Vientos del Sur: Ahí viene la Dignidad Rebelde

Abr 28, 2014 Escrito por  Raúl Romero/@cancerbero_mx

Foto: Raúl Romero

México vive actualmente un proceso de neocolonización marcado por el despojo y la represión. Al tiempo que el pueblo mexicano es despojado aceleradamente de sus tierras, recursos y derechos; lo que queda del Estado mexicano se va tornando más autoritario y represivo. Este proceso neocolonial es impulsado por corporaciones trasnacionales que encontraron en las burguesías locales en el poder a su mejor aliado. Ejemplos sobran para explicar este proceso: la reforma energética, la reforma laboral, el auge de los negocios extractivistas, la “guerra contra el narcotráfico”, la criminalización de la protesta social y un largo etcétera[1].

Mientras tanto, una gran parte de las organizaciones y miembros de la sociedad civil hemos perdido la brújula. Sin proyecto alternativo ni programa de lucha, nos hemos enfocado a reaccionar ante las diferentes coyunturas. Miramos el árbol que se seca, pero no nos damos cuenta que el bosque se está incendiando. No es para menos: cuando pensábamos que estábamos mal, vino lo peor (y al parecer aún falta lo más grave).

En este contexto, son los pueblos originarios los que dan la batalla más emblemática en defensa del territorio y de sus derechos. Siguiendo su ejemplo, otros actores han ido extendiendo la resistencia contra el despojo por diferentes puntos del país. Sin embargo, pocas son las iniciativas que cuentan con una madurez programática y democrática como las de los pueblos indios organizados. Ahí están resistiendo y construyendo alternativas en lo que hoy conocemos todavía como Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Sonora, Nayarit, Puebla, Chihuahua, Baja California, Chiapas y más.

En el próximo mes de junio, algunos de estos pueblos se reunirán en territorio del EZLN. Así se anunció en un comunicado firmado por el Subcomandante Insurgente Moisés, quien también informó que se llevará a cabo un homenaje al recientemente fallecido Don Luis Villoro. En el marco de estas reuniones, las organizaciones de los pueblos indios que asistan darán a conocer una “declaración para lo que sigue en la lucha de resistencia contra el despojo”, al mismo tiempo que el EZLN lanzará una “propuesta de iniciativa para toda la Sexta nacional e internacional”.

Las acciones que se anunciarán son la continuación de un proceso que los zapatistas desataron desde el 21 de diciembre de 2012, fecha en la que miles de bases de apoyo salieron a marchar en silencio. Al año siguiente, comenzaron a mostrar al mundo lo avanzado de su proyecto a través de la escuelita.

El anuncio del SCI Moisés ha despertado gran expectativa entre las nuevas redes y colectivos que se han ido conformando durante la escuelita, pero también entre los que siempre estamos a la espera de la palabra de los compas. No es en vano, si alguien tiene experiencia en procesos organizativos que vayan más allá de la coyuntura son precisamente las y los zapatistas. Para muestra, revisemos algunas de las convocatorias lanzadas por ellos y ellas.

Unos días después del estallido de la guerra en Chiapas, el 12 de enero de 1994, una multitudinaria marcha en la Ciudad de México obligó a Carlos Salinas de Gortari a decretar el cese al fuego contra el EZ. Años más tarde, en el 2000, en una carta que el SCI Marcos envió a Pablo González Casanova, escribió lo siguiente:

Entonces, en aquel enero de sangre y pólvora, nosotros tuvimos que decidir cómo debíamos “leer” esa gran movilización. Pudimos haberla “leído” como una manifestación en apoyo a nuestra guerra, como un aval al camino de lucha armada que habíamos elegido; o pudimos haberla leído como una movilización que apoyaba no nuestro método (la guerra), pero sí nuestras demandas, y que se manifestaba contra la represión gubernamental.

Nosotros estábamos aislados, replegándonos a las montañas, cargando a nuestros muertos y heridos, preparando el combate siguiente. Así, lejos, muy lejos, y en esas condiciones, tuvimos que escoger. Y escogimos “leer” que esa gente que salió a las calles estaba contra la injusticia, contra el autoritarismo, contra el racismo, contra la guerra, que estaba por el diálogo, por la paz, por la justicia, por la solución pacífica de nuestras demandas. Eso leímos y eso marcó nuestro andar posterior[2] .

Desde aquel entonces los zapatistas dieron las primeras señales de lo que en adelante sería un rasgo distintivo de su nueva estrategia: la alianza permanente con la sociedad civil.

Con el lanzamiento de la 2da Declaración de la Selva Lacandona, la alianza fue más evidente. En aquel entonces, los neozapatistas convocaron a un Diálogo Nacional por la Libertad, la Democracia y la Justicia que permitiera realizar los cambios profundos que la Nación requería. Insistían en la necesidad de un nuevo sistema político y llamaban a una Convención Nacional Democrática (CND) que se encargaría de establecer un gobierno provisional o de transición, una especie de constituyente del que emanaría una nueva Constitución.

En agosto de 1994 se realizó la primera sesión de la CND. Para dicho encuentro los zapatistas construyeron, en la comunidad de Guadalupe Tepeyac, Chis., un foro en forma de “barco” al que denominaron Aguascalientes. Al evento acudieron más de 7000 representantes de distintas organizaciones y cientos de observadores internacionales. Dicho encuentro se convirtió en uno de los grandes esfuerzos históricos por articular a las izquierdas.

El 1 de enero de 1995, ya con Zedillo como presidente y en plena crisis económica, el EZ lanzó la 3ra Declaración de la Selva Lacandona. Ahí convocaron a los integrantes de la Convención Nacional Democrática y a otros actores a conformar el Movimiento de Liberación Nacional (MLN).

Con motivo del cierre de la Consulta Nacional por la Paz y la Democracia (Julio de 1995), el EZ anunció “una nueva etapa en el diálogo nacional” entre la sociedad. Propusieron a sus simpatizantes formar “Comités Civiles de Diálogo” con el objetivo de “desembocar en la Mesa Civil del Diálogo Nacional”. Los temas serían el “proyecto de Nación”, el “proyecto del Frente Nacional Opositor”, las “nuevas relaciones políticas entre organizaciones, gobierno y ciudadanos y una nueva relación de la Nación con los indígenas” y la “creación de una nueva fuerza política independiente con base en el EZLN”.

El 1 de enero de 1996, el EZLN lanzó la 4ta Declaración de la Selva Lacandona. A las exigencias de  techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, justicia, libertad y paz agregaron las de comunicación e información. Proponían la conformación del Foro Nacional Indígena, resultado de las alianzas tejidas con otros pueblos originarios durante el proceso de diálogo. También anunciaron la formación de una nueva fuerza política nacional: el Frente Zapatista de Liberación Nacional, “organización civil y pacífica, independiente y democrática, mexicana y nacional, que lucha por la democracia, la libertad y la justicia en México”. Al mismo tiempo lanzaron la 1a Declaración de la Realidad: Contra el Neoliberalismo y por la Humanidad, en la que convocaron al Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo.

La 5ta Declaración de la Selva Lacandona vino en julio de 1998. En ella convocaron a la realización de la Consulta Nacional sobre la iniciativa de Ley Indígena que había elaborado la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa). La Consulta fue organizada principalmente por el Congreso Nacional Indígena y organizaciones civiles solidarias.

Con la salida del PRI y la llegada de Vicente Fox a la Presidencia, los zapatistas lanzaron una nueva iniciativa. En esta ocasión, convocaron al Congreso Nacional Indígena (CNI) y a la sociedad civil a una gran movilización al Congreso de la Unión para “exigir reconocimiento constitucional de los derechos y cultura indígena, de acuerdo con la iniciativa de la Cocopa”. La movilización fue encabezada por 27 integrantes del EZLN, representantes de las etnias tzotzil, tzeltal, tojolabal, chol, zoque y mame. El objetivo era ocupar la máxima tribuna del Congreso para hablarle a los legisladores y argumentar a favor de la “Ley Cocopa”.

La Marcha del color de la Tierra desató pasiones y debates. La movilización duró 37 días, se recorrieron 6 mil kilómetros y se realizaron 77 actos públicos en 12 estados del país. El 11 de marzo, cuando el contingente llegó a la Ciudad de México, miles de personas inundaron las calles. En la opinión pública, intelectuales y políticos de todas las ideologías discutían sobre si la delegación zapatista tenía derecho a usar o no la máxima tribuna de San Lázaro. Memorable y representativa de la opinión conservadora fue la posición del dirigente de la bancada panista Diego Fernández de Ceballos, quien calificando de “indios calzonudos” a los zapatistas, se negaba a que ocuparan la máxima tribuna en el Congreso.

 Luego de numerosos debates y gracias a la presión generada por la sociedad civil, los zapatistas pudieron dirigir sus mensajes a los legisladores el 28 de marzo. No iban solos, estaban acompañados de representantes de los pueblos indígenas, integrantes del CNI e invitados internacionales. En las afueras de San Lázaro, decenas de miles acudieron a manifestar su solidaridad.

En 2001, la clase política de México puso un eslabón más en la cadena de desprecio contra los pueblos indígenas. En aquel año aprobó una contrarreforma que violaba la mayor parte de los acuerdos de San Andrés Sacamchem de los Pobres. Consolidada la traición, en agosto 2003 el EZLN se dio a la tarea de ejercer su autonomía de facto, por medio de la creación de las Juntas de Buen Gobierno y de los Caracoles Zapatistas.

La 6ta Declaración de la Selva Lacandona, lanzada en 2005, presentó el camino recorrido por el EZLN, pero también ofreció una lectura de la situación nacional y mundial. La Sexta no sólo se integró por un  balance, sino que vino acompañada de una propuesta organizativa encaminada a generar “un acuerdo con personas y organizaciones mero de izquierda” para construir un programa de lucha anticapitalista y antineoliberal. Si bien el zapatismo ya había marcado una diferencia abismal con los partidos políticos luego de la traición de 2001, con la Sexta y La Otra Campaña se hizo evidente que la ruta de acción implicaba luchar contra toda la clase política sin distinción. En 2006 el proceso organizativo y de construcción del programa, que implicaba un recorrido nacional, fue interrumpido por  la brutal represión contra el pueblo de Atenco.

Las reuniones e iniciativas organizativas que ha lanzado el EZLN a los pueblos indios y la sociedad civil a lo largo de 20 años de resistencia pública son múltiples y con diferentes objetivos. Cada una de ellas ha tenido un gran impacto en la vida política nacional e internacional. Por otra parte, dichas iniciativas han globalizado la esperanza y la rebeldía, siendo el mejor ejemplo de ello las redes de solidaridad que se han construido con intelectuales y organizaciones indígenas y no indígenas de todo el mundo.

El andar del EZ, su experiencia milenaria y la alternativa que han construido les ha dotado de una visión profunda sobre lo que acontece en el país. De igual forma, su carácter anticapitalista y sus variadas relaciones con intelectuales, activistas y otras organizaciones les permite tener un mapeo completo del estado actual del despojo y de las resistencias. Estemos atentos a lo que nos propongan el próximo mes de junio. Vayamos con el corazón abierto y con la disposición para seguir caminando. Se aproxima un nuevo tiempo para la Dignidad Rebelde.


[1] En un trabajo anterior con Anaid Campos Nájera desarrollamos este argumento. Ver:  La Unidad Popular frente a la recolonización de México
[2] SCI Marcos. (2000) “Saludo a Pablo González Casanova: por la liberación de todos los universitarios presos” [en línea]. Chiapas, febrero. Tomado del sitio electrónico Cartas y Comunicados del EZLN. Disponible en  http://palabra.ezln.org.mx/comunicados/ [Consulta: 19 de marzo de 2013].

Paulo Freire y el Subcomandante Insurgente Marcos

EZLN_by_Mikele

“El Sub es todo lo que incomoda al poder y a las buenas conciencias. Pero es fruto también de una experiencia colectiva, un Votán nosótrico del Mandar Obedeciendo”.

http://desinformemonos.org/2014/03/paulo-freire-y-el-subcomandante-insurgente-marcos/

Miguel Escobar Guerrero

 

A la memoria de don Luis Villoro (1922-2014)

A Fernanda Navarro

Al equipo/colectivo, “La lectura y construcción de la realidad

en el aula. Pensar la práctica para transformarla”.[1]

No hay placer más grande que caer hacia arriba…

Sombra, el guerrero.

Con la lectura de mis primeros libros de literatura –Crimen y castigo, La Peste, La madre, Los Miserables, El principito…– otra mirada abrió mis ojos para leer el mundo en el contexto de la violencia colombiana de los años 60s y 70s. Con esa mediación fui construyendo el gusto por pensar lo que hoy denomino mi praxis. Estudié primero filosofía, posteriormente educación y finalmente me especialicé en psicoanálisis sociopolítico.

Durante mis estudios de filosofía me confronté con algunos principios filosóficos como: Pienso luego existo (Cogito ero sum), Descartes; La existencia precede la esencia, Sartre y Camus; Los filósofos sólo han pensado el mundo: ahora es necesario transformarlo, Marx; El capitalismo determina la existencia. Y, actualmente, en el Siglo XXI, teniendo presente el Yo me rebelo, por lo tanto nosotros somos (“Je me révolte, donc nous sommes) de Albert Camus, fui descubriendo el significado profundo de la filosofía maya ignorada, principalmente por la mayoría de pensadores etnocentristas y occidentales que había estudiado.

Desde la ociosa reflexión de Descartes, señala el Subcomandante Insurgente Marcos, la teoría de arriba insiste en la primacía de la idea sobre la materia. El “pienso, luego existo” definía también un centro, el YO individual, y a lo otro como una periferia que se veía afectada o no por la percepción de ese YO: afecto, odio, miedo, simpatía, atracción, repulsión. Lo que estaba fuera del alcance de la percepción del YO era, es, inexistente.

Así, el nacimiento de este crimen mundial llamado capitalismo es producto de la máquina de vapor y no del despojo. Y la etapa capitalista de la globalización neoliberal arranca con la aparición de la informática, el internet, el teléfono celular, el mall, la sopa instantánea, el fast food; y no con el inicio de una nueva guerra de conquista en todo el planeta, la IV Guerra Mundial.

Como es costumbre en todo invasor –ya sea colonial, neocolonial y/o criminal– actualmente con la globalización neoliberal, imperialista,[2] la historia, la cultura, la filosofía del pueblo invadido es ignorada, violada, violentada y negada para imponer la suya y, en especial, para justificar el robo de las riquezas del pueblo invadido e imponer su cosmovisión: un pensamiento único, su dios único, su cultura de la violencia lo que, a su vez, representa e impone, un pensamiento dualista e individualista para ir introyectando, como lo estudio Paulo Freire, la Sombra del opresor.

La sombra del opresor – del Jefe del poder económico, político, hegemónico del gran capital– se sigue introyentando actualmente con la violencia filicida de ese poder que no acepta el hijo/a rebelde, a quien no se somete a sus dictámenes: que no se convierte en simple mercancía. La utilización del poder de los medios de difusión mercantiles, que acompaña la violencia, es de gran importancia para atacar el inconsciente y silenciar la palabra con dobles mensajes, verdades a medias justificando el castigo a quien no se someta pero, en su perversión, llevando al enfrentamiento fratricida como de forma magistral podemos observarlo y analizarlo en la película “Los juegos del Hambre” (The Hunger Games, USA, dirigida por Gary Ross). La sombra del opresor, como traición o culpa indebida, se convierte en deseo de muerte y la deshumanización se entrelaza con deseos de eliminación parricida, fratricida y suicida. Y, esa sombra trabaja la vida emocional expresándose, con teorías, ideologías, normas y leyes que justifican la violencia física y emocional. Otro excelente ejemplo fílmico, para observar y analizar distintas formas de introyección, lo encontramos en “12 Años Esclavo” (12 Yeras a Slave, USA, dirigida por Steve McQueen).[3] Entre los análisis de Freire al respecto podemos citar:[4]

“No existirían oprimidos si no existiera una relación de violencia que los conforma como violentados, en una situación objetiva de opresión […] ‘La cultura del silencio’, que se genera en la estructura opresora, y bajo cuya fuerza condicionante realizan su experiencia de ‘objetos’ necesariamente los constituye de esta forma […] Todo acto de conquista implica un sujeto que conquista y un objeto conquistado, que pasa, por ello, a ser poseído por el conquistador. Este a su vez, imprime su forma al conquistador quien al intoyectarla se transforma en un ser ambiguo. Un ser que como ya hemos señalado, ‘aloja’ al otro”.

Pero, algunos pueblos tojolabales en particular, y de cultura maya en general, fueron aprendiendo a organizarse primero contra la invasión colonial y, actualmente, contra el capitalismo neoliberal: siguieron pensando y caminando, cuando fue posible, sus modos de producción y relaciones de producción, con su historia, cultura y educación, en el aprendizaje de la nosotridad.[5]

Surge otra temática al enfocar la intersubjetividad y el nosotros dese una perspectiva distinta. La realidad de los dos conceptos, nos sólo interpela la sociedad occidental desde varias perspectivas, sino que puede atraer a muchas personas hacia una democracia participativa, tan lejana de la democracia electoral practicada en occidente […] La intersubjetividad, en cambio, representa, por decirlo así, un primer escalón en la dirección hacia el organismo nosotrico, pero sin haberlo logrado aún […] Es una consideración que puede tener validez en el sentido de que el nosotros puede implicar vinculaciones de intersubjetivas, pero no viceversa. Es decir, las relaciones intersubjetivas son los primeros pasos hacia el nosotros organísmico sin realizarlo, porque todavía no hemos establecido el organismo nosótrico que representa la meta, pero todavía falta desnudarnos del ropaje individualista que nos frena y atemoriza de lanzarnos en e mundo del nosotros.

Para los pueblos tojolabales no existen conceptos como enemigo y, enseñan y aprenden, sabiendo primero respetar y escuchar al otro/a, a no juzgar sino entender para emparejarse en pensamiento y acción, lo que da sentido a un sujeto colectivo, desde el que se constituye el sujeto individual y no lo contrario.

Ese caminar nosótrico se fue convirtiendo en Digna Rabia, fuerza colectiva del “Para todos todo, para nosotros nada”: camino de lucha por el respeto al diferente, por otro sentido de la vida, lejos del individualismo, del “sálvese quien pueda” y que juntando dignidad y justa rabia conforma su capacidad de organización. El alzamiento zapatista es contra el olvido, por la memoria histórica. Pero, fue hasta el primero de enero del 1994 cuando comenzamos a fijarnos en ese grito callado, milenario de “la cultura del silencio” (Freire), que guerrero y rebelde, recordó al mundo entero que ya no se estaba dispuesto a seguir siendo desecho y objeto de explotación, despojo, desprecio y represión: que estaban en contra de ese pensamiento individualista, cartesiano y dualista que se impone con la violencia del Yo soy para que tu no seas: pienso luego no existes.

El ¡Ya basta! fue emergiendo, entonces, desde el sótano de la historia, se hizo camino, primero con fuego, para convertirse luego en esa flor de la palabra que camina sembrando la semilla de la esperanza en la lucha y no en la pura espera: “Esta es nuestra palabra sencilla –nos dicen los y las zapatistas– que busca tocar el corazón de la gente humilde y simple como nosotros”. Así el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, EZLN, pronunció su palabra:

“Enero de 1994… recordó al país entero la existencia de este sótano. Miles de indígenas armados de verdad y fuego, de vergüenza y dignidad, sacudieron al país del dulce sueño de la modernidad. “¡Ya basta!” grita su voz, basta de sueños, basta de pesadillas […] Con sangre indígena quieren lavar su orgullo de servir al poderoso, de ser cómplices en el injusto reparto del dolor y la pobreza. Los indígenas zapatistas con sangre pagarán su pecado. ¿Cuál? El de no conformarse con limosnas, el de insistir es sus demandas de democracia, libertad y justicia”.

Para Paulo Freire en la construcción del pensamiento no existe, en sentido estricto, el yo pienso sino el nosotros pensamos en un devenir en donde la lectura del mundo es anterior a la lectura de la palabra. Para él:

“Toda lectura de la palabra presupone una lectura anterior del mundo, y toda lectura de la palabra implica volver sobre la lectura del mundo, de tal manera que leer mundo y leer palabra se constituyen en un movimiento en donde no hay ruptura, en donde uno va y viene. Y leer el mundo junto con leer palabra en el fondo para mí significa reescribir el mundo”.

Pensar el mundo para transformarlo es pronunciarlo colectivamente: “No hay palabra verdadera –señala Freire– que no sea una unión inquebrantable entre acción y reflexión y, por ende, que no sea praxis. De ahí que decir la palabra verdadera sea transformar el mundo”, ese mundo de la opresión que debe destruirse, superando la sombra del opresor introyectada.

“Mi rabia, mi justa ira, -escribe Freire– se funda en mi revuelta ante la negación del derecho de “ser más” inscrito en la naturaleza de los seres humanos. Por eso, no puedo cruzarme de brazos, en plan fatalista, ante la miseria […] El sistema capitalista alcanza en el neoliberalismo globalizante el máximo de eficacia de su maldad intrínseca”.

Es necesario reconstruir nuestra forma de razonar para poder pronunciar un mundo donde no será la soberbia del Yo pienso sino la dignidad rebelde del Nosotros pensamos y sentimos –todo tiene corazón dicen los/as zapatistas: corazonar lo nombran– la que nos ayudará a destruir el sistema capitalista, a transformar las relaciones de explotación, a participar en la creación de otro mundo: otros modos de producción y otras relaciones de producción.

Los primeros escritos de Freire me ayudaron a volver sobre la memoria histórica de mi praxis: mi trabajo como profesor, mi participación en grupos de estudios literarios y mi coordinación constante de formación de grupos de base, o sea, de reflexión educativa y política. Pero, esos textos freirianos cobraban una fuerza especial en el ejemplo de Camilo Torres, el cura guerrillero, el Che Guevara y la figura de Salvador Allende.

Un punto central en mi formación fue la participación como representante de mi Facultad de Filosofía en una de las huelgas universitarias colombianas, consecuencia del 68 francés, que me sumió entre la esperanza en la lucha y en el dolor, al recibir primero, información sobre la masacre de estudiantes en México y, posteriormente, de la muerte de Salvador Allende. Acontecimientos que marcaron mi vida. La Pedagogía del oprimido fue convirtiéndose, digamos entonces, en una especie de manual de rebeldía revolucionaria. Freire como pensador de su práctica, más que de teorías nos proponía una pedagogía para trabajar con los/as desarrapados del mundo –nunca para y sin ellos– teniendo claridad que dentro de la perversión capitalista ningún partido político podía representar a los y las desarrapadas del mundo y que era necesario prepararnos de otra forma para reinventar una sociedad que se construya de abajo hacia arriba. Sueño que se abrió camino en las comunidades mayas zapatistas.

Después de salir de mi país, 1974, conocer y trabajar con Paulo Freire en Ginebra, Suiza y en São Tomé y Príncipe, África, llegué a México, 1978 y logré reinventar su praxis de educación popular en el espacio universitario del salón de clases. Y, en ese proceso, en el momento que leía la Pedagogía de la Esperanza. Un reencuentro con la Pedagogía del oprimido, me encontré frente a pronunciamiento zapatista del primero de enero del 1994. Como Dirección Colectiva, su palabra se expresaba en la voz del vocero del EZLN – Voltán/guardian de la praxis nosotrica– y comencé a familiarizarme con el Subcomandante Insurgente Marcos. Esa palabra se ha ido presentando, hasta hoy principalmente, en “Seis Declaraciones de la Selva Lacandona”. ¿Contra qué y quien luchar?!

El capitalismo es un sistema social, o sea una forma como en una sociedad están organizadas las cosas y las personas, y quien tiene y quien no tiene, y quien manda y quien obedece. En el capitalismo hay unos que tienen dinero, o sea capital y fábricas y tiendas y campos y muchas cosas, y hay otros que no tienen nada, sino que sólo tienen su fuerza y su conocimiento para trabajar; y en el capitalismo mandan los que tienen el dinero y las cosas, y obedecen los que nomás tienen su capacidad de trabajo […] Y, además de explotar y despojar, el capitalismo reprime porque encarcela y mata a los que se rebelan contra la injusticia. Al capitalismo lo que más le interesa son las mercancías, porque cuando se compran y se venden dan ganancias. Y entonces el capitalismo todo lo convierte en mercancías, hace mercancías a las personas, a la naturaleza, a la cultura, a la historia, a la conciencia.

[…]

Y entonces resulta que el capitalismo de ahora no es igual que antes, que están los ricos contentos explotando a los trabajadores en sus países, sino que ahora está en un paso que se llama Globalización Neoliberal. Esta globalización quiere decir que ya no sólo en un país dominan a los trabajadores o en varios, sino que los capitalistas tratan de dominar todo en todo el mundo. Y entonces al mundo, o sea al planeta Tierra, también se le dice que es el “globo terráqueo” y por eso se dice “globalización” o sea todo el mundo […] Entonces el que hace la conquista, el capitalismo, hace como quiere, o sea que destruye y cambia lo que no le gusta y elimina lo que le estorba.

[…]

Y así en general, nosotros vemos que en nuestro país, que se llama México, hay mucha gente que no se deja, que no se rinde, que no se vende. O sea que es digna. Y eso nos da mucho contento y alegría porque con toda esa gente pues no tan fácil van a ganar los neoliberalistas y tal vez sí se logra salvar a nuestra patria de los grandes robos y destrucción que le hacen. Y pensamos que ojalá nuestro “nosotros” incluyera todas esas rebeldías…

El Subcomandante Insurgente Marcos apareció como el Jefe Militar del EZLN, su preparación antes de encontrarse con las comunidades zapatistas, en tanto que licenciado en filosofía en nuestra FFyL de la UNAM y estudioso de comunicación, como profesor en otra universidad, la UAM-Xochimilco, lo había llevado a formarse teórica y militarmente en la misma historia de la lucha de otros guerreros como Villa y Zapata. Pero, cuenta la memoria de ese Votán que cuando llegó a la Selva Lacandona, con un grupo de guerrilleros, quienes llevaban más de 500 años de lucha y resistencia, les propusieron dejar al lado primero ese saber teórico maoísta, guevarista, castrista y quedarse para aprender primero de esa historia milenaria de lucha, resistencia, dolor y muerte para, posteriormente, posiblemente, enseñar algo. Así, el ahora SubMarcos (además del Comandante Pedro quien murió el 1 de enero de 1994) aceptó ese desafío y fue aprendiendo a Mandar Obedeciendo escuchando para emparejarse y hacer suyas las órdenes del Comité Clandestino Revolucionario Indígena, Comandancia General del EZLN que, a su vez, obedecía y obedece las órdenes de las comunidades zapatistas y que fueron quienes decidieron la guerra contra el mal gobierno, contra el olvido y por la Digna Rabia.

Mi encuentro, entonces, con el SubMarcos, vocero del EZLN, me envolvió en esa praxis revolucionaria que construía la palabra y la acción –como Freire lo demandaba– con las y los sin rostro. La praxis zapatista llenaba de realidad a la Pedagogía del oprimido y a la Pedagogía de la esperanza –camino hacia la última propuesta pedagógica freiriana, La pedagogía de la autonomía. La guerra contra el olvido me permitió pensar mejor mi praxis en el Colegio de Pedagogía de la FFyL e ir enseñando–aprendiendo, principalmente, a incluir a las y los estudiantes en la propuesta de pensar su práctica educativa. Y, así, tuve que ir bajando de mi estatus de Autoridad, muchas veces autoritaria, e ir construyendo una Autoridad Colectiva, a la luz de la experiencia zapatista.

Pero es importante tener presente que la mayoría de estudiantes que se inscriben en mis cursos vienen con una formación dentro de la Educación bancaria y que nuestra propuesta es la participación en la construcción de una Educación concientizadora/emancipadora. De ahí, la importancia de observar y estudiar, entre otras cosas, el conflicto permanente entre Autoridad y Libertad pero, analizarlo desde la práctica misma y no quedarnos en la teoría: la autoridad que niega la libertad, dice Freire, se convierte en autoritarismo; pero la libertad que niega la autoridad deviene en libertinaje. El estudio de este proceso educativo se fue haciendo más fácil con la creación de nuestra propuesta metodológica, La metodología para el rescate de lo cotidiano y la teoría en el aula, mrcyt. Metodología, como camino epistemológico, ideológico y político –nunca un modelo–, que ha permitido, como se puede constatar en los trabajos presentados por estudiantes en este VIII Seminario Freiriano Internacional, que los/as estudiantes emergen como sujetos para leer, pensar y transformar la práctica. Las luchas sociales, de organización y resistencia en las comunidades zapatistas, posibilitaban, entonces, otra mirada para repensar y aprender a pronunciar nuestra praxis educativa. Pero, nuestra propuesta, como dicen los zapatistas es tan sólo una experiencia y quienes participan en ella tienen todo el derecho y la posibilidad de pensar y actuar de otra forma, sólo exigimos respeto y, en lo posible, coherencia en la capacidad de autocrítica. Las referencias teóricas para pensar nuestra praxis las hemos identificado en cuatro enfoques: Freire, EZLN, Psicoanálisis sociopolítico y Pedagogía Erótica. Pero, teniendo presente siempre que no existe una sola forma de analizar y construir la realidad sino distintas formas de aproximarse a ella.

El SubMarcos fue emergiendo como ese personaje, “sin rostro” y “sin historia” que pronunciaba el mundo con esos/as desarrapados dispuestos a vivir y morir y que nos invitaban a mirarnos detrás del símbolo de su pasamontañas para dar vida a esa palabra vacía, dogmática, a histórica: herencia de la educación bancaria. En la poesía revolucionara del Votán zapatista seguimos aprendiendo que:

No morirá la flor de la palabra…

Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la Tierra, ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.

Nosotros nacimos de la noche: en ella vivimos; moriremos en ella.

Pero la luz, será mañana para los más: para todos aquellos que hoy

lloran la noche; para quienes se niega el día;

para quienes es regalo la muerte; para quienes

está prohibida la vida.

Para todos, la luz; para todos todo.

Para nosotros la alegre rebeldía. Para nosotros nada.

El SubMarcos logró sumergirse en la cultura indígena, formar parte de ella y como Jefe Guerrero encontró una forma de hacernos entender –a quienes vivimos en la selva de la llamada modernidad– la Digna Rabia, a través de distintos personajes con la intención de darnos a conocer y comprometernos en la lucha de resistencia y organización con los/as Nadies: “Si nada queda de estas páginas –escribe Freire al terminar la Pedagogía del oprimido– esperamos que por lo menos algo permanezca: nuestra confianza en el pueblo. Nuestra fe en los hombres y en la creación de un mundo en el que sea menos difícil amar”.

Así, el Sub nos comparte, entre otros, cuatro personajes, el viejo Antonio, don Durito, Elías Contreras y, Sombra, el guerrero. Personajes que buscan explicar de otra forma, la guerra de baja intensidad, cotidiana en la crueldad filicida y fratricida del mal gobierno. Al traer esos personajes al salón de clases al proyecto colectivo de investigación “La lectura y construcción de la realidad en el aula. Pensar la práctica para transformarla” permitieron, a profesor/colectivo y estudiantes, cuestionar, entre otras cosas, esa relación entre Autoridad y Libertad. Así nuestro andar freiriano se fue haciendo también zapatista y ha sido más viable con la aparición del equipo/colectivo que hoy camina conmigo, aprendiendo mutuamente a construir, en lo posible, una Dirección Colectiva en el salón de clases.

Y, esos personajes del Sub, como en la obra de teatro de Pirandello –que modificó las reglas del teatro–, Seis personajes en busca de autor, buscan un “autor”: la sociedad civil, “capaz de convertir su vida en eterna experiencia”[6], para que puedan ser representadas sus luchas a favor de un mundo más humano, de un mundo en donde quepan muchos mundos. Los personajes del Sub, y el mismo Sub, nacieron en la ceiba de una montaña, protegidos por las intimidades de la noche, en el seno de la Selva Lacandona, entre los hombres y las mujeres montaña: los que de la noche vienen para contarnos las pesadillas de la miseria y del desprecio, para hablarnos del rincón del olvido a donde fueron relegados, sin contar si siquiera con un techo digno en donde pudieran guardar sus penas y que, por ello, decidieron un buen día, taparse el rostro para tener rostro, taparse el rostro para que la sociedad tuviera rostro y hacerse soldados para que un día ya no existan los soldados.

“El peligro de l@s diferentes está en que luego les da por parecerse mucho entre sí”.

“No basta con enterrar al capitalismo, hay que sepultarlo boca abajo.

Para que, si se quiere salir, se entierre más”.

Don Durito de la Lacandona

Don Durito, hizo del Sub su escudero, siendo un caballero andante por la justicia y la libertad luchando contra el neoliberalismo y por la humanidad. Nos dice, entre muchas otras cosas que la libertad es como el mañana: hay quienes esperan dormidos a que llegue, pero hay quienes desvelan y caminan la noche para alcanzarla: las/os zapatistas son los insomnes que la historia necesita.

Don Durito representa un escarabajo. Don Pablo González Casanova se refiere a él como un personaje que “representa la parte buena de la cultura occidental, en sus utopías y sus sueños y que, a diferencia del cuento de Kafka en que un hombre se convierte en escarabajo, Durito es un escarabajo que se convierte en caballero andante”. Don Durito es la parte intelectual y radical del Sub, un ser que convive con la madre tierra y sabe que ella es atacada por el capitalismo de guerra. Don Durito estudia la globalización neoliberal y sabe que “en la globalización los globos se revientan”. Y con su escudero, el Sub, sabe también que estamos enfrentando “La cuarta guerra mundial”, donde, entre otras perversiones, la realidad virtual se ha impuesto sobre la realidad real. Esa psicosis, donde quienes son poder decidieron que el rojo es azul, o sea, confundir e inmovilizar a la sociedad. Al tergiversar la realidad se está atacando el pensamiento para decir que la realidad virtual es la realidad real, camuflando sus verdaderas intenciones, la que siguen los dictámenes del mercado global y se impone actualmente con la “Cuarta Guerra Mundial” del capitalismo contra la humanidad. La Tercera Guerra Mundial o Guerra Fría, dice el Sub, abarca de 1946 (o, si se quiere, desde la bomba de Hiroshima, en 1945) hasta 1985-1990.

Sólo el propio león podrá derrotar al león

El viejo Antonio

El Viejo Antonio representa el encuentro del SubMarcos con la cultura indígena. El sabio Antonio es el maestro del Sub, por medio de él llega a la simbología de toda la cultura indígena para lograr el reencuentro del ser humano con su memoria histórica, con su dignidad, con su caminar escuchando y emparejándose con el diferente, para romper con el miedo y lanzarse a la construcción de un mundo donde quepan muchos mundos, abajo y a la izquierda. Una memoria histórica que, aunque muere, siempre germina para hacerse Digan Rabia. El viejo Antonio dice don Pablo González Casanova “representa la memoria histórica de los pueblos mayas y también la autocrítica de sus propios dioses y de un pasado que no se toma como el único admirable, que es un antes para poder ir más lejos en el después”.

En la historia de lucha del Subcomandante Insurgente Marcos, como guerrero y expresión nosótrica, muchas cosas se han dicho, omitido, olvidado, tergiversado, tanto desde el pensamiento individualista occidental y etnocentrista como desde la ideología de izquierda y de derecha-centro. Además, de la difusión tergiversada cotidiana en los medios de difusión de paga. Sin embargo, lejos de poner en él una vanguardia revolucionaria, su creatividad, claridad teórica, ideológica, política, siendo colectiva ha hecho camino con los/as sin retorno: las luchas de resistencia y organización tienen que conquistarse en cada praxis donde no es posible dejar de lado la dirección colectiva del Mandar Obedeciendo, que conlleva la responsabilidad individual.

Sin erotismo no es posible la utopía. Y esta es la expresión del deseo que, consciente e inconscientemente, constituye el placer más alto del erotismo de Eros, de esa Digna Rabia que busca vencer al erotismo de Tánatos dominante en la guerra constante del capitalismo corporativo. Por ello, quiero compartir con ustedes parte del canto IX del libro del Subcomandante Insurgente Marcos, Noches de fuego y de desvelo: danza de palabras/versos/prosa que caminan su propuesta erótica de lucha por la vida: ventana, salto al vacío del deseo, la esperanza, la traición y la desventura, las angustias y la penas, placeres y sonrisas… invitación a navegar nuestro corazonar sabiendo identificar el faro que alumbra la utopía: la Nosotridad que le da sentido a Sombra, el guerrero.

Ni un gesto como respuesta.

Sombra imagina dudas que, en el corazón de ella, toca a él disipar.

Un mar de viento y lluvia ha iluminado la noche que camino. Firme en el timón, espero el faro de vuestras letras para salvarme y salvaros.

Vamos marinera mía. Venga a andar el deseo con el capitán tomándole la mano. Venga, vamos, deje usted pendientes las angustias y las penas que se le hacen mar en la mirada. Venga con el capitán, marinera clara. Venga y volvamos al nosotros.

Volvamos al ansia que, de día toma mi mano y de noche mi paso, para escribiros

[…]

Este tiempo no me permite nada, marina esperanza, ni un suspiro siquiera, bailo bailando la danza de la vida en el filo de la muerte, corre a la inversa el reloj de la vida, acechan la traición y la desventura.

No hay mañana, noche marinera, tengo el rostro, el nombre y el pasado amordazados, el futuro me fue negado, vivo el presente como viven los auténticos guerreros: en un suspiro y de prestado.

Todo pido, agua marina, el alma entera.

Sin su cuerpo junto al mío vuelven mis huesos y mis carnes a la

única compañía que acepta sin condición: la tierra”.

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Viene usted?

Sea. Tome mi mano, cierre los ojos y sonría.

Lo verá usted: no hay placer más grande que caer hacia arriba…

Nos corresponde a cada uno/a de nosotras y nosotros ubicar nuestra pequeñas y grandes luchas. Pero no estamos solas ni solos, están, primero las comunidades zapatistas, hoy con el regalo de la Escuelita donde nos enseñan: “la libertad según los zapatistas”. Y junto con ellos y ellas, profesores/as, estudiantes, pensadores de teorías, palabras, acciones y, grandes trabajadores de los medios de información alternativos que nos ayudan, como buenos mediadores a prepararnos cada día mejor para leer la realidad y pronunciar nuestro mundo. Por citar sólo algunos y algunos: Luis Villoro, Pablo González Casanova, Comándate Tacho, Comandanta Ester, Subcomandante Insurgente Moisés, Gustavo Esteva, Fernanda Navarro, Carlos Aguirre Rojas, Sergio Rodríguez Lazcano, Hermann Bellinghausen, los Comités nacionales e internacionales de solidaridad con los pueblos zapatistas en lucha y, permítanme citar a nuestra invitada especial al VIII Seminario Internacional Freiriano, Gloria Muñoz. Su presencia como luchadora social es la esperanza hecha lucha, flor de lo posible en el camino hacia otro mundo donde quepan muchos mundos.

Y, para finalizar este escrito, nada mejor que compartir con ustedes el pronunciamiento de los/as Votanes/Vatanas zapatistas que nos dan su palabra en una revista, “Rebeldía Zapatista. La palabra del EZLN” que, en su primer editorial, el otro Subcomandante, el Subcomandante Insurgente Moisés, nos introduce las voces zapatistas:[7]

“Las zapatistas y los zapatistas que somos, rebeldes en nuestra patria mexicana, porque somos amenazados de destrucción junto con nuestra madre tierra, debajo del suelo y por encima de nuestro suelo, por los malas personas ricos y malos gobiernos, que todo lo que ven piensan en convertir en su mercancía, que se llaman capitalistas neoliberales […] Por eso nos levantamos en contra de este sistema, el amanecer del primero de enero del año 1994.

[…]

Ya llevamos 30 años de construcción de como pensamos vivir mejor, está a la vista del pueblo de México y del mundo. Humilde pero sanamente decidido por los pueblos de decenas de miles de mujeres y hombres, de cómo queremos gobernarnos autónomamente […] Nada oculta lo que estamos haciendo, que lo que buscamos, lo que queremos, está a la vista.

[…]

Estamos compartiendo a los compañeros y compañeras de México y del mundo nuestro humilde pensamiento de un mundo nuevo que pensamos y queremos.

Por eso lo vimos y pensamos de hacer la escuelita zapatista.

Donde se trata de libertad y de construcción de un mundo nuevo distinto a como nos tienen los capitalistas neoliberales […] Trabajamos la escuelita para que vaya mucho más lejos las palabras de las compañeras y compañeros bases de apoyo zapatista, miles y miles de kilómetros y no como nuestras balas del amanecer de enero del año 1994 que apenas llegaron unos a 50 metros, otros 100 metros y quizás otros a 300 o 400 metros de distancia, esto de la escuelita cruza mares, fronteras y espacios a la hora de volar a ustedes compañeras, compañeros.

Así como ustedes han platicado o publicado lo que vivieron, escucharon y vieron en nuestras tierras zapatistas, aquí pueden leer cómo los vimos y escuchamos quienes levantamos la bandera de la REBELDÍA ZAPATISTA.

Subcomandante Insurgente Moisés

México, enero del 2014. A veinte años del inicio de la guerra contra el olvido.

A cada uno y una la responsabilidad de pronunciar su mundo, nuestro mundo con o sin ese personaje nosótrico que es SubMarcos, pero siempre con las y los desarrapados del mundo: contra el neoliberalismo y por la humanidad.

El Subcomandante Insurgente Marcos es quien, desde la hora primera de la larga noche en que los indígenas morían, recogió su dolor y su olvido. Él era y no era de esas tierras, en su boca hablan los muertos y en su voz camina la palabra de la dignidad indígena. “Es y no es en estas tierras: Votán Zapata, guardián y corazón del pueblo. Votán Zapata, luz que de lejos vino y aquí nació de nuestra tierra. Votán Zapata, tímido fuego que en nuestra muerte vivió 501 años. Votán Zapata, nombre que cambia, hombre sin rostro, tierna luz que nos ampara. Vino viniendo Votán Zapata. Estaba la muerte siempre con nosotros. Muriendo moría la esperanza. Viniendo vino Votán Zapata. Nombre sin nombre […] Tomó nombre en nuestro estar sin nombre, rostro tomó de los sin rostro, cielo en la montaña es […] Con este nombre son nombrados los sin nombre […]”. En fin, el Sub es un ser humano cualquiera en este mundo: él es todas las minorías intoleradas, oprimidas, resistiendo y diciendo “¡Ya basta!”. El sub es todo lo que incomodan al poder y a las buenas conciencias. Pero el Sub es fruto también de una experiencia colectiva, un Votán nosótrico que Mandar Obedeciendo. Como lo señala él mismo:

Se los digo con ese corazón en la mano: en el zapatismo, el de la mirada no es un privilegio individual sino colectivo.

Y les agrego que en nuestra mirada mirándolos a ustedes, ha habido siempre el esfuerzo por tratar de entenderlos, no de juzgarlos.

Ummmh… si cada uno/una tan solo lográramos construir una DIRECCIÓN NOSÓTRICA…

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

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[1] (http://www.lrealidad.filos.unam.mx/)

[2] Subcomandante Insurgente Marcos,  “ALGUNAS TESIS SOBRE LA LUCHA ANTISISTÉMICA” en “Ni centro ni periferia”: Coloquio Andrés Aubry: (http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2007/12/13/conferencia-del-dia-13-de-diciembre-a-las-9).

UNO.- No se puede entender y explicar el sistema capitalista sin el concepto de guerra. Su supervivencia y su crecimiento dependen primordialmente de la guerra y de todo lo que a ella se asocia e implica. Por medio de ella y en ella, el capitalismo despoja, explota, reprime y discrimina. En la etapa de globalización neoliberal, el capitalismo hace la guerra a la humanidad entera. DOS.- Para aumentar sus ganancias, los capitalistas no sólo recurren a la reducción de costos de producción o al aumento de precios de venta de las mercancías. Esto es cierto, pero incompleto. Hay cuando menos tres formas más: una es el aumento de la productividad; otra es la producción de nuevas mercancías; una más es la apertura de nuevos mercados. TRES.- La producción de nuevas mercancías y la apertura de nuevos mercados se consiguen ahora con la conquista y reconquista de territorios y espacios sociales que antes no tenían interés para el capital. Conocimientos ancestrales y códigos genéticos, además de recursos naturales como el agua, los bosques y el aire son ahora mercancías con mercados abiertos o por crear. Quienes se encuentra en los espacios y territorios con estas y otras mercancías, son, quiéranlo o no, enemigos del capital. CUATRO.- El Capitalismo no tiene como destino inevitable su autodestrucción, a menos que incluya al mundo entero. Las versiones apocalípticas sobre que el sistema colapsará por sí mismo son erróneas. Como indígenas llevamos varios siglos escuchando profecías en ese sentido.

