema. Y expongo algunas reflexiones, desde mi propia experiencia, sobre las diferencias entre hacer esfuerzos para la articulación de diversas y polifónicas luchas sociales -con contenido político tendencialmente anticapitalistas- y hacer esfuerzos por construir una organización política de izquierda no electoral anticapitalista:
• Si de lo que se trata -y yo honestamente considero que es muy urgente empujar esto- es de esforzarnos por contribuir a la articulación de las luchas múltiples, variadas, heterogéneas, emprendidas por sujetos sociales distintos, que contra el saqueo, el desprecio y la sobre-explotación están ocurriendo en todo nuestro país; entonces es necesario comenzar a documentar y visibilizar -uds. (y muchos también) ya lo han ido haciendo y eso es un gran aporte-, los problemas más grandes que estamos enfrentando todos los mexicanos de a pié. Uds. y muchos otros colectivos y grupos han ido haciendo conocer la enorme cantidad de afrentas y sufrimientos soportados por distintos segmentos y grupos de la sociedad mexicana. Ahora bien, la importancia de exponer estos resultados no solamente como memorial de agravios y resistencias locales, sino también como problemas generales a superar entre todos, es que su presentación como tal: como problemas a superar…, es una vigorosa herramienta de “sintonización” colectiva, de autorreconocimiento mutuo, de autogeneración de perspectiva autónoma y colectiva de lo que no hemos ya de admitir, en conjunto, que los otros -quienes monopolizan la riqueza y la decisión sobre los asuntos públicos- hagan con y contra nosotros. Escribo estas líneas, pensando en un ejemplo que conozco un poco: el problema del agua; de su escasez, de su privatización, de su despojo, de su control tendencialmente monopolizado por camarillas de políticos y patrones, etc., es un problema que nos compete a todos, que cada quien vive de manera diferente en la vida cotidiana y productiva y que está generando profundos malestares. Ese es un tema en torno al cual, colectivamente podríamos articularnos como fuerza en movimiento desde abajo para establecer límites a los poderosos, para comprender en común la manera en la que ellos implementan sus planes, para generar tentativamente “capacidad social de veto” a sus proyectos privatizadores y de saqueo. Este es nomás un ejemplo de un problema que estamos enfrentando todos. Hay otros, quizá igual de importantes.
Lo que quiero decir es que si una de las finalidades de “la Otra” es “articular” las luchas que ya existen a partir de los problemas que ya existen, pues hay que comenzar a hacer eso. Entre otras cosas, hay tareas que veo como necesidades inmediatas: hacer una lista de los problemas que han sido vividos o detectados como los más urgentes; los problemas cuya superación en muchas partes de la República ha comenzado ya a desplegarse en diferentes y variadas luchas de resistencia locales -muchas veces análogas entre sí-. A partir de la identificación y selección de tales problemáticas, entonces “sintonizarnos” entre todos, a) para comprender a cabalidad lo que “los enemigos” están haciendo, b) para registrar con detalle lo que “nosotros” hemos hecho frente a ello, c) para promover los enlaces y las acciones conjuntas de resistencia ampliada -por expresarlo de alguna manera- que nos permitan construirnos en común “capacidad social de veto” a los planes de los dueños del dinero y la decisión pública.
Esta, por supuesto, no es la única manera de comenzar a “articular” las diferentes luchas locales de resistencia que han sido visitadas, visibilizadas y enlazadas en “la Otra”, sobre todo entre enero y abril de 2006. Sin embargo, sí es una manera en la que de acuerdo a distintas experiencias en América del Sur, “la gente” ha logrado gestar y parir instancias o espacios de articulación, coordinación y magnificación de su capacidad de intervención en el espacio público para impugnar las decisiones de arriba, con base en su apoyarse mutuamente. Este tipo de articulaciones sociales laxas, construidas sobre problemas puntuales, cuyas acciones conjuntas abren espacios para la politización de otras redes y estructuras sociales -las familias, los barrios, etc.-, en distintos lugares han contribuido a producir un cauce vasto y fecundo para que brote el descontento social anidado en los variados jirones del tejido social que hoy existen, y que éstos puedan volverse a entrelazar y tensar.