[3] Aquí no es el espacio para desarrollar este concepto que he trabajado en textos anteriores, en especial en mi reciente libro, Pedagogía Erótica Miguel Escobar. Pedagogía Erótica, Paulo Freire y el ezln, México, Miguel Escobar Editor, 2012. El libro puede consultarse en pdf: (http://www.lrealidad.filos.unam.mx/).

[4] Quiero señalar que en este texto no aparecen las citas completas de las obras referidas. Esto lo decidí invitando a las y los posibles lectores de este texto a consultarlas esas obras en general. He constatado que fácilmente algunos/as lectoras se quedan sólo con pensamientos aislados. Sin embargo, en todos mis escritos anteriores encontraran citas exactas. Aparecerá una bibliografía general al final.

[5] Carlos Lenkersdorf. Filosofar en clave tojolabal. México, Porrua, 2005, pp. 120-121.

[6] Se trata de una familia entera compuesta por seis personajes. “Los seis personajes buscan un autor capaz de convertir sus vidas en eterna experiencia teatral y, a través del patio de butacas, suben al escenario lleno de actores que están ensayando otro texto de Pirandello”. Ma. Teresa Navarro Salazar, “Prologo” en Luigi Pirandello. Seis personajes en busca de autor. España, Biblioteca Edaf, 2001

[7]Subcomandante Insurgente Moisés, «Editorial» en “Rebeldía Zapatista. La palabra del EZLN” (http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2014/02/28/editorial-revista-rebeldia/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+EnlaceZapatista+%28Enlace+Zapatista%29).

 

Los zapatistas, el arte de construir un mundo nuevo (Raúl Zibechi)

http://javiersoriaj.wordpress.com/2013/09/04/los-zapatistas-el-arte-de-construir-un-mundo-nuevo-raul-zibechi/
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Los zapatistas, el arte de construir un mundo nuevo (Raúl Zibechi)

Desde sus seis años de altura, Carlos Manuel abraza la cintura de su padre como si nunca se fuera a despegar. Mira el techo y sonríe. Julián, su padre, intenta zafarse. El niño cede pero permanece junto al padre. Irma, su hermana de unos ocho años, observa desde un rincón de la cocina donde su madre, Esther, trabaja sobre el fogón dando vuelta las tortillas de maíz que siguen siendo el alimento principal de las familias rurales.

Los otros tres hijos, incluyendo al mayor, Francisco, de 16, observan la escena que se repite durante las comidas como si fuera un ritual. La cocina es el lugar de pláticas que se esparcen tan lentas como el humo que asciende sobre los techos de zinc. Las palabras son tan frugales y sabrosas como la comida: frijol, maíz, café, plátanos y alguna hortaliza. Todo sembrado sin químicos, cosechado y elaborado a mano. Criado a campo abierto el pollo tiene un sabor diferente, como toda la comida en esta comunidad tojolabal.

Al terminar la comida cada uno lava sus platos y cubiertos, incluso el padre que por momentos colabora en la preparación de la comida. Pregunto si eso es lo normal en estas tierras. Responden que es costumbre en las comunidades zapatistas, no así en las del “mal gobierno”, en referencia a los que, sin sorna, denominan “hermanos priístas”. Esas comunidades, vecinas a las que empuñan la estrella roja sobre fondo negro, reciben bonos y alimentos del gobierno, que les construye casas de bloques y suelo de material.

En toda la semana no hubo el menor gesto de agresividad entre el padre, la madre y los hijos. Ni siquiera gestos de mal humor o reproche. Al parecer, la prohibición del consumo de alcohol suaviza las relaciones humanas. Las mujeres son las que más disfrutan los cambios. “Distingo a los zapatistas por la forma en que se paran, sobre todo las mujeres”, comenta el experimentado periodista Hermann Bellinghausen.

El día del fin del mundo

La  nueva etapa que está transitando el zapatismo comenzó el 21 de diciembre de 2012, día marcado por los medios como el fin del mundo que para los mayas es el comienzo de una nueva era. Decenas de miles de bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se concentraron en cinco cabeceras municipales de Chiapas, las mismas que tomaron el 1 de enero de 1994.

La reaparición del zapatismo conmocionó a buena parte de la sociedad mexicana. No sólo no habían desaparecido sino que resurgían con más fuerza, mostrando que eran capaces de movilizar una cantidad importante de personas en formación militar, aunque sin armas.

En el comunicado del 30 de diciembre, el subcomandante Marcos asegura que “en estos años nos hemos fortalecido y hemos mejorado significativamente nuestras condiciones de vida. Nuestro nivel de vida es superior al de las comunidades indígenas afines a los gobiernos de turno, que reciben limosnas y las derrochan en alcohol y artículos inútiles”.

Agrega que a diferencia de lo que sucede en las comunidades afines al Partido Revolucionario Institucional (PRI), en las zapatistas “las mujeres no son vendidas como mercancías” y que “los indígenas priístas van a nuestros hospitales, clínicas y laboratorios porque en los del gobierno no hay medicina, ni aparatos, ni doctores ni personal calificado”.

Algo de todo eso pudieron comprobar quienes acudieron a la primera escuelita entre el 12 y el 16 de agosto. En realidad fueron convocados sólo los compañeros de ruta, lo que supone un viraje profundo en sus modos de relacionarse con la sociedad civil: “A partir de ahora, nuestra palabra empezará a ser selectiva en su destinatario y, salvo en contadas ocasiones, sólo podrá ser comprendida por quienes con nosotros han caminado y caminan, sin rendirse a las modas mediáticas y coyunturales”, reza el comunicado.

Agrega que “muy pocos tendrán el privilegio” de conocer la otra forma de hacer política. En una serie de comunicados titulados “Ellos y nosotros” enfatizaron en las diferencias entre la cultura de los políticos del sistema y la cultura de abajo o zapatista, asegurando que no se proponen “construir una gran organización con un centro rector, un mando centralizado, un jefe, sea individual o colegiado”.

Destacan que la unidad de acción debe respetar la heterogeneidad de los modos de hacer: “Todo intento de homogeneidad no es más que un intento fascista de dominación, así se oculte con un lenguaje revolucionario, esotérico, religioso o similares. Cuando se habla de “unidad”, se omite señalar que esa “unidad” es bajo la jefatura del alguien o algo, individual o colectivo. En el falaz altar de la “unidad” no sólo se sacrifican las diferencias, también se esconde la supervivencia de todos los pequeños mundos de tiranías e injusticias que padecemos”.

Para comprender este enfoque, que llevó al zapatismo a promover la escuelita de agosto, deben comprenderse los problemas que atravesaron las relaciones con la  izquierda electoral y con personas que, en su opinión, “aparecen cuando hay templetes y se desaparecen a la hora del trabajo sin bulla”.

La lógica de la escuelita es opuesta a la de esa cultura política. No se trata de ir a escuchar a los comandantes indios ni al subcomandante Marcos, sino a compartir la vida cotidiana con la gente común. No se trata de la trasmisión discursiva y racional de un saber codificado. La cosa va por otro lado: vivenciar una realidad a la que sólo se puede acceder a través de un ritual de compromiso, o sea estando y compartiendo.

Una vida nueva

“Ya no tenemos dificultades”, dice Julián, sentado en un taburete de madera rústica, en su casa de techo de chapa, paredes de madera y suelo de tierra apisonada. Lo dice con naturalidad frente a quien lleva cuatro días durmiendo sobre tablas de madera, apenas cubiertas con una manta fina. Julián ingresó en 1989 en la organización clandestina. Marcelino, mi guardián o Votán, ingresó poco antes, en 1987.

Con fruición relatan las reuniones clandestinas en remotas cuevas en la montaña, a las que decenas de zapatistas llegaban por la noche, mientras los patrones y sus capangas dormían. Caminaban toda la noche y apenas regresaban al amanecer para incorporarse al trabajo. Las mujeres les cocinaban tortillas a oscuras, para no levantar sospechas. Bien mirado, tiene razón cuando dice que lo peor quedó atrás. El látigo del hacendado, la humillación, el hambre, la violencia y las violaciones de las hijas.

El 1 de enero de 1994 los hacendados huyeron y los capangas corrieron detrás. La comunidad 8 de Marzo, a la que llegamos quince forasteros-alumnos (mitad mexicanos, un yanqui de 75 años, un francés, un colombiano, dos argentinas y un uruguayo) está en las tierras que un día fueron ocupadas por Pepe Castellanos, hermano de Absalón, teniente coronel, ex gobernador y propietario de 14 fincas en tierras usurpadas a los indios. Su secuestro, en aquel lejano enero, fue la espita que precipitó la huída de los terratenientes.

La comunidad cuenta con más de mil de hectáreas de buenas tierras. Ya no tienen que cultivar en las laderas pedregosas y áridas, cosechan los alimentos tradicional y, por recomendación de la comandancia, también hortalizas y frutas. No sólo se liberaron del látigo sino que se alimentan mejor y consiguen ahorrar de un modo muy particular. Julián cosecha seis sacos de café, unos 300 kilos, de los cuales deja un saco para el consumo familiar y vende el resto. Según el precio, consigue comprar con cada cosecha entre dos y tres vacas. “Las vacas son el banco y cuando tenemos necesidad, vendemos”.

Por necesidad entiende problemas de salud. Su hijo mayor debió someterse a un tratamiento y para sufragarlo vendió un toro. Es la misma lógica que aplica la comunidad. En las tierras comunitarias realizan trabajos colectivos en torno al café y con la cosecha compran caballos y vacas. Entre los animales de las familias y los comunitarios, tienen 150 caballos y casi 200 vacunos.

Días antes de llegar los alumnos se estropeó el filtro de agua y para repararlo decidieron vender una vaca. Del mismo modo sostienen la sala de salud, la escuelita y todos los gastos que demandan transporte y alojamiento de los comuneros para cumplir los deberes de los tres niveles del autogobierno: el local o comunitario, los municipios autónomos y las Juntas de Buen Gobierno.

Las mujeres también tienen emprendimientos comunitarios. En esa comunidad tenían un cafetal con el que compraron seis vacas, y un gallinero con medio centenar de aves cuyos ahorros utilizan para traslados y gastos de las mujeres que ocupan cargos o asisten a cursos.

Los pocos insumos que no producen las familias (sal, azúcar, aceite y jabón) los compran en la cabeceras municipales en tiendas zapatistas, instaladas en locales que ocuparon después del levantamiento de 1994. De ese modo no necesitan acudir al mercado y toda su economía se mantiene dentro de un circuito que controlan, autosuficiente, vinculado al mercado pero sin depender del mismo.

Las tiendas son atendidas de forma rotativa por los comuneros. Julián explica que cada cierto tiempo le toca estar un mes en la tienda de Altamirano (a una hora de la comunidad) lo que lo obliga a dejar la casa. “En ese caso la comunidad te sostiene la milpa durante quince días y yo apoyo del mismo modo al que tiene que ir a la tienda”. Esther fue cargo en la junta, en el Caracol de Morelia, a media hora de la comunidad, y sus quehaceres fueron cubiertos de la misma manera, que podemos llamar reciprocidad.

Salud y educación

Cada comunidad, por pequeña que sea, tiene una escuelita y un puesto de salud. En la comunidad 8 de Marzo hay 48 familias, casi todas zapatistas. La asamblea elige a sus autoridades, mitad varones y mitad mujeres, a los maestros y a los encargados de la salud. Nadie puede negarse porque es un servicio a la comunidad.

La escuelita funciona en una sala de la casona abandonada por el hacendado. Aún sobrevive una reja de hierro a través de la que pagaba a sus peones, quienes apenas podían ver una mano que dejaba caer monedas ya que la oscuridad ocultaba el rostro del patrón.

Temprano en la mañana los niños se forman en la cancha de basquetbol frente a la casona, marchan en fila con paso marcial guiados por un joven de la comunidad que no debe superar los 25 años. La educación zapatista sufre la falta de infraestructura, los salones son precarios, así como las bancas y el mobiliario. Los docentes no cobran sueldo pero son sostenidos por la comunidad, al igual que los encargados de la salud.

Sin embargo tiene enormes ventajas para los alumnos: los maestros son miembros de la comunidad, hablan su lengua y son sus iguales, mientras en las escuelas estatales (las del mal gobierno), los maestros no son indios sino mestizos que no hablan su lengua, incluso la desprecian, viven lejos de la comunidad y mantienen una vertical distancia con los niños.

El clima de confianza en las escuelas autónomas habilita vínculos más horizontales y facilita la participación de padres y alumnos en la gestión de la escuela. Los niños participan en muchas de las tareas de la comunidad y, entre ellas, en el sustento de la escuela y de sus maestros. No existe distancia entre escuela y comunidad ya que son parte de un mismo entramado de relaciones sociales.

Si la escuela oficial tiene un currículo oculto a través del cual trasmite valores de individualismo, competencia, organización vertical del sistema educativo y superioridad de los docentes sobres los alumnos, la educación zapatista es el reverso. El currículo se construye en colectivo y se busca que los alumnos se apropien de la historia de su comunidad para reproducirla y sostenerla.

La transformación y la crítica son permanentes y trabajan para construir de forma colectiva el conocimiento, ya que los alumnos suelen trabajar en equipos y buena parte del tiempo escolar transcurre fuera del aula, en contacto con los mismos elementos que configuran su vida cotidiana. Lo que en la educación estatal es separación y jerarquía (maestro-alumno, aula-recreo, saber-no saber), en las escuelas autónomas es integración y complementariedad.

En la salita de salud conviven medicamentos de la industria farmacéutica con una amplia variedad de plantas medicinales. Una chica muy joven se encarga de procesar jarabes y pomadas con esas plantas. La sala cuenta con una huesera y una partera, que completan el equipo básico de salud en todas las comunidades zapatistas. En general, atienden situaciones relativamente simples y cuando se ven desbordados trasladan al paciente a la clínica del caracol. Cuando no pueden resolver, acuden al hospital estatal de Altamirano.

La salud y la educación están escalonadas en los mismos tres niveles que el poder autónomo zapatista. En los caracoles suelen funcionar las clínicas más avanzadas, incluyendo un que cuenta con quirófano y practican operaciones. En los caracoles, que albergan las Juntas de Buen Gobierno, también suelen estar las escuelas secundarias autónomas.

La Escuelita

Siete horas demandó recorrer los cien kilómetros que separan San Cristóbal del caracol Morelia. La caravana de treinta camiones y coches salió tarde y avanzó a paso de tortuga. Sobre las dos de la madrugada llegamos al Caracol, un recinto donde se asienta un entramado de construcciones  que albergan a las instituciones de la región autónoma: tres municipios, 12 regiones y decenas de comunidades, gobernadas por la Junta de Buen Gobierno.

Además hay una escuela secundaria y un hospital en construcción, clínicas, anfiteatros, tiendas, comedores, zapatería y otros emprendimientos productivos.

Pese a la hora, una larga fila de varones y otra de mujeres nos esperaban engalanados con sus paliacates. Nos formamos por sexos y uno a uno fuimos conociendo a nuestros Votán. Marcelino alarga la mano y pide que lo acompañe. Vamos hasta el enorme salón de actos directo a dormir sobre los durísimos bancos.

A la mañana café, frijoles y tortillas. Luego hablan los miembros de la Junta y explican cómo va a funcionar la escuelita. Por la tarde, casi de noche, salimos hacia la comunidad. Entre los alumnos pudimos ver a Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo, y a Hugo Blanco, dirigente campesino y ex guerrillero peruano, ambos pisando los 80 años.

Llegamos a la comunidad hacia medianoche, luego de media hora a los tumbos sobre la caja de un pequeño camión. Toda la comunidad, formada en filas de hombres, mujeres y niños con sus pasamontañas, nos recibe puño en alto. Nos dan la bienvenida y a cada alumno le presentan la familia donde vivirá. Julián se presenta y cuando ya todos reconocieron a su familia, marchamos a dormir.

Primera sorpresa. Dividieron la casa con un tabique, dejaron una habitación para el huésped con puerta propia y los siete miembros de la familia se amontaron en una superficie similar. Nos despiertan con las primeras luces para desayunar. Luego vamos a trabajar en la limpieza del cafetal familiar, machete en mano, hasta la hora de la comida.

El segundo día tocó enlazar ganado para ser vacunado y el tercero la limpieza del cafetal comunitario. Así cada día, combinando el trabajo con explicaciones detalladas de la vida comunitaria. Por las tardes tocaba leer los cuatro cuadernos que repartieron sobre Gobierno Autónomo, Resistencia Autónoma y Participación de las Mujeres en el Gobierno Autónomo, con relatos de indígenas y autoridades.

Cada alumno podía formular las más variadas preguntas, lo que no quiere decir que siempre fueran respondidas. Pudimos convivir con una cultura política diferente a la que conocemos: cuando se les formula una pregunta, se miran, dialogan en voz baja y, finalmente, uno responde por todos. Fue una experiencia maravillosa, de aprender haciendo, compartiendo, saboreando la vida cotidiana de pueblos que están construyendo un mundo nuevo.

Publicado en el Programa de las Américas

Publicado el 02 de septiembre de 2013

[Fuente: http://desinformemonos.org/2013/09/los-zapatistas-el-arte-de-construir-un-mundo-nuevo-raul-zibechi/%5D

A reflection on “the idea of a town” and on the reality of cities in an uncertain time

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A reflection on “the idea of a town” and on the reality of cities in an uncertain time

Jean Robert | 12 October 2012

http://www.grain.org/bulletin_board/entries/4596-a-reflection-on-the-idea-of-a-town-and-on-the-reality-of-cities-in-an-uncertain-time

Fuente: Grain, www.grain.org

1rst part :

Urban prospects after the demise of the classical city

More people in cities than on the countryside?

Three years ago, it was announced that the inhabitants of the world’s cities had outnumbered the inhabitants of the countryside[1]. In its 2007 report, the UN Fund stated that 3 billion 300 million persons lived by then in urban milieus. One billion of them dwell in what is called slums. The same report forecasts that, if present tendencies continue, in 2030, 5 billion will be urbanites, 80% of them in so-called “developing countries” and adds “many of these urbanites will be poor”. When the UN says “poor”, it means miserable.

We should reflect on the consequences of this change. Crowded by immigrants from the countryside, the “cities”, megalopoles, conurbations, suburban areas of  the late XXth and the XXIst centuries are no longer the cities known to historic traditions. As to the countryside, it is a different one too. A point has been reached in which the quantitative change has become qualitative. In a sense, as Silvia Grünig, a Spanish urbanist writes: “… the city as we knew it..… doesn’t exist anymore”[2]. And  the country, does it still exist? To use a neologism coined by Abdel Halim Jean-Loup Herbert, there is a rurbanization, that is a simultaneous ruralization of the city and an urbanization of the countryside. Even if it needs further precisions, the word sticks. In that context, let’s recall Patrick Geddes, a biologist turned urbanist who, in 1915[3], coined the word conurbation. What the biologist was looking for, was a term aptly defining a process of indifferentiation of the urban fabric in analogy with a cancer, that is a loss of differentiation between biological tissues. Redefined so, rurbanization is an adequate word for this indifferentiation process. It differs from a conurbation as a sarcoma differs from a cancer.

De-historicizing metaphors

Those of you who know Geddes’s work on the relations between people and people, people and things, things and things and between all these  pairs  would hardly reproach him to objectify cities and forget about their inhabitants. However, retaken by others, biological metaphors have contributed to the dehumanization and “de-historization” of the discourse on cities. Cities are the products of the cumulative actions of historical subjects and as much can be said about the countryside. Due to the division of labor between academic disciplines, “the city” and “the country” are the objects of separate discourses.

In the historical part of my exposition, I will try to show that we can only understand the emergence of cities as an interplay between the emerging “urban” centers and the surrounding “rural” areas, or better between the activities of urban and rural subjects, both in becoming. Following a famous archaeologist, I will define the Neolithic period as the time of the joint becoming of an urban and a rural ways of life, a process best illustrated by Anatolian sites. Urbs and ager, urban and agrarian matters should be seen as complementary realities and not as the objects of strictly separate disciplines. “Tell me what countryside you have and I will tell you how your cities look like” should be the adage of scholars who want to be true to that historic complementarity.

In the naïve 60’s, politicians, particularly in the South, still expected to give prosperity to rural people by urbanizing them, uprooting them from their traditional territories and traditions. It was the logic of the omelet: you cannot have an omelet without breaking eggs. You cannot have development without uprooting peasants from their land. Politicians made their “underdeveloped” voters believe that urbanization would improve their conditions of life, integrating them into the modern economy, and hence making them benefit from economic development. We know the tragic outcome of that illusion: suicides of expropriated peasants in India and China. What are these cities that induce peasants to commit suicide? Modern politicians and economists are often blind to the complementarity between the urban and the not urban, the urbs and the ager, the polis and the chôra. Carlos Hank Gonzalez, a Mexican politician who was Secretary of Agriculture brought that blindness to an extreme. He claimed that his duty was to expel peasants from the countryside. In the 60s, the reckless urbanization of the country was equated to development. However, since the 90s, the development[4] side of the equation has been increasingly questioned. For instance, Majid Ranehma, who was successively a civil servant in his country of birth, Iran, a high functionary of the United Nations, and has become a stern critique of the illusion of development, writes:

Development was then unanimously received as an ideal of liberation from the sufferings and lacks that impeded the poor to enjoy the advantages of others, more developed than them: a dwelling with a postal address in a respectable street connected to the network of the municipal sewerage, a salaried job, a healthy and safe environment without mosquitoes and without thieves, education for their children, in short a package of services that would free them from the squalor of the shanty town […].[5]

Yet development was not just the promise of a better life, but of a special type of life: the generalization of the living standards of the better off, the “American way of life” for all inhabitants of the earth. Education, healthcare, services, that meant urbanization. In the XXIst century, this dream is not dead. It has just become patently unrealistic. To give an idea to what this ideal of development and urbanization has led, I recommend Mike Davis’s book, Planet of Slums[6]. About one fifth of the world population lives now in slums. The conditions of life in marginal urbanizations have worsened since the time when John Turner praised the creativity of their inhabitants[7]. Among the alleged causes of this deterioration, the most mentioned is demographic pressure from the countryside, that is internal migration, a phenomenon that in turn would require a research into its own causes. In this respect, one of the documents presented at the 2002 Conference of heads of State in Johannesburg stated that the industrialized countries subsidize their agriculture for 350 billion dollars yearly, which means about 1 billion every day. One of the effects of these massive subsidies is the bankruptcy of agriculture in the poor countries, making them dependent of the produces of the rich. It is then easy to claim that the poor’s survival now depends on technology and their integration into the world market. This fallacy hides a legal form of dumping never presented for what it is. The ensuing asphyxia of small farming is then taken as a confirmation that only modernized agriculture can nourish the world.

The future is no longer the future we thought to know

Unable to see the effects of the demise of farming in poor countries, some analysts see cities as the product on a quasi biologic evolution. Their growth, with its “evolutive” phases, is attributed to endogenous causes or to laws of history which are independent from the volition of historic subjects. Some predict the global village, other the networked city. In analogy to the mathematical catastrophe theory, some city theorists even speak of  “catalytic metabolization processes”, “phenotypical expressions of hidden genotypes” or, more modestly and realistically, of “the impossibility of any anticipation” of a growth …“that is not oriented to the good of man”. The city is no longer the city we knew, the future no longer the future we were used to, with its forecasts, extrapolations and scenarios. How conceptually manageable did it still appear less than forty years ago, in spite of the nuclear threat! In contrast, Ivan Illich, a man with an antenna for changes of mentality and epistemic landslides declared in an interview, some ten years ago:

The future, [then], was subject to planning, designing and policy-making, [terms which were part of ] the new language of the Harvard Business School. But now, all this is receding very fast. It still finds expression in terms of the United States bombing Milosevic or Qaddafi, or Iraq into the recognition of their own citizens. It still nourishes the new book by Rostow about the need to maintain American police worldwide as a condition for the survival of democracy. But the people who speak to me, as opposed to those who spoke to me twenty years ago, recognize a fallacy in this thinking. They recognize that they are in front of a world, not the future world but the present world, which is built on assumptions for which they haven’t found the appropriate names yet[8].

It seems to me that what Illich says of planning, policy-making, the future and the present particularly applies to city-planning, urban policy-making, a future of the city which is no longer manageable. This should invite us to confront instead the present of cities, a present to which most futurologists and many planners have been blind. This new uncertainty about “things to come” should inspire a liberation from what Illich called “the shadow of the future”.

Yet, compare Illich’s sobering words on the lost confidence in planning the future with what French philosopher and urban scholar Henri Lefebvre could still write, in 1970, in La Révolution urbaine   

We start from a hypothesis: society’s complete urbanization. This hypothesis will have to be supported by arguments and illustrated by facts. This hypothesis implies a definition. What we shall call “urban society” results from that complete urbanization, which is, today, virtual and will be real tomorrow[9].

Since 1973, everywhere in the South, shantytowns, gecekondular  as you say here,  grow much faster than planned, formal urbanization. For instance, in 1973, Sao Paolo’s favelas represented 1% of the city’s population; in 1993, it was almost 20%; since then, it has suffered a yearly growth of more than 16%. The number of Karachi’s katchi abadî (squatters) double every ten years. Indian squatter settlements grow 2.5 faster than the country’s general demography. In Mumbay, more than one million persons live on the street, without a personal shelter. Does this explosion of the “urban phenomenon” confirm Lefebvre’s hypothesis? What is the present of a world supposedly on the way towards a total urbanization? This virtual object is a totally urbanized world, a total city without a country, an urban whole without its complementary opposite. Lefebvre could hardly have guessed that, halfway towards its realization, his virtual object would become “a planet of slums”, just as little as Lewis Mumford could have seen that his “urban prospect” [10] was a “slumization” of the poor countries that would soon extent to the rich.

Yet, for all my admiration for Mike Davis, the author of A Planet of Slums, I think that his analysis lacks a dimension, only sensible to the ones who have immersed themselves into the present of third world cities. It is the power that most poor people have, if they can secure a place from where to start, to found  a human world in extremely harsh conditions. A founding power, as Lisa Peattie stated long ago, that the poor of poor countries have and the poor of rich countries have lost[11]. Mrs Peattie, the daughter of American anthropologist Robert Redfield, immersed herself into the reality of Venezuela’s hopeful poor.

Another example of such an immersion is Robert Neuwirth. In order to write his book, Shadow cities. A Billion Squatters. A New Urban World[12], he spent successively several months in the shantytowns of Nairobi, Rio de Janeiro, Istanbul and Mumbay. He was particularly impressed by Sultanbeyli, near Istanbul. He reports that Turkey has a unique law, called “gecekondu law” that states that who ever erects a building during the night and occupies it by dawn cannot be evicted by force. Half of Istanbul’s inhabitants, according to Neuwirth, live in shantytowns comparable to Sultanbeyli. However, there is a point on which I cannot agree with Neuwirth: he calls the gecekondu law a “legal loophole.” Though I personally know the Turkish situation very little, I understand this law as an acceptation of what, in the part of the world where I live, is an illegal custom that can only be tolerated. This custom has the spirit of the old English Common law as it was described by Sir Paul Vinogradoff: If a man builds a house in a forest clearing in one night and by dawn, smoke in seen escaping from the roof and a women is spotted on the threshold, he acquires the possession of his house and the surrounding land and can consolidate it. We know that in Medieval England, group of friends would systematically train to erect a house in one night. Interested in Latin American settlements, I have always considered that they had established a custom, a kind of informal law, that allows them the same feat on a much larger scale. The works of William Mangin[13], who has studied this process in details, have confirmed me in my conviction. The gecekondu law, rather that a “loophole” to be  amended, gives testimony of deep anthropological and historical insights of the legislator (the tolerance of your Housing Development Administration, TOKI?).

A reassessment of people’s creativity

It is often argued that squatter settlements must be removed because their inhabitants lack services, particularly of sanitation. Yet, according to the testimony of many of their inhabitants, they offer a place, a point from which to start. As John Turner insisted, this freedom to build is a freedom to found a place to start with. Neuwirth rightly insists on their decency, their good will, their organization capacity. Lisa Peattie has insisted on their optimism, compared with the pessimism of American poors, who are better provided with services.

In a period of uncertainty, people tend to go back to old practices that have proved to be effective. It becomes vitally important to free the imagination from illusions. Perhaps a glimpse into the joint origin of the city and the country, urban and agrarian life can free our imagination and encourage a new pact between city and country. A pact that cannot ignore history.

2d part:

Cities in the mirror of the past

What I now propose to you is to contemplate the urban dilemmas of our time in the mirror of the past. Understand me well: I will not search the past for models for the present but rather for a  liberation of the imagination. Things will never be again as they were, but they will not always be as they are now.

Ankara is a very good place to start from, since it is the see of the Anadolu müzesi, with a unique collection on one of the world’s first cities, Çatal Hüyük.

The two theories about the origin of cities

Since its discovery in the early 60s, this site from the 7th millennium B.C. has led to a complete revision of the origin of cities. It is now generally admitted that the first cities emerged either in the transition between the Paleolithic and the Neolithic periods, or shortly after the onset of the latter.

Paleolithic and Neolithic define here modes of life or, as archaeologists prefer to say, arrangements. The Paleolithic arrangement was based on foraging, hunting and fishing. It was nomadic, and ignored agriculture, ceramic and weaving. Pierre Clastres[14] has insisted on the egalitarian and libertarian character of Paleolithic “institutions”, characteristics that also permeated gender relations. According to  Rita Gross, it is now generally admitted that Paleolithic societies did not discriminate against women.

[I]t is difficult to imagine that humanity could have survived if early humans has insisted on wasting female productivity and intelligence in the way that patriarchal societies have always done It is no longer supposed that earliest human foragers could have depended solely on men for their food supply, or that men alone were responsible for the discovery of tools, the development of language, or other crucial advances made by early humans. All cogent reconstructions of early foraging life posit an interdependence and complementarity  between women and men, rather  than male dominance and patriarchy[15].

The Neolithic arrangement comprises sedentary settlements, agricultural – or more precisely horticultural – practices, pottery, weaving, and the domestication of animals; it allows for social stratifications, political

inequalities and a tendency to male dominance.  According to French ethnologist André Leroi-Gourhan[16], Paleolithic space is symbolically itinerant, Neolithic space is radiant, centered on the hearth and the granary.  The contrast between the hunters’ itinerant and the horticulturists’ radiant senses of space can be illustrated by the frescoes on the walls of Çatal Hüyük’s houses. This contrast permits to think that men’s symbolic world continued to be “Paleolithic” while women elaborated symbols based on a new attention to plants and insects (viz. bees) and invented abstract patterns inspired by weaving. It is now admitted that the “Neolithic revolution” and the “urban revolution” were unleashed in the time span of a few centuries. Yet, whether agriculture or cities came first is still a matter of debate. I will try to illustrate how the archaeological findings in Çatal Hüyük and other Anatolian sites have profoundly changed the terms of this debate.

According to the conventional version of the story, the foundation of the first cities was preceded by a slow transition to agriculture that started in the Mesolithic, that is in the transition between the Paleolithic and the Neolithic periods. Mesolithic phyto-improvers would first pave the way to agriculture with their attention to the characteristics of certain plants. Agricultural surpluses would then permit the formation of hamlets, villages, big villages that, then, would fuse into the first urban units. This theory is known as synecism, from the Greek preposition syn, together and oikos, the house or the village (cf Latin vicus). It is the theory popularized by Gordon Childe, for instance in New Light on the Most Ancient East.[17] According to the synecist theory, agriculture permitted sedentary life and engendered the agrarian landscape centered on the fireplace and the granary, with its fields, hamlets and cemeteries.

The findings at Çatal Hüyük were at the origin of a new version of the story that postulates that the Paleolithic arrangement can generate enough surpluses to allow for a first division of labor, that is the existence of groups subsisting from others’ surpluses. It is defined by the slogan cities first. The “cities first hypothesis” was first proposed by the archaeologists that unearthed Çatal Hüyük, and then brilliantly exposed and illustrated by Jane Jacobs in The economy of Cities[18]. According to this hypothesis, the urban revolution was contemporary with, or even preceded the Neolithic revolution. In the third part of my exposition, I will argue that, if this is true, current views on cities, past present and to come must be profoundly modified. Studies by the Danish economist Esther Boserup have confirmed that dense settlements preceded agriculture[19]. The late Günhan Danişman, architect, archaeologist and historian of oral culture agrees with the assumption that agriculture is not necessarily a prerequisite for the founding of sedentary settlements:

Thus it seems necessary, at least in Anatolia, to search for some other explanation than the emergence of agriculture in order to understand the reasons behind man’s impetus to create permanent settlements[20].

If it’s no necessarily agriculture, what is it? First of all, I think that the term agriculture is used abusively. The first dwellers of permanent settlements and of Neolithic towns were not agriculturists but horticulturists. Their significant tool was the hoe and not the plow. Primitive urban horticulture often required working with the fingers on a soil in constant formation, because it was made of the town’s wastes and night-soil. It was a task in which women excelled. Assimilating the original horticultural revolution with a general agricultural  revolution falsifies history and blurs the subtleties of gender relations. Let’s recall the origin of some words. Urban derived from urbs, Latin for city. Agrarian and agricultural derive from ager, the cultivated field. In classical Antiquity, urbs, the city and ager, the field – or polis and chôra in Greek – formed a pair of complementary poles. Both were understood in opposition to the saltus, the wild. The complementarity of the urban and the agrarian worlds – of urbs and ager – speaks of the cultural, “artificial” nature of both city and countryside. In recent time, it has led to the persuasion that the country’s agriculture feeds the cities and has always done so. In modern times, it is politically “convenient” as far as it permits developers to take possession of  urban spaces and open them to the practices of land speculation.

Yet, the transition from foraging on the wild and cultivation was not a transition to agriculture but rather to horticulture, gardening. The word horticulture derives from Latin hortus, the garden. What the “cities first” hypothesis teaches us, is that the Neolithic transition was between foraging and small scale gardening, and not between hunting-gathering and agriculture. To insist on the fundamental difference between gardening and agriculture is no hairsplitting. It is essential to the undoing of an ideology that paralyses the imagination and blurs the distinction between technocratic utopias and the sense of what is possible. Let’s recall that, while agriculture uses the plow and draft-animals, horticulture uses the hoe and the fingers. A way to assess the specificity of gardening would be to coin a new word for it. A couple of years ago, I proposed the word urbiculture, cultivation within the urbs, urban gardening. Agriculture is on the contrary cultivation on the ager.

As to Günhan Denişman’s question, it can be affirmed that agriculture is not the only surplus-producing activity. Horticulture also leaves surpluses, and often abundantly, but foragers and hunters too can often keep something to barter with, once they have fed and clad themselves and their kin.

Archaeological evidence from both the Old and the new Worlds shows that many of the first large settlements are rich in obsidian tools. Jane ]acobs has dubbed obsidian the “Neolithic steel”. It’s a natural glass whose cutting edge is sharper that that of the first copper and bronze knifes. The Aztecs knew some metals such as copper and gold, but they never used them to make knives. They never abandoned obsidian (itztli). It is supposed that the first people that prospered from other’s subsistence produces were the makers of obsidian tools. Obsidian was the great mobilizer of surpluses of the Neolithic world.

Instead of one, we must consider two historically important transitions or revolutions: 1. the transition from Paleolithic foraging to Neolithic gardening and 2. the transition from small scale gardening to organized agriculture. Acknowledging this second transition implies the understanding that, at some time between the 2d and the 1st millennium B. C., due either to internal changes or to invasions by violent outsiders – be they called “Proto-Indo-Europeans” or “Kurgans” – , or to a slow peaceful diffusion of farming[21], most societies of the Old World went through a change that deeply affected  their material culture, social hierarchies, the organization of cities, and gender relations. The overall result seems to have been the propagation of male dominated social orders centered on organized violence, that is warfare. Warfare is associated with agriculture because armies depend logistically on huge granaries. The Antique world of Egypt, Greece and Rome was a male- dominated and agrarian world ruled from cities by war specialists. Since the historicity of this second transition is not completely recognized, it retains the character of a hypothesis.

Because the scholarship on which this hypothesis is based is quite technical and difficult, and because of the passion with which [certain group] argue for and against this hypothesis, one can feel as if one is walking through a mine field when attempting to survey these materials[22].

In order to gain clarity, we must first untangle this hypothesis from the passions of “certain groups”, among them some radical feminist groups of the 60s and 70s, and then compare the militarization and “masculinization” hypothesis with archaeological and historic evidences.

  1. The first city, a matriarchal paradise?

Starting in 1961, the successive publications of the archaeological findings in Çatal Hüyük by the controversial archaeologist James Mellaart gave rise to a wave of early feminist enthusiasm. The ubiquity of female images of power, the paucity of male figures, the distinction, in the abundant paintings on the houses’ walls, between the old itinerant sense of space of man the hunter and the abstract motives and delicate stylizations of plants and animals in frescoes most certainly inspired by female weavers, gardeners and potters seemed to testify of the predominance of women both in power and cultural inventiveness. Here was the confirmation that a matriarchal golden age preceded the patriarchy that characterizes most historical and modern societies. For many pioneers of the feminist movement, this alleged matriarchal past opened to the possibility of an equally matriarchal future.  However, many feminists came soon to understand that substituting the image of an original female dominance for male dominance was ideological. An assessment was needed. This assessment is a Pre-patriarchal hypothesis that does not substitute female dominance for male hegemony but considers rather the possibility and actual historic reality of gender relations based on solidarity and equity[23]. The pre-patriarchal hypothesis claims thus that “the creation of patriarchy[24] or male dominance is a historical event that occurred “in the relatively recent past, due to certain causes and conditions”[25].

2. Comparing the hypothesis of a violent transition to agriculture with archaeological data

The re-assessment of the hypothesis about a non patriarchal past implies that

…an era of peace, prosperity stability and egalitarian social arrangements that prevailed far and wide for a long period of time before being destroyed violently and relatively quickly by patriarchal and pastoral nomads… .[26]

Let’s now compare this assumption with materials about the evolution of patterns of urbanization in the Konya plain between the 7th and the 1st millennium B.C..

6500-6000: “Çatal phase”: a single big agglomeration, Çatal Hüyük, with clear “urban” characteristics: a population of 10’000 or more, sophisticated forms of art and handicraft, excellent construction techniques[27]. James Mellaart has compared Çatal Hüyük with a supernova “that burnt itself out” amid the rather dim galaxy of contemporary peasant cultures”[28]. [NB: I would substitute “rural” for “peasant” in the sentence].

Then starts a process that evokes the opposite of a synecism: a kind of dispersion of much smaller settlements over the whole territory.

5500-4000: Multiple small agglomerations.

3000-2000: Small agglomerations and farmsteads. From there on, we can speak of the onset of a synecist agglomeration process: bigger and bigger villages will appear. Yet, up to this point, no defense systems are attested in the Konya plain.

2000-1000: Large and small agglomerations, cities.

Two sites are larger than Çatal Hüyük: Domuzboğazliyan and Karahüyük[29].Traces of fortification attest to the practice of warfare.

…warfare is an effect rather than the cause of the end of the pre-patriarchal society, though some individual pre-patriarchal societies were destroyed by outsiders who had already become patriarchal warriors. We should probably look to increased population pressures[30].

At  the end of the five millennia between Çatal Hüyük and Karahüyük, the societies of the Konya Plain seem to have passed from arrangements based on Neolithic horticulture to a form of agriculture that allowed the capitalization of foodstuffs in granaries controlled by warriors. Though I have little direct evidence of it, it seems logical to think that the transition from communal gardening to agriculture has profoundly affected gender relations. The hoe favors equitable relations between women and men. The plow and the horse drive women out of the fields. From then on,

[t]he plow, draft animals, complex irrigation systems, a new emphasis on labor intensive grain crops favored men as the primary producers, while women were reduced processing agricultural produce. […] All these factors are essential in the transition from a kin-based society to the process of early state formation[31].

Yet, gardening, mainly performed by women, didn’t die out with the organization of agriculture around cereal crops that could be capitalized in granaries and that fed armies. Like women themselves, it entered into a cloud of relative invisibility. Peasant women kept their kitchen-gardens and their orchards around the house but domestic gardening was now considered a mere extension of the processing of men-generated agricultural produces. As societies were restructured around economic values, gardening was relegated to the invisible domain of subsistence, a domain that contributes little to the GNP and does not generate what now counts, money. However, this domain was not completely invisible. Besides, it seems that, through the ages, rural people, “peasants”, have opposed resistance to their definition as agriculturists by external powers interesting in capitalizing their surpluses. E.P. Thompson has shown how, up to the late XVIIIth century, women knew how to defend their moral economy. Armed with sickles and scythes and often supported by men clad as women, they were often able to stop the convoys that were transporting the wheat requisitioned from the villages’ to the king’s granaries[32]. The people’s – the “crowd’s” – moral economy was not based on value but on a shared sense of the good. At the eve of industrial society, almost all cities of the world sustained the greatest part of their inhabitants’ livelihood with the produces of urban gardens. In Paris’ markets, the peasants from the countryside sold wheat, wood, chickens, eggs, and other produces from their farms, but bought vegetables for their households. In the mid XIXth century, Paris still produced a surplus of vegetables. A couple of years ago, I had the curiosity to re-read Victor Hugo’s Les Misérables. From his descriptions, you can deduce that at least one third of the city’s soil was occupied by gardens. In 19th-century New York City, dairy farms proliferated:

By the mid-19th century, “swill” milk stables attached to the numerous in-city breweries and distilleries provided [New York City] with most of its milk. There, cows ate the brewers grain mush that remained after distillation and fermentation … As many as two thousand cows were located in one stable. According to one contemporary account, the visitor to one of these barns “will nose the dairy a mile off … Inside, he will see numerous low, flat pens, in which more than 500 milk cows owned by different persons are closely huddled together amid confined air and the stench of their own excrements[33].

Some thirty years ago, the American Farallones Institute has reintroduced the “French intensive mode” of urban cultivation in its “urban house” in San Francisco and shown that the productivity of urbiculture based on vegetables can be four to five times higher that that of organized agriculture based on grain crops. I have encountered still more striking yields in Mexico’s remaining Aztec urban gardens, the chinampas.

At the beginning of the XXth century, about two thirds of French adults

still worked in their own houses, often in small domestic enterprises[34], many of them still growing food in gardens or in allotment gardens. Today, we assist to a certain revival of urban gardening or urbiculture, often in the less favorable locations, the suburban wastelands of industrial cities in the North as well as in the South (see for instance Le Grand Yoff near Dakar). This is not a proof that its produces are always healthy, but it testifies to the vitality of a mode of life, an “arrangement”, a mode of subsistence that has been conceptually negated, socially invisibilized, economically disvalued because, like the moral economy of old, its aim was the good and not economic value.

3rd part:

After the demise of urban utopias

The rise and the fall of high-energy urban networks

I felt compelled to compare the demise of a broad period of history with its beginning in Anatolia. I could call this broad epoch the era when the idea of a town was pregnant, to quote the title of a beautiful book by Joseph Rykwert[35].

By insisting on the idea upon which a town was founded, Rykwert hoped to revive the perception of the meaning of urban patterns and textures, of the relation between houses and open spaces, the public and the private. The renewal of the understanding of the why of urban spaces can be an antidote to sheer blind market forces.

In contrast with this historically grounded conception of towns and cities, let’s now quote some authors who see in these market forces the irresistible agents of a complete reshaping of what was once call “urban”. Michel Bassand is a sociologist based in Lausanne, where he headed the School of Architecture of the Swiss Polytechnical Institute. He is mainly known for his sociological studies on the city of Geneva:

Certain scholars speak of the urban phenomenon as if they were living in the 19th, or even in the 15th century. This mental gap is particularly conspicuous when these scholars analyze contemporary urban realities as if there still were ‘the city’, [and if they had the mission] to revive it. This attitude is not only wrong, it is dangerous, for the city is dead. It only survives as a myth, a trace, a sediment. ‘City’ and ‘town’ are no longer the names of real territorial collectivities. (Bassand 1983 [translation .J.R.], quoted in an unpublished RATP-sponsored study by Gabriel Dupuy, 1985).

According to this author, the city, once a place for real experiences, has no place in the wires of high-energy networks. Listen now to Gabriel Dupuy’s eulogy of the city :

[In this new realm], the city is particularly questioned. Unless one considers it as an entelechy, the city, as a form of actual territorial order, is being wiped away by the fantastical developments of the technical networks. So I ask: why not consider whatever will be ‘the post-urban network’ as a kind of gigantic terminal, that is as the last avatar of that ‘social commutator’ of which P.Claval spoke? (Dupuy, 1985, p. 4).

French engineer and traffic specialist Gabriel Dupuy thinks that none of the models on which present-day city planning operates can help us to understand today’s transformations of urban landscapes. According to him, the future belongs to the “networked cities” [36]. As to the view of urban theorists and historians, they are – according to G. Dupuy – enmeshed in old conceptions and perceptions of space, time and people. A completely new view of the relations between space, time, territory and man would be  required. This new conceptual frame should  give primacy to the New Communication Technologies. Dupuy argues that it is they, the N.C.T., and not city-planners and culture-imbued urbanists, that engender the new spaces, times and relations conforming a future (des)-territoriality that Dupuy dubs “reticular territoriality”. This territory-negating “territoriality” of the new times will no longer be based on center-periphery relations, on the urban-rural polarity, on geographic and historic boundaries, on zones and limits but on the general requirement to let circulate, on the intensification of material and immaterial flows of water, wastes, electricity, messages, vehicles and [last but not least?] people. Independently of the generally obsolete ideas of planners and urbanists, really existing cities grow and will continue to do so under the logic of distribution networks. The new (des)-territorial imperative is and will always be more an imperative to get involved in “networking”. The expansion of the reticular territory that it engenders will proceed independently of all ideal models. All ideas and models that do not acknowledge this independence of urban growth from traditions, models, ideas, and, finally, history can be declared passé. It is typical that, among the few authors who escape that condemnation, Dupuy mentions Ildefonso Cerdà and Arturo Soria y Mata who, in the 1850s  the first and in the 1890s the second, pioneered cities without historical centers, proliferating at the rhythm of traffic flows.

Is another world impossible? An opinion and two arguments

Being grounded in history, I must confess a certain dislike for such metonymic tautologies based on one aggrandized aspect of reality, in that case the actual predominance in most modern cities of pipes for water and sludge, cables for electricity and the telephone, turnpikes, highways and tracks. But expressing a dislike is no argument.

My first objection is the assimilation of people with matters and energies in motion, submitted to the laws of material flows and entropy. Ivan Illich, when he was writing Energy and Equity[37], still equated the powers of the human body with energy, the entity that allows to put a price on a steam engine’s “duty” or on the fuel stocked in your basement for winter heating. In 1983, he expressed regrets for what he considered a lack of scholastic distinctions:

Fifteen years ago, I worked on a multi-dimensional model of thresholds, beyond which tools become counter-productive.  To make my argument, I was then delighted to find others working on energy accounting.  I was happy to compare the efficiency of a man with that of a motor, both pushing the same bike–to the clear advantage of the man.  I was delighted to belong to the race that had invented the ball bearing and the tire when I found out that, on a bike, I was more “energy efficient” than a sturgeon of my weight[38].

In the same essay, he confessed that he was not fully aware, then, that by measuring both forms of locomotion in terms of kilowatt-hours, he made himself blind to the essential difference between the two. People and motors do not move in the same kind of space. People constitute the commons on which they walk. Beyond certain thresholds, motorized vehicles transform the commons into abstract spaces, unlimited thoroughfares for the circulation of economic resources. In the quoted passages, Bassand and Dupuy speak the language of the technocrats who abolish all limits of energy intensities, blur all distinctions between the urban, the rural and the wild, and submit all ideas about town and cities to the iron law of scarcity.

Because I refuse to live “under the shadow of the future”, as Illich said, “a future that does not exist”, I only mention in passing a second counter-argument: those who claim that the era of cheap oil, cheap gasoline, cheap plastic, cheap trips and cheap imported food is over might soon be proved right. If they are, the model of the necessarily energy-intensive networked city will soon be one more dead-born child of an era of technocratic illusions and rejoin Lefebvre’s total city in the gallery of last century’s utopias and distopias. All these forecasts and futuristic schemes were finally little more then extrapolations of then existing trends and projections into an unforeseeable future of their authors’ trivial certainties. All these extrapolations excluded by construction what mathematicians call discontinuities and that I prefer to conceive as the always possible emergence of the “radically new”, that is of surprises. In my view, good surprises are never a total departure from the past but are open to reinventions of the good in the present.

Liberating our paralyzed urban imagination

We have seen that the past of cities is pregnant with many good things and that the possibility of an age of equity between women and men is not the least of them. If communitarian gardening was really the rule in the first towns and cities, which I believe it was, then the hoe can be seen as a symbol of gender equity in a “moral economy” centered on subsistence and the good rather than on the capitalization of grains and economic values. Either by endogenous evolution or by external conquest, from the second and first millennium B.C. on, an agriculture performed with the arrow and draft animals by men visibly relegated women to the elaboration of agricultural produces. In spite of all its technological merits, the plow could be the symbol of gender inequity and domination by militaristic male proto-capitalists reigning on a landscape of cereal fields and granaries, keeping guard on their own reserves and ready to plunder others’.

Yet gardening did not die out with the spread of granary-centered agriculture. It entered the same sphere of shadow as most female contributions to subsistence and domestic economy. The story Gabriel Dupuy and Joel Tarr did no tell is the one of the demise of the modern and efficient urbiculture of late XIXth century under the joint assaults of urban sewerage, railroads, highways, and all the NCT’s of which their book explores the history.

As a conclusion, like the wanderer who could not enter the new landscape himself, I can only invite you to reflect on the variety of authors, civic initiatives and popular movements that, from Teodor Shanin’s “expolar ecnomies”[39] to Cuba’s urban gardens[40] and Via Campesina’s[41], aim at the recovery of  “gardenable” territories in and out of cities. It entices me to think that another world than that of contemporary high-energy cities is possible and that there are alternatives to the networking of counterproductive patterns of deadening dependency. Noteworthy  too are Chiapas’ Zapatistas initiatives in Mexico[42].


[1] Report on the State of World Population of the UN Fund (2007) “Free the Potential for Urban Growth”. http:/unfa.org/swp/2007/English/introduction.html

[2] Silvia Grünig Ibarren, « Promenades et questions d’une urbaniste », Actualité d’Ivan Illich, Paris : Journal Esprit, no 8, 2010, p. 193-203.

[3] Cities in Evolution, London: Williams & Norgate, 1915.

[4] Wolfgang Sachs, ed., The Development Dictionary. A Guide to knowledge as Power, London: Zed Books, 1992.

[5]Majid Rahnema and Jean Robert, La Puissance des pauvres, Arles : Actes Sud, 2008. p. 153..

[6] London, New York: Verso, 2006.

[7] Housing by People. Towards Autonomy in Urban Environments, London: Marion Boyars, 2000 [1976]..

[8] Ivan Illich and David Cayley, The Rivers North of the Future. The Testament of Ivan Illich as told to David Cayley, Toronto: House of Anansi Press, 2005, p.221.

[9] Paris: Gallimard (Idées), 1970, p. 7.

[10] San Diego: Harper Books, 1968 [1956]

[11]View from the Barrio, Ann Arbor: University of Michigan Press, 1968.

[12] London: Routledge, 2004

[13] Peasants in Cities. Readings I n the anthropology of Urbanization, Boston: Houghton Mifflin Company, 1970.

[14] La Société contre l’État, Paris: Éditions de Minuit, 1974.

[15] Rita M. Gross, “The Pre-patriarchal Hypothesis: An Assessment”, Sylvia Marcos, ed., Gender / Bodies / Religions, Adjunct Proceedings of The XVIIth Congress for the History of Religions, Mexico City: ALER Publications, 2000, p. 73-91. Translated into Turkish as “Ataerki-Öncesi Hipotezi: Bir Değerlendirme” (transl. by Balkı Şafak), Sylvia Marcos, derleyen, Bedenler,Dinler ve Toplumsal Cinsiyet, Ankara: Ütopya Yayınevi (0 312 43388 28), 2005, ISBN 975-6361-35-2 .

[16] Le Geste et la parole, Paris: Albin Michel, 1964.

[17] New York: Norton and Co 1969 [1952].

[18] New York: Random House, 1969. Jacobs questions what she calls the myth of agricultural primacy, that is the assumption that people first established agriculture, then established cities. In pre-historic Europe and the Near East, pre-agricultural settlements of hunters have been identified, some of them quite dense in population. As Jacobs shows, cities and agriculture co-evolved, and the “urban-rural divide” emerged from that co-evolution.

[19] The Conditions of Agricultural Growth: the Economics of Agrarian Change under Population Pressure, Chicago: Aldine, 1965.

[20] Günhan Danişman, “The architectural development of settlements in Anatolia”, Peter Ucko, Ruth Tringham and G.W. Dimbley, Man, settlement and urbanism, Gloucester Crescent: Duckworth, 1972, p. 505.

[21] For an assessment of the “Anatolian Homeland Theory”, that postulates a peaceful spread of farming from Anatolia beginning shortly after the “Neolithic Revolution”, see Colin Renfrew, Archeology and Language, London: Jonathan Cape (Random House), 1987.

[22] Rita M. Gross, “The Pre-patriarchal Hypothesis: An Assessment”, op. cit. , p. 73-91.

[23] This is also one of the main insights of a book that would deserve such a thoughtful commentary that it would explode the limited frame of this essay: Ivan Illich, Gender, New York: Pantheon Books, 1983.

[24] Gerda Lerner, The Creation of Patriarchy, New York: Oxford University Press, 1986.

[25] Rita M. Gross, “The Pre-patriarchal hipótesis: An Assessment”, Sylvia Marcos, ed., Gender / Bodies / Religions, Adjunct Proceedings of The XVIIth Congress for the History of Religions, Mexico City: ALER Publications, 2000, p. 73-91.

[26] Rita M. Gross, op. cit., p. 78.

[27] Günhan Danişman, “The architectural development of settlements in Anatolia”, Peter Ucko, Ruth Tringham and G.W. Dimbley, Man, settlement and urbanism, Gloucester Crescent: Duckworth, 1972, p. 505.

[28] James Mellaart, A Neolithic Town in  Anatolia, London: Mortimer Wheeler ,1967.

[29] David French, Settlement distribution in the Konya plain, south central Turkey”, in Anatolia”, Peter Ucko, Ruth Tringham and G.W. Dimbley, Man, settlement and urbanism, Gloucester Crescent: Duckworth, 1972,  p.,231-238.

[30] Rita Gross, op. cit., p. 85.

[31] Rita Gross, op. cit., p. 84.

[32] E.P. Thompson, “The Morsl Economy of the English Croad in the 18th Century”, Oxford: Past and Present, 1971, 50, p. 76-136.

[33]Melanie DuPuis, Nature’s Perfect Food: How Milk Became America’s Drink, New York: New York University Press, 2002.

[34] Antoine Prost, “Fronteras y espacios de lo privado” (Fronters and spaces of “the private”), Philippe Ariès and Georges Duby, Historia de la vida privada,  vol. 9, Madrid: Taurus, 1991, p.21. (Spanish traduction of Histoire de la vie privée, Paris: Seuil, 1987).

[35] The Idea of a Town. The anthropology of the Urban Form in Rome, Italy and the Ancient World. Cambridge (USA): MIT Press, 1988.

[36]G. Dupuy first expressed this view on “netweorked cities” in English, in a collective book that he edited with Joel Tarr:  Joel Tarr and Gabriel Dupuy, ed., Technology and the Rise of the Networked City in Europe and America, Philadelphia: Temple University Press, 1988. He then elaborated them anew in a book published in French three years later: Gabriel Dupuy, L’Urbanisme des réseaux. Théories et méthodes, Paris : Armand Colin, 1991.

[37] London: Ideas in Progress (Calder and Boyars, 1974.

[38] “The Social Construction of Energy”, opening talk to a seminar on “The Basic Options within Any Future Low-Energy Society” held at the Colegio de México in July 1983, unpublished English manuscript recently published in French translation in the Parisian journal Esprit, no 8, 2010, p. 211-227, under the title, “L’énergie, un objet social”.

[39] “Chayanov’s Message: Illuminations, Miscomprehensions, and the contemporary ‘Development Theory’”, introduction to —, The Theory of Peasant Economy, Madison: Wisconsin University Press, 1986. See also http://www.msses.ru/shanin/index.html.

[40] Scout G. Chaplow, “Havana’s Popular Gardens: Sustainable Urban Agricultura”, publication of the World Sustainable Agricultural Association, Washington, Fall 1996, vol. 5, no 22.

[41] See http://www.viacampesina.org.

[42] Subcomandante Insurgente Marcos, La Ley Agraria Revolucionaria de los Zapatistas, San Cristóbal de las Casas, Mexico, January 16, 2008.

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Minería Mexicana: “Perforadora de Autonomía”

http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Mineria/Mineria_Mexicana_Perforadora_de_Autonomia

 

27/03/12 Por Martín Cuadra

 

La actividad minera se regula en México por varias leyes, pero la principal es la Ley Minera. La Ley Minera mexicana contradice los fines establecidos en la Constitución Mexicana, como el de aprovechar los recursos naturales para el beneficio social, hacer una distribución equitativa de la riqueza pública, cuidar su conservación, lograr el desarrollo equilibrado del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de los mexicanos (Art. 27). La ley de minería mexicana es la expresión del capitalismo salvaje.

Situación actual de extracción minera en México. ¿A que se debe esa “explosividad de extracción minera”?

 

 

“En México y muchas otras naciones de América Latina, la actividad minera está creciendo de manera alarmante. La crisis económica global ha disparado, por un lado, la demanda de oro y plata como refugio para los capitales en crisis por la especulación. Otro punto es la demanda de minerales metálicos y no metálicos está aumentando debido al crecimiento de economías como la de China e India y esto ha generado que el tema se vuelva rentable, los yacimientos menos productivos, favorecidos por las modificaciones legales y la des-regulación laboral y ambiental.

 

 

En países como México, la actual situación de invasión de inversiones mineras debe entenderse como resultado de un proceso de apertura y desregulación originado en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), esto condujo a preparar la economía y territorio nacional, mediante modificaciones legales profundas. En México, por ejemplo, el artículo 27 de la Constitución y la Ley Agraria.

La actividad minera se regula en México por varias leyes, pero la principal es la Ley Minera. La Ley Minera mexicana contradice los fines establecidos en la Constitución Mexicana, como el de aprovechar los recursos naturales para el beneficio social, hacer una distribución equitativa de la riqueza pública, cuidar su conservación, lograr el desarrollo equilibrado del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de los mexicanos (Art. 27).

La Ley Minera mexicana declara a la minería como de utilidad pública, preferente a cualquier otra actividad y libre de contribuciones estatales o municipales: “La exploración, explotación y beneficio de los minerales o sustancias a que se refiere esta Ley son de utilidad pública, serán preferentes sobre cualquier otro uso o aprovechamiento del terreno, con sujeción a las condiciones que establece la misma, y únicamente por ley de carácter federal podrán establecerse contribuciones que graven estas actividades”.

Este hecho de declarar de utilidad pública las actividades de exploración, explotación y beneficio de los minerales, permite que el Estado expropiar a los dueños de las tierras donde existen los minerales si es considera que esa medida es necesaria para que la actividad minera se lleve a cabo. La ley de minería mexicana es la expresión del capitalismo salvaje.

“Un dato impresionante es que el 30 por ciento del territorio mexicano ya ha sido concesionado para minería y según el Estado, el 70 por ciento del país es un “potencial para la minería”. Si eso se analiza a la luz de que la mitad del territorio mexicano está en manos de pueblos indígenas y campesinos, significa un potencial de expropiar el 50 por ciento de la tierra de propiedad social.”

Lo que sucedió fue un abuso en la noción de utilidad pública. En el caso de la minería, ninguno de los criterios establecidos por la Suprema Corte de Justicia de México respecto a la “Tesis de utilidad pública” se cumple: porque el bien expropiado (las tierras y las aguas de las comunidades) no se destina a la provisión de un servicio público; la actividad no está orientada a satisfacer de manera inmediata y directa a una clase social determinada, y no está dirigida a satisfacer la necesidad del país, para enfrentar situaciones que le afecten como entidad política o internacional (utilidad nacional).”

Esto ha llevado al despojo de campesinos e indígenas como proyecto. No existe ni interés público ni utilidad pública, sólo interés privado y utilidad particular. Lo que sucede es que se le dio ese nombre para, en caso de oposición de los propietarios de los predios, evitarse tener que respetar sus derechos y optar por despojarlos legalmente de ellos. Aquí la indemnización que se pudiera pagar a los expropiados y su monto pasan a segundo término ya que finalmente no se respetará su derecho de beneficiarse de los recursos existentes en sus tierras.”

¿Gobierno mexicano respetuoso del Estado de Derecho?

 

 

“Lo que ha venido sucediendo es una violación a los derechos de la población y al mismo derecho internacional con base en esta disposición. Los concesionarios pueden pedir que un terreno ocupado por un pueblo sea desocupado para que ellos puedan realizar sus actividades; que unos terrenos dedicados a la siembra de alimentos dejen de dedicarse a ello por la minería; que terrenos dedicados a la actividad forestal o silvicultura corran la misma suerte que los anteriores. Tratándose de pueblos indígenas la misma disposición puede ser el fundamento legal para que sus lugares sagrados o de rituales, contribuyen al mantenimiento de su identidad, sean arrasados o destruidos. La Ley Minera mexicana es entonces contraria a lo que establece el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, relativo a derechos de los pueblos indígenas.

Recordemos que la crisis mundial impulsa la fiebre minera en México y América Latina. Ha habido una demanda creciente de metales es la expresión mundial del aumento de la producción y venta de vehículos automotores, aviones, barcos, materiales de construcción, robots industriales, computadoras y otros dispositivos de alta tecnología, componentes, todo ellos, de la actual globalización de las fábricas y las ciudades. Debido al contexto de crisis internacional, la coyuntura de altos precios internacionales de los metales, las concesiones de proyectos de prospección y explotación minera en México se han incrementado de manera notable durante los últimos 10 años.

¿Cuántos proyectos de exploración y explotación minera están aprobados en el territorio mexicano?

 

 

“Uno de los principales países que ha encontrado la “huaca de oro” en México, han sido empresas extractoras mineras canadienses. Para el 2010, en México se contabilizó un total de 724 proyectos disgregados en territorio, donde 534 (74%) es inversión del Canadá.

Un dato impresionante es que el 30 por ciento del territorio mexicano ya ha sido concesionado para minería y según el Estado, el 70 por ciento del país es un “potencial para la minería”. Si eso se analiza a la luz de que la mitad del territorio mexicano está en manos de pueblos indígenas y campesinos, significa un potencial de expropiar el 50 por ciento de la tierra de propiedad social.”

A mayor concesión, mayor proliferación de conflicto.

“En México, los conflictos socio-ambientales y laborales por la imposición de proyectos mineros trasnacionales también se han multiplicado.

 

 

Los conflictos de las comunidades locales mexicanas con los proyectos mineros no sólo denuncian el despojo de tierras, sino que también denuncian la contaminación de las aguas, el aire, el deterioro de la salud de las comunidades vecinas a las minas, la explotación de los trabajadores y las violaciones a las leyes (evaluación del impacto ambiental, violación de los procedimientos jurídicos, represión y violación de derechos humanos e invasión de áreas de conservación ecológica).

Un ejemplo claro es la explotación de la mina de oro “Caballo Blanco” en el municipio de Actopan. Esta mina ubicada en Veracruz, esta ubicada a 3 kilómetros de la planta nucleoeléctrica Laguna Verde. Al ubicar la mina tan cerca de la planta nuclear, ésta se convierte en una zona de “alto riesgo“ para todo la población. Por ejemplo, al haber actividad minera, hay grandes movimiento de tierra y eso puede provocar fisuras en los reactores de la planta nucleoeléctrica Laguna Verde, originaría un grave daño ambiental, implica acabar con los recursos minerales y naturales, provocaría desalojar a la población de sus propiedades -sea por la vía de compra o expropiación- competencia y habrá conflictos por el agua y sobre todo, que expone en riesgo a todo Veracruz por una fuga de energía atómica. Lo que aquí esta en juego es la existencia de todo un territorio.

Por eso los conflictos mineros deben ser examinados en el contexto de la catástrofe ambiental que sufre hoy todo el país. Los conflictos mineros están también vinculados con otros conflictos ambientales relacionados con el despojo de aguas, el emplazamiento de confinamientos de residuos tóxicos y el uso de los minerales para la producción industrial altamente contaminante.

En México, existen más de 200 conflictos ambientales relacionados con procesos de explotación de los recursos naturales, el despojo de tierras y aguas y sus impactos sobre los ecosistemas y la salud humana de las comunidades afectadas.” www.ecoportal.net

Martín Cuadra – Catedrático de la facultad de Economía de la UNAM y ambientalista. Miembro del Centro de Análisis Social, Información y Formación Popular, AC (Casifop) y la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales (ANAA). Articulista y traductor de ETC Group.

SIMAS
http://www.simas.org.ni

El opio del desarrollo

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Babel
El opio del desarrollo
Javier Hernández Alpízar
La idea de “desarrollo” es una estrategia de naturalización del capitalismo. Si aceptamos la noción de desarrollo, aceptamos un paquete de conceptos que incluye la idea (falsa) de que el capitalismo es la forma natural y normal de ser del mundo social.
La idea de desarrollo es el sucedáneo del desacreditado y pasado de moda “progreso”. Idea que a su vez fue la secularización incompleta –si gustan, la profanación– de la idea de una divina providencia o de un plan de la historia de la salvación.
La noción de desarrollo se basa en el prejuicio de que existe una línea que inicia en “lo primitivo” y deriva paulatina, progresiva y evolutivamente en un estadio cada vez mejor. Hay en esta fabulación moderna un esquema según el cual toda historia humana o social debe seguir esta línea ascendente de mejoría constante y tendencialmente infinita.
Este supuesto lo comparten –por encima o por debajo de sus diferencias y polémicas– ideologías típicamente modernas como el liberalismo y su refrito el neoliberalismo, el marxismo (secularización de la idea religiosa del socialismo utópico) y el positivismo (hermano gemelo del neoliberalismo, los “científicos” porfiristas son los ancestros de los doctores neoliberales de hoy).
Complementariamente a la idea de desarrollo, proceso pensado como “deber ser” de todo grupo humano, están, según esta mitología, las sociedades “menos desarrolladas”, “en vías de desarrollo” o “subdesarrolladas”.
Esta noción es una especie de ganzúa ideológica con dos funciones:
La primera es ocultar la “dependencia”, es decir la refuncionalización de pueblos y culturas enteras para servir a los intereses de una metrópoli. No se trataría así de pueblos expoliados, saqueados, vampirizados por su metrópoli, sino pueblos “primitivos”  a los que hace falta “desarrollar”.
La otra función del pseudoconcepto de “subdesarrollo” es proponer más de lo mismo como medicina: Más neoliberalismo, más desregulación, más subordinación, más entreguismo, hacerse más dependientes, colonial y estructuralmente, de la metrópoli para “alcanzar el desarrollo”. Es como decir: Estás mal por insuficiencia de capitalismo, aumenta la dosis de capitalismo para mejorar. Receta del doctor FMI.
La noción de desarrollo como esquema explicativo que se pretende universal y necesario (“científico” y “objetivo”) es falsa. Como falsa fue su predecesora hoy casi jubilada, la idea de progreso.
No hay un desarrollo, progreso o evolución lineal absoluto en la historia de una sociedad humana; en toda historia humana hay avances y retrocesos (que no siempre son como la receta de baile leninista: dar un paso atrás para adelantar dos). Solamente por un prejuicio creemos que somos mejores que nuestros antepasados. Considerado más fríamente, los pueblos que han cometido (¿hemos?) los crímenes de Auschwitz, Hiroshima, Nagasaki, Vietnam, Guatemala o la masacre cotidiana que desangra hoy a México no son (somos) necesariamente mejores que civilizaciones anteriores que tuvieron sistemas de castas, esclavitud o guerras floridas, junto a altos niveles en nociones matemáticas y espirituales. Incluso los males de una y otra sociedad histórica se asemejan tanto que parecen sólo cambiar de nombre.
Los actuales presidentes o primeros ministros de países como Canadá, los Estados Unidos o México no son evidentemente mejores que el rey poeta texcocano Netzahualcóyotl.
No obstante, creemos en el desarrollo con la fe ciega que pueblos anteriores creyeron que la tierra era plana o que sacar corazones de guerreros y deportistas era la única manera de mantener vivo al sol. Hoy le sacamos el corazón a la tierra y la despanzurramos para mantener vivo no al sol, sino a la especulación de una transnacional en la bolsa de valores.
No adelantamos mucho pegándole al desarrollo adjetivos para hermosearlo, tales como “sustentable”, pues son alcahuetes del mismo proxeneta.
Entonces ¿qué proponemos? Lo que siempre nos preguntan los creyentes y fieles (musulmanes) del Desarrollo (así con mayúscula, como dios tutelar). Proponemos salir del maniqueo y falso debate entre quienes están “a favor” del desarrollo y quienes están “en contra”. De hecho ambos quieren (sin son de buena fe) mejorar la vida humana, pero se enredan en una falso desacuerdo propiciado por un concepto tan falso como engañoso.
Pensar sin usar la noción de “desarrollo” nos libera de una pseudoconcreción, una ilusión, una superstición. Nuestras ideas serán menos confusas si la dejamos atrás. Podremos pensar de manera más concreta y clara en la vida humana y en la vida de las otras especies, ya no como medios o como víctimas para sacrificar en el altar del insaciable e incomprensible dios Desarrollo (máscara del dios Capital, el dios Dinero), sino como seres que se merecen respeto tal como son, independientemente de nuestras necesidades, deseos, ambiciones o prejuicios.
Desechar la noción de desarrollo no quiere decir deslegitimar la aspiración a mejorías. De hecho, proponemos tirar a la basura la noción de desarrollo para mejorar nuestras ideas y la transformar la realidad también. Pero las mejorías pueden y deben pensarse  como concretas, finitas, contextualizadas. Y de preferencia, en diálogo, no como imposición y hegemonización.
La noción del desarrollo como proceso ascendente que tiende al infinito no es solamente falsa (el planeta es finito), sino contraproducente. En lugar de mejorar el mundo, imponiendo el dictado del poder en nombre suyo, el planeta ha empeorado. Y cuando decimos empeorado nos referimos a que ponemos en peligro de extinción a la especie, tal como ya hemos extinguido a muchas especies. Si el criterio de mejoría es la biodiversidad (y la diversidad humana) más que desarrollo vivimos en franca involución.
Eso para no abundar en que la idea de desarrollo (un paquete ideológico revulsivo) comparte muchos prejuicios discriminatorios como ser androcéntrica, adultocéntrica, racista (supremacista blanca), eurocentrada y otros similares.
En otras palabras, el capitalismo no es natural ni perenne. De hecho la conservación de la especie y de la posibilidad de la vida en el planeta exige hoy su abandono, desmantelamiento, y la remediación, en la medida de lo posible, de sus daños.
La noción de desarrollo usada para tratar de explicar, o peor aún para normar a las sociedades, es tan científica como la explicación de que el mundo se sostiene en una tortuga, que está sobre cuatro elefantes, que su vez descansan sobre…
Apuesto que si un lector creyente fervoroso del desarrollo tuvo la paciencia de llegar hasta aquí debe estar pensando que preconizamos el primitivismo o el regreso al huevo originario. Eso solamente prueba cómo funciona el prejuicio del desarrollo. Por eso a quienes se oponen a sus agresiones se les ataca sin más diciendo que “se oponen al desarrollo”.
¿Queremos entender qué significa en verdad el “desarrollo”? Ciudad Juárez como polo de desarrollo, como modelo a seguir. Y Japón, que después de Fukushima es una llaga abierta, pero era hasta hace pocos años el modelo a seguir.
El desarrollo es el opio de los neoliberales. Es como una religión sin valores ni humanos ni divinos, pero hecha de puros misterios “evidentes”. No resiste a un análisis serio. Mejor desechémosla, con buen humor.

Crítica del paradigma del progreso

2012-01-19

 

René Báez

 

Este trabajo fue presentado como Ponencia al II Encuentro Internacional por la Humanidad y contra el Neoliberalismo convocado por el EZLN y cumplido en Madrid/España en 1997. La decisión de ponerlo a circular nuevamente, en forma fragmentaria y con ligeros reajustes, a propósito del Seminario sobre Pensamiento Crítico organizado por el Centro de Pensamiento Alternativo de la Universidad Central del Ecuador, obedece a nuestro interés por aportar con algunas reflexiones heterodoxas al debate sobre  la actual transición latinoamericana y especialmente ecuatoriana. (Nota del Autor)

 

1. Regresión versus evolución cíclica

La vocación de los pensadores por desentrañar las causas de las tendencias evolutivas (involutivas) de las socie­dades humanas sería muy antigua y habría sido la preocupación de historiadores y filósofos grecolatinos de la importancia de Hesíodo, Homero, Séneca, entre otros, que habrían partido de la hipótesis de una evolución regresiva del proceso social (“la degeneración del oro hasta el hierro”).

Durante la Edad Media se abre un paréntesis en la percepción secular del proceso social, que es sustituida por la visión escatológica provista por la Iglesia Católica y el escolasticismo. El propósito fundamental de los escolásticos fue fusionar la filosofía griega, especialmente el pensamiento aristotélico, con la doctrina cristiana. Más que explicar los fenómenos sociales, su preocupación estuvo orientada a la formulación de normas absolutas de conducta sustentadas en principios religiosos. En el ámbito de la economía su concepción se sintetiza en dos postulados: a) que las consideraciones económicas carecen de importancia, pues el mundo presente es sólo la preparación para el futuro y b) que la actividad económica es tan sólo un aspecto de toda la actividad humana y por consiguiente debe juzgarse de conformidad con normas de moralidad (Cf. Ferguson, 1988: 27).

Un noble ideal de igualdad y solidaridad habría inspirado la preocupación escolástica sobre las cuestiones de la vida material. Conforme se ha escrito: “Al aceptar con  sinceridad el principio de Aristóteles de que ‘el hombre es por naturaleza un animal social’, la teología medieval afirmó que todos los hombres son iguales por naturaleza, que el Estado se ha hecho para el hombre y no el hombre para el Estado, y que hay un límite normal a la extensión de la intervención gubernamental en el esfuerzo individual. En consonancia con esto, el objeto de mayor controversia fue la amplia concepción de la idea de justicia. Que nadie reciba lo que no merezca; que todos los hombres traten a sus semejantes como hermanos” (Ferguson, 1988: 27).

El final del medioevo marcó también el retorno a la percepción secular del devenir humano. Según el autor italiano Juan Bautista Vico (1668-1743), éste se cumpliría no en términos involutivos sino cíclicos, comportamiento que, según el alemán Herder, tendría validez para todas las áreas del planeta. Al menos entre las visiones seculares señaladas se podría identificar un denominador común: su concepción de la dinámica de las sociedades humanas como un proceso de múltiples interdependencias de factores. Concepción proteica que comenzará a restringirse con la progresiva imposición del paradigma económico.

La Reforma Protestante (1517-1650) encabezada por Lutero, al reducir el poder temporal del papado y, por contrapartida, alentar la formación de estados nacionales en Europa, impulsó la difusión del enfoque economicista del proceso social en la principal expresión religiosa de Occidente; todo esto en la medida que legitima el móvil de lucro y el individualismo, es decir, los valores sustantivos de la emergente clase burguesa.

2. Camino a lo unidimensional

La aludida restricción de corte hedonista aparece vertebrado el conocimiento económico sistemático, empirista y pragmático de los pensadores mercantilistas (Botero, Colbert, Mun) que comenzará a fraguarse desde el siglo XV y que predominará hasta el XVII, entre otras causas,  por constituir el correlato de la expansión colonialista de Europa.

Conforme escribe O. Popescu: “Ya que nuestros primeros economistas —los pensadores mercantilistas— fueron hombres de negocio, no debe sorprender el verlos inclinados hacia enfoques ‘realistas’. Los autores mercantilistas reducen en sumo grado el alcance y la dimensión de la problemática del movimiento social. Por supuesto que el tema cardinal de la doctrina mercantilista será la cuestión del desarrollo, pero el enfoque se desplaza desde una óptica milenaria a una secular. Por otro lado, el problema toma un agudo carácter económico, puesto que se generalizó el consenso de que la riqueza es la llave del poderío nacional, y dado que se está comenzando la era de los estados nacionales, también el problema del desarrollo económico se plantea como un simple problema de desarrollo nacional”. (Popescu, 1982: 266)

Al expresar el predominio del capital comercial, no es casual que detrás de los postulados fundamentales del mercantilismo —atesoramiento de metálico, balanza comercial favorable, estímulo a la industrialización vía proteccionismo, defensa de los monopolios estatales, rígida reglamentación de las economías coloniales para mantenerlas como fuentes de abastecimientos primarios, etc.—, tal corriente representara, a la par que la fetichización del dinero, una despreocupación por las condiciones de vida del conjunto de las sociedades metropolitanas y, más aún, de las coloniales. La riqueza de las naciones, identificada para todos los efectos con la fortuna de comerciantes y empresarios, ocultaba la pobreza de los pueblos.

3. La revolución burguesa y la ideología del progreso

La emergente clase burguesa, opuesta a la tradición gremial y al poder absolutista, abrirá paso a la imposición de la cosmovisión racionalista y, en particular, de la razón instrumental capitalista, es decir, el dinero y la tecnociencia. No obstante, el advenimiento de la escuela clásica liberal revelará una continuidad respecto a los mercantilistas en la perspectiva económica de la evolución de la sociedad.

Su preocupación fundamental —expresada incluso en el título de la principal obra de A. Smith—no fue otra que la identificación de los factores determinantes de la expansión y reparto del producto social.

El liberalismo, al fundar la racionalidad económica en el interés personal, convalida y proyecta el enfoque del cambio social en términos similares a los mercantilistas, sólo que renegando del intervencionismo estatal que tanto sirviera para que la burguesía ensayara sus primeros pasos.

Las revoluciones burguesas y el iluminismo consagran la Welstanchauungen(ideología) economicista, moderna, de funcionamiento y avance de la sociedad.

Conforme analiza Celso Furtado: “Durante el proceso de invención cultural que fue la revolución burguesa, se produjo el refinamiento de dos poderosos instrumentos de la mente humana: el racionalismo y el empirismo. Por un lado, someterlo todo al entendimiento crítico a partir de un conjunto de conceptos y, por otro, tomar como punto de referencia la experiencia para comprobar la veracidad de una proposición —la correspondencia de las ideas con los hechos— era lanzar las bases de una sociedad fundamentalmente secularizada. En esta sociedad todo podía ser puesto en duda y la cohesión social pasaba a depender más de la visión del futuro que de la memoria del pasado. Esta visión del futuro encontró su expresión definitiva en la idea de progreso”. (Furtado, 1982:187)

Por otro lado, en la medida que la revolución burguesa representaba el ascenso de fuerzas sociales que tenían en la acumulación la fuente de su propio prestigio y, así mismo, en la medida que la acumulación de los medios de producción conducía a la diversificación del consumo, ya sea por el intercambio externo o la producción interna, los cambios en los patrones culturales surgidos de esas condiciones serán identificados como signos de ascenso social, de modernidad, de progreso.

La razón instrumental se convertirá, así, en el principio organizador e impulsor de la sociedad que emerge con el colapso del mundo feudal y su ideal socializante de inspiración cristiana.

Según el propio Furtado: “La penetración del capitalismo en la organización de la producción puede interpretarse como una ampliación del área social sometida a criterios de racionalidad instrumental (medios de producción). El capitalista que con anterioridad trataba con los propietarios de tierras, con las corporaciones depositarias de privilegios o con entidades similares, pasa a tratar con ‘elementos de la producción’, que pueden ser considerados en abstracto, comparados y reducidos a un denominador común, sometidos a operaciones de cálculo. A partir de ese momento, la ‘esfera de las actividades económicas’ puede concebirse independientemente de las demás actividades sociales”. (Furtado, 1982:190)

En el pensamiento clásico liberal la noción de progreso (riqueza) nace asociada a dos elementos que resulta importante precisar.

En primer lugar es la expresión o indicador de la prosperidad o decadencia de las naciones, percepción similar a la de los mercantilistas, y de modo directo se relaciona con el potencial productivo de una comunidad, que se traduciría —según J. S. Mill— en “aquel conjunto máximo de bienes que un país puede obtener, dada la naturaleza de su suelo, su clima y su situación respecto de otros países”. Concepción ideológica derivada de la filosofía del derecho natural, según la cual tanto los fenómenos físicos como los sociales se regían por idénticas leyes que había que descubrir y respetar como medio de asegurar el avance de la sociedad hacia el óptimo económico.

En segundo término se advierte un contenido altamente ideológico, en la medida que expresa intereses concretos de la clase burguesa en su confrontación con la decadente clase de los terratenientes feudales.

Este contenido ideológico aparece inequívocamente expresado por David Ricardo, el primero en formular una teoría sistemática del desarrollo económico.

Según la sintética formulación de O. Lange, el modelo ricardiano opera de la siguiente manera: “La utilización de una parte del producto social para la acumulación y las inversiones productivas es fuente del desarrollo económico. Bajo las condiciones capitalistas, el excedente adopta dos formas: beneficio de capital y renta de la tierra. Ricardo opina que en la práctica sólo el beneficio constituye la base del desarrollo económico. La renta de la tierra es utilizada generalmente por los terratenientes de modo improductivo. De ello sigue que mientras mayor es el beneficio, mayor es la acumulación” (1966: 154).

El carácter ideológico burgués del conjunto del pensamiento clásico aparece cabalmente destacado en las puntualizaciones siguientes: “… la economía política clásica integra un sistema económico de ‘ley natural’, es decir, un sistema que concibe la existencia de un orden natural tanto en el mundo físico como en el social. El reconocimiento de la posibilidad de entender el orden existente en el mundo social y determinar las leyes que la rigen, traduce una posición epistemológica que podría designarse como ‘racionalismo sociológico’. Desde luego que esta última expresión tomada de Schumpeter, es una designación muy general, pues abarca tanto una posición epistemológica según la cual hay una adecuación entre el objeto y la razón que así puede captarlo, como también una postura que admite la existencia de un orden tan sólo en la razón, ‘… pero que la propia razón nos concita a admitir para evitar una razón divergente…’. Esta es la posición típica de los reformadores sociales. Como podrá percibirse hay elementos que permiten inferir que debajo de la visión clásica subyace una actitud del segundo tipo. Tales elementos son, de un lado, las vinculaciones de esta escuela con el utilitarismo, y del otro, las medidas de política económica propiciadas…”. (Sunkel y Paz, 1970: 107 y 108)

He ahí, en su intimidad, los postulados matrices del discurso con que la burguesía triunfante evangelizará al mundo especialmente a partir de 1789.

4. El denominado socialismo científico y la asimilación de la ideología del progreso

La visión ideológica del comportamiento de la sociedad elaborada por los clásicos liberales será asumida también por la economía política marxista, en el sentido de percibir el desarrollo de las fuerzas productivas como algo decididamente positivo y que, además, diseminaría la abundancia y el bienestar. De esta suerte, al menos en una de sus principales vertientes y elaboraciones, el marxismo representa una proyección del enfoque optimista del proceso social heredado del Siglo de las Luces.

Ya en el Manifiesto Comunista, publicado por primen vez en 1848, aparece un juicio apologético de las fuerzas productivas como el siguiente: “Merced al rápido  perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta a las más bárbaras. Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe e introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. En una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza” (Marx y Engels).

Y en su análisis sobre el régimen colonialista británico en la India, Marx llega a sostener “… y a pesar de todos sus crímenes, Inglaterra fue el instrumento inconsciente de la historia al realizar dicha revolución. En tal caso, por penoso que sea para nuestros sentimientos personales el espectáculo de un viejo mundo que se derrumba, desde el punto de vista de la historia tenemos pleno derecho a exclamar con Goethe: ¿Quién lamenta los estragos/si los frutos son placeres?/¿No aplastó miles de seres/ Tamerlán en su reinado?”.

¿Cómo sustentar una posición tan heterodoxa como la que estamos enunciando?

Para la economía marxista —como se sabe- la lógica y la fisonomía de las sociedades son determinadas por el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y por las relaciones sociales derivadas de esa condición tecnológica— (“el molino de viento engendra la sociedad feudal, el molino a vapor genera la sociedad burguesa”).

En realidad, toda la teoría económica marxista — fundada en la anterior premisa— puede ser considerada y entendida como una teoría del desarrollo del modo de producción capitalista.

Dicha teoría o modelo puede describirse brevemente de la siguiente manera: El fundamento del desarrollo económico es el proceso de la competencia capitalista, que hace que la ley del valor actúe en su forma específica para el capitalismo: bajo la forma de la igualación de la tasa de beneficios en las ramas de producción individuales y, como consecuencia, paso de capitales de las ramas con una baja tasa de beneficios a ramas con una tasa de beneficios más elevada.

En principio —como recuerda O. Lange — Ricardo ya conocía el mecanismo de la igualación de las tasa de beneficio, lo nuevo de la exposición del desarrollo económico de Marx constituye la unión de la competencia con el progreso técnico. Marx señaló que la competencia capitalista conduce a la igualación de las tasas de beneficios.

Marx señaló que en la economía capitalista existe la necesidad de un progreso técnico permanente. Un capitalista que no lo reconozca, no sólo renuncia al beneficio adicional, sino que corre el peligro de verse expulsado del proceso de producción.

La técnica del proceso de producción se halla sometida, en el capitalismo, a constantes transformaciones en el sentido de una mayor productividad del trabajo y de costos de producción más bajos. Existe, por ello, una coacción objetiva y generalizada para el progreso técnico. De ello resulta una demanda desorbitada de nuevas realizaciones técnicas, que exige la dedicación de todas las fuerzas creadoras para asegurar el constante progreso técnico en todas las ramas de la producción. Bajo las condiciones capitalistas existe, por tanto, una “necesidad social” de nuevos descubrimientos, de métodos de producción cada vez más perfeccionados.

El progreso técnico coactivo del orden social capitalista da lugar a ulteriores consecuencias que se podrían denominar coacción para la acumulación. El progreso técnico exige acumulación, porque su aplicación requiere nuevos medios. Puede decirse que todo capitalista se halla sometido inevitablemente a la presión para la acumulación.

Marx señala también que la acumulación era una necesidad objetiva del capitalismo, pero no el resultado de ningún tipo de cálculo psicológico. La tasa de acumulación—la parte relativa del beneficio destinada a la acumulación— vendría determinada por esa presión objetiva a la acumulación. Esta afirmación construye un elemento fundamental de la teoría marxista, de la que se desprende que un capitalismo estacionario —un capitalismo sin acumulación— es imposible.

El progreso técnico coactivo es la causa del aumento constante de la composición orgánica del capital. Esto conduce a una serie de fenómenos ulteriores. Ante todo, el proceso de producción capitalista crea un ejército de parados como consecuencia inevitable del revolucionamiento ininterrumpido de la técnica y de la eliminación del trabajo vivo por el trabajo materializado. Es el llamado “ejército de reserva industrial”. En la teoría de Marx, la existencia de este ejército de reserva evita que, a largo plazo, el aumento de los salarios consuma todo el beneficio de los capitalistas.

La consecuencia siguiente del progreso técnico coactivo y del aumento de la composición orgánica del capital es la concentración del capital. Una aplicación eficaz del progreso técnico requiere la concentración de capitales en grandes unidades económicas, con lo cual la libre competencia se ve limitada o eliminada. Distintas clases de monopolios ocupan el lugar de la libre competencia.