Y tal cosa permite construirnos, entre todos, fuerza social; que en realidad, cuando se condensa y compacta, cuando se auto-identifica y auto-regula -como en Oaxaca con la APPO- es auténtica capacidad política levantada desde abajo. Cabe acotar que, en lo personal, tampoco comparto los análisis que comienzan y terminan analizando externamente la “correlación de fuerzas” como si tal cosa fuera un sistema de vectores objetivo y ya determinado. Sin embargo, si considero que una cuestión de la que hoy carecemos es de fuerza social real para poner en el tapete del espacio público lo que a nosotros nos interesa y nos afecta: desde la cuestión de los presos políticos y el uso mafioso y criminal de las corporaciones policíacas y el aparato judicial; hasta la privatización y tendencial monopolización del agua -insisto-, el despojo de los territorios que habitan los pueblos o la entrega de la energía eléctrica y del petróleo a las corporaciones transnacionales. Si se concede lo anterior como premisa, entonces es muy claro que, entre todos, necesitamos construir fuerza social para resistir, confrontar e impedir el libre desarrollo de los proyectos y planes de los poderosos.
Esta es pues, una de las posibles acciones que, en conjunto, en tanto compleja red asimétrica de dignidad y resistencia, pero también de malestar e inconformidad, podemos llevar adelante. Para sintetizarlo lo más posible: creo que es necesario trabajar por producir, entre todos, un sentido común de la disidencia. Hasta cierto punto, yo así he entendido parte de los contenidos del significado de “la Otra”, y en ese sentido he considerado que lo más importante es producir un “horizonte interior”, un “sentido de inclusión” amplio y firme, laxo y comprometido simultáneamente, que únicamente se puede basar en la claridad de la intención inmediata expuesta en cada paso a dar en común -y que contrasta con un “código de pertenencia”, pero esto lo abordaré más adelante. Ya uds. me indicarán si he entendido bien, o si consideran que esto no es pertinente para México.
Vayamos entonces a la otra posibilidad:
• Si de lo que se trata es de armar una organización política nacional de izquierda anticapitalista, entonces creo que conviene revisar los problemas y dificultades que, de entrada, vamos a confrontar. En el documento de cinco partes firmado por el Sub, se presenta un recuento de vicios y prácticas de la izquierda tradicional no electoral -o no siempre electoral-. Es muy poco lo que yo puedo aportar en relación a este tema porque sólo he visto o sabido de las reuniones de “la Otra” en el D.F. de lejitos e intermitentemente; además de que no conozco ni entiendo muy bien los cálculos que percibo que guían, por lo general, los pasos de tales organizaciones de izquierda, que suelen ser dirigidas y controladas, además, por señores con muy poca predisposición al diálogo.
Sin embargo, percibo algunos elementos sobre los que quizá valga la pena reflexionar en los planteamientos del balance que realiza el documento del Sub. Paso a presentarlos centrándome, por lo pronto, en afirmaciones contenidas en el primer documento:
En el quinto punto de la “Primera Parte: Los Caminos a la Sexta”, se establece lo siguiente para explicar cómo y por qué los zapatistas lanzan la VI Declaración. Ahí aclaran que este documento necesitaba un contenido:

5.- Anticapitalista y de izquierda.- Pero la conclusión principal a la que llegamos en nuestra valoración no tenía qué ver con estos aspectos, digamos, tácticos, sino con algo fundamental: el responsable de nuestro dolor, de las injusticias, desprecios, despojos y golpes con los que vivimos, es un sistema económico, político, social e ideológico, el sistema capitalista. El siguiente paso del neozapatismo tenía que señalar claramente al responsable, no sólo de la conculcación de los derechos y de la cultura indígena, sino de la conculcación de derechos y de la explotación de la gran mayoría de la población en México. Es decir, debería ser una iniciativa anti-sistémica. Antes de eso, aunque tendencialmente todas las iniciativas del EZLN eran anti-sistémicas, no eran señaladas claramente. Toda la movilización en torno a los derechos y cultura indígena había sido dentro del sistema, incluso con la intención de construir interlocución y un espacio jurídico dentro de la legalidad. Y definir al capitalismo como el responsable y el enemigo traía consigo otra conclusión: necesitábamos ir más allá de la lucha indígena. No sólo en declaraciones y propósitos, también en organización. (Los subrayados son míos. RGA)

La valoración del EZLN se entiende con claridad aunque hay dos cuestiones que quedan, creo, cuando menos abiertas a la discusión:
• La primera es una cuestión que parece formal pero que, en el fondo, creo que no lo es. Es muy cierto que conseguir nombrar al “responsable” de nuestra desgracia es un elemento importante de cualquier acción de autonomía y de recuperación de la fuerza propia. En este sentido, señalar al “sistema capitalista” como el “responsable” del dolor impuesto a millones de mexicanos es relevante en el contexto actual. Sin embargo, nombrar al “responsable” como algo ajeno a nosotros, situarnos en una hipotética relación de exterioridad con él, nos inhibe para comprender las maneras concretas en las que entre todos producimos al capital -al tiempo que lo resistimos- y entre todos producimos al poder ajeno -al tiempo que nos esforzamos por escapar de él-. Pero además, si “el sistema capitalista” al que nos proponemos combatir es algo ajeno y fuera de nosotros, entonces la cuestión decisiva es pensar cómo lo cercamos y lo destruimos en tanto ajeno a nosotros. Sin embargo, si más bien nos pensamos, a nosotros y a otros, como situados de entrada, en las redes del sistema capitalista y en resistencia continua aunque con distinta y variable intensidad contra ello; entonces lo que se nos presenta es la continua necesidad de mantenerlo a raya, de desorganizarlo, de preservar ámbitos de autonomía, de limitarlo en su capacidad de despliegue de sus fines y, por supuesto, también se muestra la urgencia de la reflexión sobre nuestras propias prácticas auto-emancipatorias. Un poco abstracta, pero esta es una discusión que me parece relevante y urgente: y no para evitar desearnos y construirnos como “anti-capitalistas”, sino para profundizar nuestra propia comprensión de cómo lograrlo.
• La segunda cuestión es qué se entiende por “anti-sistémico”. Sin tener demasiados elementos del uso de este calificativo en México, creo que un problema del término anti-sistémico es que al pensar lo “anti-sistémico” se echa mano a un pensamiento “sistémico”, por expresarlo de alguna manera. Presento mis argumentos a partir de cómo se ha producido la discusión entre lo “sistémico” y lo “anti-sistémico” en otras sociedades de América Latina reinstalando en el debate de la izquierda, bajo formas trasmutadas, la vieja discusión entre “reforma” y “revolución”.
¿Qué es lo antisistémico? Una parte de la izquierda tradicional no electoral -o no únicamente electoral- en Bolivia y en Argentina -hasta donde conozco- ha criticado a los movimientos sociales realmente existentes por no ser contundentemente anti-sistémicos en tanto no proponían explícitamente, según tal izquierda, una forma de sociedad distinta. No importa si las luchas realmente existentes que trastocaron el curso del neoliberalismo -sin superarlo es cierto, o mejor, sin superarlo todavía- en esos países eran protagonizadas por tales movimientos; no importa si la crisis de la democracia procedimental -hoy aparentemente recompuesta, es cierto, o mejor, hoy aparentemente todavía en recomposición- en esos países ocurrió por la energía y capacidad de las acciones de hombres y mujeres organizados de manera variada en múltiples y heterogéneos movimientos sociales…
¿Cómo podemos entender lo “antisistémico”? Por lo general, quienes argumentan desde cánones de pensamiento anclados en los supuestos más rancios de la vieja izquierda radical: necesidad de la toma del poder para, desde ahí, re-organizar a la sociedad de arriba abajo reemplazando los monopolios privados de la riqueza y el poder ahora por monopolios estatales y partidarios de lo mismo; entienden lo “antisistémico” como acción social “consciente”, “explícita”, “organizada y dirigida” por alguna corporación identificable, claramente delimitada, bien estructurada en sus prácticas y mecanismos instituidos internamente y estable en el tiempo. A este tipo de entidad, a principios del siglo XX, se le llamó “partido revolucionario” y durante varias décadas las imprentas de la entonces URSS imprimieron copias del “¿Qué hacer?” de Lenin donde se explicaba cómo armar o componer una estructura tal. Uno de los rasgos comunes a este tipo de organización es que para su composición, se establecen mecanismos de adscripción explícitos fundados claramente en algún criterio de pertenencia: aceptación de unos estatutos, compromiso con una estrategia definida, incorporación en específicos mecanismos de ordenamiento de la acción colectiva, etc. Entiendo que el EZLN es, en parte, una asociación de voluntades estructurada formalmente, rígida en sus prácticas y mecanismos internos: es un Ejército. Pero también comprendo que es un Ejército que no organiza sus acciones, ni define sus pasos a partir de una estrategia de “toma del poder”. En este punto, y si la finalidad es construir una organización política a nivel nacional de izquierda anticapitalista, hay una complejidad que conviene poner a discusión.