Los efectos de la concentración de capital han sido analizadas en la propia literatura marxista clásica, especialmente por Lenin, derivando en los estudios del desarrollo del imperialismo como superestructura política del capitalismo monopolista (Cf. O. Lange, 1966:160 – 163).

Más allá de la elevada pertinencia y contribución del marxismo para desentrañar los mecanismos esenciales de funcionamiento del régimen capitalista, la realidad contemporánea —especialmente de la postguerra fría— imponen un repensamiento aunque sea sumario de sus fundamentos epistemológicos, de las razones de su extendida influencia en la conciencia social y de su impacto (coherencia) con la práctica del “socialismo real”. Todo esto, naturalmente, en cuanto concierne a la línea de reflexión preestablecida para este trabajo.

En el ámbito epistemológico y con independencia de algunos geniales análisis del propio Marx, en el sentido de destacar el rol de la naturaleza en la generación del valor de uso, parece indispensable establecer que, bajo la influencia positivista que privilegia lo cuantificable, la teoría marxista terminará por excluir a la naturaleza como fuente del valor de cambio, lo cual la torna  insuficiente para explicar la actual crisis de la modernización de las economías tanto “centrales” como “periféricas”.

En cuanto concierne a su influencia ideológico-política, las reflexiones siguientes se perfilan muy atinadas.

“El choque de la ideología del progreso-acumulación fue tan profundo y abarcó tanto que impregnó incluso el pensamiento revolucionario surgido de la lucha de clases y orientado a la destrucción del orden capitalista. Su incorporación al pensamiento revolucionario es uno de los ingredientes del paso del ‘socialismo utópico’ al ‘socialismo científico’, del pensamiento de un Fourier con su mundo sencillo de ‘pasiones armónicas’ al de las contradicciones siempre superadas que abren la puerta de un mundo mejor en Marx. En su forma más elaborada, el pensamiento revolucionario surgido en el marco de la civilización industrial atribuye a la clase trabajadora el papel histórico semejante a aquel que desempeñara la clase burguesa o sea la función de provocar transformaciones culturales que habrían de abrir un nuevo ciclo de civilización… Apoyada en una teoría de la historia que tuvo gran repercusión al llenar una evidente laguna de las ciencias sociales —y que era suficientemente vaga para adaptarse a una multiplicidad de situaciones sin que nunca pudiera ser sometida a prueba— la ideología del ‘socialismo científico’ desempeñó un papel de gran importancia en la difusión de la civilización industrial en zonas en las que fue débil o nulo el proceso de la revolución burguesa: zonas de gran atraso relativo en la acumulación y también la lucha contra la dependencia en los países sometidos al yugo colonial, o sea allí donde la dependencia fue un obstáculo efectivo, a la difusión de la civilización industrial”. (Furtado, 1982: .189-191)

Finalmente en lo que tiene que ver con la influencia del marxismo en la teoría y práctica de los denominados “socialismos reales”, análisis que por cierto desbordan los objetivos preestablecidos para este trabajo, señalaremos únicamente que la economía política marxista, en forma similar a la de raíz liberal, habría exhibido en sus cristalizaciones históricas los límites y falencias inherentes al reduccionismo economicista sobre el devenir del hombre y la sociedad.

Expuesto en otras palabras, la ideología del progreso —operando en distintas formas de organización social —habría obrado como factor de interdependencia entre clases sociales (capitalismo) o capas sociales (‘socialismo real’) con intereses antagónicos, pero que habrían actuado en la perspectiva de un proyecto similar de modernización.

5. La economía neoclásica y la apoteosis del economicismo

En el último cuarto del siglo XIX los economistas convencionales orientaron su esfuerzo a la refutación de la teoría del valor-trabajo, convertida por el movimiento socialista en poderosa arma en su impugnación del capitalismo.

A ese propósito los neoclásicos desecharán en su análisis la relación existente entre la teoría de la distribución del ingreso basada en variables sociológicas (“principio de población” de Malthus’ y “ejército industrial de reserva” de Marx) y el comportamiento de las tasas de ahorro e inversión.

Esta “depuración” de la teoría de factores no-económicos resultó crucial para la configuración del modelo neoclásico.

“La base del modelo neoclásico es una función de producción que admite cualquier combinación de los factores. Considerando viable, desde un punto de vista técnico, cualquier combinación del capital y del trabajo, la remuneración de cada factor será determinada por su productividad marginal a partir de la posición del equilibrio, que se confunde, para todos los efectos, con la ocupación plena. Aumentando la oferta global de capital más rápidamente que la oferta de trabajo, el precio de la oferta del capital tenderá a la baja. Habrá un aumento en la densidad de capital por trabajador, lo que inducirá a la declinación de la productividad marginal del capital. Razonamiento similar puede hacerse con respecto al factor mano de obra. La conclusión más general del modelo que acabamos de describir es que, en cualquiera que sea el monto de la oferta de mano de obra, todas las personas que deseen trabajar encontrarán empleo, si aceptan el salario que se les ofrece en el mercado. Dicho salario sería determinado, en todos los casos, por la productividad marginal del factor trabajo”. (Furtado, 1969: 41)

Esa construcción abstracta y tan alejada de la realidad de un mundo de desocupados como era el del siglo XIX, surgió ante los economistas neoclásicos como la verdad científica más irrefutable. Desaparecía totalmente la incómoda idea de los clásicos, en el sentido de que la remuneración del trabajo y la del capital eran de distinta índole. Si la población crece sin cambios en la existencia de capital, la tendencia del salario real será hacia la baja, pues solamente podría lograrse más empleo a costa de la reducción en la productividad marginal del trabajo. Sin embargo, libres del principio de la población de Malthus, a los economistas neoclásicos no les preocupaba tal problema. Al contrario, de su teoría surgía una perspectiva optimista para la clase asalariada: siempre y cuando las existencias de capital crecieran más rápidamente que la población, la productividad marginal del trabajo también crecía, arrastrando los salarios reales. La condición sine qua non para que se cumpliera tal promesa residía en la creación de condiciones favorables al incremento del ahorro.

Como acertadamente se ha hecho notar: “Con las formulaciones neoclásicas se ideologiza lo económico erigiéndose en ciencia social al ‘economicismo’. Se entiende por ‘economicismo’ a la reducción que se hace del hecho social al hecho económico. Así… al mercado se lo toma como una fuerza objetiva, exterior a la sociedad, que se impone a los productores. En el caso de la moneda, la atención se centra en el estudio de las relaciones superficiales del intercambio dejándose de lado las esenciales de la producción que exigen un análisis fundamental en una ciencia social total” (I. Parra-Peña, 1986: 40).

6. De la ideología del progreso a la ideología del desarrollo: la universalización de la razón instrumental

“Las raíces de la idea de desarrollo pueden detectarse en tres corrientes surgidas del pensamiento europeo a partir del siglo XVIII. La primera se asimila al iluminismo y a la visión de la historia como una marcha “progresiva” hacia lo racional. La segunda se relaciona con la idea de “acumulación de riqueza”, en la que está implícita la opción entre el presente y el futuro ligada a una promesa de bienestar. Finalmente, la tercera se vincula con la idea de que la expansión geográfica de la civilización europea significa el acceso a formas superiores de vida para los demás pueblos de la tierra, considerados como “retrasados”. (Furtado, 1982: 68)

La superación del enfoque mercantilista por el liberal en lo concerniente a las relaciones entre países tiene mucho que ver en la génesis de la ideología o paradigma del desarrollo.

Los europeos consideraban el comercio, dentro del  mercantilismo y el Pacto Colonial, como un acto de imperio y, por tanto, inseparable del poder de las naciones que lo practicaban, doctrina que se destruiría durante la segunda mitad del siglo XVIII y se sustituiría progresivamente por las liberales a partir de la primera mitad del siglo XIX.

El intercambio internacional conduce, según la doctrina liberal, a una mejor utilización de los recursos productivos dentro de cada país y pone en marcha un proceso por el cual los países participantes sin excepción tienen acceso a los frutos del aumento en la productividad. Un corolario de esa doctrina era que las economías de Europa ejercían una “misión civilizadora”, al forzar a otros pueblos a integrarse a sus líneas de comercio, puesto que contribuían a elevar el bienestar de los pueblos que se encontraban anquilosados por tradiciones oscurantistas.

De lo anterior se infiere que el intercambio internacional sin la regimentación estatal es la poderosa palanca para la difusión a escala planetaria de la ideología del progreso, primeramente, y de la ideología del desarrollo, con posterioridad. En suma, para la paulatina universalización de la razón instrumental.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII el pensamiento europeo se encaminó, por distintas vías, a una visión optimista de la historia encontrando su síntesis en la idea de progreso, a pesar de que la realidad social de la época era poco reconfortante. El ascenso del capitalismo comercial en el siglo anterior casi no afectó a la organización social. Posteriormente las relaciones mercantiles, situadas con anterioridad a nivel del intercambio de productos terminados o semiterminados, se verticalizaron y penetraron en la estructura de la producción, transformando, por así decirlo, los elementos de producción en mercancías.     

Y, en lo que respecta a nuestros países latinoamericanos, los efectos habrían sido del siguiente orden: La difusión del capitalismo fue mucho más rápida y amplia como proceso de “modernización” que como transformación del modo de producción de las estructuras sociales. El desarrollo y el subdesarrollo son, por lo tanto, dos procesos históricos que se derivan del mismo impulso inicial; es decir, tienen sus raíces en la aceleración de la acumulación efectuada en la Europa de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Los antecedentes expuestos permitirían formular una síntesis como la siguiente: De la misma que la idea de progreso se transformó en palanca ideológica para fomentar la conciencia de interdependencia en grupos y clases con intereses antagónicos, en las sociedades en las que la revolución burguesa destruía las bases tradicionales de legitimación del poder, la idea del desarrollo sirvió para afianzar la conciencia de solidaridad internacional en el proceso de difusión de la civilización industrial en el marco de la dependencia.

Durante la fase de acceso indirecto (mediante la exportación de productos primarios) a los valores de esta civilización -fase durante la cual se fijaron las raíces de la dependencia- prevalecería la doctrina de que el camino más corto hacia el enriquecimiento de una región o país era la especialización interregional o internacional. Insertarse en el sistema de división internacional del trabajo había de ser la forma más “racional” de eliminar el atraso en la diversificación del consumo, de avanzar hacia la línea frontal de las naciones “civilizadas”.

La variante industrialista fomentada en términos más bien precarios en la América Latina a lo largo del siglo XX introducirá una modificación en la ideología librecambista, preservando su esencia de discurso de modernización “a la occidental” en la idea más abstracta de desarrollo.

Expuesto en otras palabras: El nuevo pacto entre intereses externos y dirigentes internos, en el que se funda la industrialización dependiente, vendría a sustituir el mito de las ventajas de la especialización internacional por la idea más movilizadora de desarrollo.

De esta manera, la ideología del desarrollo se distingue de la ideología del progreso por un economicismo más estrecho, insertado en el marco de la dependencia externa a sucesivas metrópolis y más concretamente a un capital monopólico cada vez más financiarizado.

Más allá de las discrepancias secundarias que se puedan detectar entre las estrategias de desarrollo que se han instrumentado en Latinoamérica con posterioridad a la II Guerra Mundial –llámense intervencionismo cepalino, neoliberalismo fondomonetarista o neoinstitucionalismo bancomundialista- tales fórmulas aparecen predestinadas al fracaso en la medida que portan las aberraciones inherentes a una trasnochada civilización centrada en el culto al individualismo y a las cosas.

Bibliografía

Ferguson, J. M. Historia de la economía,México, FCE, 1988.

Furtado, Celso. Teoría y política del desarrollo,Mi Siglo XXI, 1969.

Furtado, Celso. Obras escogidas,Bogotá, Plaza y Janes 1982.

Lange, Oskar. La economía en las sociedades modernas,México, Grijalbo, 1966.

Marx, Carlos y Engels, Federico. El manifiesto comunista Moscú, Progreso, 1970.

Parra-Peña, Isidro. El subdesarrollo y la crisis, Bogotá, Plaza y Janés, 1986.

Popescu, Oreste. Introducción a la ciencia economía contemporánea,Bogotá, Plaza y Janés, 1982.

Sunkel, Osvaldo y Paz, Pedro. El subdesarrollo latinoamericano y la teoría del desarrollo, Mexico, Siglo XXI, 1970

Enero/2012

° René Báez, autor de Antihistoria ecuatoriana (2010) y miembro de la Internacional Writters Association.

 

 

http://www.alainet.org/active/52225&lang=es

GÜNTER ANDERS, la bomba en bikini

Fabrice Hadjaj (2006)

http://colaboratorio1.wordpress.com/2009/10/25/gunter-anders-la-bomba-en-bikini-fabrice-hadjaj-2006/

El 5 de julio de 1946, una bailarina del Casino de París, llamada Micheline, presenta el “más pequeño traje de baño del mundo”: fue diseñado por Louid Réard, especialista en maquinaria recicladora de ropa interior, y lo llamará Bikini, nombre del atolón donde los americanos acababan de realizar sus nuevos ensayos nucleares. Nagasaki no había sido suficiente. Los tests se habían demostrado finalmente letales por la carbonilla radioactiva para personas que se encontraban muy alejadas del lugar de la explosión. El locutor de radio Kuboyama, además, falleció en el acto. ¿Nuestro fabricante no vio acaso una oportunidad comercial? ¿No demostraba que las cenizas radioactivas podrían llegar hasta nuestras playas? Los americanos llamaron a sus bombas, “Little Boy” o “Grandpa”. Ahora se imponía una familiarización inversa: no era la bomba la que tenía un nombre común, era la bañista quien debía convertirse en una “bomba sexual”. Designar el objeto no en términos de vida y de intimidad sino de explosión y muerte no es para nada inocente. Es cuando menos un mal augurio, y convendría escribir toda una estética sobre el “pasárselo bomba”, desde la juerga entre amigos hasta el atentado suicida pasando por el dripping y el zapping, para comprender hasta que punto los tres pequeños triángulos sostenidos por hilos son el signo, como una estrella de David explotada, de la desesperante amenaza atómica.

Sucede que ya no vivimos en una época, sino en su prórroga. Günther Anders ya nos advirtió: nuestra existencia transcurre no solo bajo la inminencia de una muerte individual, sino de una destrucción planetaria. Su obra se esfuerza por sacar todas las consecuencias posibles de lo dicho. Como ya tiene sus años, sobre una cuestión tan actual, la podríamos creer obsoleta. Pues ni mucho menos. Durante mucho tiempo guardada en la sombra, como un gran vino de reserva, ha mejorado para ahora ofrecernos la sobriedad propia del momento de resaca de una borrachera. No es el entusiasmo ni el furor del momento lo que nos preocupa sino la excepcional pertinencia de conceptos que dominan el panorama actual y señalan a lo esencial. A este rigor se une la grandeza de un estilo que sabe conjugar la exposición con la palabra, el silogismo con la anécdota, la seriedad con el humor, con una mezcla de profundidad sutil y de alegría angustiosa que recuerda a Kierkegaard.
 

UNA VIDA EN EL SIGLO

Es conveniente, como si su obra no fuera recomendable por sí misma, recordar que Anders fue un alumno de Heidegger y próximo a Husserl, que el joven Lévinas le tradujo en los años 30, que Sartre recibirá la influencia de su obra “Patología de la libertad”, que era amigo de Bertolt Brecht, de Walter Benjamin, de Herbert Marcuse, de Hans Jonas y, sobre todo, el primer marido de Hannah Arendt. Para ocultar algo su pedigrí, diremos sobre otro aspecto: su pobreza de judío errante. Antes de su reclutamiento por la fuerza en una asociación escolar paramilitar al final de la Primera Guerra Mundial que creíamos iba a ser “la última de las últimas”: ¡aquí le tenemos a los quince años en el frente, descubriendo a hombres convertidos en “material humano”, y temblando ante un cortejo de lisiados en el andén de una estación, como procesión del futuro! Después vino la fuga de París bajo el Reich: tuvo que soportar como el manuscrito de su obra capital contra el nazismo, La catacumba molusa, acabó escondida en la campana de una chimenea, entre jamones y salchichones,  para no poder encontrar un editor más que cincuenta años más tarde, cuando ya era demasiado tarde (mientras tanto, ciertas páginas habían cogido el olor de sus embutidos y les habían servido, a Hannah y a él, para aromatizar el pan de su frugal menaje). Después, el exilio en California: el filósofo va tirando de pequeños trabajos, se hace profesor particular de la hija de Irving Berlin, el compositor de Broadway, después trabajará en una pequeña fábrica de tejidos tipo pret-a-porter para que las amas de casa pudieran tener su tiempo libre. Mientras tanto prosigue su lectura de Marx y de Heidegger, esta doble experiencia de Hollywood y de la fábrica será para el fundamental. La agudeza de su pensamiento vendrá de ahí, que le eleva al rango de entre los mas grandes, como un Debord y siendo el complemento conyugal de Hannah.

La primera noción de su gran obra La obsolescencia del hombre, es el de un nuevo sentimiento: la “vergüenza prometeica”. Entiende por esto la “vergüenza que se adueña del hombre delante de la humillante calidad de las cosas que él mismo ha construido”. Este sentimiento puede parecer loco. Se alimenta de la razón de nuestro culto a la eficiencia. Lo encontramos incluso en el maquillaje: los cosméticos ofrecen el preparado y el producto final masivo, este suplemento industrial que permite al rostro convertirse en una magnífica “cabeza góndola” (mediante esta locución, pretendo designar la hoy común mezcla entre Venecia y el hipermercado). La mujer puede hacer la competencia a las chicas de portada y otros envases atrayentes. ¡Qué bueno sería poder estar siempre en forma, ser reparado, eficaz y tranquilo como un portátil!. Sin estados de ánimo sobre todo. Puesto que lo aburrido, es tener un alma, con su farragosa angustia y metafísica. Sin embargo es difícil hacer ablación del alma, puesto que no es un órgano, y parece que incluso la cirugía estética no consigue más que afear. La maldición, en el fondo, está en que hemos nacido –inter faeces et urinam– y no hemos sido producidos según la inmaculada concepción de nuestros ingenieros. Recordamos ahora que Arendt caracterizó la esencia del totalitarismo por “el rechazo al nacimiento”: el individuo debe insertarse en un plan, un programa de felicidad que le precede y del que debe formar parte del engranaje, mientras que la novedad radical, el radical comienzo de su venida al mundo le son negados. Anders recoge esta noción pero para la sociedad liberal. No es ya fruto de una ideología. Se revela como una situación objetiva. ¡Felices los tiempos de las ideologías de las que nos podíamos defender violentamente! Ahora estamos metidos en un proceso que no necesita de ninguna cabeza pensante para ser orquestado. El mercado es ahora autónomo. No nos encontramos ya ante la cosificación del hombre, sino ante la pseudo-personificación de las mercancías, las cuales se convierten en nuestros modelos, nuestra matriz.

El inconveniente de este punto de vista, es el de ser único. A menudo proclamamos la unicidad de la persona, pero realmente nos incomoda. Puesto que el summum, sería ser producido en serie. El fin de la nueva “Academia” no es, como la de Platón, elevarse solo hacia lo Único, sino descender multiplicado entre expositores y escaparates. La gloria está en ser un “dividuo”, disperso en su actividad, distribuido por las estanterías, transfigurado por la gran distribución.

YUXTAPUESTOS COMO FUSILADOS

Es necesario leer las extraordinarias páginas de El mundo como fantasma y matriz. Escritas en 1956, sus “consideraciones filosóficas sobre la radio y la televisión” son de mucha mayor frescura que nuestras actuales críticas. Nos metemos de lleno en el mundo audiovisual: Anders ha visto lo que había antes, y que se ha desmoronado. Este acercamiento al objeto en su origen nos hace comprender más profundamente su fin. La televisión, explica, ha substituido a la mesa familiar, no estamos más en círculo, reunidos en torno a una comida, sino yuxtapuestos como fusilados que el tubo catódico ametralla. Desde entonces, ya no hay más un interior ni exterior. Lo lejano se convierte en próximo, lo próximo, lejano: estamos en la no-distancia. Las peripecias de la familia de la comedia nos interesan más que nuestra propia familia. Los acontecimientos de todos lados llegan sin realmente llegar: la pantalla reduce todo a estado de figurita decorativa en el salón, entre la planta verde y el yorkshire. La violencia en la televisión no es nada en comparación con esta violencia de la televisión, incluso si lo que emite son escenas piadosas y sus programas de valor. Podemos pensar que estamos en la misa en nuestro sofá y ver el documental Shoah llorando sobre nuestras palomitas. ¿Es la realidad lo que se está aquí retransmitiendo?

No, solo su fantasma, ni presente ni ausente, las reproducciones que presentan niegan, a diferencia de las imágenes del arte, su carácter de producción. Además la desinformación es en sí esencial a la información misma: el suceso retransmitido debe ser preparado para la audiencia, transformado en espectáculo, conforme a los estudios de mercado. Aunque nos traigan el mundo a domicilio, lo que nos ofrecen nos priva del mundo en su resistencia y su misterio. Nuestro fin es convertirnos en reproducciones de sus reproducciones. El bikini es el indicio: no está hecho para el cuerpo, sino el cuerpo para el. Es necesario para llevarlo puesto parecerse a B.B. en Y Dios creo a la mujer o a Ursula Andress en James Bond contra el Dr. No.

CONSERVAR EL MUNDO

Pero nuestra pequeña prenda, nos servirá también de divertimento pascaliano. Esta “bomba anatómica” está aquí para hacernos olvidar la bomba atómica. Anders prolonga aquí los análisis de Heidegger: el ser-para-la-muerte se convierte hoy en día en ser para la destrucción de la especie. Su libro, La amenaza nuclear, no es un inventario de los peligros que acechan a nuestro futuro: toma la medida trágica de lo que se ha realizado. La categoría de lo posible, lo sabemos desde Kierkegaard, es la categoría más pesada: el hombre está volcado sobre su futuro, de forma que sus virtualidades ya están presentes en sus proyectos y llevan la marca de esperanza o de desesperación. El futuro de nuestros días, es la probabilidad de una “muerte sin oración fúnebre”: la atomización universal, y nadie para llorarnos. ¿Tendrá lugar? No importa: “la posibilidad de nuestra destrucción es, incluso si no tiene finalmente lugar, la destrucción definitiva de nuestras posibilidades”.

Ya no construimos, como en la década de los 50, refugios anti-atómicos en nuestro jardín, pero nuestra indiferencia nos salva del ridículo para meternos en la estupidez. El aparente coraje que mostramos no es más que un miedo a lo peor. En realidad, hemos interiorizado la amenaza que huimos a la superficie de nosotros mismos. Puesto que la amenaza tiene el efecto de una imagen no subliminal sino “supraliminal”: no la vemos porque es demasiado grande, y está presente a pesar nuestra. El nihilismo ya no es una opción extraña, está en el aire que respiramos: no dejamos de fabricar otros mundos virtuales en el desprecio definitivo de este mundo, puesto que ha defraudado el mito del progreso continuo. Los hombres nos parecen como “seres intermedios en un intermedio”. Ya no creemos más en la posteridad, y es el secreto del individualismo, de la crisis de la política, de la pérdida de la utopía como de la tradición. El arte mismo está invadido. En la paciente labor de la obra cien veces retomada, el jefe de obra se encuentra atascado para superar los siglos, para qué, si ya no quedan siglos…En su lugar nos apresuramos hacia lo fácil y lo provocador, en la urgencia de un éxito rápido.

El drama, en todo esto, es la banalidad del mal cometido. Ya no hay necesidad de ser malvado para participar de lo peor: la división del trabajo nos convierte en unos irresponsables. Anders todavía piensa aquí en paralelo a su primera esposa: el tiempo de Eichmann no es ya el de Ricardo III, “decidido a ser un villano”. Basta tener la determinación de ser un funcionario sin imaginación. El pobre diablo que compra menos caro impone una bajada de costes y se convierte en cómplice de la explotación. La electricidad que consumo para escribir estas páginas colabora en la empresa nuclear. La guerra total será desencadenará incluso sin odio, debido a la concienzuda lectura de un detector de misiles transmitido por diversos subordinados. Máquinas y mercancías son los dioses de nuestra tragedia: proclaman el oráculo fatal y deciden más allá de nuestras cabezas la destrucción de nuestra Troya.

“Hemos llegado a tal punto, dice nuestro pensador aun próximo a Marx, que quisiera declararme un “conservador” en materia ontológica, puesto que lo que importa hoy, por primera vez, es conservar el mundo tal y como es”. Por primera vez, no se rata de oponer una visión del mundo a otra, sino de luchar porque siga existiendo un mundo. De gritar hacia lo alto, esperando contra toda esperanza, e inculcar al prójimo el coraje de tener miedo.
El bikini, con todo lo que exhibe, disimula el pavor que sería necesario tener en nuestras playas de veraneo. Es bajo el mismo sol que explotó Little boy. Bajo este sol que podemos conmemorar esta fecha tan monstruosa, según Anders, del 8 de agosto de 1945: las víctimas de Hiroshima salían todavía entre escombros, los habitantes de Nagasaki paseaban sin estar muy seguros, y los que ya habían lanzado su bomba sobre los primeros y se disponían, sobre los segundos, a renovar la experiencia, estaban firmando, en Nuremberg, el documento que codifica la noción de “crimen contra la humanidad”.

 – FUENTE.

– VERSIÓN EN FRANCÉS.

Pensar desde el abismo

http://radiozapatista.org/?p=4993


Gustavo Esteva

No estamos al borde del abismo. Ya caímos en él. Estamos en caída libre por un abismo que parece realmente insondable. No se le ve el fondo.

No somos un “estado fallido”, una categoría mal intencionada e inasible que hace unos años empleó el Departamento de Estado de Estados Unidos al clasificarnos junto a Congo y Pakistán. Pero ya no se sabe bien lo que somos. El país que teníamos se ha estado cayendo a pedazos y ni siquiera sabemos adónde van quedando algunos de ellos.

Al atender esta nueva convocatoria de la Universidad de la Tierra en Chiapas propongo de entrada que repasemos brevemente las evidencias del desastre, por mucho que nos duela hacerlo.

El desastre

Desde hace años, México crea al hombre más rico del mundo y a un grupo que lo acompaña en los primeros lugares de esa lista escandalosa de potentados mundiales que hoy son más ricos que nunca. México crea también a algunos de los pobres más pobres del planeta y una proporción creciente de los mexicanos ha entrado en la categoría de pobres. No son dos hechos separados. Son el mismo. Lo que destroza cada vez más el país es esta máquina enloquecida que acumula inmensas riquezas para algunos y despoja y empobrece a la mayoría. El sistema, el capitalismo, es un dispositivo para empobrecer – como explican muy bien Jean Robert y Majid Rahnema en el libro que se acaba de presentar aquí mismo. Esta máquina, esta manera de organizar la sociedad para beneficio de unos cuantos, es la raíz y el trasfondo de nuestros desastres. Repasemos algunos.

  • La quinta parte de los mexicanos ha tenido que abandonar el país para irse a Canadá y Estados Unidos…e incluso tan lejos como el Japón. La nuestra es una de las más grandes emigraciones de la historia. Cientos de miles siguen tratando de cruzar cada año esa puerta de escape, aunque se encuentre cada vez más cerrada. ¿Dónde quedan ahora nuestras fronteras? Los nuestros de allá, que hace años no están con nosotros, se siguen sintiendo mexicanos y sus remesas son condición de subsistencia para millones de personas. Aquí operan y dirigen los policías de allá, las corporaciones transnacionales controlan sectores cada vez más amplios de nuestra economía, y se afianzan costumbres, productos, actitudes y músicas que desplazan todo lo nuestro. ¿Cuál es hoy el contorno actual del país en términos geográficos, económicos, culturales? ¿Cómo fue que permitimos este trágico desmantelamiento?

  • El número de crímenes que se cometen diariamente en México es abrumador. Su barbarie encoge el corazón. No hay ya lugar seguro y en amplias porciones del territorio nacional se han perdido todas las formas civilizadas de convivencia; rige sólo la ley del más fuerte. La violencia, cada vez más general, se hace cada vez más aleatoria. Activistas, dirigentes sociales y periodistas siguen siendo blancos favoritos, pero se multiplican también asesinatos sin sentido que el gobierno llama “bajas colaterales” y pretende esconder bajo la alfombra de su guerra criminal. Las mujeres, como siempre, padecen más que los hombres. La violencia ha invadido la esfera doméstica y se instituye como norma de relación.

  • Estos dos géneros de violencia brutal, la que separa a la gente de su familia, su comunidad y su país y la que mata y golpea indiscriminadamente, se manifiestan también como agresión brutal a la Madre Tierra. Se despoja a pueblos enteros para destrozar con formas muy dañinas de explotación el pedazo de tierra que habían protegido hasta ahora. Se destruye continuamente, con la complicidad general, lo que nos queda de un territorio privilegiado que lo es cada vez menos, esa porción de la Madre Tierra considerada entre las de mayor diversidad en el mundo que alguna vez se describió como cuerno de la abundancia.

  • La injusticia, opresión y arbitrariedad que antes afectaban sobre todo a los más pobres se ha generalizado. Las instituciones creadas para proteger de la violencia, ofrecer solidaridad frente al infortunio y el desamparo y garantizar el respeto a la libertad de las personas están produciendo lo contrario. Aparece en toda su desnudez el carácter de nuestro régimen político, en el cual las leyes se formulan y aplican como privilegio de clase. “Nuestra clase política” ha dicho Javier Sicilia, “vive una forma de criminalidad tan impune como la delincuencia que dice combatir”. Al convertir el fraude en “modo de vida” y “hacer de la depredación, del pillaje y del crimen simples técnicas de gestión, la verdadera diferencia entre el crimen legal y el ilegal sólo es una diferencia de intensidad” (Proceso 1811, 17/6/11). En vez de estructuras formales reguladas por normas generales, conocidas y aceptadas por el cuerpo social, la mayor parte de lo que nos queda de país se encuentra bajo el control de mafias y bandas que operan al margen de todas las normas legales e institucionales, dentro y fuera de los aparatos de Estado. México padecía hace mucho tiempo esa condición, que era uno de los secretos de la supervivencia del PRI. Pero el punto a que se ha llegado no tiene precedentes y es claro resultado del carácter monstruoso y disparatado de la guerra de Calderón, que convirtió un asunto de salud pública en cuestión de seguridad nacional y la abordó con aparatos podridos hasta el tuétano.

  • Aunque no lo queramos reconocer, estamos en plena guerra civil. Está entre las peores de su clase, porque se ha estado perdiendo noción clara de los bandos en pugna y no existe ya ganador posible. Como escribió hace poco el subcomandante Marcos, “esta guerra…está destruyendo el último reducto que le queda a una nación: el tejido social” (“Apuntes sobre las guerras”, Carta primera a don Luis Villoro Toranzo del subcomandante insurgente Marcos, enero-febrero 2011).

Hace seis meses escribí que “un horror gelatinoso amenaza cada vez más nuestra vida cotidiana. En muchas partes ya no se puede salir a la calle a ciertas horas. Este toque de queda no declarado marca límites y orienta el comportamiento. En una variedad de esferas no hay siquiera toques de queda que delimiten lo que podemos o no hacer. No sabemos ya dónde se hallan peligros a menudo mortales.” (La Jornada, 25/7/11).

La situación ha empeorado desde entonces. Estamos de verdad en caída libre en un abismo insondable.

El dolor de la conciencia

Cultivemos el dolor que todo esto provoca, un dolor que se haría aún más intenso si prosiguiéramos la enumeración. No lo matemos.

Permítanme una desviación. Por culpa de los alemanes redujimos con ellos el sentido de la palabra estética, que hace mucho tiempo significaba sentir, percibir con los sentidos. Todos éramos estetas, todos sentíamos. Huellas de ese origen están en la palabra hiperestesia, que muy pocos usan. Quiere decir sensibilidad excesiva y dolorosa. Y está también en una palabra que todos empleamos, anestesia, que es la insensibilidad al dolor inducida artificialmente, la falta de sensación.

Sin masoquismo alguno, sin anestesia, tratemos de sentir a fondo, sin velos, pretextos o salvedades, el dolor profundo que nos puede causar percibir el estado en que nos encontramos.

Estar intranquilo sería enfermedad o anomalía si no hubiera motivo para estarlo, si fuera solamente una ansiedad patológica sin contacto con la realidad. Pero hay razones sobradas para la intranquilidad actual, esa inquietud que nos pone en alerta cuando algo anda mal y debemos hacer algo. Acudir a tranquilizantes, en esta situación, implica negar lo que percibimos para mantenernos quietos, calmados, sosegados. Eso se quiere hacer hoy: anestesiarnos, paralizarnos, evitar la acción inducida por la conciencia que nos da el dolor.

En las culturas tradicionales el dolor se interpreta como un reto que exige una respuesta y el sufrimiento aparece como parte inevitable de un enfrentamiento consciente con la realidad. En la sociedad moderna, en cambio, se nos enseña a interpretar el dolor como un indicador de que necesitamos comodidades y mimos que nos proporcionarán los médicos, para quienes el dolor es un problema técnico. Se trata de matar el dolor, de mantenernos anestesiados. Decía Iván Illich, hace años, que el uso creciente de dispositivos para matar el dolor nos convierte en espectadores insensibles de nuestra propia decadencia.

Eso es lo que experimentamos hoy. Ante el desastre cuyas evidencias cotidianas se multiplican aumenta el consumo de tranquilizantes químicos o discursivos. Con las drogas legales o ilegales, con la cocaína lo mismo que con Prozac, Valium, o la simple aspirina, perdemos vitalidad y capacidad de respuesta, nos hacemos pasivos y apagados, dejamos de sentir… Lo mismo ocurre cuando consumimos discursos en vez de drogas. Unos políticos tratan de negar la evidencia y se afanan continuamente en ocultarla tras nubes estadísticas y retóricas. Otros usan una especie de cachondeo apocalíptico para llevar agua a su molino ideológico: sostienen que bastará hacerles caso y usar las aspirinas que prescriben y ellos administrarán para que el cáncer desaparezca. Las elecciones logran ya que hasta algunos de los más enterados de nosotros desvíen su atención de lo que importa para entretenerse y entretenernos con el circo de tres pistas que se anuncia ya por todas partes. Disimulan cuanto nos causa dolor y vergüenza para que nos refugiemos en un juego de ilusiones que condena a la parálisis, para que no intentemos la acción que realizaríamos si sintiéramos a plenitud lo que está ocurriendo con nosotros y nuestro país.

Traigo todo esto a colación para explorar por qué nos dejamos llevar hasta este punto a pesar de las evidencias de lo que se venía encima y de que fuimos oportunamente advertidos. El 20 de noviembre de 1999, por ejemplo, el subcomandante Marcos describió en La Realidad las características de la Cuarta Guerra Mundial. Lo que dijo entonces anticipó muy puntualmente lo que acabo de describir. Explicó también el derrumbe de las viejas estrategias y las viejas concepciones de hacer la guerra y analizó la lógica y alcances de la nueva. En junio de 2007 amplió la descripción. Hizo ver que por fin había una guerra mundial totalmente total. Nos dijo, un año antes de la caída de Lehman Brothers, que “empresas y estados se derrumban en minutos, pero no por las tormentas de las revoluciones proletarias sino por los embates de los huracanes financieros”. Señaló también que el neoliberalismo “destruye todas las falacias discursivas de la ideología capitalista: en el nuevo orden mundial no hay ni democracia, ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad” (“Siete piezas sueltas del rompecabezas mundial, junio de 2007). Teníamos incluso algunos acotamientos del camino que podíamos tomar: estaba La Otra Campaña.

Mi tema, hoy, es el por qué. Estamos ante una grave emergencia nacional que exige acciones colectivas inmediatas, urgentes. No podemos esperar. ¿Por qué hay tantos a la expectativa? Parece que preferimos ingerir algunas de las drogas que mencioné antes y refugiarnos en la pasividad y parálisis que propician.

La ilusión democrática

Tengo la impresión de que la más grave de las drogas paralizantes que se distribuyen entre nosotros se llama ilusión democrática. Se le consume de manera masiva, a la vista de todos, hasta que se produce una profunda intoxicación colectiva. Lee el resto de esta entrada »

Los nuevos odres

Los nuevos odres

Javier Sicilia

 

Cada fin de año, La Universidad de la Tierra, vinculada con el zapatismo, realiza en san Cristóbal de la Casas, Chiapas, un coloquio sobre los movimientos antisistémicos. El año pasado, Javier Sicilia participó con una ponencia titulada: “Proporción y revolución” (Conspiratio 07). La presente entrega, con la que participó este fin de año, continúa con esa reflexión. En ella, retomando a los Padres del Desierto que salvaron a Europa cuando cayó del Imperio Romano, trata de analizar la manera en la que los Movimientos Sociales comienzan a generar lo nuevo frente al desmoronamiento de las instituciones de la modernidad.

 

No se echa vino nuevo en odres viejos, pues los odres reventarían, el vino se derramaría y los odres se echarían a perder. El vino nuevo se hecha en odres nuevos y los dos se conservan,

 

Mt. 9 17.

 

Uno de los grandes problemas de la percepción humana es que las realidades históricas en las que vivimos parecen haber estado siempre allí. Instituciones como el Estado, la economía, el mercado, las instituciones de servicio del mundo moderno y sus innumerables sistemas –el sistema burocrático, financiero, carretero, médico, educativo…– parecen, en la percepción del hombre contemporáneo, realidades inmutables cuyas crisis e injusticias pueden superarse. Así, desde la creación del Estado moderno y del capitalismo, las luchas políticas y sociales, nacidas del gran fracaso de las ideas que hicieron posible la revolución francesa –el momento, decía Hegel, de mayor libertad fue también el momento de mayor tiranía bajo el cadalso del terror y de la guillotina– no han sido otra cosa que intentos por hacer que el Estado y el capital encarnen en el sueño Ilustrado de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Ya fuera bajo la lógica de los fascismos, del marxismo y sus variantes revolucionarias o del actual liberalismo económico, el objetivo ha sido domesticar al Estado, al capital y a los sistemas que nacieron de ellos para ponerlos al servicio de todos los hombres. Sin embargo, no se ha logrado. Lejos de ello, el fracaso, el malestar y el horror, bajo el imperio de cualquiera de esos sistemas ideológicos, han cundido por todas partes. No sólo los seres humanos se han instrumentalizado, es decir, han sido sometidos, humillados y destrozados en nombre de esos sueños que, a través del Estado, debían encarnar en la historia –los horrendos asesinatos del crimen organizado o desorganizado no son más que la forma sin contenido ideológico de esa instrumentalización humana que corre a lo largo de los tres últimos siglos de amar las abstracciones del hombre por encima de los seres humanos de carne y hueso–, sino que esas instituciones, a las que se ha intentado domesticar y dirigir para que sirvan a todos, están en una profunda descomposición y pronto colapsarán.

 

La razón es que, más allá de los límites de nuestras percepciones en las que siempre estamos atrapados, el Estado, el capital y sus sistemas, son una construcción histórica y, al igual que sucede con  toda construcción histórica, morirán, como algún día murió no sólo el imperio romano, el feudalismo, los absolutismos, la Iglesia como poder político, sino también las variantes más claramente ideológicas del Estado hobbsiano: los Estados fascistas y el Estado soviético. La realidad, también, es que la esperanza de esa sociedad perfecta, que nació de los sueños de la Ilustración –esos sueños que, como una confirmación de lo que vio Goya, han engendrado monstruos— y que nos vienen del sueño judeocristiano de un Reino donde imperaría la justicia, han resultado –y allí están las maneras en las que se asesina hoy– un absurdo criminal. Si en nombre de los seres humanos y de su felicidad, es decir, en nombre de la sociedad perfecta, no hemos cesado, desde la revolución francesa, de oprimir, asesinar y destrozar la felicidad cotidiana de los seres humanos que viven no en el futuro idílico sino el presente de cada momento histórico; hoy, se les sigue asesinado por la misma horrenda realidad, que los sueños abstractos de las ideologías encubrían, la nada, la pura voluntad de poder, para decirlo con Nietzsche, que está llena de nada.

 

No obstante, entre las fracturas profundas de esas construcciones históricas –los desastres económicos, la ineficiencia y corrupción de los partidos y de los gobiernos, el crecimiento de la miseria y del crimen, las devastaciones ecológicas, la criminalización de las protestas— comienza –al igual que ha sucedido cada vez que se desmorona una construcción histórica– a emerger algo nuevo. ¿De qué orden es? No lo sabemos. Lo nuevo es siempre tan tradicional, como el cultivo de las uva, y tan sorprendente como un vino nuevo. Quisiera, sin embargo, delinear algunos rasgos que creo comenzar a descubrir en esa novedad. Para ello, me serviré de una analogía histórica –siempre para comprenderse hay que mirarse en el espejo del pasado– a la que ya había aludido el año anterior en mi ponencia “Proporción y revolución”,[1] al tratar de aclarar lo que más allá de cierto lenguaje marxista –remanente de las instituciones que se resquebrajan– el zapatismo tiene de novedoso.

 

En el siglo IV, frente a las fracturas del imperio romano y como una manera de rescatarlo, Constantino I dio rango jurídico a una de las doctrinas religiosas que, por sus contenidos éticos y por su expansión por los territorios dominados por el Imperio, podía funcionar como una manera de apuntalar las corrompidas instituciones romanas: la Iglesia cristiana. Al conferirle a los obispos el mismo rango que a los magistrados romanos en las cuestiones jurídicas le permitió al Imperio darle nuevos contenidos a las urbs romanas: no sólo –algo que ya estaba en el derecho romano– tener ciudadanos romanos por adopción, sino también, por esa novedad que el cristianismo trajo al mundo: la caridad, atender y mantener bajo el control del imperio, a los extranjeros sin estatuto jurídico que invadían las urbs y que los cristianos llamaban prójimos, mediante órdenes caritativas de derecho social. Lo que en el Evangelio era una novedad de la libertad del amor: el prójimo es alguien al que decido amar más allá de las prescripciones y proscripciones jurídicas de mi etnia (un acto tan libre como gratuito y ajeno al poder que en las primeras comunidades cristianas se expresó por la costumbre de tener siempre un cabo de vela y una cama por si Cristo llegaba a tocar a la puerta en la figura de un desconocido), se convirtió, con la Iglesia oficializada por el Imperio, en un conjunto de instituciones al servicio de la administración de una projimidad  impersonal.

 

En ese contexto, un grupo de hombres de la joven cristiandad, abandonaron las ciudades del imperio para irse a vivir a los desiertos de Siria y Egipto. Seguramente intuyeron que la libertad del Evangelio era incompatible con un poder administrativo y una política de regulación. Lo que buscaban en los desiertos era paradójicamente el Paraíso.[2] No un lugar, con el que siempre han soñado los milenarismos y las utopías modernas nacidas de la revolución francesa, de abundancia y riqueza, sino un sitio donde pudieran vivir una nueva naturaleza, revelada en Cristo, y expresada en la sabiduría y el amor encarnado en la vida solitaria o común, llena de proporciones –lo que las sociedades modernas llaman despectivamente pobreza—y siempre abierta todos. Fueron ellos los que, un poco después de la caída del Imperio y la devastación de sus instituciones en el siglo V, rescataron, bajo la inspiración de la vida monástica articulada por San Benito, la civilización y crearon una forma de vida nueva que más tarde la Iglesia y los remanentes imperiales se encargarían de corromper, dejándola sólo como espacios simbólico de lo que fue la vida de las primeras comunidades cristianas y de la vida de los Padres del Desierto.

 

Vivimos, en este sentido, una realidad parecida. La crisis del Estado moderno y del modelo económico, han hecho emerger de sus fracturas un conjunto de movimientos contestatarios llamados antisistémicos. El zapatismo es uno de ellos. Lo son también los indignados, la llamada primavera de los países árabes, los occupy y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Lo que los asemeja a los Padres del Desierto es que han entrado en conflicto con los poderes de su tiempo. Lo que los diferencia, es que nosotros no hemos huido a los desiertos –ya nos los hay; los que aún existen están sometidos a los Estados y a las expansiones del capitalismo global y sus sistemas—y que hemos decidido enfrentar esos poderes. Sin embargo, mientras los Padres del Desierto trataron de crear un nuevo modo de vida basado en una vida austera de oración y de trabajo con sus manos, es decir, el de un nuevo estatus ontológico de libertad venido de Cristo, al margen del Estado y sus instituciones, los movimientos de hoy quieren, como un remanente del cerco de las percepciones y de las maneras en las que durante los últimos tres siglos otros movimientos se han enfrentado al poder, transformar al Estado. Hay en este sentido, algo nuevo y algo viejo en los movimientos antisistémicos. Los parteaguas históricos –como el de la caída del imperio romano o el desmoronamiento del Estado hobbsiano y de la economía moderna—generan franjas ambiguas donde lo nuevo no termina de delinear su rostro y lo consabido, que ya no sirve, continúa utilizándose para una transformación fundamental. Son, por lo mismo, momentos de profundos claroscuros. En nuestro caso, lo nuevo es la conciencia de que tanto el Estado como la economía ya no responden a lo que se esperaba de ellos: ni cuidan la vida de los ciudadanos ni producen riqueza para todos –la suma de sus destrucciones y despojos es más profunda que la suma de sus producciones que invaden todo–. Lo nuevo, también, es que a diferencia de los movimientos sociales del pasado, no quieren el poder y en lo mejor de sí mismos son no-violentos Lo viejo es que creen todavía que el Estado y el mercado, que ya entraron en una descomposición fatal que terminará por destruirlos, pueden cambiar, transformarse o enmendarse. En medio de ellos, lo ambiguo. Cuando leí la Primera Declaración de la Selva Lacandona, lo que admiraba era la aparición del universo indígena que reclamaba su autonomía y la defensa de sus mundos. Lo que me alarmaba, era que también querían lo que los destruiría: el mundo de la modernidad expresado en un conjunto de sistemas propios del Estado moderno y su economía: lavadoras, escuelas, clínicas, etc. Algo parecido me encontré cuando visité a los occupy en Washington y Los Ángeles. La forma en la que viven es un proceso de autonomía –en medio de sus campamentos, levantados en parque públicos, dialogan entre sí, se organizan, se alimentan, mantienen limpio y cuidado su entorno y se apoyan unos a otros–. Están en los espacios de la ciudad que custodia el Estado, pero confrontados y al margen de él. Sin embargo, su accionar reclama al Estado y al mercado su inoperancia para incluirlos en el pastel. Son, dicen, el 99% de los excluidos que buscan las rebanadas que el Estado y el mercado les roba. Algo parecido sucede con los indignados y, habría que decir también, con los jóvenes de la primavera árabe –el caso del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad se mueve en el mismo territorio de la descomposición, pero es de otra índole y me referiré a él más adelante–. Lo ambiguo de estos movimientos está tanto en lo que son –una forma distinta de ser al margen del Estado y una respuesta a su resquebrajamiento–, como en lo que demandan a ese mismo Estado y a un sistema económico en descomposición que los ha desplazado. Si el Estado hobbsiano y la economía moderna no pueden darles lo que reclaman es porque se basan en lo que Iván Illich llama el “desvalor”. El concepto es complejo.[3] No existe en el diccionario. Pero en relación con el valor que, despojado de su sentido utilitario, está asociado con el bien, significa, en los términos de Illich, una destrucción de los ámbitos de comunidad, de sus culturas y del medioambiente, cuyo resultado es la pérdida del trabajo tradicional, es decir, proporcional y limitado, que hace posible la subsistencia, y su reemplazo por el desempleo, las mercancías y la lucha por acceder a ellas, es decir, la instalación de la violencia. Es, en síntesis, la destrucción del bien por el valor de lo inaccesible o, en otras palabras, la desvalorización del bien.  A pesar de que estos movimientos habitan ya lo nuevo, como un retorno al límite, a la proporción, al trabajo común, utilizando de manera limitada ciertas herramientas del mundo moderno, siguen creyendo, primero, que las tareas del Estado y la tareas económicas, cuya finalidad es el control de los seres humanos bajo burocracias y cadenas productivas, pueden todavía usarse en las realidades humanas, cuya dimensión no es el valor, sino el bien. Segundo, continúan creyendo en una dimensión ficticia del progreso, cuya realidad más evidente es la negación del pasado, de la tradición y de la convivencia, como desechos de la historia. Aunque el zapatismo, iluminado por la tradición de los pueblos indios y obligado a replegarse por la persecución del Estado, ha logrado descubrir la fuerza de sus saberes creando los Caracoles, creo que en su fondo continúa creyendo que es posible transformar al Estado para reproducir, en la lógica de las ideologías históricas, sus propios descubrimientos.

 

Esta crítica puede hacerse también al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Sin embargo, hay ciertos matices en él. De alguna forma se parece al zapatismo. Nace, como él, de la visibilización de los negados por el sistema –no de los indígenas, sino de las víctimas de una guerra, consecuencia del pudrimiento del Estado y de una criminalidad que en la lógica del capital lleva a grados atroces la instrumentalización de lo humano–. Al igual que él tiene un lenguaje poético de altísima dignidad moral. A diferencia suya no tiene un ejército y ha apostado por un diálogo con todos los poderes y los sectores sociales para obligar al Estado a reparar la justicia y la paz. También, a diferencia suya, no nace de una comunidad ancestral que le ha permitido crear una sólida estructura comunitaria y proporcional al margen del Estado, sino, semejantes a los occupy, a los indignados y a los muchachos de la primavera árabe, es el fruto de ciudadanos, atomizados por el Estado y la economía, que el dolor y la exclusión ha reunido en un extraño común. Su fuerza no radica tanto en su confrontación con el Estado y los criminales, sino en la manera en que lo hace. Al dialogar, confronta la ancestral violencia de las ideologías por la disputa del poder y la administración del Estado; al recorrer el país, reunir a las víctimas en un abrazo y darles voz en el espacio público, usurpado por los poderes, rompe el cerco del poder y redescubre la vida comunitaria hecha de solidaridad, de límites, de apoyo mutuo y de relaciones personales. Por último, al besar a todos, reedita una antigua práctica de las primeras comunidades cristianas: la conspiratio, el intercambio de espíritus, a través del aliento, que simboliza la abolición de los estamentos., la reconciliación y la paz.

 

Ninguno de estos movimientos reformará al Estado ni al capital que está en el centro del malestar. Son, como digo, en analogía con los cristianos que partieron a los desiertos de Siria y Egipto, formas nuevas que, al mirarse en la tradición, emergen de las grietas de las instituciones modernas como preludio de lo que se gesta en medio de este nuevo desastre histórico. En esas condiciones no es posible saber, como tampoco lo sabían los Padres del Desierto, lo que estos movimientos aportarán al desmoronamiento para rehacer y preservar el mundo. Lo que, sin embargo, sabemos es que podemos mantenernos juntos, en un profundo diálogo, en un profundo apoyo y profundizando lo nuevo que emerge de nosotros al margen del Estado y de la economía, como formas pedagógicas de lo que el Estado y el capital han negado y se obstinan en continuar negando a pesar del desastre. No es otra cosa lo que esos Padres del Desierto hicieron mientras el imperio terminaba de desmoronarse. No es otra cosa tampoco lo que en el fondo, en las márgenes que a veces toman el centro, hacemos al expresar una vida de proporción, es decir, humana. Nuestras diversas formas de caminar, nuestras distintas maneras de organizarnos y de decir deben ser una invitación a los otros a reflexionar sobre lo que conviene hacer en determinado sitio y en determinadas circunstancias teniendo siempre en mente el bien como virtud y no como valor. Estas maneras de ser y de actuar son, como lo señalé en mi ponencia pasada, “Proporción y revolución”,[4] una manera no sólo de conservar el mundo que otros prepararon para nosotros, sino de hacerlo más habitable. Son los odres nuevos para el vino nuevo que se prepara por encima del horror y la desesperanza.

 

Además opino que ha que respetar los Acuerdos de San Andrés.

 

 

 

[1] Cf. Conspiratio 07, ¿Es posible la revolución”, Jus, México, pp. 48-58.

 

[2] Cf. Javier Sicilia, “El lugar del no-lugar: las Reducciones del Paraguay”, Ixtus 45, Jus, 2004, pp.80-84.

 

[3] Para una visión más profunda del concepto, Cf. “Desvalor”, en Iván Illich, Obras reunidas II, FCE, México, 2008, pp. 477-486.

 

[4] Cf. Conspiratio, op. cit.

 

(Texto escrito para el IIº Seminario Internacional de reflexión y análisis “Planeta tierra: movimientos antisistémicos”, Universidad de la Tierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 30-31 de diciembre de 2011, 1-2 de enero de 2012.)

 

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El Compa Jolil, o las motivaciones de los autoridades autónomos zapatistas

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Paulina Fernández C.

La llamada democracia representativa se ha convertido en pieza fundamental de la ideología dominante. Como pocas veces en la historia de México se repite que los partidos políticos son indispensables y consubstanciales a una democracia; que los procesos electorales son la mejor oportunidad que tienen los ciudadanos para participar en política; que las elecciones son el único medio válido para cambiar el estado de cosas; y que por todo ello, hay que destinar miles de millones de pesos para financiar precampañas, campañas, precandidatos, candidatos, y actividades ordinarias de los partidos políticos registrados, pues la democracia cuesta mucho –dicen- y vale más. Sólo para tener una idea, basta decir que en días pasados el Consejo General del Instituto Federal Electoral aprobó un presupuesto de 5 mil 344 millones 875 mil pesos para los gastos de los partidos políticos en el año 2012.[1]

 

Cuando en las esferas oficiales e institucionales se habla de procesos electorales invariablemente se les identifica con democracia, pero ¿qué perspectiva democrática pueden ofrecer a la sociedad los partidos cuyos miembros son incapaces de celebrar una sola elección interna sin hacerse fraude unos a otros? ¿O los que ni siquiera eligen a sus dirigentes? ¿O los partidos pequeños que sin respaldo ciudadano sobreviven sacando provecho de coaliciones electorales pactadas entre cúpulas? ¿Qué se puede esperar de gobernantes y legisladores que siendo miembros de un partido, se hicieron elegir por otro distinto? ¿Qué se puede esperar de los partidos políticos que no asumen la menor responsabilidad de las decisiones y actos de quienes apoyaron para llegar al poder ejecutivo o al legislativo? ¿Qué respeto pueden merecerle a los dirigentes de los partidos políticos los ciudadanos en general, si a sus propios militantes los han convertido en clientes, o en mercancías canjeables por posiciones políticas personales? Cómo se atreven a hablar de procesos democráticos cuando el solo hecho de existir un registro legal de partido político como requisito previo obligatorio para postular candidatos es en sí mismo una negación de los derechos políticos de la mayoría de los ciudadanos. El registro oficial del que gozan los partidos políticos, base legal del sistema electoral mexicano, es inconstitucional y profundamente antidemocrático porque excluye a la mayoría de la población e impide la participación directa de quienes no quieren hacerlo a través de los partidos. No es casual que más allá de declaraciones propagandísticas y demagógicas, los partidos políticos registrados, únicas organizaciones con presencia en las cámaras legislativas, sigan negando una y otra vez el derecho a postular candidatos independientes, y que cuando incluyen el tema en sus iniciativas de reformas constitucionales en materia política o en algunas disposiciones electorales secundarias, lo hagan subordinándolos al sistema electoral establecido, y acaben negando ese derecho a la mayoría de los mexicanos.[2]

 

En las últimas semanas hemos visto que, sin el más mínimo pudor político, se apuntan en listas de aspirantes a candidatos de los partidos políticos a los puestos de “elección popular”, todo tipo de personas, incluidas muchas que en el cargo que todavía ocupan, o en el que anteriormente desempeñaron, no han rendido cuentas o, peor aún, que tienen cuentas pendientes con “la justicia”. De entre las múltiples razones que mueven a quienes pretenden ser gobernadores, diputados, senadores, presidentes municipales, o un poco después funcionarios públicos de alto nivel, se pueden adivinar algunas: además de tener un trabajo asalariado y bien remunerado, hay quienes lo primero que buscan es tener fuero constitucional que los proteja por las trapacerías hechas en el cargo anterior; otros quieren sentirse importantes, conocidos, famosos, poderosos, traficantes de influencias; algunos buscan compensar un rato su ego mirándose en la televisión, coleccionando los recortes de periódico donde se publica su nombre; no faltan quienes aspiran a ascender socialmente para ya no tener que regresar a vivir y trabajar al barrio, al pueblo de donde salieron; a muchos los mueve simple y llanamente la ambición, aunque también los hay quienes pretenden convertirse en gestores y así obtener recursos para su gente; a casi todos les gusta disponer de un séquito de secretarios, ayudantes, auxiliares, asesores, choferes y acompañantes.

 

Al aspirar a formar parte de la llamada clase política se pretende también sobrevivir sin mayores problemas en un país en el que el Estado de derecho se invoca, pero no se cumple; en el que los derechos sociales y las garantías individuales no se respetan; en el que la burocracia –pública y privada- es exasperantemente lenta e ineficiente; en el que la corrupción es mundialmente reconocida como factor favorable a la acumulación de capital y lubricante de la maquinaria estatal en todos sus engranes; en uno de los países con más desigualdad social e injusta concentración de la riqueza; y sobre todo, en un país en el que el común de sus habitantes experimenta una sensación de impunidad total, que para ponerla en términos oficiales, desde 2008 se admite que “el 98.76 por ciento de los crímenes quedan impunes”[3], y todo indica que esta cifra no ha disminuido en los últimos tres años.

 

Lo anterior significa que tras la competencia por un cargo público, lejos del servicio y la representación fiel de las necesidades de la población, está la búsqueda inconfesable de una situación excepcional individual, que conjuga poder con dinero. Una encuesta hecha en San Luis Potosí, cuyos resultados bien podrían generalizarse a todo el país, muestra que el 65%de la población piensa que la motivación principal de los políticos para buscar cargos de elección popular se debe a los “ostentosos sueldos que se perciben en la función pública”; 25% opina que la motivación es “el hambre de poder”; 5% las “ganas de figurar en la política”; y el otro 5%, cree que es la “vocación de servicio”. Respecto a los salarios que perciben los funcionarios públicos 93% de los encuestados los consideró excesivos.[4]

 

Más que participar en un proceso electoral democrático, quienes hoy luchan por alcanzar un lugar entre candidatos y futuros funcionarios están participando en una exclusiva feria sexenal del empleo, a la que no están invitados los casi 3 millones de desocupados reconocidos oficialmente en 2011, ni los 13 millones y medio de mexicanos que se dedican a alguna actividad informal, con remuneración precaria, sin prestaciones ni seguridad social; tampoco los 4 millones 200 mil mexicanos subempleados[5], que sólo tienen trabajo por unas cuantas horas; ni muchos otros millones de mexicanos que quisieran cambiar sus condiciones de trabajo y mejorar ingreso.

 

Gracias a nuestro sistema democrático, quienes viven “de la política”, al amparo del presupuesto público, se sienten con derecho a gozar de condiciones privilegiadas al mismo tiempo que se enteran con indiferencia que para el país en su conjunto se fija un salario mínimo general que no va a llegar a 2 mil pesos mensuales en todo el año 2012[6], cantidad que tendría que multiplicarse por tres para poderse adquirir los alimentos básicos recomendables[7] y que, obviamente no es un ingreso “suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”[8] como lo manda la Constitución general de la República.

 

Para quienes desean ponerse a salvo de las condiciones de vida, de trabajo y de salario que padecen los mexicanos “comunes y corrientes”, la mayoría de los municipios del país se ha convertido en un espacio adecuado para lograr sus objetivos personales. De los tres niveles de gobierno, es en el municipal en el que parece haber condiciones más propicias para los abusos y la corrupción, ya que, con el pretexto de la soberanía presupuestal la mayoría no dan a conocer el manejo de las finanzas públicas, empezando por el salario que se asignan los alcaldes. Bajo el precepto establecido de que “los municipios administrarán libremente su hacienda”[9], no faltan presidentes municipales que interpretan esta libertad como la oportunidad de entrar con las manos libres para salir con las manos llenas. Si bien hay casos como el de Navolato, Sinaloa, en el que el alcalde tiene un sueldo base equivalente a un salario mínimo -los 2 mil pesos mensuales que ya mencionamos-, la realidad es que percibe 50 mil pesos más, diferencia que suele llamarse “compensación”, y esta “compensación” puede ascender hasta los 80 mil pesos mensuales como en el caso del alcalde de la ciudad de Chihuahua, quien los recibe además de los 27 mil que tiene de sueldo base[10]. En algunas entidades federativas, como en el estado de México, los diputados locales recomiendan “austeridad” a los servidores públicos, sugiriendo remuneraciones desde 55 mil hasta 136 mil pesos, pero en Toluca esos límites no se toman en cuenta y quien encabeza la presidencia municipal tiene un ingreso mensual promedio de 267 mil 780 pesos[11].

 

Hasta hace poco tiempo, el del municipio de Aguililla era el alcalde con mayor remuneración económica en el estado de Michoacán, ya que percibía un salario de 49 mil 500 pesos, al que sumaba una compensación de 61 mil 500 pesos, dando un total de ingreso de 111 mil pesos mensuales. Lo relevante de este dato es que el nivel de ingresos del gobernante municipal no corresponde al nivel de vida de los gobernados ya que el municipio de Aguililla es considerado como de “alta marginación” en Michoacán[12]. Esas diferencias también se pueden encontrar en otros estados. Según los resultados de una investigación publicada por Periodismo sin censura, en Chiapas el sueldo de cualquier alcalde rebasa por mucho el que pueda ganar un jornalero, y la autora lo demuestra con los siguientes datos: “En muchos municipios los trabajadores no alcanzan a ganar ni un salario mínimo que es de 56 pesos con 70 centavos”, mientras el alcalde que recibe “el mejor salario en Chiapas” que es el de Villaflores, “gana diario 2 mil 392 pesos”[13].

 

Pero ¿cómo es que por todo México hay autoridades municipales que por hacer –bien o mal- su trabajo cobren legalmente 40 mil, 50 mil, 100 mil y hasta más de 200 mil pesos al mes durante tres años, y que en otro tipo de municipios, las autoridades acepten trabajar también por tres años pero sin recibir un sueldo a cambio? Y a diferencia de los primeros, si éstos últimos duran en el cargo los tres años quiere decir que hicieron bien su trabajo, porque si no hubieran trabajado bien, el pueblo que los eligió los hubiera cambiado de inmediato. Así es en los municipios autónomos.

 

En los municipios autónomos zapatistas no es el dinero la palanca que mueve toda la maquinaria del gobierno; me consta que son otros los resortes que activan la participación popular y que llevan a los miembros de una comunidad a ser autoridad. Hace unos años, tuve la enorme fortuna de encontrarme varias veces con una misma persona, y percibir en esos diferentes momentos las motivaciones para servir a las comunidades de su municipio, el sentido de su responsabilidad a pesar de todas las dificultades que tenía que enfrentar desde el principio, en ese cargo que en las esferas oficiales es llamado Presidente Municipal. Con sorpresa que me despertó un explicable orgullo, en sólo un par de años pude apreciar la evolución, el crecimiento, el aprendizaje de una autoridad autónoma zapatista, de un “compañero Consejo” que aquí le daremos el nombre de Jolil, Compa Jolil.

 

Cuando conocí al Compa Jolil experimenté sensaciones e impresiones muy contradictorias. Después de varios días de trabajo y de un largo viaje, llegaba yo a la cabecera municipal con la necesidad de sumergirme en un río y darme un buen baño antes de cualquier otra actividad, pero el río se quedó esperándome. De inmediato me recibieron en una oficina los integrantes del Consejo Autónomo, nos presentamos todos, y ya informados del trabajo que íbamos a hacer, se fueron a continuar una reunión amplia en la que estaban participando en otro lugar. El Compa Jolil le pidió a otro de los miembros del consejo, un joven de 16 años, que se quedara a acompañarme. Después de esperar más de cuatro horas, regresaron a preguntar algo relacionado con las actividades del día siguiente, y me invitaron a comer caldo de gallina recién preparado por una viejita vecina, quien también puso al alcance de nuestra mano una buena cantidad de tortillas.

 

Empieza la reunión y las autoridades del Consejo discuten sobre lo que vamos a hacer –lugares, calendario, autoridades, etcétera. En la discusión participan todos -como se acostumbra ahí-, son más de 15 compañeros poniéndose de acuerdo en tzeltal con algunas expresiones en castellano. Yo sigo las intervenciones con mucha atención y muy poca comprensión de lo que dicen… parece que ya resolvieron algo, son las 18:44 horas.

 

El que se expresa mejor en español le dicta el acuerdo a un compa autoridad, sentado detrás del escritorio listo para escribir:

 

– 6:30 salida desde la cabecera municipal

 

– 8:00 reunión en el Primer poblado

 

– 11-13:00 Segundo poblado

 

– 15-17:00 Tercer poblado

 

– No regresamos a la cabecera municipal, quedamos la noche allá.

 

– Pasado mañana, reunión con autoridades municipales.

 

Al terminar la reunión, ya todos de acuerdo con la cita y las actividades del día siguiente, pregunté al Compa Jolil ¿dónde me iba a quedar a pasar la noche? Me llamó la atención que fue él personalmente a indagar, es decir, no le dio órdenes a nadie para que lo hiciera, habiendo muchos compañeros cerca de nosotros. Al cabo de un rato de andar de un lado a otro, regresa con la novedad de que ahí, ahí mismo en la oficina me iba a quedar, al igual que los demás compas, los que vivían lejos y ya no daba tiempo de que regresaran a sus casas y estuvieran temprano para la salida. Y ahí nos repartimos el suelo, unas sillas y las bancas, a manera de camas.

 

Al día siguiente, después de caminar como hora y media al amanecer, llegamos al primer poblado, nos unimos a los compañeros que ya nos estaban esperando bajo los árboles, junto al auditorio donde se llevaría a cabo la asamblea. Generosos como suelen ser cada vez que llega alguien de fuera, nos invitaron a desayunar un buen plato de frijoles con muchas tortillas, acompañados con una gran taza de agua de color rojo grosella. Luego de lavar cada quien su plato y taza, pasamos al auditorio, construido con una interesante disposición de bancas en un amplio círculo, de tal modo que todos nos veíamos las caras desde posiciones iguales, no diferenciadas salvo por una pequeña mesa en la que nos ubicaron al Compa Jolil como autoridad, a un compañero que ayudaría como traductor, y a mí, gracias a lo cual pude escribir cómodamente y desde ahí observar la presencia de mujeres abuelitas, muchas jóvenes mamás, niños de todas las edades, y hombres jóvenes y adultos.

 

Una vez terminadas las reuniones de trabajo, nos citamos a una hora temprana de la mañana siguiente para salir de regreso, otra vez caminando, hacia la cabecera municipal. Cuando llegué a la casa del Compa Jolil donde nos íbamos a reunir para salir todos juntos, él me dijo que ya no iríamos a pie sino en una camioneta, porque había que ir a recoger madera para llevarla a la sede del Municipio Autónomo. La esposa del Compa Jolil, de trato suave y amable, me dio una taza de café, y mientras disfrutaba la bebida caliente, en la puerta de su casa, con una vista espléndida desde lo alto de una pequeña montaña, me animé a preguntarles acerca del poblado. Nos llegó la hora de irnos y el Compa Jolil había alcanzado a decir:

 

– No teníamos terreno antes, en la Ranchería se pagaba para trabajar las tierras, se pagaba con producto. Por media hectárea se pagaban 5 ontes y por una hectárea 10 ontes de maíz. [1 zontle son 400 mazorcas]

 

– Al levantamiento [del EZLN], nomás escucharon la declaración de guerra se retiraron los dueños, dicen que se fueron al 2° valle de Ocosingo, ahí son sus tierras.

 

– Ahora, en el Nuevo Poblado, tierras colectivas, se trabaja maíz, frijol, potrero, caña de azúcar, café, se reparte entre los cooperantes y el resto se va a vender a Ocosingo.

 

Salimos de la casa caminando como 20, 30 minutos, hasta encontrar la camioneta. En el camino paramos donde estaba un compa esperándonos. Ahí había que recoger la madera para llevarla a la obra de la tienda de los promotores de salud, que se estaba construyendo en la cabecera municipal. Nos bajamos, los compañeros se saludaron y se internaron entre plantas secas y árboles caídos hasta perderse de vista. En muy poco tiempo los veo regresar uno detrás del otro, inclinados, ladeados, cada uno cargando una viga al hombro. Ya cerca de la camioneta, ayudo al otro compañero a recibir las vigas y a subirlas una por una –es lo más que puedo hacer, pesan muchísimo. En total fueron 12 horcones que recogimos en 2 lugares distintos.

 

Lo ejemplar, lo que me impresionó profunda y muy positivamente, es que los compas, todos, le entran a todos los trabajos. El Compa Jolil fue el que más me sorprendió: era una autoridad municipal autónoma, la cabeza del Consejo, había salido de su casa muy limpio, vestido muy propio, con su camisa de manga larga, como quien va a su oficina sabiendo que va a tratar con mucha gente, asumiéndose como autoridad respetable, y de repente lo veo transformado, arremangado, cargando horcones, uno tras otro, acalorado, sudando bajo el sombrero. Así también, el compa que conducía la camioneta, esa misma mañana había interrumpido su marcha hacia la milpa a donde se dirigía a trabajar con sus hijos, cuando le avisaron que se necesitaba la madera. Este mismo compa era a la vez promotor de salud, que en todas las comunidades es un cargo de vital importancia, que supone una preparación especial y mucha disposición de servicio. En esos instantes me fue inevitable tratar de imaginar a un presidente municipal oficial, de cualquier partido político, haciendo lo mismo, humildemente, como compañero, solidario, ¡no, imposible! Cuando veía a estos compas cargando los horcones, pensaba que cualquier senador, diputado federal o local, o incluso cualquier líder campesino institucional, hubiera dado órdenes a sus ayudantes, secretarios o guaruras para que hicieran el trabajo físico, de carga pesada, que supone ensuciarse, astillarse las manos, sudar, sudar, sudar y cansarse; ellos, funcionarios públicos y políticos del sistema nunca hubieran hecho tal esfuerzo físico, hubieran dicho que ese no es su trabajo, que a ellos no les pagan para ser cargadores.

 

Dos años después, me encuentro con que la tienda de los promotores de salud que se estaba construyendo, ya está funcionando. Y estando a unos pasos de ahí, veo llegar al Compa Jolil en su caballo, con el sombrero bien puesto, despacio desmonta, y en la misma imagen de un par de años atrás, lo veo cómo pasa la soga entre las ramas del árbol en el que suele amarrar su caballo, el mismo árbol, su caballo, el mismo transporte, observo que viene con el mismo tipo de ropa, siempre sencillo y propio, solo, sin ayudantes, ni acompañantes, con su morraleta de lado donde carga documentos, papeles y probablemente trae una bola de pozol en bolsa de plástico. Compartimos varias horas en una reunión, y por su participación, la forma de hablar, el volumen de la voz, el contenido de sus intervenciones y el sentido de sus palabras, confirmé mi primera impresión de ese reencuentro: que el Compa Jolil es el mismo, ¡venturosamente el mismo! Dos años “en el poder” no lo han transformado ni trastornado. Percibo con mucho gusto que dos años de autoridad autónoma han sido suficientes para darle seguridad en sí mismo, para ser más desenvuelto, para hacerlo crecer como persona y como zapatista, pero sin complejos de superioridad, sin ínfulas ni soberbia. A través del Compa Jolil también confirmé, con admiración, que se puede desempeñar un cargo de gobierno sin enriquecerse, que se puede prestar un servicio gratuito al pueblo sin arruinarse, que se puede ocupar un puesto de elección popular sin formación ni experiencia previas, y que sobre la marcha se puede aprender a ser autoridad, siendo parte de un gobierno autónomo que trabaja colectivamente haciendo lo que manda el pueblo.

 

A los compañeros zapatistas no los mueve el interés económico, inmediato, personal, al aceptar ser autoridad de su comunidad, de su municipio. No habiendo dinero de por medio que les prometiera “salir de pobres”, que los dispensara de otras obligaciones o los eximiera de trabajar en el campo ¿por qué, entonces, aceptan ser autoridad?

 

Al conversar con ell@s, al observarl@s en su trabajo cotidiano, se advierte que entienden la participación en el gobierno autónomo como un servicio a la comunidad de la que forman parte; su propia comunidad l@s elige por ser responsables, trabajadores y cumplidos. Hombres y mujeres de diferentes edades aceptan ser autoridad porque tienen un proyecto colectivo de vida, un proyecto con futuro para su pueblo y para sus hijos; un futuro que día a día están construyendo para que en cada comunidad haya escuela, servicios de salud, alimentos para todos, trabajos colectivos, fiestas y bailes. Han aceptado y siguen aceptando cargo porque, aunque sea poco a poco, han estado avanzando y han visto resultados favorables de su trabajo autónomo. A diferencia de muchos simpatizantes de los partidos políticos registrados, las bases zapatistas participan en las tareas de su gobierno sin recibir un salario, motivados no por paga sino por conciencia, porque saben que están luchando contra y por liberarse de un sistema que los ha fastidiado, marginado, empobrecido, explotado y reprimido a lo largo del tiempo; porque se identifican con una organización que tiene un rumbo que ellos están continuamente definiendo; porque entienden la necesidad de luchar y defenderse organizadamente; porque en la defensa y ejercicio de sus derechos como pueblos indígenas, han visto que la resistencia da mejores resultados que todas las oportunidades del gobierno oficial.

 

A las jóvenes generaciones zapatistas las anima ser autoridades, el ejemplo de compañeras y compañeros que, con la fuerza de su convencimiento, se mantienen firmes, que no se rinden cuando todo parece andar mal. A las bases zapatistas sirve de estímulo para su trabajo, el saber que cuentan en la historia de su organización con dirigentes y comandantes, mujeres y hombres que, como lo explica el Subcomandante Marcos en entrevista con el Teniente Coronel Moisés, son “ese dónde agarrarte, esa piedra, o ese árbol, esa rama fuerte”[14] que sostiene para no caer en los tiempos difíciles.

 

En la conciencia de cada cual, en los principios fundamentales que comparten y les da cohesión política, en los objetivos claros de su lucha y resistencia, en los ejemplos vivos de otros compañeros y compañeras, ahí está la fuerza de sus miembros y la solidez moral de la organización zapatista que respalda y motiva a quienes, como el Compa Jolil, trabajan en los Consejos de los municipios autónomos.

 

IIº Seminario Internacional de reflexión y análisis

“Planeta tierra: movimientos antisistémicos”

Universidad de la Tierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas

1° de enero de 2012

 

– Paulina Fernández C. es Doctora en Ciencia Política. Profesora de Tiempo Completo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

Notas:

 

[1] La Jornada, 17 de diciembre de 2011, p. 9.

 

[2] Al respecto pueden consultarse las iniciativas de reformas constitucionales que incluyen materia político-electoral presentadas en la Cámara de Senadores: por la Presidencia de la República, el 15 de diciembre de 2009; por el conjunto PRD-PT-PC, el 18 de marzo de 2010; y por el PRI, el 23 de marzo de 2010, en el Diario de los debates http://www.senado.gob.mx Cabe precisar que el proceso legislativo de esta supuesta reforma política, no ha concluido hasta la fecha, en diciembre de 2011.

 

[3] “Segundo Informe Especial sobre Seguridad Pública” de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Nota de Víctor Ballinas en La Jornada, México, D. F., 16 de diciembre de 2008, pp. 1 y 3. En la exposición de motivos de reformas constitucionales del 23 de marzo de 2010, a propósito del fuero y la responsabilidad de los servidores públicos, este dato es retomado por los senadores del PRI con las siguientes palabras: “En general, en México la tasa de impunidad es muy elevada, pues llega hasta el 98% del total de delitos cometidos, según datos proporcionados por académicos e instituciones públicas como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.” Diario de los debates http://www.senado.gob.mx, ya citado.

 

[4] Encuesta levantada del 6 al 12 de agosto del 2010. Los resultados presentados en este estudio fueron realizados por Voss Contact Center y presentados por la subsidiaria Voss Analytics y puede consultarse en http://www.vossmexico.com/files/ResumenEncuesta036-2009.pdf

 

[5] Datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), al cierre del tercer trimestre del año 2011, publicados en El Economista, 13 de noviembre de 2011.

 

[6] Los salarios mínimos legales que regirán a partir del primero de enero de 2012 son los siguientes: área geográfica “A”, 62.33pesos diarios; área geográfica “B”, 60.57 pesos diarios y área geográfica “C”, 59.08  pesos diarios. Comisión Nacional de los Salarios Mínimos http://www.conasami.gob.mx/nvos_sal_2011.html

 

[7] De acuerdo con el último reporte del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM, sería necesario un salario mínimo de $180.92 pesos diarios para adquirir la canasta básica.

 

[8] Fracción VI del artículo 123 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

 

[9] Cfr. Artículo 115, fracción IV de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

 

[10] Análisis sobre la Remuneración Mensual de los Presidentes Municipales, elaborado en la Cámara de Senadores. El Federalista, 15 de agosto de 2011 en http://elfederalista.mx/2011/08/15/opacidad-en-sueldos-de-presidentes-municipales/

 

[11] Nota de Antonio Miranda “Conoce el sueldo máximo de tu presidente municipal” en El Universal Estado de México, 10 de marzo de 2011.

 

[12] Con información de La Voz de Michoacán, 24 de septiembre de 2009, publicada en http://luismdxw.wordpress.com/2009/09/24/salario-de-presidentes-municipales-de-michoacan/

 

[13] Sandra de los Santos, “Sin control los sueldos de los presidentes municipales en Chiapas”, 1 de diciembre de 2011, publicado en http://periodismosincensurachis.blogspot.com/2011/12/sin-control-los-sueldos-de-los.html

 

[14] Teniente Coronel Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Marcos. “Cómo se hacen los trabajos. Parte II” en revista Rebeldía. Año 9, número 76, 2011, pp. 11-16.

 

 

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Las falacias más usadas en el discurso de Calderón I

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Pa´ que no se dejen engañar.

Las falacias más usadas en el discurso de Calderón I

 

Las falacias son argumentos cuyas razones carecen de validez en la argumentación, no obstante aparentan ser razonables y lógicas. Muchas falacias son utilizadas en los anuncios publicitarios y en la política. Su objetivo es tratar de convencernos (con argumentos falsos) de alguna posición en concreto. Las falacias suelen surtir un muy buen efecto, sobre todo cuando deseamos defender o argumentar a favor de posiciones poco defendibles.  Así pues el objetivo final de utilizar las falacias no es convencer de la verdad o de la posición más correcta, sino convencer a toda costa.

A continuación conoceremos algunas de las falacias más comunes y las ejemplificaremos con algunos de los miles de ejemplos que la defensa de la estrategia de guerra contra el narcotráfico de Calderón ha generado; es decir notaremos como las razones con las que nos han intentado convencer de que la estrategia de guerra es correcta se sustentan en puros razonamientos incorrectos.

  1. “La razón principal, la causa principal de nuestro esfuerzo son los ciudadanos, son las familias mexicanas que demandan y con toda razón, un México seguro, un México de paz con justicia duradera” (16 de diciembre de 2011, primera sesión extraordinaria del consejo nacional de seguridad pública)

No hay discurso que verse sobre la seguridad en el que Calderón no repita que todos los mexicanos queremos más seguridad (como si no lo supiéramos), y aunque no lo diga así, lo que trata de decir con esas palabras es que la mayoría pide más seguridad.  He ahí una falacia ad populum (apelación a la mayoría). Dicho tipo de falacias son incorrectas porque el hecho de que la mayoría afirme o pida algo no quiere decir que eso es correcto. La mayoría de las personas afirman que el aguacate es una verdura, pero eso no hace que dicho razonamiento sea cierto; el aguacate es una fruta. De hecho un buen maestro de lógica mostraba la insensatez de apelar a la mayoría con el siguiente razonamiento: A todas las moscas les gusta la caca, luego entonces la caca es sabrosa.

Pero, además debemos decir que Calderón ha agregado un uso muy particular de la falacia ad populum a sus discursos: cada que nos recuerda que las familias mexicanas, el pueblo o todos los ciudadanos demandamos más seguridad parece afirmar, entre líneas,  que nos han dado justo lo que hemos pedido, otro razonamiento falso que apela a la demanda de la mayoría sin especificar cómo exigió la mayoría más seguridad o bajo que características. Es decir, Calderón tan sólo recupera la demanda, pero omite decir que todos demandamos más seguridad pero no demandamos militares y federales en las calles y en la vida social, ni operativos que violen los derechos humanos. Tampoco vayan a creer que es un uso muy original, porque la tradición popular se ha apropiado de este tipo de falacias por medio de los famosos chistes de un “mago gacho” que mal cumple los deseos de sus amos. Como chiste, causa gracia, pero que el político que es la máxima autoridad del país nos salga con eso… no da gracia.

               2. “Creo que un primer paso es no perder las referencias de quienes son no sólo los malos, sino los sanguinarios de la película, y ellos son los criminales.” (5 de agosto de 2010, Dialogo por la seguridad, Evaluación y fortalecimiento)

“Digo esto, porque en el debate público sobre el tema de la inseguridad se han presentado, y en ocasiones con insistencia, diversas salidas falsas al problema” (26 de noviembre de 2009, XXVII Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública)

Tenemos con nosotros ejemplos de la falacia ad hominem (apelación al hombre). Este truco argumentativo consiste en descalificar a quien da un argumento contrario (a la persona o grupo) por características propias de su persona y no con razonamientos. Es decir en lugar de argumentar contra la posición que cierta persona defiende, atacamos a la persona misma. De seguro la han escuchado cuando el presentador del noticiero estelar de la noche trata de destruir la validez de los argumentos con los que los maestros piden aumento de salario, al afirmar que los maestros son flojos; que sean flojos no quita veracidad al hecho de que los salarios sean raquíticos, pero nos tratan de convencer de que sí, además distraen nuestra atención de la discusión y la centran en una crítica a una de las personas.

Calderón recurre a esta falacia cada vez que se critica o cuestiona su estrategia de seguridad. La primera cita del número 2 muestra cómo Calderón contesta ante las críticas a la forma en que han llevado a cabo su estrategia de seguridad descalificando a quienes lo hacen porque no tienen claro quién es el malo de la película, cómo si eso invalidara la reclamación por las violaciones a los derechos humanos.  En el segundo caso trata de mostrar que el cuestionamiento a su estrategia carece de validez sólo porque las propuestas que dan quienes lo critican son “salidas falsas”. Vamos a suponer que realmente fueran salidas falsas, eso de ninguna manera quita el argumento con el que se cuestiona su estrategia, pero él trata de distraernos descalificando a quienes lo critican como grandes aportadores de salidas falsas.

3. Falacia ad verecundiam (apelación a un veredicto). Este tipo de falacias se utilizan cuando tratan de convencernos de un argumento poniendo a un ícono o símbolo social diciendo eso mismo, partiendo del hecho de que si él lo dice debe ser cierto. Tal es el caso de ciertos comerciales en los que aparece un artista reconocido diciéndonos qué  desodorante usa, cómo si él fuera experto en desodorantes. Dicha falacia no opera si quien da su opinión es un experto en el tema (pero sigue siendo una falacia si sólo usa el producto o dice que lo usa porque le pagan por hacerlo). Si bien Calderón directamente no ha recurrido a esta falacia, se ha usado para defender su estrategia apuntalando en ciertos noticieros, comerciales y programas la opinión de ciertos famosos, de algunos expertos analistas (con los que pasa igual: si les pagan por decirlo, sigue siendo falacia) defendido la estrategia de seguridad de Calderón. Una de las más recurridas es la de citar al ex presidente o presidente de Colombia para afirmar que la estrategia de seguridad es correcta, argumentando que ellos llevan años de experiencia en la lucha contra el crimen (lo que han olvidado decirnos es que llevan años con un país violento que arroja miles de muertos, desplazados, ejecutados extrajudiciales, desaparecidos, etc. Lo que a mi juicio no es ser experto más que en fabricar más violencia).

Por hoy es suficiente (porque lo digo yo, que soy quien publica (falacia ad verecundiam)), ya en la siguiente entrega aprenderemos otras técnicas de convencer sin la verdad.

Las falacias más usadas en el discurso de Calderón II

Continuemos revisando algunas de las falacias por medio de las cuales intentan convencernos de que la estrategia de lucha por la seguridad es adecuada.

4. “La responsabilidad de la violencia es de los violentos, la responsabilidad del crimen es de los criminales y no de las autoridades que nos decidimos a combatir a esos criminales”. (Centro de exposiciones Banamex, noviembre-diciembre de 2010).

A quien hubiera creído que decir que “la responsabilidad de la violencia es de los violentos” contiene información novedosa y relevante que no hubiéramos podido intuir, le aclaro que este enunciado más que aportar información es un buen ejemplo (pese a lo burdo) de falacia de petitio principii (petición de principio). Este tipo de falacia se caracteriza porque con anterioridad a la conclusión se ha dado la información que se desea concluir (las falacias de este tipo más elaboradas aparecen con otras palabras). Al decir “la responsabilidad de la violencia” ya estamos incluyendo a los violentos de manera que afirmar que es de los violentos es una obviedad que no aporta nada. Esta falacia, por lo tanto, finge ser un razonamiento aunque en el fondo es sólo un pseudorazonamiento. Es una participación que no dice nada, ni siquiera lo hace con estilo y sorna como cuando se cantinflea.

5 A) “mientras otros integrantes del gabinete les reiteraron que las violaciones a los derechos humanos existen en todas partes del mundo como una manera colateral al combate a la delincuencia.” (Vanguardia )

5 B) “Entiendo perfectamente y sé que es la percepción generalizada de que la guerra se va perdiendo. No comparto la afirmación, pero comprendo que es una percepción general que el estado debe combatir”, dijo. “Incluso, el propio término de guerra yo generalmente no lo utilizo, pero aún siendo así, si de guerra habláramos y fuera una guerra de estado con los criminales, la verdad es que, independientemente de que hay actos muy cobardes de ejecuciones y emboscadas a autoridades del Ejército y sobre todo policía Federal, la verdad es que la gran mayoría de los enfrentamientos entre las fuerzas federales y los criminales han sido ganados por elementos federales”

Calderón aseveró que el incremento de la violencia no es indicador para ver si la estrategia contra el crimen avanza o no. Incluso, aunque dijo que el número de homicidios, (28 mil, según el Cisen) es el dato más espectacular e hiriente, tampoco es un termómetro. (El universal, 10 de agosto de 2010)

Esta es una falacia de la relación espuria (nada que ver con el “peje”) o de  non sequitur (no se sigue), pues consiste en adjudicar a una causa un fenómeno, pese a que no necesariamente el fenómeno se sigue de esa causa.  Su modalidad clásica la podemos  encontrar en una declaración reciente de integrantes del gabinete federal (ejemplo 5 a), que trata de presentar el siguiente razonamiento: donde hay combate al crimen organizado, como consecuencia, se presentan violaciones a los derechos humanos. Argumento falso, ya que en otros periodos y en otros países, donde no hubo lucha contra el crimen organizado, se presentaron violaciones a los derechos humanos, e incluso las violaciones a los derechos humanos no son consecuencia inherente e inevitable de la lucha contra el crimen, aunque eso es lo que nos quieren hacer creer.

Otra modalidad de esta falacia non sequitur se puede apreciar en el ejemplo 5b.  Desde mi punto de vista, a primera instancia se ve la incongruencia: Luego de insistir en que el Gobierno Federal atacaba a los violentos que causan violencia y a los criminales que cometen crímenes, Calderón afirma que ni la violencia ni los crímenes son indicadores de que su ataque, guerra o lucha funciona (yo ya no entendí). En este caso no tratan de convencernos de que de una causa se desprende un efecto, sino de que no podemos juzgar un fenómeno de acuerdo a los criterios que se siguen de él; he ahí el elemento que no se sigue.

6. “En un extremo, están quienes han sugerido que la autoridad tendría que recurrir a métodos al filo de la ley e incluso abiertamente ilegales para combatir a la delincuencia; por otra parte, están quienes abogan porque la autoridad se haga de la vista gorda ante ella o, incluso, en el otro extremo quienes de plano proponen establecer un pacto explícito con la delincuencia y convivir con ella.