Ahora bien, tengo la impresión que el uso del término “anti-sistémico”, que he mencionado arriba, no tiene que ver con lo que el Sub quiere expresar; sin embargo, señalo un problema que está ahí y que quizá contribuya a entender algunos conflictos que surgen con y entre los “potenciales” aliados (y me refiero sobre todo a los partidos y organizaciones “revolucionarias” que entienden la “Revolución” como “toma del poder” por ellos mismos y que desprecian la lucha social real calificándola explícita o implícitamente de pre-política). En otro momento quizá convenga presentar algunas ideas acerca de lo que en otros países se ha entendido por anti-sistémico, o por lucha anti-sistémica. Ya uds. me dirán si vale la pena. Por lo pronto, quisiera seguir con otro problema conexo con la manera en que podemos componer una “organización nacional de izquierda anticapitalista”. En el documento, inmediatamente después de lo anterior, se afirma:

Se necesitaba, se necesita, pensábamos, pensamos, un movimiento que una las luchas en contra del sistema que nos despoja, nos explota, nos reprime y nos desprecia como indígenas. Y no sólo a nosotr@s como indígenas, sino a millones que no son indígenas: obreros, campesinos, empleados, pequeños comerciantes, ambulantes, trabajador@s sexuales, desempleados, migrantes, subempleados, trabajador@s de la calle, homosexuales, lesbianas, transgénero, mujeres, jóvenes, niñ@s y ancian@s

La fragilidad que yo encuentro en esta formulación es la siguiente: en la primera parte del párrafo se habla de la necesidad de “un movimiento que una las luchas en contra del sistema que nos despoja, nos explota, nos reprime y nos desprecia como indígenas”. Sin embargo, en la segunda parte del párrafo se enuncia una lista de quienes no son indígenas y sufren también agresiones por parte del sistema; es decir, no se conserva como idea rectora de la articulación posible la “unificación de las luchas”, sino que al hacer una lista de identidades fijas se abre la puerta a posiciones más preocupadas por la “articulación entre sectores” -tal como el mismo Sub señala que se discutió en una de las reuniones- y a la “administración de movilizaciones de sectores” para fines que, igualmente, comienzan a ser objeto de una disputa exterior a/de los propios “sectores”.
Por aquí, creo yo, se abre la puerta a las dificultades de la construcción de una organización política de izquierda anticapitalista… Esa organización, ¿para qué ha de construirse? ¿quiere o no tomar el poder? Si la respuesta es sí, entonces lo mejor es ir a revisar las experiencias revolucionarias del siglo XX y buscar en ellas elementos. Si la respuesta es no, entonces se abren otra serie de preguntas realmente novedosas. La primera de ellas es, una vez que hemos acordado que el problema a superar es la relación capital-trabajo y la captura sistemática de todo valor de uso por el valor de cambio, cómo podemos romper el aislamiento y la impotencia de cada acción de resistencia y de insubordinación particular, para fortalecernos en común.
En este terreno no tengo ya ni muchas ideas ni muchas experiencias, por lo cual, prefiero resumir, a modo de preguntas, lo que considero más relevante de lo expuesto en estas páginas:
¿Se necesita impulsar una “articulación de luchas” o se necesita construir “una organización nacional de izquierda anticapitalista”? ¿Se perciben estas dos como posibilidades distintas?
¿Se necesitan construir las dos cosas? ¿Consideran que los trabajos para realizar una u otra posibilidad son distintos?
¿En la construcción de lo primero -la articulación de luchas- se dan pasos para construir lo segundo? ¿Se construye primero lo segundo, ie, la organización, y se entiende que en ella se articulan las luchas?
En fin, espero haber podido transmitir mis preocupaciones. Confío en que las considerarán pertinentes.
Un abrazo,
Raquel Gutiérrez Aguilar
México D.F., 1º de octubre de 2006
[1] Presenté, junto con otras compañeras, un documento en esa reunión cuyos argumentos recupero en esta carta.