Ninguna de estas falsas alternativas es éticamente aceptable, ninguna de ellas es legal y ninguna es viable, tampoco, en términos prácticos. Tanto pactar con la delincuencia, como evadirla o combatirla por medios ilegales significaría erosionar los cimientos que nos dan sustento como sociedad, como Estado fundado en el Derecho” (26 de noviembre de 2009, XXVII Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública)”

Finalmente aparece una de las más utilizadas: la falacia de hombre de paja. Esta falacia se construye citando un argumento en contra de la posición que defendemos, el truco reside en el hecho de que el argumento que citamos es tan absurdo o insensato, que luego es muy fácil atacarlo y mostrar que sólo por eso nuestra posición es la correcta. En el ejemplo 6 podemos apreciar los argumentos contrarios a su estrategia de seguridad  que Calderón decide citar tres: el de usar métodos ilegales (¡eso es trampa! Es justo lo que el Gobierno Federal hace), que el Gobierno se haga de la vista gorda (otra vez, es trampa) o que pacten con el narco (¡otra vez… ! la segunda trampa de Calderón es citar alternativas que, según ,rechaza aunque en realidad usan esas tres, pero esa no es falacia, es mentira). ¿Quién en su sano juicio (no vale pensar en el Estado) diría que cualquiera de esas opciones son reales y adecuadas? Nadie, pero eso no hace que la propuesta de Calderón sea la más adecuada, que es lo que trata de mostrar con esta falacia.

Aún quedan algunas de las más tramposas, pero guardémoslas como el postre de estas breves entregas.

Las falacias más usadas en el discurso de Calderón III (y última parte)

Finalmente, revisaremos las tres falacias a las que más se recurre para defender la estrategia de guerra contra el narcotráfico, mismas que suelen ser las más tramposas de la gama de falacias que hemos visto.

7. “Alerta que no todos los partidos ni los presidenciables tienen el mismo nivel de compromiso en materia de lucha contra el crimen organizado, por lo que a los votantes les corresponde determinar a quién apoyarán.” (El universal, 22 de febrero de 2011).

He ahí la falacia Tu quoque (tu tampoco). Esta falacia trata de argumentar que lo que alega un contrincante es falso tan sólo por el hecho de que él no lo practique o lo haya experimentado. En repetidas ocasiones ante la crítica o de diputados o senadores de otros partidos hacia la estrategia de Calderón, éste ha tratado de invalidar esa crítica al afirmar que ellos no combatieron al crimen organizado o que no hacen nada por combatirlo. Si bien es cierto que las críticas a la estrategia de Calderón se utilizan como campaña propagandística para otros partidos, esto no hace que los argumentos de crítica sean falsos.

8. Las falacias por generalización son también las más usadas por Felipe Calderón. Este tipo de falacias tiene varios subtipos, pero su esencia radica en que a partir de un hecho particular queremos comprobar que ese hecho particular hace la regla.  Las falacias por generalización son las más utilizadas para estigmatizar a ciertos grupos o sectores y, con mucha facilidad, logran instaurarse como lugares comunes del pensamiento social. Tal es el caso de generalizaciones falsas como: todos los defensores de derechos humanos defienden criminales, todos los luchadores sociales son criminales o todos los pobres son rateros. A continuación presento algunos ejemplos de falacias por generalización:

 Por muestra sesgada: Calderón, en sus informes de gobierno suele dar todas las cifras de los delincuentes detenidos, pero nunca ha aclarado qué porcentaje de ese número de detenidos permanecen en calidad de presuntos culpables (lo que quiere decir que aún no se demuestra su culpabilidad). Con este tipo de muestra sesgada de resultados infla los logros de su estrategia.  Algo similar ocurre cuando nos presenta cuántos operativos se han realizado o cuántas armas y drogas se han incautado, pero jamás dice cuántas violaciones a los derechos humanos se han cometido en esos operativos. La muestra sesgada privilegia los resultados que le convienen al argumentante y oculta aquellos que no le convienen.

 Por centro de atención: “El tema del secuestro en el país. Este es, quizá, el delito que más agravia, que más ofende, y que, desde luego, más daña a nuestra sociedad y a los mexicanos” (Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, 26 de noviembre de 2009).

En este caso se supone que la opinión de un grupo o un sector representa el de la mayoría. Así Calderón presenta el tema del secuestro como uno de los que  más agravia a la sociedad, aunque bien podríamos afirmar que el que más agravia a la sociedad es la ineficacia y colusión de las autoridades ante los casos de secuestro. Al afirmar que la mayoría de los mexicanos quieren más seguridad y quieren al ejército en las calles, se comete una falacia de este tipo.

Por generalización apresurada o juego de cifras: “Si reuniéramos la droga que hemos decomisado, nos alcanzaría a darle casi 100 dosis  a cada joven mexicano entre los 15 y los 30 años [sin decir cuánta droga circula realmente]” (Tercer informe de gobierno). “Los delitos que más agravias que son: secuestro y extorsión, independientemente de que el robo sigue siendo el 85% de los delitos en nuestro país [donde se muestra la incongruencia entre el delito más perseguido y el que más ocurre, y se muestra un juego de cifras]” (Tercer informe de gobierno).

El juego de cifras es uno de los recursos más efectistas y alarmistas que se ha utilizado en el discurso. Consiste en decir o hacer gala de cifras que causan cierto impacto, pero que no son puestas en relación con la realidad nacional, de manera que crean la ilusión de mucho avance, sin que necesariamente sea así.

9.  “En el marco del anuncio de su quinto y penúltimo informe de gobierno, el presidente ofreció un discurso en el que admitió que varios lugares del país viven una “dramática situación de inseguridad” y afirmó que de no haber emprendido un combate frontal, se corría el riesgo de que el crimen organizado se apoderara del Estado e incluso lo suplantara.” (adnmundo.com, 2 de septiembre de 2011).

“Poiré puntualizó que de no haber actuado contra la delincuencia, se habría dejado a las familias mexicanas a merced del crimen organizado” (uno noticias, 12 de enero de 2012)

Y…. ¡¡¡ta tan!!! La falacia más usada es la falacia ad baculum o ad consequentiam (apelación al bastón o a la consecuencia). La falacia ad baculum trata de convencernos de que un argumento es válido por medio del miedo que podemos experimentar de las consecuencias de que no sea así. Ésta, como decía, es la favorita de Calderón, quien no se cansa de recordarnos que si no seguimos su estrategia debemos ponernos a temblar por que el caos y la violencia se apoderarán del país (como si no lo hiciera ya, y eso que ha aplicado su estrategia).  Puesto que apela directamente al miedo es esta una de las falacias más efectivas del discurso y, dicho sea de paso, ha sido una de las más utilizadas por los dictadores de todo el mundo.

Así que, no se deje engañar ni aterrorizar: lo que buscan con estos recursos amañados es inmovilizarnos y que nos resignemos a este país violento, saqueado y de miseria que quieren imponernos.

 

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El periodismo está estallando

Conferencia ofrecida por el catedrático y periodista español radicado en Francia, Ignacio Ramonet en el Teatro Sanguily de la Universidad de La Habana, el pasado miércoles 7 de diciembre de 2011 

 

 

por Ignacio Ramonet 

 

Buenos días. Señor decano, señoras vicerrectoras, profesores, querido Alfredo Guevara, queridos amigos. Es para mí un gran honor tomar la palabra aquí en el seno de esta prestigiosa universidad y en particular hacerlo en este momento para precisamente tratar de evocar los temas de mi último libro que se llama La explosión del periodismo, y que espero se pueda editar y publicar aquí en este momento estamos haciendo gestiones para lograrlo, y que los estudiantes, en particular de comunicación y periodismo, si están interesados evidentemente lo puedan leer y quizás les pueda servir para su carrera, para su propia actividad comunicacional.

 

Como le dije al decano yo quisiera, en un cuarto de hora o veinte minutos, hacer una pequeña síntesis de lo que trata este libro. Quizás algunos de ustedes, si se interesan por la Comunicación y el Periodismo, ya conocen otros de mis trabajos sobre la comunicación como La tiranía de la comunicación, Cómo nos venden la moto, o Propagandas silenciosas… y este libro que se llama La explosión del periodismo tiene un subtítulo: “De los medios de masa a la masa de medios”. Estamos en un momento en que el periodismo está estallando, literalmente estallando, y está estallando esencialmente porque ha recibido el impacto de internet. Todos ustedes conocen la riqueza de lo que propone internet. 

 

El internet tiene una característica, que es que nos permite a cada uno de nosotros hoy tener un medio, gracias a tecnologías muy elementales. No hace falta ser un sabio tecnológico para utilizar internet; tecnologías relativamente baratas, no hace falta ser millonario para equiparse de un teléfono inteligente, un iPad o de un pequeño ordenador… Claro, evidentemente en Cuba no tienen ustedes esas cuestiones (risas), pero hace poco estaba precisamente en Madrid dando una conferencia delante de estudiantes, o bien en Brasil, estoy dando una conferencia en la Universidad de Brasilia y mientras yo hablaba los estudiantes, en vez de mirarme a mí, lo que miraban era su teléfono, porque estaban todos enviando tweets, es decir, pequeños mensajes que resumían lo que yo iba diciendo en 140 caracteres. 

 

Aquí el problema es que ustedes tienen, quizás, el más perverso de los bloqueos. No hablo del bloqueo económico, comercial, que ya sabemos hasta qué punto causa estragos en la economía de Cuba desde hace 50 años. Yo creo que en este momento para vuestra generación, para la generación de los estudiantes o de los menores de 30 años, el bloqueo electrónico, el bloqueo informático, el bloqueo de Internet. Yo diría que aquí hasta cuando se tiene internet y todo el mundo no lo tiene porque es demasiado poco el fluido [ancho de banda], el internet que se usa es un internet prehistórico. 

 

El internet que yo utilizo, por ejemplo, en el hotel, primero: cuesta una fortuna y además, es prehistórico, porque hoy día internet de banda ancha permite recibir una película inmediatamente, se puede ver en directo una película, mientras que aquí cargar un texto ya tarda mucho tiempo, cargar una fotografía puede tardar muchísimo…, y eso ocurre en razón de este bloqueo electrónico, que yo espero que se pueda suprimir gracias al cable de conexión con Venezuela y que ustedes puedan tener acceso a un internet libre, porque no tener internet hoy es como si en una sociedad de otra época no hubiese acceso a la imprenta, por ejemplo. Y lo que la imprenta provocó como cambios fundamentales en materia del saber, del conocimiento, de la ampliación de la cultura, de la multiplicación de las universidades, del cambio en las élites culturales que provocó el Renacimiento, todos esto es el significado de internet. Que una generación no pueda disponer de internet hoy es algo que puede tener consecuencias en la manera de adquirir cultura. 

 

Evidentemente hay otras maneras que siguen siendo útiles, pero esta es indispensable. Por eso yo espero que se pueda resolver, en particular, gracias a este cable que va a poder permitir, a través de Venezuela y del satélite Simón Bolívar que posee Venezuela, que ustedes dispongan como todas las generaciones de su edad del mundo un internet rápido de banda ancha. 

 

Dinamita 

 

El Periodismo hoy, a escala internacional, está siendo literalmente dinamitado por internet. ¿Por qué? Primero porque internet está permitiendo que cada ciudadano tenga acceso a una información sin absolutamente depender de los grandes medios centrales de antes y, por otra parte, el nuevo dispositivo tecnológico hace que cada ciudadano no sea únicamente receptor de la información, que fue la norma durante mucho tiempo desde que existen los medios de comunicación de masas. 

 

Los medios de comunicación de masas no existen desde hace mucho tiempo. Como ustedes saben, solo existen desde la segunda mitad del siglo XIX. Las comunicaciones de masas tienen 150 años, pero con internet esto está cambiando porque antes había un emisor del mensaje, que dominaba en definitiva la comunicación desde un polo central, lo que yo llamo en el libro los “medios soles”, es decir, el medio era como un sol que es único en nuestra galaxia y ese “medio sol” iluminaba, o ilustraba, o domesticaba a los ciudadanos. 

 

En cambio hoy tenemos lo que yo llamo en el libro los “medios polvo”, porque son granitos cada ciudadano, al disponer simplemente de un teléfono inteligente, o de un pequeño ordenador o de un iPad, ya puede él mismo o ella misma enviar mensajes, puede corregir la información que ha dado el medio central, puede completar la información que se ha dado con imagen, texto, video; o sea, hay una ruptura de los roles que hasta ahora estaban definitivamente fijos: el emisor, por una parte, y el receptor, por otra. El emisor que era activo y el receptor que era pasivo. 

 

El receptor podía pensar lo que fuera del mensaje que recibía, podía no estar de acuerdo, podía pensar que ese mensaje contenía errores o no era suficientemente completo; pero no lo podía expresar más que en su entorno, en su comentario. En cambio hoy no solo lo puede expresar, sino que él mismo puede emitir información y por consiguiente hoy tenemos el final del monopolio de la información que han ejercido los grandes medios dominantes en nuestras sociedades. 

 

Hoy día todo el mundo produce o puede producir información, en el mundo desarrollado evidentemente. No olvidemos que hay una gran brecha informática, una gran brecha electrónica, no olvidemos que casi la mitad de la población del mundo, el 40%, vive con menos de 2 CUC al día, y por consiguiente no tiene acceso tampoco a la electrónica, no tiene acceso siquiera a la electricidad: hay 1.500 millones de personas en el mundo que no tienen acceso a la electricidad. 

 

Lo que estoy diciendo no se aplica al conjunto del mundo y digamos que nuestro mundo sigue estando caracterizado por la pobreza, que es muy importante, aunque está disminuyendo. En los últimos años se calcula que unos 150 millones de habitantes han dejado de ser pobres, en particular en América Latina gracias a las políticas de desarrollo social implementadas en países como Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador. Se estima que en los últimos ocho años, nada más que en América Latina 80 millones de personas han salido de la pobreza, porque hay un progreso en particular en el caso de América Latina. 

 

Brecha electrónica 

 

Pero hay una brecha electrónica, por eso no conviene generalizar, pero lo que digo se aplica en particular a los países desarrollados o a núcleos urbanos en el conjunto del mundo, porque hasta en los países pobres, en las capitales o en las grandes ciudades existen minorías privilegiadas o más acomodadas que disponen de estas tecnologías y por consiguiente hoy hay esta ruptura del monopolio, lo que hace que cada ciudadano tenga este carácter al que yo llamo de “web actor”, es un actor de la web. Es decir, puede entrar en la web y al entrar en la web puede modificar, puede comunicar, etc. 

 

Las redes sociales han ampliado el fenómeno. Hasta ahora se hablaba del internet con esta posibilidad de tener un blog, de escribir su propia versión, editorializar, etc.; pero últimamente han aparecido lo que llamamos redes sociales, es decir Facebook no sé si alguno de ustedes tiene su propio perfil en Facebook y también Twitter; se ha desarrollado de esa manera la posibilidad de comunicar, de crear grupos que comunican únicamente a través de estas redes sociales. 

 

De hecho, por ejemplo hoy en Francia los jóvenes ya no se comunican con mensajes electrónicos (SMS), sino que se comunican a través de la mensajería de Facebook y esta red social está teniendo cada vez más la posibilidad de transformarse en un universo de tipo comunicacional total. Pero de igual manera esto va muy rápido. Si hubiésemos hablado aquí de estos temas hace cuatro años no hubiésemos mencionado ni a Twitter, ni Facebook, ni el iPad, nada de esto existía hace cuatro años. Lo cual quiere decir que estamos apenas en el alba de lo que internet puede suponer como cambios importantes. Si tuviésemos que hablar de aquí a cuatro o cinco años es posible algo como Facebook ya no tenga la importancia de ahora. Hace tres o cuatro años quizá hubiésemos hablado de Myspace. Y hoy en día Myspace no le interesa a nadie, ya prácticamente no tiene existencia, cuando era un fenómeno que preocupaba enormemente hace algunos años. 

 

Los galeotes de la web 

 

Bien, esto hace que hoy, por ejemplo, cuando hablamos de la profesión de un periodista nos encontramos ante una situación muy particular. Por una parte se ha degradado socialmente, es decir, en los países desarrollados en la medida en que cada persona puede hoy proponer información, entonces eso hace que la cantidad de periodistas potenciales es tan enorme que en definitiva el estatuto del periodista se ha banalizado y la mayoría de los periodistas han pasado a tener sueldos muy bajos. Primero, muchos periódicos están cerrando, centenares de periódicos están desapareciendo: se está produciendo lo que yo llamo una gran extinción de la prensa de papel, en particular, decenas de miles de periodistas han perdido su empleo. 

 

En Estados Unidos, en los últimos años, 35 mil periodistas han perdido su empleo y sin embargo, las facultades de Periodismo y Comunicación en Europa o Estados Unidos siguen formando cada año a centenares de miles de profesionales que en general van a ser muy explotados. 

 

Hoy día hay una condición se les llama, en particular, “los galeotes de la web” o “los esclavos de la web” porque los periódicos y todos los medios existentes, ya sea de prensa escrita, radio o televisión tienen ahora una versión on-line y necesitan evidentemente personal para hacer esa versión. Por tanto, reclutan a personas, en particular los jóvenes que salen de las universidades y que están sobreexplotados: trabajan enormemente y no son bien pagados. 

 

También hay una degradación de la condición social del periodista. En la medida en que los grandes patronos de la prensa o de los medios ponen en competencia a los verdaderos profesionales con todo aquel o aquella que ofrece información por un precio muy barato. Hasta el punto de que han surgido, todo esto está en el libro, han surgido lo que se llama “las fincas de contenido” o “las granjas de contenido”, es decir hay ahora unos “granjeros” de nuevo que se dedican a proponerles a todos los internautas de todo el mundo que hablen español, por ejemplo, que escriban sobre tal o más cual tema y efectivamente reciben miles de ofertas porque lo que más abunda en la tierra ahora es gente que ha hecho estudios superiores. En los países nunca había tantos estudiantes como ahora. Nunca ha habido tanta educación como ahora y de hecho en los países desarrollados el mayor número de los jóvenes de una generación pasa por la Universidad. 

 

La mayoría de una generación pasa por la Universidad. Es decir, la mayoría de esa generación sabe leer y escribir y puede proponer textos en el mercado de la oferta y la demanda donde tiene valor. Entonces se crean estas “granjas”, en la que estos nuevos “granjeros” tienen opciones de textos y estos se cuelgan en Internet. En general estos textos son sobre temas muy prácticos como turismo, gastronomía, jardinería o temas de vida cotidiana. Estos textos se cuelgan con publicidad y solo se les paga a los periodistas que han propuesto esto en la medida en que los lectores que lo lean en la pantalla de sus ordenadores van a clickear sobre la publicidad que está en torno que ha hecho este web actor. Solo si hay clics en la publicidad de al lado, entonces se les paga algunos céntimos y la norma es que por cada de uno de esos artículos se paga una miseria. 

 

Esta situación crea por alguna parte esta degradación. Pero también estamos ante una ocasión excepcional para la nueva generación de periodistas. Primero, nunca los periodistas han estado tan bien formados como ahora, porque durante mucho tiempo los periodistas se formaron de manera salvaje, autodidactas, etc. Ahora los periodistas, los comunicadores, se forman en universidades. Las últimas generaciones de los últimos quince o veinte años tienen la mejor formación de la historia del periodismo. Segundo, estas nuevas herramientas tecnológicas permiten ahora a un grupo de jóvenes periodistas organizarse con muy poco material y así se pueden crear nuevos medios de comunicación, nuevos periódicos, etc. 

 

En muchos países se están creando cantidad de diarios en la web y en particular en los Estados Unidos los periódicos que existen en la web han cambiado la manera de hacer periodismo. Se crean periódicos, mientras aparecen otros de nuevo tipo ya que quienes lo están leyendo también pueden contribuir, es decir que no hay una función fija de emisor y receptor, sino que todo emisor es receptor y todo receptor es emisor. Entonces se crea en este momento una nueva generación de diarios electrónicos, una nueva generación de periodistas electrónicos lo que hace que cambie la concepción de la información en una perspectiva más positiva. Muchas gracias. (Aplausos) 

 

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Conferencia ofrecida por el catedrático y periodista español radicado en Francia, Ignacio Ramonet en el Teatro Sanguily de la Universidad de La Habana, el pasado miércoles 7 de diciembre de 2011. Transcrita, editada y versionada para Youtube y DivShare por los estudiantes de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana: Tayna Camila Martínez Ajuria, Hansell Pavel Oro Oro, Omairy Lorenzo Álvarez, Aileen Infante Vigil – Escalera, Max Barbosa Miranda, Yeleina Guerra Salarichs, Abel Lescaille Rabell y David Vázquez Abella 

 

 

Tomado de Cubadebate

Hegemonía o emancipación?

Ana Esther Ceceña

 

Si una década atrás los aires de primavera americanos inundaban el resto del planeta, hoy regresan refrescantes aunque enigmáticos desde tierras árabes hasta nuestro continente.

 

Las revueltas americanas inauguraron un ciclo de luchas por la descolonización y la desalienación; por la desobjetivación de los sujetos; por la complementariedad y las diversidades; por la recuperación de la intersubjetividad; por la humanidad y contra la carrera suicida de un sistema insustentable y perverso.  Partiendo del mundo en el que caben todos los mundos, proclamado por los zapatistas desde el fondo más profundo de las diversidades negadas, hasta las revueltas andinoamazónicas que llaman a refundar la relación con la naturaleza y a restablecer la integridad de la Pacha Mama,se ha recorrido un camino conceptual del que emana una politicidad transformada, subversiva y libertaria cuya potencia sólo puede ser medida en el tiempo y el espacio de los amplios horizontes, en los que se encuentran y a los que contribuyen los movimientos emancipatorios que crecen en todos los rincones del mundo.

 

El momento actual puede muy bien ser definido como de oportunidad y peligro, como de catástrofe y esperanza.  Atendiendo a la alta inestabilidad sistémica que lo caracteriza, las rutas posibles de bifurcación están abiertas e invitan a esa creatividad sujética con que los pueblos reinventan su historia.  No sólo hay un rechazo a la perpetuación del sistema sino un afloramiento de alternativas que van construyendo nuevos imaginarios y sus consecuentes cables a tierra, ya sea que aparezcan como políticas públicas, como nuevas institucionalidades o como construcciones autonómicas y comunitarias.

 

Desafiantes, atrevidos, audaces, convencidos y múltiples, los movimientos libertarios brotan por todos lados buscando materializar utopías viejas y nuevas y colocan al sistema en su conjunto en aprietos, casi desoyendo sus contradicciones internas.  Que se vayan todos los representantes de este orden caduco y autodestructivo donde quiera que se encuentren no es más una aspiración argentina sino mundial, ya rumiada por los colonizados de todos los continentes y replicada unos años después por los indignados e insurrectos que brotan hasta en el corazón del sistema.  Y todos significa los saqueadores, los creadores y defensores del orden establecido así sean legisladores, represores, financieros, inversores, educadores o civilizadores, bajo cualquiera de sus modalidades.  No más opresión; no más alienación.  El capital está en riesgo.

 

Diez años después en la Plaza Tahrir se escuchan los ecos de la Plaza de Mayo: que se vayan todos.  Emblemas del Che Guevara, del Subcomandante Marcos y de Hugo Chávez ondean entre los manifestantes demostrando que la lucha es una sola más allá de sus matices y diferencias temporales y situacionales.  Es un levantamiento contra el capitalismo que apenas empieza a mostrarse, atizado por la evidencia de insustentabilidad de un sistema que en consecuencia se militariza cada vez más.

 

Las pacíficas voces del Ya basta o del Ya no más que movilizan en contra del saqueo y que abren nuevos imaginarios atrevidos y esperanzadores se van convirtiendo en el enemigo principal de ese sistema obsoleto, pero sanguinario y despiadado, que extiende y profundiza la guerra colonial con la que inició hace más de 500 años, y con la que seguramente cavará esa tumba, a la que quiere arrastrarnos a todos.

 

Geopolítica a dos bandas

 

El control del homeland

 

Si América es considerada espacio vital de Estados Unidos por su carácter insular y sus condiciones de autosustentabilidad, el Medio Oriente, Asia Central y algunas regiones de África forman parte de sus emplazamientos neurálgicos.  En un juego que se mantiene a dos, tres o cinco bandas, una en cada continente, Estados Unidos, como expresión del máximo poder mundial, intenta hacer honor a la pretensión del Pentágono de alcanzar la dominación de espectro completo.

 

Con ritmos distintos, pero manteniendo siempre el principio de los contrapesos; utilizando diferentes mecanismos pero aplicándolos de manera simultánea; comprometiendo actores que en otras circunstancias podrían pretenderse competidores pero manteniendo claramente el control desde la cúspide de la pirámide del poder; guardando una continuidad impecable de sus políticas hegemónicas no obstante los cambios de gobierno y los reacomodos de fuerzas, Estados Unidos se despliega por el mundo reforzando o conquistando posiciones que se constituyen en nodos estratégicos de un entramado global de dominación y disciplinamiento encaminado a la apropiación material de los elementos esenciales de reproducción del sistema, llamados de manera simplificada recursos naturales, y a la disuasión o confrontación de cualquier iniciativa de territorialidad, organización social o visión del mundo diferente a la occidental capitalista que encabeza.

 

En América Latina a pesar de la complicidad de muchos de los gobiernos de la región y del lanzamiento de grandes y ambiciosos proyectos que combinaban intereses económicos, reordenamiento territorial y control policíaco-militar directo e indirecto, no en todos los terrenos se logró mantener la preeminencia.  Casi todos estos proyectos han sido cuestionados y han levantado una oposición en ocasiones dispersa, siempre multiforme, y en momentos articulada subregionalmente o incluso a nivel continental.  Por su importancia simbólica, por haber permitido crear una plataforma de lucha en la que confluyeron movimientos muy distintos entre sí y también gobiernos comprometidos con la autodeterminación de los pueblos de Nuestra América, el rechazo militante y finalmente la derrota del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en 2006 marcó un momento culminante de la fuerza descolonizadora regional y a la vez un llamado a reforzar la estrategia contrainsurgente para detenerla.

 

A partir de ese momento puede observarse un reforzamiento de la política hegemónica sobre el Continente que juega simultáneamente en todos los frentes buscando a la vez penetrar y envolver, cercar y desarticular.

 

La señal de partida, que marca tanto cambios de forma como un claro aceleramiento del ritmo de intervención, fue dada en Sucumbíos, ratificando a Colombia como punto de irradiación interno, centro de una estrella capaz de lanzar sus rayos en todas direcciones y vinculado a las fuerzas del Pentágono, activas desde su implante en la base de Manta en Ecuador en ese momento.

 

Efectivamente Colombia es el asiento principal de este nuevo ciclo ofensivo, con un importante cambio de matiz con la salida de Álvaro Uribe de la Presidencia.

 

Después de un conjunto de movidas relativamente imperceptibles en toda el área del Gran Caribe, la base de Manta se multiplica en territorio colombiano mediante un convenio que admite 7 nuevas ocupaciones –anteriormente había 6- de instalaciones militares en condiciones de total inmunidad, tanto para los efectivos militares estadounidenses como para sus contratistas, que bien pueden ser ingenieros o mercenarios de guerra, espías, expertos en comunicaciones, biotecnólogos o cualquier otra cosa que sirva a los fines inmediatos y estratégicos de la cúpula del poder mundial bajo la representación del Pentágono.

 

Sin demeritar la importancia de las nuevas posiciones alcanzadas en el centro del continente, con capacidad de proyección rápida no sólo hacia los polos sino hacia otros continentes -particularmente África-, una de las jugadas de mayores consecuencias en la geopolítica continental fue la extensión del Plan Colombia por lo pronto hacia el norte.

 

La proyección hacia el sur, con su punto nodal en Paraguay, ha tenido algunos vaivenes.  Pasó de la libertad de tránsito de efectivos militares estadounidenses en todo el territorio paraguayo, con inmunidad total (2006), a un relativo retiro y un nuevo convenio en virtud del cual se ha instalado una Base de Operaciones en el norte del país (2010), para capacitar en esta ocasión a los cuerpos policíacos, que son los que han tomado la delantera en la lucha contrainsurgente y de protección a los capitales transnacionales (lo que incluye desplazamiento, expulsión violenta, criminalización, encarcelamiento, asesinatos y reordenamiento territorial).  No obstante, todavía no se logra establecer explícitamente un Plan Paraguay similar al de Colombia, como sí ha ocurrido en el norte.

 

La Iniciativa Mérida (2008), nombre con el que se ha querido disfrazar el Plan México, sienta un precedente que se repetirá en todas las subregiones donde se han escalado los acuerdos de seguridad previos, creando una nueva institucionalidad en el campo.

 

Tanto las normatividades (antes Planes, ahora Iniciativas), como los emplazamientos directos (bases), e indirectos (IV Flota); algunos encaminados a envolver y otros a penetrar, algunos unidireccionales y otros compartidos (ver cuadro), han logrado modificar el equilibrio geopolítico, en permanente redefinición.

 

Estados Unidos logró revertir la tendencia emancipatoria ascendente que marcó el cambio de milenio pero no ha logrado derrotar la resistencia, que se recompone desde diferentes lugares y con distintas modalidades.  La ocupación y control territorial (que incluye los mares), alcanzados mediante un juego combinado de compromisos de cooperación, trabajo mediático, cooptación, inyección de recursos e ideología a la sociedad civil y despliegue de fuerzas físicas, determinó un cambio de balance en el segundo quinquenio del siglo XXI.  Las contradicciones y disyuntivas inevitables de la resistencia y de una construcción alternativa, que no termina de despegarse de los imaginarios y prácticas capitalistas; que no termina de atreverse a “caminar sobre sus propios pies”; que no se acaba de desprender de los modos de pensar, de concebir, de hacer que le han sido impuestos por los colonizadores; que no alcanza todavía a concretar las condiciones de irreversibilidad del dislocamiento sistémico que está intentando; dan soporte al terreno de la reconquista.

 

Las puntas de lanza socavadoras del proyecto emancipador tienen asiento concreto en Colombia y México, junto con Honduras, Panamá, Costa Rica y ahora también Guatemala.  Haití es un caso doloroso y paradigmático dentro de este tablero en el que sucesivos intentos de golpe de estado o de golpe de sociedad redirigen las dinámicas con un sentido hegemónico.

 

Por el otro lado, la terquedad de los pueblos en la defensa de sus territorios y sus culturas, de sus historias y sus horizontes, de sus visiones del mundo y modos de vida, aunada a los esfuerzos de construcción de institucionalidades tendientes a la desconexión del capitalismo (sumak qamaña, sumak kawsay, biopluralidad), al reconocimiento de las diversidades (estados plurinacionales, autonomías), contrahegemónicas (ALBA) o, por lo menos, impulsoras de la autodeterminación, de la descolonización, o de nuevos entendimientos Sur-Sur (CELAC), son los puntos de apoyo de un futuro no suicida y, consecuentemente (aunque no sólo), no capitalista.  Todo esto siempre que se logre la confluencia, que no la unificación, entre los diferentes sujetos y procesos en búsqueda de una emancipación integral.

 

Las apuestas del control planetario

 

Entendiendo que el control de casa es absolutamente prioritario, éste ocurre paralelamente y en consonancia con el de áreas o espacios de importancia estratégica en términos de su dotación de recursos fundamentales, de su rebeldía político-cultural, de su arraigo histórico específico (en este caso no-occidental), o de su capacidad para conformar una articulación hegemónica alternativa (1).

 

El corredor petrolero de Asia Central, Medio Oriente y África es sin duda la segunda prioridad de la política hegemónica, no sólo por sus riquezas sino por los juegos de poder presentes en él.

 

Desde la búsqueda por impedir la relación entre China y los países proveedores de petróleo; la de China y Rusia o de cada uno con sus redes de alianzas regionales; hasta la de impedir la formación de nodos de articulación no occidentales como podrían ser (o haber sido) Libia y, sobre todo, Irán (2), las piezas llevan tiempo acomodándose en la zona y son una referencia de equilibrio con respecto a América.

 

En África el Golfo de Guinea, Sudán y Libia marcan un triángulo de codicia que se inserta en la línea Libia, Siria, Irán, de manera que tiende a abarcar casi toda la región que el Pentágono considera ser la “brecha crítica”, tanto por sus riquezas como por su presunta indisciplina, desorden o insumisión.

 

Escenarios simultáneos, contrapunteados y fundamentales, para los que se diseñan políticas diferentes y se movilizan actores específicos, pero que sólo en conjunto garantizan el mantenimiento de la hegemonía y, lo que es infinitamente más importante, del orden sistémico.

 

Ahora bien, como en todo juego de estrategia, un movimiento implica siempre efectos varios.  La jugada entonces pone a prueba también a las fuerzas aliadas como las de la OTAN, suplantadoras sin riesgo de competencia porque requieren la asociación, y mueve las relaciones internas de la Unión Europea de modo que puede resultar en un debilitamiento general de su fuerza relativa.  De esta manera los costos de la guerra se expulsan y los beneficios se comparten, dejando los inmediatos en las manos más pequeñas y los estratégicos en la cúspide de la pirámide del poder.

 

De algún modo el corredor petrolero contrahegemónico liderado por Venezuela en Latinoamérica, antes por Libia en África y por Irán en Asia Central marca las pautas de movimiento de la geopolítica y enciende los focos de alerta.

 

Evidentemente, el involucramiento popular en la construcción de los procesos contrahegemónicos o alternativos es la base de su solidez y el mal manejo de las diferencias puede llevar a situaciones en que éstas se conviertan en contradicciones incluso antagónicas.

La suerte de la región y las posibilidades de construcción de un futuro distinto, que permita caminar hacia fuera de este sistema de guerra y depredación, se encuentran en gran medida en la sabiduría con la que estos procesos generan los consensos e inventan su realidad, cosa que no en todos los casos sucede y que, por supuesto, es la más difícil de lograr.

Tanto Libia como Siria muestran fracturas sociales que han sido muy bien aprovechadas por los intereses hegemónicos.  No obstante, en geopolítica nada se escribe de manera definitiva y la balanza puede nuevamente orientarse hacia la bifurcación sistémica, hacia lo que hoy muchos ya nombran el vivir bien.

1) En el caso de América este lugar le corresponde a Venezuela.

2) Irak en su momento fue destruido por los mismos motivos.

– Ana Esther Ceceña, economista mexicana, es investigadora en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica http://www.geopolitica.ws

 

* Este texto es parte de la Revista América Latina en Movimiento, No. 471, diciembre 2011  que tiene como tema central De indignaciones y alternativas

 

Publicado en América Latina en Movimiento, No. 471: http://alainet.org/publica/471.phtml

 

 

 

 

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Los peligros del mundo y las ciencias prohibidas

 

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Pablo González Casanova

No hay duda que vivimos en un mundo injusto y peligroso.  La “opción racional” que orienta a las ciencias sociales hegemónicas se está convirtiendo, paradójicamente, en opción irracional.  El “control de riesgos” nos está llevando a riesgos descontrolados.  Modelos y formalizaciones muestran aquí y allá signos entrópicos amenazadores.  Las falsas “leyes del mercado libre que por sí sólo se reequilibra”, y cuyas políticas siempre han derivado en graves crisis, nuevamente se ven “disconfirmadas”, y quienes anunciaron que pronto habría de superase la crisis que nos abruma, a poco se vieron obligados a reconocer que la actual crisis es más grave de lo que pensaron y de mayor duración.

La disminución de riesgos y la optimización de utilidades de las mega-empresas y complejos hegemónicos parecen asociarse a la maximización de riesgos y de pérdidas en “el conjunto” de que forman parte.  Que esa asociación, correlación o coincidencia muestran una relación de causa a efecto es algo que no puede descartarse.  Y sin embargo la relación de causa a efecto entre los intereses y valores de las grandes corporaciones y los graves peligros y problemas del mundo es generalmente descalificada por el pensar científico, y relegada al mundo de la negación o rechazo, que Freud descubrió entre las características del inconsciente, y que también parece darse en el inconsciente de las colectividades científicas y de los complejos militares-empresariales-y-políticos, todos ciegos ante las causas de los peligros del mundo y sordos ante las tragedias humanas, a que se refieren como si fuesen fenómenos naturales en cuya solución están haciendo todo lo que se puede y en que dan por entendido que no se puede hacer más.

La negación o descalificación, consciente o inconsciente, de la relación de causa a efecto aparece incluso en los análisis, modelaciones y formalizaciones de los sistemas complejos.  Su concepción más generalizada de la complejidad no registra la paradoja entre la opción racional de las corporaciones que buscan disminuir riesgos y optimizar utilidades, y la irracionalidad y los riesgos que en forma “monstruosa” para las matemáticas de entonces aparecieron en las iteraciones algebraicas de Poincaré, y que con las modelaciones de ahora derivan en esa “Edad de los monstruos” a que se refirió Gramsci, y que corresponde a la maximización de pérdidas y riesgos para la inmensa mayoría de la humanidad y para el ecosistema.

Al mismo tiempo, el concepto prevaleciente de sistemas complejos –como ha observado Casti—incluye múltiples relaciones interactivas de manera “muy superficial”.  Con plena razón, Casti define y formaliza el concepto de sistema complejo como dos o más sistemas complejos interactivos entre sí y en su propio interior.  Un solo sistema complejo empobrece y hasta anula la dinámica de sistemas no lineales e interactivos.  Su pensamiento sobre las características generales de la complejidad alcanza una profundidad de que pocos se percatan.  Incluso los especialistas que incluyen en sus investigaciones dos o más sistemas complejos que interactúan, cuando se refieren al concepto de complejidad sólo destacan la complejidad de “un” sistema complejo”.  Esta ruptura epistemológica parece obedecer a un preconcepto con fuertes tradiciones en el pensamiento científico, en el filosófico y en el religioso.  Empecemos por éstas últimas.  Muchos de los que abandonan la lógica religiosa del monoteísmo, no abandonan la lógica laica de lo “uno”.  Definen y formalizan la complejidad de “un” sistema.  Si lo “uno” predomina en la cibernética también se da en los modelos econométricos neoclásicos y neoliberales.  En el discurso científico acostumbrado o “normal” se habla del universo como “un” universo en el que pueden darse planetas, átomos y múltiples agentes que interactúan en modelos de competencia y colaboración.  Incluso se trabaja con sistemas interactivos sinérgicos, cooperativos, aliados o “tributarios” (Axelrod) y opuestos, enemigos, contrarios y rebeldes: Y todas esas posibilidades cognitivas de sistemas interactivos se dan en función de “un” sistema, el sistema del observador.

La ruptura epistemológica subsiste incluso cuando se avanza en la concepción de los sistemas biológicos “autorregulados, auto-adaptables y creadores”, o en los sistemas en fase de transición al caos, o en los que emergen de una situación caótica y, entre bifurcaciones y atractores, van configurando formaciones parecidas a escalas distintas hasta integrar el nuevo sistema con otra complejidad y otra dinámica.  Todas estas investigaciones sobre la dinámica de varios sistemas no acaban con la lógica de lo Uno.  Casi sin pensar sus autores, automáticamente, definen la “complejidad” como “un” sistema complejo o en relación a “un” sistema complejo.  No hay sistema alternativo.  Otro sistema no es posible.

Y aun ahí no queda todo.  La ruptura entre las investigaciones específicas y las concepciones generales es todavía más impresionante cuando sus autores trabajan en investigaciones sobre sistemas complejos interactivos como los sistemas auto-inmunológicos.  En ese tipo de sistemas claramente aparecen los anticuerpos negativos y positivos que luchan entre sí, en que los anticuerpos negativos no sólo ganan las batallas destruyendo directamente a los positivos, sino confundiendo al sistema encargado de la defensa del organismo y haciéndole perder su capacidad de identificar a amigos y enemigos.  El sistema defensivo del organismo pierde al dar la bienvenida a sus atacantes y al destruir a sus defensores.  Los sistemas en lucha tienen como referente a la víctima final de la batalla.  Su dinámica se interpreta como lucha entre anticuerpos, y como ataque y destrucción de un subsistema que defiende a “un” organismo –al sistema– y que al ser derrotado muere con el organismo, muere con el sistema de que es parte y cuya vida no alcanzó a defender.

Los juegos de guerra y las estrategias de guerra contrainsurgente o antiterrorista presentan obstáculos parecidos.  Obedecen al mismo presupuesto epistemológico.  Es “uno” quien juega a la guerra o quien hace la guerra, así tenga asociados o subordinados.  El que juega, o el que manda, mueve a los luchadores virtuales y hasta a los soldados no convencionales, así como a los enemigos espiados, seducidos, sometidos o cooptados.  Mueve al propio jugador del videojuego o del juego virtual que ha hecho real.  La sofisticación del conocimiento del Gran Jugador y de los científicos que son sus “asesores financieros” o sus “think tanks” político-militares provoca un notable conocimiento de la manipulación y esclavización de los demás.  También empuja a un extraño “desconocimiento” de las amenazas que pesan sobre todos los jugadores y de las que también será víctima el gran jugador.  Los escenarios de guerra pueden incluir fenómenos de inteligencia distribuida, de díadas, de simbiosis, dendritas, nodos y redes, con notables y numerosas interacciones que siempre serán analizadas en función del actor cognitivo, y del sistema al que pertenece, considerado como constante en la defensa y promoción de sus valores e intereses, y naturalmente interesado en ganar la lucha, pero obcecado en creer que es eterno, ignorante de aquello que todos sabemos y de que habló el viejo Hegel cuando dijo que “toda cosa natural es mortal y efímera”.

El sistema no piensa en su propia muerte o la pospone a un futuro milenario sin historia.  Desconoce, descalifica, debilita, confunde, enajena a su opositor.  Lo anula como sistema.  Y así como los sabios del rey por buena educación no hablan al Rey de su muerte y menos de la muerte de la casa real, así los científicos al servicio de un sistema de dominación y acumulación que se encuentra en situación terminal y que coloca en situación terminal a todos sus vasallos, ni pensar pueden en esa posibilidad y a su silencio se suman las fiestas y fanfarrias de quienes anuncian que el sistema tiene asegurada la vida, al menos, por un milenio.

La afirmación de Fukuyama de que vivimos el fin de la historia, fue recibida como bálsamo divino.  Quien juega con los jugadores estimula el des-conocimiento y la descalificación de la evolución pasada y actual de las luchas sistémicas y anti-sistémicas.  No sabe ni quiere saber cuál es y será la historia del sistema dominante o del emergente.  Rechaza la sola idea de que puede morir a manos del otro y causar su propia muerte y la del otro.  E insiste en seguir reinando mientras muestra todos los signos de estarse muriendo, hecho que ocurre en el escenario mundial, como el rey que se muere en el escenario teatral de Ionesco.

Hoy mismo, en sus modelos de conflicto y consenso, el sistema en estado terminal, impone la negociación para la rendición, y en el mundo realmente existente aumenta sus exigencias y extiende el campo de “lo no negociable”.  Lo “no negociable” crece y prolifera no sólo en la periferias sino en el centro del mundo, encabezado por Estados Unidos y la Unión Europea. 

La preconcepción del sistema como UNO predomina en las ciencias económicas “normales” de que Kuhn hablaba.  Predomina en todo análisis que usa como categorías las de “el sistema” y “el contexto” en que aquél insume energía y al que arroja deshechos.  Se trata de actos neguentrópicos que ya no cumplen esa función y que el investigador, supuestamente funcional al sistema, tampoco ve.  Uno y otro se vuelven parte de la entropía que a ambos amenaza y que puede dar nacimiento a la configuración de otro sistema tras una fase de transición al caos y de transición del caos, para ellos inconcebibles, o “negados” cuando los llegan a intuir. 

Hoy el sistema dominado por la lógica del capital, -una lógica de disminución de riesgos e incremento de utilidades para las corporaciones tanto en la economía como en la guerra- enfrenta conflictos internos y externos con medidas de retroalimentación negativa o positiva.  Las relaciones interactivas de ocupación, depredación, parasitismo, cooperación, corrupción, persuasión virtual y subliminal, terror colectivo, eliminación de resistencias y de formaciones defensivas, aparecen en las simulaciones y escenarios de “guerra de espectro amplio”, pero aparecen a medias.  La realidad histórica que vivimos es mucho más compleja de lo que sus autores imaginan o son capaces de concebir con las informaciones y computaciones que los “decisión makers” les piden para mejorar su capacidad de decidir en función de sus intereses y valores.

El inmenso conocimiento que se ha adquirido sobre el papel del azar y de la organización y reorganización del sistema ha permitido superar la teoría de la selección natural aunque se le use en lo que es útil.  Cuando es útil se vuelve a las viejas teorías del darwinismo colonialista que invoca las políticas de la eliminación de los más débiles, así conduzcan en menos de cuatro décadas a un genocidio de más de 2,000 millones de habitantes que (“otros factores iguales”), se van a añadir a los 7,000 millones que hay y en los que la población “excluida” y “desechable”, ya llega más de 3,000 millones. 

El “sistema” y muchos de sus científicos atribuyen al excesivo crecimiento de la población los problemas ecológicos que vivimos, y si ese sistema de dominación y acumulación mundial se considera como una constante, la población que debe morir o desaparecer, será del orden de más o menos 5,050 millones, según predicciones demográficas relativamente confiables. 

Y aquí surge el gran engaño y autoengaño en medio del gran conocimiento.  Como esa aberración hay varias más que caen en el orden de la psicopatología pero que corresponden a la “opción racional” de las empresas y sus accionistas mayoritarios y minoritarios.  Entre ellos destaca el creer que se puede seguir jugando con las amenazas de guerra nuclear sin que se produzca la guerra de la locura, esto es “MAD”, siglas que en inglés, claramente se refieren a una guerra de destrucción mutua asegurada Y existen otros ocultamientos y rechazos que llevan a no hacer nada frente a evidentes y acalladas amenazas, como el cambio climático.  Me detengo en este para aclarar una disertación que parece catastrofista y no lo es como mostraré más tarde. 

En los últimos meses del 2009 y primeros del 2010, es decir, en torno a la Reunión de Jefes de Estado sobre el cambio climático, se desató una feroz campaña contra los científicos de las antes llamadas “ciencias duras”.  No sólo fue descalificado el informe que presentaron en 2007 sobre ese problema los integrantes de una comisión gubernamental de investigadores, sino fueron descalificados los más de mil científicos que, reunidos en París, confirmaron la validez del informe y añadieron algo más: que había un error en sus predicciones pues habían subestimado la rapidez y gravedad del cambio climático.  El futuro resultó más grave de lo calculado. 

El motivo principal de la campaña y la cólera que levantaron los científicos, no se debieron tanto a las predicciones sobre los crecientes daños a la tierra y a la vida, sino a la tesis ratificada por la comunidad científica internacional de que los cambios climáticos son de origen humano; atropógenos fue la palabra que usaron.  Decir sólo eso, y que los propios científicos intergubernamentales lo dijeran, resultó inaceptable para los complejos empresariales-militares—políticos-y- mediáticos que dominan el mundo.  Representados por sus Jefes de Estado en una reunión que tuvo lugar en Copenhague, destinada a tomar “acuerdos vinculantes”, los “acuerdos” fueron dictados por un pequeño grupo de jefes de estado.  El grupo se reunió a escondidas a primeras horas de la madrugada y sin más consulta los “acuerdos” fueron leídos por el presidente Obama minutos antes de tomar el avión de regreso. 

En Copenhague no hubo “acuerdos vinculantes”.  Incluso los pobres compromisos que se habían tomado en Kioto, desaparecieron.  La antropología de políticos y científicos no quedó allí.  La maquinaria de los ricos y los poderosos se movió para desprestigiar y castigar a los científicos que habían osado decir una verdad que debió alertar a aquéllos sobre las amenazas a su propia vida y que sólo indirectamente los inculpaba al apuntar que ellos y sus megaempresas eran causantes de los peligros que corre la especie humana

Los “medios” y los publicistas llegaron a tratar a todos los científicos de las ciencias naturales, con las descalificaciones a que estamos acostumbrados los de las ciencias “blandas”, digamos “humanas” o sociales.  Abusando de atrevidos artificios retóricos llegaron a sostener que las ciencias duras ya no son ciencias, y con prepotencias de ignorantes llegaron a decir que los propios científicos reconocen que los domina ¡el principio de incertidumbre!, del que por supuesto no tenían ni la menor idea de lo que es.  El mundo de la ciencia respondió de una manera realmente ejemplar.  Le dio un impresionante apoyo a sus colegas En los primeros meses del año las más famosas revistas científicas y de difusión científica publicaron artículos que defendían las mismas tesis de los científicos estigmatizados.  Entre ellas Scientific American y Nature.  No se ablandaron.  Un gran número de científicos asumió su responsabilidad científica.  Lejos de dejarse dominar por sus genes egoístas se vieron más y más atraídos a sostener las verdades sobre medidas que son necesarias para la supervivencia de la especie humana.

Un paso no dieron sin embargo que es necesario dar si no se quiere ser copartícipe de la negación más profunda y grave para las ciencias de la materia, de la vida y de la humanidad.  Y para la humanidad.  El paso que no se dio y que se necesita dar con la mayor seriedad consiste en incluir la categoría del capitalismo como un riguroso concepto científico, no sólo asociado a la ley del valor, sino a la ley de la producción y reproducción de la vida.

La ciencias de la complejidad que investigan el mundo actual no serán ciencias ni investigarán la complejidad del mundo actual y sus escenarios de futuro si no incluyen el capitalismo, una de sus categorías más profundas, cuyo sólo nombre suele ser rechazado instintivamente por no pertenecer al lenguaje políticamente correcto de las ciencias hegemónicas. 

Pocas hipótesis tienen tantas posibilidades de ser confirmadas como ésta: La solución a los problemas sociales como problemas científicos y como problemas reales es imposible con el actual sistema de dominación y acumulación capitalista y con la lógica que en él impera.  En relación al mismo ya no sólo se plantean las alternativas anteriores de reforma o revolución Hay otra más que surge tanto de los nuevos movimientos sociales como de los modelos matemáticos sobre sistemas en transición al caos y en transición del caos a un orden llamado emergente o alternativo.  Tanto en los movimientos como en los modelos aparecen lo que en estos últimos se llaman atractores y bifurcaciones en que parecería optarse por uno de ellos, así como fractales y formaciones parecidas que se forjan a las más distintas escalas.  La atención a la construcción de alternativas en los movimientos sociales y en los modelos de sistemas habrá de dar cabida a las nuevas estructuraciones de la libertad, la democracia, y la justicia social.  Con unas y otras será fundamental estudiar cuáles son las alternativas que no sólo permitan construir el “buen vivir” sino preservar la vida

En los nuevos movimientos sociales y en los modelos de desarrollo autosustentable destacan por su mayor posibilidad de alcanzar esas metas los modelos de cooperación, de inteligencia distribuida, de control descentralizado, que se articulan con otros de control centralizado y jerárquico sin que se de en forma metafísica la vieja oposición entre el autoritarismo y la anarquía.

Desde ejemplos como “Los caracoles” de los pueblos mayas de Chiapas, por un lado, y por otro, desde investigaciones pioneras y recientes como las de Axelrod y muchos científicos más estamos hoy en condiciones de construir una utopía a la vez convalidada por la praxis de los pueblos y por los escenarios de las computadoras, esa que Emmanuel Wallerstein bautizó como “utopística” y que definió como “la ponderación seria de las alternativas históricas, la evaluación serena, racional y realista de los sistemas sociales humanos, de sus limitaciones y posibilidades”.  Vale la pena pensar en ella y luchar por ella.

26/ 05/ 2011

– Pablo González Casanova es Ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 

La guerra del capitalismo y los indignados de la tierra

Conferencia presentada el 6 de octubre en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM

Pablo González Casanova

Rebelión

A Samir Amin, en su cumpleaños

La necesidad de profundizar en los movimientos y movilizaciones de 2011 requiere analizar la coyuntura. También exige plantear el problema como un proceso histórico. Este no se limita a los ciclos del capitalismo y su crisis. Es más bien parte de una guerra que empezó después de la derrota de la Alemania nazi. La postguerra no tiene nada de postguerra… En los 66 años que lleva ni un mes ha estado en paz el mundo.

Tras la rendición del Eje nazi-fascista la lucha de clases y la lucha por el control de la periferia mundial, correspondieron al principal tipo de guerra que libraron las grandes potencias encabezadas por el bloque occidental y por el bloque soviético.

Conscientes uno y otro de que la guerra nuclear los llevaría a una destrucción mutua no dejaron de amenazarse con bombas y misiles, en que pronto los soviéticos mostrarían la superioridad de su bomba de hidrógeno. Amenazas y competencia en la capacidad de lanzamiento de bombas nucleares fueron una parte de la llamada “Guerra Fría”. La otra fue una lucha ideológica y mediática. En aquélla Estados Unidos haría ver que no se quedaba atrás y hasta pondría un hombre en la luna. En poco tiempo, varias potencias, unidas a las anteriores, participarían en una guerra de bravuconadas, no por ello menos peligrosa. De otro lado, las campañas anticomunistas y antiimperialistas se pusieron al orden del día. A la guerra de las armas se añadió la guerra de las ideas, de las imágenes y los sonidos, y toda suerte de recursos para someter al enemigo.

La guerra real del capitalismo se centró en ganar y dominar a la clase trabajadora en todo el mundo y a los movimientos de liberación en el mundo colonial.

Las potencias dominadas por las corporaciones y por el capital financiero aplicaron políticas que combinaban la represión, la cooptación y la corrupción.

Usaron estrategias y modelos sutil y técnicamente calculados con el fin de dividir y debilitar a los trabajadores y a los movimientos de liberación nacional.

El plan de una nueva especie de imperialismo colectivo y en redes fue encabezado por Estados Unidos con el Plan Marshall, y por Europa con la aplicación del modelo de “welfare state” (o “estado de bienestar”) para la mediatización de una fuerte proporción de la clase obrera y de los sectores medios, así como para el incremento de la demanda en el mercado interno de cada país.

La contribución de Estados Unidos fue muy importante también para la instauración en África, el mundo árabe y el sur de Asia del tipo de neocolonialismo en que ese gobierno y sus oligopolios habían adquirido una gran experiencia con los países pseudoindependientes de América Latina y el Caribe.

En medio de constante luchas, el plan estratégico del neocolonialismo occidental logró transformar los movimientos de liberación nacional en movimientos neocoloniales con sus nuevas “burguesías compradoras”.

En efecto el plan de conjunto incluía políticas de “desarrollo” industrial, económico y social que abrían el mercado para las exportaciones al Sur por parte de las grandes corporaciones del Norte.

Aunque las resistencias al nuevo proyecto imperialista no fueron menos importantes y además de los genuinos movimientos de liberación la URSS apoyó a numerosos movimientos a finales del siglo XX, en esa batalla, como en otras de la Guerra Fría, resultó victorioso Occidente.

En todos los casos los países imperialistas combinaron los objetivos de dominación y de acumulación. En todos.

Las inversiones de guerra sirvieron para acumular poder y riquezas.

Los presupuestos y endeudamientos públicos sirvieron para impulsar la economía de guerra y para dominar a los países endeudados.

A finales de siglo, con la victoria en la “Guerra Fría, el principal sostén del modo de dominación y acumulación capitalista siguió siendo la guerra. Sólo que, en la nueva etapa, cambió el peso relativo de las políticas de mediación y de las políticas de represión.

Si siempre se combinaron mediación y represión, siempre de dieron en proporción variable la zanahoria y el garrote, el pan y el palo, la concesión como política social y el clientelismo reducido de los capos políticos, así como la cooptación, la corrupción y la represión de colectividades e individuos. Además los derechos sociales tendieron a sustituirse por meros actos de caridad o por cohechos y sobornos de los jefes y sus pequeños grupos.

Ya las variaciones geográficas habían mostrado la diferencia de trato a los pueblos y los trabajadores de los países metropolitanos y coloniales o neocoloniales. En estos últimos siempre se dio un mayor peso al uso del garrote, del palo, y al de la represión mezclada a la corrupción. Ese peso aumentó con el neoliberalismo.

Desde los años setenta, y sobre todo desde los ochenta, las variaciones políticas aumentaron conforme pasaba el tiempo. En un momento dado las políticas que antes se aplicaban en las periferias se empezaron a implantar en el centro. Los trabajadores con derechos empezaron a perder sus derechos A finales de los años noventa y principios del siglo XXI esas medidas se agudizarían y llegarían a prevalecer en el conjunto de bloque occidental.

El líder indudable de todo el proyecto seguiría siendo el gobierno de Estados Unidos encabezado por el complejo militar-empresarial-político-y-mediático. Estados Unidos era y es el imperialismo más experimentado en frenar las concesiones del “Estado social” y en manejar como países coloniales a repúblicas formalmente independientes.

El complejo militar-empresarial y político que gobierna Estados Unidos es también el más experimentado en someter a los propios gobiernos metropolitanos y a sus complejos militares-empresariales. Háyase debilitado o no, en el año 2011, Estados Unidos comprobó su liderazgo en el Consejo de Seguridad y en los complejos militares empresariales de cada uno de los países del Consejo de Seguridad. El capitalismo al estilo estadounidense se fue imponiendo en todos y cada uno de los países de Europa.

Al amparo de los negocios y de los poderes militares, el neoliberalismo de Friedman y de los Chicago Boys se impuso en todas las socialdemocracias. Al modelo neoliberal y monetarista se apegan hoy las políticas de las finanzas, de las corporaciones, de los Estados, de los mercados y de los sistemas políticos e informáticos.

La reestructuración neoliberal de todas las empresas e instituciones del mundo occidental y sus zonas de influencia fue especialmente diseñada para optimizar utilidades y disminuir riesgos. A ella se ajusta la dominación de trabajadores, pueblos, ciudadanos y clientelas. A su aplicación corresponde la colosal acumulación de utilidades y riquezas en menos del 1% de la población mundial a costa de pueblos y trabajadores, en su condición de ciudadanos y de asalariados.

No sólo se aplicó la congelación de salarios nominales, ni sólo se abatió ésta por la inflación y el desempleo que sobre las familias obreras pesa, ni sólo se redujeron o eliminaron los llamados salarios indirectos: También se empobreció a los trabajadores como ciudadanos de repúblicas tributarias y como sujetos de impuestos. Se les empobreció mediante políticas deliberadas de endeudamiento externo y público sujeto a variables y usureros intereses, con cargas fiscales que disminuyeron los impuestos a los más ricos y aumentaron los impuestos a los más pobres, con asignación de presupuestos que privaban de inversiones y gastos sociales a los pueblos e incrementaban las inversiones y gastos destinados a apoyar el funcionamiento de las corporaciones.

A esas políticas se añadieron las de apropiación de territorios y riquezas malbaratadas o violentamente ocupadas en sucesivos actos de guerra abierta y encubierta. También se añadió la apertura de mercados que impulsara la competencia desleal en apoyo a las grandes corporaciones imperialistas y en detrimento de los pequeños y medianos empresarios de los países periféricos y de las propias metrópolis, no se diga de la enorme cantidad de trabajadores que esas actividades ocupaban y que perdieron su empleo.

Las combinaciones óptimas de la acumulación relativa, tecnológica y tecno-científica, se combinaron así con las de la acumulación salarial nominal y real, directa e indirecta, impositiva, crediticia, de presupuestos e inversiones públicas, de trabajador@s formales e informales, regulad@s y desregulad@s, precari@s, endeudad@s y esclavizad@s, adult@s, jóvenes y niñ@s

En el nuevo modelo de dominación y acumulación, a la rica experiencia de la dominación de clase, heredada del esclavismo, del feudalismo y el colonialismo, se añadió la no menos rica del capitalismo mercantil, industrial y financiero, monopolista y oligopólico, nacional, internacional, transnacional y multinacional. Un capital muy variado en sus organizaciones y experiencias.

La guerra y la lucha por el poder y los negocios se sirvieron de los flamantes modelos econométricos e interdisciplinarios a su servicio y llegaron a descubrir “juegos de guerra y de negocios” en los que “se gana o se gana”, y que se llaman en inglés “win-win”.

Los modelos “win-win”se usan mucho. Se usaron por ejemplo en la reciente crisis de 2011 en la que los banqueros y compañías amenazaron con declararse en quiebra y pusieron a los gobiernos a su absoluto servicio.

Los propios gobiernos de las grandes potencias subsidiaron la crisis. No se diga ya sus subalternos Para colmo la decisión de todos los gobiernos consistió en encomendar a que quienes habían generado la crisis que fueran quienes la resolviesen, lo que ya están haciendo a su manera, en que preparan de pies a cabeza una nueva crisis para 2012.

Las corporaciones y el capital financiero que las acompaña revelan con sus políticas que siguen firmemente decididos a ganar, tanto con la crisis como con el pago de la crisis, así sea a costa de los pueblos y de los trabajadores de la periferia y del centro del mundo. Es más, sus accionistas, gerentes y funcionarios que han decidido resolver la crisis en esos términos, son plenamente conscientes de que las resistencias y oposiciones van a crecer de una manera descomunal. Los problemas están técnicamente previstos y ellos están preparados psicológica, militar, política, mediática, racional y dogmáticamente. Están decididos a enfrentarlos con nuevas combinaciones y aplicaciones de sus políticas de represión, mediatización, intimidación y confusión. Su prepotencia y fanatismo les hace pensar como en tiempos de Hitler que tienen toda la superioridad necesaria para imponer sus valores e intereses.

Los señores del mundo consideran que para triunfar es necesario enfrentar con firmeza y serenidad los problemas que ellos mismos han creado al impulsar sus empresas y provocar, junto con los efectos deseados, otros no deseados. Con un estilo a la vez tecno-científico y hobbsiano, apoyados por el dios de los puritanos y por el darwinismo de los colonialistas anglosajones se proponen medidas entre las que destacan algunas como las siguientes:

1. Se proponen continuar impulsando los conocimientos más avanzados de las tecno-ciencias y de los sistemas complejos, para que las mega-empresas y redes del mundo libre y occidental, así como sus proyectos de dominación global, sigan operando exitosamente en medio de una transición al “colapso” que ellos mismos y sus ideólogos ven como un peligro que se puede enfrentar, incluso si se realiza una transición a otro modelo de dominación y acumulación, o si, dentro del mismo, se aumenta la importancia de la represión, la corrupción, la robotización y la depredación.

2. A las medidas anteriores añaden como efectos colaterales deseados la disminución de los recursos y subsidios a la educación en todos sus niveles, incluido el de la enseñanza media y superior, pues para incrementar la productividad y optimizar las utilidades, son más eficientes la automatización y robotización, por lo que resulta cada vez más innecesario y hasta estorboso el trabajador especializado y el profesional, no se diga ya el alfabetizado y escolarizado que sólo usan lo que saben para crear problemas.

Una fobia semejante a la que se da hacia la educación ocurre contra los servicios e inversiones sociales, que al disminuir sus recursos públicos o ser privatizados requieren un número muy reducido de profesionistas y técnicos de alto nivel e incluso de nivel medio, por lo que es necesario acabar con el exceso de estudiantes universitarios y de egresados, que aparte de resultar meros sobrantes son un factor demagógico de desestabilización.

3. A los problemas del desempleo y la “deseducación” intencionalmente buscados añaden los del contenido de la educación y los del control de los educadores. El nuevo pensamiento de la extrema derecha en ascenso considera necesario profundizar y ampliar las políticas de la OCD para disminuir la importancia de las humanidades, de la filosofía, de la historia, de la literatura, y para reducir los conocimientos científicos a cursos generales o de “divulgación” en que se avive la admiración a la figura de los grandes científicos –como Einstein- sin que los admiradores se enteren de sus métodos y técnicas de observación, de modelación, de formalización, cálculo, interpretación y análisis, temas todos cuyo solo enunciado ha de parecer insoportable e indescifrable a la inmensa mayoría de los seres humanos.

4. Con la privatización de las universidades, determinan el fin de las llamadas “libertades académicas” (en inglés “academic freedoms”) y la eliminación de la llamada “autonomía universitaria” En el modelo avanzado buscan integrar los centros educativos a las corporaciones.

5. Medidas semejantes se aplican a la investigación científica de punta, como ya ocurre con la farmacéutica y muchas otras especialidades.

6. En cuanto a las escuelas para trabajadores y campesinos, en especial nocturnas y rurales, consideran que deben eliminarse para disponer así de elementos menos conflictivos.

7. Impulsores de la llamada “sociedad del conocimiento”, los grupos de “élite” buscan privatizar integralmente el conocimiento. La literatura académica contra esta ofensiva es muy abundante

8. Inclinados a aceptar que en la actualidad el conocimiento es la principal fuente productiva, como sostienen algunos teóricos se da una importancia considerable al conocimiento privatizado de pequeños grupos de excelencia.

9. De realizarse el proyecto, el conjunto de la educación humana se volvería funcional a un sistema de producción y servicios en el que la desindustrialización, la “descampesinización” y el desempleo logren el necesario equilibrio mediante un “descrecimiento” que frene todo proyecto educativo y cultural ajeno a las empresas lucrativas.

Ya en la actualidad se ha formado una competencia excesiva para las corporaciones sobre todo con países emergentes como la India y China, no se diga con los que muestran seguir caminos parecidos.

10. Para impedir una creciente competencia es particularmente útil la política de presupuesto equilibrado. Obliga a los gobernantes endeudados a recuperar el equilibrio fiscal sin desarrollo, o contra el desarrollo industrial, agrícola y de servicios.

11. En cuanto a las políticas de control de los trabajadores regularizados no sólo se presionan por aumentar en todo el mundo la desregulación en marcha. También se fortalece el control de los trabajadores con sindicatos coparticipes de la empresa, y con agentes abiertos y encubiertos de las propias mega-empresas y, sobre todo, con un crecimiento transnacional de las “empresas subrogadas” que se encuentran en países donde se puede encontrar trabajo barato de cuyo control se ocupan los patronos con quienes se contrata.

12. En cuanto a los inmigrantes que entran a un país sin el permiso legal de trabajar, cuando exceden el número necesario se apoya a los trabajadores nacionales en sus manifestaciones de rechazo y protesta, e incluso se estimulan sus sentimientos racistas y sus fobias contra los extranjeros. Se les acusa de venir a quitar sus fuentes de trabajo a los “nacionales”, de abatir los salarios y de contribuir a que se violen los derechos laborales. Los empresarios de cada territorio señalarán las cuotas de trabajadores sin papeles a los que necesitan emplear para la producción y los servicios de bajo costo, y las autoridades permiten una cuota razonable de trabajadores sin papeles que cobran salarios bajos, que aceptan jornadas largas y que no protestan, amenazados como están de ir a la cárcel o de ser devueltos al infierno de donde huyeron arriesgando hasta su propia vida. En los casos extremos de corrientes de trabajadores innecesarios que buscan entrar sin papeles se usan cazadores que los liquidan en el camino o guardias fronterizos, incendiados en odios patrióticos, encargados de eliminar incluso físicamente a los contingentes de sin papeles que se empeñen en entrar. Así se siembra el miedo entre los aspirantes y sus prójimos, y se impone el respeto a la prohibición de que no entren sin el permiso correspondiente del gobierno.

13. Los dirigentes del sistema están decididos a aplicar de manera cada vez más firme políticas que controlen la nueva situación crítica en que se encuentran los estados-nación desestructurados, los sistemas políticos desprestigiados y los gobiernos asociados y subrogados contra los que se levanta la mayoría de su población. En ese terreno se sigue la tradición de las potencias coloniales de apoyar a las tribus sometidas que se enfrentan a una tribu dominante. Asumen el papel de empresas liberadoras o civilizadoras. Los imperios y sus soldados luchan por la libertad del país que someten. Así, cuando es necesario, apoyan a los enemigos del dictador, al pueblo que se rebela, como recientemente se hizo en el caso de Mubarak en Egipto, y como se hará en el futuro aunque el dictador indiciado haya sido amigo y socio del imperio, como ocurrió ayer en Irak y recientemente en Libia. Cada vez que convenga se dará la razón al pueblo en su lucha por la libertad y se asegurará al mismo tiempo la instalación un gobierno protegido, plenamente subordinado a las metrópolis o a la metrópoli.

14. En cuanto a las manifestaciones y movilizaciones que se están dando contra el sistema de partidos permitirá al capital corporativo hacer el doble juego de “ganar o ganar”. Los votantes darán la bienvenida a un gobierno conservador e incluso de extrema derecha, que substituya al gobierno que dijo ser democrático y no lo fue. Incluso apoyarán a los que desde la derecha luchen por un estado sin partidos- Evitar cualquiera de esas salidas políticas será el gran problema de los nuevos movimientos democráticos. Si no se logra la violencia será explícita

15. En todo caso para el sistema el problema principal no es dominar con partidos o sin partidos. El problema es que los gobiernos obedezcan los dictados del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, y de las organizaciones regionales de la banca y las corporaciones. La nueva política por lo general derivará en el apoyo a la derecha como ya se manifiesta en las urnas por el triunfo de los partidos conservadores y por la enorme abstención de los ciudadanos que no quieren votar. Frente a esa realidad los partidos de la izquierda que apoyó todas las medidas neoliberales pretenderán que los nuevos movimientos están haciendo el juego a la derecha y al imperialismo; pero las bases sociales difícilmente volverán a sumarse a la izquierda parlamentaria que en la práctica compartió y apoyó las medidas neoliberales.

16. En ciertos momentos y circunstancias las fuerzas de la extrema derecha se verán en la necesidad de apoyar a los ciudadanos y de apoyarse en ellos para establecer un nuevo sistema político de carácter electoral y civil –en el que es ejemplar el caso de Colombia-, o que si es militar, mantenga al sistema de partidos en nombre de la libertad y la democracia, como hizo Pinochet en Chile y como lo hacen sus sucesores.

17. En todo caso para la extrema derecha será muy importante seguir luchando por “la democracia” y “la libertad”, y en situaciones críticas podrá usar las propias elecciones para dar los golpes de Estado necesarios sosteniendo que el candidato que perdió es el que ganó y sosteniendo en el poder al candidato que los golpistas digan que ganó, como ha ocurrido en México desde 1988 con golpes de Estado institucionales dirigidos por los civiles.

18. Todos los síntomas indican hoy que se dará una importancia creciente a la economía de guerra y a las guerras de contrainsurgencia. Unas y otras ya se han convertido en su movilización y aprovisionamiento en guerras contra el “terrorismo” o contra el “narcotráfico”.

19. Muchas de las nuevas guerras contra el terrorismo y el narcotráfico se complementarán con “guerras virtuales” para una nueva ocupación colonial, para una nueva desregulación social y para una nueva comedia democrática con “aristocracias hereditarias” como las que Jefferson exaltó. Guerras “virtuales” y reales se llevarán a cuanto país o territorio sea necesario para que los “juegos de guerra virtual” hagan perder a las nuevas generaciones rebeldes el sentido de la lucha y el sentido de la vida. En esos juegos de “win-win”, ya pierdan los gobiernos semi-coloniales, los terroristas o los narcos, ganarán las corporaciones en sus ventas de municiones y armas, con sus aparatos de dominación que ocuparán nuevos espacios, y con el debilitamiento de los movimientos sociales o rebeldes que se verán envueltos en luchas más difíciles de entender y de superar que las luchas de las tribus o las sectas.

20. Se violarán cada vez que sea necesario tanto el orden jurídico mundial y los acuerdos que tome el Consejo de Seguridad, así como la legislación constitucional y el derecho positivo de cada país, hechos que abrirán el paso a la toma de decisiones que quedará al arbitrio de los más fuertes.

21. No se hará ningún caso de las críticas y denuncias de crímenes contra la propiedad o las personas, y se seguirán cometiendo los actos ilegales que se estaban cometiendo antes de que fueran objeto de críticas, protestas o presiones.

22. Se considerará como no negociable y “value free” todo lo que disminuya la creciente dominación y acumulación de las corporaciones.

23. Se aumentará la red de bases militares en el mundo, y de naves y submarinos nucleares en los océanos.

24. Se buscarán acuerdos con China, con la India, y dentro del propio Bloque Occidental, para un nuevo pacto colonial global que permita disminuir a un mínimo las fricciones inevitables en el nuevo reparto del mundo.

25. Se lanzará una macro-ofensiva de corrupción y represión a cargo de los altos funcionarios de las embajadas y los bancos y de las ONG -u organizaciones supuesta o realmente no gubernamentales, así como de las agencias especiales-. Al efecto se gastarán billones (en el sentido castellano) de dólares y se fijarán cuotas para los altos funcionaros a sobornar, para los grandes negocios a realizar y para las “acciones cívicas” y caritativas destinadas a cooptar y corromper a las masas. En la agudización de la gran crisis se manejarán sumas macroeconómicas para las políticas de corrupción de espectro completo. El aumento de fondos para corromper se combinará con la aplicación de políticas represivas abiertas y encubiertas y con la proliferación de víctimas individuales y colectivas, buscadas y no buscadas.

26. Se usarán, cuando así convenga, las políticas de apoyo a los rebeldes y a sus luchas de tal modo que luchas y rebeldes se vuelvan parte del sistema de dominación contra el que pretendan luchar.

27. Se mantendrá una gran firmeza en el conjunto de la política neoconservadora sin la menor concesión a las negociaciones sociales. Con el estilo firme de “la Dama de Hierro”, de Augusto Pinochet o de Ronald Reagan se logrará una autoridad indiscutible para las mega-empresas, sus aliados, asociados y subrogados, y un creciente apoyo para la política de recolonización del mundo y de desregulación de los trabajadores, e incluso para el control del exceso de población sobrante mediante políticas de genocidio directo e indirecto como las que ya se han venido aplicando o se empiezan a aplicar en países como Palestina, Somalia, Etiopía, Hait y muchos otros de los que la gente se olvida con suma facilidad.

28. Todas las medidas se basarán en un credo democrático y religioso, conocedor de “la naturaleza humana” y de “la ciencia rigurosa” en el que uno de los apoyos de las corporaciones, de sus gobiernos y sus países será Dios. Con ese objeto se combinará la razón con la fe, y una y otra con el valor de defender a la patria, a la familia y a la persona.

El éxito de las políticas de dominación y acumulación capitalista es innegable. También lo son sus inmensas limitaciones y crisis, sobre todo con las políticas de “retroalimentación positiva” que la extrema derecha está aplicando y que está decidida a aplicar en el futuro inmediato.

El creciente predominio de la extrema derecha no sólo llevará a ampliar el mundo de la miseria y la desesperación. También aumentará las amenazas de destrucción de la Tierra. Ambas afirmaciones son rigurosamente científicas,

El gran peligro de lo que se llama ecocidio desde hace tiempo muestra un proceso de aceleración creciente, cada vez más difícil de controlar. Ni el empobrecimiento del 80% de la población humana ni la destrucción del planeta son fenómenos puramente naturales, si por naturales se entiende que en ellos no tiene responsabilidad el ser humano.

Miseria y destrucción de la vida en el planeta son fenómenos antropógénicos, como sostuvieron los dos mil científicos de la Comisión Intergubernamental reunida en París hace dos años. Esa gran Comisión se reunió a evaluar los peligros del cambio climático, que por sí solo amenaza la vida en la Tierra. Otras amenazas de igual o parecida magnitud han sido confirmadas una y otra vez por la comunidad científica, como el hoyo de ozono, como la salinización de los mares, como la desforestación, como la desertificación, o los estallidos nucleares.

Miseria y amenazas crecientes a la vida en la tierra no sólo son fenómenos antropogénicos. Son efecto del actual sistema de dominación y acumulación movido por el afán de lucro, por la optimización de utilidades y por la acumulación de poder y riquezas en beneficio de las corporaciones transnacionales, de sus grandes propietarios y accionistas, de sus altos funcionarios y gerentes, que han aprendido un negocio óptimo en que sin el menor riesgo ganan con la crisis que provocan y ganan con el dinero que sus gobiernos les dan para que resuelvan la crisis a costa de una población en la que prolifera el desempleo agrícola, industrial y de servicios hoy acelerado por las nuevas políticas que ellos mismos imponen Tan disparatado proceso es un drama para la humanidad y una amenaza para sus propios demiurgos. Las políticas contra las crisis de 2008 y 2011 no son políticas anti-cíclicas, no son políticas para controlar o aminorar la crisis. Son políticas para hacer de la crisis un negocio redondo y la base de una nueva expansión corporativa desreguladora y recolonizadora. Las corporaciones financieras que dieron inmensas facilidades de crédito a gobiernos, empresas y personas sin capacidad de pago, sabían perfecamente que sus deudores iban a entrar en crisis y a la hora en que la estallaron por un lado privatizaron altas proporciones de las riquezas naturales, los bienes y las empresas públicas de gobiernos y estados-nación. Al mismo tiempo impusieron a sus propios gobiernos una política que impidiera la crisis de sus empresas, lo que lograron a costa de las poblaciones y naciones despojadas y con el increíble pretexto de que así y con más rigurosas políticas de ajuste presupuestaliban a resolver la crisis… Las medidas y razones de la crisis y de las falsas soluciones a la crisis son llana y sencillamente indignantes.

Por otra parte las políticas con las que las fuerzas que dominan el mundo actual han respondido y piensan responder a los movimientos sociales sistémicos y antisistémicos indican que los peligros avizorados van a aumentar. Su creciente apoyo a la extrema derecha confirma que la decisión tomada es continuar estructurando un capitalismo en el que las corporaciones asuman la responsabilidad de proteger por todos los medios la maximización desbocada de utilidades y riquezas. Esa política, en la que se dará más de lo mismo, provocará similares efectos a mayores escalas y llevará a aplicar en grande las políticas represivas y depredadoras.

El nivel de conciencia de ese peligro es muy bajo. En los círculos dominantes y en las propias élites políticas e intelectuales quienes se oponen a la ultraderecha tienen crecientes posibilidades de perder: sus propuestas políticas son muy inferiores a las necesarias para resolver, así sea de forma limitada los problemas humanos y ecológicos.

En cuanto a los movimientos sociales y políticos, sistémicos y antisistémicos, enfrentan serias limitaciones y contradicciones. Sobre ellos pesan las crisis de la socialdemocracia, la crisis y caída de los bloques socialistas antes encabezados por Rusia y China, y del nacionalismo revolucionario. A ello se añaden numerosas divisiones de sus integrantes, que no sólo provienen de la crisis de las ideologías revolucionarias y progresistas sino de la dificultad de resolver –así sea para una cuarta parte de la población- los problemas de empleo, educación, salud y techo. Otro problema de primordial importancia es la falta de un proyecto alternativo, elaborado y universal que precise cómo acercarnos a la construcción de otro modo de dominación y acumulación capaz de asegurar la vida y la libertad humana.

Reconocer estos problemas por ningún motivo debe desanimar a las fuerzas emancipadoras. Reflexionar sobre estos problemas es tarea de cualquiera que quiera pensar y actuar en serio. Pero su formulación misma constituye otro grave obstáculo cuando se piensa la solución en términos de un política socialdemócrata; o populista, o estalinista, o anarquista.

El panorama sería desolador si no existieran nuevos proyectos y experiencias que se centran en un concepto memorioso y creador de la democracia como poder del pueblo, y del pueblo trabajador, que es parte del demos, sea pueblo de esclavos; de siervos, asalariados, excluidos y discriminados

El proyecto de una democracia directa apunta cada vez más al logro de un poder del pueblo que use los medios del gobierno y al que no usen los gobiernos como medios de las corporaciones.

El proyecto entraña una democracia que respete el pluralismo religioso e ideológico; que articule el poder de las comunidades; de los colectivos y los ciudadanos; que enfrente la corrupción, el arma secreta del capitalismo, con el arma secreta de los pueblos; que es la moral colectiva; y que piense por qué luchar, y cómo luchar para ganar.

No poner freno al reconocimiento de los obstáculos es fundamental para superarlos. Hoy implica pensar en los movimientos sociales que estallaron en 2011 y que plantean el problema de la democracia directa y de cómo usan los humanos los medios e impiden que los medios de represión y corrupción enajenen a los humanos.

La tarea es enorme. También es factible. Implica la organización desde lo local hasta lo global así se parta de La Habana o de la Lacandona, de Atenas o el Cairo, de Londres, Wisconsin o Nueva York, o de la Puerta del Sol, donde surgió el grito de los condenados de la tierra, que hoy son los indignados de la tierra.

¿Por qué y cómo debemos organizarnos?

 Iñaki Gil de San Vicente

Rebelión

 

 

Varios acontecimientos recientes han reactivado el clásico debate doble sobre, por un lado, las relaciones entre organización y espontaneísmo y, por otro lado, las relaciones entre la organización militante y los partidos electorales de masas, los sindicatos y los movimientos populares y sociales. Algunos de estos acontecimientos son las sublevaciones de las masas musulmanas en África del norte; las movilizaciones juveniles en muchas zonas de Europa –Estados español y francés, Gran Bretaña, Italia, Alemania, etc.– al llamado de pequeñas iniciativas contra la explotación; las fugaces luchas obreras y populares que surgen con más frecuencia de lo reconocido por el poder pero que se agotan rápidamente como, por ejemplo, en los EEUU; la movilización que está teniendo lugar en Euskal Herria y que se ha plasmado en la victoria de Bildu; la participación del pueblo cubano en los debates del VI Congreso del PC; la decisión del pueblo islandés por aplicar justicia a los culpables de la crisis; la lucha popular en Honduras pese a la dura represión que padece desde el golpe de Estado, etcétera.

Deliberadamente hemos citado experiencias extremas, en apariencia incompatibles, para llevar el debate a su punto crítico: la necesidad de la organización de vanguardia tal como fue desarrollada por el marxismo desde comienzos del siglo XX. Al toro hay que cogerlo por los cuernos, especialmente ahora que el movimiento de los indignados reactiva la ilusión de las virtudes del espontaneísmo, de la omnipotencia de las redes sociales, de twitter y de las nuevas tecnologías de la comunicación, a la vez que aparenta desacreditar a las “viejas organizaciones de vanguardia”, demostrando la superioridad de la “rebeldía juvenil” sobre el agónico movimiento obrero, etc. En absoluto son tesis nuevas. Por el contrario, y como veremos, la necesidad de la organización revolucionaria se sustenta, como mínimo, en diez lecciones reiteradamente confirmadas por la historia:

 

 

 

1.- Credulidad en las promesas de los opresores:

 

Sobra la primera lección podemos extendernos indefinidamente. Lo mejor es tomar conciencia de su persistencia histórica: Tucídides explica cómo Brásidas prometió dar la libertad a los esclavos hilotas que se identificasen públicamente como fervientes luchadores a favor de Esparta. Unos dos mil aceptaron la propuesta y fueron premiados, pero: “poco después los espartanos los hicieron desaparecer y nadie sabe cómo murió cada uno”.

 

De esto hace aproximadamente 2435 años y desde entonces la necesidad de la organización tomó nuevos bríos, muy en especial cuando la represión imperialista reactivó la táctica espartana de “desapariciones forzadas”. Entre el -89 y -88, Mario y Cinna organizaron un ejército popular para vencer a las clases ricas en Roma. Prometieron la libertad a los esclavos y a los gladiadores que se volcaron en la batalla, y tras la derrota ejecutaron a 100 nobles. Esto asustó a Mario y Cinna, y les llevó a unir sus fuerzas con la clase senatorial vencida para, con esa nueva alianza, aplastar a los esclavos: una noche rodearon su campamento y los exterminaron. En el +37 Sexto Pompeyo liberó a esclavos para que luchasen en su ejército contra Augusto en la guerra de Sicilia. Sexto Pompeyo perdió y huyó, y Augusto prometió respetar la libertad de los esclavos pero en secreto organizó su desarme, la entrega a sus amos y el asesinato de los esclavos cuyos amos no fueron encontrados vivos.

 

La esclavitud romana era atroz, lo que añade un sangriento plus de importancia a estas y otras muestras de credulidad. Es cierto que las luchas de las clases y de los pueblos precapitalistas nunca se plantearon crear un nuevo orden cualitativo, excepto vagas utopías. Sin embargo, la credulidad de las masas explotadas, sean esclavas, siervas, campesinas, artesanas, proletarias, etc., sigue existiendo a pesar de los relativos avances en educación, prensa, derechos, etc., logrados en la sociedad burguesa gracias a múltiples luchas. La credulidad en el opresor tiene diversas causas: ignorancia, miedo, alienación y fetichismo, creencias religiosas.

 

La organización revolucionaria aparece aquí como imprescindible porque aporta, además de una argumentación teórica rigurosa sobre los terribles efectos de la credulidad, también y sobre todo porque facilita la praxis de liberación, el debate práctico conjunto, la crítica y la autocrítica entre personas que aprenden a liberarse en su misma vida personal y colectiva. La credulidad se caracteriza, entre otras cosas, por cierta dosis de fe, de irracionalismo, en un ser superior, sea dios, amo, empresario, general, o en burocracia como el Estado. La organización lo que hace en este crucial asunto es demoler esa fe, introducir racionalidad crítica y conocimiento histórico, político, ético, etc., siempre unido a una práctica militante.

 

2.- Límites de la lucha de mera protesta, que carezca de una visión crítica del opresor:

 

Sobre la segunda razón tenemos que decir que, sin una suficiente conciencia personal y política, cualquier protesta por inicial y embrionaria que sea tiende a terminar en fracaso. Como hemos dicho antes, en las sociedades precapitalistas era muy difícil desarrollar una teoría adecuada. Los galeses que fueron masacrados en el siglo XI por los anglonormandos apenas intuían más allá del objetivo visible de los invasores: quitarles sus tierras. Pero había otro objetivo más largo y demoledor: “la exterminación de todos los bretones para que nunca más se pronunciara su nombre”, como escribió un cronista de la época. Los pueblos indios y filipinos que sufrían el terrorismo español apenas comprendían la declaración real que se les leía antes de pasarlos a cuchillo, o quemarlos o descuartizarlos vivos mientras sus mujeres, hermana y amigas eran violadas delante de los hombres.

 

Pero una vez que comprendieron la naturaleza del invasor le resistieron con desesperación. Incluso hoy en día, miles de mujeres que sufren terrorismo patriarcal dudan en denunciar a su marido, novio, amigo o vecino, y centenales de ellas se retractan y retiran su acusación poco antes del juicio.

 

Sin una organización suficiente, los sectores oprimidos nunca podrán conocer su situación, obtener información y realizar debates, atraer más miembros y avanzar en la coordinación con otros colectivos que tienen los mismos o parecidos objetivos. Si miramos el problema desde una perspectiva más amplia, por ejemplo, desde la que nos alerta de la fuerza organizada del sistema patriarcal mediante las Iglesias y sus medios, desde el machismo y sexismo de la prensa y de los espectáculos, desde el machismo de los partidos y sindicatos, desde la indiferencia de muchas instituciones burguesas ante la opresión de la mujer y sobre todo, desde la ferocidad invisible y normalizada del terrorismo patriarcal, desde esta perspectiva que nos explica cómo y por qué sobrevive tanto la dominación masculina, comprenderemos la importancia de las organizaciones feministas, y en general de todas las organizaciones.

 

3.- Desconocimiento de los objetivos del opresor y de su ferocidad:

 

Sobre la tercera razón, hay que decir que es un freno poderoso que solamente puede ser superado por la organización que aporta un saber crítico basado en la experiencia colectiva, mucho más grave es el problema de los límites de las luchas espontáneas individuales o colectivas, de los motines, revueltas y sublevaciones sociales que estallan cuando la opresión se hace insostenible. Ya se de forma aislada o en grupo, los estallidos súbitos o insuficientemente organizados pueden obtener triunfos inmediatos, y los obtienen porque cogen por sorpresa al poder establecido. Entre -116 y -114 se produjo una revolución en la ciudad aquea de Dime, ocupada por los romanos, para acabar con las deudas causadas por los altos impuestos, entre otros objetivos.

 

Se quemaron los archivos públicos, se cancelaron las deudas y demás contratos. Pero la revolución fue derrotada, dos de sus cabecillas fueron muertos y otro enviado a Roma para ser juzgado. En 1871 el pueblo de París se sublevó contra la alianza entre la burguesía francesa y el ejército alemán ocupante. Pese al heroísmo impresionante, la Comuna fue masacrada atrozmente, entre otras razones porque no pudieron organizarse lo suficiente, ni ser suficientemente radicales en sus medidas liberadoras. En la IIGM Varsovia se sublevó dos veces contra la barbarie nazi, y las dos fue masacrada. Estos ejemplos distantes más de dos mil años y ocurridos en dos modos de producción muy diferentes, el esclavista y el capitalista, tienen sin embargo un denominador común: la escasa organización previa.

 

La necesidad de la organización es tanto más perentoria y vital cuanto más importante es el objetivo a conquistar, cuanto más ansiosas y activas están las masas, y cuanto mayor y más cruel es la voluntad del opresor de seguir explotando. Sea la lucha que fuere, desde una pequeña asamblea de vecinos que bloquean una empresa que contamina el barrio, hasta una insurrección revolucionaria para derrocar a la burguesía, pasando por una huelga obrera, en todos los casos la organización debe existir con anterioridad, debatiendo los objetivos, la estrategia y la táctica, analizando las relaciones de fuerzas, discutiendo las tácticas y los medios necesarios y los no necesarios, haciendo propaganda y ampliando las alianzas, buscando además de recursos, también planes alternativos tras estudiar las posibles reacciones de los aliados, de los indecisos y sobre todo del poder al que se quiere vencer, sea el poder universitario, el municipal, el judicial, el empresaria, el patriarcal, el político y de forma decisiva el militar.

 

La espontaneidad, la que fuere, tiene unos límites precisos que aparecen después de las primeras victorias, si las hay, cuando se empieza a ver que el poder es más fuerte de lo que se creía, tiene más defensas, tiene aliados dentro del bando luchador, puede sobornar y corromper. La lucha espontánea tiende a apagarse cuando la lucha de prolonga, el objetivo se aleja, la estrategia empieza a fallar, las tácticas propias ya no hacen daño al opresor; y cuando éste, responde con ataques inesperados y sorpresivos. Para evitar todo esto es imprescindible organizarse con anterioridad.

 

4.- Capacidad burguesa para pudrir las luchas:

 

Sobre la cuarta razón, hay que decir que si bien el exterminio sangriento, el terrorismo, es la última garantía de la civilización del capital, no es menos cierto que la burguesía experimentada prefiere antes desgastar, desorientar y desunir a las clases explotadas mediante una astuta maquinación en la que intervienen las concesiones puntuales, el préstamo del gobierno a la izquierda –nunca ceder el Estado y menos el ejército–, etc., a la vez que la represión selectiva del sector más radical y consciente. Las luchas ludditas de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, tuvieron un nivel de organización interna bastante adecuado para las condiciones de su época, aunque al final fueron derrotadas no tanto por la represión, con sus asesinaros incluidos, sino sobre todo por las innovaciones realizadas por la burguesía.

 

El luddismo destruía las máquinas de vapor que condenaban al paro y a la miseria a miles de familias trabajadoras, y hasta quemaba los talleres, obligando a muchos empresarios a trasladarse a otras regiones menos combativas para instalar sus negocios: un anuncio de las “deslocalizaciones” tan famosas ahora. Pero la burguesía británica aprendió que era mejor dirigir de forma imperceptible la radicalidad obrera y popular hacia la trampa institucional, parlamentaria, en la que el movimiento obrero podía conquistar reivindicaciones importantes pero nunca decisivas a la larga, y menos aún, irreconciliables con la propiedad burguesa, con su Estado de clase y con su ejército. Lo mismo aprendió la alemana cuando vio que la represión policial y judicial de finales del siglo XIX, y las leyes represivas posteriores, no detenían el fortalecimiento de la socialdemocracia.

 

La organización política formada por militantes teórica e históricamente preparados, es imprescindible para superar estos y otros peligros. No se superan con la justa ira espontánea, ni con el voluntarismo ignorante, al contrario, esto facilita la victoria burguesa. Cuanto más poder institucional logra la izquierda, concejales, alcaldes, diputados, senadores, ministros, consejeros en empresas y bancos privados, supervisores en instituciones y empresas públicas desde hospitales hasta universidades, etcétera, más riesgo existe de que termine cayendo en la trampa burguesa. Un dato extremadamente inquietante por cuanto irreversible, es que esa izquierda asuma pequeñas pero simbólicas tareas represivas cedidas transitoriamente por el poder que antes torturaba, encarcelaba y mataba a esa izquierda.

 

Recordemos al PC italiano reprimiendo a la izquierda revolucionaria en los ’70 y 80. Otro dato es el surgimiento de pequeñas corruptelas económicas, políticas y éticas que irán creciendo como un pestilente cáncer, sobre todo en la medida en que nadie controle a los arribistas y chupópteros que se acercan a la izquierda victoriosa para enriquecerse y lavar su conciencia. Recordemos el miedo de los griegos a poder corruptor del “oro persa”, que pudría incluso a algunos famosos espartanos. La síntesis entre burocracia, reformismo y corrupción desintegra a las organizaciones, sobre todo cuando han renunciado públicamente a decisivas señas de identidad. Recordemos al PC español aceptando la monarquía instaurada por Franco. Contra esta fuerte tendencia objetiva tan confirmada por la historia, sólo se le puede oponer una eficaz y muy preparada organización militante.

 

5.- Tendencia a la burocratización de la izquierda:

 

Sobre la quinta razón, hay que decir que si bien está estrechamente relacionada con la razón anterior, la cuarta, también tiene operatividad propia. Una lucha revolucionaria puede burocratizarse aunque no gire al reformismo y no sea desintegrada en el sistema institucional dominante, pero sí es necesaria la burocracia para que triunfe el reformismo porque siempre, en mayor o menos grado, surge el debate interno sobre el reformismo entre las corriente a favor o en contra. La burocracia es imprescindible trampear o reprimir el debate a favor de las tesis reformistas. El marxismo fue consciente de la tendencia objetiva al burocratismo desde su mismo origen, y el transcurso de las luchas no hizo sino aumentar esa preocupación sobre todo desde que la socialdemocracia se convirtió en un enorme partido de masas.

 

Pero una cosa es la tendencia objetiva, que no tiene por qué realizarse dependiendo de las medidas que se tomen y del tipo de organización que se desarrolle; y otra cosa es el determinismo absoluto consistente en la “ley de hierro” de la burocracia sostenido por Mitchell siguiendo las tesis de Mosca y Pareto, y por otro lado, las afirmaciones anarquistas que ven la paja en ojo ajeno pero no la viga en el propio.

 

La burocracia tiene raíces objetivas en toda sociedad en la que la división del trabajo intelectual y el físico está deliberadamente potenciada por la clase dominante. En toda sociedad en la que la obediencia, la sumisión y la credulidad en el poder son parte de la síntesis social, de la matriz social. La tendencia a la burocracia se refuerza cuando la vida política adquiere velocidad y complejidad, cuando no hay tiempo para consultar a las bases, etc.; en estos casos el sustitucionismo y el delegacionismo abren la puerta a la burocratización. En contra del tópico y de la creencia sin base histórica, son las grandes formaciones parlamentaristas y los pequeños grupúsculos dirigidos por un líder carismático, los que primero se burocratizan, mientras que las organizaciones militantes resisten bastante más. La causa radica en que están formadas por luchadores conscientes de sus derechos, de la necesidad del debate riguroso, del enorme riesgo para el futuro de las decisiones tomadas precipitadamente sin la mínima o con una insuficiente discusión, y de la diferencia insalvable entre credulidad y credibilidad.

 

Crédulo es el idealista que tiene fe en lo indemostrable, en la promesa del dirigente que nunca puede ser criticado; la credibilidad consiste en dar un tiempo justo de confianza a las decisiones de la dirección asentadas en la experiencia, honradez y coherencia contrastadas a lo largo de los años y contrastables en todo momento mediante el debate democrático.

 

6.- Tendencia al corporativismo economicista del sindicalismo:

 

Sobre la sexta razón, hay que decir que surge de la propia esencia de la explotación capitalista y de los límites de la conciencia sindical que gira casi exclusivamente alrededor de las mejoras salariales y laborales, casi nunca sociopolíticas y menos aún revolucionarias. CC.OO. y UGT en el Estado español son un ejemplo incuestionable. Otros sindicatos no han caído tan bajo pero son realmente muy pocos los sindicatos luchadores precisamente durante la actual ofensiva salvaje del capital contra el trabajo, y menos lo que fusionan su acción laboral con otra sociopolítica orientada a la superación histórica de la dictadura del salario, como en debe ser.

 

Fue Rosa Luxemburgo la que en 1906 hizo una de las más razonadas y radicales denuncias de la burocratización economicista del sindicalismo habido hasta ese momento. La conciencia economicista de la clase obrera surge de la invisibilidad de la explotación que sufre tanto por el fetichismo como por la creencia de que tiene los mismos derechos que el empresario, lo que le lleva a creer que con el simple aumento salarial y con mejoras laborales se pondrá a la altura del empresario, viviendo como él y teniendo el mismo o más poder. Pero como la explotación asalariada destroza la salud y reduce el tiempo libre hasta casi la nada, el obrero, minado ya por la división entre el trabajo intelectual y el físico, asume como normal que el sindicato sea dirigido por los especialistas, por los que saben de leyes y tienen sus despachos justo al lado de los del patrón, con el que almuerzan frecuentemente.

 

 

El sindicalismo sociopolítico necesita de militantes obreros teóricamente formados, que sepan que son esclavos asalariados de por vida, hasta que se mueran o hasta que acaben con la dictadura del salario. Pensar esto y conocer su lógica exige de una formación teórica y política que solamente puede obtenerse mediante una organización revolucionaria. Más aún, el militante obrero ha de tener una especial cualidad ética que le ayude a mantener su lucha. La esclavitud asalariada vuelve extremadamente dependientes y vulnerables a las personas al carecer de otro recurso vital que el salario. La burguesía conoce esa debilidad estructural y chantajea, soborna o atemoriza a los sindicalistas y obreros cuando les falta una ética revolucionaria. Pero si ya es difícil aprender la teoría y mantener una lucha sindical, todavía lo es más superar la ética burguesa sustituyéndola por la ética marxista. Sin una organización que facilite esa emancipación personal y colectiva es casi imposible lograrlo.

 

7.- Tendencia a estancamiento y retroceso de los movimientos populares y sociales:

 

Sobre la séptima razón, hay que decir que es todavía más aplastante que la anterior. A diferencia del sindicalismo, que está más o menos presente en la explotación asalariada porque ésta abarca toda la vida laboral, los movimientos sociales y populares son voluntarios, sufriendo altibajos y con una clara dinámica de sustitucionismo de las bases por la dirección sobre todo en los períodos de reflujo de las movilizaciones. Un ejemplo lo tenemos en el bluf de las ONGs, de los movimientos antiglobalización, de los Foros Sociales, y del bajón espectacular hasta casi su desaparición de los “nuevos movimientos sociales”, “contestatarios” y de “contra cultura” de los ’60 y todos los ’70. Le experiencia de los “verdes” es concluyente: absorbidos por el imperialismo alemán. Una de las causas es la propia fugacidad del “movimiento estudiantil” y “juvenil”, base frecuente de lo anterior, que estalla en determinados momentos pero que se agota por simple ley biológica y por las innovaciones represivas del Estado burgués.

 

La permanentización de núcleos revolucionarios en el interior de los movimientos es una de las tareas decisivas de la teoría de la organización tal cual la expuso Lenin a comienzos del siglo XX, que no hacía sino trasladar a las condiciones represivas zaristas lo que ya era una reflexión común en las izquierdas de otros países, aunque no tan sistematizada teóricamente. Lo básico de esta aportación sigue siendo más actual ahora que entonces por la multiplicación de los mecanismos burgueses de represión, desactivación y desintegración de los movimientos. La dialéctica entre espontaneidad y organización aparece aquí con todos sus matices enriquecedores, y con la advertencia clara de los dos riesgos mortales: la burocratización y el reformismo que crecen en los movimientos si no existen en su interior núcleos militantes y aún así el problema sigue existiendo.

 

8.- Efectos alienadores y disgregadores del capitalismo:

 

Sobre la octava razón, hay que decir que abarca a la totalidad de los puntos anteriores y nos lleva a un debate crucial del que hemos adelantado puntos concretos. Se trata del poder del capital para crear una sociedad sectorializada, dividida y pulverizada en micropartículas egoístas e individualistas totalmente aisladas entre ellas y sólo conectadas mediante los medios que el propio capital impone y determina, los suyos, que refuerzan esa multidivisión grupuscular. La realidad, que es una totalidad de contradicciones en lucha, aparenta desaparecer en un informe caos de egoísmos ferozmente individuales. La sociobiología, el genetismo y el darwinismo social refuerzan “científicamente” esta creencia. A lo sumo que se llega, es a aceptar que cada partícula, cada “ciudadano”, tiene exclusivamente “derechos individuales” que debe negociar y transaccionar individualmente con el “ciudadano patrón”, con el “ciudadano juez”, etc., siempre aceptando la máxima hobbesiana de que el hombre es un lobo para el hombre. Es cierto que los movimientos sociales, el sindicalismo y otros grupos mínimamente organizados luchan contra esta realidad pero insuficientemente por razones obvias.

 

De nuevo, la organización militante aparece como una necesidad imperiosa para mostrar que la realidad es más cruda y peor que la versión hobbesiana. El hombre no es un lobo para el hombre, sino un mercader, que es infinitamente peor: “homo hominis mercator”. El naturalismo inherente a la máxima “homo hominis lupus” no puede mostrar la brutal explotación del capitalismo. Aprender que el ser humano reduce a mercancía a otro ser humano, comprándolo, vendiéndolo y explotándolo, exige de la praxis revolucionaria, de la dialéctica entre la acción y el pensamiento en el interior de los conflictos y siempre en un marco organizativo.

 

Solamente en el fragor cotidiano de la lucha contra la opresión puede el ser humano conocer la verdadera naturaleza del capitalismo. La intelectualidad académica gira tan rápidamente al reformismo o a la derecha, porque, entre otras cosas, siente horror a la militancia organizada. Otro tanto hay que decir de sectores estudiantiles que, siendo progresistas, creen que basta con estar al tanto de las últimas modas intelectuales. La organización leninista debe y puede aportar una praxis crítica totalizante de la inhumana mercantilización burguesa, aunque los meritorios esfuerzos individuales pueden llegar a disponer de una percepción bastante amplia del problema, si bien unilateral y tendente al individualismo sectario al no ser contrastada por la praxis crítica colectiva que sólo la garantiza una organización revolucionaria.

 

9.- Efectividad de la represión:

 

Sobre la novena razón, hay que decir que se parte de una teoría amplia de las violencias y de las represiones, no reduciéndolas a la acción judicial y policial, sino considerando la totalidad de mecanismos de intimidación, miedo y represión. La seguridad es una preocupación constante desde que existe la lucha contra la opresión. La insurrección de los esclavos cartagineses en varias ciudades itálicas en el -199 fue abortada y masacrada por la delación de dos esclavos. El campesinado chino se defendía mediante sectas secretas algunas de las cuales eran sólo de mujeres, de “monjas”. A mediados del siglo XVI las élites mayas supervivientes al terrorismo español se organizaron clandestinamente para transcribir en papel la cultura de su pueblo, el Popol Vuh, que estaba al borde de la extinción.

 

La seguridad organizativa lo mantuvo a salvo hasta 1701. Blanqui tardó varios años en encontrar un efectivo sistema de seguridad para su organización. Marx y Engels siempre mantuvieron una “vida oculta” que garantizaba relaciones seguras con organizaciones perseguidas y con personas influyentes que habían militado en la revolución, y que les suministraban desde informaciones muy valiosas hasta pasaportes, documentos, dinero, etc., para ayudar a quien sufriese represión.

 

Pero la seguridad por la seguridad, sin un contenido político, no garantiza el desvío reformista. Durante la clandestinidad, la socialdemocracia alemana tenía la célebre y efectiva “Máscara de Acero”, que aseguraba el envío de propaganda, la celebración de los Congresos, etc., pero que no pudo evitar ni la burocratización ni el reformismo. Por el contrario, la dirección bolchevique sabía que su representante en la Duma zarista era un agente de la policía, aun así lo mantuvo vigilado porque, según Lenin, el efecto político de sus discursos era más beneficioso que las pocas delaciones que podía hacer. Obviamente, la seguridad es imprescindible en una dictadura y también bajo una democracia burguesa restringida y vigilada, pero su necesidad no desaparece en lo básico ni incluso en una democracia burguesa muy tolerante. En este caso debe adquirir tres formas básicas: una, seguridad financiera y de recursos porque una organización hipotecada con deudas es una organización atada políticamente; dos, seguridad en sus cargos de responsabilidad, fácil de comprender; y tres, seguridad en la rectitud ética y política de sus militantes, que sustenta a las dos anteriores. Se mire por donde se mire, la mejor forma de garantizar la seguridad es la organización revolucionaria, y no siempre ni automáticamente.

 

10.- Síntesis y confirmación histórica:

 

Y la décima razón, síntesis de todas las anteriores, vamos a exponerla presentando cuatro experiencias históricas. La primera trata sobre la necesidad del centralismo democrático, del que tal vez tengamos uno de los primeros ejemplos históricos en el relato que hace Jenofonte tras la asamblea de los 10.000 en la que analizan las consecuencias de haber perdido a los generales. Jenofonte explica que los nuevos mandos elegidos democráticamente han de ser más rectos y honrados que los anteriores, y que las tropas han de aplicar las decisiones tomadas después de haberlas debatido y decidido colectivamente con toda diligencia y eficacia, sabiendo que cuando surjan nuevos problemas deberán reunirse de nuevo para debatirlos, decidir y practicar lo decidido. Libertad plena de debate colectivo, garantizada por las medidas de seguridad adecuadas –los griegos no debatieron lo anterior bajo las flechas enemigas, sino en un lugar seguro y a prueba de oídos peligrosos–, y aplicación conscientemente asumida de las decisiones tomadas en el debate. Sin duda, este método, junto a otros, fue el que garantizó su victoriosa vuelta a la Hélade. No se ha inventado un método mejor, y, como veremos, las nuevas tecnologías de la información pueden mejorarlo pero nunca sustituirlo.

 

La segunda es la necesidad de una permanente lucha teórica, filosófica, política, etc., no sólo contra la ideología burguesa sino también contra sus servicios secretos dedicados a la lucha propagandística e ideológica. Los servicios secretos británicos, por poner un solo ejemplo, tenían una larga lista de “famosos escritores” en su nómina: Daniel Defoe era uno de ellos, además de periodistas y criminales del hampa que escribían textos falsos atribuidos luego a los irlandeses armados o a otras organizaciones. Los “fondos de reptiles” existieron en Roma y ahora mismo, en la CIA y en todo Estado burgués. Cuando tienen el apoyo del reformismo, el resultado de su trabajo puede ser demoledor. Un ejemplo de manipulación burguesa disfrazada de “progresismo” es el de los “batallones rojos” mexicanos formados por obreros que pelearon contra las masas campesinas revolucionarias entre 1910 y 1917. Fueron convencidos con argumentos falaces y eurocéntricos, no exentos de rechazo al “atraso campesino” y a los “salvajes indios”. Vencida la revolución, la burguesía desarmó los “batallones rojos”, incumplió las promesas que había hecho, redujo las libertades que todavía existían y aumentó la represión. Podemos imaginar con cierta plausibilidad que si hubiera existido una organización marxista sólidamente formada e implantada, no se hubiera cometido semejante error, o al menos hubiera sido mucho menor.

 

La tercera es la del mito de la omnipotencia de Internet, de las “redes sociales”, de las movilizaciones convocadas mediante teléfonos móviles, twitter, etc. Al igual que con otros avances tecnocientíficos, los árboles no deben ocultarnos el bosque, que es lo decisivo. El debate ya aparece en Marx cuando analiza los contradictorios efectos del telégrafo, que luego, junto al ferrocarril y el teléfono, fueron decisivos en las revoluciones mexicana y bolchevique. Internet ha facilitado la recuperación de las izquierdas mundiales desde finales del siglo XX, y el uso en red de la telefonía móvil es un arma que ha cosechado algunas victorias. Todo esto es cierto, pero existen tres preguntas que debemos responder: ¿cómo maximizar sus potencialidades?, ¿de quién son esos medios?, y ¿qué haremos cuando el capital nos los cierre? Cuando surgió la imprenta, el Vaticano y el resto de poderes se lanzaron a controlar su uso, estableciéndose una batalla que todavía se libra. La prensa diaria la inventó el cardenal Richelieu, y Napoleón cerró la mayoría de los periódicos para aumentar su poder.

 

Sabemos que los Estados pueden cerrar Internet, bloquear la telefonía móvil, etc., cuando quieran, sumergiéndonos en el “silencio informativo”. ¿Qué hacer entonces? La respuesta pasa por el debate sobre la organización militante: es la práctica personal, el contacto cara a cara, la conversación y el debate en la práctica lo que maximiza el potencial de los nuevos medios, y el que confirma las relaciones establecidas electrónicamente. Sin la práctica en la calle, Internet degenera en el “ciberizquierdismo” sin realidad material.

 

Es la lucha organizada la única que puede crear redes capaces de aguantar durante más tiempo las censuras y cierres, y la única capaz de pensar lo que hay que hacer bajo el “silencio informativo”, activando otros medios ya pensados con anterioridad.

 

Y la cuarta y definitiva es la confirmación histórica del argumento central: tarde o temprano se agudizarán las contradicciones sociales, volverán las luchas y la burguesía endurecerá su política. No es determinismo catastrofista, sino conocimiento de la evolución burguesa entre expansiones y crisis. Conforme se gesta, expande e intensifica la crisis, la necesidad de la organización revolucionaria se vuelve impostergable, pero la solución de este problema que puede llegar a ser decisivo, dependerá de cómo se haya actuado en los tediosos períodos de calma y “normalidad”, cuando algunos generalizan la idea errónea de que ha desaparecido la explotación o de que se ha suavizado tanto que ya no son necesarias “caducas teorías”.

 

Si ningún colectivo ha mantenido vivo el embrión organizativo la burguesía apenas encontrará resistencias organizadas y menos aún programas revolucionarios que faciliten el salto del malestar social a la conciencia política dentro de un programa de transformación socialista. La derecha campará a sus anchas, sabedora de que tiene muchos recursos para impedir que la indignación de una minoría se transforme en rebelión de la mayoría. La derecha sabe por experiencia propia que uno de los peores peligros para su sistema es el crecimiento de organizaciones revolucionarias, las únicas que pueden actuar como mediaciones entre la indignación y la rebelión.

Experimentos con humanos

José Steinsleger/I, La Jornada

Las investigaciones en el campo de la medicina y las ciencias naturales, el ímpetu “civilizador” del colonialismo y el éxito literario de Frankenstein o el moderno Prometeo (Mary Shelley, 1818) llevó a los pensadores europeos del siglo XIX a debatir sobre un tema algo complicado: ¿es posible “mejorar” a los seres humanos?

Curiosamente, una de las fuentes de inspiración de Frankenstein fue Erasmus Darwin (1731-1802), el abuelo de Charles, a quien el vulgo veía como un tipo capaz de devolver la vida a los muertos cuando experimentaba con electricidad.

Frankenstein cautivó la imaginación de generaciones, convirtiéndose con los años en alegoría de las perversiones científicas para experimentar con seres humanos. Sólo faltaba vencer los remilgos éticos de una burguesía muy pagada de sí misma. Y los cuatro tomos del Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas (JA Gobineau, 1853-55) contribuyeron a superar los complejos de culpa.

Pocos años después, tras el impacto de El origen de las especies (Charles Darwin, 1859), brotaron nuevas herramientas teóricas para justificar el racismo. Prescindiendo del rol del azar en la ciencia, el zoólogo Ernst Haeckel (1834-1919) divulgó en Alemania la obra de Darwin, dictando cátedra acerca de las “razas primitivas” que, a su juicio, estaban “…más cerca de los monos que de los europeos”.

Emplazado por las insólitas repercusiones de sus investigaciones, Darwin sostuvo que la ciencia no responde a ninguna agenda política, moral o religiosa: “la evolución –dijo– carece de finalidad, y es absurdo calificar a un animal superior a otro”. En cuanto a la muletilla divulgada por Haeckel, preguntaba: ¿en qué momento afirmé que “el hombre desciende del mono”?

Naturalmente, Darwin creía que si se ayuda a las especies débiles a sobrevivir y procrear “…se podrían perder los beneficios de la selección natural…” Pero simultáneamente advertía que negar tal ayuda a los seres humanos ponía en peligro el instinto de solidaridad, “…la parte más noble de nuestra naturaleza”.

Fue en vano. Un primo suyo, el erudito inglés Francis Galton (1822-1911) inventó el término “eugenesia”, claramente inspirado en lecturas torcidas de la teoría de Darwin. “La eugenesia (de bien nacido, buena reproducción) posibilitaría la reducción del nacimiento de los ineptos, débiles y enfermos”, y la “mejora de la raza” mediante el fomento de la productividad de “los más aptos y sanos” (El genio hereditario, 1867).

Otro sabihondo inglés, el positivista Herbert Spencer (1820-1903) planteó que nada interfiere en las “leyes naturales”. Spencer inventó la expresión “darwinismo social”, que le venía como anillo al dedo al imperialismo y a la idea de “libre mercado”: los hombres son desiguales desde su origen, y los débiles quedan sometidos siempre al dominio de los más fuertes.

En América Latina, el “darwinismo social” animó el pensamiento de los gobernantes que le dieron forma y sustento ideológico a los nacientes estados nacionales. En Conflicto y armonías de las razas en América, Domingo F. Sarmiento (1811-1888) ponderó la barbarie liberal para justificar el exterminio de los pueblos indígenas, y el influyente socialista argentino José Ingenieros (1877-1925) dijo en relación con su país: “…Chile carece de extensión y de fecundidad. Al Brasil le faltan el clima y la raza. La Argentina reúne las cuatro: territorio vasto, tierra fecunda, clima templado, raza blanca”.

El libro del alemán Wilhelm Schallmeyer (1857-1919), Herencia y selección en la historia de los pueblos (1903), fue la “biblia” del grupo de entomólogos y eugenistas que en Berlín organizaron la Sociedad para la Higiene Racial (1903). Tres años después, Galton fundó en Londres la Eugenics Education Society, mientras en Alabama se fundaba la “Escuela superior de la civilización para ennoblecer a la raza negra”.

Los primeros experimentos médicos con humanos tuvieron lugar en Namibia, colonia alemana de África occidental. Allí, el secretario de la oficina colonial del reich, Bernard Dernburg (1865-1937), banquero, político liberal y miembro de una influyente familia judía, concibió un sistema para liberar al negro de sus “…defectos físicos… y de este modo su espíritu se abrirá a la influencia beneficiosa de la naturaleza superior”.

En 1913, el antropólogo Eugen Fischer (1874-1967) publicó el estudio Los bastardos de Rehoboth (comunidad de Namibia), en el cual intentó demostrar “el predominio de una raza prehistórica en tiempos históricos”. Gran amigo del filósofo Martin Heidegger, Fischer fue uno de los responsables del exterminio de judíos y enfermos mentales durante la Segunda Guerra Mundial.

En poco más de medio siglo, las fantasías del doctor Frankenstein habían echado raíces profundas en los estamentos científicos, políticos y económicos de la cultura occidental. Y el menú “científico” para experimentar a escala individual o en masa con seres humanos quedó listo: biologismo, racismo, higiene racial, eugenesia y darwinismo social.

Experimentos con humanos

José Steinsleger /II

Las ideologías y doctrinas sustentadas en bases seudocientíficas (biologismo, eugenesia, darwinismo social) no sólo cautivaron (¿cautivan?) a filósofos, médicos y sociólogos. En asuntos de derecho penal, los delitos sociales también suelen ser vistos como “enfermedades”.

En El delito: sus causas y remedios (1902), el italiano Cesare Lombroso (1835-1909) creía que las causas de la criminalidad son “genéticas” (innatas) y dependen de las formas físicas y biológicas: basta con observar y medir ciertas partes del rostro (“fisiognomía”), la cabeza (“frenología”), o personalidad (“personología”), para obtener conclusiones “científicas” sobre equis delito. Por injusto e incoherente, la criminología moderna desestimó el “método lombrosiano”. Sin embargo, sus contenidos clasistas y raciales perduran hasta nuestros días. Expresiones como “mano dura” o “tolerancia cero” revelan un espíritu lombrosiano. Y ni se diga cuando el “aspecto” de un acusado es blanco, elegante, pudiente, “civilizado”. De antemano, contará con la benévola y lombrosiana actitud de fiscales, jueces y jurado.

En 1920, en Leipzig, Kart Binding y Alfred Hoche publicaron un texto de nombre inquietante: Autorización para aniquilar vidas indignas de ser vividas. Hoche estaba convencido de que “la eliminación de estos seres totalmente carentes de alma (en instituciones para idiotas)… no significa delito alguno, ninguna manipulación inmoral, ninguna bajeza insensible, sino que es un acto útil y lícito”.

Durante la república de Weimar (1918-30) surgió una intensa polémica sobre la posibilidad de esterilizar a pacientes de enfermedades hereditarias y eliminar a los indeseables. En 1925, el radiólogo Hans Schinz y el médico B. Slotopolsky publicaron el artículo “Diagnóstico testicular de los criminales sexuales”, donde plantearon en qué medida la hiperactividad de las glándulas reproductivas estimula “los instintos de los delincuentes sociales y de los anormales sexuales, con el fin de poder solucionar dichas tendencias criminales mediante la castración”.

En 1933 se decretó una ley para prevenir la procreación de seres afectados por enfermedades hereditarias (que preveía la esterilización obligatoria de estas personas), debilidad mental congénita, esquizofrenia, locura maniacodepresiva, epilepsia hereditaria, sordera hereditaria, malformaciones físicas hereditarias o alcoholismo grave. Los principales encauzados son quienes se muestran reticentes al trabajo, los asociales, los minusválidos, los sicópatas. Luego entró en vigor la ley de castración a los delincuentes que atentan contra las buenas costumbres.

La comisión permanente para cuestiones eugenésicas de la Iglesia evangélica aprueba expresamente la ley de esterilización, aunque le parecen excesivas determinadas disposiciones. Esta ley fue sustituida en 1935 por una “ley para la protección de la sangre alemana y del honor alemán”. Entre 1934 y 1944 se esteriliza en todo el Reich a entre 300 mil y 400 mil personas. En los campos de concentración se realizaron incontables experimentos con prisioneros. Se trataba, sobre todo, de pruebas de presión y refrigeración, experimentos con vacunas y con mellizos.

En Buchenwald se experimenta por primera vez la llamada prueba de la vacuna contra el tifus exantemático (1942). Como la vacuna convencional, producida en el propio instituto del ejército, no ha dado el resultado esperado, es necesario reaunudar los experimentos en personas con nuevas vacunas y sueros.

A partir de 1942, el médico de la Luftwaffe y oficial de asalto de las SS Sigmund Rascher realiza con los internos del campo de Dachau ensayos de vuelos a gran altura. Se trata de probar cómo reacciona el organismo humano ante un súbito descenso de presión y oxígeno en un avión a 12 mil metros de altura. En una cámara de baja presión se prueba a 200 prisioneros; entre 70 y 80 mueren en el acto tras el experimento.

Rascher realiza pruebas sobre el subenfriamiento de larga duración. En una serie de ensayos, las personas se ven obligadas a permanecer hasta tres horas en un recipiente lleno de agua helada, o bien estar al aire libre desnudas durante muchas horas con temperaturas próximas al punto de congelación.

Carl Clauberg (1898-1957), uno de los pioneros de la endocrinología, ensayó métodos de esterilización sin intervención quirúrgica en el campo de Auschwitz, inyectando soluciones de formalina en el útero.

Joseph Mengele practicó la infección con bacterias de tifus en gemelos univitelinos de origen judío y gitano.

La dermatóloga de Ravensbrunk, Herta Oberheuser (1911-78), dependiente de Kart Gebhardt (1897-1948), médico de Himmler, empieza trabajando en el Instituto de Higiene Racial, supervisado por Eduard Wirths.

En 1935, el jefe de las SS, Heinrich Himmler, funda la asociación Lebensborn para fomentar el nacimiento y educación de niños de alto valor racial, en especial hijos de madres solteras. A los recién nacidos se les registra con un nombre en la “comunidad de estirpe de las SS”. La Lebensborn trabaja en Munich, en secreto. Por la orden de eutanasia infantil escrita por Hitler en octubre de 1939, fueron asesinados 5 mil niños. Siguió la llamada acción T4 (Tiergarten 4, calle de Berlín) que acabó con la vida de 70 mil personas entre 1940 y 1941. Estaba previsto aniquilar 30 mil más, cuando los asesinatos en masa fueron oficialmente suspendidos por las protestas del sector eclesiástico.

Genocidio de enfermos en los territorios ocupados. Minusválidos. Participa el director de la clínica pediátrica de Leipzig, Werner Catel, uno de los tres peritos que sin ver siquiera a los niños afectados deciden si han de vivir o morir. Hasta finales de la guerra se crean unos 30 departamentos en los que se mata a niños con sobredosis de medicamentos, para simular una muerte natural. A ello se debe que el departamento de investigaciones siquiátricas de Heidelberg-Wiseloch, mantenga una estrecha relación con el departamento infantil de Eichberg. Algunos casos especiales son enviados a Eichberg sólo para poder obtener sus cerebros. En una carta del 23 de agosto de 1944, el doctor Julio Deusen escribe: “De acuerdo con lo convenido les remitimos cuatro niños idiotas… Por desgracia, y debido a dificultades inesperadas que se han presentado a última hora, no puede realizarse un transporte mayor”. El traslado de estos niños se hace, a menudo, sin conocimiento de los padres, o después de prometerles un mejor tratamiento. Una parte de las víctimas son sacrificadas con fines científicos. Completamente desesperada, la madre de uno de los niños se dirige el 6 de septiembre de 1943 a una de las directoras de las barracas en los siguientes términos: “Usted, directora, deberá pagar por ello con su salud, padecerá en su lecho de muerte, el juez divino la sentenciará, se lo pediré con las manos en alto, pues el alma grita a Dios todopoderoso”.

Experimentos con humanos

José Steinsleger /III

Exhibiendo una fotografía, la señora comenta frente a la cámara: “Antes del experimento, tenía una cabellera tupida. Ésta era yo antes de mi tratamiento”. La señora se quita el sombrero: “Ahora, míreme”. Salpicada con manchas de calvicie, la tintura roja apenas disimula las horribles cicatrices que cruzan su cabeza.

Otra señora, con la cara torcida, comenta: “Mis tres niños tienen los mismos cánceres que afectaron a toda mi familia: ¿va a decirme usted que esto es sólo una coincidencia?” Una enfermera explica el tratamiento a los niños más pequeños: “Primero, sus cabezas fueron rasuradas y untadas con un gel que les ardía. Luego se les puso una pelota entre las piernas, y se les pidió que no la dejaran caer, para que no se movieran”.

Los niños no fueron protegidos en el resto del cuerpo. Para ellos no había trajes de plomo. En Israel, las normas para irradiar a un niño con rayos X, eran de 0.5 rad. Pero como los escogidos no eran niños “normales”, fueron irradiados con una dosis 35 mil veces mayor. Un sobreviviente recuerda:

“Yo estaba en clases cuando hombres vestidos de civil vinieron para llevarnos a una gira. Preguntaron nuestros nombres. Los niños ashkenazis (judíos de Europa central emigrados a Israel) fueron devueltos a sus asientos. Sólo los niños morenos (sefardíes de Marruecos y Yemen) fueron subidos al autobús.”

Para engañar a los padres, el Ministerio de Salud les informó que las irradiaciones eran para tratar el ringworm (hongo parecido al herpes) en el cuero cabelludo. Sin embargo, después de recibir las dosis murieron cerca de 6 mil niños, en tanto los restantes fallecieron poco a poco con padecimientos de epilepsia, amnesia, alzheimer, migraña, sicosis y distintos tipos de cáncer.

Basado en las investigaciones del escritor israelí canadiense Barry Chamish (1952), el documental 100 mil radiaciones (Dudi Bergman, Simona Producciones, 2003) fue dirigido por Asher Khamias y David Balrosen y se transmitió por el Canal 10 de Tel Aviv, a las 9 pm del 14 de agosto de 2004.

La primera parte del programa concluyó con un debate en el que participaron David Edri (cantautor marroquí y cabeza del comité de compensación para las víctimas de ringworm rayos X), Boaz Lev (vocero del Ministerio de Salud) y el periodista Dan Margalit, moderador.

Edri investigó el secuestro de unos 4 mil 500 niños yemenitas durante los primeros años de la entidad sionista. En el panel manifestó la frustración que sintió al solicitar los archivos médicos de su niñez. Indulgente, el ministro Lev aclaró: “casi todos los archivos se quemaron en un incendio”.

El artista consiguió reunirse con el líder del Movimiento de los Niños Yemenitas, rabino Uzi Meshulum (encarcelado ocho años por intentar llegar a la verdad, y sometido a torturas de las que aún no se ha recuperado), y con el rabino de Jerusalén David Sevilla, quien corroboró el crimen y pudo ver las fotografías de las cicatrices en los pocos niños que sobrevivieron.

En el documental aparece un historiador que primero dicta una plática breve sobre el llamado “movimiento eugenésico” y luego, con mordacidad, reconoce que la operación ringworm fue un programa oficial de eugenesia que apuntaba a “…desyerbar las semillas débiles” percibidas en la nueva sociedad israelí.

Autorizada en 1951 por el gabinete liderado por David Ben Gurion, la operación ringworm fue sugerida por el gobierno de Estados Unidos, jaqueado entonces por la ley que a finales del decenio de 1940 puso fin a los experimentos de radiación humana en presos comunes y enfermos mentales.

Así fue como el gabinete de Ben Gurion (Eliécer Kaplan, ministro de Finanzas; Levi Eskhol, Asentamientos; Moshe Sharret, canciller; Golda Meir, Trabajo; Amos Ben Gurion, hijo de David, Interior; Yosef Burg, Salud, padre del luego pacifista político Abraham Burg) se puso a cavilar dónde desintegrar bebés judíos sefardíes: si en Estados Unidos o Israel.

Washington necesitaba una nueva fuente de cobayos humanos y, a cambio de dinero y secretos nucleares, el gobierno de Israel se los proporcionó. Durante años, Washington pagó al gobierno de Tel Aviv 300 millones de liras israelitas destinadas al programa nuclear, cuyo director era el ministro de la Defensa Shimon Peres, líder del Partido Laborista y actual presidente de Israel.

Chaim Sheba (1908-71), el médico con el grado más alto en el ejército de Israel (1948-51), realizó en 1951 un viaje especial a Washington, donde el Pentágono le proporcionó siete máquinas de rayos X. Con estos aparatos, el doctor Sheba realizó el experimento sobre una generación completa de jóvenes judíos sefarditas. En 1968, Sheba recibió el gran premio Israel. Su nombre encabeza hoy un importante centro médico.

En el panel, el moderador Dan Margali justificó los experimentos: “El Estado era pobre. Era una cuestión de sobrevivencia día a día”. Al día siguiente, ningún periódico habló del programa. Las miles de personas que alcanzaron a verlo (pues salió al aire al mismo tiempo que Ha nacido una estrella, el show más visto en Israel), continúan esperando la segunda parte del documental 100 mil radiaciones.

Experimentos con humanos

José Steinsleger / IV y último

Cuando en 1993, con base en expedientes secretos desclasificados, la periodista Eileen Welsome documentó la historia de casos de radiación en niños huérfanos y mujeres pobres indefensas durante la llamada guerra fría, la secretaria de Energía Hazle O’Leary quedó vivamente impresionada.

Entonces, el gobierno de William Clinton formó una comisión para investigar los casos denunciados por Welsome: 18 adultos irradiados con plutonio, 73 niños de una escuela de Massachusetts que ingirieron radioisótopos radiactivos en la avena del desayuno, una mujer inyectada con plutonio por los médicos del Proyecto Manhattan (el de la bomba atómica, 1945), 829 mujeres negras embarazadas de una clínica de Tenesi que bebieron cocteles vitamínicos con hierro radiactivo, etcétera (“The plutonium files”, Dialy Press, 1999).

Simultáneamente, la profesora Susan Reverby (Wellesley Collage, Massachusetts) descubría los archivos del cirujano John Charles Cutler (1915-2003), responsable de los experimentos médicos en más de mil 500 personas entre soldados, reos, pacientes siquiátricos, prostitutas y niños de Tuskegee, localidad de Alabama (1932-72). Y de los archivos de Tuskegee saltaron los experimentos sobre sífilis y gonorrea en mil 500 guatemaltecos (1946-48), en el marco de un programa patrocinado y ejecutado por el Departamento de Defensa durante el gobierno de Harry Truman.

Álvaro Colom, presidente de Guatemala, calificó de “espeluznantes” y de “crímenes de lesa humanidad” los experimentos realizados por médicos del servicio de salud pública estadunidense, y en octubre pasado la secretaria de Estado, Hillary Clinton, pidió perdón en nombre de su gobierno. El presidente Barak Obama incluso se puso en contacto telefónico con Colom, expresando su “profundo pesar” por lo sucedido.

Sin embargo, los casos de Tuskgee y Guatemala gozaban de viejos antecedentes en el empleo de ciudadanos estadunidenses y extranjeros para investigaciones similares con el virus de la malaria, el VIH, el ébola, radiaciones nucleares y drogas alucinógenas, como el LSD y otras. Un caso famoso y muy comentado tuvo lugar en 1919, en la prisión de San Quintín, donde el médico residente Ll. Stanley experimentaba con los presos más ancianos.

En pleno apogeo del llamado “movimiento eugenésico”, Stanley quería demostrar que se les podía devolver a los viejos el vigor sexual, y para ello realizaba trasplantes de testículos provenientes de ganado o de presos más jóvenes recientemente ejecutados. En noviembre de aquel año, The Washington Post publicó un informe alabando los progresos alcanzados por Stanley para “…restaurar la juventud primaveral, el rejuvenecimiento del cerebro, el vigor de los músculos y la ambición del espíritu”.

En 1935, el servicio de salud pública decidió actuar contra el pelagra (una deficiencia de niacina) después de observar durante 20 años los estragos mortales del mal en la población negra azotada por la pobreza. En 1940, 400 presos de Chicago fueron infectados con malaria para probar los efectos de nuevas drogas contra esa enfermedad.

A finales del decenio de 1940, el gobierno estadunidense prohibió los experimentos radiactivos con humanos, y a mediados de los años 70 excluyó a los presos y enfermos mentales de cualquier experimento médico… oficial. Pero la cosa queda en mera denuncia si los experimentos son impulsados por fundaciones y laboratorios privados. Así se explica la inusual petición de perdón a los afroamericanos y guatemaltecos, víctimas del servicio público de salud y la Oficina Sanitaria Panamericana, hoy conocida como Oficina Panamericana de la Salud.

El comunicado oficial de Washington dice así: “A medida que avanzamos para comprender mejor este atroz suceso, reiteramos la importancia de nuestra relación con Guatemala y nuestro respeto por su pueblo, así como nuestro compromiso con las normas éticas más exigentes en la investigación médica”.

Sin embargo, a las mujeres de Uganda y Nigeria embarazadas que fueron infectadas por el laboratorio estadunidense Pfizer con el virus del VIH, se les negó el fármaco AZT contra el sida, y a 11 niños de Uganda con meningitis se les hizo probar el antibiótico llamado Trovan cuando no se tenía conocimiento de su eficacia. Fallecieron 11 niños y Pfizer se limitó a indemnizar a Nigeria con 75 millones de dólares. Pero en ningún momento reconoció haber cometido irregularidad alguna.

A los puertorriqueños les va peor. Según la investigadora Marta Villaizán Montalvo, el primer experimento humano se realizó en la colonia yanqui en 1904, con un total de mil 158 casos que aparecen citados en la página oficial del Instituto Nacional de la Salud.

Los experimentos médicos y no médicos con humanos continúan realizándose día tras día en el mundo, a pesar de los cuatro delitos capitales imputados por el tribunal de Nüremberg a los nazis (1945-46).

Tales delitos son: 1) crímenes de guerra (asesinatos, torturas y violaciones); 2) crímenes de lesa humanidad (exterminio y muerte en masa); 3) genocidio (contra grupos étnicos determinados), y 4) de agresión premeditada para alterar la paz y la seguridad de los estados soberanos.

La Jornada

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